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Tiempo y Espacio
versión impresa ISSN 1315-9496
Tiempo y Espacio v.18 n.49 Caracas jun. 2008
Jed Schlosberg (2004) La crítica posoccidental y la modernidad. Quito Ecuador. Abya-Yala
Jorge Bracho.
UPEL-IPC-CIHMBI.
El autor inicia su estudio con la crítica a la perspectiva deconstruccionista propuesta por un grupo de posoccidentalistas que hacen vida académica en las universidades de los Estados Unidos de Norteamérica y algunos países latinoamericanos. También toma en consideración que para emprender esta tarea de reconstrucción, es necesaria la revisión del discurrir de las ciencias sociales de los últimos ciento cincuenta (150) años, como parte de los procesos de representación cultural divulgado por aquella dentro de las diversas narrativas tramadas por letrados y académicos europeos y latinoamericanos.
De igual forma asocia el desenvolvimiento de la ciencias sociales, cuyo origen, en tanto prolongación de las denominadas ciencias naturales, tuvo como escenario a Francia, Inglaterra, los Estados Unidos de Norteamérica y algunas porciones territoriales de Alemania e Italia, mediante una exploración sistemática de las implicaciones de la modernidad y su disposición eurocéntrica. Disposición que se ha presentado a distintos discursos etnocéntricos-colonialistas, es decir, discursos que mantienen un imaginario del triunfo europeo etnocéntrico aún presente en las ciencias sociales como proyecto intelectual.
Empero, en las líneas que desarrolla el autor, no se muestra convencido que todo el devenir del pensamiento occidental, desde el siglo XVI, pueda ser entendido como parte inherente de una racionalización del colonialismo, o que las ciencias sociales, amén de su lugar de origen o por su enunciación, sean irremediablemente sólo occidentales y eurocéntricas. Para el mismo autor, dentro del proyecto de modernidad es dable encontrar narrativas que renunciaron al carácter euro y etnocéntrico, por ejemplo, de los modelos positivistas, evolucionistas y civilizadores de análisis de las sociedades.
Aunque no está muy claro el enfoque metodológico y teórico propuesto por el autor, se puede decir que este trabajo es un intento por reconstruir los significados, o resignificación, de la modernidad presente en la crítica posoccidental. De igual forma, está claro que su enfoque teórico metodológico comprende una perspectiva analítica, crítica e histórica, desde donde llega a identificar y articular las tensiones y problemas implícitos en los intentos por cambiar los contenidos y significado de la modernidad.
Para lograr este propósito analiza un conjunto de textos con la intención de aislar los elementos claves de la crítica posoccidental de la modernidad, presentar estos elementos de forma esquemática e intertextual, determinar la coherencia de esta crítica, evaluar la validez de la deconstrucción posoccidental y su resignificación en el tiempo coeval. En fin, de lo que se trata es de evaluar en que medida, el posoccidentalismo, comprende una revisión histórica pertinente y con capacidad de constreñir un inédito pensamiento de lo que, para muchos, es la base práxica de las explicaciones históricas de la modernidad.
Los autores que le sirvieron de base para conformar su corpus teórico fueron: Santiago Castro Gómez, Fernando Coronill, Enrique Dussel, Edgardo Lander, Arturo Escobar, Walter Mignolo y Aníbal Quijano. De los mencionados quienes han prestado mayor atención al posoccidentalismo son: Castro Gomez, Coronill, Mignolo y Lander, los otros autores establecen diferentes críticas a las formas occidentales de pensamiento y la representación del otro.
Por ser Schlosberg estadounidense de origen, advierte que su lectura acerca de la modernidad, anterior a esta tesis presentada en la Universidad Andina, comprendía una visión cargada de eurocentrismo. A través de las líneas redactadas por él, refiere que la crítica posoccidental de la modernidad es formidable, a menudo poderosa y profundamente perturbadora cuando cuestiona las formas hegemónicas de pensamiento sobre el mundo en general y América Latina en particular. Gracias a la revisión emprendida llega a la conclusión que lo que se ha entendido como modernidad tiene mucho de etnocentrismo e imaginario hegemónico perpetrado desde Occidente.
Quizá lo más relevante de este trabajo sea el de presentar la crítica posoccidental, como una perspectiva teórica que se resiste a esquemas o modelos predeterminados, situación también muy particularmente asumida por Schlosberg. Asimismo, muestra que el estilo y orientación ética, política y cultural eluden todo intento por sistematizar las ideas fundamentales involucradas en esta perspectiva crítica, por tanto, la búsqueda por enmarcarla en un modelo teórico definido comprende una situación elusiva. Aunque pudiera ser ubicada dentro del modelo complejo, porque su horizonte de análisis no parte de un centro único y menos de criterios absolutos que impliquen un orden preestablecido.
La interrogante central de esta investigación tuvo que ver con: si la deconstrucción y resignificación posoccidental de la modernidad, logra realmente establecer nuevos significados de ésta. Nuevos significados que estimularían a apreciarla más como un tipo de construcción discursiva que con una serie de acaecimientos o hechos históricos, aceptados, en alguna medida, como universales, objetivamente verificables y válidos para todo espacio y tiempo. Sin embargo, el autor, le crítica que con las intenciones deconstruccionistas y de resignificación, del término modernidad, los posoccidentales muestran su disposición hacia tendencias totalizadoras y manipulación del lenguaje.
De igual manera, se opone a proporcionarle un nuevo significado a la modernidad como discurso sólo eurocéntrico coloniales y que, igualmente, responden a una lógica occidental porque dentro del amplio espectro del término, también confl uyen configuraciones narrativas relacionadas con la razón humanista más allá de la razón instrumental. La que triunfó o se hizo hegemónica a través del modelo cartesiano y newtoniano de la ciencia.
En contraposición, señala que el significado fundamental de la modernidad no puede ser deconstruido, porque aquélla no depende de un discurso simplemente. Su ámbito de significación no se centra únicamente en los procesos ideológicos que la han acompañado, sino en hechos verificables empíricamente como los son el mismo modo de producción capitalista y la conformación de los Estados nación modernos. De acuerdo con su percepción la deconstrucción de la modernidad, propuesta por los posoccidentalistas, como un discurso de quinientos años es un intento de historizar el presente, según una lógica postestructuralista que no puede o no desea aceptar la modernidad como realidad social y material nacida de quinientos años de rupturas epistemológicas, tecnológicas e ideológicas sucesivas.
En este orden de ideas, advierte que no desea negar que las historias locales de los pueblos subalternos que han sido marginados y explotados por los procesos modernizadores puestos en práctica por la dinámica interna y el expansionismo externo de la cultura occidental- sean relevantes para los tiempos modernos. Aunque sugiere que no encuentra en la crítica posoccidental una percepción clara de cómo y en qué términos la modernidad subalterna y la modernidad hegemónica pueden actuar de forma menos asimétrica.
Atingencia con esta investigación, su autor, desarrolla la idea de que la modernidad, en tanto sistema de valores, no es monolítica, porque su desenvolvimiento se ha caracterizado por ser un proceso evolutivo con períodos de ruptura revolucionaria y que, por tanto, no tiene ningún sentido personificarla como sólo expresión del mal y la expoliación. Se pregunta, igualmente, si la crítica de la modernidad como proyecto hegemónico occidental es una base teórica y filosófica adecuada para enfrentar las asimetrías estructurales y las incongruencias cognitivas del mundo coeval.
Las críticas que hace Schlosberg, en esta investigación, no comprenden una visión del posoccidentalismo fuera de lugar e innecesaria. Lo que intenta demostrar es porqué el Occidentalismo, per se, comprende una trayectoria cultural plural, productora de conocimientos sobre el mundo, que no puede encuadrarse sólo en su articulación etnocéntrica y colonialista, sin dejar a un lado importantes expresiones de su significado histórico y sin volver problemático el tipo de traducción mutua entre la cultura occidental y las no occidentales.
Establece que los silencios y opacamientos propios del Occidentalismo, como forma de conocimiento y práctica social, en los tiempos de expansión capitalista sobre el sistema mundo, así como lo que sus ideologías antisistémicas han procurado en balde devolverle, es la situación que los saberes subalternos de los pueblos originarios y afrodescendientes siempre ponen en primer lugar, a saber: el sentido de comunidad entre los seres humanos y entre éstos y la naturaleza como fundamento de la vida en el planeta tierra.
Desde el ámbito de la hermenéutica, lo que Schlosberg desarrolla se asocia con la capacidad dialógica inherente a aquélla. Esto porque enmarca la crítica posoccidental dentro del desarrollo cultural, político, social e ideológico en el canon occidental durante los últimos veinte años. Desarrollo que tiene como impronta la necesidad o incoactividad narrativa de la subalternidad. Paul Ricoeur ha señalado, en su obra Tiempo y narración (1995), que toda configuración narrativa deviene de distintos requerimientos de grupos sociales y culturales, quienes, la mayor parte de las veces, argumentan su situación en la búsqueda por mayores espacios de representación en el mundo de la ciencia y las dimensiones culturales. Lo que la crítica posoccidental enaltece guarda estrecha relación con el tortuoso encuentro de una universalidad inclusiva, o mejor aún, otorgar nuevos contenidos a la noción universal donde sea posible el reconocimiento del otro no como otro, sino en tanto actor dinámico de los procesos de configuración del régimen escópico propio de la mirada occidental.
En fin, el interés de esta modalidad crítica, y el propio de Schlosberg, se sitúan en la interpretación textual y narrativa como punto final. Es decir, el texto es asumido como parte inherente del horizonte de comprensión e interpretación, así como fase de realización de un proceso de entendimiento dentro del amplio espectro de las representaciones de la modernidad. Punto final que ofrece la imagen de una configuración tramada en una temporalidad compleja, una totalidad con posibilidades de reinterpretación dentro de lo que la hermenéutica gadameriana denomina círculo hermenéutico.












