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Revista de Ciencias Sociales
versión impresa ISSN 1315-9518
Revista de Ciencias Sociales v.15 n.2 Marcaibo jun. 2009
Ensayo filosófico sobre educación superior y humanismo
Córdova López, Edgardo*
* Doctor en ciencias de la Ingeniería Industrial y Académico e investigador del Instituto Tecnológico de Puebla y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, fundador de la AMETRIZ y especialista en Innovación sistemática en tecnología y en educación. México. E-mail: ecordoval@yahoo.com
Resumen
La educación superior, como premisa esencial para el desarrollo cultural, social y científico de un país, puede ser determinante para lograr el objetivo de algún día vivir en una sociedad justa y libre, los grandes pedagogos y filósofos se recuerdan como ingenuos idealistas que no vale la pena atender y pocos reflexionan en la posibilidad de que éstos hayan realmente ofrecido las claves para el crecimiento de nuestra sociedad. Lo que está en juego no es sólo el bienestar individual y colectivo, sino el porvenir de la civilización y la perennidad de la raza humana, ya que una persona consciente puede alcanzar grandes logros e impactar en el bienestar de los demás gracias a un humanismo verdadero. Mientras que una persona mediocre puede detener su desarrollo y el de la sociedad si no encausa bien sus esfuerzos, por eso la educación debe considerarse una acción estratégica para emprender cualquier objetivo elevado y digno de alcanzar, sea a través del currículo de carácter ético-espiritual o de un proceso de innovación sistemática en el currículo que actualmente se tiene.
Palabras clave: Currículo, Educación superior, innovación sistemática, sociedad, humanismo.
Philosophical Essay on Higher Education and Humanism
Abstract
Higher education, as an essential premise for the cultural, social and scientific development of a country, can be a determining factor for achieving the goal of one day living in a just and free society. The great pedagogues and philosophers are remembered as ingenuous idealists who are not worth listening to and few people think about the possibility that they have really offered keys for the growth of our society. What is at stake is not only individual and collective well-being, but the future of the civilization and the continuity of the human race, since a conscious person can reach great achievements and impact the well-being of the others thanks to a true humanism, whereas a mediocre person can detain his own development and that of society if he does not channel his efforts well. That is why education must be considered as a strategic action for undertaking any elevated goal that is worthy of being reached, whether through an ethical-spiritual curriculum or through a process of systematic innovation in the current curriculum.
Key word: Curriculum, higher education, systematic innovation, society, humanism.
Recibido: 07-10-22 Aceptado: 09-02-04
Introducción
El currículum en la educación superior es hoy uno de los retos más delicados para filósofos y educadores y representa una de las problemáticas sociales más inadvertidas Al parecer las asignaturas tradicionales no responden a las verdaderas necesidades humanas. No hemos logrado aún vivir en armonía con nuestros semejantes y no hemos conseguido la felicidad. Los crímenes siguen acaparando los encabezados de los periódicos y la enfermedad sigue siendo un problema humano grave y al parecer creciente pues los hospitales cada vez son más grandes e insuficientes.
Los intereses se han encausado al desarrollo de la economía y a la globalización y se ha logrado ya trascender los niveles tradicionales de producción y excelencia industrial, pero no se han visto resultados en el individuo o en la familia, nuestra sociedad ha entrado en una confusión de intereses: Por un lado está la faceta señalada por los intereses de los grandes consorcios, suficientemente conocidos y criticados, que mueven el capital así como los Gobiernos encubridores de la mayoría de las naciones del mundo.
Por el otro, está el crecimiento individual que a nadie parece interesarle, no hay hasta ahora una conciliación entre estos dos conceptos tan abstractos como reales: economía y valores, la educación parece ser la única alternativa para mediar entre estos dos polos que parecen inconciliables. El problema de fondo parece ser que no existe una política educativa clara, coherente y por supuesto, implementable. ¿Hasta cuándo debemos esperar para empezar a construir una nueva sociedad, un nuevo ser humano que viva la excelencia y no sólo la genere a cambio de ilusiones? ¿Cómo debemos proceder para alcanzar la armonía y la felicidad sin sacrificar las comodidades que nos ofrece el desarrollo tecnológico? Éstas y otras preguntas permanecen como un reto para los científicos sociales y sin embargo, la labor de éstos es irrelevante en comparación con quienes producen desarrollo financiero y estrategias para fortalecer la hegemonía tecnológica y política.
1. Educación y producción
Se tiene la convicción, casi generalizada, de que la Educación formal (principalmente en el nivel superior) está plenamente justificada cuando se orienta al mejoramiento, tanto en cantidad como en calidad, del sistema productivo de un país; a pesar de que la Universidad y la Industria son universos muy diferentes en cuanto a objetivos, lenguaje, valores, organización y percepción del tiempo (Solana, 1980:6). Es por ello que se ha asociado el crecimiento de México, Colombia y Chile en Latinoamérica y, en general, de cualquier país desarrollado, con una estrecha vinculación entre la Universidad y la Industria. En los países altamente desarrollados, esta vinculación es ya muy natural; el desarrollo de una implica el desarrollo de la otra, son experiencias complementarias: estudio científico y tecnológico significan desarrollo, que no es otra cosa que poderío económico y que, hoy por hoy, sigue siendo el principal parámetro para clasificar a las naciones (Córdova, 1997).
México, país líder, al menos en un contexto latinoamericano; se ha caracterizado por su humanismo, acaso legado valioso de nuestros ancestros. Por ello, tal vez, ese rechazo natural al estudio mecanizado y enfocado a la producción industrial. Hace mucho que se induce al hombre moderno a tener una visión economicista de la historia y del futuro. Este sometimiento de lo humano a lo económico empieza a provocar en el ámbito mundial resultados catastróficos (Solana, 1980: 8). Es necesario -a pesar del mundo globalizado que demanda una respuesta directa e innovadora en relación con la ciencia y la tecnología-, volver a los objetivos originales: aquellos que hicieron que la escuela, como institución rectora de la sociedad, llegara a existir, aquellos que enseñaron Aristóteles, Rousseau, Dewey y Kant entre tantos otros; al menos socializarlos, colocar al ser humano como elemento prioritario, por encima de las máquinas.
Nuestra producción ha crecido en los últimos años, pero este crecimiento no ha permitido aún cambios significativos para el bienestar humano y la justicia social; persiste la pobreza, la carencia de alimentos y de vivienda; sin embargo, se ha incrementado la delincuencia y la paz social se ve, más que nunca, seriamente amenazada. No podemos seguir midiendo el mejoramiento de una sociedad sólo por el número de productos y de servicios que se ofrecen para su consumo (Córdova, 1997).
Si entendemos el desarrollo como la capacidad de las personas para elevar, individual y colectivamente, la calidad de su vida, la educación cobra la prioridad que le corresponde entre las acciones que realiza el Estado moderno.
Si continuamos creyendo que los objetivos del sistema industrial se ajustan a la vida, entonces nuestras vidas completas estarán al servicio de tales objetivos. Tendremos o se nos permitirá tener, cuando convenga a esos objetivos. Todo lo demás estará fuera de lugar (...). Si, por el contrario, el sistema industrial es sólo una parte de la vida, existe mucho menos lugar para la preocupación. Los fines estéticos tendrán preferencia; quienes lo sirvan no estarán sujetos a los fines del sistema industrial; sino que éste estará subordinado a los objetivos elevados del hombre y sin duda, habrá más oportunidad de descubrir el humanismo del que hablamos (Kenneth, 1981: 113).
Se trata de cumplir prioritariamente con los objetivos humanos, sin descuidar aquellos que nos permitirán vivir dignamente como nación. De hecho, sería muy razonable pensar que cuanto mejor sea nuestro nivel de vida en el sentido estrictamente humano, mejor podremos enfocar las actividades destinadas a producir, ya sea incrementando bienes o mejorando servicios. Ciertamente, al priorizar la formación humanista se promueve la formación de un mejor profesional, porque se atienden los aspectos más importantes (...) del quehacer de cualquier profesión: habilidades básicas y valores (Rugarcía, 1994: 46).
Son lamentables los cambios que se han producido y se siguen produciendo en la Educación, estos cambios han supuesto un incremento en los conocimientos científicos y una disminución de los contenidos que se clasifican como humanistas; basta revisar los planes de estudios de hace algunas décadas y compararlos con los actuales, sobre todo a partir del nivel medio superior y superior. Sin embargo, no podemos estar seguros de que estos cambios en los planes de estudio hayan sido las causas de la aparente decadencia social en que parecemos vivir; pero de lo que sí podemos estar seguros es que la formación humanista y la cultura clásica han tenido una importancia enorme en el desarrollo de Occidente (Duval, 1983: 17).
2. Currículo humanista e Innovación
La degradación de la enseñanza, que según muchos se produce en nuestras sociedades, se podría polarizar con una vuelta a la enseñanza de las humanidades. Esta hipótesis parece aventurada, pero cobra fuerzan cuando vemos que la educación mecanicista y mecanizada no ha agregado significativamente valor a nuestras vidas, si acaso unos pocos viven con menos pobreza. Naturalmente, habría que reunir a los mejores pedagogos y científicos de la educación para diseñar un currículo congruente con lo que queremos como nación para un verdadero desarrollo y no un desarrollo ficticio, seductor por sí mismo: el de los capitales de pequeñísimos sectores de la sociedad. En los últimos años, se ha intentado humanizar el currículum, pero sin cambios trascendentes en los planes y programas de estudio y sin ninguna capacitación del personal docente.
Es necesario enfatizar que los cambios no vendrán de manera mágica o por decreto, sino de un proceso didáctico inspirado en las enseñanzas de los grandes filósofos de todas las épocas. Ahora se intenta contribuir al desarrollo trascendente a partir de un proceso sistemático de innovación; es decir, que las universidades y en general que la escuela, como institución primordial de una nación, transmita no sólo conocimientos y habilidades enfocadas a un crecimiento individual y de la sociedad, sino que el currículum esté diseñado para asegurar siempre la función útil de cada uno de los elementos que conforman un sistema social y buscar a cualquier precio lo que Altshuller llamó el sistema ideal que es ciertamente utópico, pero inspira a implementar acciones concretas que permiten ese humanismo que buscamos y que pocas, muy pocas instituciones lo intentan (Altshuller, 1997).
Aun la enseñanza de las matemáticas, que se ha convertido en la base de todo tecnicismo, se debe concebir como un concepto filosófico De hecho, tradicionalmente así ha sido. Actualmente estos conocimientos se enseñan de manera mecánica y superficial, porque es más rápido y más útil para el fin deseado. No aportan valor al pensamiento lógico y a la capacidad creadora o de abstracción que todo ingeniero requiere. Tal vez, por ello, el rechazo natural de la inmensa mayoría a su aprendizaje; lo mismo se puede decir del resto de las ciencias exactas y de las ingenierías, que tiene como principal herramienta a las matemáticas que según vemos carece hoy de la esencia humana requerida.
Es cierto que la educación como actividad humana tiene sus limitaciones. Sin embargo, el Estado debe hacer explícito los propósitos y alcances deseables en cuanto al tipo de hombre (y de mujer) y la clase de sociedad que se propone fomentar a través de la educación y así diseñar toda una estrategia educativa. Es decir, el Estado debe cuidar que la educación cumpla con los preceptos de pertinencia, congruencia y validez de los que se habla tanto en los medios académicos.
De hecho, la mayoría de las carreras técnicas ostentan entre sus principales objetivos la siguiente leyenda: Formar egresados capaces de desempeñarse en el mercado laboral, con calidad profesional y humana en la profesión para la que se prepararon Aunque resalta la idea de desempeñarse en el mercado laboral o sea, que responda a unas necesidades inducidas, también acierta al establecer que esto lo debe hacer con calidad profesional y humana. Este párrafo, que más bien cumple con un requisito de políticas nacionales, no es relevante para casi ninguna de las empresas que buscan contratar a un nuevo profesional. Hay aquí dos conceptos difíciles de entender: Calidad y humana: el primero, ya muy contaminado con los nuevos paradigmas de producción industrial, que responde a necesidades de un cliente que puede penalizar a su proveedor con no aceptar su producto y el segundo, que no tendría objeto mencionarlo si no fuera porque se da por hecho que la educación ofrecida es ajena a todo tipo de humanismo (Córdova, 1997).
La descripción de un hombre ideal y el perfil de una sociedad que posea todos los rasgos deseables para el desarrollo de tal tipo humano se ha intentado muchas veces a lo largo de la historia del pensamiento ético y político (Hierro, 1983: 9). En cuanto al proceso pedagógico a elegir para conseguirlo, siempre se ha fracasado y no queda sino clasificar esa intención tan sublime como una utopía más. Quien propone un nuevo sistema educativo que se salga del contexto empresarial y laboral o que intente romper los paradigmas en los que nos encontramos inmersos se clasifica invariablemente de idealista y sus propuestas sólo quedan como referencias literarias para trabajos académicos de otros idealistas. Sigue arraigado ese concepto trivial pero efectivo de quien paga, manda.
La innovación parece tener validez sólo para el desarrollo tecnológico, pues es aquí donde radica el motor de la economía y del llamado progreso. Pero una propuesta innovante en el campo educativo, provoca escándalo, sobre todo si ésta violenta los objetivos implícitos del Estado. La innovación por sí misma es subversiva y atemoriza a quienes buscan alcanzar niveles altos en la sociedad. Se ha demostrado que todos los conocimientos ofrecidos en los primeros 8 o 10 años de escolaridad podrían ser adquiridos en dos o tres años para cualquier persona de 14 o 15 años. Esto permite pensar que un gran porcentaje de estos conocimientos son inútiles y carecen de sentido en una sociedad sana, pues no forma al ser humano para ser un buen ciudadano ni para ser feliz, ni agregan valor cultural.
Por ello, se ha estimado que el costo de la educación es exagerado, sobre todo si consideramos que el Estado no recibe el beneficio directo de esta educación enfocada a la productividad y al desarrollo de la economía. Reformar el currículo se torna aún más urgente cuando vemos profesionales con un título universitario, de escasa cultura, sin hábitos de lectura y sin deseos de adquirirlos. Lo más lamentable es que nunca podrán adquirir estas bases esenciales para el bienestar, pues una vez incorporados al mundo productivo, el sistema está diseñado para que nunca tengan tiempo de atenderse a sí mismos y salir de este subdesarrollo cultual.
Es el mismo régimen de esclavitud de antaño, la única diferencia es que ahora se disfraza con un salario y con unas prestaciones decretadas justas y declaradas legítimas, el único ideal alcanzable se reduce a un futuro incierto y remoto, habrá que esperar 30 años o más para que el ser humano esté en condiciones de atender su nivel cultural y de bienestar y vivir con ciertas libertades o sea para priorizarse a sí mismo. Lo irónico es que esta misma ignorancia de la que hablábamos reduce las probabilidades de alcanzar la edad de jubilación en buena salud y en buen ánimo para la superación. Casi siempre las personas mayores se convierten en una carga costosa e indeseable para el Estado.
3. El papel de los filósofos en educación
El hombre libre en una sociedad justa es el ideal que han sostenido los filósofos como punto de referencia; se ha puesto ya el dedo en la llaga y se ha formulado incluso la descripción del problema, del enorme problema a atacar en un mundo cuya historia está colmada de guerras y crímenes de todos los órdenes. Sólo ha faltado que alguien venga y describa la metodología adecuada (sospechamos que está por encima de nuestro humano proceder en los actuales momentos). Makárenco se aproximó mucho con sus experiencias educativas ¡hace más de un siglo!, Montessori, que aun ahora se tienen dificultades para comprender su propuesta de educación interactiva -y permitir que el niño aprenda según su propia naturaleza de libertad y de contacto con su medio ambiente- casi representa un modelo que deberíamos seguir como política educativa y qué decir de Rousseau y de Comenio, y de otros grandes en el arte de educar. Hasta ahora nos hemos empeñado en que la escuela sea la institución más odiada por niños y jóvenes, los programas están impregnados de adiestramiento y conocimientos inútiles y por tanto, rechazables por cualquier mente sana. Por ello, a pesar de los grandes pedagogos, no se ha visto un resultado halagüeño hasta el momento, ni uno solo que haya dado resultados perdurables, en el que se pueda hablar de logros concretos de un sistema educativo (Hierro, 1983: 11).
Si pensamos en los conceptos primitivos de educación que están impregnados de contenido filosófico; tenemos que aceptar que son vigentes a pesar de la Revolución Industrial que trajo nuevos horizontes y contaminó a la educación con nuevos fines y contenidos y sobre todo a pesar de nuestro incipiente siglo XXI que tanto progreso promete, progreso que se basa fundamentalmente en logros técnicos y poder económico empresarial.
Desde la época de Platón se tenía claro el fin primordial de la educación: la felicidad del mayor número de seres humanos y para conseguirlo se proponía un conjunto de conocimientos, habilidades y actividades a desarrollar a través de disciplinas encausadas a elevar las virtudes humanas a un nivel casi de excelencia. Con este sistema se garantiza un ser humano bueno o un buen ciudadano donde no haya lugar al desorden social. Este fin tan elevado y que bien podría denominarse el fin humanista de la Educación lo comenta ampliamente Heidegger en su célebre Carta sobre Humanismo (Heidegger, 1968: 76) y va aún más lejos, lo hace fundamento de la Metafísica, la cual busca determinar la esencia del hombre, que es algo más trascendente que su presencia, bastaría decir que busca impactar a la existencia; por ello, tal vez, Freire señala que humanizarse agrega valor a la existencia humana; podríamos hipotetizar que humanizarse es el único valor de la existencia humana. Un valor poco apreciado por quienes financian la educación y contratan a los egresados de las universidades. Un valor poco visible en un mundo donde imperan las máquinas y sus capacidades de producción y sólo importa la habilidad manual de quienes las operan (Córdova, 1997).
Hasta hace poco tiempo se ha descubierto un recurso increíblemente valioso que ha estado subvaluado y ocioso en la mayoría de las empresas y es el llamado capital intelectual, se ha asegurado que es de hecho, el principal activo de una empresa y ahora es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso en una organización. Por ello, las empresas progresistas exigen una cierta formación; sin embargo, los conocimientos técnicos nunca han resuelto nada importante por sí mismos. La mayoría de los problemas técnicos tiene un fondo pernicioso y lamentablemente con repercusiones humanas que resulta extremadamente difícil de observar e imposible de corregir.
4. Política y Educación
Quienes tienen vocación genuina para la educación, a cualquier nivel, tienen que enfrentar una lucha constante contra todo un sistema que prioriza una política educativa ante una didáctica humanista. La política educativa de las universidades explícitamente debe cubrir tres planos: el nacional, el de la civilización y el universal, los cuales se combinan y superponen de manera diferente y en proporciones desiguales. Con la política educativa nacional, la educación es sólo un instrumento del Estado que demanda formación de profesionales dóciles para cubrir las necesidades del país, o sea, aquellas que el grupo hegemónico necesita para mantenerse como tal y esto puede variar de un sistema de gobierno a otro.
El plano de la Civilización. Por ahora, esto es sinónimo de Cultura occidental, industrializada e industrializadora y siempre progresista, entendiendo este progreso como un continuo descubrimiento de la calidad, de la rapidez y de la mercadotecnia, en otras palabras, de la economía y de la riqueza como único ideal válido.
Finalmente, la Política Educativa Universal es aquella que nos impone nuestra propia naturaleza y que hemos tenido que descubrir gradualmente, su fin es muy sencillo pero muy trascendente: hacer evolucionar nuestra conciencia, es decir, la educación humanista (Hierro, 1983: 66-67). Conciliar estas tres políticas educativas no es tarea fácil. Por ejemplo, al Estado no le conviene una educación totalmente humanista, porque ésta no le ayuda de manera tangible e inmediata a resolver sus problemas de deuda, de subdesarrollo, de hambre, etc. porque cuando los resultados de esta educación se reflejen en la sociedad y en los ciudadanos, ya serían otros los gobernantes que podrían presumir estos logros (Córdova, 1997).
5. Educación humanista
Sin embargo, no sería muy complicado probar que para un desarrollo armónico de una nación bastaría con una educación eminentemente humanista. Ya que la mayoría de los problemas que aquejan un país es el resultado de no tener una clara identidad como seres humanos. Con una educación humanista no existirían problemas de corrupción o de narcotráfico o de otros crímenes y por lo tanto no existirían problemas económicos. No se trata de implementar en una sociedad, el pensamiento de Platón o la Ética aristotélica, sino de buscar el resultado de una actitud consciente y responsable.
Al parecer la autodisciplina es fundamental para estos propósitos, no la disciplina del cuartel (ésta no es efectiva porque es impuesta), la autodisciplina es la que nos imponemos nosotros mismos antes de esperar a que otros la adopten, para ello requerimos de verdaderos maestros, no de aquellos que saben cumplir con sus planes y programas o incluso aquellos que son ejemplares; sino de aquellos que son capaces de inspirar al alumno y en este caso habría que decir al discípulo, para llevar una vida más ordenada y digna, enfocada a un gran ideal: Construir una nueva sociedad que permita una convivencia armónica entre las naciones, ¿cuál es la metodología?, Al parecer ésta no es transmisible como los conocimientos, no es definible como los conceptos ni tangible como los hechos; sino que es una VERDAD y como todas las verdades deben descubrirse, deben vivirse, debe realizarse y puede que no sea única, al parecer, el ejemplo es su mejor didáctica. El maestro que sólo ofrece conocimientos, aunque lo haga bien, es incompleto (a menudo puede llegar a ser nocivo), ya no basta cumplir con los programas de estudio, se requiere generar una actitud que repercuta en esa nueva sociedad, en la que soñó Platón, Aristóteles, Rousseau, Kant y tantos otros (Córdova, 1997).
Se ha establecido que hemos entrado ya a la era del conocimiento, nos ha costado caro descubrir este nuevo paradigma. La era de la agricultura ya la hemos trascendido, después, hicimos un poco de esfuerzo para asimilar la era de la industrialización y hoy se habla de una nueva etapa, la del conocimiento que es prometedora y luminosa y ya ha empezado a dar frutos (Valdez, 2000). Pero si analizamos fríamente, descubrimos que se trata de un conocimiento mezquino, el conocimiento de la productividad empresarial que sólo beneficia a unos cuantos. Estos conocimientos no han transformado a nadie, se puede ser un erudito en cierta área y ser al mismo tiempo, un vicioso, un ambicioso, incluso un ladrón. Cuántas veces se han usado los conocimientos para ponerlos al servicio de las empresas contaminantes o fraudulentas o incluso de la guerra misma?
Es necesario conquistar la era de la sabiduría, en donde la vivencia del conocimiento repercuta en un ser humano feliz, en una sociedad saludable, en un mundo sin guerras, en un mundo donde la convivencia armónica sea posible, la era en que no tengamos que sufrir para producir, en que nuestra conducta sea esencial y que sea el principal parámetro para evaluar la cultura de un individuo. Podría parecer algo utópico pero antes de emprender acciones concretas encausadas a esta nueva cultura se requiere en primera instancia tener una referencia ideal, es decir, necesitamos soñar con la sociedad y el tipo de educación que urge implementar. La educación parece ser el único camino; el ejemplo, la única didáctica y la escuela, la principal institución del Estado. El currículo tiene que transformarse y priorizar la educación para la vida, antes que el adiestramiento laboral y romper así con la inercia psicológica, o sea con ese fenómeno que nos arraiga a ver y hacer las cosas como siempre se han visto y hecho, a eliminar el temor al cambio y a luchar por lo que conviene a la colectividad (Córdova, 2002).
6. Reflexiones finales
Habría que reflexionar seriamente si vale la pena enriquecer los planes de estudio, sobre todo de las carreras llamadas técnicas, no con asignaturas de carácter humanista, sino con experiencias humanistas, encausadas a desarrollar habilidades y valores en lugar de conocimientos sólo aplicables a campos productivos que, a menudo, no colaboran mucho en el desarrollo del país. Porque tendríamos que entender que el desarrollo de un país es el resultado del desarrollo de cada uno de sus habitantes. Esto sería posible a través de un currículo implícito humanizador, sin alterar del todo el fin y las políticas educativas de la educación formal.
Los educadores del futuro tendrán un gran reto, el de lograr que con la educación formal se garantice una sociedad libre, entendiendo esta libertad como la entendió Platón, Rousseau o Freire; es decir, que los seres humanos se desarrollen bajo un concepto de virtud y dignidad, combinado con un ferviente deseo de servir a la patria a través de la Instituciones o de la Industria, que también deberán cambiar sus paradigmas y lograr una congruencia con la nueva sociedad que se pretende. Estamos hablando de hecho, de una educación impregnada de espiritualidad4 entendida ésta como un conjunto de valores humanos que facilitan la comprensión de la vida y las acciones que llevan a la felicidad.
Es necesario concebir al éxito de una manera diferente al del hacer-tener que es lo tradicional en un currículum educativo ordinario. En cambio si concebimos al éxito como la capacidad de SER, ya hablamos de un curriculum progresista e innovador; es decir, dejar de enseñar al futuro profesional que el éxito depende de su capacidad de hacer y de tener, esto desemboca casi siempre en competencia, ambiciones y corrupción. En cambio el SER es algo genuino, el individuo busca ser feliz, ser original, ser útil, ser cooperativo, ser innovador, en fin, ser sabio y sobre todo, SER él mismo y esto lo haría más apto y productivo para desarrollar concientemente cualquier actividad empresarial o tecnológica sin implicaciones nocivas para la sociedad. Así, la Escuela, como principal Institución del Estado, buscará los objetivos humanistas como principal prioridad, que coloquen al ser humano realmente como principal beneficiado de la misma.
Sin embargo, pareciera que antes de que veamos estos anhelados logros, es necesario que ocurran los desastres y las crisis sociales que ya consideramos naturales, propias de los errores que hemos cometido y que tienen su origen, sin duda, en que las principales decisiones educativas no las toman los educadores o los filósofos, sino los políticos que, sin ser totalmente ignorantes, defienden con frecuencia intereses ajenos a la colectividad.
Notas
1. Altshuller. Científico ruso, creador de TRIZ, acrónimo ruso de Teoría de Resolución de Problemas de Innovación, es todo un sistema para innovar de manera sistemática no sólo en la tecnología sino en aspectos sociales o educativos.
2. Pitágoras hizo de las matemáticas toda una filosofía y un estilo de vida eminentemente humano.
3. En su célebre Poema pedagógico Makarenco relata sus experiencias educativas con los jóvenes delincuentes, logró establecer un modelo que sirvió como modelo para la formación de lo que llegó a ser la Unión Soviética.
4. Espiritualidad no implica religiosidad, la religiosidad se apoya en dogmas y creencias que a menudo se oponen a un proceso evolutivo deseado. La religiosidad es una experiencia interna que cada individuo decide cultivar y practicar según su propia manera de concebir la vida, una persona espiritual puede alcanzar un nivel elevado de religiosidad, sin dogmas ni ataduras y con una verdadera conciencia del SER. Los espirituales son los mejores religiosos.
Bibliografía citada
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