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Investigación y Postgrado
versión impresa ISSN 1316-0087
Investigación y Postgrado v.16 n.2 Caracas oct. 2001
EL ENSAYO Y SUS INMEDIACIONES
Raúl Millán
(UPEL-IPC)
1. Se sabe que la literatura es un sistema de signos lingüísticos con una función distinta de la función del lenguaje práctico. La literatura existe allí donde la palabra no se limita únicamente a enunciar o informar. Antes bien, los discursos literarios exigen la interpretación del receptor por su carácter de ficción o su mera ambigüedad . La creación literaria es consubstancial al hombre desde el momento en que éste adquirió la facultad del lenguaje articulado. Al principio, se trataba de cantos y recitaciones circunscritas a los aspectos mágicos, religiosos o cotidianos de la vida, aprendidos de memoria y transmitidos de viva voz. Luego la oralidad dio paso a la fijación escrita, permitiendo el desarrollo de la gran epopeya, la lírica y el teatro, y más tarde el desenvolvimiento del cuento y la novela. La comunicación lingüística que se manifestaba oralmente o por escrito en el terreno de la narrativa, la lírica o el drama y en la que la intención artística predominaba por encima de cualquier otro tipo de finalidad, constituía la obra literaria. Estas tres clases de obras, distintas por su naturaleza, aunque sin excluir la posibilidad de mezclas, determinaban, en líneas generales, la división de la literatura en tres grandes géneros. La función estética del lenguaje está presente de modo dominante en esos tres modelos de obras pero puede existir también fuera de ellos y no está destinada a representar solamente las libres creaciones de la fantasía y el sentimiento. Sin duda, el carácter artístico proviene de la intención del autor, más el lector - o la comunidad de lectores - puede atribuirlo asimismo a obras concebidas con fines diferentes: políticos, filosóficos, religiosos, históricos, científicos, etcétera. Nacen entonces otros géneros literarios autónomos como el ensayo, cuya finalidad es poner a prueba el entendimiento.
2. Llámase género literario a cada uno de los grupos en que se clasifican las obras atendiendo a sus características comunes. En esencia, el término se centra en los procedimientos compositivos de los textos (llamamos texto a la última forma de organización lingüística caracterizada por la coherencia de sus partes) que se repiten en un largo proceso de desarrollo y permiten clasificar las producciones literarias en tipos y subtipos relativamente homogéneos. Las epopeyas, las tragedias y las odas, exempli gratia, son percibidas como objetos literarios diferentes en atención a su idiosincrasia textual. Estos productos artísticos se manifiestan de acuerdo con unos imperativos genéricos, que permiten una clara distinción por parte del lector, en virtud de las instituciones canónicas de la literatura. Frente a ellos, el ensayo surge como un acto comunicante ubicuo a las inveteradas tipológicas literarias. Ciertamente, desde su origen, la ensayística constituyó un género novedoso, que repugnaba a los diseños textuales de la épica, el drama y la lírica.
3. Hay dos maneras principales de fijar la forma expresiva de la obra, o mejor dicho, su texto: una, grabándolo en la memoria y comunicándolo por medio de la voz y se tiene así la literatura oral y otra, llevándolo a escritura y se tiene entonces la literatura escrita. El ensayo es un producto literario del mismo rango que el relato o el drama, que opera a través de signos muy precisos: los signos escritos o impresos. Se dice que es creación de una de las grandes personalidades del Renacimiento francés, Michel de Montaigne, quien dio a sus textos la estructura moderna del género, editándolos a fines del siglo XVI bajo el nombre de Essais, cuya etimología deriva del vocablo latino exagium. Sin embargo, para algunos autores, el ensayo es un producto originario de las literaturas antiguas y medievales. Antes de Montaigne, según se cree, el género evolucionó desde los diálogos filosóficos de Platón, pasando por las escrituras clásicas de Plutarco y Séneca, hasta llegar a las reflexiones espirituales de San Agustín, por citar unos ejemplos. En todo caso, después de Montaigne, el ensayo dejó de ser una modalidad literaria esporádica, adquiriendo de inmediato una importancia y un volumen crecientes, a medida que se definían sus características fundamentales, a través de escritores como Francis Bacon, Descartes, Pascal, Chesterton, Addison, entre muchísimos otros.
4. En el ensayo conviven en un mismo texto lo conceptual y lo artístico. El ensayo es una obra literaria escrita que expone ideas y meditaciones del autor sobre temas libremente escogidos, mostrando un enfoque personal, sin prejuicio de interés por la expresión lingüística en cuanto tal, es decir, como un fin en sí misma. Tomachevsky dice: "El lenguaje en que se tiene orientación sobre la expresión se llama artístico, a diferencia del práctico, cotidiano, que carece de tal orientación". El texto ensayístico admite un estudio basado en los dos planos simples del lenguaje: la expresión y el contenido. En verdad, ambos aspectos se presentan relacionados solidariamente durante la lectura, no obstante su distinción obedece a principios metodológicos elementales. Por una parte, la prosa constituye la forma por antonomasia de la expresión ensayística, que alcanza valores estéticos vigentes dentro de los cánones de la comunicación literaria, por el modo en que son elegidas y ordenadas las palabras en el texto, sin menoscabo del pensamiento. Y por la otra, el plano del contenido se articula en rededor de imágenes conceptuales, con propensión a la monosemia, que confiere a la obra un carácter de interpretación unívoca, tal como en los mensajes filosóficos o científicos. En términos metafóricos, Sucre refiere esta dualidad, comparando el ensayo con un dios pagano de dos caras: "Como un dios Jano, el ensayo tiene dos caras: una que mira hacia la filosofía, otra que mira hacia la estética". En el fondo, todo el valor literario del ensayo queda limitado al plano de la expresión lingüística ya que el contenido del texto corresponde por entero al ámbito de lo conceptual y lo ideológico. Dicho con otras palabras, la literariedad del ensayo no reside en el contenido de la obra sino en la textura formal y en la organización sintáctica del discurso. El estudio de los aspectos ideológicos y doctrinales no proporciona un conocimiento de sus valores literarios. Estos valores se consiguen en el tejido gramatical de las frases y en la coherencia lingüística de los enunciados.
5. La elocución literaria tiene dos formas permanentes de expresión: la prosa y el verso. Hay quienes sostienen la ineficacia del verso para la exposición científica o filosófica. Sin embargo, el verso fue el medio usado por Parménides y Empédocles para impartir sus teorías y conocimientos comprensivos de los fenómenos de la naturaleza. Asimismo, en el período helenístico, se compusieron numerosos poemas de contenidos zoológico, astronómico y farmacológico. Ciencia y magia se mezclan en varias composiciones versificadas de la Edad Media, dedicadas a las propiedades de las piedras, plantas, animales y estrellas. Considerado como obra literaria, el ensayo es refractario a los registros prosódicos de la versificación, mostrándose sólo mediante los recursos técnicos de la prosa. Mas la prosa del ensayo es expositiva a diferencia de las prosa narrativa, teatral o poética. Como es sabido, la prosa novelesca es diegética porque remite a peripecias y sucesos ficticios en todo o parte referidos desde la perspectiva del narrador. La prosa teatral resulta mimética ya que, en última instancia, está destinada a la dramatización por parte de unos actores ante un público. Y en la prosa poética, el hablante lírico potencia las facultades rítmicas del discurso en correspondencia con la polisemia de los contenidos. En cambio - decíamos - la retórica de la prosa en la ensayística es expositiva y tiene que ver con la transmisión de enunciados semánticos doctrinales, tratados según la estimativa personal del escritor, bien en estilo conciso y selección sintéticas de las ideas, bien con pródigo empleo de frases y conceptos, o en acertada mezcla de las dos anteriores. Independientemente de su elaboración estilística, la prosa del ensayo expresa un sistema de ideas particulares expuestas a la manera de la monografía, el tratado, el comentario científico o filosófico, aunque con marcadas diferencias. La monografía exige una documentada y minuciosa labor de especialización sobre un asunto puntual. El tratado supone la exposición orgánica y sistemática de los principios fundamentales de una disciplina. Ambos demandan la investigación, el plan riguroso, el orden metodológico, la esencia didáctica, la demostración. El ensayista no pretende pronunciar la última palabra sobre ningún asunto. Interesa, sí, la profundidad reflexiva, no la exhaustividad ni la amplitud. El ensayo condensa en poco espacio el resultado de una meditación o un razonamiento sustancialmente libre, expuesto sin constreñimiento científico ni sistematización filosófica, cuyo contenido es aceptado (o no) sin necesidad de demostración, sea o no evidente.
6. Tema es el asunto o materia alrededor del cual se organiza el contenido de u texto. Todo ensayo tiene como principio de organización un tema que resuma la visión de mundo del autor. En el ensayo, el tratamiento del tema aporta siempre un aspecto ideológico. El mismo asunto expuesto por dos o más autores normalmente difiere pues tiende a reflejar conceptos y puntos de vista distintos. En esa dirección, dícese que el ensayo es un concepto expandido. En realidad, el ensayo es un comentario de aquello que se halla tematizado a través del título del texto. Por lo general, los essais de Montaigne se titulan: De la libertad de conciencia, De las leyes suntuarias, De la educación de los hijos, etcétera. Aquí el título es un recurso poderoso de tematización que pone en evidencia la entidad tópica del mensaje: religiosa, jurídica, educativa El título sitúa al lector, indica el tema del texto, tiene una función orientadora clave desde el punto de vista de la organización de la información. Un ensayo sobre la educación, verbi gratia, no es más que la expansión literaria de lo que un diccionario pedagógico virtual hubiese podido decir sobre el tema. Pero es fundamental que tenga unidad, corrección gramatical y claridad. El ensayo es una forma de organización literaria que se caracteriza por la coherencia textual, esto es, que sus componentes sintácticos y semánticos mantengan una relación lógica y bien construida, garantizando al lector no tanto lo verdadero como lo intelegible.
7. Peirce denomina rema a todo conjunto de signos que se interpreta o entiende como una predicación de algo. Desde esa perspectiva, el ensayo es un rema, es decir, un predicado del título del texto. Pero esto no es sino una primera impresión. Porque el ensayo posee un sentido que está no sólo en el contenido ideológico en sí, en lo predicado, sino en su lógica argumental. El ensayista sirve del razonamiento y la argumentación cualquiera que sea la materia sobre la que se aplica el juicio: arte, teología, sociología, etcétera. Se dirige al intelecto, argumenta sobre algo que puede ser afirmado o negado, de acuerdo con la capacidad de entendimiento que tenga el lector que lo acoge. En semiótica, llámase argumento al conjunto regulado de signos con cuya ayuda se pueden realizar productos artísticos, científicos o filosóficos como los poemas didácticos, las novelas de tesis o los sistemas de axiomas de la Geometría de Euclides y la silogística de Aristóteles. El ensayo encierra una serie de proposiciones organizadas argumentalmente, cuyas premisas dan a conocer el pensamiento exclusivo del autor, a través de un razonamiento subjetivo. El esquema convencional del ensayo gira en torno a un planteamiento introductorio, un desarrollo argumental y una conclusión intuitiva, presumible y aun inacabada. El ensayista puede argüir de manera dialéctica, como Platón en sus Diálogos, siguiendo un ritmo triádico de tesis, antítesis y síntesis. A menudo, Montaigne procede por deducción e infiere una consecuencia inesperada que se deriva de varios fenómenos dados. Otras veces, al contrario, induce una proposición general y necesaria a partir de un evento único. Asimismo, el escritor puede referir su visión de mundo mediante un análisis introspectivo de las experiencias propias, el igual que San Agustín en sus Confesiones o Descartes en sus Meditaciones Metafísicas. De cualquier modo, se espera que el ensayista dé cuentas de sus ideas por medio de una argumentación, mas sin llegar a alcanzar la rigurosidad metodológica de las escrituras científicas. Para Ortega y Gasset, "el ensayo es la ciencia menos la prueba explícita".
8. El ensayo está signado por el uso emotivo del lenguaje, o sea, por la presencia de rasgos subjetivos en la exposición de las ideas. Sin embargo, en el ensayo, el lenguaje subjetivo refleja una actitud orientada hacia las formas del pensamiento analítico, en contraste con la lírica, donde este uso es síntoma del universo sentimental o de la conducta afectiva del poeta. Además, el discurso ensayístico remite al contenido directamente, con la univocidad de la expresión referencial, lo que indica, a su vez, el deseo de producir información sobre algo, según la cosmovisión particular del autor. Propiamente, el ensayo participa de las dos funciones polares del lenguaje: por una parte, la emotiva que concierne al tratamiento subjetivo de las ideas y, por la otra la referencial a través de la cual se ponen de manifiesto las propiedades denotativas u objetivas de los enunciados en relación con el contenido de información del texto. En sentido general, se hablará de una doble función del lenguaje como síntesis del proceso de codificación de la literatura ensayística. Al respecto, Giraud es bastante ilustrativo:
La función referencial y la función emotiva son las bases a la vez complementarias y concurrentes de la comunicación. Por eso con frecuencia hablamos de la "doble función del lenguaje": una es cognoscitiva y objetiva, la otra afectiva y subjetiva. Suponen tipos de codificación muy diferentes, teniendo la segunda su origen en las variaciones estilísticas y en las connotaciones ( )
El objeto de un código científico consiste en neutralizar esas variantes y esos valores connotativos mientras que los códigos estéticos los actualizan y desarrollan.
9. La prosa conceptual del ensayo puede aparecer en sincretismo con las prosas narrativa o poética, demostrando, en la práctica, la obsolencia y caducidad de las teorías dogmáticas de los géneros. Algunos afirman que el ensayo es en cierto modo un sucedáneo de la antigua poesía didascálica, que en los tiempos modernos habla en prosa. Otros conciben la posibilidad de un relato cifrado en prosa expositiva, con acciones y personajes ficticios, que servirían de trasfondo para la inoculación de las ideas axiomáticas del autor del texto. Ciertas escuelas literarias, como el realismo y el naturalismo, aprovecharon con frecuencia el teatro para desarrollar una tesis generalmente doctrinal, a la que dan más importancia que a la acción misma, convirtiendo la obra en instrumento de orientación y propaganda. Que la lectura del ensayo produce placer estético no puede ponerse en duda, pero raramente la estética del ensayo es el arte por el arte, más bien, en general, mantiene una intención dirigida a lo utilitario. Además, el ensayo se ha adaptado a las urgencias comunicativas de la actualidad, entrando en contacto con formas periodísticas impresas. En ellas lo importante es el contenido sustancial, al que la expresión se pliega, pasando inadvertida o subordinándose instrumentalmente a las ideas: un artículo de opinión, así como un ensayo, aunque esté bien redactado, será un mal artículo si dice insustancialidades. A diario encontramos artículos y colaboraciones especiales que condensan meditadas opiniones sobre ciencia, política o religión, escritos en prosa clara y coherente, que adquieren calidad ensayística por su innegable carácter expositivo-conceptual. Por último, muchos sostienen que el ensayo pasó a ser, hoy día, la modalidad literaria más difundida en relación con las otras prácticas de escritura artística. El número impresionante de ensayos publicados diariamente en periódicos, revistas y libros suministraría la evidencia estadística. En todo caso, corresponderá a la sociología literaria estudiar, con mayor amplitud, el auge de la producción y el consumo de ensayos en los tiempos actuales.
Referencias
1.- Giraud, P. (1998). La semiología. México: Siglo XXI [ Links ]
2.- Ortega y Gasset, J. (1976). Meditaciones del Quijote. México: Aguilar [ Links ]
3.- Peirce, Ch. (1984). La ciencia de la semiótica. Buenos Aires: Nueva Visión [ Links ]
4.- Sucre, G. (1976). Prólogo. En: Mariano Picón Salas, Comprensión de Venezuela. Caracas: Monte Ávila. [ Links ]
5.- Tomachevsky, B. (1995). Teoría de la literatura. Madrid: Akal. [ Links ]












