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Agroalimentaria

versión impresa ISSN 1316-0354

Agroalim v.12 n.24 Mérida jun. 2007

 

La escala de seguridad alimentaria en hogares aplicada a adolescentes en Caracas: una medida valida y confiable

Bernal, Jennifer1; Lorenzana, Paulina2

1 Licenciada en Nutrición y Dietética (Universidad Central de Venezuela, UCV); M. Sc. en Nutrición, (Universidad Simón Bolívar, Venezuela). Profesor Agregado del Departamento de Procesos Biológicos y Bioquímicos de la Universidad Simón Bolívar. Dirección Postal: 89000 Caracas, Venezuela. Teléfono: +58-212-9063978. Fax: +58-212-9063971 e-mail: jbernal@usb.ve

2 M. Sc. en Nutrición Humana (Cornell University, Ithaca, EE.UU.); Ph. D. en Nutrición Internacional con menciones en Sociología del Desarrollo y Comunicación para el Desarrollo (Cornell University, Ithaca, EE.UU.). Profesor Titular Departamento de Procesos Biológicos y Bioquímicos de la Universidad Simón Bolívar. Dirección Postal: 89000 Caracas, Venezuela. Teléfono: 58212-9063978. Fax: 58212 9063971 e-mail: plorenza@usb.ve

Resumen

La Seguridad Alimentaria en Hogares (SAH) ha sido objeto de estudio desde hace más de una década. La mayoría de las investigaciones se han focalizado en la percepción en adultos: jefes de hogar y/o el ama de casa sobre el nivel de Seguridad Alimentaria del Hogar, a través de una escala que ha resultado ser valida y confiable. No obstante, son escasas las investigaciones recientes a nivel mundial que señalan la percepción en niñas, niños y jóvenes. El presente estudio busca validar la escala de SAH diseñada para adultos, en 924 adolescentes provenientes de escuelas públicas, participantes del Programa de Igualdad de Oportunidades en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas (Venezuela). Se utilizó la escala del Community Childhood Hunger Identification Projects -CCHIP-, adaptada y validada para  comunidades venezolanas de bajos recursos en otros estudios. Se utilizó programa SPSS versión 12, para análisis estadístico. Se aplicó análisis factorial, de componentes múltiples, y a-Cronbach para verificar la cohesión de los factores de la escala y su confiabilidad. La escala SAH obtuvo un coeficiente de 0,893, indicador de un instrumento altamente confiable para ser utilizado en adolescentes. Se constata que la escala permite la evaluación de una manera sencilla, práctica y rápida de la SAH a través de la perspectiva de los adolescentes.

Palabras Clave: seguridad Alimentaria en hogares, escala CCHIP, adolescentes, Caracas, Venezuela.

The scale of households food security applied to adolescents in Caracas: a valid and reliable measure

Abstract

Household food security (HFS) has been the object of research for more than a decade. Most studies have focused on head of households or female food managers’ scale-based perception of food security level that has so far been shown to be reliable and valid. Yet, world research that reports children or adolescents perceptions is scarce. This study aims to validate the Community Childhood Hunger Identification Projects -CCHIP scale- adapted y validated for use in low income Venezuelan communities, in a sample of 924 public school adolescent students, participants of an Equal Opportunity for Access to the University Program (PIO) launched at Simon Bolivar University in Caracas. The SPSS (version 12) statistical package was used for data analysis Factorial and multiple components analysis was used to verify items’ cohesion within factors. Reliability was assessed with alpha Cronbach’s coefficient. A 0.893 coefficient for the HFS scale indicated a highly reliable instrument when used with this sample of adolescents. We suggest the scale provides a simple, practical and rapid HFS assessment tool of adolescent perspectives of the food security levels of their homes.

Key Words: household food security, CCHIP scale, adolescents, Caracas, Venezuela.

La escale de sécurité alimentaire aux foyers appliquée a  adolescents au Caracas: une mesure valable et fiable

Résumé

La Sécurité alimentaire au foyer (SAF) est l’objet d´études depuis plus d´une décennie. La plupart des recherches dans ce domaine ont eu par objectif la perception de la SAF par les adultes, en particulier les chefs de foyer,  au moyen d´une échelle qui a démontré sa valeur et sa fiabilité. Cependant très peu de recherches au niveau mondial montrent la perception des enfants et des jeunes adolescents. Cette étude cherche à valider l´échelle de SAF utilisée pour les adultes, auprès de 924 adolescents en provenance d´écoles publiques fonctionnement à Caracas. Ce groupe fait partie du « Programme d´égalité des chances »  de l’Université Simon Bolivar. L´échelle en question est celle du Community Childhood Hunger Identification Project  -CCHIP - adaptée au cas des communautés vénézuéliennes à bas revenu. Pour faire d´analyse statistique, nous avons employé le programme SPSS dans sa version 12. Pour vérifier la cohérence des facteurs de l´échelle et leur fiabilité, une analyse factorielle en composantes multiples ainsi que le test á-Cronbach ont été appliqués. L´échelle SAF a obtenu un coefficient de 0,893, ce qui permet constater que l´indicateur est assez fiable pour être utilisé chez les adolescents. On peut aussi constater mettre en évidence que l´échelle permet une évaluation simple, pratique et rapide de la SAF à travers sa perception par les adolescents, SAF.

Mots clés: sécurité alimentaire au foyer, scale CCHIP, adolescents, Caracas, Venezuela

Recibido: 22-09-2006, Revisado: 12-03-2006, Aceptado: 29-05-2007

1. Introducción

El acceso se define como la posibilidad de alcanzar u obtener algo. La seguridad se refiere a aquello libre y exento de todo daño, peligro o riesgo, indica estabilidad y firmeza; mientras que lo permanente, es aquello que dura en cierto lugar o estado (Larousse, 1996). El concepto  de Seguridad Alimentaria incluye estas dimensiones que engloba la estabilidad de una alimentación sana y adecuada para una vida productiva y puede referirse a diferentes ámbitos: mundial, regional, local, comunal, hogar y/o individuo. Su objetivo es contribuir al logro de un bienestar duradero. Así lo refieren algunos expertos: «El acceso seguro y permanente de los hogares a una cantidad de alimentos suficientes en cantidad y calidad, para lograr una vida sana y activa» (Maxwell y Frankenberger, 1992). La Seguridad Alimentaria incluye «como mínimo la disponibilidad de alimentos adecuados, seguros y la habilidad para adquirirlos en condiciones socialmente aceptables» (Frongillo, 1999). La suficiencia alimentaria, el acceso a los alimentos, la seguridad o el balance entre vulnerabilidad, riesgo, los recursos del hogar y el tiempo; abarcan las dimensiones del «acceso seguro a los alimentos en todo momento» (Dehollain, 1995). La Organización de Naciones Unidas para Alimentación y Agricultura (FAO, 1996), considera los conceptos anteriores, agregando «cubrir sus preferencias alimentarias y necesidades nutricionales». Existe inseguridad alimentaria cuando «la disponibilidad de alimentos, nutricionalmente adecuados o la capacidad de adquirirlos de manera socialmente aceptable se encuentra limitada o incierta» (Campbell, 1991).

La Seguridad Alimentaria en Hogares ha sido objeto de estudio desde hace más de una década. Las investigaciones se han focalizado en la percepción en adultos: jefes de hogar y/o el ama de casa sobre el nivel de Seguridad Alimentaria del Hogar (Wehler, Scout y Anderson, 1992; Tarasuk y Beaton, 1999; Lorenzana y Sanjur, 1999; Nord y Bickel, 2002; Lorenzana, Bernal y Mercado, 2003; Vozoris y Tarasuk, 2003; Bernal y Lorenzana, 2003). Todas estas investigaciones concluyen que la aplicación de una escala que estima la percepción de los adultos sobre el nivel de seguridad alimentaria de sus hogares es válida. Sólo escasas investigaciones recientes señalan la percepción en niñas, niños y jóvenes (Connell et al., 2005; Connell et al., 2004). Incluso algunos investigadores se refieren al nivel de inseguridad Alimentaria en niños y/o jóvenes, aunque las entrevistas han sido realizadas a los padres (Matheson et al., 2002; Casey et al., 2005; Alvarado, Zunzunegui y Delisle, 2005; Solano, Baron y Del Real, 2005). Desde 1989 a nivel mundial se aprobó la Convención sobre los Derechos de los niños, niñas y adolescentes (UNICEF, 2006); se ratificó la importancia de los derechos y deberes de este grupo de población, siendo uno de los derechos primordiales la alimentación. Por ello profundizar sobre las percepciones sobre el nivel de inseguridad alimentaria y la de los hogares de niños y jóvenes, podría contribuir a monitorear esta situación y a esclarecer elementos para la planificación de políticas públicas que afectarán directamente el bienestar de estos grupos.

En este escenario, el presente estudio surge de la necesidad de evaluar de una manera sencilla, práctica y rápida la Seguridad Alimentaria en Hogares (SAH) de estudiantes provenientes de escuelas públicas que desean ingresar a la Universidad Simón Bolívar (USB), para posteriormente considerar su asociación con variables que estiman el rendimiento escolar. El objetivo principal de esta publicación es la validación de la escala de SAH originalmente diseñada para adultos, en adolescentes participantes del Programa de Igualdad de Oportunidades (PIO)3.

2. Metodología

Se seleccionó el universo de los estudiantes (n=924) que asistieron durante el mes de julio de 2005 a un programa de inducción universitaria en las instalaciones de la USB, en Caracas, Venezuela, una institución pública que ha desarrollado el PIO. Se les pidió su colaboración para completar un formato con sus datos personales, académicos (escuela de origen, promedio de notas, repitencia escolar) y la escala que mide el nivel de SAH. Los datos personales y académicos fueron completados por los estudiantes y se verificaron con información previamente obtenida. El promedio de notas se refirió al promedio de calificaciones obtenidas entre el séptimo grado y primer año del ciclo diversificado, es decir, consideró cuatro años de escolaridad. Se les preguntó así mismo sobre el número de años que habían repetido alguna vez durante sus estudios, incluyendo en este caso el periodo desde primer grado hasta el primer año del ciclo diversificado, es decir, diez años de escolaridad.

Para determinar el nivel de seguridad Alimentaria percibido en los hogares se utilizó una escala del Community Childhood Hunger Identification Projects -CCHIP- (Wheler, Scout y Anderson, 1992), adaptada y validada para comunidades venezolanas de bajos recursos (Mercado y Lorenzana, 2000; Lorenzana y Sanjur, 1999; Bernal y Lorenzana, 2003; Lorenzana, Bernal y Mercado, 2003).  La escala consta de 12 preguntas sobre la percepción del entrevistado acerca de las alternativas de consumo de alimentos cuando existen restricciones de ingreso o de recursos disponibles para la alimentación y experiencias de hambre en el hogar, en los últimos seis meses. Las categorías de respuesta son: nunca (0 puntos), casi nunca (1 punto), casi siempre (2 puntos) o siempre (3 puntos). La puntuación total puede fluctuar entre cero y treinta y seis puntos. Si un hogar tiene cero puntos indica Seguridad Alimentaria; si posee entre uno y doce puntos, existe leve inseguridad; de trece a veinticuatro puntos, tiene moderada inseguridad; y, a partir de este puntaje, se considera que el hogar es severamente inseguro (Mercado y Lorenzana, 2000).

Se utilizó el programa SPSS para Windows, versión 12, para el análisis de la estadística descriptiva y bivariante. Se aplicó el análisis factorial y de componentes múltiples, el cual genera «factores» o aspectos de la variable abstracta «percepción de la seguridad alimentaria en el hogar». Un factor es una combinación lineal de los ítems que representan un aspecto basado en una matriz de correlación (Polit y Hungler, 1994). Se verificó la confiabilidad de la escala a través de la prueba de a-Cronbach (Cronbach, 1951) que permite medir la consistencia interna; selecciona grupos de pares múltiples al azar, correlaciona los puntajes de cada par y utiliza las mezclas de correlaciones entre los grupos de pares. Si la misma escala se administra repetidamente en una muestra, se obtendrán similares respuestas.

3. Resultados y discusión 

En el Cuadro Nº 1 se presenta el perfil de la muestra estudiada. Allí destaca el predominio del género femenino (>56%) en el grupo de estudiantes, en contraposición con el género masculino. El promedio de notas obtenido de una muestra de 919 estudiantes resultó en promedio igual a 15 puntos, en una escala de calificaciones de 1 a 20 puntos. Cabe destacar que un criterio de admisión es el promedio de notas mayor o igual a 13 puntos, considerando los últimos cuatro años cursados. Del total de estudiantes entrevistados, más de 11% refirió haber repetido entre uno (8,7%) y dos (2,3%) años durante sus estudios primarios y secundarios.

 

Según una investigación realizada en la Universidad de Los Andes, el rendimiento en bachillerato es un buen predictor del rendimiento universitario (Garnica, 1997). Sin embargo, aunque el promedio de los estudiantes del PIO pueda ser clasificado como distinguido, no es comparable la calidad de la educación de una escuela pública a una privada (Planchart, 2003). En Venezuela se ha presentado un deterioro de la calidad de la educación, lo cual se evidencia con promedios de notas inferiores cada año. Las diferentes vías de ingreso a la educación superior, entre ellas la USB, dejan fuera del sistema educativo a la mayoría de los aspirantes provenientes de escuelas públicas. En el examen de admisión a la USB del año 2000, de un total de 6885 estudiantes, sólo 17,99% perteneció al sector público. En total, sólo pasaron la prueba 6,9% provenientes de escuelas públicas (Planchart, 2003).

Un estudio realizado en Venezuela sobre la discontinuidad de las oportunidades de estudio en la institución escolar, definida como «la pérdida progresiva de tejido escolar» en cada grado de la educación básica y media diversificada y profesional, encontró una discontinuidad grave entre la segunda y tercera etapas de la educación básica, pues de cada cien estudiantes que iniciaron la trayectoria escolar, sólo permanecían treinta y dos. Se plantea que este cierre de oportunidades es un factor decisivo de la exclusión temprana de nuestros adolescentes. Igualmente, señala que después del séptimo grado, el índice promedio interanual de repitencia es 15% y la deserción 23%. Las realidades anteriores alertan sobre situaciones de profunda iniquidad  en las oportunidades de acceso, prosecución y culminación de la educación básica y media venezolana. Es evidente que los ciudadanos cuyos padres o representantes puedan costear el precio de los servicios educativos privados gozarán de mayores probabilidades para proseguir y culminar sus estudios de, al menos, el preescolar; así mismo, de los nueve años de la escuela básica o culminar la básica y aspirar a una educación universitaria (Mundó, 2003). Si bien el Programa PIO no está diseñado para superar las limitaciones de estudiantes de instituciones públicas con notas desfavorables, puede captar aquellos estudiantes que tienen potencial académico para ingresar a la USB, aunque requiere una conducción más eficiente y efectiva.

La Figura Nº 1 señala la prevalencia de Seguridad Alimentaria en el Hogar, en la que se destaca que más de 54% de la muestra presenta algún nivel de inseguridad Alimentaria en sus hogares De éstos, 17 sujetos (1,8% de la muestra) presentan inseguridad moderada y un sujeto (0,1%) clasificó dentro del rango de inseguridad severa. En este último sujeto se perciben situaciones de experiencias de hambre tanto en adultos, como en niños.

Cuando se comparan estos resultados con los obtenidos en estudios anteriores, se observa ahora una mejor situación en el nivel de seguridad Alimentaria. Si bien el porcentaje de hogares con algún nivel de inseguridad Alimentaria es comparable a los encontrados en el año 1998, en la comunidad «El Petróleo» (Mercado y Lorenzana 2000) y en los Hogares de Cuidado Diario en la región Capital (Bernal y Lorenzana, 2003), la severidad de la inseguridad Alimentaria fue mayor que en los estudios anteriores. Es posible que la diferencia en las condiciones educacionales en los hogares se asocie a esta diferencia. Los adolescentes del presente estudio están solicitando ingreso a la Universidad, lo que indica una mejor situación educacional, comparada con los adultos de estudios anteriores, donde la mayoría de los adultos participantes apenas alcanzó el sexto grado de educación primaria. Consecuentemente, estos adolescentes probablemente tienen una mejor situación económica y social. A pesar de ello, es preocupante que en más de la mitad de los hogares, parece existir un acceso insuficiente a una alimentación sana y favorable, con un rendimiento escolar adecuado.

En la Figura Nº 2 se desagrega el aspecto más dramático de la inseguridad Alimentaria en el hogar, que son las experiencias de hambre. A pesar de lo dicho anteriormente, llama la atención que en casi el 20% de los hogares los adolescentes perciben hambre en el hogar; este hallazgo coincide con otros estudios (Lorenzana, Bernal y Mercado, 2003). Así mismo estas situaciones se experimentan en mayor proporción en los adultos (16%), que en los niños (11,6%). Generalmente éstas surgen al agotarse otros mecanismos de ajuste para acceder a los alimentos. Estudios señalan que los adultos son los primeros en experimentar el hambre y sacrifican su propia comida antes que la alimentación de los niños. Las experiencias de hambre en los niños se consideran un indicador de inseguridad Alimentaria severa en el hogar (Maxwell et al., 1999; Scott, Wehler y Anderson J., 1994; Lorenzana y Sanjur, 1999). Estos datos reflejan que en más de 19% de los hogares de estos jóvenes se presentan dichas experiencias.

En el Cuadro Nº 2 se presenta el porcentaje de respuestas positivas de la escala de SAH. Destaca en el mismo que más de 40% de la muestra señaló como la situación más frecuente «la falta de dinero para comprar alimentos». Otros estudios de igual metodología realizados por las mismas autoras, pero en otros grupos etáreos, también señalan esta pregunta como la de mayor porcentaje de respuestas positivas, sin embargo, estos reportan porcentajes mayores que oscilan entre 57% y 84% para los años 1995, 1997, 2000 y 2001 (Lorenzana et al., 2003). Igualmente ocupó este primer lugar en un estudio norteamericano que utilizó una escala similar adaptada para un grupo de 215 adolescentes entre 12 y 15 años, aunque el porcentaje de respuestas positivas fue de 26,7% (Connell et al., 2004). De manera consistente esta frase refleja un primer estadio de leve inseguridad Alimentaria en los diferentes estudios realizados.

En segundo lugar la «disminución del número de comidas usuales en el hogar» debido a la falta de recursos económicos, representa una de las principales estrategias que aplican los miembros de un hogar ante situaciones de escasez de alimentos. El tercer lugar con mayor frecuencia es la «compra de menos alimentos indispensables para los niños» y la frase que refiere que «algún adulto come menos en la comida principal porque los alimentos no alcanzan para todos». Cabe destacar que, al presentarse estas situaciones de escasez de alimentos, disminuye sustancialmente la posibilidad de cubrir con los requerimientos de energía y nutrientes que estos jóvenes necesitan para lograr una vida sana y activa; esto sin duda alguna, podría repercutir en su capacidad de aprendizaje y en el desarrollo de habilidades. Datos de un estudio longitudinal en la niñez temprana señalan que la Inseguridad Alimentaria fue asociada a una pobre trayectoria en el desarrollo, en especial manifestándose en un bajo rendimiento académico, menores habilidades en matemáticas y lectura en ambos sexos. Además repercutió en el descenso de destrezas sociales para los varones y mayor ganancia de peso e Índice de Masa Corporal para las niñas. Los autores recomiendan que la inseguridad Alimentaria podría ser un marcador de la trayectoria en el desarrollo (Jyoti et al., 2005).

En el Cuadro Nº 3 se presenta el análisis factorial de la escala que mide la SAH en adolescentes. Este análisis se aplicó para agrupar los ítems de la escala alrededor de las dimensiones que la escala de SAH pretende estimar. Se agruparon en dos factores: el factor 1, denominado restricciones en el ingreso y los recursos alimentarios disponibles en el hogar, y el factor 2, relativo a las experiencias de hambre en el hogar, adultos y/o niños. En el factor 1 se obtuvo un rango entre 0,785 a 0,596, representado en seis preguntas de la escala relacionadas con la falta de recursos monetarios para la compra de alimentos. El factor 2 presentó rangos entre 0,816 y 0,588, representado en las preguntas de la escala sobre las experiencias de hambre en el hogar, tanto en adultos como en niños. El factor 1 explica el 29,26% y el factor 2 explica 27,90% de la variación. Ambos factores explican en total el 57,16% de la variación de SAH desde la perspectiva de los adolescentes.

Al comparar estos resultados con otras investigaciones sobre el nivel de SAH percibido en el ama de casa durante los años 1997 y 1998 (Mercado y Lorenzana, 2000), se observa que los resultados son muy similares. Sin embargo, en este último estudio el factor 1 se constituyó por siete preguntas de la escala, debido a que el ítem: «algún adulto se acuesta con hambre porque no alcanza el dinero para la comida» resultó ubicado en ese grupo; sin embargo, fue incluido en el factor 2, debido a que conceptualmente se refería a la dimensión de experiencias de hambre. En la presente investigación el ítem en cuestión formó parte del factor 2, es decir, que fue adecuadamente categorizado. De manera consistente, surgen dos dimensiones de la SAH, con ítems que se cohesionan de manera similar a otros estudios; no obstante sucede desde la perspectiva de los adolescentes, un grupo de población que no ha sido estudiado con anterioridad. Esto provee evidencia de la validez de la escala aplicada a estos adolescentes.

El porcentaje de variación que señala la investigación de Mercado y Lorenzana (2000) es de 64% para los años 1997 y 1998, respectivamente, es mayor que el encontrado en la presente investigación, de 57%. Sin embargo, esto podría deberse a las características diferentes y el tamaño de la muestra.

Al aplicar el análisis de confiabilidad de a-Cronbach´s se obtuvo un coeficiente de 0,893. Tal resultado indica que la escala SAH es un instrumento altamente confiable para utilizar en adolescentes. Los resultados son similares a otros estudios en diferentes grupos de edad que reportan coeficientes entre 0,91 y 0,92 (Lorenzana y Sanjur, 1999; Mercado y Lorenzana, 2000).

4. Conclusiones  

Más de la mitad de los estudiantes que pretenden ingresar a la universidad Simón Bolívar presentan algún nivel de Inseguridad Alimentaria, lo que refleja la relativa vulnerabilidad de estos jóvenes. Se explica por tratarse de individuos que han pasado en los últimos seis meses por situaciones de escasez de dinero para la adquisición de alimentos, en los casos más simples, hasta experiencias de hambre en su hogar -ya sea en adultos o niños-, en los casos más complejos. Considerando los resultados de estudios que asocian la Inseguridad Alimentaria con la inseguridad nutricional y su efecto sobre el desarrollo integral del hombre, los resultados de este estudio sugieren que una Seguridad Alimentaria plena para estos adolescentes puede contribuir a su mejor rendimiento educacional.

En orden prioritario, según el presupuesto asignado para becas y/o subsidios, se recomienda focalizar en los casos de estudiantes con clasificación de severa y moderada Inseguridad Alimentaria según la escala utilizada en este estudio. En caso de poseer mayor presupuesto, también se recomienda prestar algún tipo de apoyo a los que presentan leve inseguridad Alimentaria en sus hogares. Sin embargo, sería beneficioso realizar un seguimiento no sólo alimentario, si no también nutricional, incluso a los clasificados dentro de un nivel de inseguridad Alimentaria leve; esto con la finalidad de observar su comportamiento en el tiempo y poder asociarlo con el rendimiento escolar de manera prospectiva.

Se recomienda planificar estrategias educativas y de búsqueda de apoyo económico para contribuir a mejorar la SAH de los jóvenes más necesitados, para garantizar su éxito académico.

Paralelamente se recomienda realizar evaluaciones nutricionales más profundas que abarque las tres dimensiones de consumo de alimentos, antropometría y bioquímica nutricional. Tal medida permitirá determinar hasta que punto esa vulnerabilidad reflejada en este estudio, repercute en su organismo.

Se recomienda estudiar las dimensiones psicológicas de la inseguridad Alimentaria en especial en relación con el rendimiento escolar de los adolescentes.

La tarea constitucional en el tema de escolarización es de gran magnitud, tanto en el compromiso social como en la demanda de recursos para su concreción. Por ello es imprescindible el reflexionar sobre las debilidades y fortalezas que actualmente afectan al sistema escolar venezolano, a objeto de establecer una estrategia de implantación en donde se prioricen acciones de intervención dirigidas a superar círculos viciosos que se han incorporado, así como a la construcción de la nueva realidad educativa implícita en este nuevo compromiso (Mundó, 2003).

Finalmente es importante considerar que el problema no se restringe al aumento de la matriculación. El aprendizaje social que legó la «Educación para Todos» fue que, tanto o más importante que matricular, es capacitar a la escuela con mecanismos e instrumentos efectivos que configuren su poder de cohesión y retención como condiciones de prevención del fracaso escolar (Mundó, 2003).

Agradecimiento

Al Prof. Enrique Planchart, Coordinador del programa PIO; a la Lic. Evelyn Abdalá, Asistente a la Coordinación; y a la T.S.U. Norghy Rodríguez, Asistente del Programa; a los estudiantes de la cohorte 2005-2006, por su invalorable participación en la realización de este trabajo.

Notas

3 El Programa de Igualdad de Oportunidades PIO es un programa experimental de carácter institucional creado para mejorar las oportunidades de ingreso a la Universidad de estudiantes del último año de Educación Media Diversificada de escuelas públicas, en situación de desigualdad socioeconómica (Planchart, 2003).

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