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Tiempo y Espacio

versión impresa ISSN 1315-9496

Tiempo y Espacio v.21 n.56 Caracas dic. 2011

 

Blancos, mestizos y pardos. Notas sobre convivencia en el pueblo de doctrina del buen Jesús de Petare

Suzuky Margarita Gómez Castillo

Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Instituto Pedagógico de Miranda “JM Siso Martínez” suzukygomez@gmail.com

Resumen

El presente trabajo tiene como objetivo principal realizar un ejercicio de reconstrucción histórica de Petare en el tiempo histórico colonial. El propósito de esta investigación se centra en dar una mirada al pasado desde el estudio de su cotidianidad. La modalidad utilizada en esta indagación es histórico-documental bajo un enfoque fenomenológico interpretativa. Y dentro de las conclusiones se obtuvo información sobre la formación de los asentamientos urbanos en el valle de Petare, de las costumbres y prácticas sociales a través del estudio de documentos públicos y privados (testamentos, documentos de compra – venta entre otros), arrojando un precioso material que proporciona conocimiento acerca de los comportamientos, las costumbres , las normas, la cultura material y el paso de la vida cotidiana de una provincia así como de las particularidades del área de estudio.

Palabras clave: Vida Cotidiana, Pueblo de Doctrina, Buen Jesús de Petare, Encomienda, Esclavitud.

Whites, mestizos and whites. Notes convivenci in the town of Bom Jesus teaching the Petare

ABSTRACT

The present work must like primary target make an exercise of historical reconstruction of Petare in the colonial historical time. The intention of this investigation is centered in giving a glance to the past from the study of its cotidianidad. The modality used in this investigation is historical-documentary under a interpretative fenomenológico approach. And within the conclusions information was obtained on the formation of the urban establishments in the valley of Petare, the social through document study public and deprived customs and practices (testaments, documents of transaction among others), throwing a precious material that knowledge provides about the behaviors, the customs, the norms, the material culture and the passage of the daily life of a province as well as of the particularitities of the study area.

Keywords: Daily Life, People Doctrine, Petare Bom Jesus, Commendation, Slavery.

Recibido: 28/10/2011 Aprobado: 30/11/2011

Características Generales de la Población

El Petare colonial crecerá paulatinamente y verá aumentar progresivamente el número de sus habitantes originarios. Algunos se asentaran en el centro del pueblo, mientras que otros levantarán sus casas en los alrededores. Observemos el retrato escrito que Agustín Codazzi (1841) le realiza a Petare:

La villa de Petare está situada en una pequeña altura, á la orilla del río Guaire, entre la quebrada Loro y el río Caurimare, que allí mismo sus aguas al Guaire. La posición de Petare es bella: domina todo el valle del Guaire y á lo lejos se ve la capital de la república: su aproximación á esta, los terrenos fértiles que tiene en su territorio, un clima delicioso y sano, su posición en el camino que conducé a los valles ferazes de Guarenas, Caucagua, Capaya, Río Chico, y los cultivos de los Mariches, lo hacen un punto interesante (sic) (pp.572-573).

Es tierra propicia para el desarrollo de la agricultura y otras para la cría de ganado, pero ello no es labor fácil y será necesario el esclavo que se ocupará del trabajo más duro, en los trapiches y haciendas que van brotando en el transcurso del tiempo hispánico.

El mestizaje se producirá en la mezcla de colores que identifica a la población venezolana en general. Todo se confabula en la búsqueda decisiva, aun cuando las discrepancias por el tono de la piel sean un agente concluyente de la condición social “indio es indio, negro es negro, y al amo o dueño de haciendas sólo le interesa sacar el mayor provecho del sudor de aquellos” (Rey, 1990:19). En Petare la propensión al crecimiento poblacional, como ya se expuesto no fue reveladora, ya que los habitantes eligieron ocupar la periferia contigua al pueblo, está según Rey (ibídem, p.20), superará por triplicado a los habitantes del casco central del pueblo, aseveración que hace el autor apoyado en la matricula del cura Pablo Antonio Romero, la cual estima en 1.123 el número total habitantes para 1801.

Se toma en cuenta en esa matricula el número total de niños estimados en 638. En palabras semejantes, se advierte que la población aborigen sumaba un 12% de las cifras generales. En consecuencia, se acuerda indicar que ello se debe al avance del mestizaje, que enlaza el cruce de indios, esclavos y blancos lo que se puede demostrar, si se revisa nuevamente el censo y se constata el número mayoritario de pardos que hacen vida en esa época en el pueblo del Buen Jesús de Petare.

El Pueblo Canario en Petare

Llegan nuevos pobladores a Petare, que ha sido erigido como parroquia desde 1704 y entre ellos se destacan españoles de Las Islas Canarias, Sauzalero, Toconero, Laguneros son solo algunos de los gentilicios encontrados. En su mayoría vienen como agricultores, con el fin de trabajar la tierra y hacerla productiva, sin embargo otros se encargaran del comercio, el transporte, la mercadería y las labores artesanales entre muchas otras actividades. Retomemos a Vargas Mendoza:

…Muchos son canarios que se han venido de otros sectores de Caracas. Con ello la vecindad se ha incrementado. El clima lo ha hecho posible. Es muy propicio para la salud. La naciente población caraqueña ha tenido muchos contratiempos, como el de la viruela a finales de los quinientos. Esto dejó un saldo bastante triste para una comunidad que trataba de cimentarse. Por otra parte el romadizo, el catarro y el sarampión son males constantes en el lugar. El valle petareño se abre acogedor: Por ello, muchas familias lo han buscado una vez que ya en verdad hay poblado. Esto ocurre para ir dando perfil a la Villa del Buen Jesús de Petare… (p.62).

Esta actividad reinicia con la preparación de los campos para la labranza y la incursión de nuevos elementos en la vida diaria de la población, cabe mencionar el provecho de los conucos con ayuda de las herramientas de labranza como el arado, el azadón, se organiza la faena del esclavo y se adquieren destrezas ajustadas para el trabajo con el ganado asimismo, se experimenta con nuevos métodos para el transporte, surgen los arrieros.

Encontramos según cita Hernández González (2008:121), que en uno de los primeros libros de bautismo de la parroquia esta María Tomasa, hija de dos isleños, José Ruiz e Isabel Hernández, hija de Lucas Hernández y María Acevedo, quienes se residenciaron en Chacao. María Tomasa se casará en 1725 con otro Canario de Nombre Gaspar Hernández, esta familia residiría en el los predios de Petare, específicamente en la Cuesta Auyama.

Otra familia atraída por las bondades de la villa será la de Domingo Marrero y María de Jesús, estos llegaron con cuatro hijos, dos de ellos se casan 1719, y se asientan en el pueblo. Asimismo, Juan Francisco de León, también fue vecino del pueblo del Buen Jesús en 1728, antes marcharse a Panaquire donde inicio la rebelión, es justo indicar que sus hijos Baltazar y Antonio permanecieron en este pueblo (Castillo Lara, 1983:514).

Algunos isleños que llagaron al valle de Petare, también lograron amasar grandes bienes de fortuna, haciéndose de trapiches y haciendas de caña. Uno de ellos fue Pedro Hernández Cabrera, contrajo nupcias con Juana Antonia González, tuvo 9 hijos y 5 más que murieron en la tierna infancia, este ciudadano ocupo tierras alrededor del río Caurimare, se destaca en su testamento, inscrito en el Registro Público Principal de Caracas (RPPC) en 1714, que el mismo casó a su hija Cayetana con Domingo Yanes en 1711, y a su vez aportó como dote para la joven un terreno baldío en el camino real de Petare valorado en 500 pesos. El cual su yerno cerco, labro y allí edifico un casa con su propio patrimonio financiero. Dentro de la propiedad se fabricó un trapiche, se contaba con 7 esclavos, vacas, bueyes y caballos. Al morir Domingo deja a la Cofradía de La Candelaria 100 pesos y funda una capellanía de 500 pesos para uno de sus hijos (f.1).

Vida de la Mujer Canaria en Petare

En el tiempo de la inmigración a América un gran número de mujeres se trasladó a Venezuela, algunas venían con sus familias otras por su cuenta propia. Las consecuencias de este característico suceso ayuda a explicar cómo se conformaron las mallas familiares y étnicas de la población de origen canario, la preponderancia de los blancos y su participación en el mestizaje. En esa extensa variedad llegaron a los nuevos poblados esclavas, mulatas que habían sido adquiridas para que acompañasen a sus amos, también cruzaron el mar mujeres pardas y expósitas “Junto a ellas amas de casa, vendedoras ambulantes, costureras, campesinas o tenderas” (Hernández González, Ob. Cit.:90). En esta sección sólo intentamos dar una mirada hacia algunos ejemplos de lo que fue su significación y trascendencia en la trasmisión de sus valores culturales.

La mayor parte de estas mujeres era de clase humilde, aunque algunas eran pequeñas propietarias. Escasamente contribuían con dotes al matrimonio, subían a los barcos con muy poco equipaje y muchas vendían sus pocas prendas de valor para poder comprar a sus pasajes. Se estima que en esos grupos de señoras la mayoría era analfabeta, ni siquiera sabían escribir su nombre. Pero contrariamente a lo que se ha expresado, muchas se esforzaron por tener una esclava, ya que entre el grupo de las desposeídas estas constituían una garantía para cuando se llegara la ancianidad, porque normalmente estas se integraban a la familia, ayudaban con la faena doméstica, eran un apoyo con el cuidado de enfermos y podían ser entrenadas, alquiladas o contratadas para las labores artesanales. Para ejemplificara tales consideraciones Hernández González (ibídem) nos explica:

…La grancanaria Ana Sabina del Castillo Cabeza de Vaca representa a la élite insular. Emigró con sus padres Marcos del Castillo Cabeza de Vaca, hijo del coronel y poseedor del mayorazgo de Cairasco Fernández del Castillo, y Luisa Milier y sus hermanos, entre ellos Melchora y Elvira. Tuvo dos nupcias, la primera con el genovés Bernardo Llanos con un hijo y la segunda con el guairense Domingo Ignacio Marrón, con 6 hijos adultos. No heredó nada de sus padres y sus bienes se limitaban a una esclava tuerta de 60 años, cuyos 4 hijos naturales fueron vendidos para sus urgencias. La situación de sus hermanas no debió ser tampoco buena pues las auxilia con alguna ropa y pesos <<para socorro de sus necesidades>> (p.99).

Otra razón que ameritaba el sacrificio de adquirir una esclava, estaba puesta en su posible reproducción, porque sus hijos también serían esclavos y en una situación de necesidad estos representaban la salida ante las carestías y las persistentes dificultades financieras por las que era frecuente que una mujer atravesara, y con mayor énfasis cuando se acercaban las mortificaciones de la edad adulta, en la que se disminuye la capacidad de valerse del trabajo propio. Continuemos escudriñando la obra anteriormente citada (ídem):

La tanquera Ana Francisca Granadilla marchó en su juventud con sus padres Gaspar Martín Granadillo y Luisa González Guanche y sus hermanos. Miembro de una familia extensa, se desposó con el tinerfeño Francisco Javier Mendoza Bello, con el que tuvo cuatro hijos adultos. Como tantos otros paisanos invirtió en la cría de esclavos para asegurar su vejez ante la escasez de <<este recurso>>. Era dueña de 9 esclavos, 5 de ellos niños (pp.98-99).

La oleada inmigratoria no se detuvo, siempre persistía la esperanza de encontrar la gracia de Dios en esta tierra venezolana, así como a los esposos perdidos a los cuales se los había tragado el dorado. Continuaron llegando féminas que no se quedaron como la Penélope de Homero esperando a su Odiseo. Así un día la huérfana de La Laguna Gaspara María de Medina viene en la búsqueda de su consorte (ídem):

…la expósita lagunera Gaspara María de Medina [se traslada a Caracas para establecerse en este lugar]…Contrajo matrimonio en La Laguna con Bernardo González. Pudo casarse gracias a una casa, vendida para su manutención, legada en dote por Ángela de Castro y los réditos en vida de una capellanía con obligación de sufragar 100 misas anuales. Su marido no aportó nada. Al poco tiempo, su marido se ausentó para América sin saberse su paradero. Ella marchó a Caracas <<en su seguimiento, aunque no lo he podido conseguir>>. Declara que <<él no aumentó ni disipó mi caudal>>. Sólo posee su ropa y una caja con trastos de poco valor, unos aretes, crucecita y una cuchara de plata (p.95).

Son mujeres valientes, quienes sortean todas las dificultades posibles así como las incertidumbres que le ofrece la inmigración a estas tierras inhóspitas. Muchas fenecieron en la travesía, otras al culminar el viaje y en muchos casos las más afortunadas fueron apoyadas por familiares que ya se habían establecido en el valle o simplemente por paisanos bondadosos que sentían pena ante sus penurias y miserias.

Otro caso singular y descrito (RPPC, 1721) es el de Isabel Soto quién se casó en las Islas con Francisco Santana, este se fue para La Habana provincia en la que falleció, ella se vino a Caracas y de su testamento recogemos que le debe a un mercader 100 pesos el cual paga con mulato de 9 años llamado Pedro Luís, a quién espera se le eduque en la buena doctrina y que el resto de su valor se tome en cuenta para una futura libertad. Esta dama también describe que posee una mulata a quien llamo María Manuela quien tiene dos hijos uno de 13 años y otro de año y medio, a quienes deja en libertad, en agradecimiento al mutuo amor que se desarrolló entre ellos, es un clara evidencia de los lazos filiales que podían desarrollarse entre amo y esclavo (f.2).

Otro caso de agradecimiento lo ejemplifica Agueda Antonia Henríquez (RPPC, 1756) una viuda que cede todos su patrimonio a un pardo esclavo, llamado Antonio Montalbán, a quien había criado cumpliendo el deber de aportar un real todos los martes del año, para candelillas que se colocaban en el altar de San Antonio, que en demostración de piedad se había colocado en la capilla de la orden tercera franciscana. Otra característica presente en este testamento es que deja entre sus donativos 7 cuadros grandes con sus marcos dorados, un Niño Jesús con su cuna y un San Antonio con frontal de seda para esta misma capilla. En este testamento se logra evidenciar no sólo una clara demostración de cariño sino que además la testante hace clara declaración de comparte las creencias religiosa de los pardos lo que indica que muchos nuevos petareños hallan sentido devoción al Cristo de la Salud, al Nazareno entre otras advocaciones religiosas.

Las Viviendas y las Haciendas

Después de las consideraciones anteriores, resulta oportuno indicar que incluso fue a fines del siglo XVII, cuando las viviendas proliferaron en torno a la iglesia y en las cercanías del poblado. Petare se convirtió en parada obligatoria a los transeúntes, viajeros y cargas que iban y venían de Caracas hacia Barlovento y los Valles del Tuy, en una carretera empezaba en lo que hoy conocemos como San Bernardino, y que continuaba por Quebrada Honda, Sabana Grande, Chacaito y Chacao, hasta llegar a Petare.

La ciudad fue progresando, y con ella nació una elite donde los apellidos de las grandes familias caraqueñas sonaran tal es el caso de Francisco de Berroterán (el Marques del Valle de Santiago), dueño de la Quebrada La Veja; Diego José Muñoz, propietario del Helechal; Los Suárez Urbina entre otros. El factor común en la llegada de esta familias a estas tierras era el excelente clima que brindaba la zona, sus tierras fértiles y esta situación dio paso a la constitución de inmensas haciendas donde se sembró caña de azúcar, para la comercialización de papelón y aguardiente.

Entre estas haciendas se destacan: La Bolea, La Urbina, Guereguere, Los Ruices, Los Marrones pero por otra parte, connotados hombres como Andrés Bello, José Antonio Rodríguez Domínguez, José Félix Ribas, asentaron sus haciendas hacia Caucaguita, lo que se nos proporciona como evidencia para exponer el uso agrícola de la economía del Valle de Petare.

Se destaca en esta época, diferentes formas y clasificaciones para los trabajadores del campo, entre las cuales se destacan los braceros jornaleros que se ubicaban en las cercanías de las haciendas y con ello evitaban caminar durante largas jornadas a sus sitos de trabajo, dando el origen a caseríos como Los Dos Caminos, Carpintero y a la par de los grandes cultivos, continuaba los conucos para la subsistencia familiar e intercambio comercial.

Continuamos argumentado desde la obra escrita de Vargas Mendoza:

La realidad es otra. Hay que salvar siempre a toda costa la permanencia de los tablones de caña. Es necesaria la existencia de braceros para la recogida del café. La vida del pueblo está en las siembras. En el abastecimiento de mercados foráneos. El interés colectivo se centran en La Urbina, Guere- Guere, Marrón, El Convento, Mariches, Lira, Maturín, Limoncito, Las Tapias, Turumo [La Dolorita es una posesión dentro de esta Hacienda], La Esperanza, La Estrella, San Rafael, Las Mercedes, La Florida; Santa Ana e innumerables hectáreas de terrenos sembrados. Por obligación había que mantener la calidad de la papa cultivada en el Cerro de Arvelo (p.175).

El hecho de conservar productivas todas estas haciendas y cultivos, se transcribe en la demanda de productos intrínsecamente ligado al comercio local en todos sus sectores. Esta situación citada influyó para el crecimiento y auge del pueblo. Petare suministraba a Caracas y sus zonas vecinas productos agrícolas y su vez emergieron familias que mantendrían el control de las actividades comunitarias estas fueron, los Suárez, los Monegui, los Poleo y los Arrechedera entre otras.

Pulperos

Petare crece rápidamente a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, en a medida en que se asienta su crecimiento económico y político. Sucede que las pulperías deben ampliarse para garantizar a la naciente ciudad el suministro de víveres y licores a la población. En su mayoría los pulperos eran producto de la inmigración familiar. Francisco Depons (1967), realizo una definición:

…Su surtido consiste en cerámica, quincallería barata, herramientas, vinos, azúcar, jamón, grasas, frutos secos, queso, tafía, etc. Sobre las otras tiendas tienen la ventaja de no estar obligadas a cerrar los días de fiesta y los domingos. Son tan necesarias que hay que tenerlas abiertas desde el alba hasta las nueve de la noche; […] es necesario buscar compensación en lo que se vende con menos del ciento por ciento de beneficio, a menudo el doble y el triple. Es así, a costa de detalles desagradables y penosos, como se echan las bases de fortunas que no se dan en ningún otro oficio (p.334).

La gran mayoría de estas pulperías están regentadas por canarios, para sostener este negocio era necesario tener conocimiento del mercado, hacer contacto con los cultivadores, mercaderes, bodegueros y arrieros. En las pulperías se pedía comprar géneros, alcoholes, y productos agrícolas era común que estos espacios se proliferaran relaciones de familiaridad, llegaron a convertirse en centros de encuentro social, por supuesto dependiendo del paisaje.

En un legajo de 1760 (RPPC), encontramos que el sauzalero Antonio Velázquez, soltero, era poseedor de una pulpería en Petare avaluada 1.300 pesos. Deja por herederos a sus sobrinos, hijos de su hermano José Francisco, que vive en Caracas, y una capellanía de 3.000 pesos administrada en Santa Rosalía por su sobrino José Francisco Velázquez. A su padre le deja 150, pero pide no se le entreguen hasta que no se embarque a las Islas Canarias donde le espera su esposa. Pero también se expresa en el documento que si se demuestra que esta señora falleció, si se le puede entregar el dinero. En este documento encontramos como un hombre deja protegida a su familia con el beneficio de su trabajo como pulpero en la zona de Petare.

Una seña particular en este oficio se tiene con Miguel Hernández Monagas quién contrae nupcias con Ángela Navarro, emigran hasta el Arauca con sus cinco hijos ya adultos, hasta el punto que su hijo José deja una esposa en Las Palmas. Al establecerse José adquiere una pulpería y conforma una nueva familia en esas tierras, sin embargo, su hermano Bartolomé asienta sus primeras raíces en Petare y también posee una pulpería, este joven se casa en 1746 con María Ignacia Hernández, y deciden hacer fortuna en otras tierras, así que se dirige a Aragua de Barcelona donde las fortuna los encentra y se hacen hacendados, con el paso de los años serán ellos los padres de los generales y presidentes de Venezuela José Gregorio y José Tadeo Monagas (Hernández González, Ob. Cit.:201).

Mercaderes

Mercaderes, bodegueros y pulperos, estaban en la base del mercado menor. Las discrepancias entre los dos primeros y los pulperos son, hasta el último tercio siglo XVIII, referentes. Sólo se especificará a raíz de la erección del real consulado en 1763, aquí se identifican severamente. Inclusive el paso de mercader a comerciante queda rigurosamente convenido para alzar a común y llevarlo a la nobleza.

El consulado los precisara en 1804 concluyentemente: la única diferencia entre mercader y bodeguero es que (Álvarez: 1966):

Aquellos menudean los géneros y lienzos, y éstos los caldos, víveres y demás efectos que introduce al por mayor el comercio. Los regentan europeos que llegan a esta Provincia a habitarse y hacerse de capitales considerables para pasar a la de comerciantes por mayor en términos que entre éstos y los mercaderes y bodegueros hay una reciproca correspondencia… (pp. 309-310)

Se integran en jurisdicción, mientras que los pulperos son excluidos, existen marcadas diferencias estamentales. La provincia de Caracas a finales del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, está sustentada en la relación economía y sociedad. Es decir, mientras mayor fuera el capital, más fácil sería la aceptación social. El pulpero invierte poco algunos cientos de pesos, por lo tanto sus actividades comerciales son reducidas. Pero el pueblo de Petare ha crecido (Vargas Mendoza, Ob. Cit.):

[Petare a estabilizado] su comercio, que había hincado, o mejor dicho, había cobrado un nuevo giro, desde el momento mismo que fue elevada a cantón, pulperías,, fondas, posadas, ventorrillos, almacenes, tiendas, botiquines, carnicerías, y otros negocios que le dan vida a cualquier poblado, han prosperado notablemente. Existe un abastecimiento constante de productos de importación. Son quesos, vinos, embutidos, licores, telas, perfumes, adornos y otros artículos para mujeres y hombres…La despensa de las casa siempre está abastecida dentro de la posibilidad del dueño. Cada sábado o domingo, los negocios permanecen colmados d e parroquianos, que llegan de poblados inmediatos, para sus operaciones de compra venta…[también los productos locales tienen salida, se produce el] negocio para los frutos, ganado, aguardiente, casabe, papelón, verduras, animales de carga y silla y otros artículos de consumo obligado (p.229).

Pero en la medida en que el pulpero pasa a mercader, se manifiesta su ascenso así como cuando el mercader pasa a comerciante. El razonamiento central siempre será la base económica, para ser mercader se exige tener un capital superior a 15.000 pesos, para ser comerciante, 30.000. Las transacciones minoristas estaban estipuladas por la evolución de las importaciones y la demanda interna.

Médicos/Protomédicos/ Curanderos

En pueblo se expenden medicinas en la bodega, de un vecino llamado José Alemán, la cual estaba ubicada en la parte baja del pueblo, esta es una situación común. También se cuenta con la Coronela Walda y con Concepción Salgado, quienes en su hogar consultan los males de las mujeres y les dan indicaciones para curar sus males.

Cuando se trata de los dientes y las muelas, es el barbero el especialista en aliviar el dolor, y extraer las piezas. Sin embargo, se cuenta en el Buen Jesús, con un galeno autorizado por el Protomedicato de Caracas, es el Protomédico Lucas Amaya, a quien se le considera facultado en forma empírica, pues ha sido cirujano en el Batallón de Petare, liderizado por el General José Félix Rivas durante la Guerra de la Independencia. Señala Manzano (1974):

…En 1821, honraba los pueblos con su experiencia el curandero Don Lucas Amaya, quien, a fuerza de alternar con médicos romanticistas rotulados para hacer las cosas bien, o mal, según les saliesen, recibió invitación del Real Colegio de Medicina de Londres, para que respondiese el cuestionario enviado por aquel alto cuerpo, a los hombres del Protomedicato de Venezuela. Londres deseaba detalles acerca del método de vida de la gente venezolana. Condiciones alimenticias del país, longevidad y de manera especial la influencia de las plantas medicinales enlas enfermedades del hombre en esta parte del mundo. Los únicos profesionales que respondieron: Don José María Benítez, Licenciado por el Protomedicato de Caracas en 1814, y Lucas Amaya, empírico que dio en blanco con sus observaciones… (s/p)

Lucas Amaya, era un hombre justo y observaba las normas establecidas por el Protomedicato, y debido a esto luchaba contra las prácticas ya establecidas en el poblado, sin tener todo el éxito esperado, ya que las personas siempre se entrevistarían para curarse sus males con quién estuviese más cerca. Los dolores no esperan ni conocen de normas, es frecuente que se sufra de las articulaciones, que lleguen cólicos, que la tos persista, que el reuma apriete, que supuren las úlceras, que lleguen los mosquitos y haya cuadros de malaria.

Tampoco se excusan los animales ponzoñosos cuando inyectan su veneno, un dolor de cabeza, una diarrea no distingue una pócima casera de un remedio expedido en una botica. El villano va donde la fe y sus ingresos le permitan para aliviarse el mal del cuerpo, unas veces será el consultorio y otras la pulpería o bodega del pueblo.

Los Artesanos

La artesanía en la colonia, era vista tanto por los blancos criollos como por los españoles como una ocupación despreciable, y esta fue un actividad fue desarrollada mayoritariamente por la inmigración canaria. Pero es justo significar que este grupo se incorporaron también pardos, aunque la mayor parte eran blancos y muchos ostentaban el título de don. Entre ellos, se destacará Domingo José Delgado quién llego a Petare en las primeras décadas de siglo XVIII con su esposa Antonia Mesa. El señor Delgado tenía el encargo de tocar el órgano en nuestra parroquia.

Músico y Maestro

Otro destacado músico lo representa Juan Francisco Meserón quien en 1820 es preceptor de la escuela de primeras letras de Petare, el maestro se encarga de preparar a sus estudiantes para que ganen con éxito medallas en aritmética, escritura y catecismo. Muchos de estos jóvenes son premiados en la iglesia parroquial. Asimismo el maestro Meserón organiza por las noches conciertos en la casa del Corregidor, donde ejecutan quintetos o cuartetos compuestos por los mismos niños que asisten en el día a la escuela, conmoviendo por la finesa de las piezas que tocan a todos los asistes, entre ellos se comenta la destreza del director, quién también es compositor y arreglista de las ejecuciones y flautista (Gazeta de Caracas, 1820). Fue este insigne músico director de la Orquesta filarmónica de Caracas (1834), y se le agradecerá por siempre la composición de canción al sacramento, misa (1806), Sinfonía núm. 8 (1822), Miserere (1823) entre muchas obras y la creación del libro titulado “Explicación y conocimiento de los principios generales de la música” primera obra de enseñanza musical del país (Diccionario de Historia, 1997: 150).

Pintor

Se destaca José María Xedler quién fue teniente cura de la catedral y es autor de San Ignacio de Loyola. En 1815 pinta un frontal de estilo neoclásico que adornó la capilla del Calvario de Petare, dedicada al culto de Santa María Magdalena y reconstruida en 1816 a raíz de su destrucción a causa del terremoto de 1812. La reconstrucción se debió precisamente al celo de su hermano Antonio Gedler del Pozo, Corregidor del pueblo, con quien muy seguramente colaboró en la empresa. La capilla fue bendecida en 1816. El frontal existe y se conserva en el Museo de Arte Colonial de Caracas (Duarte, 2008: 45-46).

En 1822 publica en Caracas, en la imprenta de Juan Gutiérrez, “Egercicios de nueve días: para disponerse a celebrar en la dominica segunda después de la epifanía, la festividad del Buen Jesús de Petare (Diccionario de Historia de Venezuela, Ob. Cit.: 307).

Entre 1826 y 1827 recibe el padre Xedler varias visitas del Sir Robert Ker Porter, estas se realizan en un primer momento con el fin de que el visitante observe el paisaje y sus particularidades, en especial se hace énfasis en la belleza y la prosperidad del iglesia del Dulce Nombre de Jesús, así como una evaluación de las edificaciones que hubiesen tenido daños ocasionados por el terremoto, en este caso señala la fuente que dentro de las edificaciones religiosas la que más daño había tenido, precisamente era la capilla del Calvario, ya en avanzado proceso de restauración, las posteriores visitas persiguen la asesoría del prelado para la elaboración de un mapa que estaba realizado el inglés. (Duarte, Ob. Cit.)

Platero

En este oficio figura Marcos Agustín Fernández, quién fallece en Chacao 1803, rescatamos de su testamento (RPPC), un perfil de lo fue su legado en esta comunidad. Su viuda es Josefa Vicencia Linares, quien es la encargada de mandar hacer los Ávalos de sus bienes, se debe acotar que Fernández con su especialidad también era conocido en la zona como perito de tasación, es importante señalar que la orfebrería se consideraba un oficio de pardos y a los buenos plateros como presumimos era este cristiano se les designaba como maestro mayor y fiel contraste marcador en el arte de la platería, siendo empleados muchos de ellos en la Casa de la Moneda de Caracas para el proceso de acuñación . En su taller de platería fue encontrada un arpa vieja, un cajón de arena de platería de moldar, una armadura de fuelle de platería, un fuelle dorado, una mesa de zapatería, una horma de pierna de bota, cuarenta y un hormas de zapatería, un banco de tirar hilo de platería con su torno y su prensa, un torno común sin banco, un palo de Tas de platería. Y en la tienda bajo el peritaje de José Antonio Ortega se encontró (testamento-RPPC):

…una tenaza grande, unas tijeras regulares, dos limas grandes, una vigornia grande, dos piezas de moler oro, la pieza de levantar, tres martillos de mano, dos martillos de levantar, una plancha con ocho tornillos, dos martillos grandes, el chambrote, tres sopletes, tres muelles, dos pedazos de plomo, dos alicates de punta, ochenta y siete moldes de todas clases, dos vigornias pequeñas, tres pares de cajas, una embutidera, el marco con las balanzas grande, una balanza pequeña, dos tares de buen tamaño con un tornillo pequeño…(f.1)

El perito nos ha permitido dar una mirada a la cultura material de una época, en ellas encontramos las herramientas de trabajo de un artesano, podemos ver a través de las mismas con que artefactos construía la cotidianidad de su trabajo en una platería. Sin duda un oficio que se exigía extrema destreza y responsabilidad, pero del cual presumimos también recibía buena remuneración.

Albañiles/Alarifes/Arquitectos

Equívocamente especulamos que los problemas urbanísticos de nuestra ciudad, son el resultado exclusivo de los tiempos contemporáneos. No obstante, el desenlace de estos conflictos han sido una constante a todo lo largo de la historia de Petare. Un ejemplo específico, lo podemos encontrar como una constante durante los tiempos coloniales cuando Petare se fue transfigurando de villa, a una ciudad propiamente dicha.

La metamorfosis hacia formas urbanas, acarreó una decidida intervención del Ayuntamiento como un establecimiento rector de la vida de la ciudad, a través de sus regidores, pero en especial el Síndico Procurador General, quién fingía como protector de los derechos de la ciudad y sus habitantes (Durand, 1998:688).

Si bien es cierto que las responsabilidades recaían con exclusividad, en los señores regidores, en el caso del buen orden urbanístico que siempre tuvo tropiezos en Petare, tal compromiso fue compartido con los alarifes de la ciudad, cargo descrito con propiedad por Iribarren (2010):

El cargo de Alarife de Caracas gozaba de alta estima ya que acreditaba al titular en inteligencia del arte y sabiduría en el oficio. Su posición en el ambiente constructivo de la provincia le confería superior rango entre sus colegas y les abría las puertas para tomar a su cargo obras constructivas de mayor alcance y responsabilidad. Su opinión era considerada voz experta en el estado del arte en materia edilicia. Habiendo tomado sus responsabilidades bajo juramento, su palabra era sinónimo de honestidad y de sentido del deber, Sin embargo, la poderosa sociedad criolla seguía considerando a los trabajos como oficios viles no aptos para personas de rango y cuna. Fue la emergente y numerosa clase de pardos quien se dedicó a los oficios de la construcción y los demás menesteres. El alarifazgo era por lo tanto, oficio de pardos (p.45).

Indudablemente que el ser alarife era una ocupación de suma importancia, y abarcaba muchas actividades incluyendo el fraguado de los cimientos de la ciudad. Dentro de sus obligaciones estaban el proponer mesura ante el reparto de tierra de labranzas y solares, llevar avalúos de casas y haciendas para testamentaria, ejercer labores de peritaje, considerándose daños y deterioro de edificaciones u obras de infraestructura en las ciudades. Asimismo estudiemos el siguiente testimonio documental y veamos cómo se pone en práctica los conocimientos de un alarife:

…se haga la medida conforme a mis títulos. A vuesas mercedes pido y supplico declaren quantas baras tiene cada una henegada de la medida viexa conforme a la antigua costumbre que esta ciudad tiene y la que se decretó en las primeras medidas y con la que ha medido hasta hoy (sic) (f.1)…

Este documento que data de 1606, resguardado por Archivo Histórico del Concejo Municipal de Caracas, en las Actas del cabildo de Caracas (AHCMC-ACC) y presenta un litigio acometido por el Capitán Diego Básquez de Escobedo, solicitando se nuevamente medido un terreno que le fue asignado, en el valle de Petare, específicamente “hacia la quebrada de La Vieja en las Faldas de Mariches”, es notar que el reclamo es elevado ante el cabildo caraqueño máxima autoridad local de la época, exige que fijen nuevamente y los límites de la propiedad, trabajo que sin duda realizaría un alarife. Entre sus otras obligaciones se incluía la fiscalización de obras, la procura de materiales de construcción para la ciudad y el vigilar su calidad y correcto precio. El controlaba el tamaño de los ladrillos, adobes, tejas, la calidad de la cal, de las maderas entre muchos otros materiales. Pero su misión principal era la construir y proteger las obras de la ciudad. En este sentido subrayemos nuevamente la obra de Iribarren:

En materia de infraestructura urbana, los alarifes velaban por el mantenimiento de calles, caminos, puentes. El alarife de la ciudad colaboraba activamente con el alcalde de aguas en la construcción y cuidado de acueductos. Acequias, pilas de agua y de protección de las quebradas, hijas del gran cerro que surtían de agua y de protección a los caraqueños. En Caracas, desde mediados del siglo XVII, el alarife colaboraba con el guardamontes y organizaba las cuadrillas de apagafuegos cuando el cerro del Ávila se incendiaba; de las de dragado cuando los ríos crecían y de las reconstrucción cuando la tierra temblaba (p.46)

Dentro de Alarifes que hacían vida en Petare encontramos a José Leonardo Mañer, maestro de albañilería, Arquitecto y Alarife, activo en Caracas entre 1746 y 1795. Se reconoce que entre sus trabajos el avalúo de una casa que fue de Doña Isabel María Villegas, en el camino de Petare, sin embargo el examen de la carpintería se le atribuye a Antonio Mateo de los Reyes, de quién no se indican más detalles (Duarte, 1997a: 51-56). El autor ya mencionado nos presenta, una interesante cita en la cual podemos observar a través de la descripción de un Alarife algunos elementos resaltantes dentro la cultura material, podemos mirar cómo se vivía en la casa de los herederos de la Marquesa del Valle de Santiago:

Estancia en el sitio de San Miguel de Petare que fue del Licenciado Don Ignacio de Peralta y pertenece los herederos de la marquesa del valle de Santiago. Casa de tapias cubierta de teja con 8 y medias varas de largo con tres cuartos bajos. Una sala alta sus barandas de madera. Una casita de paja de la rueda del a yuca. Una cocina de horcones y bahareques. Tres bujios de paja en que viven los esclavos. Algunos muebles. 18 esclavos. Huerta de membrillo, platanales. Un molino caído. Unas casas nuevas de tapias y rafas nuevas y sin acabar, cubiertas de tejas, con 33 varas de largo con sus dos corredores con barandas con “diferentes cuartos que labró la difunta señora marquesa del Valle de Santiago”. Se encontraron en los cuartos miles de ladrillos, cañas, arena, cal, madera, vigas. Un horno de hacer teja. Otras casas que se hallan en otro sitio más abajo, de horcones y bahareques, cubiertas de teja, de 15 varas de largo con diferentes cuartos y corredores con cinco puertas. Dentro hay cercos de madera vigas etc. Una cocina de paja con 7 varas de largo (p.151).

Otro maestro albañil de nuestra área es Baltasar de los Reyes, su actividad data entre 1720 y 1748. Entre sus trabajos se mencionan la apreciación en 1743 de una casa de estancia posesión del Rinconcito en Caurimare, esta le pertenecía al Maestro de Campo Don Diego Liendo y fue José Lozana el encargado de evaluar la carpintería (Ob. Cit.: 94-100). Se describe en el informe:

Estancia de cacao de Diego de Liendo. Situada en los valles de Panecillo sitio de Caurimare, posesión del Rinconcito Petare. Cas de tapias cubiertas de teja. Sala de 5 varas y tres cuartas de largo por 2 y tres cuartas de ancho. Un cuartito de 5 varas y tres cuartas de ancho y 3 varas de largo. Otro cuarto en el corredor de 4 varas de largo y 4 y medio de ancho. Un corredor entablado de 5 varas y media de largo por 4 y tres cuartas de ancho, con un pilar de ladrillo en el medio y dos medios pilares de lo mismo en los extremos. Con un alto y otra sala de 10 varas y medio de ancho y un corredorcito alto del mismo tamaño del bajo. Algunos muebles (p.151).

Asimismo es Maximiano Solórzano, Maestro Mayor de Albañilería y Alarife, activo entre 1767 y 1806, el responsable de dar avalúo a una casa tienda, que esta contigua a Petare, que le perteneció a Don Mateo Padrón, la carpintería es valorada en este caso por dos especialistas José Miguel Arteaga y Antonio José Limardo estos datos corresponden al año de 1793. Observemos que dice el informe (ídem):

Estancia en el sitio de Guanasna, a tres leguas del pueblo de Petare, de Don Mateo Padrón. Casa ordinaria, en el cerro, de bahareque cubierta de paja, cuarto y corredor. Dos puertas y dos ventanas. En el corredor un trapiche de mano. Una troja de teja. Otra que sirve de cocina, 6 esclavos (p.152).

Es oportuno explicar que en el caso de las edificaciones privadas, con frecuencia se hacia el avalúo de casas y terrenos para la elaboración de testamentos, aunque en nuestros documentos no hemos encontrado expresamente dicha acotación.

Puede señalarse en palabras de Lovera (2009), que los alarifes o albañiles no eran muy abundantes:

…se constató la existencia de sesenta y seis de ellos para todo el siglo XVIII, cuando podía estimarse la población que habitaba en nuestro territorio en aquella centuria entre 700.000 y 800.000 almas, lo que significa lo que significa que no llegaban a un artesano por cada 10.000 habitantes. Sin embargo, reduciendo el número de habitantes al de aquellos que supuestamente podían emplear loa servicios de los alarifes, unos 200.000, todavía encontraremos una bajísima cifra de 3 albañiles por cada 10.000 habitantes (p.93).

En pocas palabras, si se toma en cuenta la distribución geográfica, de la población, encontraremos que en Caracas y La Guaira se agrupaba un setenta por ciento de estos artesanos. Cifras que, a pesar de ser simples aproximaciones nos certifican la dificultad que siempre hubo en conseguir albañiles para la edificación de las casas urbanas, las casa de hacienda y en especial las ubicadas en el interior de la provincia (ibídem).

Herrero/ Fabrica de Fusiles/Acto por la Independencia (1811)

Un singularidad dentro de las artes de la herrerías, resulta un hallazgo reseñado en la Gazeta de Caracas de fecha 11 de junio de 1811 (sic), en la cual se señala como Don Manuel Toro, vecino de Petare reconocido artista y quien en la intimidad de su taller de herrería, sin más conocimiento que el ejercitado en su oficio y con la esperanza de ser útil a la nueva patria, decide construir un fusil. Señala Duarte (2007b):

…comentaba el autor del artículo que tan nuevo y útil descubrimiento, no pudo menos que aturdir a los peritos comisionados del Gobierno para calificar la identidad y utilidad de la invención; y el industrioso Toro recibió el último premio de su aplicación quando (sic) se declaró por contrahecho, viejo y acicalado el cañón del fusil. No obstante tiene que sufrir un juicio contradictorio para hacer más brulete el triunfo de sus talentos, los contursionados traslados al taller de Toro a unas ramas de su genio y constancia al ver las toscas y groseras máquinas que habían producido el resultado de los grandes y científicos laboratorios de la Europa…de suerte que pronto deberá Venezuela a Petare uno de los artículos más preciosos de su prosperidad industrial… (Sic) (p.32).

El Supremo Gobierno de Venezuela, ante este suceso tan significativo para la seguridad y defensa, se decidió considerar al herrero y le confirió el grado de Capitán de Maestranza, se le concedió un sueldo considerable y se decretó el perfeccionamiento del arma por supuesto bajo la inspección del maestro Toro, para ello se debía organizar, una fábrica en la cual elaborar de cuarenta a cincuenta cañones de fusil por día así con todas las otras partes necesarias, entre ellas figuraban la construcción de llaves y demás piezas de esta arma.

Aproximación a sus Creencias Religiosa

La iglesia católica llegó a América con los primeros conquistadores y colonizadores. Su misión básica era catequizar, evangelizar y dar continuidad al proceso de implantación del modelo católico adoptado por la corona castellana, todo esto en dirección de fortalecer los postulados e intereses de expansión y grandeza, propuestos desde la metrópoli real.

Petare y sus pobladores no escaparían a esta estrategia, todo lo contrario, quizás por estar tan cerca del pueblo Santiago de León de Caracas que sería en algún momento la capital de la provincia, se muestra como evidencia en escala menor de esas costumbres hibridas y sincréticas que caracterizaron en el tiempo histórico colonial.

Comenzamos por detallar su templo que está bajo advocación del Dulce Nombre de Jesús, su fabricación demostraba su esplendor, pero también la influencia poderosa de la fe de todos sus habitantes quienes si entendían que la iglesia es la morada del rey de reyes, y por lo tanto su brillo cubre de prosperidad espiritual y material a aquellos que estén cerca ella. Expresa el Obispo Mariano Martí en su visita pastoral “…es casi tan grande como la Iglesia de la Candelaria de Caracas…la parte posterior de la nave está ya terminada…” (p.3). El templo se establecía para brindar culto a Dios nuestro Señor, a las sagradas imágenes, a las inequívocas escrituras y a todas aquellas criaturas que habían alcanzado la santidad y que la casa de Roma tenia por misión aprobar.

Asimismo entre otras funciones desde la iglesia se debía enseñar disciplina a los Ministros de otras Diócesis y también se establecían métodos para la reformar a los fieles que habían caído en vicios y malas costumbres.

Estos métodos de transformación partían de la enseñanza de la doctrina cristiana, en su fase preventiva esta era dirigida tanto a los niños como a los adultos, la base teológica era el estudio del Santo Evangelio del día, reprendiendo principalmente a los que se consideraban que habían caído en abusos o excesos. Por esto el Obispo Martí recomendaba en su visita a Petare:

…enseñe la Doctrina Cristiana con palabras que se adapten a su inteligencia de los oyentes, explicándoles las cosas necesarias, necesitate meij et necesítate precepti ad salvandum, la virtud y eficacia de los Santos Sacramentos y disposición con que han de recibirlos, y que a los niños les enseñe los rudimentos de nuestra Fe y a obediencia a sus padres… (Sic) (p.18).

Adicionalmente, el párroco de la iglesia del pueblo del Buen Jesús, tenía por misión oficiar el santo sacrifico todos los días, y preparar el altar con sus tres manteles, dos de lienzos delgado y con encajes. Colocando la imagen de la santa cruz, para guardar el sumo culto, veneración y reverencia. No podían personas ajenas acercarse o tocar los ornamentos, ni colocar objetos sombreros en el altar, debían enseñar normas de conducta en el santo precinto entre las que figuraba el prohibir conversaciones, ya que esa era la casa de Dios y lugar de oración.

Redacción del Testamento

El carácter espiritual de la vida durante el siglo XVII es muy arraigado. Se manifiesta en la gran fe religiosa que embargaba a la mayor parte de los fieles de este pueblo del Buen Jesús. Con la implantación de la “sociedad burguesa” se impuso en las nuevas provincias la preocupación por los deudos, entonces los testamentos se formaron más elocuentes y terrenales, en las provincias se crearon nuevas costumbres, llego el luto y la muerte constituirá un hecho cotidiano. Señala Vargas (Ob. Cit.):

El testamento es un documento notarial a través del cual un individuo manifiesta y registra su voluntad sobre aspectos espirituales y materiales. Estas voluntades deben ser observadas por los herederos o albaceas después de la muerte del testador, para que en el menor tiempo posible puedan cumplir con la última voluntad de éste. Se dice, además, que el testamento representa la oportunidad final que tiene la persona que lo hace, para limpiar su conciencia de los posibles pecados cometidos en vida y así morir en paz. Por lo tanto, podemos decir que los testamentos representan un acto tanto jurídico como espiritual (p.7)

Era frecuente en nuestra poca que si un vecino sufría un padecimiento grave enviara por el escribano público para dictar su última voluntad, a través de la conformación de un testamento. Dice Cartay (2003):

…se morirá en el hogar, rodeado de familia y la muerte era mostrada espectacularmente. El moribundo conocía la proximidad de la muerte por el viático, el testamento y la convicción intima de su Cercanía (p.307).

Las disposiciones eran dictadas por el aquejado desde su lecho de muerte y ante la presencia de familiares, del clérigo y algunos testigos. Sólo con algunas excepciones, una persona sana dictaba su testamento. Este se podía modificar si se le consideraba necesario, a través de un procedimiento llamado codicilo, el cual se describe en el Diccionario de la Lengua Española como:

Instrumento en que, antes de ser promulgado el Código Civil, se podían y solían hacer disposiciones de última voluntad con menos solemnidad que de ordinario. Generalmente se utilizaba para añadir o quitar algo al testamento, pero hoy día el CODICILO tiene solo importancia histórica (s/p).

El preámbulo de los testamentos de este periodo y que reposan en los libros de Protocolo del Estado Miranda, demuestra claramente la profesión de la fe en Cristo Jesús; el testamento de María Cayetana Hernández (1766) ilustra esta costumbre. El cual se encabeza con la invocación particular: “En el nombre de Dios nuestro señor amen”. Luego continúa:

Sepan esta carta es mi testamento, ultima y final voluntad vieren como yo María Cayetana Hernández vecina del pueblo del Buen Jesús de Petare hija legitima de Pedro Hernández Cabrera y de Juana Antonia González difuntos vecinos que fueron, y natural el dicho Pedro de la islas de la Palma en Canaria, y la citada Juana del pueblo de Guarenas…cuando estoi enferma en cama de accidente grave…creo en el Divino Misterio de la Santísima Trinidad Padre, Hijo y espíritu Santo, tres persona distintas, y un solo Dios verdadero, y en todo lo demás, que tiene cree, y confiesa, predica y enseña nuestra Santa Madre Yglesia Católica Romana en cual fe y creencia he vivido y, protestó vivir y morir…deseando salvar mi alma…pongo por intercesora y abogada a la Santísima Reina de los Ángeles María Santísima madre de Dios y señora nuestra, para que interceda con su precioso hijo Jesús Cristo Niño Redentor y alcance el perdón de mis culpas, y pecados, y lleve a mi alma a gozar de la celestial morada … (Sic) (Fol. 23).

La testante inicia la redacción con una súplica a dios y luego a sus santos patrones, se declara creyente y proclama su fe católica, luego notifica a los presentes que serán testigos de su última voluntad. Obsérvese que la primera disposición de los testamentos estudiados siempre se encamina con la siguiente frase:

…Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la hizo, crio, y redimió con el infinito precio de su preciosísima sangre, pasión y muerte santísima, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado el qual quiero y, es mi voluntad quequando S.D.M fuere servido de llevarme de esta presente vida sea sepultada en la santa Yglesia parroquial de Nuestra Señora de Altagracia de la Ciudad de Caracas, como hermana de la Cofradía de Dolores y, amortajada con el santo Havito de Nuestro Padre San Francisco… (Sic) (Fol.24).

Continúa en segundo orden, un breve esbozo de lo que fue la vida del declarante, las personas se obligaban dar cuenta de su calidad, el origen de su nacimiento y residencia, el nombre de sus padres y declaraban sobre ellos, si se encontraban vivos o no para el momento en que se dictaba la memoria testamental, asimismo se advertía su estado civil y se informaba sobre los hijos vivos o fallecidos que se habían procreado:

…Mando se saque de mis bienes. 4. Mando a las mandas forzosas…a cada una por una vez y, mando se saque de mis bienes=5. Yo declaro que fui casada…con Domingo Yanez Natural, de la ciudad de La Laguna en las Yslas Canarias de mi matrimonio tuvimos y procreamos nueve hijos los quatro varones y, cinco hembras a saber…(Sic) (Fol.25).

El testamento como fuente nos permite conocer rasgos importantes de las vida privada de las familias, ya que constituían un acto transcendental en la vida de una persona que se disponía a entregar cuentas a Dios de su paso por este mundo, mostraban fe pública de su lugar en la sociedad, de la consideración de sus bienes materiales, de las transgresiones a la rigurosa vida moral dominante, de sus secretas convicciones y emociones que entre otros aspectos nos permiten dar una mirada a su imaginario y con ello reconstruir la memoria de lo privado con un documento que se hace público.

Ultimas disposiciones

La Muerte.

El concepto de la muerte fue uno de los imaginarios de mayor significación en la sociedad colonial, y está extremamente arraigando a su memoria social, y en estas expresiones, podemos verlas en el discurso testamentario que ratifica un conjunto de prácticas sociales que son recurrentes en todo el siglo XVIII. En lo que se refiere a este tópico Ruiz Tirado (1999) sostiene:

… en lugar de ocuparse básicamente de dirimir con Dios y su conciencia las íntimas inquietudes existenciales y debilidades terrenales, se preocupara más por exteriorizarlas dejando constancia de ellas para la posteridad en declaración notariada ante escribano publico u otro funcionario competente. La muerte como hecho doloroso que determina la ausencia físicas del ser querido – tal vez porque no se entendía como ausencia radical sino transitoria- no se vive en recoletos espacios de intimidad doméstica, sencillamente porque no existe noción de intimidad ni para el dolor ni para el amor … (p.59).

La Muerte es un proceso natural y uno de los rasgos culturales que junto al de construcción de la vida, representan los actos más importantes para el hombre. Esto obedece a que siempre está al lado de la vida, y como de ella no se puede huir, el ser humano no deja de seducirse ante sus misterios y constantemente intenta descubrir cuál es la esencia de la muerte, tanto de la propia como de la ajena. Cartay ya mencionado señala:

Pero a pesar de su cercanía constante, y de su inexorabilidad, su verdadero sentido se nos escapa. A ella sólo podemos acercarnos, indirectamente, a través del examen de las conductas que los grupos sociales asumen para responder a su constante requerimiento, es decir, a través del desciframiento de ese complejo código de símbolos y creencias que los hombres construyen para mitigar su angustia ancestral. Penetrarlo supone descifrar los distintos elementos del código funerario: costumbres, actos, ritos, valores y creencias que los fundamenta, pues el saber cultural es un saber tácito, no explicitado que se basa sobre datos intuitivos…Los que vamos a morir, desarrollamos, sin embargo, en la práctica, una especia de discurso colectivo, que debe ser estudiado en su evolución para poder acercarnos a la percepción que tenemos (en este caso, a los venezolanos, y en especial los caraqueños) sobre la muerte, percepción que moldea, en cierta media el contenido y la calidad de nuestra conducta cotidiana (p.305).

Nuestra condición de mortales nos lleva a estar conscientes de que moriremos en algún momento, esto hace que el ser humano se proyecte a través de la muerte, que está llena de características, y esto nos incita a tener confrontaciones con nuestro entorno cambiante y con nosotros mismos, invitándonos a investigar buscando explicaciones:

Uno de los mayores especialistas en el estudio de la muerte [Philippe Aries, 1975), considera que al estudio de la percepción de la muerte uno accede por dos vías: la del análisis cuantitativo de series documentales homogéneas (como los testamentos) y la del análisis intuitivo y subjetivo, para construir la expresión la expresión inconsciente de una sensibilidad colectiva, puesto que los cambios en la percepción son muy lentos o se sitúan entre largos periodos de inmovilidad (ídem).

Para este autor, este conocimiento se ha conocido en dos etapas, a la primera la llama la muerte invertida. La cual es observada en occidente entre los siglos VI y XVIII, el describe que en esta etapa las personas han adquirido conciencia de la muerte, la presienten por sus signos o por una convicción intima, se le espera bajo la advocación de Dios, en la mayoría de los casos, imposibilitado en una cama y rodeado de las personas cercanas, se le considera una ceremonia pública y organizada. La actitud ante la muerte es familiar, mitigada, impasible y se acepta sin drama.

En la otra percepción, la de la muerte proscrita, iniciada en el siglo XVIII, la muerte es sentida, pero se torna innombrable, se esconde y adquiere un nuevo sentido, en muchas situaciones variará el lugar de la muerte, son incontables los casos donde la casa será sustituida por el hospital. Sin embargo, en nuestro tiempo de estudio un elemento prevalecerá para afrontar los avatares de la muerte y estos son los testamentos, reflejo idóneo que permite observar desde la formalidad, los ritos indiscutibles que se realizan ante ese cruce que algunos consideran inesperado, podemos tener una visión sobre cómo se llevaban a cabo en las exequias funerarias, planeadas de forma consciente y detallada por esos personajes coloniales, encuadrados en el imaginario de un tiempo histórico colonial.

La Mortaja y la Sepultura.

Las disposiciones con relación a la mortaja y la sepultura eran formalidades de obligatorio cumplimiento por parte de los albaceas que representaban al difunto y estaban debidamente indicadas en los testamentos. Revisemos la última voluntad del señor Domingo Yáñez (1769), vecino de la ciudad de Caracas y residente del pueblo de Petare:

… y es mi voluntad que mi cuerpo sea sepultado en la Yglesia del Dulce Nombre de Jesús de Petare cerca del pulpito y amortajado con havito de nuestro patrón San Francisco y pido de por amor a Dios al reverendo para guardián…y nombro por mi albacea testamentaria a Cayetana Hernández mi legitima muger… (Sic) (Fol.36).

Como podemos observar, en la cita anterior el futuro difunto dispone cual será el sitio sagrado donde ha de ser enterrado, en este caso la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús de Petare y describe cual será la vestidura que habrá de acompañarle en su último viaje por esta tierra y expone su necesidad de estar acompañado espiritualmente y de llevar una legión de mediadores, en cuyos hombros logrará efectuar su paso al purgatorio, donde se tiene la esperanza de pasar poco tiempo, para luego descansar hasta el ansiado día de la resurrección.

Es importante señalar que el testador solicitó vestir el día de su entierro el hábito de San Francisco, esto se tomaba como una muestra de desprendimiento de las cosa materiales que poseía. Por otra parte, solicitó como compañía para su entierro, la presencia de un cura, lo cual indica todo lo que simbolizaban sus creencias dentro de la religión católica. Sobre el entierro y el funeral se dispone por carta pastoral del Sr. D. Joaquín Javier Uriz y Lasaga, Obispo de Pamplona (1856) que:

No es necesario advertir que ha de ser el entierro a tiempo proporcionado, y con especialidad si el enfermo murió de algún accidente torpe repentino, en cuyo caso han de pasar veinte y cuatro horas cuando menos. Por lo demás se le harán lo oficios que hubiere ordenado el difunto; se cumplirán cuantos antes las demandas piadosas, y con preferencia lo que fuere de obligación, y en defecto de no haber dispuesto, se ejecutará lo que corresponda, siendo muy propio del párroco celebrarlo, y procurar que se eviten gastos superfluos con motivos de tales funciones, en que sufrirá lo que no pueda remediar (p.76).

En el testamento que hemos venido trabajando las indicaciones son claras con relación al lugar donde quiere ser sepultado, y con relación a esto revisamos el Diccionario de Historia y allí encontramos un comentario interesante, sobre los santos lugares donde podía reposar el cuerpo corruptible, que según la doctrina católica algún día reviviría:

…Con el asentamiento de los españoles en el territorio que es hoy Venezuela, cada población importante fundada por ellos, tenía una o varias iglesias, así como conventos. Era costumbre enterrar a los difuntos en el propio recinto de las iglesias o conventos, bien fuese en el piso mismo, cubiertos con una lápida o en bóvedas subterráneas. A veces existían también al lado de los templos, cementerios bendecidos por la iglesia, considerados igualmente sagrados… (p.766).

Esta creencia arraigada en el imaginario religioso colonial brindaba en el moribundo la esperanza y la posibilidad de redención de los pecados con el fin de conseguir la salvación eterna gracias a la misericordia divina.

Cementerios.

Con el paso del tiempo ya las personas no serían enterradas en las iglesias, sino que se utilizaría para ellos terrenos labrados en los suburbios del pueblo. En el siglo XVII, en correspondencia con espíritu de las constituciones Sinodales, los cementerios estaban al lado de las iglesias parroquiales. Algunas de las personas que fallecían, eran sepultadas en el interior de los santuarios, otras eran exhumadas de los cementerios y luego llevadas a los templos de oración, con la finalidad de que estuviesen más cerca Dios y de sus santos patrones.

Pero en la Provincia de Venezuela, se mantuvo un atraso con relación a las ordenanzas emitidas desde España que bajo el auspicio de Carlos III en 1787, se había proclamado prohibiendo los entierros en las iglesias, asimismo se emitió una orden de construcción de cementerios extramuros, y para esto se alegó la situación de insalubridad que se presentaba en las capillas y santuarios, donde el mal olor y los insectos, hacían estragos en la feligresía, al punto de contarse múltiples desmayos sobre todo en tiempo de calor, motivado por lo vapores que se emanaban del piso. La situación en Petare no era muy diferente (Méndez Sereno):

[Y] finales de 1822 cuando se instaló el primer Cabildo en el pueblo de Petare, eran continúas las enfermedades y muertes de sus habitantes, por ello el Cabildo consideró que tal situación se deriva de los aires corrompidos por la fetidez que se percibía desde el cementerio, situado en el centro del pueblo. Este además de ser muy pequeño para el volumen de los habitantes de lugar, era objeto de una poco salubre práctica, como era la de abrir los sepulcros antes del tiempo estipulado, debido al creciente número de muertos. Aunado a ello, los sepultureros enterraban muy superficialmente a los cadáveres, por lo cual estos se dejaban ver pocos días después al aire libre, y eran atacados por animales (p.237).

Como respuesta ante este delicado problema, el cabildo toma la resolución de cerrar el cementerio y permitir que se use otro terreno adyacente a la iglesia, y se designan a un alarife para que realice los trabajos de demarcación y aplanamiento de lo que se esperaba fuese un nuevo camposanto. Con relación a los enterradores, se les acusa de actuar en forma negligente y poco piadosa, además de no estar cumpliendo con la medida de profundidad indicada para las fosas, que estaba estipulada en cinco cuartas, estas disposiciones eran ordenadas por la gobernación de la provincia.

Sin embargo, esta situación continuaría en Venezuela, aunque ya entre los años de 1814 y 1818, el General Pablo Morillo había ordenado la construcción de cementerios a extramuros, obviamente esta orden nunca se ejecutó, luego Simón Bolívar en 1828 emitiría un decreto prohibiendo la práctica de entierros e inhumaciones en las iglesias, templos, capillas o terrenos privados. Sin embargo, no será sino hasta 1847 cuando desaparecería definitivamente está arraigada costumbre (Cartay: 323).

Santísimo Viático.

Cuando una persona adolecía y presentía la cercanía de la muerte, sus familiares hacían venir al Clérigo de la congregación para que dispusiera administrarle el Santísimo Viático. En consideración, a este sagrado derecho desde nuestra parroquia se administraba así (retomamos al Obispo Martí):

…Que siendo la obligación del pastor dar sus últimos ovejas los auxilios que necesiten para asegurar la victoria en el último instante de su vida de que pende la salvación o condenación eterna, asista y visite con frecuencia a sus feligreses después administrado el Santísimo Viático, consolándolos y exhortándolos a que lleven con paciencia los trabajos y molestias de la enfermedad, y principalmente proponiéndoles la infinita misericordia de Dios Nuestro Señor, e induciéndolos a una verdadera contrición de sus pecados; y le damos facultad de aplicar indulgencia plenaria in articulo mortis a los que ayudare a bien morir según por su Santidad nos esta concedida con ampliación de poderla subdelegar a los confesores que se dedican a este ejercicio… (p.19).

El Santísimo Viático se colocaba en una porta viático, de plata dorada que debía el sacerdote colgarse del cuello, por medio de una cadena, lo que representaba el traslado del sagrario de la iglesia, a la casa del moribundo. Detrás del presbítero iba un monaguillo que hacía sonar unas campanillas. Los vecinos que encontraban por el camino se despojaban de sus sombreros, se santiguaban y se arrodillaban a su paso en señal de respeto al que pronto partiría (Duarte: 2001). Sobre el Santísimo Viático:

Si se hubiese administrado cuando se confesó, nada prevengo para los viáticos, donde se logran treguas que se debe preparar antes al enfermo con las consideraciones propias de aquel acto. El cura lo visitará al intento, y procurará ejecutarlo con la dulzura de padre; que ha de crecer cada día, según se fueren aumentando los trabajitos de aquel pobre; y de esto descenderá a insinuarle lo que convenga. ¡Cuánta es la dignación de nuestro buen Dios, cuánta su misericordia!¡somos unos miserables pecadores, y se abate por decirlo así al extremo de visitarnos buscarnos en las chozas!¿Y á qué será este exceso de amor? Es á traernos la salud corporal si nos conviene, y en cualquier caso á darnos la del alma que más importa, aunque hayamos ido ruines, injúriables con multitud de culpas. Así quiere y es muy justo, que llenos de respeto y de humildad nos animemos, resignados sobre todo tiempo y eternidad á lo que sea del mayor agrado de su divina majestad… (Sic) (p.68).

El pastor de almas luego de confesar y administrar el pan de vida (gráfico 3), debía continuar su trabajo moviendo los sentimientos del enfermo, estimulando su espíritu al reconocimiento y al arrepentimiento si se había ofendido a Dios, debe llamar al acometido al acto de contrición y se le recordara que su recogimiento espiritual puede aminorar la ira divina.

Dentro de los cuidados que se correspondía tener con el confesante están la disminución de las visitas al enfermo por los miembros de la casa y la suspensión de las visitas de los que llegan de afuera, ya que este exceso de compañía causaba distracción en el enfermo que ha necesitaba estar ocupado santamente en el negocio de su alma.

El Velorio/El Entierro/El Luto.

Petare no escapa a la presunción religiosa, en este pueblo lo mismo se ayuda a construir recintos sagrados, se asiste a las procesiones, se retiraba el sombrero y se persignaba cuando pasaba el santísimo viático, pero también se acompaña al difunto y a sus deudos y se cumplen con todas las representaciones necesarias.

Si el fallecido había sido famoso y para su apoyo su longevidad era muestra de su buena vida, como fue el caso del Prelado Xedler que alcanzo celebrar 108 años de fructífera labor espiritual, artística y política, las pompas fúnebres debían ser un acontecimiento. En estos casos asistían los miembros de la cofradía a la cual se había pertenecido, se colocaban cruces en las parroquias y los empleados de las diferentes instituciones así como amigos y conocidos se hacían presentes en las diferentes cuadras adyacentes a la de velación. Arístides Rojas (1972) nos recuerda:

No existía en Caracas, para aquel entonces, ninguna agencia funeraria, siendo peculiar de las cofradías correr con los entierros, alquilando cada una lo que tenía; y como no había coches mortuorios, los cadáveres se cargaban sobre andas. Cada cofradía tenía ataúdes para ricos y pobres, consistiendo los primeros en urnas abiertas, de graciosa forma, con esculturas doradas, semejantes a las que sirven hoy para el entierro de los canónigos y Obispos. El cadáver iba descubierto o velado con ligera gasa, y tan luego como concluían los oficios religiosos, la familia lo sacaba de la urna elegante, lo encerraba en un ataúd nuevo y era enterrado en algún sitio del templo (p.76).

Luego de celebrarse el funeral era costumbre que días más tarde, se colocara cerca de la tumba media barrica de vino, un canasto con pan, y mucha carne de carnero, esto se realizaba en honor a la generosidad del ya fallecido. Otra singularidad presente que caracterizaba el regreso de la casa mortuoria, es que era frecuente encontrar filas de hombres pobres de solemnidad que colmaban las aceras de la calle solicitándoles a los acompañantes las limosnas que pudiesen darles. Con mención al octavario Rojas (Ob. Cit.) cuenta:

Los muertos gozaban también, como los santos y vírgenes de los templos, de octavario consistiendo éste en reunión general en toda la parentela del difunto, con el fin de almorzar y comer, charlar, departir acerca de los asuntos del día, y convertir el triste suceso en una parranda. Era de costumbre y de lujo el que toda la parentela contribuyese a estos días del octavario con obsequios culinarios; y tan mona era la rigidez del duelo, que hasta los pavos y jamones aparecían sobre la suculenta mesa con las patas y el mango llenos de lazos negros. Cubríanse las paredes de las salas con género oscuro, se cerraban éstas después del octavario. Todos los esclavos participaban en el duelo, no en el corazón, sino en los vestidos, y con éstos los retratos de los antepasados, los cuadros al óleo, las arañas colgantes, las mesas y cuanto objeto figuraba en las principales salas de familia. ¡Cuántos contrastes se veían en estos días! Recogidos y llorosos estaban los allegados del difunto, mientras que la parentela, compuesta en casi su totalidad de epicuristas, se aprovechaba del octavario fúnebre (p.77).

Estas costumbres postmortem fueron seriamente sancionadas en Petare a fines del siglo XVIII, y muy especialmente en el caso de los velorios encuentros descrito en los documentos católicos (Obispo Martí: 1998) como desordenados, y poco decorosos, se condena el juego, las comentarios, risas, la escasa vigilancia de los padres sobre los hijos. Son hábitos que escandalizan al prelado visitante, institución eclesial a través del juicio de Martí exhorta a los vecinos a controlarse, a mantener el recato, instruir a los hijos, pero sobre todos los males que ha visto el que más le preocupa es la ingesta en abundancia del “Guarapo de Caña”. El obispo clama por una vuelta a las buenas costumbres, está muy alarmado. Sin embargo, “El exceso de la bebida se traduce en rentas y de acuerdo a una reglamentación especial del cabildo es destinada para el sostenimiento del Hospital San Lázaro”, esta será un de las razones que alegará el Corregidor para hacerse de la vista gorda con relación a la solicitud que se le hizo. Pero que no podía ignorar cuando el escándalo producido por el alcohol se transformaba enfrentamientos donde podían surgir armas o garrotes (Vargas Mendoza, 1980:16).

Son los velorios en opinión de Cartay:

…las ceremonias de la muerte, muy asociadas a lo lúdico, al acto de enterramiento, los discursos post Morten, a las coronas fúnebres, los anuncios funerarios, los velorios, el luto, que mostraban la muerte, rayando en la insolencia. Esa banalización de la muerte, que actuaba como lenitivo de la angustia de la muerte, despojada de su aire macabro, gano el discurso popular y se convirtió en crónica de sociedad y en instrumento de ostentación del poder (p.307).

El obispo Mariano Martí no se da por vencido en su visita pastoral, precisa salvar a Petare, hizo entonces un llamado más severo, redacta un decreto, el cual se hacía extensivo a todas la Diócesis de la provincia, este llamando consistía en una petición para los vecinos, implorándoles que retomaran los patrones cristianos y de buen comportamiento que debían seguir:

… Que teniéndose presente que el concurso de gentes de ambos sexos a los que llaman velorios se originan también bebezones y juegos los padres de familias no permitan semejante concurso, y el cura eficazmente corrija esta perniciosa costumbre y la prohibida absolutamente … (Sic) (p.21).

Esto lo hizo porque durante su estadía en Petare había observado que en los velorios, los pobladores de esta región expresaban conductas impropias y hasta irrespetuosas con los difuntos. Una razón particular, que quizás contribuía a esta interesante situación es que los entierros se llevaban a cabo por las noches y el duelo se despedía en la casa. A lo lejos se identificaban un entierro, por las hileras de acompañantes, los vestidos de duelo, por los faroles con vela para alumbrarse en los caminos oscuros y por las charlas y cuchicheos en abundancia.

En relación con los cuerpos de los pobres de solemnidad solo se les acercaba a la puerta de la iglesia donde el cura solía acercarse y le rezaban los oficios religiosos. La falta de recursos económicos hizo que con frecuencia muchas madres desamparadas colocaran a sus pequeños hijos muertos en cestas con flores y que los dejaran en las puertas de las iglesias con la esperanza de que si hiciese con ellos obras de caridad, ellas se confortaban con la idea de que algún parroquiano al percibir el olor del pequeño descomponiéndose, y al ver que los animales acechaban el cuerpecito, se les conmoviera el corazón y sentirían piedad del infante, otorgándole un último adiós con dignidad, muchas de estas almas compasivas, amparaban su ayuda en el temor a Dios y recordaban el evangelio cuando Jesús retratado en la pluma del apóstol Marcos les dijo a sus discípulos “…Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Santa Biblia, Marcos 10, 14-15: 674).

Muy contrariamente los entierros de los niños nacidos en cunas pudientes, eran acompañados sólo por niños, también reciban sepultura nocturna. Sus cuerpos eran colocados en mesitas adornadas con flores y cintas. Al regresar del entierro los pequeños acompañantes eran recibidos con banquete propio de sus tiernas edades (Rojas, Ob. cit.:78).

Para concluir estos párrafos es imprescindibles saber ¿quién lloraba al difunto? aclarando que este servicio no se podía contratar. En muchas casos sucedió “…que ciertas familias escogían, como hora propicia para manifestar el sentimiento, aquella en que salía el cadáver de la casa. Apenas se levantaban las andas, cuando comenzaba la gritería…” (Ibídem). Entonces así como la risa es contagiosa el llanto también lo es y solía suceder que todos los presentes se contagiaban del sentimiento y comenzaban a llorar expresando lamentaciones y recuerdos por aquel, a quien nunca más volverían a escuchar.

Consideraciones Finales

Al concluir esta disertación, apreciamos que aún nos invaden muchas incertidumbres que requieren de consulta y una posterior respuesta. Pero esta preocupación la consideramos igualmente sorprendente ya que han sido las dudas las que nos condujeron; y nos guiaron en el minucioso trabajo de la experticia documental y que nos ha permitido elaborar este producto.

Partimos de un indicio que ahora logramos corroborar, existe la necesidad de elaborar un material que recoja la historia de cotidiana del pueblo del Buen Jesús de Petare en el tiempo histórico colonial, que ayude a las comunidades a identificarse con su terruño y que a la vez que se convierta en parte de la memoria del municipio, que nos permita conocer cómo se formó nuestro gentilicio como latinoamericanos y a la vez como venezolanos.

El investigador social, específicamente el especialista en el campo de la historia es constructor de representaciones, y su deber radica en aportar datos nuevos y abundantes para la ampliación del horizonte tanto metodológico, como de información en el centro de la disciplina histórica. En el caso de Petare colonial, la presente investigación aportó información documental en torno al conocimiento de cómo fue el proceso de colonización, conquista y la implantación del modelo metropolitano español en el valle de Petare, así como el asunto de dominación del aborigen Mariche, el cual fue reducido a las encomiendas y posteriormente a los pueblos de doctrina.

Este estudio pretende estimular y contribuir a la elaboración de más y mejores trabajos historiográficos en este periodo de estudio. Para la realización del mismo se consultaron múltiples centros de información sin embargo, la columna vertebral de esta investigación descansa sobre los datos recaudados en los libros de Protocolo del Distrito Sucre del Estado Miranda, lo que representa una productiva veta de investigación de historia regional y local colonial.

El estudio del Registro nos permitió obtener información sobre las costumbre y prácticas sociales en Petare desde documentos privados (testamentos, documentos de compra – venta entre otros), arrojando un precioso material fáctico que nos permitirá acceder un mejor conocimiento acerca de la propiedad territorial agraria del pueblo, la venta de las mismas y las formas jurídicas de poder y de propiedad, sobre las costumbres y prácticas que se llevaban en la sociedad petareña colonial.

En el caso concreto del estudio de Petare, se localizó suficiente material inicial de investigación para convencer a los interesados, a iniciar estudios de campo por parte de estudiantes y docentes en los diferentes conglomerados del Municipio.

Para concluir se tiene que el presente trabajo pretende servir, junto a otros datos para reconstruir el pasado de una sociedad con regularidades y matices propios; a partir de una variedad de fuentes. Se proporcionaron indicadores tales como; creencias, formas de trabajo, costumbres y de mentalidades.

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