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versión impresa ISSN 1315-9496
Tiempo y Espacio vol.22 no.57 Caracas jun. 2012
La solidaridad histórica coordenada fundamental del pensamiento de Mario Briceño-Iragorry1
Laura Febres
Universidad Metropolitana febres.laura@gmail.com
1 Texto de la conferencia dictada en el marco de la conmemoración del XXV aniversario de la fundación del Centro de Investigaciones Históricas Mario Briceño Iragorry, El Paraíso, Caracas, 12 de junio de 2012.
Introito
Del acercamiento a Mario Briceño-Iragorry encontramos la organización de su pensamiento en tres partes: El orden, la solidaridad y la angustia. Cada uno de ellos con diferente duración cronológica, debido a que los cambios políticos del acontecer venezolano tuvieron incidencia en el pensamiento histórico de nuestro autor. El primero de ellos abarca veinticinco años y se desarrolla durante el régimen de Juan Vicente Gómez, el segundo, un poco más de quince y el último, sólo cinco años y corresponde a la época de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.
1- El orden.
La idea de orden corresponde a la primera etapa de la producción histórica de Mario Briceño-Iragorry (1911-1926) está signada por las nociones de destino, causalidad y por la intervención de la Providencia Divina que gobierna el destino de los hombres. Esto se refleja en sus declaraciones en las cuales el General Gómez es el hombre providencial encargado de que Venezuela cumpla su destino o los designios de la Providencia. El orden de la causalidad también se manifiesta en la Historia a través de la jerarquización demostrada por la existencia de héroes dentro de ella, cuyo signo fundamental es el dominio que ejercen sobre el cuerpo y el triunfo en ellos de lo que Mario Briceño- Iragorry llama superconsciente. La Historia es una batalla entre el cuerpo y el alma. En ella existe una clase dirigente que debe orientar a la sociedad.
Piensa que la sociedad es un cuerpo superior a los individuos que la forman y que sus directrices deben estar por encima de los individuos particulares. Es una historia ordenada. La libertad es sólo relativa al papel que desempeñamos en nuestra existencia, pero no definitiva porque el destino final ya está demarcado.
En el año de 1927 se observa un interés por la búsqueda de la fuente primaria y hacemos un análisis de la construcción histórica en nuestro autor, a través de un artículo titulado Religiosos de la familia Briceño. Primicias Históricas. Su narración se expresa en este momento a través de la crónica y de la anécdota, refleja que existe para él un orden definido de antemano en el cual los religiosos y sobre todo los que pertenecen a su familia, van a constituir la parte más importante. Historiar su labor, entonces, va a ser una de sus tareas primordiales. Ellos deberían transmitir sus características fundamentales a la sociedad. Expresa una visión histórica organicista y conservadora. Su visión trágica de la Historia proviene de su creencia en la existencia de un orden que debe ser alcanzado en el desenvolvimiento de la Historia y que por motivo del mal los hombres no buscan ni encuentran. Para él esto se expresó en Venezuela sobre todo en la época de Antonio Guzmán Blanco.
La Historia elaborada por Mario Briceño-Iragorry en estos años tiene mucho en común con algunos de los historiadores de la época favorables a la causa del gomecismo: su anticomunismo, el antiliberalismo con su consecuente rechazo al romanticismo, a la influencia de la Revolución Francesa en la Historia venezolana y en parte a la libertad que la Historia liberal ensalzaba. Pero, a pesar del rechazo por parte de Mario Briceño- Iragorry a estos principios, su Historia no deja de mostrar en la práctica muchos de los rasgos de los historiadores románticos.
En este periodo de su vida todo esto conduce a una posición muy crítica frente a la deificación que ha mostrado la Historia de Venezuela hacia la figura de Simón Bolívar. Hasta que no se racionalice este elemento de nuestra Historia no podremos ver con claridad todo su proceso. Sin embargo, esta postura crítica fue abandonada a partir de su estancia en Costa Rica en parte debido a los ataques que en ese momento hacen otras naciones hispanoamericanas a nuestro héroe nacional.
La defensa de los valores hispánicos en la formación y futuro desarrollo de Venezuela fue uno de los móviles fundamentales de Mario Briceño-Iragorry y Caracciolo Parra León para la formulación de la corriente del Revisionismo Histórico que tenía como objetivo fundamental el estudio de la época de la Colonia en nuestro país. Sin embargo, la importancia de la obra de España y de su Historia en América ya había sido enfatizada por Andrés Bello y Juan Vicente González, lo que fue eficaz en el Revisionismo Histórico fue el énfasis que puso al defenderla y el impulso que dio a la investigación de la Colonia a través de sus fuentes originales, lo que no estuvo desligado de la defensa a la labor que la Iglesia Católica desempeñó en este período.
Estas polémicas mantenidas entre los historiadores de los años treinta llegaron a su máxima expresión en el debate entre Mario Briceño-Iragorry y César Zumeta. Ambos historiadores tenían criterios muy diferentes acerca de los puntos en discusión: el motor y sujeto de la Historia, la educación colonial y su papel en la guerra de la Independencia y el origen del latifundio.
Esta discusión cuyo punto fundamental era la continuidad o no continuidad entre la Colonia y la República es la semilla fundamental de Tapices de Historia Patria, libro en el cual tiene como tarea fundamental defender la obra de España en América, por eso los Cabildos representan para el autor una de las más importantes semillas plantadas por España en nuestras tierras, y son los líderes de esa contienda. Y la educación colonial una de las causantes de su explosión. Otros avatares como la Revolución Francesa que no nacen en España tuvieron poco que ver en el proceso de la Independencia. En la mezcla de culturas que significó el mestizaje, el plasma era el del español quien señalaba y debía señalar en lo futuro la orientación de nuestra cultura porque el indio no podía contribuir intelectualmente en esta empresa y mucho menos dirigirla. Sus aportes -presentes en nuestro componente afectivo porque representa el lado materno de nuestra herencia- no tienen gran relevancia.
La Historia, entonces, tiene una oculta causación concreta que está representada por la direccionalidad con que se han ido realizando en ella los valores hispánicos. El azar o se somete a ella o no tiene ninguna importancia en su desenvolvimiento.
Para él, el conocimiento de esta causalidad nos dotará de un arma efectiva y eficaz para la comprensión de la realidad, por eso el estudio histórico va ligado al futuro perfeccionamiento de la sociedad.
2- La Solidaridad.
En Costa Rica a partir de 1936 esta reflexión sobre el concepto de causalidad va a seguir apareciendo, pero no tan ligado a la causalidad natural sino que va a incorporarle un elemento de índole espiritual. Teníamos que conseguir la cifra para elevar la materia a otro plano. Había que cambiar la forma como la Historia venía siendo estudiada por los venezolanos ya que ella se parecía más a un poliedro irregular que a un cubo de líneas bien definidas.
La Historia tenía que estar comprometida con el presente, debía dejar de ser un almohadón que el intelectual interpusiera entre él y los problemas de su tiempo.
El ambiente costarricense y las reflexiones propiciadas por la correspondencia epistolar mantenida con muchas de las grandes figuras venezolanas de la época, ocasionó esa transformación en su visión de la Historia.
Costa Rica se convierte para él en un modelo a seguir por los venezolanos. Sobre todo en lo que se refiere a agricultura, educación y en las políticas que se deben implementar para obtener un mayor bienestar hacia los trabajadores. Así mismo le permite conocer una de las compañías transnacionales que más se benefició con la explotación del suelo latinoamericano: La United Fruit Company. Comienza en este momento su crítica a la invasión del Imperialismo. Esta etapa culmina con su libro Temas Inconclusos donde propone como mejor forma de gobierno una democracia desigualadora dirigida por un Estado fuerte, creador y generador de valores.
En la época del gobierno del General Isaías Medina Angarita va a seguir reforzando su ideal de un Gobierno democrático y va a tener la oportunidad de poner en práctica en la realidad sus ideales historiográficos a través de su ejercicio del poder político. Sobre todo en lo que se refiere al Municipio, porque logra que se les restituya a los Municipios del Estado Bolívar, cuando es Presidente en Guayana, buena parte de su autonomía. Quería restituirle a la autoridad municipal el poder que había tenido durante la Colonia. Mario Briceño-Iragorry asume la Presidencia del Congreso en Abril de 1945 y tiene un papel importante en los acontecimientos que se suscitaron el 18 de Octubre del 1945 al tomar partido por el voto directo y secreto de los venezolanos, circunstancia que lo alejó del Presidente Medina y del ala conservadora del P.D.V. Esta consigna es la que dará el triunfo inmediato a la oposición y desterraría definitivamente al P.D.V. de la escena política venezolana.
En este período que nosotros titulamos la solidaridad política va a escribir un artículo fundamental para la interpretación de nuestra Historia llamado La Historia como elemento de creación donde expresa que los venezolanos somos un pueblo de marcada vocación histórica y revela la fuerza que ésta puede tener para el desarrollo de nuestro pueblo.
Por estos años cuarenta aparece la necesidad de crear arquetipos y símbolos que auspiciarían la unión de la nación por medio de la creación de lazos inconscientes. Aparece, entonces, El Caballo de Ledesma donde el autor pretende crear un arquetipo para el venezolano.
Estas reflexiones sobre el arquetipo no dejan de ser independientes de su exploración de la significación de la cultura que para él estaba sólidamente unida al de la moral y al de la libertad. La cultura era siempre buena, por lo tanto los arquetipos que la encarnaban debían tener un tinte moral como lo tiene Ledesma.
Toda este preguntarse acerca de la cultura, sus relaciones con la moral y la libertad y la necesidad de crear un arquetipo que la represente conduce a la rica reflexión sobre el intelectual que se manifiesta en Mario Briceño-Iragorry, como un personaje fundamental que tiene el deber de imprimirle orientación a la cultura y a la Historia.
Debe predicar la solidaridad, la comprensión y la tolerancia.
En estos años que van de 1946 a 1948, Mario Briceño-Iragorry se dedica a ejercer su labor intelectual.
Sin embargo a través de Vida y papeles de Urdaneta el joven nos dice que en Venezuela, el intelectual ha causado grandes daños a la sociedad debido a su sumisión que lo convierte en el juguete de bastardas pasiones. En Casa León y su tiempo y El Regente Heredia pretende ilustrar el hervidero de pasiones que representó la época de la Guerra de Independencia.
El Marqués de Casa León es un personaje frío y calculador cuyo único fin es sacar provecho de la guerra en que están inmersos los hombres. El Regente, personaje que tiene la condición de historiador e intelectual y unida a ellas la facilidad de ver el futuro, es el representante de los intereses de España pero decide defender a los patriotas acosados por la figura de Monteverde. Por eso decimos que ésta es una de las pocas figuras que puede romper con el hilo de la causalidad histórica gracias al inmenso amor que tiene a sus semejantes. En ambas novelas existen rasgos autobiográficos del autor: Su amor por un orden universal que identifica al Regente con los conservadores, la presencia de juristas que defienden un orden falso, su alusión a la nefasta intervención de los militares en la cosa política, lo cual no dejaba de aludir al reciente derrocamiento de Medina Angarita.
A partir de 1949 Mario Briceño-Iragorry se desempeña como Embajador en Colombia, donde frente a la violencia existente en ese país ayuda a los liberales colombianos que así lo solicitan a emigrar al nuestro. Propone al Gobierno de Venezuela un trato solidario para ellos de manera de socavar la amistad que estos manifiestan hacia el partido venezolano Acción Democrática, opositor del gobierno de Delgado Chalbaud. Al mismo tiempo propone al Gobierno que representa continuar con la política oficial de apoyo a los conservadores porque éstos están más identificados con él.
El tema de la solidaridad va a ser profundizado más aún por el autor a partir de 1950. Será tratado desde diversos ángulos en la mayoría de sus artículos. La solidaridad histórica como la forma más sutil y deseada de solidaridad porque ella queda después de que se han roto los nexos que implica vivir un mismo tiempo histórico entre los hombres. La Historia es una fuerza constructora de la nacionalidad aliada de los valores que manifiesta la cultura, por eso ella es un elemento primordial en la elaboración de la venezolanidad y una fuerza constructora provista de coherencia y voluntad integradora.
La tradición no es teórica sino mágica y comunica a los pueblos la fuerza creadora. Está constituida en su mayoría por elementos inconscientes. Encontrar sus verdaderos valores es lo que caracteriza a los intérpretes de los pueblos. Los pueblos deben construir un canon histórico porque no todas las tradiciones son buenas y porque la Historia debe tener una razón expresada en un grupo uniforme de valores que la guíen. Pero la Historia no siempre es razón sino también locura y falta de racionalidad, circunstancia expresada por Mario Briceño-Iragorry cuando afirma que Venezuela es un manicomio.
El canon de valores deseado por Mario Briceño-Iragorry debería estar orientado por los valores hispánicos, como se analiza en el trabajo en los apartados titulados: la solidaridad hispánica, lingüística y religiosa. Deberíamos ser fieles a nuestra religión, a nuestra lengua y a todo el legado que la España eterna, que no se identifica totalmente con la España actual, nos dejó.
La solidaridad social debía ser el valor fundamental de toda comunidad o sociedad. Cuestiona el significado de la igualdad en la sociedad venezolana porque ésta no se construye sobre la solidaridad social. Para él la igualdad era la responsable de la anarquía existente en ella y de la consecuente aparición del caudillo. Esta crítica a la práctica de la igualdad en la sociedad venezolana nos parece una posición valiente por ser un valor altamente estimado en toda sociedad y más aún en la venezolana, además de que implica la comprensión por parte del autor de que no todos los valores son asimilados de igual forma en todas las sociedades.
En la solidaridad económica propone Mario Briceño-Iragorry que la economía venezolana debía ser fiel a la producción del suelo y abastecer las necesidades fundamentales de los ciudadanos. Venezuela ganó la Guerra de Independencia gracias a la producción de su suelo con lo que había podido abastecer las necesidades fundamentales de sus habitantes. Un país que quisiera ser independiente tenía que lograr como paso fundamental la independencia económica.
Mario Briceño-Iragorry fue testigo e intérprete de los cambios que trajo el petróleo a nuestra economía. Como testigo observó que el petróleo había ocasionado males morales al país porque el venezolano había perdido sus hábitos de trabajo y se había acostumbrado solamente a disfrutar de la renta petrolera. No vio que el petróleo además de una renta se podía ver como un factor productivo que requería de tanto trabajo como el suelo.
Recomienda ampliamente la solidaridad venezolana, nos incita a estar juntos, a resolver juntos todos nuestros problemas. Para ello debemos conservar los símbolos y rechazar las interpretaciones extrañas de nuestra Historia. El rango de venezolanos es de calidad irrenunciable.
El intelectual es uno de los principales encargados de mantener el fuego de la venezolanidad. Sin embargo, éste ha sido muy maltratado en Venezuela circunstancia que lo ha conducido frecuentemente al exilio. Cuando Mario Briceño-Iragorry escribía estos discursos vaticinaba el sino que el mismo debía cumplir en diciembre de 1952.
3- La angustia.
En 1953 a raíz de la experiencia del exilio, Mario Briceño-Iragorry centra su reflexión alrededor del tema de la angustia sustentado en lecturas de Kierkegaard y Heidegger. En el mundo seguían existiendo experiencias dolorosas que habían llegado a su culminación con la tragedia de la bomba atómica y que generaban este estado psicológico. Hispanoamérica, con una mentalidad colonial que le impedía desear y resolver los problemas desde su propia perspectiva, era considerada una parte de los Estados Unidos y en concreto, Venezuela, afectada por ese problema, estaba perdiendo su nacionalismo, lo que profundizaba aún más la angustia del autor.
El venezolano no concientiza sus defectos por medio de un análisis introspectivo y por ello el país había adquirido para él, en esas fechas, similitud con una fiesta satánica y el pueblo de Venezuela era conforme, era un rumiante de su angustia.
La Historia era una de las formas de convertir la angustia en una experiencia creadora. Por estas fechas se dedica con mucha fuerza a la Historia íntima y pequeña por medio de la novela Los Riberas y de obras dedicadas a su familia y a su región como: En tono de cuento, Primera lección para mis nietas desterradas, Pequeño anecdotario trujillano.
En todas sus obras reflexiona mucho sobre la primera mitad del siglo XX venezolano. Uno de sus temas favoritos es la comparación entre la dictadura de Juan Vicente Gómez y la de Marcos Pérez Jiménez. Considera necesaria a la primera por su carácter caudillista y condena abiertamente a la segunda porque piensa que no tiene heroicidad ninguna y se ampara en el poder del ejército. Los militares resquebrajaron la continuidad de la Historia venezolana por medio del golpe del 18 de octubre de 1945, avatares que los motivaron a romper nuevamente el desarrollo político venezolano el 24 de noviembre del 48 y el 2 de diciembre de 1952.
En sus obras hay una crítica muy fuerte a los ideólogos positivistas, que en la época de Gómez habían sido a veces sus maestros y amigos. Expresa que no aportaron nada al proceso histórico venezolano. Probablemente contestaba de esta manera a la crítica que el hijo de Laureano Vallenilla Lanz, Laurianito, le hace a su nacionalismo.
Su condena al gobierno de Pérez Jiménez es tan fuerte que nada de lo que pudiera pasar de positivo en otros campos del acontecer venezolano, no directamente relacionados con el área política, merecía su atención. Si el Estado estaba mal orientado, todas las actividades de la vida del pueblo lo estaban también.
La Historia es un elemento clave para la salvación del pueblo y la cultura. Ella junto con el joven, la religión y el hogar podrían cambiar el rumbo del pueblo venezolano.
El joven al que se refiere es fundamentalmente el universitario. La Universidad era la encargada de convertirlo en líder del proceso histórico. Ella le suministraría los valores necesarios para orientar su conducta en un mundo materializado y no sólo esto, ella era la encargada de formular los valores acordes con la cultura que el Estado velaría porque se cumpliesen.
En cuanto a la religión denuncia a una Iglesia comprometida con los bienes materiales en Venezuela y en el mundo, y espera que los cristianos construyan una tierra más acorde con los principios evangélicos.
Y por último, para Mario Briceño-Iragorry, este mundo productivo, solidario y católico se inicia en el hogar que es una pequeña célula, que se irá ampliando para convertirse luego en la región, en la patria y en la comunidad hispanoamericana las cuales seguirán practicando los principios aprendidos en el hogar primero.
Al regresar a Venezuela el 13 de abril de 1958, Mario Briceño-Iragorry, con su ya quebrantada salud observa que las estructuras de poder del país, a pesar del golpe del 23 de enero, seguían inalterables, lo que lo lleva a exclamar que en Venezuela Pérez Jiménez estaba vivito y coleando. Otro escritor de su generación, José Rafael Pocaterra, llega a conclusiones parecidas pero con respecto a la figura del General Gómez. Esta supervivencia de las mismas estructuras de poder en el tiempo observada por él, está muy relacionada con su visión trágica de la Historia venezolana donde pareciéramos vivir en un eterno retorno en el cual no hay evolución en el tiempo, éste se repite como en las estructuras míticas, porque no se observa el análisis racional o introspectivo, como lo llamaría él, de nuestros errores.












