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Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 20030507

Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales v.14 n.1 Caracas abr. 2008

 

El imaginario de militares (Carcelario Militar). La dinámica del imaginario en el cuartel San Carlos a través del graffiti.

 Daniel Ramírez C.

Antropólogo. Director General de Atención al Ciudadano, en la Defensoría del Pueblo, Derechos Humanos. Publicaciones: “Cartas del Barrio. El museo como mediador entre las comunidades y las lógicas del campo del arte”. En: Artendiálogo. (Fundación Museos Nacionales. Ministerio del Poder Popular para la Cultura 2008); “El imaginario carcelario militar. Los graffiti del cuartel San Carlos como marcadores de identidad grupal”. En: Lino Meneses, Gladys Gordones Rojas y Jacqueline Clarac de Briceño (eds): Lecturas antropológicas de Venezuela, 2007. inditayrona@cantv.net

 Resumen

 El Cuartel San Carlos es uno de los espacios públicos más antiguos de la ciudad de Caracas que se mantiene dentro de un paisaje urbano caracterizado por una sustitución funcional o reconstrucción de las edificaciones del casco central. Su ubicación como parte de la arquitectura política de la ciudad despertaba un interés por encontrarse en él un conjunto de graffiti que representaban parte de la dinámica imaginaria de los prisioneros militares y políticos que permanecieron en esos espacios durante la década de los ochenta y mitad de los noventa. Por ello, surge la iniciativa de realizar un registro espacial de los graffiti y lograr recoger los mensajes expresados en las diferentes inscripciones textuales e iconográficas plasmadas en las paredes de este “lugar antropológico”. A partir de los contenidos de los graffiti se logró construir la dinámica imaginaria de los prisioneros y conocer cómo los prisioneros creaban relaciones de identidad de acuerdo a los contingentes militares, así como los elementos culturales utilizados para establecer las distancias grupales. Dentro de estas relaciones, otro de los aspectos relevantes obtenidos desde los mensajes graffiti fueron las adjetivaciones que sobre el lugar se elaboran a partir de distancias sociales representadas. La significación del cuartel San Carlos pasa por ser un espacio de conflicto textual e iconográfico, en el que los graffiti tenían la función de expresar las diferencias sociales y las identidades grupales.

The dynamics of the prisoners’ imaginary in the San Carlos Barracks, Caracas, Venezuela

Abstract

The San Carlos barracks is one of the oldest public spaces in the center of Caracas and has a long history as a prison for military and political prisoners.  The graffiti, the messages and iconographic inscriptions on the walls of the prison offered the opportunity to reconstruct the imaginary of the inmates, the variations in their relationship with the different military units guarding them and the cultural elements that set them apart. Given the situation of conflict normal in such a place, the graffiti prove an exceptional vehicle for expressing social differences and group identities.

Introducción

El Cuartel San Carlos se conformó como centro carcelario de militares y políticos desde 1961 cuando en el gobierno de Rómulo Betancourt le asigna la función de Departamento de Procesados Militares y Destacamento de Policía Militar N°1. Durante el tiempo en que se mantuvo como centro carcelario, los distintos prisioneros dejaron inscripciones, conocidas correo graffiti, como de parte de la dinámica discursiva y social que se desarrolló en este espacio. Estas evidencias se constituyeron en una serie de representaciones gráficas que quedaron selladas en las paredes, pisos, vano de ventanas y otros lugares. Temporalmente, estas representaciones se extienden en distintos momentos de la historia del cuartel, sin embargo para esta investigación se tomaron los graffiti comprendidos entre la década de los 80 del siglo xx hasta el cierre del cuartel, a mediados de los 90 del mismo siglo.

Siendo el graffiti una expresión vinculada a las circunstancias de lo urbano, llamaba la atención atender antropológicamente un espacio que alcanza a tener dos siglos en la ciudad de Caracas, y que actualmente mantiene su actividad como parte del bricolage urbano de la ciudad. Geográficamente, la ciudad de Caracas permite distinguir a través de su distribución espacial la temporalidad de las edificaciones que en ella se han levantado, facilitando a su vez imaginar el tiempo en estos  espacios. Por ejemplo, al caso que nos ocupa, lo que se ha denominado el Centro de Caracas se erige como uno de los conjuntos urbanos de mayor visualización de lo histórico y político de la ciudad. Esta imagen  recientemente ha cambiado en lo político por los nuevos ejes de toma de decisiones  empujados por los procesos de descentralización. En lo histórico esta idea es válida por las distintas políticas de conservación histórica patrimonial que se ejecutan en varias edificaciones ubicadas en esta zona, como son los casos del desarrollo del proyecto de restauración del Palacio Legislativo, la restauración de la Villa Santa Inés, antigua residencia del presidente Joaquín Crespo, ubicada en Caño Amarillo, y los trabajos de restauración previstos a realizarse en el Cuartel San Carlos. Siendo éste un edificio del siglo xviii, integrado al conjunto histórico y urbano de la ciudad de Caracas, resultó relevante ingresar a sus espacios y conocer el imaginario que circulaba por cada uno de los espacios utilizados por los distintos contingentes que a lo largo de este período pasaron o permanecieron como prisioneros.

Imagen, signo y graffiti

Los graffiti del Cuartel San Carlos, entendidos como conjuntos imaginarios representativos de un espacio social de prisión militar definido, se estructuran como significaciones colectivas que identifican al grupo en las diferentes relaciones sociales que se llevan a cabo. La elaboración de una serie de discursos, textuales, icónicos o la combinación de ambos, constituye la acción social de representar los atributos culturales que el grupo selecciona y combina de acuerdo con los contextos y circunstancias en el que se llevan a cabo las relaciones. Por sus características, ambas entidades como parte de un sistema de significación codificado permiten la comunicación entre los miembros del grupo, cualidad interesante cuando la elaboración de discursos forma parte de un contexto carcelario. Como bien señala Foucault, la disciplina carcelaria es un bloqueo, es “la institución cerrada, establecida en las márgenes, y vuelta toda ella hacia funciones negativas: detener el mal, romper las comunicaciones, suspender el tiempo” (Foucault, 1997, 212) En ese sentido, el graffiti surge como una alternativa comunicativa, un medio de expresión y representación. En la sucesiva ocupación de los espacios carcelarios del cuartel se pudo observar cómo esta relación se hacía explícita entre los prisioneros, al constatar que la mayoría de las inscripciones permanecían, a pesar de la ocupación reiterada de los espacios. Una característica importante consiste en la ausencia de tachaduras en los graffiti. La primera característica que se desprende de las inscripciones del cuartel San Carlos es la de su cualidad expresiva de presentarse como palimpsestos, textos de tiempos distintos superpuestos en una misma superficie. La forma como se presentan los graffiti a la vista de cualquier observador y la relación que ello implica con el soporte en el que se realiza, recrea a primera instancia la superposición de tiempos representados en el muro, llevando a un mismo plano imaginarios superpuestos y acumulados en el tiempo. Pero este detalle arroja más información sobre el Cuartel San Carlos con respecto a la relación establecida entre el reo y las inscripciones, así como su integración al espacio, ya que la ausencia de tachaduras o eliminación de inscripciones en el transcurso de los diez años de permanencia de los graffiti es simbólicamente significativamente. De hecho, deja ver una cualidad que supone una apreciación social en la delimitación espacial entre escritos e iconos, además de la intencionalidad que delimita al graffiti.

Como parte de este proceso, el grupo continuamente se encuentra motivado para la creación de imágenes, básicamente como actualización significativa de las diversas referencias y relaciones perceptivas elaboradas por los individuos, dejando entrever el vínculo recíproco presente entre la memoria y las imágenes. En ese sentido, consideramos que la producción de graffiti, desde el punto de vista del imaginario, tiene su fuente en elementos significativos de la memoria colectiva e individual del grupo. Con relación a ello, podríamos hablar del lugar de la memoria histórica y su correspondencia con las “categorías culturales” elaboradas en el colectivo. Sobre este aspecto, Yolanda Salas hace referencia a los imaginarios carcelarios observados en el retén de Catia:

La memoria histórica revela un dinamismo que la moviliza al cambio de percepciones, liberando la irrupción de paradigmas culturales y arquetipos psicológicos que habían estado adormecidos (...) se postulan formas renovadas de modelaje que transforman los imaginarios del grupo social en nuevos patrones de comportamiento (...) La memoria histórica se llena así de otras imágenes más consonas para reescribir y reformular su historia (Salas, 1998, 24)

En resumidas palabras, las relaciones sígnicas sitúan el imaginario en el ámbito formal de las representaciones, extendida en la trama de los sistemas de significación. El uso de la imagen se ve condicionada por  distintos ámbitos dados por las aproximaciones realizadas por los individuos en las acciones sociales, de acuerdo con los contextos en los que se desenvuelven y las cosas connotadas, como igualmente, en las posibilidades de usos imaginados o referenciales a las que el individuo puede acceder como tal, se convierte en una sugerencia interpretativa de la realidad en su propia comprensión social, expresada en nuestro caso en el graffiti, y que involucra en el significado de la imagen un valor cultural significativo para el grupo. Es por ello que podemos decir que el graffiti es producción cultural originada de ambas fuentes y como tal, reproducción imaginaria del grupo. Igualmente por ser expresión escrita o figurada es registro de imágenes actualizadas y significadas por el contexto y la situación que enmarca su producción; “la cultura es precisamente la organización de la situación actual en función de un pasado” (Sahlins, 1985, 144). 

Entre el imaginario y los lugares sociales

Como parte de los elementos que condicionan al imaginario, el espacio social  se constituye como una de las variables nodales a tomar en cuenta en la producción y significación del imaginario. El graffiti, como discurso, es expresión de las cualidades culturales de semantización del espacio. Como un primer nivel de aproximación de los imaginarios de prisiones, partimos de la idea de concebir el Cuartel San Carlos como un lugar antropológico. Basándonos en los planteamientos de Marc Auge (1993) “la organización del espacio y la constitución de lugares son, en el interior de un mismo grupo social, una de las apuestas y una de las modalidades de las prácticas colectivas e individuales” (Augé, 2000, 57) más relevantes en lo correspondiente a la toma de conciencia del grupo, de “pensar la identidad y las relaciones (...) de simbolizar los constituyentes de la identidad compartida, la identidad particular y de la identidad singular” (Augé, 2000, 53). Es por ello que “el tratamiento del espacio es uno de los medios de esta empresa” (Augé, 2000, 57). Un lugar antropológico es aquel en el que se destacan tres rasgos: identitarios, relacionales e históricos (Augé, 2000, 58).

Tomando en cuenta la referencia al lugar antropológico como construcción concreta y simbólica del espacio y potencial por su carácter significativo para la creación de escritos e iconos, podemos entonces entender la construcción de la dinámica imaginaria del Cuartel San Carlos. De esta manera, tomando en cuenta los señalamientos de Marc Auge, tenemos que en el graffiti existe la “posibilidad de los recorridos que en él se efectúan, los discursos que allí se sostienen y el lenguaje que los caracteriza” (Augé, 2000:87). En nuestra opinión, el lugar antropológico se ubica en un plano donde el colectivo posee conciencia del lugar habitado y, como tal, se supone imaginado, estableciéndose referencias o puntos de vistas de acuerdo con la dinámica cultural.

Ahora, bien, volviendo a lo señalado anteriormente con relación a los rasgos de identidad, de relación e historicidad considerados para el lugar, así como el uso que el hombre hace del espacio y tomando en cuenta los referentes culturales a los cuales pertenece, encontramos en la memoria colectiva la síntesis relacional representativa de ambas extensiones. Giairo Daghini señala para el caso de la “condición metropolitana” que “las diferentes formas de memoria colectiva –aquellas del lugar de origen y aquellas que se constituyen en los lugares de amarres o de pasaje– se miden en formas diversas en el imaginario social, interactúan las unas con las otras, se modifican, se traducen las unas en las otras en un movimiento de oposición, de fusión, de replegamiento” (Daghini, 1987, 14).

El imaginario de militares (carcelario militar)

La dinámica imaginaria del Cuartel San Carlos

Iniciaremos nuestro análisis señalando los elementos que participan en los conjuntos de significaciones que estructuran el imaginario carcelario inscrito en el Cuartel San Carlos, construidos a partir de los graffiti registrados. Metodológicamente, concebimos dos ámbitos para hacer inteligible el análisis de las expresiones y representaciones. En primer lugar, hemos utilizado la definición de "campos semánticos", entendida como la asociación de los componentes temáticos imaginarios, relacionados en su contexto social y distribución espacial, como categoría analítica que nos permite agrupar y correlacionar los mensajes. En segundo lugar, consideramos que los campos semánticos se construyen desde las relaciones significativas producidas de los encuentros y acciones cotidianas entre los individuos, de las combinaciones y selecciones imaginarias pertenecientes a la memoria individual y colectiva, de las referencias históricas fuertemente arraigadas, en este caso, en la formación militar.  Presentándose de esta manera asociaciones de motivos y contenidos que explican la elaboración de las inscripciones.

La particularidad del graffiti podemos describirla desde el espacio físico utilizado para inscribir el mensaje hasta su pertinencia como tema de análisis cultural. La pared, con su verticalidad, permite reflejar distintos tiempos que se pueden traducir en ámbitos de significación cultural. La pared se puede ver como un armario vertical donde cada campo semántico es una gaveta que desplazamos horizontalmente para conocer los significados culturales del grupo. El graffiti ofrece la posibilidad de abordarlo no sólo otorgándole una condición de cambio lineal. Su análisis antropológico integra su valor semiológico, la pertinencia y significación al porque comunica de sus mensajes visuales y textuales que expresan las categorías culturales de un colectivo. Como lo señalara Armando Silva en su investigación realizada en la ciudad de Bogotá: "... bajo el graffiti tenemos (...) escenarios semióticos urbanos, allí se juegan y se hacen significaciones (...) su análisis es una reflexión cultural, hacia el encuentro de una significación” (Silva, 1987, 55). Y, volviendo a la imagen del gavetero vertical, podemos incorporar su cualidad utilitaria de ser un espacio para guardar, desde objetos cotidianos hasta aquellos que refieren al recuerdo y se asocian con la memoria. Podemos señalar que en la pared se depositan y representan imágenes del recuerdo o imágenes construidas a través de la memoria. Al respecto es reconocido que toda figuración remite a una actividad mnemónica imaginaria, "es un acto de confrontación entre hechos actuales y hechos de memoria” (Francastel, 1988, 35). Para nuestra investigación, es aquí donde la discusión se amplía y se hace más enriquecedora porque en este contexto es donde logramos establecer las relaciones entre los conjuntos de signos, los contenidos de la imágenes y las significaciones que componen la memoria y el imaginario carcelario del Cuartel San Carlos. Los graffiti del San Carlos son parte de las representaciones de la memoria colectiva de los miembros del lugar y para nuestro tiempo, son memoria escrita e icónica de los prisioneros que en él permanecieron.

Cuartel San Carlos es un lugar de historia creado en lo militar, que en el tiempo adquirió o se le incorporó una nueva función y significación al convertirse en cárcel, originando a su vez un nuevo tipo de relación y percepción social. La imagen del "régimen panóptico" (Foucault, 1997) describe la idea de la estructura militar-carcelaria representada en la dinámica social del Cuartel San Carlos. En él habitaron o permanecieron por tiempo limitado dos tipos de habitantes que compartieron la vida social e intercambiaron situaciones, en su mayoría distanciadas debido a los roles sociales que ejercían cada uno.

De acuerdo con la cantidad de graffiti registrados, pudimos establecer la existencia de diez campos semánticos. Iniciaremos nuestro recorrido por los imaginarios del Cuartel San Carlos, partiendo por los graffiti mayor extendidos por esta prisión. La condición que define este tipo de graffiti es la relación de identificar a un contingente militar. Su mensaje es informar a qué contingente pertenece el prisionero o militar en correspondencia a los otros, se podría afirmar que la estructura de los elementos que componen este tipo de inscripción forma parte de la expresión identitaria hacia la cultura militar. Por una lado, para explicar la dinámica interna del cuartel, las inscripciones que forman parte del campo semántico que hemos llamado de Identificación grupal describen las relaciones de identidad que se constituían entre los diferentes miembros del Cuartel San Carlos que, como hemos venido señalando, se organizaban en contingentes militares, tanto para los miembros de vigilancia y custodia como para los prisioneros comunes, además de los militares que ingresaron al cuartel como prisioneros políticos. La primera observación que podemos destacar de tales inscripciones es el sentido de pertenencia que se expresa hacia el grupo o contingente militar al que se forma parte. Los elementos sintácticos  que componen este tipo de graffiti comprenden el curso y el año que identifica al contingente, que consideramos como el formato básico de inscripción o la matriz escritural en la que se insertan otros mensajes, ya que podemos encontrar asociados a este modelo mensajes más extensos que incorporan otros objetos discursivos, por ejemplo, asociados a los temas de la temporalidad del prisionero, a los de enfrentamientos y conflictos, a los amorosos y otros.

Por otra parte, es sabido que la relación que establece el grupo consigo mismo implica a su vez la relación diferencial con los otros. Socialmente, en el Cuartel San Carlos esta situación es expresada en este campo semántico, ya que es una manera de mostrar los límites sociales existentes entre distintos contingentes militares recluidos en la prisión. Funcionalmente esta acción va a ser uno de los motivos que, colectivamente, para el Cuartel San Carlos determinan la utilización del graffiti, y para su función social será el medio de representación de los límites sociales. El graffiti está identificado al contingente que pertenece el prisionero y su señalización indica un colectivo y unos atributos imaginarios asociados a él.

Así mismo, este lugar comunicativo expresa otras acciones sociales entre los integrantes de la prisión. La prisión es un espacio del enfrentamiento constante donde la organización o asociación de sus miembros garantiza su supervivencia en el recinto, fenómeno que para estos prisioneros es directo por la procedencia obligada y precedente a un grupo militar. Para Venezuela, tenemos una referencia de este tipo de situaciones, como es el caso de la investigación realizada por la profesora Yolanda Salas en el Retén de Catia, quien en su análisis de los “Imaginarios y narrativas carcelarias de la violencia" expresa que en este “particular espacio, el lenguaje, la narrativa oral, los imaginarios y las representaciones de la realidad agudizan la violencia como forma de vida. La cotidianidad se convierte en lucha por la sobrevivencia” (Salas, 2000, 204).

Ahora bien, este hecho toma mayor interés cuando entendemos que estas identificaciones militares son, a su vez, identificaciones imaginarias de los prisioneros. Los elementos que componen el mensaje graffiti se estructuran en objetos discursivos que tiene la característica social de ser atributos imaginarios. Este tipo de graffiti no sólo se sitúa en el plano de lo militar sino que pasa a transformarse en selección de rasgos sociales imaginarios, que en este caso se expresan en autodenominaciones y en la atribución de seudónimos; agrupando a los militares en sus aspectos y situaciones imaginarias, situaciones imaginarias que más adelante describiremos al identificar los distintos enfrentamientos textualizados e iconizados. Pero, volviendo a estos temas, es frecuente en el cuartel encontrarnos distintas autodenominaciones o seudónimos que hacen referencia no sólo al grupo que las elabora y se involucra con ellas, sino que describe el tipo de relación existente entre los demás grupos de presos. Por ejemplo tenemos autodenominaciones de contingentes como "Los 7 poderes", "Los supertensos", "La tensedad", denominaciones que observamos están describiendo e informando a una acción, de excitación, de forcejeo, que se integra a la acción social de competencia entre contingentes; es notorio que el prefijo colocado en una de las denominaciones describe mayor fuerza y poder entre los grupos militares.

Ahora, bien, podemos establecer que estas inscripciones arrojan otro tipo de información, particularmente describen las ocupaciones o presencia de contingentes específicos en espacios determinados del cuartel: una distribución social diferencial. Un ejemplo de ello sería el comparar el campo semántico de identificación militar, medio relativo para determinar el mapa de distribución militar en la prisión. Observamos a través de los registros la ausencia de un mismo contingente compartiendo contemporáneamente dos espacios, sólo se identificó lo contrario en la Garita Noreste y el Patio Central; detallando que aparece un solo graffiti que identifica a un mismo contingente en espacios distanciados, en comparación con el resto de inscripciones pertenecientes a este campo semántico.

De alguna manera, hemos reflejado el tipo de relación social que se ha podido construir a partir del campo semántico de identificación militar, traducido en fricciones y tensiones entre los prisioneros. El campo semántico que ahora describiremos refuerza analíticamente esas acciones, por lo que le hemos asignado el nombre de campo semántico de conflicto y enfrentamiento. Usamos estas dos palabras porque designan una situación y una acción interpretada. En su mayoría estos graffiti, describen conflictos, situaciones que están por suceder o deseos de que sucedan, como en otros casos es el graffiti o la acción de intervenir la pared, el medio para descargar las pugnas entre los prisioneros; debido a las características del control y la disciplina carcelaria, la negación de los contactos corporales y su sometimiento. Colocando a la escritura como el medio expresivo de sus acciones imaginadas. Se catalogaron dos tipos de mensajes pertenecientes a este campo, como lo son los mensajes directos y los indirectos. Los mensajes ofensivos directos son aquellos en los que el destinatario es explicito; el mensaje puede estar dirigido a un prisionero particular o puede ser generalizado. Los graffiti indirectos en cambio utilizan una figura como medio para enfrentar e insultar a otro prisionero. Una característica en los graffiti del Cuartel San Carlos es la recurrencia hacia la figura femenina como medio para transmitir el mensaje, que en su mayoría son personajes femeninos emparentados con el destinatario; siendo las más recurrentes la hermana, la madre y/o la pareja.

Dentro del sistema de significación carcelaria del cuartel presentamos a continuación el campo semántico que hemos denominado “De Lugar”. En él incluimos todas aquellas inscripciones que hacen referencia al cuartel, como modo de significar al lugar y mostrar el punto de vista que se tiene de la prisión, así como la descripción de las actividades sociales imaginarias que sobre el se inscribían. De acuerdo con los contenidos y mensajes, se agruparon tres tipos de graffiti alusivos a la cárcel. Intrínseco a la producción de estos contenidos, los graffiti pertenecientes a este campo semántico se relacionan a la idea de la dinámica social del Cuartel San Carlos expresada en los conflictos, que podemos denominar como un lugar de conflictos. Los graffiti están indicando que la imagen del cuartel se construye sobre el tipo de relaciones sociales que se están estableciendo en el cuartel. Es importante cómo todos los elementos que componen estas relaciones, que en ocasiones aparecen aisladamente se textualizan, se pueden identificar y dar a conocer las construcciones y dinámicas imaginarias que se están dando en la cárcel.

Para el Cuartel San Carlos, de acuerdo con estas características metodológicas, y como parte del campo semántico que hemos llamado “Del Héroe-Guerrero” hemos definido tres conjuntos asociativos. La denominación de este campo semántico se elabora, en primer lugar, sobre las ideas planteada por Ives Duran al señalar que en la ”acción heroica”, ”la función imaginante se ordena sobre tres elementos esenciales: el monstruo, la espada, el personaje” (1989:52). Y, en segundo lugar, a partir de las ideas de la profesora Salas (2000), expresadas anteriormente y del tipo de relación social que como hemos explicado se caracteriza entre los prisioneros a partir del conflicto o enfrentamiento.

Cada uno de los conjuntos asociativos, representa un tipo de visualización del guerrero, que hemos estructurado en la relación: personaje, utensilios y emblema.

Conjunto asociativo N° 1

Personaje: soldado militar

Utensilios: ametralladora, granadas, tanque, camión, submarino.

Emblema: escudo perteneciente a una fuerza armada militar venezolana.

Fecha de realización: 23 de octubre de 1993

Conjunto asociativo N° 2

Personaje: vikingos azotando y vikingo luchando contra serpiente

Utensilios: látigos, espadas

Emblema: ausente.

Fecha de realización: 25 de octubre de 1993

Conjunto asociativo N° 3

Personaje: calaveras humanizadas con atributos del estereotipo malandro

Utensilios: cuchillos, chuzos, pistolas.

Emblema: escudo conformado por calaveras, cuchillos, corazón y hachas

Fecha de realización: hacia 30 de octubre de1993

Los conjuntos asociativos podemos plantear su interpretación sobre la base de la transformación imaginaria del guerrero, que va desde el vikingo que lucha contra un monstruo, representado en la serpiente y que luego aparece en una situación donde lo están azotando unos miembros de su grupo, para luego expresarse en el soldado idealizado que va a la guerra con toda la indumentaria e implementos y que termina con la representación de la muerte a través de la calavera y que seguramente tiene que ver con su vida más inmediata, con su enfrentamiento cotidiano en la cárcel, por los implementos a los que acude para defenderse, cómo lo son las pistolas y el chuzo. Independientemente de las relaciones que se puedan establecer, es importante su valoración en el sistema de significados que conforman el cuartel.

Observar analíticamente este tipo de representaciones permite entender la dinámica del imaginario carcelario, porque detectamos cómo un grupo que militarmente está formado para la lucha y tiene toda una huella imaginaria para el combate, lo represente entre sus mismos miembros del grupo social. Por otra parte, manteniendo esa misma idea podemos señalar lo que expresa Marc Augé, en su libro La guerra de los sueños (1998), al señalar que ”la posición del narrador se sitúa en la intersección de una demanda social (en gran medida informada por el imaginario colectivo) y de una experiencia imaginaria determinada por la memoria individual y también por una relación personal con la muerte” (Augé, 1998, 85).

En este segmento de las relaciones militares es importante detenernos en la asociación Bolívar-Patria, ya que nos servirá de base para explicar algunas representaciones graffiti identificadas en el cuartel, y establece una de las procedencias de la inclusión de iconos o escritos referenciales a Bolívar. Podríamos hablar aquí, de la comparación señalada por el historiador Luis Castro Leiva entre "Bolívar y Venezuela, Bolívar y la patria" (Castro Leiva, 1991, 118) como parte de la cultura política venezolana. En la formación del militar venezolano el ideal bolivariano es el modelo ejemplar de vida militar. Relación que igualmente deja expresada por investigadores como la antropóloga Daisy Barreto en su tesis doctoral, quien, tomando las ideas del antropólogo Francisco Ferrándiz, nos comenta sobre las distintas personalidades e imágenes que sobre Bolívar existen durante "las sesiones de posesión y trance de las materias en el culto de María Lionza", identificando distintas representaciones como: "el bolívar enfermo que encarna la soledad en sus últimos años, el Bolívar militar, que es una expresión de la fuerza de la nación, y el Bolívar sufriente, que es una figura representante del coraje y la valentía" (Ferrándiz, citado por Barreto, 1998, 156) (destacado nuestro).

Los militares que hemos incluido en este grupo realizaron escritos e iconos referentes a la figura y acciones de Bolívar como parte del proceso social que se apropia de los atributos categorizados culturalmente e integrados a los esquemas culturales significados por el colectivo: Bolívar como figura histórica participa en la estructura cultural consagrada en la mitificación y culto al héroe militar.

Comparativamente, la mayoría de los mensajes se correlacionan con la ideología institucional militar del héroe, que en palabras de Yolanda Salas representa al "héroe civilizador" (Salas, 1998), con atributos relacionados a la defensa y resguardo de la patria. Pero bajo esta idea los prisioneros en primer lugar seleccionaron una práctica muy difundida y ligada a Bolívar y que tenía que ver con los enunciados y aforismos. En segundo lugar, utilizar esta forma para transmitir sus mensajes y luego adjudicar el contenido a Bolívar, porque analizando los contenidos observamos que en algunos casos es la integración semántica de lo que representa imaginariamente y moralmente esta figura heroica y las apreciaciones de la cotidianidad militar del cuartel.

A diferencia de los graffiti anteriores, se registró uno que se ubica en oposición la forma ideologizada del héroe y se centra en una visión más grotesca de la imagen. Ahora, bien, nos gustaría establecer las relaciones históricas existentes entre el campo semántico que vamos a describir a continuación y el campo semántico Sobre Bolívar, partiendo de la premisa de las investigaciones realizadas por la antropóloga Daisy Barreto sobre la relación existente entre las vírgenes y la figura de Bolívar; considerando que ambas figuras forman parte de lo que López Baralt (1990) llama: ”iconografía política” la Institución militar y que proponemos se halla representada en el cuartel. Señalamos esto porque se registraron en el cuartel dos inscripciones iconográficas referentes a las vírgenes, que de acuerdo con sus atributos iconográficos representan a la "Virgen del Valle". Es bueno señalar también que a los inicios de la investigación se identificó un altar religioso, ubicado en la nave oeste, en la segunda planta. Lamentablemente no se pudo recoger mayor información sobre los elementos e imágenes que lo conformaban, para así conocer otros detalles de las prácticas religiosas del cuartel.

Consideramos que este tipo de “iconografía política”, aquella que tiene que ver con las imágenes marianas y la institución militar, tiene una relación histórica, a partir de las relaciones políticas establecidas entre la Iglesia y la institución militar durante la dictadura de Pérez Jiménez. Las relaciones políticas establecidas durante la década de los 50, entre la Iglesia y la Junta de Gobierno y las constantes actividades en las que ambas instituciones se vieron asociadas enmarcaron la política oficial de crear y fortalecer la visión de consagrar la imagen de nación. Durante este período la Iglesia participa de la ideología oficial, “haciendo de las vírgenes símbolos de la identidad nacional” (Barreto, 1998, 39); al igual que el régimen durante la “semana de la patria” “convirtió desde 1953 en una oportunidad para rendirle culto a los héroes “forjadores de la nacionalidad” y homenajear a la institución militar que de alguna manera se erigía como heredera de esa trayectoria” (Castillo, citado por Barreto, 1998, 140).

Por otra parte, a continuación haremos referencia al campo semántico que hemos denominado de corazones-amorosos, constituido por todos aquellos mensajes que tienen como tema descripciones que expresan vínculos entre los prisioneros y la figura femenina ausente. La mayoría de las inscripciones relacionadas con este campo semántico se expresan en figuraciones icónicas, como una asociación de signos para representar una acción imaginaria: activa en la realización del graffiti, imaginaria por la escogencia de figuras y/o palabras para manifestar el sentimiento amoroso; en ese sentido resaltamos los motivos corazón-amor-femenino.

Las inscripciones incorporan a sus mensajes aspectos como la distancia entre los amantes, sobre todo el femenino, como carácter negativo, que puede ser expresada en desesperación, angustia ya que el encarcelamiento origina la ausencia de la amante. En algunos casos para explicar o dar una interpretación del campo semántico se encontraron mensajes en los que la causa del encarcelamiento tiene origen femenino, ejemplo de ello lo encontramos en el prisionero que describe que por estar con su compañera lo encarcelaron. En la procedencia de este tipo de mensajes tenemos la de los prisioneros que hemos descrito como comunes, aquellos que cumplen funciones del servicio militar obligatorio. En ese sentido, tomando las ideas que sobre este hecho encontramos en un ensayo de Nelly Richard titulado: "La simbólica del corazón (a pedazos)" (1993) la autora define este tipo de relaciones imaginarias como parte de  “la versatilidad del sentido” de lo femenino, podemos señalar la implicación significativa del corazón asociado al amor: "la connotación social  que posee el amor al asociarse a lo femenino coloca a la mujer por el lado de esa versatilidad del sentido: de esa pasión cambiante por las vueltas/revueltas del sentido que se debate entre anversos y reversos a través de la ambigüedad" (Richard, 1993, 134). Manifestación que se traslada a la representación del sacrificio corporal, en el castigo: el amor bien vale una prisión.

Para finalizar, queremos hacer mención de otro conjunto de inscripciones que hemos optado integrar bajo la denominación: indeterminados. Son mensajes que sus contenidos inicialmente no guardan relación con otros mensajes que circulan en el espacio. En su mayoría son mensajes de carácter individual, sin destinatario declarado, sin la posibilidad de establecer algún nexo significativo con otros mensajes. Sin embargo, pueden tener relación con el hecho limitante que establece el Cuartel San Carlos, de escribir en la pared una palabra que encierra un amplio contenido significativo de acuerdo con el contexto social y espacial en el que se ubica: “la libertad”. A diferencia de estas inscripciones tenemos graffiti en donde lo que se expresa es una anécdota, o la situación personal del prisionero. En el otro caso se identificó un graffiti que combina dos elementos no relacionados significativamente. Se compone de un escrito que realiza el prisionero expresando el nombre de la novia, ubicando al lado izquierdo del escrito una cruz de los puntos cardinales encerrado en un círculo.

En este sentido, como conclusión de las relaciones de significación dadas entre los distintos campos semánticos se entiende que la dinámica del imaginario carcelario militar del Cuartel San Carlos se construye como parte de la categorización del lugar, expresada en el uso de los espacios, las relaciones sociales y las imágenes que son representación y resultado de tales procesos. Tomando en cuenta todas estas relaciones logramos comprender los elementos por los cuales los individuos significan el espacio, e identificando a la enunciación social el modo como percibían los prisioneros las relaciones.

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