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Investigación y Postgrado

versão impressa ISSN 1316-0087

Investigación y Postgrado vol.26 no.2 Caracas dez. 2011

 

Una triada inseparable: Filosofía, comunicación y mediación

Sonia Andrade*

 (UPEL-Núcleo Mérida) soniamolinares@hotmail.com

Docente de Postgrado de la Universidad Pedagógica Libertador. Núcleo Mérida. Adscrita al Grupo de Investigación y Postgrado UPEL-NIME. Docente Titular de la Dirección de Educación del estado Mérida. Realizando Estudios Doctorales en Ciencias Humanas HUMANIC-ULA. Miembro del Grupo de Investigación UPEL_Mérida y del Grupo GISCSVAL-Grupo de Investigación sobre la Formación de la Conciencia Social en Venezuela y América Latina. Facultad de Humanidades y Educación, ULA.

RESUMEN

El artículo aborda tres temáticas reflexivas como lo son la filosofía, la comunicación oral y la mediación. Dichas categorías son vistas como un proceso dinámico en el que surge y se materializa la mediación o intervención de un tercero que aporta nuevos planteamientos a un debate. Las ideas son expuestas desde una estética de corte hermenéutico, pues están fundadas en la interpretación y las conexiones que surgen y se interceptan discursivamente con lo cotidiano. El recorrido analítico, parte de la definición del término filosofía como una prolija forma de amor, conocimiento y persuasión del objeto estudiado. A esta definición, reduccionista desde toda óptica, se le añade el ingrediente comunicativo propio de la oralidad o de la capacidad de los seres humanos para interactuar y descubrir por medio del contacto con otros estilos y formas de mediación. Esta tríadica: filosofía, comunicación y mediación se entrecruzan en un panorama que delata como el ser humano, en medio de sus múltiples complejidades, se apropia de la palabra para acceder a formas de comprensión tanto del mundo como de sí mismo y del otro, en un polifacético proceso de participación caracterizado por el diálogo como la estructura más accesible a la dinámica social y personal de los sujetos.

Palabras clave: filosofía; comunicación; mediación; diálogo y conflicto.

An inseparable triad: philosophy, communication and mediation

SUMMARY

The article addresses three reflexive thematics: philosophy, oral communication and mediation. Such categories are seen as a dynamic process in which it arises and materializes mediation or intervention of a third party bringing new approaches to a debate. The ideas are exposed from cutting hermeneutical aesthetics, as they are based on the interpretation, and the connections that emerge are discursively intersected with the daily basics. The analytical course, part of the definition of philosophy as a neat way of love, knowledge and persuasion of the object studied. This triadic crisscross in a panorama that reveals how the human being, amid its many complexities, appropriates the word to access to forms of understanding both, the world of itself and the other in a multi-faceted engagement process characterized by the dialogue as the most accessible structure to the social and personal dynamics of subjects.

Keywords: philosophy; communication; mediation; dialogue and conflict.

Une triade inséparable: philosophie, communication et médiation

RÉSUMÉ

L’article porte sur trois thématiques réflexives : la philosophie, la communication orale et la médiation. Ces catégories-là sont vues comme un processus dynamique dans lequel la médiation ou l’intervention de quelqu’un qui apporte de nouvelles idées à un débat émerge et se concrétise. Les idées se présentent sous une esthétique herméneutique, parce qu’elles sont fondées sur l’interprétation, et les connexions qui se produisent sont discursivement liées au quotidien. Le parcours analytique part de la définition de philosophie en tant qu’une énorme forme d’amour, de savoir et de persuasion de l’objet étudié. Cette triade s’entrecroise dans un panorama qui montre comment l’être humain, profondément complexe, se sert de la parole pour accéder à des formes de compréhension du monde, de soi-même et d’autrui dans un processus éclectique de participation, caractérisé par le dialogue comme la structure la plus accessible à la dynamique sociale et personale des sujets.

Mots clés: philosophie; communication; médiation; dialogue et conflit.

Uma tríade inseparável: filosofia, comunicação e mediação

RESUMO

O presente artigo aborda três temas de reflexão: a filosofia, a comunicação oral e a mediação. Estas categorias são consideradas como constituintes de um processo dinâmico no qual aparece e se materializa a mediação ou a intervenção de um terceiro que incorpora novas ideias a um debate. As ideias desta pesquisa são expostas a partir de uma abordagem hermenêutica, pois estão baseadas na interpretação, y as conexões que surgem se entrecruzam discursivamente com o quotidiano. A análise parte da definição do termo filosofia como sendo uma prolixa forma de amor, conhecimento e persuasão do objeto estudado. Esta tríade aparece num panorama que mostra como o ser humano, em suas múltiplas complexidades, se apropria da palavra para chegar à compreensão não somente do mundo, mas também de si mesmo e do outro, em um multifacetado processo de participação caracterizado pelo diálogo, estrutura más acessível para a dinâmica social e pessoal dos sujeitos.

Palavras chave: filosofia; comunicação; mediação; diálogo e conflito.

Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.

René Descartes Filósofo y matemático francés (1596-1650)

Recibido: 21/06/2011 Aceptado: 23/09/2011

Introducción

Podría parecer sorprendente que el término filosofía se ha convertido en una prolija alternativa de reflexión, en la medida en que ha capturado la atención de críticos, filósofos y estudiosos de las ciencias sociales y otras tantas áreas del saber universal. Se entiende que su estudio y el componente epistemológico, con el cual se le relacione, dependen de las variadas categorías de análisis que se estudien o como parte de una necesaria delimitación fenomenológica. Cabe destacar que la búsqueda interpretativa del término filosofía explica el dinamismo esencial de un concepto permeado por fundamentos axiológicos como el amor entendido según el planteamiento de Jaroszynsky (2005), quien al referirse a la filosofía como amor a la sabiduría expone que “es el amor al conocimiento, al lado del afecto por la belleza, pero también el afecto a muchas otras cosas” (p. 51). A esta combinación, se le añaden dos ingredientes fundamentales, producto de una vinculación histórica con Grecia, el primero constituido por el conocimiento de las causas de los fenómenos estudiados o contemplados y el segundo centrado en la dimensión práctica de la actividad filosófica.

Ambas aristas se complementan en un juego en el que subyace la contemplación del fenómeno que, según Martínez (2008), se conecta con la vida contemplativa siendo esta “una vida superior porque el modo de contemplar suscita amor, y frente al amor nadie puede quedar en la inacción” (p. 9). La presencia de este gran valor denominado amor le imprime un sentido no sólo axiológico, sino práctico al proceso filosófico, en tanto que se le conecta con destreza y habilidad artística que se activan para trascender a lo utilitario, moral y religioso.

Cualesquiera que sean los aspectos peculiares de la filosofía, el mayor signo de verificación del conocimiento se da por medio del acercamiento al objeto, lo cual en sí mismo es una línea de discernimiento ajustada a la comprensión de un determinado fenómeno. De los filósofos griegos se hereda la idea de que la sabiduría es una destreza magistral de carácter práctico, tal como lo propone Jaroszynski (2005), al referirse a la Sofía o conocimiento práctico magistral “necesario para llevar a cabo un trabajo artesanal” (p. 51). El planteamiento del autor se conecta con la estética de la comunicación, en tanto que el lenguaje construye puentes comunicativos de gran impacto social, llevando a pensar en que en el ir y venir de ideas compartidas, existe un flujo constante de saberes, los cuales a su vez garantizan que los individuos se apropien del diálogo u otra forma de interacción para exponer sus carencias o juicios de valor.

A propósito de esta vinculación Pérez (2006) establece un referente analítico fundamental cuando propone que:

El gran filósofo Aristóteles se ocupó de la comunicación identificando su finalidad: “la persuasión”. Esta tiene un altísimo componente psicológico porque en definitiva se trata de convencer al otro de los propios motivos a través de diferentes razones. (p. 11)

La idea aristotélica de que el filosofar comienza como un proceso de admiración y la idea de una persuasión concomitante mediante diferentes estratagemas, permite el tránsito por un camino donde el acto comunicativo es un campo signado por un proceso de seducción que se apropia del diálogo, como una vía de acceso que encarna ciertos principios axiológicos, develando una determinada posición ideológica, en el que el lenguaje ejerce una influencia radical, de la cual brotan las fuerzas epistemológicas motrices del acto mismo de conocer.

1. Conocimiento y comunicación: caras de una misma moneda

Para situar la reflexión en lo concerniente al conocimiento y a la comunicación se hace necesario tomar el planteamiento de García (2007), cuando expone que:

históricamente el diálogo ha estado unido a la dialéctica y a la retórica. El diálogo fue usado por los filósofos griegos como una estrategia retórica, una forma de dar a conocer sus ideas y postulados, así como de persuadir sobre los mismos. (p. 3)

Este conocimiento es la plataforma para acceder a experiencias significativas vividas, protagonizadas o construidas simbólicamente como parte de un encuentro dialógico, en el que los mensajes verbales y no verbales reavivan las utopías, mediante la presencia de anécdotas cargadas de singularidad y de convicciones propias de cada individuo. Ante esta realidad un encuentro comunicativo, de la índole que sea, es un ámbito donde brotan un cúmulo importante de informaciones e indagaciones. Ideas que de alguna manera son el semillero para que los seres humanos ensanchen sus competencias, construyendo imaginarios y representaciones, evidentemente cargadas de subjetividad y de invención, pero también de un núcleo de cohesión entre lo que se es y lo que se quiere ser.

Esta premisa muestra que el ser humano es ante todo comunicación, fundamentalmente porque en ese ir y venir de intercambios cotidianos se configura un conocimiento del mundo, cuestionando y agregando a sus propias competencias aquello que le interesa, le brinda placer o forma parte de las exigencias sociales y científicas que debe cubrir. Sea cual fuere el motivo por el cual surge la comunicación, en ella hay evidencias de un camino o sendero que inevitablemente se bifurca y se conecta con el conocimiento. A propósito de esta idea Ramírez (2009) expone:

En este largo camino, el hombre siempre trata de aprehender de lo que está en su circunstancia y empírica e intuitivamente comprende que si quiere sobrevivir en el hostil y cambiante medio, que no podía explicárselo, debe encontrar una respuesta satisfactoria para cada cosa o hecho nuevo que se le presente. (p. 217)

A la par de esta importante consideración citada, se plantea que una gran parte de las trasformaciones sociales vividas por la humanidad van a la par del surgimiento de nuevos paradigmas ajustados a transformaciones culturales, los cuales se identifican con procesos históricos que le brindan cabida a nuevas formas de construcción, de las formas y estructuras comunicativas usadas para conformar el panorama interactivo del cual se nutre la acción humana.

Lo expuesto se apoya en la idea de que el ser humano es el constructor del conocimiento desde las diferentes aristas que ofrece la comunicación como estructura de interrelaciones, consideraciones y materialización del pensamiento. Como proceso multiabarcante, la comunicación permite el intercambio continuo y dinámico del conocimiento y, por ende, es considerada el sitio y el aliado perfecto en el que se dan cita todas las potencialidades o carencias de los individuos y más aun de los colectivos humanos. Estas potencialidades hacen que cada ser humano postule una forma comunicativa bien diferenciada y particular y se adhiera a grupos de individuos que sienten y piensen de la misma manera o parecido. Esta cohesión, que a veces suele ser significativa o referencial, le imprime a la comunicación un carácter eminentemente social entendiendo que el hombre es un ser de encuentros, desencuentros y relaciones.

Estas relaciones a veces se convierten en intrincadas redes de confl ictos ideológicos, en la medida en que los individuos intentan sostener doctrinas no consensuadas y muestran rasgos de autoritarismo y opresión. Bajo esta premisa, es imperativo vislumbrar la presencia y acción de la mediación como un proceso que favorece el encuentro de pareceres y como una forma de intervención basada en el diálogo, el consenso y la valoración de los elementos personales, sociales y colaterales que entran en juego. Tal como lo exponen Rondón y Munuera (2009) la mediación es un proceso en virtud del cual un tercero, el mediador, ayuda a las partes implicadas en un confl icto en la resolución del mismo. El mediador no impone la solución, sino que favorece la creación de la misma, aceptada y estructurada de manera que permita la continuidad de las relaciones entre las personas involucradas.

Los autores citados conciben a la mediación como una herramienta transdisciplinaria en tanto que puede estar presente en diversas y polémicas situaciones, así como ser parte de un evento que amerita ser resuelto a la luz de las diversas disciplinas, aludiendo a la participación de diversos expertos o especialistas. En este sentido la mediación se asienta en la confl ictología o la resolución de confl ictos, con unos aspectos comunes y un objeto concreto, como es resolver problemas o desacuerdos entre partes enfrentadas.1

Este proceso se puede convertir en un entorno filosófico vinculado a un conocimiento que revitaliza la aprehensión del mundo, para establecer un vínculo comunicativo y dar paso a una serie de interpretaciones y consideraciones fundacionales alusivas a un determinado confl icto. Retomando el sentido heredado por los filósofos griegos, se propone un concepto de mediación que se conecta con el arte de pensar y de buscar explicaciones donde el razonamiento-cuestionamiento asume un protagonismo significativo, dejando que los presupuestos vivenciales y axiológicos de los involucrados, fluyan en un océano de ideas, conceptos y manifestaciones de ciertas acciones humanas a veces grotescas o desvinculadas de todo sentido de la moral. No hay duda de que la mediación es una estratagema que va de la mano con procesos sociales y humanos que definen, en buena medida, las maneras en que los grupos manejan el diálogo, la negociación y los acuerdos. Ante lo señalado la sociedad actual se nutre de la mediación pues esta alternativa es capaz de hilvanar circunstancias signadas por el enfrentamiento, dando luces sobre la existencia de una tercera vía de acceso para alcanzar la resolución efectiva y asertiva de un determinado conflicto.

2. Comunicación, filosofía y mediación

Bajo esta visión conectiva y explicativa de lo que es la comunicación humana como estructura filosófica surge una suerte de entelequia, que ve o intenta ver en la filosofía heredada, sin lugar a dudas por los filósofos griegos, a ese germen primario que apertura, tal como lo propone Ramírez (2009) “las bases para el inicio de la especulación”. Bajo esta comprensión, es fundamental entender el sentido del conocimiento bajo una óptica crítica tal como lo expone el mismo autor, este tipo de conocimiento “somete todo al análisis, sin ninguna influencia sino la de sus propios principios” (p. 219). Esta definición con fundamento y propiedad se ajusta al ámbito de la mediación, la cual funciona como una estructura que le brinda la posibilidad a un tercero de participar protagónicamente en la comprensión de un fenómeno y en el establecimiento de un determinado modelo de análisis que articula lo dialéctico y lo especulativo en función de un determinado discurso propuesto como estrategia de comunicación.

3. Diálogo y mediación: espacios de interacción y persuasión

La esencia de la mediación se refleja incesantemente por medio de actos de discernimiento y explicación, los cuales posibilitan la construcción de significados sobre una realidad conflictiva, al tiempo que permiten interactuar e interpretarla en atención a necesidades e intereses colaterales cargados de retórica, un arte también heredado de los griegos como estructuras de propias de la palabras y la persuasión. Palabra y persuasión se erigen como operaciones simbólicas y cognitivas estrechamente asociadas a procesos de comprensión y definición de un fenómeno, propiciando la edificación de hipótesis intuitivas que darán sentido y esencia a la ciencia.

En este juego de roles la tríadica filosofía, mediación y comunicación iniciarán un viaje como compañeras inseparables de cada uno de los avatares históricos vividos por la humanidad, creando espacios epistemológicos de invención y reinvención de fenómenos en atención a procesos de interacción vigorosos, que van desde la abstracción hasta la construcción de teorías que garantizan una asertiva comprensión del fenómeno.

Si el ser humano es comunicación y todo lo que le rodea tiende a comunicar algo, evidentemente que el problema filosófico y social se amplia y se bifurca, en atención a los abruptos cambios planteados por la sociedad, sobretodo en materia de tecnología y relaciones humanas. Un espacio, sin dudas álgido que requiere de un sinnúmero de herramientas para cubrir las exigencias que sobrepasan el sentido implícito o explícito de las palabras.

Queda claro que la triada como propuesta de reflexión permite que el surgimiento de un concepto genere otros tantos y se creen pliegues y repliegues analíticos de los cuales es casi imposible desvincularse. Proponen Nardone y Salvini (2006) que en sus variadas formas, el diálogo representa el artificio retórico, quizás, más utilizado en la historia del pensamiento humano y de su divulgación. Los sofistas elevaron el diálogo a la categoría de técnica argumentativa, una técnica que no pretendía buscar la verdad, sino defender cualquier tesis para convencer al interlocutor.

El mismo Platón dejó su doctrina escrita en forma de diálogo, que según los anteriores autores es “una producción vastísima, una fuerza persuasiva que ha influenciado la filosofía de los siglos posteriores” (p. 10).

Así de compleja es la comunicación, siendo muy válido decir que la filosofía griega ha marcado las bases del razonamiento y, con ello, la actual teoría de las interrelaciones entre los seres humanos. Los estudios sobre sociología de la comunicación y de la mediación transitan constantemente por los estructuras reflexivas heredadas de los griegos basadas en formas de conocimiento muchas veces llamado acientífico, pero que sigue dando que hablar en el campo de la interpretación y mediación sociológica. A este conocimiento, permeado indudablemente por las concepciones filosóficas, se accede por la vía del método de investigación científica. Expone Ramírez (op.cit):

Dialécticamente, el método de investigación científica cumple un proceso de razonamiento-cuestionamiento que comienza con la abstracción de un hecho nuevo, poco conocido, insuficientemente explicado, o de necesaria confirmación; de él toma y ordena sus características para considerarlas como observaciones sobre tal hecho. (p. 218)

Dentro de este maremagnum de conceptos surge el arte de la comunicación, un constructo que se bifurca hacia espacios estéticos fundados en la sensibilidad y la percepción cuyas dimensiones se exploran desde diferente esferas como la música, la pintura, la escultura así como también del habilidad de hablar y las estratagemas expresivas que nutren todas las manifestaciones sociales, científicas y humanísticas.

Vale la pena denotar el planteamiento de Aburto (2009) cuando al referirse a que la comunicación en los seres humanos, involucra algo más que los órganos de los sentidos, expone lo siguiente:

Junto a la percepción, aparece también otra importante cualidad del Hombre. Esta es la que obedece a la capacidad de comunicarse, para lo cual ha de crear innumerables formas para hacerlo. Hablas, lenguas y lenguajes se han ido adecuando a nuestras necesidades, tanto en lo individual como en lo social. Ser y tener conciencia de sí mismo, es la suma de nuestras capacidades para pensar y expresarlo, pudiendo recurrir a formas de conciencia estética. (p. 6)

A este respecto, es claro que la filosofía articula tanto lo comunicativo como lo estético, recordando que el sentido contemplativo de los filósofos griegos, aún mantiene vigencia como vehículo de acercamiento y valoración del otro o de lo otro. Surge la expresión platónica de “mirar con los ojos de la mente”. Ya el simple acercamiento comunicativo de dos sujetos cognoscentes, da pie para el surgimiento de una relación que se disipa y se expande hacia horizontes permeados de emoción, valoración, e interacción. A este evidente proceso de construcción del conocimiento, se le agrega el uso de mecanismos perceptivos propios de cada individuo según sean sus competencias, gustos e inclinaciones analíticas personales.

Lo señalado lleva a pensar que la comunicación es un camino filosófico nacido desde el interior del ser humano, en consecuencia, lo más importante es la interacción de un acto que invita a dos sujetos a hilvanar sus propias experiencias en un proceso en el que la mediación construye caminos para ahondar en las ideas y la futura construcción del conocimiento. Un camino, sin duda, que estará signado por la idea de cambio, dinamismo y encuentros dialógicos que generan y dan vida a la mediación.

Así pues, la mediación es una herramienta constructora de transformaciones, nacida desde el interior del ser humano y concatenada con lo social, en consecuencia, es un acto que invita a dos sujetos o más a hilvanar sus propias experiencias, en un proceso donde la participación construye caminos para ahondar en las ideas y la futura edificación del conocimiento. Un camino, sin duda, que estará signado por la idea de cambio, dinamismo y encuentros dialógicos a favor de un acuerdo entre las partes.

4. Aportes para un comprensión pragmática de la mediación En todo el planeta Tierra se está peleando. La pelea se ha vuelto parte de la cotidianidad y como fenómeno social ha adquirido rasgos de eje transversal, de tal suerte que la sociedad actual se muestra como la gran pantalla de la crisis social, la diversidad y el conflicto. Se asiste a una crisis generalizada y compleja de la cual es imposible desligarse o resistirse. En esta suerte de encrucijada el investigador social, es decir, aquel que se nutre de los eventos cotidianos, de la información, de la actitud, del sentido común y de las representaciones sociales, el docente, el que se preocupa por su país y por su prójimo, debe salvar varios obstáculos vinculados directamente con la necesidad de redimensionar las teorías existentes, partiendo del conocimiento de un conjunto complejo de prácticas diarias permeadas de creencias, ideologías, tendencias y arraigos de impacto local. Todo un campo de conflictos que a diario construyen y dan forma a los esquemas sociales imperantes.

Ante este panorama avasallante, que muestra con pertinaz insistencia las múltiples facetas de una sociedad sumida en cambios a veces imperceptibles, el investigador del hecho social debe asumir el reto no sólo de interpretar, partiendo de una fenoménica social, sino de profundizar, con suficiente anhelo de comprensión, aspectos que muchas veces viajan y se diluyen entre fenómenos relativizados por un entorno histórico y una conflictividad concomitante constructora de sentidos, bifurcaciones y fracturas sociales de toda índole que dejan al descubierto que se amerita como nunca antes de la mediación. La idea expuesta se complementa con el planteamiento de Serrano (2008) cuando aclara que:

La teoría de la mediación considera que lo relevante en el análisis del cambio social, no es que determinado componente del medio humano sea objeto, modelo u objetivo; sino el proceso mismo por el que los objetos son relacionados con los objetivos mediante modelos y el permanente movimiento que lleva a todo modelo a objetivarse, y a todo objeto a constituirse en portador de la mediación. (s/p)

Dicha postura corrobora los planteamientos que se han venido estableciendo, y es el hecho singular y a toda luz revelador, que lo social ha estado conectado con dos grandes ejes trasversales que son el confl icto y la mediación. En consideración a estos dos grandes motores, se activa un canal de refl exión mediante el cual es viable entender los diversos problemas que construyen los sujetos y los posibles canales de mediación o encuentro de pareceres, que se deben activar para mejorar la capacidad dialógica en la resolución asertiva de confl ictos que repercuten en el asunto social y, por ende, en el sentido educativo e ideológico.

Aunado a las nuevas exigencias sociales, la educación debe abrir espacios de interacción a fin de comprender los confl ictos, desde la visión compartida de sus protagonistas y la afectividad de quienes viven y construyen el hecho educativo. Tal apreciación implica abrir espacios de mediación de los cuales fl uyan, no sólo alternativas de resolución de confl ictos, sino la certeza inmediata o “in situ” de contar con procesos dialógicos fl exibles y dinámicos, guiados por un tercero o por un equipo transdiciplinario, preparado para asumir la negociación con imparcialidad y apego a la esencia del ser humano

5. A manera de conclusión

La sociedad actual utiliza regularmente la palabra mediación creando una familiaridad que puede hacer pensar que se trata de un término estable e invariable. Apreciación, que como se vislumbró está muy lejos de ser así. Por otra parte, el despliegue histórico, vislumbrado desde la perspectiva de este concepto, parece indicar que su semántica ha tenido una connotación eminentemente comunicativa y cultural, lo cual en sí mismo es un vestigio de complejidad, adaptabilidad y, por consiguiente, transdisciplinariedad.1

Un breve recorrido por los pliegues y repliegues de la historiografía occidental deja al descubierto como la sociedad y sus múltiples consideraciones han estado permeadas por la idea de conflicto. Algunos autores como Vinyamata (2003) plantean que la idea de confl icto se conecta con una visión de caos, razón por la cual la humanidad ha dedicado buena parte de sus esfuerzos a encontrar soluciones a sus confl ictos. Esta realidad ha permitido el surgimiento de instituciones que procuran conducir y afrontar los conflictos desde los diferentes ámbitos o plataformas organizativas en que se den o manifi esten, surgiendo una suerte de entramado polifacético y transdiciplinario en lo que respecta a las posibles ciencias o especialidades que intentan defi nir y coadyuvar en la solución o comprensión de un determinado problema.

Bajo esta óptica, el término conflicto más que signifi car un encuentro de pareceres, se adhiere a la idea de cambio y es la pantalla para representar las transformaciones humanas con incidencia social, científi ca y cultural propias de la dinámica social. A propósito de lo planteado aclara el sociólogo francés Freund (1995) que “la conflictividad es inherente a toda sociedad”. El conflicto es una relación social de orden vivencial y de múltiples manifestaciones, en la cual la mediación encuentra su razón de ser, y ante la cual aporta sus técnicas dentro de la política social general; por ello no existe un tipo único de confl icto, ni una explicación exclusiva. A esta macro estructura llamada sociedad se le adhiere un ingrediente de primer orden denominado negociación.

En lo referido a la negociación como una variable fundamental del confl icto se postula la idea de Fernández (2010) cuando aclara que “en una realidad sociológicamente detectada como dinámica y confl ictiva, la capacidad negociadora de la mediación quizás pueda suponer uno de los instrumentos adecuados para la defensa de los nuevos derechos sociales ligados al ejercicio participativo de la ciudadanía democrática” (p. 14).

Los diferentes estudios que revelan el significado, intrínseco y extrínseco del término mediación indican que el mismo no es fijo ni invariable, sino que está en continuo proceso de cambio y se construye por fuerzas sociales, filosóficas, políticas, culturales y educativas a menudo en conflicto. Se parte del supuesto de que todas las personas entienden lo mismo sobre la naturaleza polifacética y multiabarcante de la mediación. Se establecen afirmaciones como si existiera un consenso general sobre el uso del término. Un breve repaso sobre la construcción histórica de la mediación permitirá realizar un análisis que actualice el término como manifestación humana de comunicación, destacando que su definición y contextualización se adhiere a complejas formas de interdisciplinariedad y transdisciplinariedad.

Ante esta realidad, la mediación es una estructura que desde la década de los años setenta se ha venido instalando en el discurso de algunas sociedades y con gran impacto en países como Estados Unidos, Francia, España, Argentina y Chile. Cabe resaltar que a comienzo de los 70 en los Estados Unidos de América se comenzó a interpretar el uso del término “alternativo” como una forma de afrontar los litigios y dilucidar formas pacíficas de resolución de conflictos según Gatti y Vargas (2010), y como un arte en lo concerniente a la promoción de acuerdos. Argentina es el país más avanzado de toda Iberoamérica en esta disciplina, iniciándose actividades promotoras de la mediación a principios de los ‘90, con el dictado de la Primer Ley de Mediación del país: La ley Nacional de Mediación Obligatoria de la ciudad de Basas, a las que han ido plegándose algunas provincias, con las modificaciones que los locales han considerado pertinentes.

Chile por su parte asocia el término mediación al Proyecto de Tribunales de Familia para la resolución de conflictos familiares en el área civil (Jarpa, 2002). Aunado a esta postura de orden legal se añade un ingrediente considerado de primer orden fundado en la ideas de Berger y Luckmann (1968) sobre todo en lo concerniente a la idea de que un fenómeno, conflicto o situación es una construcción social ligada indisolublemente a la idea de cultura. Según estos sociólogos cada individuo percibe las mismas realidades que otros, por el contacto o la observación, sin embargo, las percibe diferente porque lo hace “a su modo”. Es decir, cada persona percibe el mundo según sus habilidades sensoriales y naturales, en atención a la cultura en la que se formó que incluye una gran cantidad de dimensiones y el grupo social en que se socializó. De esta manera, que cada individuo percibe la misma realidad pero de diferente manera. De allí las diferencias de carácteres y de interpretación del mundo que observa en su mismo discurso. Ante esta evidente valoración la realidad pasa a ser un constructo social, de manera tal que no exista una realidad única, sino un conjunto de realidades que pueden en un momento entrar en conflicto en razón de sus propias visiones o consideraciones.

La contribución de Vinyamata (2009) es referencial ya que expone que aportaciones en el campo de la biología, de la psicología, de la historia o de la sociología han contribuido a configurar un cuerpo teórico sobre el conflicto, fundamentado en la observación clínica, la reflexión y comprobación histórica, el uso de modelos matemáticos y la constatación sociológica o económica sobre tales costes de los conflictos, sus causas y la forma en que se desarrollan y crecen, permite determinar que los conflictos como estructuras complejas deben ser abordados desde métodos alternativos, pero bajo el caleidoscopio de la visión interdisciplinaria. La ida de interdisciplinariedad se conecta con la reflexión de Saldivia (2008) cuando plantea que “hoy, la cooperación entre especialistas de diversas disciplinas, es una realidad que se manifiesta tanto al interior de las propias comunidades científicas, como en múltiples proyectos de investigación” (p. 157).

Estos antecedentes no descartan el hecho de que la mediación sea una herramienta ligada a los orígenes del hombre, reseñándose experiencias mediadoras de gran impacto cultural en textos referenciales como la Biblia donde aparecen los grandes mediadores entre Dios y los hombres llamados profetas y tratados de Confucio fundados sobre la resolución del conflicto a través de la persuasión moral, otros muchos antecedentes no mencionados, darán idea del sentido histórico, ético y axiológico de un concepto que navega, con pertinaz insistencia, en las páginas de la historia y de la sociedad misma, considerándosele como una estructura comunicativa imperativa, dado la multiplicidad de ideas y conceptos que activan conflictos en los diferentes entornos.

Dentro de este panorama, Venezuela ha adoptado ciertos elementos de la mediación y hoy día requiere, como nunca antes, de elementos técnicos y dialógicos que nos permitan fortalecer la cultura de la paz a través de medios alternativos. Queda como aporte que los entes gubernamentales, en especial los encargados de la educación y las diversas organizaciones sin fines de lucro, funden la cultura del diálogo a partir de la presencia constante de un tipo de mediación, que asuma nuestra propia idiosincrasia y permita el acceso por un camino, donde sea posible evaluar necesidades, puntos de vista y pareceres para llegar a la meta de los acuerdos consensuados y validados por la propia ética humana.

Por lo señalado, se asiste a la unión indisoluble de tres componentes: el filosófico mediante el cual es posible ahondar en formas de un conocimiento legítimamente social pensado desde la presencia de un fenómeno que está en todas partes y se le llama conflicto, esta suerte de inmanencia le da cabida a la comunicación, ya que todos los seres del mundo se vinculan por este acto y es por medio de interacción dialógica que surge la mediación, un camino complejo donde la palabra compartida abre sendas para repensar el hecho social, desde la gran plataforma de la cultura de la paz.

Notas

1 La idea de conflicto propuesta se conecta con los planteamientos Vinyamata (2008) cuando propone que “los conflictos son el motor y la expresión de las relaciones entre las personas. Las relaciones personales e individuales y las relaciones sociales e internacionales se expresan y fundamentan en el conflicto”. Igualmente signifi cativo son los planteamientos de Ury en su texto “Alcanzar la Paz (2005) en donde se propone la resolución de conflicto por medio de la mediación.

2 El presente artículo asume que “la transdisciplinariedad es una concepción mucho más reciente. La propia complejidad del mundo en que vivimos nos obliga a valorar los fenómenos interconectados. Las actuales situaciones físicas, biológicas, sociales y psicológicas no actúan sino interactúan recíprocamente. La descripción del mundo y de los fenómenos actuales nos exige una nueva forma de valoración desde una perspectiva más amplia, con una nueva forma de pensar que reclama encontrar un nuevo paradigma capaz de interpretar la realidad actual.

“A esto nos lleva la concepción transdisciplinaria”. En Pérez y Setien (2008). La interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad en las ciencias. Una mirada a la teoría bibliológico-informativa. Acimed. 2008; 18(4). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol18_4_08/aci31008.htm consultado: 26/11/2012.

Referencias

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2. Berger, P. y Luckmann, T. (1968). La Construcción Social de la Realidad. Buenos Aires, Amarrortu.        [ Links ]

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