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Frónesis
Print version ISSN 1315-6268
Frónesis vol.15 no.1 Caracas Apr. 2008
Pasiones del Alma de René Descartes
Alfonso Ávila Mayor
Universidad del Zulia Maracaibo-Venezuela avilamayor@yahoo.com
Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra;
En ese mismo día perecen sus pensamientos (Salmo 146: 3,4)
En su presentación y consideraciones a Pasiones del Alma, escrita por René Descartes, publicada por primera vez en 1649 y cuya edición en Internet aparece en la biblioteca virtual universal (2003), Paúl Landormy se refiere a las reflexiones del filósofo de Turena para quien la presencia del alma no varía en absoluto la naturaleza del organismo material que tiene unido por voluntad de Dios (1967:125) y en referencia a la eventualidad hipotética cartesiana de ser posible separar de un cuerpo humano el alma que se haya unida a él supuestamente se comprobaría que este cuerpo seguiría viviendo como antes o como mínimo cumpliría con toda normalidad cuantas funciones dependen de él mismo, suficientes para mantenerlo sano y próspero, para concluir, no es porque el alma abandona el cuerpo la razón por la cual el cuerpo se extingue, sino porque el cuerpo perece es por lo que el alma lo deja (Ibid). Más adelante el gentil hombre de la Sybilliere añade a un cuerpo sin alma le es posible vivir, sin embargo al especular la imposibilidad del pensamiento en los animales pontifica que no existe alma sin razón.
Distingue en el alma alteraciones cuya modificación es ella y se corresponden a las pasiones y modificaciones cuya causa es el cuerpo y son las acciones, siendo formas del pensamiento, las pasiones del alma son siempre conocimientos, preocupaciones, representaciones!. Agrega el filósofo que ante un peligro, no es porque nuestra alma se atemorice, sino porque nuestro cuerpo huye o propende a la huída es por lo que teme nuestra alma.
1. Preliminares
Alma es una traducción de la palabra hebrea nephesh y de la griega psykhe. Por el uso del vocablo en la Biblia se infiere que el alma es la persona o el animal mismo a que se hace referencia o la vida de que disfrutan (Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania, 1989:32), sin embargo, para muchos, alma es la parte inmaterial o espiritual de un ser humano que sobrevive a la muerte del cuerpo físico. Cicerón hace referencias a su creencia en la inmortalidad del alma, separada del cuerpo después de la muerte en un estado de felicidad o miseria y cuyas cualidades son incompatibles con una materia inerte y perecedera (1980:18). El neurofisiólogo Francisco Rubia, por otra parte, intenta sostener que Descartes fue el primero en plantear una división tajante entre cuerpo y alma y lo hizo para poder estudiar el cuerpo sin que la Iglesia se metiera con él (Rev. Más Allá, 2006:99).
Conviene informar algunas características de la pineal (del latín pinea, piña), minúscula glándula de menos de 1.0 cms. en su mayor diámetro, un peso de 0,1-0,2 grs, y ubicada por encima de la extremidad posterior del tercer ventrículo cerebral, en línea con el centro de la frente, sobre el entrecejo y nacimiento de la nariz, responsable de mantener el ciclo circadiano, intervalos normales de sueño y vigilia, a través de la melatonina, derivada de la serotonina, actividad hormonal que se incrementa en la edad adulta y que supuestamente se acompaña de la N-dimetiltriptamina (DMT) o molécula del espíritu que pudiera provocar estados alterados de conciencia. La estructura es considerada por los rosacruces (LEWIS, 1950:19), un transformador de la Consciencia o Inteligencia Cósmica a nivel de vibración o de energía discernibles por nuestras mentes objetivas y se corresponde con el chakra Ajna o Tercer Ojo, verdadero ojo del alma según Descartes y sus seguidores cartesianos, que declararon que la glándula pineal era el asiento de la interacción entre la mente y el cuerpo(Ibid) y cuyo significado en las doctrinas esotéricas de Oriente es el de órgano insustancial de energías sutiles que hacen consciente la realidad inmortal del espíritu.
2. Tres Comentarios
1) A los supuestos últimos de Descartes, planteados ut supra, sobre el temor del alma ante el cuerpo que huye, se puede oponer lo que afirmaba el célebre exponente de la Escuela vienesa, Sigmund Freud: la primera reacción ante el temor es la huída.
Actualmente conocemos por las ciencias fisiológicas que ante una situación peligrosa que amenaza su bienestar e integridad, activada por el eje sistema nervioso autónomo-sistema endocrino, se produce en el cuerpo una descarga inicial, por parte de la médula suprarrenal, de adrenalina y nor-adrenalina a la sangre que lo induce generalmente a poner buena distancia de por medio, a veces, a gran velocidad. Esta descarga endocrina que hace que el cuerpo huya o al menos lo intente es consecuencia del inevitable sentimiento de miedo, temor o angustia, también pasiones del alma. Y es por eso que contrario a lo afirmado por el filósofo, el cuerpo huye o propende a la huida es porque el alma se atemoriza o angustia. El padre y creador del psicoanálisis en su obra Inhibición, síntoma y angustia expresa lo siguiente: habiendo referido nosotros el desarrollo de angustia a la situación peligrosa, preferiremos decir que los síntomas son creados para liberar al yo de tal situación... La angustia es la reacción al peligro y se halla íntimamente enlazada a la esencia del peligro (1953:9) y luego identifica peligro real es un peligro conocido y angustia real es la angustia ante un tal peligro conocido (Ibid).
Contradictoriamente y en sintonía con Descartes, el anteriormente citado neurofisiólogo Francisco Rubia, en una parte de la entrevista que recientemente le realizara Belén Domínguez, se refiere al contenido de su último libro ¿Qué sabes de tu cerebro? y considera a la voluntad como otra ilusión ya que supuestamente, experimentalmente se ha demostrado que la voluntad o la sensación subjetiva de la voluntad no es la causa del movimiento sino la consecuencia. En definitiva, según este autor no hacemos lo que queremos sino que queremos lo que hacemos. El cerebro da la vuelta a la realidad, antedata la impresión subjetiva y la coloca al inicio del fenómeno.
El inconsciente determina nuestros actos, a él se recurre en situaciones de emergencia, circunstancias donde el pensamiento no cuenta para nada y esto es lógico para el autor porque llegar al sistema límbico, emocional, es más rápido que llegar a la corteza. No puede obviarse, sin embargo en estos casos, con aparentes sofismas neurofisiológicos, la inevitable percepción y conocimiento subjetivo previo, ocurrida a nivel de la corteza cerebral y la respectiva respuesta corporal psicofisiológica ordenada que descalificaría esa consideración de ilusión atribuida a la voluntad.
2) Hay incongruencia en la segunda afirmación del filósofo padre de la duda sistemática, cuando por una parte afirma que no existe alma sin razón y por la otra estima que si fuera posible separar el alma del cuerpo éste seguiría viviendo cumpliendo cuantas funciones dependen de él mismo y serían suficiente para mantenerlo sano y próspero. No es conocido ningún intento científico para lograr tal separación o extracción del principio vital llamado alma y por la otra, no es fácil predecir prosperidad en el cuerpo humano que ha sido despojado del mismo. Los comentarios que siguen más abajo son igualmente aplicables a este mismo particular.
3) Sobre conclusiones de la extinción o perecimiento del cuerpo en relación con el abandono previo o posterior por parte del alma, no parecen ajustadas a la realidad ni una ni la otra de las posibilidades comunicadas por el célebre francés y que presuponen una petición de principio. Se estima como más racional que mientras el cuerpo está vivo el alma está presente y al perecer el cuerpo ya el alma no lo acompaña pero sin que exista diferencia temporal alguna en los eventos, siendo como tal un probable acontecer de simultaneidad. Para ello no obstaría una aparente contradicción con interpretaciones diferentes, anteriormente presentadas, en lo que pueda desprenderse de lo narrado en el libro I de Reyes en el pasaje de Elías y la viuda de Sarepta, quien lo alojaba en su casa (I Reyes,17:8,24) y que informa claramente sobre la cualidad vitalizante del alma, contraria a la afirmación cartesiana de que es porque el cuerpo perece que ella lo abandona : Aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento (v, 17) y ella dijo a Elías¿ Que tengo yo contigo, varón de Dios? ¿ Has venido a mi para traer a memoria mis iniquidades y para hacer morir a mi hijo? (v, 18) ..Y clamando Elías a Jehová, dijo: ,Jehová Dios mio, aún a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido haciéndole morir su hijo? (v, 20). Y se tendió sobre el niño tres veces y clamó a Jehová y dijo: Jehová, Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él (v, 21) Y Jehová oyó la voz de Elías y el alma del niño volvió a él y revivió (v, 22). Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa y lo dió a su madre y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive (v, 23).
En la Historia de La Filosofía Moderna, De Descartes a Wittgenstein (1998), Scrouton comunica la inquietud manifiesta de Descartes sobre la relación entre cuerpo y alma y quien con el fin de explicar la interacción de lo inmaterial y de la sustancia material, propuso diversas hipótesis, incompletas y en última instancia absurdas. Espinoza fue crítico de Descartes y expresó el alma y el cuerpo se hallan unidos de igual forma que en Dios los atributos pensamiento y extensión, están enlazados, o sea, son dos atributos de un solo e idéntico ser (Ibid). Sin embargo, al defenderlo, señala Scrouton que durante siglos la concepción cartesiana del alma pareció obvia y estimulante a los filósofos y la historia de la filosofía tendría que continuar por su lado volviendo al legado de Descartes con un espíritu que éste hubiera reconocido pero que ya no era el suyo.
Por otra parte, Joseph Pieper (1904-1997), en su obra Muerte e Inmortalidad y después de entender la muerte, como un proceso absolutamente material, citando el Génesis (3:19) y el Compendio de Teología de Tomás de Aquino, Polvo eres y en polvo te has de convertir, se refiere a la esencia del alma que consiste en ser ese principio vital del cuerpo y hacerlo viviente. (1977:113). El filósofo y muy famoso teólogo tomista de la Westfalia, mundialmente reconocido en referencias del papa Benedicto XVI, contra las afirmaciones de que el nuevo Testamento enseña que no solamente muere el cuerpo sino también el alma, afirma que en la muerte, no muere, tomada la cosa con rigor, ni el cuerpo del hombre ni su alma sino el hombre en si mismo y el alma espiritual, habiendo estado esencialmente unida y permaneciendo con él en relación después de la muerte, se mantiene, a pesar de todo, íntegra en el ser y sobrevive (Ibid:55). Entre nosotros, el cabalista Dr. Kaled Yorde comenta, en la Fase agónica, claves del esoterismo tibetano según cuya tradición el alma está atada al cuerpo físico por una especie de filamento llamado cordón de plata que en sánscrito se denomina sustralama. Este luminoso cordón de plata al penetrar el cuerpo físico se conectaría a los siete chakras principales o centros energéticos que comunican al hombre con el plano invisible. Al cortarse el cordón de plata salimos al plano del invisible por la puerta del chakra coronario, sahasrara o coronilla y queda extinguida la vida material. Sucede lo contrario durante el proceso del parto donde al separarse el cordón umbilical que lo ata a su madre el recién nacido es liberado al plano tridimensional de la vida material (2001:76).
Lista de Referencias
1. Cicerón, Marco Tulio (1980). Prólogo de los Oficios. Madrid, Colección Austral, Espasa-Calpe S.A. [ Links ]
2. LANDORMY, Paul; Descartes, Espinoza (1967). Los grandes filósofos. Barcelona, España editorial Matéu. San Gervasio. [ Links ]
3. Lewis, Ralph (1950). La Supervista o el Tercer Ojo. EUA. AMORC. [ Links ]
4. Pieper, Joseph (1977). Muerte e inmortalidad. Traducción de Rufino Jimeno Peña, Ed. Herder, Barcelona. [ Links ]
5. RUBIA, Francisco (2006). ¿Qué sabes de tu cerebro?, Rev. Más Allá, España, No. 207/05/. [ Links ]
6. SIGMUND, Freud (1953). Obras completas XI. Buenos Aires, Santiago Rueda editor. [ Links ]
7. SCROUTON, Roger (1998). Historia de La Filosofía Moderna, De Descartes a Wittgenstein. Barcelona, Ediciones Península, 2da. Edición. [ Links ]
8. WATCH TOWER BIBLE AND TRACT SOCIETY OF PENNSYLVANIA. Razonamientos a partir de las Escrituras. USA, 1989. [ Links ]
9. YORDE, Kaled (2001). ¿Qué se siente al Morir? Revista Cábala. Caracas, Año XXIV, No 340, Marzo. [ Links ]












