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versión impresa ISSN 1315-9496
Tiempo y Espacio vol.27 no.68 Caracas dic. 2017
Tribu, pueblo y partidos políticos en Mario Briceño-Iragorry
Tribe, people and political parties in Mario Briceño-Iragorry
Laura M. Febres
Doctora en Historia por la Universidad Católica Andrés Bello y actualmente es profesora titular de la Universidad Metropolitana en Caracas, en el Departamento de Humanidades. Fue editora de la Revista Anales de la Universidad Metropolitana desde 2004 hasta el 2015; igualmente ha publicado un importante número de libros, monografías y ensayos para reconocidas editoriales. E-mail: lfebresster@gmail.com
Resumen: Analizaremos en este trabajo las manifestaciones concretas de la tribu, presentes en la descripción de la sociedad venezolana que señala Mario Briceño-Iragorry, además de las conductas e instituciones que pueden ayudarnos, según este autor, a superar esa condición social expresada en dos de sus libros de la década de los cincuenta: Mensaje sin destino y La hora Undécima. Para ello recurriremos a ejemplos expuestos por el filósofo vienés Karl Popper sobre la tribu, a las precisiones del mismo concepto que expresa Mariano Picón Salas para América Latina y a las características de nuestro conglomerado venezolano que expone Ana Teresa Torres en su libro La herencia de la tribu editado en 2009. Dividiremos entonces nuestro trabajo en tres partes: 1) El relato identitario, ingrediente indispensable para la existencia de la tribu; 2) La tribu, el pueblo y los partidos políticos en Mario Briceño-Iragorry, finalmente; 3) La inteligencia, la sabiduría, la moral y universidad, entidad esta última necesaria para superar las estructuras tribales.
Palabras clave: Tribu, pueblo, partidos políticos, universidad.
Abstract: We will analyze in this work the concrete manifestations of the tribe, present in the description of the Venezuelan society that Mario Briceño-Iragorry points out, besides the behaviors and institutions that can help us, according to this author, to overcome that social condition expressed in two of his books of the fifties: Message without destiny and The eleventh hour. To do this we will use examples exposed by the Viennese philosopher Karl Popper on the tribe, to the precisions of the same concept that expresses Mariano Picón Salas for Latin America and the characteristics of our Venezuelan conglomerate that exposes Ana Teresa Torres in his book The inheritance of the tribe edited in 2009. We will divide our work into three parts: 1) Identity narrative, indispensable ingredient for the existence of the tribe; 2) The tribe, the people and the political parties in Mario Briceño-Iragorry, finally; 3) Intelligence, wisdom, morality and university, the latter necessary to overcome tribal structures.
Keywords: Tribe, people, political parties, university.
Recibido: 04-10-2016
Aprobado: 13-03-2017
Introducción
Al cumplirse los 120 años del nacimiento de Mario Briceño-Iragorry nos planteamos estudiar su obra desde una óptica distinta a la ya utilizada en nuestros trabajos anteriores. Encontramos entonces en Mensaje sin Destino y en La hora Undécima sus reflexiones sobre los conceptos tribu y pueblo, aplicados a la sociedad venezolana.
Debemos reconocer en Mario Briceño-Iragorry (1897-muerte) la sincronía con el pensamiento de su época en la que Karl Popper (1902-muerte) en su libro La Sociedad abierta y sus enemigos, expone cómo el comportamiento tribal se opone al crecimiento positivo de las sociedades. De la misma manera el autor venezolano señala claramente como las manifestaciones tribales están reñidas con la formación un pueblo con todos los atributos que dicho conglomerado humano debe tener para constituirse en una nación con objetivos racionales concretos que lo conduzcan a su superación.
No solo los dos pensadores muestran coincidencia con respecto a su fecha de nacimiento ocurrida en un mismo lustro, sino que también las obras que trataremos aquí de estos dos autores fueron escritas en la década de los cincuenta.
Analizaremos en este trabajo las manifestaciones concretas de la tribu, presentes en la descripción de la sociedad venezolana que ofrece Mario Briceño-Iragorry y las conductas y valores que pueden ayudarnos a superar esa condición. Para ello recurriremos a veces a ejemplos de este fenómeno social expuestos por el filósofo vienés, a las expresiones del mismo concepto que utiliza Mariano Picón Salas para América Latina y a las características de nuestro conglomerado humano que expone Ana Teresa Torres en su libro perteneciente ya al siglo XXI, La herencia de la tribu. Dividiremos entonces nuestro trabajo en tres partes: 1) El relato identitario, ingrediente indispensable para la existencia de la tribu; 2) Los partidos políticos, la tribu y el pueblo; 3) La inteligencia, la sabiduría, la moral y la universidad, entidad necesaria para superar la herencia de la tribu.
El relato identitario ingrediente indispensable para la existencia de la tribu
Nosotros, los de mi generación acostumbrados a ver desde muy pequeños los programas televisivos donde los indios luchaban con los norteamericanos, no podemos olvidar la hoguera alrededor de la cual ellos se reunían para escuchar los relatos de su tribu. Luego leímos muchos cuentos de nuestras tribus indígenas venezolanas muy hermosos de los cuales sabemos lo importantes que fueron para la construcción de sus identidades. La tribu entonces necesita un relato. Por ello nos aproximaremos a los elementos que Ana Teresa Torres escoge para caracterizar al discurso tribal de la sociedad venezolana de la primera década del siglo XXI.
No recuerdo haber oído hablar de este concepto a nuestros intelectuales durante la segunda mitad del siglo XX a menos de que fuera utilizado para calificar a nuestras tribus indígenas o para referirse al fenómeno religioso de Las Nuevas Tribus.
Sin embargo estuvo presente en el discurso positivista y en la primera mitad del siglo XX con alguna frecuencia, como podemos ver en esta frase de José Gil Fortoul que contrapone la tribu al Estado y a la nacionalidad, de la misma manera que lo hace Mario Briceño-Iragorry:
En el rebaño domina la necesidad del momento, en la tribu se fija el lazo de parentesco; El Estado se constituye por la unidad del territorio y la analogía de las instituciones; la nacionalidad se caracteriza por la comunidad de historia y la armonía de tendencias intelectuales y morales. (Rojas Osorio, 1997: 293)
También es objeto posteriormente de las reflexiones de Mariano Picón Salas:
No solo en Venezuela con Juan Vicente Gómez, sino también México con Porfirio Díaz, se evidencia cómo la historia nacional se ha puesto en función de los jefes de hordas primitivos que gobiernan con los hombres de su clan. La historia funciona como el prólogo que los aclara y el escenario donde destacan, teniendo así una sofística oficial que hace el intento de justificarlos por medio de ideas simples, puesto que la simple estructura ideológica caudillista demanda ideas poco complejas que no estimulen la alta cultura intelectual (Picón Salas, 1977: 31)
En este sentido Mario Briceño-Iragorry también reconoce la carga irracional que posee el discurso histórico cuando analiza la importancia que tiene Simón Bolívar como figura arquetípica que aglutina las energías del pueblo venezolano e hispanoamericano:
Sin embargo, sobre las cenizas venerandas del Héroe se hacen periódicas protestas de lealtad a sus principios y se colocan burlescas coronas de vistosas flores, como si este culto de beatería compensase la diaria herejía en que incurren los que destruyen con su discurso o su conducta la autenticidad de la misión arquetípica de Bolívar en el cuadro de los valores de América. (Briceño-Iragorry, 1956: 99)
Briceño-Iragorry critica la hipocresía que se ha tejido alrededor de la figura de Simón Bolívar que ha servido a la clase política para lograr mantenerse en el poder como señalaba Picón Salas. Pero además con el vocabulario que utiliza en la frase anterior reconoce que en la atracción que sentimos hacia su figura, existe un culto semejante al religioso que de no ser aceptado, nos expulsa de la tribu y nos arroja al terreno de la herejía.
Ana Teresa Torres en su libro la herencia de la tribu analiza con más detalle en el caso venezolano cincuenta años después, cuáles han sido las características de este relato tribal que ha puesto a la historia al servicio de la tribu gobernante y ha construido una ficción totalizante que promete a nuestra comunidad una sociedad feliz. Promesa que invalida los golpes que la realidad constantemente nos proporciona con su miseria y violencia.
El relato histórico tribal venezolano se caracteriza por:
Una saga de héroes y antihéroes, revoluciones y traiciones, urdida en la coherencia de la ficción. Los hechos, los personajes, sus palabras son los que recoge la historia, pero la estructura que los une es ficcional, o si se prefiere es una organización que los articula de modo tal que produzcan un sentido predeterminado: la lucha del pueblo por su libertad. (Torres, 2011: 264)
Karl Popper nos dice que sacrificar este relato que acompaña toda la estructura afectiva que posee la tribu, le produce al hombre cierto estado de infelicidad que adquiere porque la sociedad abstracta le proporciona un mejor conocimiento objetivo de las situaciones. Abandonar la tribu tiene un precio, que el hombre de la sociedad abierta debe estar dispuesto a pagar, por las ventajas que esta sociedad le ofrece. Sin embargo, los venezolanos parecieran no estar de acuerdo con ese nuevo modo de humanidad.
Esta tensión creada por el esfuerzo que nos exige permanentemente la vida en una sociedad abierta y parcialmente abstracta, por el afán de ser racionales, de superar por lo menos algunas de nuestras necesidades sociales emocionales, de cuidarnos nosotros solos, de aceptar responsabilidades. En mi opinión, debemos soportar esta tensión como el precio pagado por el incremento de nuestros conocimientos, de nuestra responsabilidad, de la cooperación y la ayuda mutua, y, en consecuencia, de nuestras posibilidades de supervivencia y del número de la población. Es el precio que debemos pagar para ser humanos. (Popper, 1957:189)
El abandono de este discurso tribal que se expresa mediante mitos para lograr en Venezuela una sociedad abierta pareciera que no es posible en nuestro país y probablemente en el mundo, Romero (1997) considera una falla grave el desprecio por los factores no racionales (que no deben ser confundidos con irracionales) en las motivaciones sociales. Asimismo:
La vigencia e importancia de los mitos no se evidencia en concepciones limitadas, que les ven simplemente como formulaciones primitivas e irracionales de ideas capaces de expresión racional, o como barreras nebulosas que ocultan la realidad. Tenemos, pues, que los mitos deben ser vistos primordialmente como expresiones acerca de cómo la realidad es asumida por los individuos en la sociedad. Nos vemos en nuestros mitos, y la sociedad se refleja y proyecta en ellos. (Torres, 2011: 276)
En el caso específico de Venezuela analizado por Torres, tenemos un imaginario heroico militarizado que remite constantemente a la Guerra de Independencia:
la memoria, dice Hébrard, comienza a militarizarse. Lo que se recuerda, lo que adquiere valor patrio, es la memoria de los únicos hombres capaces de salvar la nación. Esta valoración, construida durante la Independencia cobra un valor ahistórico, es decir, se perpetúa aun cuando la contienda haya terminado, y para que no termine, los propios militares y los caudillos regionales se encargan de seguir sembrando la violencia que justifique su intervención. (Torres, 2011: 47)
El imaginario ofrecido por la democracia venezolana no fue lo suficientemente fuerte y quedó vacío, por lo que la nueva clase política retornó al pasado independentista para dar un sentido tribal a la vida del venezolano. La sociedad venezolana como toda tribu no podía prescindir de un imaginario que la coaccionara, no estaba dispuesta a pagar el precio de abandonar el mito para alcanzar el camino menos heroico, pero más realista de la racionalidad que Popper señalaba anteriormente.
Mario Briceño-Iragorry enfatiza la necesidad de racionalidad para poder construir una historia, un pueblo y una nación fuerte en Venezuela: Sin la asimilación racional de la historia, el pueblo carecerá del tono que le asegure el derecho de ser visto como una nacionalidad integrada. (Briceño-Iragorry, 1952: 67). Probablemente por ello defiende el carácter civil que para él tiene Simón Bolívar, cuya condición militar es sólo un accidente:
(Hasta el final de su vida gloriosa y aun cuando soportaba el duro ejercicio de la dictadura, Bolívar se mostró devoto de las instituciones civiles y enemigo del espíritu militar. (Carta a O´Leary, septiembre de 1829). En realidad, él no era militar. Bolívar era guerrero. Militar eran San Martín y Sucre. Conductor de tropas a la victoria, jamás cultivo el ocio del cuartel. De vivir hoy, Bolívar sería civilista y amigo del pueblo. (Briceño-Iragorry, 1952: 95).
Nuestro autor no vio la carga heroica y militarista que el relato bolivariano tiene hoy dentro de nuestra historia que lo aleja del territorio de lo racional y que hace exclamar los argumentos de Ana Teresa Torres:
No deja de ser curioso constatar cómo los intelectuales venezolanos de diferentes épocas y orientaciones políticas han insistido en esta depravación de la historia que militariza y heroíza la memoria en detrimento de la civilidad y, al mismo tiempo, en sobradas ocasiones han contribuido a ello. La fábula heroica mitificada requiere de un imaginario tribal monumental dice Rafael Castillo Zapata (2003: 6-7), que es deber fundamental del Estado, en tanto es el máximo representante de esa esencia patria, patriarcal de la nación, y es su tarea mantenerla presente en la memoria colectiva. (Torres, 2011: 51)
La tribu, el pueblo y los partidos políticos en Mario Briceño-Iragorry
Briceño-Iragorry al referirse a una crisis de pueblo, lo hace en términos de un factor que ha impedido el progreso continuo del país así como la conformación de una sólida nacionalidad venezolana. Atribuyendo dicha crisis de pueblo a razones históricas, y políticas no precisamente por referirse a sucesos del pasado, sino por la distorsión que se ha hecho de dicho pasado, Briceño-Iragorry destaca que en vista de que en Venezuela desde su fundación como República no solo se ha rendido culto a las hazañas de los personajes militares en detrimento de los aportes de los Hombres a la historia, sino que cada personaje que llega al gobierno (principalmente por la vía de las armas) busca desdeñar todo aquello que lo precedió, así:
lejos de ser una Venezuela en categoría histórica, nuestro país es la simple superposición cronológica de procesos tribales que no llegaron a obtener la densidad social requerida para el proceso de nación. Pequeñas Venezuelas que explicarían nuestra tremenda crisis de pueblo. (Briceño-Iragorry, 1951: 14)
Briceño-Iragorry menciona a las Pequeñas Venezuelas en relación a la variedad de movimientos, ismos, y otras tendencias, muchas de ellas exóticas o extrajeras, que ha experimentado el país, lo cual le ha impedido crear una consciencia histórica que permita distinguir los intereses particulares de los intereses del pueblo; así los partidos y gobiernos de turno se han fundado sobre proyectos personalistas donde se benefician unos pocos, atentando contra los fines del Estado.
A propósito de la connotación histórica que Briceño-Iragorry le otorga a la crisis de pueblo que sufre Venezuela, éste subraya los peligros de vestir arreos de ángeles a los Padres de la República (1951: 32), pues al cometer el vicio de convertir la historia de estos personajes en leyenda, se ha impedido que estas figuras deificadas se conviertan en arquetipos sociales para el pueblo venezolano en cuanto a sus capacidades para vencer y crear, así ese tono hagiográfico y personalista de nuestra historia no permitió la consolidación de estructuras de pensamiento que le dieran un piso inferior al pueblo para el debate de las ideas políticas en el marco de la nacionalidad y los intereses comunes, por ello en relación al pueblo y la necesidad de partidos políticos, insiste en que la crisis de pueblo, también expresada como una crisis de partidos, está dada por un predomino en nuestra historia de partidos en torno a un personaje y no a una sólida ideología o proyecto de país:
Nuestra política anterior a 1936 había degenerado en política tribal. El viejo cacique que se comprometía a sostener un jefe. Tan caprichosa fue la manera de verse la política, que cuando el general Juan Bautista Araujo, llamado el León de los Andes, pactó con Guzmán Blanco, su partido, es decir, el antiguo partido oligarca que desde Trujillo dominaba la cordillera, se llamó Partido liberal guzmancista araujista. (Briceño-Iragorry, 1951: 37)
Por otro lado, según Briceño-Iragorry el individualismo expresado en la política a través del personalismo, paradójicamente ha devenido en una vocación igualitarista por parte del pueblo venezolano, que si bien es aparentemente verdadera en su intención, no se corresponde con el desenvolvimiento real del pueblo; pues tal noción de igualdad no es vista como un derecho que han de tener todos referente a las oportunidades, sino como una igualdad en cuanto a nuestras facultades, es decir, todos están facultados para hacer todo, y al ser esto así se ha generado un trastornado sentido de autosuficiencia individualista donde el trabajo en equipo es completamente desestimado, por tanto foco de conflicto de semejantes presunciones en las cuales no hay cabida para el respeto de las jerarquías y responsabilidades de cada quién, pero si para la anarquía y los gendarmes necesarios. Trastornada visión que se ha acentuado con la súbita riqueza petrolera:
El mal estuvo, no en que saltase el aceite, sino en la obnubilación que ocasionó en muchos la perspectiva de una brillante mejora en las posibilidades individuales de vida. Esta circunstancia hizo que se pensara sólo en el interés personal de los hombres que caminaban a millonarios y que se olvidasen los intereses del pueblo. Desprovistos los políticos, los negociantes y los abogados del sentido de responsabilidad colectiva que hace fuertes a las naciones, no cuidaron de defender lo permanente venezolano (Briceño- Iragorry, 1951: 76)
Briceño-Iragorry (1951) se refiere a los partidos políticos, en relación a la crisis partidista, a la inestabilidad de las formaciones con tintes sectarios más que ideológicos y populares, como:
Para que haya país político en su plenitud fundacional, se necesita que (...) además del Estado, exista una serie de formaciones morales, espirituales, que arranquen del suelo histórico e integren las normas que uniforman la vida de la colectividad (...) se requiere la posesión de un piso interior donde descansen las líneas que dan fisonomía continua y resistencia de tiempo a los valores comunes de la nacionalidad, para que se desarrolle sin mayores riesgos la lucha provocada por los diferentes modos que promueven los idearios de los partidos políticos. Antes que ser monárquico o republicano, conservador o liberal, todo conjunto social debe ser pueblo en sí mismo. (Briceño-Iragorry, 1951: 36)
Queda entonces de manifiesto, que para Briceño-Iragorry, la señalada crisis de partidos se debe a la distorsión del pasado histórico, deviniendo así en una intolerancia política, expresada en el personalismo político. Si se ha hecho mención a los partidos políticos que giran en torno a determinados personajes, Briceño-Iragorry añade a aquellos que se han formado exclusivamente con fines electorales como las Cívicas Bolivarianas para llevar a la presidencia a Eleazar López Contreras, y a los que se han formado para permitir la continuidad de un sistema de gobierno como los Medinistas bajo el Partido Democrático Venezolano; todos ellos muestra la ausencia de verdaderos partidos políticos en Venezuela. De la misma manera reflexiona Mariano Picón Salas de la relación que existe entre los partidos políticos y la tribu en América Latina cuando exclama:
Así, en muchos países, los partidos tenían distintivos totémicos; se señalaban por el color de las insignias o por los apodos: a Irigoyen se le llamaba el peludo y Alessandri hablaba a su querida chusma. (Picón Salas, 1983: 608)
Para Briceño-Iragorry tal ausencia de partidos políticos, en contraste con la abundancia de efímeras facciones formadas con distintos objetivos ajenos al bien común, está motivada por la negación de la capacidad del pueblo a ocuparse de los asuntos públicos, y por ende de sus derechos políticos, concibiendo por lo tanto a los partidos, como medios para asegurar su cuota en los destinos del estado, y no en organizaciones por medio del cual los ciudadanos se agrupen para canalizar sus demandas ante el Estado:
Ciertos teólogos protestantes fueron muy adictos a la teoría del derecho divino de los reyes, y olvidados del pueblo, hacían pasar de Dios al rey, directamente, la función carismática del Poder. Santo Tomas de Aquino, por lo contrario, reconoció en el pueblo el intermediario entre la Omnipotencia y los agentes visibles del Poder (...) Por ello yo creo en la procedencia del sistema electoral, a pesar de sus imperfecciones. Y aún más: creo en el pueblo de Venezuela, de quienes sus dirigentes han aprovechado, a todo lo largo de nuestra historia, la ignorancia y los demás defecto que sobre él pesan, sin que hayan tomado en cuenta para beneficiarlo, su natural inteligencia y buenos instintos. (Briceño-Iragorry, 1951:.40)
Es decir, de la distorsión del pasado histórico, el personalismo, la subestimación del pueblo, surge para Briceño-Iragorry la intolerancia con la que se desarrolla la política en el país, pues dada las pretensiones de asumir el poder como botín a repartir en pocas manos, todo aquel que compita por el mismo, o se valga de él para el bien común, es una amenaza a atacar, y si es preciso eliminar, así mientras en Venezuela tras la Independencia se ha fulminado mediante un descrédito completo a aquellos vinculados con el pasado colonial español, en Estados Unidos, se conmemora a los caídos del bando confederado de la Guerra de Secesión:
Nada más lúgubre y pesado que la marcha de una comunidad totalitaria, donde no haya comprensión ni tolerancia para los valores contrarios y para las aspiraciones opuestas, y donde, por lo contrario, se imponga una fuerza que quiera la unanimidad del sufragio de las conciencias. Cristo mismo, según interpreta don Juan Manuel en viejo romance, nunca mandó que matasen ni apremiasen a ninguno porque tomase su ley, El non quiere servicio forzado, sinon el que se face de buen talante e de grado. (Briceño-Iragorry, 1951: 51)
Por ello, Briceño-Iragorry resalta el oportunismo existente entre los hombres en torno a las facciones políticas. Desde el punto histórico, como parte de la distorsión del pasado al que hace referencia reiteradamente, señala el uso de la figura de Simón Bolívar, buscando entonces valerse de sus consignas para salir favorecidos de acuerdo a las circunstancias políticas. Es aquello que califica como la acción de grupos tribales, que se conforman como oligarquías en torno al poder político, aun cuando carezcan de facultades para ello, y que haciendo eco de la intolerancia que los caracteriza, verán por la construcción de una opinión publica favorable, o al menos la ilusión forjada de esta, una condición fundamental para el cumplimiento de sus objetivos particulares donde no haya cabida a las demandas de la sociedad vistas como estas críticas. Viéndose esta opinión propiciada con la promesa de beneficios de parte del poder político. En otros términos, Briceño-Iragorry se refiere a los hombres que ejercen cargos públicos sin tener aptitudes solo con el fin de sacar provecho,» dentro de la lógica del ser «político» en Venezuela:
...la política, desprovista del sentido de solidaridad social y de responsabilidad nacional que debiera distinguirla, ha sido para muchos un sistema encaminado a lograr cada quien su parcela de influencia en el orden de la república. El abogado ha de ser político, porque sabe mejor que nadie como un jeme de apoyo mide más que una vara de justicia; el comerciante ha de ser político para evadir impuestos... (Briceño-Iragorry, 1951: 43)
La inteligencia, la sabiduría, la moral y la Universidad para la superación de la tribu
Después de mostrarnos nuestra estructura tribal que no permite la existencia de un pueblo y una nación organizada, Mario Briceño-Iragorry nos señala cuáles pueden ser los caminos para construir un conglomerado social distinto.
En primer lugar reflexiona sobre la inteligencia, término utilizado también por otros autores de su generación como Alfonso Reyes, como cualidad que se opone al relato uniforme de la tribu y que con su luz busca nuevos caminos para el progreso del pueblo. Sin embargo, desconfía del carácter mundano que según él tiene la inteligencia que no proyecta al hombre hacia la búsqueda de un ser supremo y la opone a la sabiduría que incorpora dentro de ella la conciencia de Él. La inteligencia para él es individualista mientras que la sabiduría es altruista.
La inteligencia no atina muchas veces a diferenciar los caminos de Dios de los caminos de Satán. Los caminos de la verdad de los caminos de la mentira. La inteligencia tiene aún luz mundanal. La sabiduría ha superado, en cambio, todo reclamo sensual. La inteligencia frecuentemente confunde el placer, individualista y embotador con la alegría, altruista y luminosa. (Briceño-Iragorry, 1956: 54)
Entonces la sabiduría se encuentra con más frecuencia en el hombre bueno, célula indispensable para el funcionamiento adecuado de las sociedades. Sin él los pueblos no tienen ninguna consistencia y no podrán desenvolverse como tales:
Estos hombres que, a pesar de su poco brillo, son verdadero soporte de las sociedades, han abrevado en otra clase de vertientes. ( )En nombre de esa ley moral, grabada en la propia naturaleza racional del hombre, tienen ellos voz para alzarse contra el proceso que mira en la eficacia de la fuerza el apoyo de todo derecho. Estos hombres buenos no necesitan que se les señale el articulado que sanciona en el orden externo una acción incorrecta, para, ante el temor, dejar de realizarla. Estos hombres cumplen su deber sin pensar ni en penas ni en premios. (Briceño-Iragorry, 1956: 55-56)
La fuerza del bien que ellos practicaban provenía para Mario Briceño-Iragorry de su fuerza racional que se opone por supuesto a la naturaleza irracional de la tribu. En ella el más fuerte ejecuta su voluntad sin cumplir ningún tipo de ordenamiento moral.
La universidad sería la institución en la cual se cultivan tanto inteligencia como la sabiduría y tendría entre sus fines fundamentales combatir los elementos fundamentales de la sociedad tribal. A propósito de la señalada crisis en torno a la política y al sistema de partidos en Venezuela, Briceño-Iragorry (1951) afirma que estas son una de las tantas expresiones de la crisis de pueblo que sufren los venezolanos desde los albores de su etapa republicana, así la crisis que sufre la Universidad es otra de sus tantas expresiones, no obstante, es precisamente en la Universidad, donde Briceño-Iragorry ve la posible solución a dicha crisis de pueblo:
Mientras que otros han labrado entusiastas la viña, nosotros nos hemos mantenido ociosos a la vera del camino. Sin embargo, a los jornaleros que empezaron a trabajar cuando era la hora undécima, les fue pagado su trabajo como si hubieran concertados mientras aún estaba el sol sobre la línea de los horizontes. Jamás es tarde para comenzar el buen trabajo ( ) Somos muchos, muchísimos los que aguardamos el buen aviso. (Briceño-Iragorry, 1956/1988: 191)
El buen trabajo que nunca es tarde para comenzar, para Briceño-Iragorry (1956/1988) es aquel donde la Universidad adquiere un rol primordial dada su vocación natural de formadora de hombres, vislumbrándose en ella un potencial para moldear a los venezolanos a fin de que estos superen la crisis de pueblo que afecta el país en múltiples dimensiones.
Pese a ello, Briceño-Iragorry (1956/1988) no escatima en describir la crisis en la que se encuentra sumergida la propia Universidad, pues aquello forma parte del trabajo por comenzar. Reiterando, que no puede existir pueblo si no hay piso histórico que lo sustente, el llamado primer piso, al igual que la política y los partidos, la universidad ha sido un escenario de la más obscena distorsión del pasado histórico para satisfacer los fines particulares de quienes detentan el poder, de esta manera, para Briceño-Iragorry (1956/1988) mientras la Universidad también ha visto desde sus aulas el desdén hacía el pasado hispánico, reduciéndolo a mero tradicionalismo de corte moralista y desvalorizándolo hasta el punto de negar en él, el germen de la gesta emancipadora; la Universidad en Venezuela cuenta con la particularidad de haber sido sometida a los vaivenes de las modas extranjeras, elogiadas con bombos y platillos aun cuando fuesen copiadas con medianeza. Eran los tiempos del liberalismo laicizante y positivista traído de Francia, hoy la moda pudo haber cambiado pero las pretensiones adoctrinadoras no han desaparecido.
Briceño-Iragorry (1956/1988) afirma entonces que el concepto de Universidad al haber sido distorsionado con fines políticos, viéndose sujeto a los vaivenes administrativos del poder, pierde su esencia como espacio de libertad y tolerancia para el empleo del raciocinio, aun cuando tal distorsión se haga en nombre de la intolerancia contra la intolerancia, o en el peor de los casos, se busca camuflar como adaptación a los nuevos tiempos:
La vieja Universidad, que en los años tormentosos de la Primera República había discutido en balde problemas de tal como el de la tolerancia religiosa ( )asumió la defensa de la tolerancia , se veía atada a nuevos dogmas ( ) la lógica victoria de la libertad terminó por convertirse en desalojo de los valores viejos. Se llegó a olvidar que la excelencia de la tolerancia filosófica reside en tolerar la misma intolerancia de los demás. La tolerancia, desvestida de su esencia razonadora pasó a reinar de manera irracional ( ) y la Universidad, que buscó su natural remozamiento, terminó por ver aniquiladas sus más sentidas y determinantes formas. (Briceño-Iragorry, 1956/1988: 195)
Si se vale del positivismo, Briceño-Iragorry (1956/1988) parece no hacerlo objeto de ataques intolerantes, sino un indiscutible y conocido ejemplo en la historia nacional de una de las corrientes extranjeras adoptadas en el país como una moda cuya implementación encabezada por las altas esferas del poder en nombre del progreso, hace del pasado un anatema; lo hicieron los gobiernos personalistas y sus partidos circunstanciales, buscaron hacer lo propio desde las aulas aquellos comprometidos con las circunstancias para impedir aún más la construcción del urgente primer piso.
Mientras los tradicionalistas no prosperaron en hacer frente a la corriente donde la religión y los viejos valores fueron condenados; según Briceño-Iragorry (1956/1988) los positivistas emplearon todas sus armas contra la filosofía, las viejas letras, y en general contra las humanidades, sacando ventaja del anquilosamiento en la que estas yacían; lograron incluso que se dudara de su utilidad para la sociedad en pensadores como Cecilio Acosta, por no ser tan útiles como los oficios y las ciencias exactas tan vanagloriadas como signo indistinto de la modernidad:
Lógica, lenguas clásicas, gramática superior, antropología, ontología, pondría yo al principio de cualquier curso que intente proporcionar una formación de primer piso ( ) Sin estos ingredientes iniciales se hace difícil entender en forma provechosa el Derecho, la historia, la Política. (Briceño- Iragorry, 1956: 38)
Para Briceño-Iragorry (1956/1988) el problema no está en los esfuerzos por construir escuelas y formas profesionales, sino en los intentos de reducir el papel de la Universidad a una mera formación técnica que es incapaz de brindarle el primer piso al pueblo venezolano, tanto por demagogia como por fanatismo. Se ha promovido en la Universidad un diferenciación entre los buenos y sabios por seguir la corriente, aun cuando lo hagan por moda o intereses particulares contrarios al libre empleo del raciocinio, y aquellos ineptos a los que deben cerrárseles los espacio; se trata de una de las formas más bajas de negar el derecho de la Universidad a unos, y despojar a todos de los valores como encuadre normativo del hombre y de la responsabilidad social con la que tiene el deber de cumplir. Por ello, Briceño-Iragorry (1956/1988) destaca el caso de la enseñanza del Derecho en Venezuela, como ejemplo de una educación desprovista de valores:
En relación con la enseñanza del Derecho, cuya teoría mira a los problemas filosóficos de la justicia y de la ley, ¿se ha preocupado la Universidad por crear de verdad en sus doctores una conciencia de juristas y filósofos? ( ) Se ha visto a universitarios con título de doctores en Derecho hacer la apología entusiasta y semi-histérica de situaciones de hecho que anulan y destruyen los más puros y nobles principios de la legalidad ( ) A los profesionales del Derecho corresponde, por gravedad de disciplina, la orientación de la conciencia jurídica del pueblo. (Briceño-Iragorry, 1956: 5)
La crítica que hace Briceño-Iragorry (1956/1988) a la enseñanza del Derecho, también lo hace para hacer un llamado a la restitución de interés en la justica, ya que, sin noción de justicia tampoco es posible superar las pequeñeces individualistas en ocasiones con sesgo de clase o raza, que permitan conformar una comunidad nacional en Venezuela, donde por las características propias de una comunidad, no solo el político sea responsable ante el pueblo, sino que los hombres sean responsables entre sí; es el auténtico altruismo y solidaridad que civiliza las relaciones sociales y que espanta a la pomposidad, la venganza y el oportunismo como norma social:
Espanta mirar como apenas a la hora de la final desesperación venimos a sentir el reclamo tardío de una solidaridad ( ) Ya Solón hablaba de que el espíritu de justicia sólo existe en comunidades donde los no perjudicados se sienten tan victimas como las meras victimas del daño. Mientras en Venezuela no se modifique esta manera de mirar la relación intrasocial, proseguirá impertérrito el reinado de la arbitrariedad y de la angustia, ( ) empero como expresión de un prurito de considerar indiscutible la opinión propia. (Briceño-Iragorry, 1956/1988: 202-203)
A la penosa ausencia de espíritu de justica que Briceño-Iragorry (1956/1988) observa entre los venezolanos como obstáculo de la construcción del primer piso, se le suma, en medio de la súbita riqueza petrolera, la no menos vergonzosa carrera por el enriquecimiento inmediato, y no siempre licito, que se instaló tácitamente entre los venezolanos como último destino, y si el materialismo frívolo con que se han volcado para hacer uso de la renta petrolera no fuese ya una bajeza de acuerdo a las capacidades y misión del hombre, tal aspiración de riqueza fácil no ha de entenderse como una aspiración colectiva del pueblo venezolanos, sino estrictamente como un deseo que ha de satisfacerse individualmente. Así, Briceño-Iragorry (1956/1988) se refiere a lo que él considera como el olvido de sí mismo de parte de los venezolanos mientras se encuentran cazando fortunas para dar rienda suelta a la pompa, olvido que les impedirá llegar a su destino.
Es allí entonces, donde Briceño-Iragorry (1956/1988) reiterando su llamado de atención a quienes pretenden reducir la enseñanza a la formación técnica desprovista de valores y noción crítica, ve el difícil papel a desempeñar por la Universidad para contribuir a la construcción del primer piso, que sirva de punto de partida para que los venezolanos lleguen finalmente a su destino:
Así la hora sea por demás difícil, la Universidad debe dar a la juventud luces que orienten su derrotero en medio de la profunda oscuridad ( ) Un retorno a las humanidades lógica, ontología, letras clásicas, metafísica- pudiera hacer que las venideras generaciones se desvistan un poco la presuntuosa pompa y, con sentido de humildad generosa, miren más hacia la deficiencia colectiva (Briceño-Iragorry, 1956/1988: 204)
En líneas generales, el presente trabajo permite acercarnos a los pensamientos de Mario Briceño-Iragorry y otros autores del siglo XX y XXI, principalmente a la idea de tribu y sus manifestaciones en el discurso histórico y como pueden ser desenmascarados por la inteligencia, la sabiduría y la buena práctica universitaria fundamentada en las humanidades con sentido de humildad generosa.
Fuentes
1. Briceño-Iragorry, M. (1951/2004) Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo. Caracas: Monte Ávila Editores. [ Links ]
2. Briceño-Iragorry, M. (1952). Mensaje sin destino. (Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo). Caracas: Editorial Gráfica, S.A. [ Links ]
3. Briceño-Iragorry, M. (1956/1988) La hora undécima. En Mensaje sin destino y otros ensayos. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho. [ Links ]
4. Briceño-Iragorry, M. (1956) La hora Undécima. Madrid, Ediciones Independencia. [ Links ]
5. Picón Salas, Mariano. (1977). Independencia e Independencia en la Historia Hispanoamericana. Caracas: Consejo Nacional de la Cultura Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. [ Links ]
6. Picón Salas, Mariano. (1983). Viejos y nuevos mundos. Caracas: Biblioteca Ayacucho. [ Links ]
7. Popper, Karl. (1957). La sociedad abierta y sus enemigos. Buenos Aires: Editorial Paidós. [ Links ]
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9. Torres, Ana Teresa. (2009). La herencia de la tribu. Caracas: Editorial Alfa. [ Links ]












