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Tiempo y Espacio

versión impresa ISSN 1315-9496

Tiempo y Espacio v.21 n.56 Caracas dic. 2011

 

Signados por la nostalgia: la gesta de independencia como mito fundacional en la novela venezolana contemporánea

Rosmar Brito Márquez

UPEL-Maracay rosmyte@hotmail.com

María Susana Harringhton

UPEL-El Mácaro susanhm23@hotmail.com

RESUMEN

La recreación del discurso historiográfico aparece como marca de un número significativo de novelas en el país. En muchas de ellas, si no de manera directa, de forma indirecta se alude a la gesta independentista que, con su impronta, ha condicionado el imaginario nacional. Ahora bien, las perspectivas varían puesto que el ejercicio ficcional deviene escritura retrospectiva, prospectiva e incluso combinación de tiempos que apuntan a la valoración de las causas y las consecuencias de este hito nacional. En este sentido, se pretende explorar la reescritura del mito fundacional, así como la pervivencia del culto y el cuestionamiento del héroe, aparecidos como constantes en el corpus revisado, el cual incluye obras de Francisco Herrera Luque y Denzil Romero, entre otros. Como fundamento teórico-crítico se recurrió a Quesada Monge (1999), Straka (2009) y Torres (2009). Los hallazgos muestran la construcción de subjetividades individuales y colectivas en conflicto evidentes en el afán nostálgico por dar cuenta, desde la letra, de las incongruencias del devenir social, esto es, la representación que oscila entre el anhelo por el gesto heroico y la imposibilidad de su realización en contextos que se regodean en las interrogantes, exponen las dudas e indeterminaciones, analizan los errores; en definitiva, fabulan una y otra vez el pasado aquejados por el peso del presente.

Palabras clave: Independencia, Novela, Historia.

Venezuelans signed by homesickness: independence exploit like a foundational myth in a contemporary novel

ABSTRACT

The recreation of the historiografic discourse appears like a mark of a significant numbers of country’s novels. Many of them mention in a direct or indirect form the independentist exploit that it has conditioned the national imaginary with its imprint. Now, perspectives change since the fictional exercise becomes retrospective or prospective writing and even combination of time that point at assessing the causes and consequences of this national landmark. In this sense, we’ll explore the rewriting of the foundational myth and the persistence of the cult and the questioning of the hero, appearing as constants in the revised corpus which includes works by Francisco Herrera Luque and Denzil Romero and others. As a theoretical-critical ground were used Quesada Monge (1999), Straka (2009) and Torres (2009). The findings show the construction of individual and collective subjectivities in evident conflict with the nostalgic desire for account from the letter, of the inconsistencies of social development, that is, the representation that swings between yearning for the heroic gesture and the impossibility of implementation in contexts that wallow in the questions, set out the doubts and uncertainties, analyze errors, in short, they recreate over and over the past suffering under the weight of present.

Key words: Independence, Novel, History.

Recibido: 13/04/2011 Aprobado: 08/12/2011

HAY PASADOS QUE NO TERMINAN DE IRSE; el pasado venezolano es uno de ellos. La gloria de la Independencia siempre dominante en nuestro imaginario, extiende su sombra de presente perpetuo. Como quiera que avancemos, el pasado nos espera. El futuro siempre será, paradójicamente, pretérito.

Ana Teresa Torres: La herencia de la tribu.

La recreación del discurso historiográfico aparece como marca de un número significativo de novelas en el país. En muchas de ellas, si no de manera directa, de forma indirecta se alude a la gesta independentista que, con su impronta, ha condicionado el imaginario nacional. Ahora bien, las perspectivas varían puesto que el ejercicio ficcional deviene escritura retrospectiva, prospectiva e incluso combinación de tiempos que apuntan a la valoración de las causas y las consecuencias de este hito genésico en lo que será la concepción de la vida republicana. En este sentido, se pretende explorar la reescritura del mito fundacional, así como la pervivencia del culto y el cuestionamiento del héroe, aparecidos como constantes en el corpus seleccionado para el presente trabajo, a saber: Falke, de Federico Vegas; Doña Inés contra el olvido, de Ana Teresa Torres; Te pienso en el puerto, de Elisa Arráiz Lucca; La tragedia del Generalísimo, de Denzil Romero y El pasajero de Truman, de Francisco Suniaga

De este modo, se da cuenta de la preocupación por la recreación de los orígenes, que se conectan con otros momentos del devenir del país, puesto que dejan su huella en los discursos que han sustentado el imaginario histórico (y, desde la perspectiva aquí explorada, el ficcional). Así, si bien, la Independencia representó un momento decisivo que marcó la configuración actual del panorama político y social de lo que posteriormente sería Venezuela, a casi doscientos años de la firma del acta que decretó la liberación definitiva del reino español, se hace necesario reflexionar, desde la literatura, acerca del impacto que tales hechos tuvieron en la conformación del imaginario social, entendido éste, según Míguez (1997) como: “Un conjunto de percepciones simbólicas del mundo que se llevan a cabo en el seno de una cultura, partiendo de sus motivaciones vitales más profundas” (p.57).

En consecuencia, y de acuerdo con Torres (2009), los proyectos que se emprenden no parecieran ser posibles sino a partir de la evocación de ese pasado heroico desde el cual se construyó el país. Escenario éste que lo podemos ver en la novela de 2004 de Federico Vegas, en la cual se recrea la expedición del Falke, que constituyó una tentativa de invadir a Venezuela desde Europa con el fin de deponer la dictadura de Juan Vicente Gómez. El narrador nos dice:

En la rue de Miromesnil, se leyó el Acta de Independencia de 1811. Fue una ceremonia emocionante. Me imaginé en las barras de aquel primer congreso, formando parte de la Sociedad Patriótica junto a Bolívar y escuchando al elegante diputado Francisco de Miranda. Es un texto que describe un verdadero comienzo. De eso se trata: no sólo de terminar con algo abyecto y podrido, sino de recomenzar con valor y voluntad una patria nueva (p.50).

En otras palabras, cualquier iniciativa de cambiar las condiciones políticas está anclada en el mito primigenio de la gesta independentista, no se concibe la posibilidad de trascender este hecho, porque sería abjurar de nuestra condición de herederos del pasado heroico que nos legaron nuestros ancestros. Es ésta la visión que ha imperado a lo largo del tiempo, por lo tanto, la Independencia siempre será el punto de partida (y de llegada) de toda aventura que intente indicar una práctica política y ciudadana, sólo que se fundamenta sobre un prefijo: recomenzar, reasumir, reintentar,…, lo que implica la insistencia en un aspecto no logrado, una lucha no ganada, un intento fracasado. El ideal republicano sigue siendo una utopía para los expedicionarios del Falke y para los ciudadanos de hoy.

Este tema ha sido fuente de interés para estudiosos de distintas disciplinas y antes que considerarse como algo positivo, se convierte en un peso que impide el avance hacia el futuro e impregna de nostalgia y pesimismo el presente, porque el venezolano como colectivo no se concibe fuera de estos límites que determinan su campo de acción, puesto que vive bajo la sombra de las glorias de los triunfos pasados. Briceño Iragorry (1972) afirma:

Que Bolívar sea el más grande personaje de América nadie lo niega (…), pero de eso a pensar que hoy nosotros podamos conformarnos con tal recuerdo y sentarnos a esperar que se nos tenga por tan ilustre y límpido abolengo, como el primer pueblo de América hay una distancia que muchos no comprenden, hay un abismo en que muchos pierden pies y cabeza (p.135).

Esa noción de heroicidad, centrada principalmente en la figura de Simón Bolívar, permea nuestro imaginario y está asociada indefectiblemente a los discursos recibidos desde la formación escolar, esta idea la expone de manera precisa Torres (2009) cuando sostiene que el fracaso de la civilidad en Venezuela está unido de manera indisoluble a una visión centrada en la “tradición heroica-guerrera-militar caudillista que se impuso en Venezuela al constituirse como República” (p.37), no en vano quienes ostentan las glorias son personajes surgidos de las distintas contiendas libradas desde el siglo XIX, cuyo rasgo distintivo es ser portadores de los sables y las charreteras, es a ellos a quienes se les considera “los forjadores de la patria”.

Puede entonces afirmarse que tanto la historiografía como la novela histórica tradicional contribuyeron a solidificar esta idea que perdura a través de los siglos. Y puede apreciarse en Falke cuando uno de los personajes refiere las razones que impulsan a Armando Zuloaga Blanco a participar en la fallida expedición:

La mayor influencia de Armando ha sido la de su abuelo, Eduardo Blanco. Si a nosotros nos marcó para siempre Venezuela heroica, cómo habría sido escuchar aquellos mismos relatos sentado en las piernas del hombre que las escribió. Para Armando debe ser un peso enorme cargar con tanto heroísmo (p.177).

Venezuela heroica, como se sabe, es la epopeya romántica acerca de las principales batallas del ejército patriota contra los realistas donde se ensalza la figura Bolívar como máximo representamen del héroe. Ahora bien, Straka (2009) afirma que esta construcción de la “República Heroica” no resulta un hecho fortuito sino de la necesidad de cubrir tras los fastos gloriosos el desencanto que se manifiesta en los venezolanos al concluir la contienda. De allí que Bolívar se constituya en la salvación, en: “un asidero para que una sociedad extremadamente insatisfecha con los resultados del proyecto en el que se embarcó, no se sintiera aventada a la desesperación” (p.26).

Y justamente las obras literarias contemporáneas apuntan a la recreación de esos momentos que se distancian de las glorias para observar desde una mirada más amplia (acaso también desencantada) las consecuencias que se producen tras el advenimiento de la guerra, cómo el trastocamiento del orden instituido afectó la vida de los personajes. En Doña Inés contra el olvido de Ana Teresa Torres, publicada en 1992, la mantuana protagonista se interroga y dice: “¿Cómo no voy a estremecerme de rabia y de desolación si hemos ganado la guerra y hemos perdido el mundo?” (p.73). Obviamente, desde su posición de miembro de la oligarquía caraqueña, las funestas consecuencias de la guerra se manifiestan en la pérdida de los bienes materiales y de sus afectos que mueren por esta misma causa, aunque su condición no difiere mucho de la de otros grupos sociales que después de la lucha quedan en condiciones más precarias que las que anteriormente tenían:

He llegado al final de la guerra que emprendimos para ver cómo Isabel recoge las cenizas de lo que fue nuestro. He sufrido veinticinco años de mirar mis arboledas acabadas, veinticinco años de pérdidas y abandonos de incendios y saqueos, de fugas y rochelas, veinticinco años de enterrar mis cadáveres. (…)

Anota escribano: yo soy acreedora de la República, yo me adjudico ese honor y ese desengaño (p.87).

La dualidad, los sentimientos encontrados, el recuerdo de una gloria demasiado efímera ante un presente en ruinas es una imagen constante. Así, en Te pienso en el puerto (2004) de Elisa Arráiz Lucca, se puede leer:

Saturnio Acosta le explicaba al corso que ya los Generales de la Independencia estaban perdiendo su dominio; eso era lo que sucedía con el Presidente Monagas, Páez no lo había logrado controlar como había hecho con el General Soublette. Santos escuchaba y le preguntaba por qué los Generales, tan heroicos en tiempos del Libertador Bolívar, ahora se peleaban por cosas tan pequeñas. Saturnio sonreía y le contestaba que nunca se había reunido tal número de Próceres en un país (p. 66).

Los ciudadanos, ésos llamados a darle continuidad a las acciones inaugurales conducentes al ejercicio de la vida republicana, se hallan limitados por las condiciones en que queda sumido el país. La pobreza, la desmantelación de las familias, las luchas intestinas, todo se confabula para convertir el sueño en pesadilla. Incluso, el hecho de que los grandehombres, ya libres del compromiso independentista, pretenden seguir forjando batallas, ahora entre ellos, lo cual absorberá buena parte del espacio tiempo decimonónico.

Asimismo, en estas novelas también se cuestiona el culto al héroe, especialmente al Padre de la Patria, Simón Bolívar, por lo que, a diferencia de Venezuela heroica (1881), en El vuelo del alcatraz, obra póstuma de Francisco Herrera Luque, se recrean no son las hazañas del héroe fiero e invencible capaz de sortear cualquier escollo en el cenit de sus triunfos, sino a un Bolívar a punto de ser derrotado al haber perdido la visión que le librase de innumerables peligros en otros tiempos, es un ser en su ocaso, simbolizado a través de un ave que, indefectiblemente, está a punto de estrellarse contra las piedras y alcanzar la muerte física, porque ya la estrategia política se ha consumado, así que debe morir y llevar a cuestas el hecho de que es imposible alcanzar la unidad, porque no existe en los venezolanos noción de patria chica y menos de una grande, después de todo y de tanto, no ha sido sino una ilusión efímera. Él, sólo un hombre ya sin fuerzas para la lucha.

Herrera Luque construye una simbología a través del alcatraz que remite al ámbito político. Vemos como esta ave representa a quienes se entronizan en el poder, creyendo que la habilidad de vuelo será siempre la misma, sin ver que la ceguera de la vejez, y con ella la muerte, llegará irremediablemente, el poder no es perpetuo, la virtud de capturar las presas es transitoria, en ese momento histórico que refleja la obra, Páez es el alcatraz que ahora tiene a su favor la capacidad de vuelo.

En esta novela hay un desmontaje del discurso épico oficial que favoreció la construcción de una leyenda áurea acerca de Bolívar, tal como lo plantea Soriano de García Pelayo (1988) quien cuestiona el hecho de haber sustentado el discurso historiográfico en las fuentes patriotas, originando un sesgo que imposibilita leer la derrota pero no padecerla. En este orden de ideas, Torres (2009) explicita:

En el mito filosófico de Bolívar, la patria hereda el patetismo del héroe, su fracaso, su imposibilidad, su visión pesimista de sí mismo. El triunfo de Bolívar es militar; su fracaso es político. Como héroe guerrero cumplió la misión semidivina que el destino le había encomendado, pero como político de su tiempo no pudo controlar las fuerzas de la anarquía que derivarían en el personalismo y las distintas formas de autoritarismo (p. 76).

Por su parte, Gaspar Károsy (2005), está convencida de que La tragedia del generalísimo utiliza la figura del precursor de la Independencia de América, Francisco de Miranda, para describir de una forma divertida la erótica del poder a través de un personaje sarcástico, que, tras fracasar en todos los campos, fue magnificado en su potencia sexual. La erotización del personaje representaría la pugna entre un poder establecido e inalcanzable en la práctica: el político, y un poder tendente a socavar las más rancias tradiciones al develar, foucaultianamente, que el orden social se fundamenta en aspectos marginados (intencionalmente silenciados) por el discurso oficial, pero no por ello menos importantes. En consecuencia, la ficción juega a restituir el estatus histórico de Miranda mientras, paradójicamente, subvierte la imagen consagrada por la tradición.

En concordancia, la parodia, la carnavalización, la intertextualidad, urden una imaginería que postula no sólo una contrahistoria sino también una poética de la ficción, la realidad y la historia. Así, el referente para la supuesta reconstrucción histórica del personaje de Miranda es otra ficción: el lienzo de Miranda en La Carraca. Cada una de las partes del cuerpo del prócer es exhaustivamente descrita sólo para tejer el cuerpo otro, el del relato: dibujar un lienzo que dialoga, intercepta, recubre, desdibuja, el de Michelena. El relato deconstruye su propia representación y su fidelidad referencial. Realidad y ficción se muestran, por igual, como tramado de ficciones con el que la voz narrativa descentra nuestros imaginarios y urde, una vez más, una imaginería que evalúa nuestra necesidad de héroes y el trato que les damos, al exaltarlos o hundirlos, según los vaivenes de la política local.

Como se va apreciando, las distintas ficciones, aun cuando se centren en momentos específicos del devenir nacional, vuelven una y otra vez sobre la referencia al hito independentista y a quienes lo hicieron posible. Se reitera, de este modo, un halo de permanente nostalgia que juega con las im-posibilidades del ser venezolano. En palabras de Quesada Monge (1999), tradicionalmente:

… la nostalgia es un esfuerzo inútil por recuperar lo vivido, con la misma fuerza y emotividad de su expresión primera. En este caso, todo mirar atrás carece de enlaces realistas con el presente y nos deja perplejos ante la inmensa planicie del futuro. Así planteada, la nostalgia, es evocación del pasado, sin posibilidad de actuar sobre el presente para transformar el futuro (s.p).

De este modo, la permanente evocación se constituiría en una suerte de acto de recuperación de lo que fuimos (si es que fuimos), ya que en realidad, al erigir una imagen del héroe y asignarle la titánica tarea de lograr la libertad y llevarla incluso a otras naciones, se minimizan las posibilidades para construir algo que pueda resultar similar. Es éste el tránsito entre la inacción y la búsqueda de la utopía. El regodeo en el pasado que no terminamos de abandonar y que debiera inspirar un presente mejor, pero que no es percibido como tal por el colectivo, porque el ejercicio de la civilidad siempre queda constreñido por actitudes y prácticas desacertadas. En El pasajero de Truman (2008), de Francisco Suniaga, se lee:

Los líderes como Gómez no son carismáticos y van contracorriente con la idea de líder-héroe que dejaron sembrada eternamente en nuestro imaginario Bolívar, Páez y otros próceres independentistas; esa idea nefasta que nos lleva a presumir que si el país está en crisis, hay que recurrir a un héroe, no a un hombre sensato, discreto y buen administrador, sino a un hombre a caballo, a un cid campeador. Lo más triste es que tales héroes son mesías sin credo, no se preocupan por construir algo que vaya más allá de su epopeya personal (p.149).

Y también:

Ud. no debe asumir el papel de héroe, no le preste oídos a cantos de sirena. En tiempos de confusión política, los venezolanos buscan un héroe; es lo que han hecho desde 1811. Y los héroes nos han costado mucho, Eleazar. Nos han salido muy caros en hombres y recursos. Usted es un estudioso de la historia, eche un vistazo: Miranda, Bolívar, Páez, Los Monagas, Guzmán, Crespo, Castro. La estabilidad política no hay que fundarla ni en héroes ni en un aparato brutal de represión que siembre el terror entre los ciudadanos; hay que fundarla en libre juego de las ideas, en elecciones limpias, universales y secretas, en organizaciones democráticas que se alternen en el poder. Esos deberían ser los fines que guíen la acción del gobierno (p.150)

Los espacios narrativos abordados muestran, a través de sus variantes, la reescritura constante del mito fundacional de la nación que se rehace con el anhelo de despejar las incógnitas acerca del presente y lo que depara el futuro. En este sentido, las temporalidades se entremezclan para imaginar lo que hemos sido e intentar recordar quienes somos o podemos llegar a ser. La aspiración de una ciudadanía que ejerza su responsabilidad de manera consciente palpita en la necesidad de recuperar una memoria que equilibre las angustias y desazones del momento actual.

Puede concluirse que los análisis textuales apuntan a la construcción de subjetividades individuales y colectivas en conflicto, evidentes en el afán nostálgico por dar cuenta, desde la letra, de las incongruencias del devenir social, esto es, la representación que oscila entre el anhelo por el gesto heroico y la imposibilidad de su realización en contextos que se regodean en las interrogantes, exponen las dudas e indeterminaciones, analizan los errores; en definitiva, fabulan una y otra vez el pasado aquejados por el peso del presente. O, para terminar con Torres (2009): “La nostalgia de la gesta acompañará la historia venezolana, pero de la nostalgia a la utopía no hay más que un paso. El imaginario venezolano se mueve entre ambos extremos” (p.15).

REFERENCIAS

1. Arráiz Lucca, E. (2005). Te pienso en el puerto. Caracas: Memorias de Altagracia.        [ Links ]

2. Briceño Iragorry, M. (1972). Introducción y defensa de nuestra historia. Caracas: Monte Ávila Editores.        [ Links ]

3. Gaspar Károsy, C. (2005). De saberes y miradas. Metaficción y narrativa venezolana contemporánea. Letralia. 10, Nº 128. [Artículo en línea]: Disponible: http://www.letralia.com. [Consulta 2009, septiembre 7].        [ Links ]

4. Herrera Luque, F. (2001). El vuelo del alcatraz. Caracas: Alfaguara.        [ Links ]

5. Míguez, J.J. (1997). La novela histórica: Una reescritura de la historia desde el imaginario. Trabajo de Grado de Maestría no publicado. Universidad Simón Bolívar, Sartenejas.        [ Links ]

6. Quesada Monge, R. (1999). La lógica de la nostalgia. [Artículo en línea]: Disponible: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/articulos/logica-nost.htm. [Consulta 2010, enero 3].        [ Links ]

7. Romero, D. (1983). La tragedia del Generalísimo. Caracas: Alfadil.        [ Links ]

8. Straka, T. (2009). La épica del desencanto. Caracas: Alfa.        [ Links ]

9. Suniaga, F. (2008). El pasajero de Truman. Caracas: Random House Mondadori.        [ Links ]

10. Torres, A.T. (1999). Doña Inés contra el olvido. Caracas: Monte Ávila.        [ Links ]

11. Torres, A.T. (2009). La herencia de la tribu. Del mito de la independencia a la revolución bolivariana. Caracas: Alfa.        [ Links ]

12. Vegas, F. (2005). Falke. Caracas: Random House Mondadori.        [ Links ]