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Tiempo y Espacio
Print version ISSN 1315-9496
Tiempo y Espacio vol.23 no.59 Caracas July 2013
Rasgos de presentación sociocultural de Caracas en el exilio del tiempo de Ana Teresa Torres: Una texturalización en el tiempo
Bárbara Pérez Mujica
Universidad Simón Bolívar. Caracas, Venezuela bperez@usb.ve
RESUMEN
La ciudad es el espacio que genera contenidos simbólicos, afectivos y representativos que desarrolla cada sujeto. Dichos contenidos juegan un papel importante tanto para las personas en su vida privada, como para la vida y la organización de los grupos sociales en los que vive. Es por ello que la presente investigación tiene como propósito analizar las rasgos de representación sociocultural El Exilio del tiempo de Ana Teresa Torres: Una textualización en el tiempo, desde el estudio de las representaciones sociales de los sujetos situados históricamente. La idea es entender la manera como se configuran las relaciones entre diferentes grupos sociales, así como las formas en que se materializan estas relaciones en la estructura espacial y los significados de los sujetos que orientan las interacciones sociales. En lo que respecta a la metodología, esta investigación documental es un estudio de desarrollo teórico y presenta una propuesta de tipo hermenéutica, la cual se fundamenta en el enfoque de la hermenéutica profunda. Se concluye que las estrategias de textualización de la ciudad se construye a través de la simbolización de las caras de Caracas y de la historización urbana.
Palabras clave: rasgos de representación sociocultural, Caracas, textualización, tiempo
ABSTRACT
The city is the space that generates symbolic content, affective and representative develops each subject. These contents play an important role both for people in their private lives, and the life and organization of social groups in which he lives. That is why this research aims to analyze the socio-cultural traits representing The Exile the time Ana Teresa Torres: A contextualization in time, from the study of social representations of historically situated subjects. The idea is to understand the way they shape relationships between different social groups, as well as the ways in which these relationships are embodied in the spatial structure and the meanings of the subjects that guide social interactions. In terms of methodology, this documentary is a research study and theoretical development of such a proposal hermeneutics, which is based on the approach of depth hermeneutics. We conclude that strategies textualization of the city is built through the symbolization of the faces of Caracas and urban historicization.
Keywords: representation sociocultural traits, Caracas, textualization, time.
Recibido: 13/02/2013 Aprobado: 26/04/2013
Introducción
En términos generales, la contemporaneidad ha probocado una serie de cambios en los modos de representación de la ciudad. Ésta incorpora diferentes formas de relacionarse con el mundo actual conformado por la globalización, la fragmentación, la segregación, la inmediatez y la violencia. Redefine el sentido de pertenencia y la convivencia urbana en el personaje, la temática y el espacio urbano. También sitúa la crisis conjunta de la modernidad y de las tradiciones, de su combinación histórica, conduce a una problemática (no a una etapa) posmoderna, en el sentido de que lo moderno estalla y se mezcla con lo que no lo es1.
En la novela Exilio del tiempo (1990) de la consagrada escritora venezolana Ana Teresa Torres2, a través de marcas temporales que juegan con varias etapas de la sociedad caraqueña, se advierte este efecto que ocasiona la confusión y la transición de la metamorfosis de Caracas, de la ciudad de los techos rojos a la urbe modernizada. Esto suscita el conflicto de los personajes y la lucha cotidiana entre lo viejo y lo nuevo.
De esta manera, la presente investigación tiene como propósito analizar los rasgos de representación sociocultural de Caracas en la novela El exilio del tiempo de Ana Teresa Torres, a fin de estudiar la experiencia de la transitoriedad de la urbe contemporánea. Esto permitirá distinguir los diferentes modos que tiene el personaje habitante urbano de relacionarse y actuar socioculturalmente. A tal efecto, la metodología de este artículo estuvo centrada en un estudio de desarrollo teórico. En él, se aplicó un investigación de tipo documental, la cual permitió realizar un análisis histórico que admitió contextualizar y realizar una interpretación situada sociohistóricamente, en tiempo y espacio.
Por su parte, el análisis de las representaciones socioculturales se fundamentó en el enfoque de la hermenéutica profunda de Thompson (1993).
El mundo sociohistórico no es sólo un campo objeto [...] también es un campo sujeto constituido, en parte, de sujetos que, en el curso rutinario de sus vidas diarias participan constantemente en la comprensión de sí mismos y de los demás, y en la interpretación de las acciones, expresiones y sucesos que ocurren en torno a ellos. [...] Los analistas ofrecen la interpretación de una interpretación, reinterpretan un campo preinterpretado [...]3.
En atención a estas consideaciones del autor, se contextualizó El exilio del tiempo a través de los personajes, los escenarios espaciotemporales, las marcas temporales, los campos de interacción y las relaciones sociales que marcaron ruptura y cotidianidades, formas simbólicas en contextos estructurados4, en este caso, en la Caracas de la novela.
Representación social, percepción y ciudad
El tiempo, el espacio y el sujeto constituyen la materia básica del trabajo de las experiencias, las expresiones y, por ende, de la representación, la cual se concentra en destacar la información, la práctica y la interpretación del mundo. En términos generales, la representación se refiere a la asociación de algo con algo y la relación de este segundo a través de lo primero. A partir de estas asociaciones la sociedad posee un variado y amplio compendio de actividades características que envuelve, descifra y enriquece la experiencia vital.
Es precisamente ahí, donde intervienen las representaciones sociales, por cuanto proporcionan nuestra visión de la realidad, nuestra perspectiva de mundo, los símbolos, las percepciones, imágenes, conceptos históricos, relaciones, entre otros elementos.
La teoría de las representaciones sociales es una modalidad particular del conocimiento, cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos. Es un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación... son sistemas de valores, nociones y prácticas que proporciona a los individuos los medios para orientarse en el contexto social y material, para dominarlo. Es una organización de imágenes y de lenguaje [ ] Una representación social, habla, muestra, comunica, produce determinados comportamientos [ ].5
En este sentido, la representación social implica un proceso de construcción de la realidad donde se configura el objeto representado con la finalidad de generar un conjunto de creencias, valores y conocimientos que comparte un grupo social. Designa una forma de conocimiento específico, el saber del sentido común, cuyos contenidos manifiestan la operación de procesos generativos y funcionales socialmente caracterizados. En sentido más amplio, designa una forma de pensamiento social6.
Partiendo de este hecho, los individuos construyen y ordenan su sentido de la realidad por medio de un complejo de proposiciones, ideas, reflexiones, imaginarios y producciones culturales, sociales e históricas, que configuran las diferentes maneras de representación sobre la realidad captada. Dicha representación es el instrumento por medio del cual ocurre un acercamiento entre una idea o el pensamiento de un cuerpo y una imagen. Es la aproximación con el medio, con los cuerpos de otros o de sí mismo que permite la deliberación y distinción de estos.
Las situaciones y los eventos, las acciones y los asuntos pueden representarse de diferentes formas [ ] Las modalidades de representación son formas básicas de organizar textos en relación con ciertos rasgos o convenciones recurrentes7.
La representación es entonces la exteriorización de las estructuras internas del sujeto en una materia, objeto o componente que se percibe. Estas estructuras residen en su psiquismo (internamente) y son fundamentalmente de índole perceptual, formal, simbólica y emotiva en sus interacciones e integraciones con el mundo. La percepción participa en el conocimiento y en la recepción de información externa (del entorno) a través de los sentidos, de las sensaciones. Ésta implica dotar de sentido a un hecho o acontecimiento a través de los estímulos perceptivos conscientes.
Sin embargo, no es objeto de esta investigación deternos a estudiar la percepción en el campo de psicología, sus teorías o leyes representativos como el Asociacionismo y las leyes de Gestalt, sino enfocarnos en el conjunto organizado de referencias y conocimientos en la memoria, que sirven para interpretar la realidad sociocultural, en este caso de Caracas, por medio del contexto, las expectativas, las experiencias y los conocimientos.
Es el artefacto con el que se accionan las presencias de las cosas y de los espacios [ ] Digamos, de esta manera, que la percepción se complementa con los contornos de las cosas, esto es, las delimitaciones de las cosas, y lo que existe entre sus fronteras8.
Por consiguiente, la representación social y la percepción se encuentran emparentadas con el cosmos urbano. Se trata de un escenario de diversas expresiones y concepciones sobre la realidad, de incontables complicaciones cotidianas, de diferentes percepciones e intereses políticos, sociales, filosóficos, ideológicos, económicos y culturales, por medio de los cuales se implanta componenda que los grupos sociales, el espacio y la urbe ofrecen.
La representación de la ciudad no es una sola, sino que existe una diversidad de representaciones: la producida, la percibida, la transmitida, la oficial, la individual, la de los planificadores, la de los propietarios, la de los habitantes, la de los visitantes9.
Es por ello que, como resultado de la mirada sobre la ciudad de Caracas y sobre sus espacios, se genera un sistema de representaciones, pensamientos y abstracciones que incorpora puntos de vista determinados y diversas concepciones de sus planos externo, física y material, y mental, percibidos de modo subjetivo.
El exilio del tiempo y sus rasgos de representación
A partir de la representación social entendida como la forma en que las personas aprehenden una situación objeto de una realidad con sus instrumentos culturales y urbanos, se considera la novela El exilio del tiempo de Torres, como un ejercicio narrativo que textualiza la urbe caraqueña desde la memoria como instrumento en el ejercicio poético del discurso. La autora hace un trabajo desde la simbólica urbana para representar significaciones históricas importantes a espacios de la ciudad que simboliza a los personajes. Esto supone un trabajo en el espacio temporal que configura la relación ciudad-historia-personaje.
El personaje, sintomática de la ciudad, se desplaza en el espacio-tiempo urbano como expositor de sus prácticas sociales a efectos de dar una idea clara de la casamundo y de la urbe que lo contextualiza. En virtud de la significación de los conceptos, objetos, experiencia personal, pensamientos, reflexiones, imágenes, costumbres, creencias y comportamientos, se consiente la presencia de signos que admiten el acto comunicativo.
Muchos sistemas semiológicos (objetos, gestos, imágenes) tienen una sustancia de expresión cuyo ser no está en la significación; suele ser objeto de uso, separados de la sociedad con fines de significación: el vestido sirve para protegerse, la comida para nutrirse, aunque sirvan también para significar10.
En virtud de ello, se hace un retrato familiar que detalla los acontecimientos, perspectivas y sentimientos de los miembros y allegados de un linaje de la sociedad caraqueña. Estos constantemente hacen una remembranza hacia el pasado y hacia su nexo con los objetos. Por medio de esta concepción prusiana que se manifiesta durante toda la obra, la narradora (protagonista anónima) nos cuenta las memorias e historia familiar, que la ayudan comprenderse a sí misma. Pero no sólo nos cuenta la historia generacional de su consanguinidad, sino la memoria y cuenta de la ciudad y sus personajes. De modo que la ciudad está memorizada en nosotros ( ) Y he allí tal vez la clave de esta memoria: memoria formada desde nuestra intimidad con la ciudad: desde nuestro habitar, que es en definitiva (como diría Heidegger) nuestro ser-en ciudad11.
Por su parte, la fijación familiar por conservar los objetos, como ya se dijo, consiste en la atadura que estos conservan con el pasado y la memoria. En ellos, existe una alianza que les permite conservar la evocación familiar, ya que los recuerdos están inscritos en cada uno. Estos son parte de los cambios de la vida, la familia, la cotidianidad, la ciudad, las épocas y el tiempo.
La narradora confiesa que los objetos son remembranza cuando platea que el tiempo le dice:
Estaré aquí sentado esperándote, me dijo, entre las trinitarias a la orilla de la pila, vendré siempre al fresco del patio, tráemelo todo, yo te lo guardo. Todo se perderá si no me lo traes y una a una fui llevándole las cosas que me pedía.12
Por medio de esta protagonista anónima se congregan voces que manifiestan las intimidades de los personajes, rodeados por el testimonio del tiempo casi olvidado. Ella representa la memoria del presente que se estrecha con el pasado.
Asimismo, es necesario acotar que la familia está conformada fundamentalmente por Doña Clemencia y su esposo Don Antonio, Olga (hija) y Mercedes (hija), Pedro Miguel (yerno), Pedro (nieto) y la narradora (nieta). A través de dichas voces que van desde un tiempo y un espacio presente hacia la mirada del pasado e inversamente, la narradora se entiende a sí misma. La narración le permite revisar los hechos, planteamientos y acontecimientos sociales, políticos, históricos, de raza, tiempo, entre otros tantos, para diseñar su identidad de exiliada y verse despojada y sin disfraces por causa del implacable tiempo.
A través del yo narrador, la hija de Pedro Miguel y Mercedes, inicia su experiencia narrativa explicando la circunstancia familiar desde el año 1950-60. A partir de ahí, desmonta la historia de la generación anterior, la de su madre Mercedes, su Tía Olga y su abuela Clemencia. El juego de espejos se activa para desplazarse a una generación más atrás y traer la historia de amor de la tía abuela Malena. Ésta concurre con la presidencia de Guzmán Blanco, por el tiempo de la inauguración del Teatro Municipal en enero de 1881, evento que contó con la compañía italiana de Verdi. Rompe con esta coordenada temporal para volver a la década de 1950, época que responde a los amores infortunados y reprobados de María Josefina con Rojitas. Sobre esta época, menciona de manera particular los programas de radio como Frijolito y Robustiana, El bachiller y Bartola, Tamakún, el vengador errante y el programa que marcó la historia de la radio en Venezuela El Derecho de nacer, para luego referir algunos programas de televisión.
La narración sigue su curso con la necesidad de proyectar la generación anterior, por ello surge una segunda voz: la voz de Olga, para relatar los sucesos familiares de principio de siglo. Olga le cuenta a su sobrina toda la experiencia política de la familia, que se ciñe a los gobiernos de Castro y de Gómez. La sobrina retoma el hilo de la narración para relatar la historia de su bisabuelo Rafael Antonio, de él es el primer elemento intertextual: su diario que data de finales de siglo XIX y principios del XX. La voz del bisabuelo se adueña de la narración a través del documento con una voz atomizada por el tiempo, la cual se rompe para retomar la narración de la experiencia del exilio en París, durante el gobierno de Gómez, y bajo la voz de Mercedes. Es interesante hacer notar que la estructura de la narración se entrecruza entre madre, tía e hija, quienes asumen su posición frente a la historia que están narrando.
La narradora consulta el segundo elemento intertextual, el diario del abuelo que data del año 1933 a 1937. La hija de Mercedes, la voz anónima, asume la narración para situarla en el año 1940, en Caracas. Narra la mudanza de la casa de Veroes en el año 1944 y en el 45 la caída del presidente Medinas Angarita, en la Revolución de Octubre. También menciona el gobierno de Rómulo Gallegos, la muerte de Carlos Delgado Chalbaud, como un mecanismo progresivo de historia, del transcurrir del tiempo y la localización de la circunstancia histórica y política del país, que actúa como fondo de la novela.
Surge una nueva voz, la de Marisol, la hija de los conserjes de las Residencia Veroes. Esta parte de la historia se circunscribe a las presidencias de Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. Por medio de Marisol y su círculo de amistades, se asume la postura ideológica de la izquierda de la época y un discurso de lucha de clases que se deja leer con bastante fuerza entre las páginas de la novela.
Lo anteriormente expuesto, sitúa la representación de cuatro momentos históricos de la ciudad, cuatro Caracas hacen vida a través de personajes, cuatro Caracas se textualizan en la obra: La primera, en 1881 con el presidente Guzmán Blanco, la segunda en 1941-45 con mandato de Medinas Angarita, la tercera en 1950 con Pérez Jiménez, y la cuarta con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria en Venezuela: Rómulo Betancourt 1959-1964.
Las caras de Caracas
El posesionarse de la representación sociocultural suscita referirse al contexto social, histórico y cultural que El exilio del tiempo establece en la Caracas de los siglos XIX y XX. Circunscritos al sistema de valores y normas sociales que los constituyeron, señalan la realidad simbólica como una representación de la urbe. A través de los cambios temporales se manifiestan cuatro caras de Caracas como símbolo de la modernización, delimitadas por diferentes épocas y mandatos presidenciales. La primera simboliza la construcción, la segunda simboliza ampliación, la tercera simboliza demolición y reconstrucción, y la cuarta simboliza la agitación urbana.
Primera Cara: Construcción. La Caracas presidida por Guzmán Blanco (1870- 1884) está representada como una ciudad en plena construcción, desarrollo y progreso. En ella, se distinguen grandes obras de infraestructuras, transformación de la arquitectura afrancesada, la dotación de servicios eléctricos y telefónicos. A saber ( ) se anota en el diario que ha sido instalada la luz eléctrica en la casa de Veroes13.
En lo que respecta a la vialidad, se inicia la planificación de la construcción del Gran Ferrocarril de Venezuela que cubría la ruta Caracas-Valencia y el puente colgante sobre La Guaira. Por otro lado, Guzmán Blanco, a comienzos de la era industrial, emprende modernizar Caracas, construye el Teatro Municipal (1881), el Capitolio (1877), el Palacio Federal Legislativo (1872) y la regeneración y remodelación de la fachada del Palacio de las Academias (1875) al estilo francés.
[ ] el Palacio Federal, la nueva Universidad, el Templo Masónico, el Calvario, en cuya cúspide hizo levantar la estatua escuestre con bicornio emplumado para saludar así a la ciudad, la Plaza Bolívar, el Capitolio, el Museo de Historia Nacional, la imprenta de vapor, el ferrocarril Caracas-La Guaira, y el establecimiento del teléfono14.
Se aprecian las tecnologías que satisfacen tanto las necesidades básicas como los deseos de la ciudad, a través de bienes y servicios de los habitantes de Caracas, Asimismo, se observan los cambios que devienen de los procesos científicos y tecnológicos, sea como signo de progreso o sea como valor agregado para entretener, emocionar, socializar e informar a la colectividad.
Segunda Cara: Ampliación. Esta época gobernada por Medina Angarita (1941- 1945), antecedida por la dictadura de Juan Vicente Gómez, es símbolo de la ampliación de la democracia, el progreso tecnológico, comercial y económico de Caracas. Esta cara es la génesis de la separación con la tradición. Se caracterizó por la ampliación de la democracia, la emigración de campesinos a la ciudad y la inmigración de los exiliados de la Segunda Guerra Mundial a Caracas y a Venezuela. Este notable número de españoles, italianos, portugueses, entre otros europeos, llenaron las calles, plazas y áreas de la ciudad capital.
Además en este período se distinguen cambios en las formas de vivir y en las edificaciones de la ciudad, ya que las casas se demolieron y se conviertieron en edificios, pensiones y comercios.
Edificaciones en algún momento nuevos, en relación a las quintas, fueron a su vez demolidos o transformados en comercios y restaurantes. En unos solares vacíos instalaron una vez un parque de diversiones, que a su vez decayó, y los restos de los carritos chocones y ruedas quedaron como el viejo esqueleto de un animal calcinado por el sol, arrinconado para la instalación de una venta de automóviles usados, luego transformada en restaurante argentino y después en oficina y así en mueblería, que devino en un comercio de lámparas y ( )15
Sumado a estas transformaciones, se aprecia la figura de un mercado internacional y en la ciudad comienza a agilizarse el volumen de tráfico vehicular. El centro de Caracas empieza a ser dejado por sus familias fundadoras para desplazarse hacia el Este, donde consiguen una vida más tranquila.
Tercera cara: Demolición y Reconstrucción. La Caracas de Pérez Jiménez (1952- 1958) es símbolo de renovación, establecido por medio de la destrucción y la reconstrucción. En esta etapa, se consolida la renovación, la transformación y modernización de la infraestructura. Se construyen cantidades de autopistas, las cuales dejan correr el tráfico vehicular de carga pesada y carga liviana de manera directa por la ciudad y sin irrupción en zonas residenciales ni peatonales.
Es la etapa del primer boom petrolero y los cambios físicos de la ciudad, los cuales se afianzan a través de la fabricación y reconstrucción de mayores arterias viales. Tal es el caso de la construcción de cantidades de autopistas, como la Caracas- La Guaira, la Ciudad Universitaria de Caracas, la edificación del teleférico, el Hotel Humbolt, la Ciudad Vacacional Los Caracas, la Torres del Silencio, entre otras obras.
En lo que concierne a las telecomucnicaciones, la radio y la televisión son medios de comunicación que influyen enormemente en el público y en su consumo de productos. La televisión comprende un efecto en las áreas emocionales y cognoscitivas de los personajes urbanos, quienes por medio de programas como Frijolito y Rubustiana, El Bachiller y Bartolo, Tamakún, el vengador errante, El derecho de nacer, Rinti y Furia, Craneoteca de los Genios, el Show de Renny y la lucha libre, transcurren horas frente al televisor.
Aprendíamos la justicia de la figura bella y temeraria del príncipe y era impresionante cuando decía: «Tamakúúúún, donde la justicia falla, cuando la maldad impera, Tamakúúúún, el Vengador Errante». En cambio los secretos de la vida los conocíamos en el patio de servicio escuchando El derecho de nacer, que era buenísimo, y nos prohibían oírlo, en uno de esos aparatos de radio que parecían escaparate16.
Este medio envuelve los intereses personales hacia los ídolos, objetos y productos comerciales de los actantes. Un ejemplo plausible a distinguir es el referido a los arquetipos de belleza como Rodolfo Valentino, Elizabeth Taylor, Jame Dean y Elvis Presley. De manera tal que los ciudadanos se transforman en radioescuchas, televidentes y consumidores, que compran el producto tecnológico y lo que se vende en él. Ace lavando y yo descansando17.
En resumidas cuentas, se está ante la presencia de unos de los inventos comerciales más trascendentales y el medio de comunicación más efectivo e innovador para la época. La televisión se integra en los hogares venezolanos por medio de canales como Radio Caracas, para ser un miembro más de la familia caraqueña y venezolana. Después vinieron las largas tardes en la televisión que era nuestra definitiva entrada en el siglo XX, en el progreso y en la Venezuelan way of life18
Cuarta Cara: Agitación. La Caracas que se observa en el período presidencial de Rómulo Betancourt (1959-1964) es símbolo de agitación, de convulsión y de movimiento urbano. En lo que se refiere al plano político, aparece Marisol y su activismo con los movimientos subversivos de la izquierda venezolana en oposición a las políticas de Estado. Además se nota la influencia de la Revolución Cubana y el Partido Comunista Venezolana (PCV) en los estudiantes venezolanos y sus dirigentes; los movimientos políticos como el marxismo, El Izquierdismo, el comunismo; y las figuras de Lenin y el Che Guevara.
Por otra parte, en lo que respecta al plano de la forma, la capital es una ciudad modernizada, cuya expansión económica, densidad y el crecimiento demográfico, provocan el aumento de los márgenes y la necesidad de ocupación de mayores espacios.
Había tráfico en la autopista y nos desviamos por la Avenida Sucre ( ) Desembocamos a la Plaza del Silencio, y ya de nuevo en la autopista, nos iluminaban esplendidos avisos de la «Zenith», la «Savoy», la «IBM», y «PanAmerican», más que el río es verdaderamente la autopista el hilo que separa la ciudad, en ondas de cemento, alzándose a los lados de las paredes cimentadas del valle, puros puntos luminosos, que guían y señalan los límites19
Como resultado de esto, los espacios y la proporción urbana entorpecen y dificultan la experiencia directa y cotidiana, así como el recorrido por las distintas partes del complejo urbano.
En otro orden de ideas, en la obra la compra-venta, el consumo, las marcas comerciales y la moda están a flor de piel en el día a día del caraqueño. Todos los juguetes de la piñata se habían comprado en Macy´s que era una tienda buenísima que habían estrenado en Sabana Grande y era como los almacenes de los Estados Unidos20.
También la música y los personajes anglosajones toman fuerza en el imaginario de los habitantes de la metrópoli:
Una exaltación distinta se derrama en el espejo sudoroso del rock, sentir el roce en la furia del baile que papá llama moderno, antecesor de todos los Beatles, los Rolling Stone, los Bee Gees, los Travolta y Michael Jackson, allí estaba ya la semilla de entender el deseo como una desgarradura trágica entre los sexos que sólo fragmentariamente, como en los momentos de enlace y desenlace, encuentra sus puntos de convergencia21.
En suma, se envuelven estilos musicales que obedecen al momento histórico contextual mundial, que están enmarcado en una década de los sesenta rebelde e ideológica.
Caracas, de la villa a la ciudad modernizada
Lo anteriormente señalado, permite distinguir la Caracas del siglo XX, que estuvo establecida por la expansión y el cambio decisivo de la ciudad, sobre todo en lo referido a la vivienda y a los servicios urbanos. Estos se ajustaron al aumento poblacional y a las constantes migraciones. Por ende, la transformación de la capital vino fundamentada por la innovación de conformidad con la nueva imagen de la capital, en detrimento con la herencia histórica y colonial, y en procura del nacimiento de la novedad y el rejuvenecimiento de los espacios. Atrás, en el recuerdo quedó:
[ ] la época en que temperábamos en Los Chorros, que fue sin duda la más agradable, bañarnos en los pozos, montarnos en un trapecio colgado de una mata de mango, pasearnos en burro, era una infancia que puede llamarse feliz [ ] teníamos también nuestro pequeño Trianón, un quiosco algo alejado de la avenida de árboles que conducía hasta la casa, era el lugar de nuestros juegos [ ]22.
En este sentido, el espacio rupestre queda en el pasado para cederle paso al contexto de la modernidad. Éste es el conglomerado y la aglomeración derivados de la economía, la cultura del capital y el proceso de separación histórica del campesinado, cuya disposición se dirige hacia la construcción de un futuro, en donde el progreso técnico y la comodidad ratifican y legitiman el espectáculo urbano.
Por consiguiente, germina una nueva imagen, una cara más actualizada de Caracas:
( ) Nos iluminaban espléndidos avisos de la «Zenith», «La Savoy», la «IBM», y «Pan American», más que el río es verdaderamente la autopista el hilo que separa la ciudad, en ondas de cemento, alzándose a los lados las paredes cimentadas del valle, puros puntos luminosos, que guían y señalan los límites23.
Con el devenir del tiempo, en Caracas se concentran los poderes, la producción, econcomía, cultura, la población y la urbanización, por lo que ésta se convierte en un espacio ampliado e incrementado de sus márgenes.
De igual manera, la recreación de la ciudad, la presencia de sus nuevos espacios, de las calles, la arquitectura, del movimiento urbano y de la transformación, se refleja a través de la casa. Sobre este tema de la casa, la narradora-protagonista la relaciona con la familia, la memoria, el espacio y el tiempo. A través de estos aspectos se construye, reconstruye y deconstruye la historia, la cual se cimenta en el tiempo y en el espacio, y la casa representa la memoria para formar parte de los personajes y convertirse en otro actor más.
Así pues, se presenta la variación de la realidad en el espaciotiempo, un rastro de la transformación de la imagen, que aflora con la historia familiar y con las tres casas de la obra, la de Veroes, la de Macuto y la de Los Caobos. A través de éstas, la narradoraprotagonista desnuda la vida y tradición de su estirpe, las paredes de la vivienda y los objetos que la componen dan cuenta de cuatro generaciones: los tatarabuelos y la guerra de independencia; los bisabuelos y el período de Guzmán Blanco; los abuelos en la época de la Revolución Liberal Restauradora, de la mano de Cipriano Castro, sus posteriores mandatos y la dictadura de Juan Vicente Gómez; y los padres durante la época de Rómulo Gallegos, la Junta Cívico Militar, Marcos Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt. De forma que el personaje distingue la metamorfosis de Venezuela, desde la Caracas bucólica hasta la contemporánea.
En consecuencia, la casa es un cosmos mitológico que consagra la realidad idiosincrásica de la familia y de la ciudad. Posee dos dimensiones: la mitificada y la desmitificada. La primera de ellas es el escenario mítico, fundacional, con carácter de ritual y con un valor de centralidad, que se figura como el foco por donde la narradora recuerda y representa el camino hacia la memoria, hacia su propia identidad y su existencia. La segunda de ellas es la desmitificación de esta morada como el lugar idealizado abandonado.
Veroes casa desde la independencia, e inclusive desde la Colonia, una casa tan cómoda, con tantísimas habitaciones, sus patios húmedos y frescos, de una distribución tan armoniosa, con una variedad de ambientes, la sala, la antesala, la galería, el despacho de mi abuelo, el escritorio de papá, su habitación, su cuartico de toilette, el patio de servicio, el pasaje techado que conducía antes de la calle al establo y que ahora es un excelente corredor para niños ( )24
A partir de ello, se teje la memoria desde el exilio, desde los fragmentos de su propia historia y desde la casa que simboliza un lugar sagrado el cual escudriña y evoca dicho confinamiento. La casa de Veroes y la de Macuto representan el mundo apacible e idílico, y la vivienda del Este figura el mundo cosmopolita y confuso.
La casa de Veroes es la morada familiar, histórica, mítica y fundacional. Está ubicada en la esquina de Veroes a Jesuitas, en el centro de Caracas, situada estratégicamente en la esquina de Veroes, un lugar que fue una médula de actividades históricas. Este es el sitio donde estuvo la casa del líder liberal Antonio Leocadio Guzmán y donde se hospedó su hijo, el general Antonio Guzmán Blanco, en el momento que ingresó victorioso a la cabeza de sus fuerzas federalistas el 15 de junio de 1863.
No obstante, con el devenir del tiempo, la casa fue profanada, vaciada por la familia dando paso así a las residencias Veroes, durante este período la edificación sirvió para albergar a moradores de distintas nacionalidades, españoles, portugueses, cubanos, entre otros. [ ] me gustan bastante las calles, hay muchos negocios y de noche está muy iluminado, es muy alegre, no me gustaría irme aunque hayan edificios mejores25. Posteriormente, su desmantelación acaba no sólo con el domicilio sino con la memoria, ya que muere la imagen de la Caracas de antaño, se abre camino definitivo a la modernidad y al alojamiento del apartamento. Por lo tanto, se pierde el centro y se desacraliza el cosmos mítico del lugar, de la casa.
La casa de Macuto representa un sitio paradisíaco, uno de los principales centros vacacionales de Venezuela, fundamentalmente de los caraqueños que vivieron durante el siglo XIX y principios del XX.
Suya fue la casa de Macuto vendida por mis abuelos antes de viajar a Europa, construida según los planos de una villa de verano de la Costa Azul ( ) Era una edificación de dos plantas con doble balconera, sostenida por columnas de capitales corintios y frente de media altura con colados de concreto que reemplazaban los auténticos de madera pero igualmente seguían un diseño de encajes26.
No en vano Macuto fue el primer balneario de Venezuela, un lugar respetable y muy a la moda para la sociedad de la época, que gozaba de un clima maravilloso y una ubicación cercana a Caracas. Estaba situado estratégicamente muy cerca de la playa, del principal puerto del país, el de La Guaira, y conectado por el tranvía que cubría también la ruta de Maiquetía. Esta localidad fundada en el año 1740 fue un sitio de gran tradición histórica, cuya manifestación no podía faltar en la creación literaria de Torres. La casa de veraneo familiar data del siglo XIX e incorpora las costumbres y los momentos históricosociales de la familia, circunscritos al alejamiento y la tranquilidad desde la periferia de la ciudad.
Por último, la casa del Este representa el confinamiento, los personajes viven en retraimiento y enajenación, encerrados y amurallados en su propio mundo completamente alejado de la ciudad. Se hallan extraños al cosmos de afuera, recluidos e incomunicados, pocos tienen acceso a su cosmos. Creí que era un palacio o un museo, no sabía que había casas tan grandes pero sí las hay27.
En fin, las casas de Veroes, la de Macuto y la del Este representan el tiempo material que se transforma en soledad, es la prisión del tiempo.
La transformación de la ciudad y su representación social
Como resultado del tiempo, se renueva Caracas y se derriba la ciudad histórica. En ella, sólo quedan algunos espacios, calles y edificaciones, las cuales obedecen a intereses para los poderes dominantes.
CONSTRUIR, CONSTRUIR, CONSTRUIR. No se pensaba en otra cosa, era sin duda un imperativo de la historia, una necesidad de los cambios económicos, comenzaba a correr el dinero y era imprescindible dejar atrás un pasado acomodado y modesto, de familias antiguas, como se decía, para entrar en la dinámica moderna, transformarse en verdadera burguesía, olvidar la condición aristocratizante y ejercer el dominio a través de la eficiencia y el trabajo, ennoblecerse con los nuevos signos de la época28.
Tal como se aprecia en la novela, Caracas es una ciudad de sucesos, que ya para el siglo XIX está en plena efervescencia y crecimiento. Para la fecha la capital se encuentra convulsionada por los abundantes problemas políticos y sociales, producto de la guerra federal y, posteriormente, el caudillismo. Por su parte, para el siglo XX encontramos la dictadura de Juan Vicente Gómez desde 1908 hasta 1935, y tenemos la ciudad modernizada de los 50, 60 y 70.
Desde el yo narrador y producto del exilio en Europa, se experimentan las transformaciones del valle caraqueño y del país en general con mayor sensibilidad. Esta notable distancia entre el tiempo y el espacio de Caracas le concede la oportunidad de apreciar más creíblemente los cambios acontecidos en este regreso y reencuentro con el espacio citadino.
El país ha cambiado mucho, comienza a notarse el tráfico en las calles, la riqueza petrolera ha hecho sus efectos, hay una mayor preocupación por la educación del pueblo y por la prevención de la salud, se combate el paludismo que es nuestra enfermedad endémica, observo una gran afluencia de negocios nuevos en el centro y algunas personas comienzan a urbanizar las haciendas que rodean el casco central29.
Cabe destacar que, con esta transformación, hay un quiebre en lo que concierne a la organización testamentaría de la clase social. Anteriormente, cada individuo se situaba según la tradición en su lugar, ahora aparece una nueva clase que escala a raíz del auge petrolero:
He encontrado a muchos de mis amigos de antes pero también veo en las reuniones que he asistido, a gente totalmente desconocida, cuyos apellidos ignoro completamente, incluso quienes antes eran apenas pequeños comerciantes, ahora me los encuentro en mejores casas hablándome de tu a tu30.
Por otro lado, se está en una Caracas que no logra por sí misma encontrar un punto de equilibrio, llena de revueltas políticas, inestable y efímera. En esta nueva ciudad, los personajes y los espacios deben readaptarse para poder seguir con su cotidianidad. La vivienda de Veroes es una muestra de esta condición, la familia se muda y la alquila, posteriormente, pasa de casa a ser una pensión y luego un moderno edificio apartamentos.
Aunado a este hecho, a las residencias Veroes se mudan inmigrantes cubanos, españoles, polacas, colombianos, entre otros, quienes conforman un colectivo heterogéneo. Ellos representan una mano de obra importante para la ciudad. Es cuando aparecen Pepe y Sole, los conserjes de las residencias, y su hija Marisol. Ellos son testimonio del surgimiento de esa clase social obrera, que llegó a Caracas para laborar y superarse económica y socialmente. Dicha clase vuelve a romper con la organización tradicional y se reconoce a sí misma. Tal y como se puede observar a través del siguiente planteamiento de Marisol:
Fue el instante en que entendí que había clases sociales y se me hizo clarísimo el esquema, arriba estaban los dueños de las Residencias Veroes, abajo nosotros, los conserjes que trabajábamos por habitación y un poco más, y en el medio lo que llegaría a ser cuando saliera de la universidad, gracias a ese poco más31.
Desde esta perspectiva, también es posible obtener detalles importantes sobre el cambio urbano: Papá dice que, de cuando ellos llegaron, Caracas ha cambiado muchísimo, y que ha habido progreso y bienestar, hicieron la Autopista del Este y la Autopista de la Guayra, y uno baja rapidito a la playa ( )32.
En definitiva, las transformaciones en el centro histórico de Caracas sucedieron para dejar de lado la memoria histórica. En él, convino la fragmentación, se produjeron despojos de historia, múltiples comercios y edificios configurando la ciudad de servicio.
Dentro de este marco de cambios, en lo que respecta al plano económico social, El exilio del tiempo testimonia un siglo XIX dominado por protagonistas terratenientes y aristócratas de la mano latifundista. Posteriormente, durante el siglo XX florece la sociedad capitalista, la clase media y clase baja, sin obviar al protagonista principal de la época, el petróleo. Aparecen también las propiedades de grandes empresarios y asociaciones como es el caso de la familia Zuloaga.
La nueva representación de la vivienda urbana
En el texto torreano33, se evidencia el ordenamiento de la nueva vivienda urbana, la cual se condicionó de acuerdo a las necesidades sociales y a la explotación de los recursos en pro del beneficio económico. La casa tradicional caracterizada por su amplitud y por su cimiento con el suelo deja de ser el hogar del caraqueño para cederle el paso al apartamento. Se deja atrás la capital de los techos rojos para erigir la artificialidad y la regeneración del nuevo orden urbano, el cual se caracteriza por el rediseño y la renovación de la vivienda. "Una ciudad es como una persona, no puedes pretender que se mantenga igual en el transcurso del tiempo, los pedazos que le faltan a la ciudad podrías asemejarlos a los fragmentos de la belleza que se van perdiendo ( )"34.
Esto implica el cambio de la imagen por medio de la nueva morada que se verticaliza, reduce y se apega a los recientes modos de vida y de costumbres de sus habitantes. Así pues, esta residencia comulga con la forma de habitar en la ciudad, de manera reducida y dejando atrás lo innecesario, como los objetos y los recuerdos que no caben dentro de la habitación. Por eso en novela, se aprecia cuando la estirpe deja atrás la casa familiar y tradicional, de Veroes, para entrar en la época del apartamento. Este naciente residir está vinculado con la inmediatez y el pragmatismo de la nueva era, en donde se comulga con la provisionalidad.
El nuevo domicilio facultó el asentamiento de una mayor agrupación de individuos, así como también su aislamiento. Estos hechos contribuyeron con el desapego del caraqueño y del nuevo morador de Santiago de León de Caracas. El desenraizamiento de la casa y el desarraigo de su habitante se deja ver también en la descontextualización del lugar que la metrópoli impone a sus edificios35.
En otro orden de ideas, es necesario señalar que las antiguas haciendas agrícolas como La Carlota, Blandín, Ibarra, La Vega, Los Ruices, se transformaron en las urbanizaciones: La Carlota, Country Club, El Paraíso, Los Ruices; y la ciudad se expande para aparecer la Caracas metropolitana, el Área Metropolitana de Caracas (1950), y el petróleo en la economía venezolana. Por otra parte, las constantes migraciones del campo a la ciudad y las dificultades que afrontaron estos sujetos migrantes, como las pocas oportunidades laborales y la complicación de cancelar un alquiler, produjeron cinturones marginalidad en la ciudad.
Dicho esto y de acuerdo con lo observado en el texto narrativo, comienzan a emerger las barriadas caraqueñas y con el devenir del tiempo se multiplican los cinturones de miseria, conformados por las casas de ladrillos rojos y sin frisar, en el mejor de los casos, que bañan los cerros; viviendas en condiciones precarias hechas de latón, madera, láminas y techos de zinc.
Había mucho tráfico en la autopista y nos desviamos por la avenida Sucre, atravesando Catia, que conserva como todos los barrios obreros ese tono entre gris y sucio, ( ) ese aire apresurado de los que esperan un autobús atestado, ese tráfico más virulento, esas fachadas donde los muebles de ocasión y las frutas desbordan los pequeños negocios, rozaban la avenida, y las mínimas aceras contienen una enorme población perdiéndose en la noche hacia las estrechas calles empinadas que se extienden hacia el cerro36.
Es así como con las nuevas moradas urbanas caracterizada por su precariedad, aparecen con el deterioro de la ciudad y de sus zonas. Caracas crece sin organización ni planificación y sus límites son asediados por barrios. Por causa del crecimiento y el cambio morfológico urbano se produce una expansión caracterizada por el modelo residencial individualista que deja de lado el colectivo. Esto provoca una fragmentación y una segregación del espacio que se reorganiza en función de las circunstancias que comprenden las particularidades del estrato social, económico, cultural y étnico de ciertas colectividades.
Pérdida del espacio, ajustes existenciales y sociales del sujeto
Esta concepción de medular surge del clima cultural de la modernización, de la experiencia y la actuación del sujeto. En la producción literaria, la urbe se ve ceñida a los implacables efectos del tiempo para conseguir deconstruir al ciudadano por medio de un espacio desconocido, ocupado y controlado por una población ignorada. En esta situación, los pocos lugares que permanecen en pie son atribuidos a un pasado mejor y lejano.
Como se ha planteado a lo largo del artículo, esta novela testimonia cómo a través del tiempo la Caracas tradicional fue arrinconada en la medida en que la ciudad se extendió más allá de sus límites. Los nuevos espacios disipan el centro, tanto en términos geográficos como simbólicos, ya que la ciudad se globaliza. Por tal razón, la capital de Venezuela se convierte en una representación urbana que encierra un encadenamiento de esperanzas de vida entre sus márgenes que separa a los grupos sociales de los lugares.
Los procesos de renovación urbana, los cambios en su morfología y la división social, devienen en la resignificación de la metrópoli. Trozos de áreas residenciales socioeconómicamente distribuidos en el espacio urbano no se reconocen, pero se apropian de los espacios, guetos amuralladas condicionados para el confinamiento. Originan personajes que van perdiendo la urbe, la relación entre ellos y la calle. No hay vínculo ni experiencia con el mundo citadino, sino por el exilio, la nostalgia por el lugar y por el tiempo pasado. Así es apreciable como todos los actantes de la obra tienen un punto en común, la saturación de melancolía por el pretérito. Son exiliados del tiempoespacio que cubre la circunstancia y el destino.
Cómo arrancar de las paredes el moho de nuestros recuerdos, cómo despegar de los pisos nuestros pasos, cómo evitar que en la lluvia que caía sobre los patios no se confundirán las gotas de otros cielos, cómo impedir que el humo de la cocina no se levantara una emanación una emanación de nuevas existencias, cómo hacer para que nuestros escenarios no fueran invadidos por los gestos y parlamentos de otros actores, que retomaran nuestros textos desfigurándolos a su antojo. Cómo en fin no enredar nuestros pasados y conjurar el peligro de nuevos testimonios, en los cuales los inquilinos y nosotros nos trastocáramos en las retrospectivas37.
En este sentido, la vida cotidiana en la ciudad se convierte en la carencia de no poder contemplar el mundo a plenitud. Se está en presencia de la desmemoria de un tiempo acumulativo que se reescribe a través de cambios temporales instalados en un presente continuo de la novela y el collage de imágenes urbanas.
Toda la ciudad se movía inquieta porque ya no cabía en sí misma entre las montañas, era como una grandísima madre engordada y jadeante, un monstruo joven prematuramente envejecido creciendo dentro de su cuna de niño, desbordada de sus líneas, pintarrajeada en sus esquinas, en sus muros blancos, las pintas de las paredes anunciando las quejas del sistema; «el mundo está loco quiero bajarme», los árboles intentando sobrevivir entre los avisos publicitarios, los jardines minimizados ante el paso preponderante de la autopista que albergaba dentro de sí falsos jardines, estatuas de abandonadas figuras patrias, deshojada la piel de las paredes a fuerza de arrancarle los afiches de propaganda política38.
Caracas se halla fracturada a través de la distorsión y desarticulación de cada uno de los elementos del complejo urbano para engendrar el quebrantamiento de la unidad medular urbana. Por consiguiente, este escenario incita a la práctica de la retrospectiva de la vida y las experiencias de los personajes que están sumidos en la existencia ya ocurrida. Estos tienen su particular forma de entenderse con el presente y el pasado, por lo que crean un rechazo y una fragmentación social producto del estar en una ciudad diferente, a la que no pertenecen. El territorio, en especial el de orden público, no produce encuentros entre los diversos habitantes y sus clases sociales. Son los conjuntos residenciales privados, las casas amuralladas y los edificios cerrados los que incitan este encuentro.
Como se puede apreciar con la mudanza de la familia al Este, al Country Club, se deja atrás la casa del centro de la ciudad, a la que no se vuelve jamás. Es así como la clase pudiente vive en el tiempo y el espacio recordado.
El burgués mira de lado y qué ve, un viejo cuadro de familia, una casa, cuatro ventanas en el centro, y respira, ve del otro lado, y qué hay, una mesa neutra, esa plebe, y se tranquiliza. Entonces a lo casero, llanamente, se sienta y descansa complacido. Es el ciudadano de la ciudad, ni aspira, ni suspira39
No se vive en la ciudad sino en una parte de ésta por la cual se ven obligados a pasar. Sin embargo, los actores llegan a sentir deseos de volver y recuperar lo perdido, lo que trae consigo la meditación nostálgica sobre el tiempoespacio ausente, sobre la infancia irrecuperable y el tiempo mítico que estrecha a los personajes, en especial a la narradora. Ésta permanece en la casa restaurando las piezas del tiempo y el espacio donde el presente depende del pasado y de una memoria que reconoce su apariencia en un sitio desconocido.
Partiendo de este hecho, surge la crisis de identidad, de conexión y pertenencia del personaje que está en una ciudad que fue suya y está dejando de serlo40. Los actores exiliados fueron marginados de la historia política y cultural del país y de las naciones donde se acogieron, y al retornar a la capital de Venezuela se encontraron con un topos diferente caracterizado por el tráfico, la aglomeración peatonal y vehicular.
ERA UN AÑO DE MAYO y no llovía. Yo esperaba salir de la infancia como atravesar una tarde siempre cálida y llena de frutas misteriosas que los adultos y los niños no, abandonar el espacio ahora decadente donde nuevas construcciones han ido progresiva y a veces regresivamente sustituyendo las casas. Edificaciones en algún momento nuevos, en relación a las quintas, fueron a su vez demolidos o transformados en comercios y restaurantes41
En tal sentido, este escenario conlleva al sujeto cotidiano a ser visto en su propio espacio como un desconocido que pierde su sentido de propiedad. No obstante, Caracas existe y representa un espacio de referencia para desear otro, el idealizado y pretérito. Por ende, la ciudad es un fragmento de lo deseable y parte de dicho anhelo.
En resumidas cuentas, la obra nos muestra un tiempo protagonista que junto con la ciudad zambullen a los personajes en la melancolía. Los actores de la novela son exiliados, andan y desandan en un constante ir y venir del ambiente físico, afectivo e idiosincrásico que los rodea. Ellos no pertenecen a ningún lugar y a la vez a todos. De ahí que se presencia la pérdida del sujeto. El destino de los actores se encuentra atado de manera inclemente al tiempo que derrumba la vida de los personajes. Está puesto de manifiesto a través de Caracas y sus dos siglos de circunstancias históricas. Por cuanto las imágenes se suspenden en el tiempo que dilata la distancia entre los contextos de la memoria experiencial, afectiva, anímica e histórica de la familia. Asimismo, se muestra que la infancia es irrecuperable y que el exilio, manifiesto a través del viaje y el retorno, declara la Otredad. Se trata entonces de la perspectiva periférica de la existencia.
Consideraciones finales
Sobre la base de lo expresado a lo largo de la investigación, podemos decir que en El exilio del tiempo, las representaciones socioculturales establecen una expresión relevante para el conocimiento de los mundos simbólicos. Éstas instituyen el orden social y cultural en el espacio urbano, ya que suministran marcos de referencia para traducir las realidades colectivas delimitadas por las relaciones de poder político y de intervención social. De ahí que la obra evidencie el afán por el progreso, el cual produjo la transformación de la ciudad y sus espacios, y desarrolló realidades que representan el cosmos y la personalidad de los habitantes de Caracas.
Por medio de cuatros caras, Construcción, Ampliación, Demolición y Reconstrucción, y Agitación, se connotan significados que despliegan las representaciones socioculturales, las cotidianidades e íntimidades de los personajes a través de las relaciones con el espacio. Este espacio urbano de la obra se caracterizó por ser una construcción social de diferentes escenarios conectados a través de complejos y particulares procesos históricos, políticos, sociales y culturales establecidos a lo largo de los siglos XIX y XX, expresados en las cuatro generaciones de la familia. Así la novela muestra el orden social de Caracas constituido por medio de las relaciones sociales entre los grupos que la conforman. Estos a su vez están caracterizados por la estratificación social basada en primer lugar por la clase social aristocrática, la cual representa la tradición, y, en segundo lugar, por la burguesa la cual representa la nueva clase alta.
Porteriomente, se conformó un orden social cuyo basamento estuvo caracterizado por las diferencias sociales y culturales de raza, hecho que generó una separación entre los caraqueños y los inmigrantes que llegaron a la ciudad. En lo que respecta al plano arquitectónico, surge la distinción entre las casa tradicional, la quinta, el apartamento y las casuchas, de manera que se demarcada la ciudad con fronteras tanto espaciales como de estratificación social y cultural.
En otro orden de ideas, la construcción literaria de Ana Teresa Torres en pleno vínculo con el proceso modernizador, plantea el contacto, la práctica, la interacción y la reincidencia del hombre con su mundo urbano, el cual encauza y determina el comportamiento, las percepciones con el espacio, el tiempo y la memoria cada vez más alejada de la ciudad Arcadia. Tal y como pudimos observar por medio de la familia se transmiten valores que son colectivos y compartidos entre ellos, como por ejemplo los objetos, las viviendas, las costumbres, las grandes galas y fiestas, la música, entre otros aspectos, que construyen a su vez imágenes, nociones y mentalidades respecto a otros colectivos diferentes a ellos.
Por otro lado, la novela ofrece estrategias de textualización de la ciudad que se construyen a través de la historización de Caracas en su espaciotiempo. La historización se expresa en la periodización. Los símbolos urbanos se organizan de acuerdo con la sintonía histórica que propone el texto para dar la idea de ciudad, desde la fundación hasta las primeras señales de pérdida y caos. A través de un sistema de representaciones que, en cada tiempo y contexto social, cambia y se reelabora mediante imágenes, modelos, creencias y valores. A partir esta textualizacion del tiempo, se presentan cuatro caras de Caracas durante finales del siglo XIX y gran parte del siglo XX. Se representa así el proceso modernizador enfocado en el mejoramiento y fortalecimiento de los servicios vinculados a la rama comercial, a la economía, la banca, a la tecnología y a satisfacer las necesidades de los consumidores, es decir, de los habitantes.
Cuando se habla de historización, hacemos referencia a la actividad subjetiva que fusiona el tiempo pasado con el presente y sus saltos temporales. Esta relación tempoespacial involucra su redefinición y reinterpretación como una proyección del sujeto. De esta manera, El exilio del tiempo historiza por medio de los testimonios actanciales que implican un trabajo memorístico y experiencial. Esto suscita la reproducción de nuevas significaciones con relación al tiempo vivido y los conflictos históricos, así como con la ubicación en una historia que representa lo experimentado y perdido por los personajes, quienes la reconstruye para entender su propio presente.
Esta reconstrucción del yo narrador y de la polifonía de voces en la novela es fragmentaria, por ende, recompone las representaciones de la realidad en ejes temporales para reconstruir el tiempo vivido y resignificar la ciudad a través de la configuración del espacio-tiempo-memoria. El tiempo-espacio pretérito a partir de las narraciones personales, de la práctica histórica-cultural y temporal-espacial, ocasiona las reescritura que agrega la trama del hoy y las representaciones del pasado.
Se produce así en el sujeto la pérdida del espacio social y cultural en el que se desarrolla; la adaptación a un medio nuevo; y el esfuerzo por percibirse, descifrarse y relacionarse con las experiencias del nuevo entorno. Esto induce la nostalgia, que reitera el sentimiento de pérdida del espacio y adjudica la segregación. Por ello se configura el imaginario del caraqueño, el cual está representado por identidades colectivas en la forma de percibir y pensar la urbe como el referente idílico y paradisíaco del espacio ya perdido. Es ahí cuando aparece la nostalgia, por medio de la cual se rememora constantemente el espacio-tiempo pretérito en un exilio en murallas de soledad. A propósito de esta asociación entre la ciudad y la nostalgia, se demuestra que el personaje urbano está predestinado a sufrir de nostalgia y esperanza a la vez, síntomas manifestados a través del recuerdo para instituir así los indicios del síndrome urbano.
Finalmente, la obra testimonia a través de la sucesión de historias y la aprehensión de los espacios y objetos, que la imagen urbana de Caracas ha cambiado. Las versiones de los personajes y la percepción de lo material, de lo psíquico, del futuro, del pasado, de lo necesario, de lo innecesario y de lo sagrado; la expresión socioeconómica, sociocultural, socioespacial e histórico-socio-cultural, indican que el discurso de la ciudad se ha transformado. Las cuatro caras trabajadas, la simbolización de la vivienda familiar con el país y sus cambios con el devenir del tiempo, y la tranformación del sujeto urbano, han demostrado que el siglo XIX y las cuatro primeras décadas del XX de Caracas representan su imagen edénica. Por el contrario, a partir de mediados del XX, comienza a surgir el crecimiento desmedido y la anarquía. De modo que a partir de los años 60 y como producto del contexto histórico se evidencia la ciudad dañina y devastadora para quienes la habitan.
En fin, el análisis de la historia torreana expone el habitar en un ambiente social y urbano que exilia y lacera. Por eso, la práctica actancial evidencia que estar en el distrito capital de Venezuela establece los intereses, las frustraciones e insatisfacciones de sus personajes. Estas réplicas experienciales permiten entender las cuestiones espaciales, temporales, históricas y culturales de la capital, asumidas por la transformación del tiempo-espacio, de la relación memoria-recuerdos.
Notas
1 GARCÍA CANCLINI, Nestor, Culturas Híbridas, México, Grijalbo,1991, p. 331.
2 TORRES, Ana, El exilio del tiempo. Caracas, Monte Ávila Editores, 1990.
3 THOMPSON, John. Ideología y cultura moderna. Teoría crítica social en la era de la comunicación de masas. México, UAM-X, 1993, p. 302.
4 Op. cit. p. 185.
5 MOSCOVICI, Serge. El psicoanálisis, su imagen y su público. Buenos Aires, Huemul, 1979, p. 17-18.
6 JODELET, Denise. La representación social: fenómenos, concepto y teoría. Barcelona, Paidós, 1986, 469-493.
7 NICHOLS, Bill, Las representaciones de la realidad, Barcelona, Paidós, 1997, p. 65.
8 VIVAS, Pep, MORA, Martín, VIDAL, Tomeu, ROJAS, Jesús, LÓPEZ, Oscar, VALERA, Sergi, URRUTIA, Eric, GARCÍA, López, Ventanas en la ciudad. Observaciones sobre las urbes contemporáneas, Barcelona, UOC, 2005, p. 93-94.
9 GIL DE ARRIBA, Carmen. Ciudad e imaginación. Cantabria: Universidad de Cantabria. 2002, p. 34.
10 BARTHES, Ronald. Elementos de la semiología, Madrid, Alberto Corazón Editor, 1971, p. 44.
11 ALMANDOZ, Arturo, 2000, p. 134.
12 De aquí en adelante, se utilizarán citas de la obra de: TORRES, Ana, El exilio del tiempo, publicada en Caracas, por Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1990, p. 264.
13 Op. cit. p. 86.
14 Op. cit. p. 83.
15 Op. cit. p. 59.
16 Op. cit. p. 61.
17 Op. cit.
18 Op. cit. p. 67.
19 Op. cit. p. 233.
20 Op. cit. p. 65.
21 Op. cit. p. 146.
22 Op. cit. p. 73.
23 Op. cit. p. 233.
24 Op. cit. p. 131.
25 Op. cit. p. 197.
26 Op. cit. p. 81.
27 Op. cit. p. 197.
28 Op. cit. p.. 129.
29 Op. cit. p. 125.
30 Op. cit. p. 125.
31 Op. cit. p.. 217.
32 Op. cit. p. 199.
33 De Torres, de Ana Teresa Torres.
34 Op. cit. p. 234.
35 ALMANDOZ, Arturo, Ensayos de Cultura Urbana, Caracas: FUNDARTE, 2000, p.67
36 Op. cit. p, 233.
37 Op. cit. p, 134-135.
38 Op. cit. p, 60.
39 Op. cit. p, 159.
40 CORNEJO POLAR, A. Una heterogeneidad no dialéctica: Sujeto y Discurso migrantes en el Perú Moderno, 1996, (Documento línea). Disponible:.edu.pe/modulo/upload/corn.pdfwww.cholonautas (Consulta: 2009, enero, 22) p. 2. 41 Op. cit. p, 59.












