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Agroalimentaria
versión impresa ISSN 1316-0354
Agroalim v.16 n.30 Mérida ene. 2010
PRIMEROS RESULTADOS DE
Levy-Carciente, Sary 2, Phélan C., Mauricio 3, Fernández O., Francisco J.4
RESUMEN
El presente artículo examina los resultados de una investigación por encuestas cuya finalidad consistió en evaluar la implantación de
Palabras clave: alimentación, trabajador, beneficio social, política pública, Venezuela.
ABSTRACT
This paper examines the results as well as initial impacts of the implementation of the Venezuelan Workers Alimentation Law («Ley de Alimentation de los Trabajadores en
Keywords: alimentation, worker, social benefit, public policy,
RÉSUMÉ
Ce papier examine les résultats et impacts primaires de lapplication de
Mots-clé: alimentation, ouvrier, avantage social, politique publique, Venezuela
1. INTRODUCCIÓN
Los hogares son en sí mismos «insumos de capital», medios para alcanzar el desarrollo humano, para llevar una vida productiva y para el crecimiento económico. Sobre esta afirmación se puede decir que un trabajador más sano y más instruido es un trabajador más productivo.
Aunado a esto, en una sociedad un mejor abastecimiento de agua y de saneamiento incrementa la producción per cápita de diferentes maneras, entre ellas, la disminución del número y frecuencia de enfermedades. Sin embargo, en el mundo hay más de 1.000 millones de personas que viven en hogares en condiciones de pobreza extrema, lo que afecta la salud, el desempeño de la economía de un país y, por ende, su capacidad de desarrollo integral (Sachs, 2005).
Para que los países de bajos ingresos salgan del círculo perverso en el que están inmersos, han de lograr un capital humano adecuado, con acceso a la infraestructura esencial y derechos políticos, sociales y económicos fundamentales. Para mejorar la calidad de vida de su población, América Latina no sólo requiere crecer desde un punto de vista económico, sino que además necesita reforzar la educación, la ética, la protección a las minorías y la responsabilidad social, además de fomentar una cultura solidaria con las necesidades locales y globales (Glenn y Gordon, 2007).
Con la finalidad de favorecer el logro de estos objetivos, en diversas partes del mundo se han ensayado políticas públicas que promueven un apoyo en la alimentación al trabajador, tratando de influir positivamente en su salud y, en consecuencia, en su bienestar general.
2. MODALIDADES DE APOYO A
Conscientes de la importancia de una buena alimentación y de los efectos de ésta en el desempeño laboral, desde 1956,
Entre las estrategias propuestas se encuentran:
Cantinas y cafeterías: tiene como objetivo ofrecer al empleador y sus trabajadores comidas simples, saludables y subsidiadas. Exige espacios suficientes y su adecuación (ventanas, ventiladores, mesas, etc.).
Comedores: salón con facilidades de cocinar, fregar y descansar, a donde se pueda llevar la comida del hogar.
Vendedores locales: expendedores de comidas preparadas en espacios fijos o ambulantes.
Vales de alimentación (tickets): son ideales cuando no hay espacio para instalaciones y estimula el desarrollo urbano. Esta estrategia en particular ha tenido éxito en Brasil, Hungría y Francia (Wanjek, 2005).
Los vales de alimentación se presentan como instrumentos para responder a una necesidad social y tiene su origen en Gran Bretaña, a comienzos de la década de 1960; posteriormente se expanden hacia Alemania, Francia, Suecia, y Suiza. Son considerados como una herramienta que contribuye con la productividad y la equidad. Las pequeñas empresas pueden también participar y se incrementa la relación entre patrones, gobiernos y emisores de tickets. En América Latina es para mediados de la década de 1970 que comienzan a emplearse en Brasil, posteriormente en Argentina, México y, en Venezuela, se inicia en 1998 (Wanjek, 2005). Es un instrumento que tiene una gran ventaja para su difusión e implantación al tener un costo relativamente pequeño, tanto por el bajo nivel de inversión en la infraestructura que requieren, como por el adecuado subsidio alimentario que ofrecen a los trabajadores (Gráfico Nº 1 y Cuadro Nº 1).
De igual manera, la lógica en la toma de decisión por parte de los empleadores sobre el tipo de contribución a realizar en la mejora de la calidad de alimentación del trabajador, considera tanto el espacio como la inversión a realizar (Cuadro Nº 2).
3. MODALIDADES DE APOYO A
En Venezuela el apoyo al trabajador en el ámbito de su alimentación se ha considerado desde la década de 1970, cuando los comedores industriales para las empresas grandes se hacen obligatorios. Este apoyo, si bien positivo, no es de fácil aplicación al exigir una serie de actividades y recursos, por lo general, alejados del objetivo central de la empresa, lo que complica su implantación y cabal ejecución. Asimismo, excluye de su beneficio a un gran número de trabajadores que participan en pequeñas y medianas empresas.
A partir de 1998 se inicia en el país la política alimentaria utilizando como instrumento los tickets, vales o cupones de alimentación, en el marco de
Para la empresa: representa un esquema fácil y de bajo costo de mejorar la alimentación de su trabajador, lo que en términos generales ha de redundar en mejoras productivas y reducir los accidentes laborales. Además, esta bonificación no es parte del sueldo o salario por lo que no incrementa las incidencias laborales tales como: INCES, Seguro Social, Paro Forzoso, Ley de Política Habitacional. Se calcula que es un ahorro promedio equivalente al 70% del monto que la empresa desembolsaría en caso de otorgarlo como salario y, como no genera prestaciones, elimina una carga del 57% del salario.
Para el trabajador: representa un incremento en el ingreso que destina al consumo alimentario, lo que favorece una nutrición adecuada. En el caso del cupón alimentación, éste permite adquirir alimentos no procesados, lo que incrementa el número de comidas a cubrir con el mismo monto. Además, la cantidad recibida en el cupón no está sujeta a retenciones.
Para el comercio de alimentos: se incrementa la demanda de alimentos y, por ende, el buen desempeño de este sector.
Para el Estado: es un mecanismo para el logro de políticas que pretenden incrementar el bienestar de la población pues aun cuando no recibe los recursos provenientes de impuestos indirectos como INCES, Paro Forzoso, Seguro Social, Ley de Política Habitacional, capta el pago de otros tributos como el impuesto al valor agregado, debido a que el trabajador predominantemente utiliza el ticket en establecimientos de la economía formal. Además, el Estado obtiene un mayor impuesto sobre la renta, por mayores ganancias de los comercios.
Tal y como se puede apreciar en
En la fase inicial 1998-2000 la población beneficiada se duplicaba anualmente; luego crece a un menor ritmo, pero igualmente alto; así, la cantidad del año 2000 se duplica para 2004, mientras que por la transformación legal esto sucede nuevamente para 2007; llegando la población beneficiada a 2.367.109 personas, lo cual representa el 38% de la población empleada en el sector formal y el 19% de la población económicamente activa en todo el país6.
Desde un punto de vista sectorial: mientras para 2004 la población laboral beneficiada en el sector público duplicaba aquella en el sector privado, el crecimiento en este último ha sido muy importante y para 2007 incluso lo ha superado: 56% sector privado y 44% sector público. Esta población laboral beneficiada se encuentra concentrada en el sector terciario (91%) y en un 50% en la ciudad capital, que entre otros elementos evidencia la distribución poblacional desigual y concentrada en la región centro-norte costera del país.
Un elemento que ha favorecido la adopción de los cupones de alimentación en la población laboral es el número creciente de establecimientos que lo aceptan como medio de pago, de forma tal que ha logrado una liquidez prácticamente total en todo el sector de alimentos al detal, tanto procesados (restaurantes, locales de comida rápida, cafés y pastelerías) como sin procesar (mercados, automercados, carnicerías, pescaderías, abastos, bodegas y panaderías). Como reflejo de la buena acogida se tiene que para 1998 se contaba con 2.272 establecimientos receptores del instrumento, siendo que para 2007 esta cifra se incrementa a 35.493 empresas. A partir de 2002 el sector público cuenta con establecimientos que aceptan el ticket de alimentación y hoy día representan el 23% del mercado.
¿Qué percepción tiene la población beneficiaria sobre la política? ¿Qué beneficios reconocen?
¿Cuál es el impacto en la familia del trabajador?
¿Cuál es el efecto en la alimentación del grupo familiar
del trabajador? Para responder a estas interrogantes se diseñó una investigación por encuestas con representatividad nacional.
4. ESTUDIO POR ENCUESTAS
Con base en el creciente peso que tiene el beneficio de alimentación en la vida cotidiana de los trabajadores, en especial en su nutrición y salud como factor fundamental que incide en la reducción de la pobreza, se diseñó una investigación empírica, mediante la aplicación de una encuesta a hogares. El propósito era conocer en extensión nacional y en profundidad individual las opiniones y percepciones de los actores involucrados dentro del Programa de Alimentación para los Trabajadores.
La investigación se planteó, como objetivo general, evaluar los usos y las percepciones asociadas al beneficio de alimentación en una muestra de beneficiarios/as del servicio. Como objetivos específicos se esbozaron los siguientes: i) determinar cómo es definido el beneficios de alimentación; ii) valuar las principales formas de uso del beneficio de alimentación; y iii) valorar las percepciones que tienen del servicio los beneficiarios en cuanto a: Cambios en los patrones de consumo alimentario, Calidad de vida y
El cuestionario se administró sobre una muestra de 1.200 personas, con representatividad por género, nivel socioeconómico y por grupos de edad, con un error muestral de 2,83%.
Región Capital: Caracas, Guarenas, Guatire, Vargas, Los Teques.
Región Central: Maracay,
Región Zuliana: Maracaibo-Cabimas, Ciudad Losada.
Región Centroccidental: Barquisimeto, Punto Fijo.
Región Guayana: Ciudad Guayana, Ciudad Bolívar.
Región Nororiental: Barcelona, Cumaná, Maturín, El Tigre, Guanipa.
Región Los Llanos: Acarigua, Barinas.
Región Andina: San Cristóbal, Mérida.
El cuestionario fue administrado a una muestra de los beneficiarios de las diferentes modalidades de bonos de alimentación y estuvo estructurado, en su mayoría, con preguntas cerradas, tanto dicotómicas como de selección múltiple, agrupadas dentro de cinco secciones.
Éstas eran: preguntas sociodemográficas, preguntas acerca de la percepción del servicio, preguntas sobre las incidencias en el presupuesto familiar, incidencia en la relación laboral y usos del ticket de alimentación.
El procesamiento estadístico de los datos se realizó mediante frecuencias simples y tablas de contingencia.
Los resultados se presentan siguiendo el orden de las secciones del cuestionario.
4.1. PERFIL SOCIODEMOGRÁFICO
La muestra resultó constituida por 57,7% de mujeres y 42,3% de hombres, ubicados mayoritariamente entre los 25 y 54 años de edad. El 52% de los consultados para el momento de la encuesta declararon estar casados y 5,17% unidos, lo que hacía un total de 57,17% de personas viviendo en pareja. El segundo grupo era el de solteros/as.
Del total de la muestra el 81,25 % declararon tener personas dependientes a su cargo. Esta relación es fundamental para entender la incidencia del beneficio sobre aquellos integrantes del hogar que son dependientes, vale decir, menores de edad y adultos mayores. Es importante señalar que en el país la población en edad de trabajar va cobrando importancia relativa dentro de la estructura por edades, lo que representa una oportunidad para apoyar a los demás miembros del hogar en la solución de sus necesidades básicas, una de las cuales es la alimentación (UNFPA, 2006). Del 81,25% que declararon tener personas que dependían de ellos/as, la mayoría tenía más de dos dependientes. Un porcentaje muy pequeño de la muestra declaró no tener personas a su cargo.
Los beneficiarios encuestados (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007) en su mayoría reportaron ingresos7 inferiores a los dos mil bolívares fuertes men-suales (42,84%), mientras que una proporción minoritaria alcanzaba ingresos sobre los tres mil bolívares fuertes mensuales (13,42%). Esto refleja que el beneficio favorece a trabajadores con ingresos modestos, con referencia al valor de
Con referencia al nivel educativo de la población encuestada (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007) se evidencia que la mayoría tenía estudios superiores, entre técnicos y universitarios (65,5%) y en menor medida la población consultada alcanzaba grados educativos inferiores a la secundaria (30,2%). Esta característica en el nivel formativo define a la muestra de beneficiarios como un conjunto de personas que en general alcanza un buen nivel de educación. Un pequeño porcentaje-menos del 5%-declaraba tener pocos años de escolaridad.
En síntesis, la muestra de usuarios de los cupones/tarjetas de alimentación en su mayoría se ubicaba entre los 25 y 55 años de edad, constituyendo pareja con personas que dependían de ellos, mayoritariamente poseían estudios superiores y tenían ingresos entre uno y tres mil bolívares fuertes mensuales (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007).
En cuanto a la estratificación social (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007) de la muestra, se evidencia que la mayoría de las personas encuestadas se ubicaba dentro de los estratos C y C Plus (73,77%).
Los estratos extremos eran pequeños, lo que es de alguna forma comprensible. Los estratos bajos se caracterizan por agrupar de manera predominante a los trabajadores de la economía informal y los trabajadores a destajo. Caso contrario con los estratos altos, donde se concentran altos ejecutivos, dueños de empresas y profesionales de libre ejercicio.
4.2. DEFINICIÓN Y USOS DEL BENEFICIO DE ALIMENTACIÓN
Del total de personas consultadas en la muestra (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007), el 58,5% recibía el beneficio en la modalidad de cupones o ticket, mientras que el 41,42% lo hacía como tarjetas electrónicas.
La modalidad de la tarjeta era preferida en un 46,42% sobre la de los cupones con un 37,5%, mientras que para un 13,42% era indiferente entre una u otra opción (Gráfico N° 4).
En relación con la utilización que les dan al beneficio, la mayoría los destinaba a las compras, lo que se corresponde con la finalidad del Programa, como es la de cubrir con los requerimientos de una alimentación balanceada para los trabajadores. Esta evidencia del estudio desmonta el temor que los mismos son desviados para la adquisición de otros rubros diferentes a los fines para los cuales fueron creados. Un porcentaje marginal de apenas un 2%, los cambia por dinero en efectivo (Cuadro Nº 3).
El canje de los cupones en los establecimientos era realizado sin problemas, confirmado por un 96% de los entrevistados (cálculos propios IIES-FACES-UCV,2007). Esto permite indicar que es un dispositivo que se percibe como eficaz y confiable tanto por el consumidor como por el vendedor. Un porcentaje muy pequeño, 4%, declaró tener algún tipo de inconvenientes al canjear los cupones.
En cuanto al tiempo que toman los encuestados para consumir la ticketera o el cupo asignado en las tarjetas (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007), el 88% declara que lo gasta en menos de tres semanas, (un 47,9% en 1 semana, un 10% en 1 mes). Se destaca la existencia de una relación entre edad y tiempo de consumo: a menor edad el consumo se realiza en menor tiempo y viceversa.
A la pregunta acerca del significado del Beneficio de Alimentación (Cuadro Nº 4), una mayoría compuesta por el 32,50% de la muestra lo percibía como un complemento de su salario, un 23,25% como un beneficio y un 12,51% como un mayor ingreso. Si se asume que estas tres afirmaciones se asocian al ingreso, se obtiene que un 73,12% lo percibía como un incremento de su ingreso. El resto de las personas respondieron que representaba un beneficio, tanto para la alimentación como un bono sin incidencias laborales.
Lo anterior coincide con el 60,5% que consideraba que los cupones/tarjetas de alimentación equivalen a tener dinero en efectivo, como se aprecia en el Cuadro Nº 5. Las personas encuestadas que respondieron que no consideran como dinero en efectivo alcanzaban una cifra importante (24,17%), lo cual podría reflejar más que una percepción negativa, el conocimiento certero sobre el significado de los tickets o tarjeta de alimentación.
En relación con compartir los cupones o utilizarlos de manera individual, se observa que las respuestas dicotómicas se distribuyen entre la población consultada en dos grandes grupos: 56,92% que los comparten y 43,00% que no los comparten. Se cruzó esta variable con «personas dependientes» y «estado civil» pero no se obtuvo asociación alguna. Con referencia al primer grupo, se obtuvo que la mayoría de los encuestados comparte los cupones con la familia, entre hijos, otras personas de la familia y cónyuge (Gráfico N° 5 y Cuadro N° 6).
La mayoría de las personas consultadas utilizaba el beneficio en alimentos (procesados y no procesados) y en medicamentos y cosméticos (cálculos propios IIESFACES-UCV, 2007). Un pequeño porcentaje de 8% reconoció que los cambiaba por dinero (Gráfico N° 6).
Los supermercados, carnicerías y pescaderías constituyen los principales sitios en los cuales suelen hacer las compras con los cupones (Cuadro N° 7).
4.3. PERCEPCIONES Y HÁBITOS DE USO DE LOS CUPONES DE ALIMENTACIÓN
En relación con la utilización de los cupones de alimentación y a las creencias que se desprenden de esta acción, se observan los siguientes aspectos: la mayoría, un 79% de los beneficiarios, seguía leal a los establecimientos y locales donde tradicionalmente hacía sus compras, mientras que el 21% declaró hacer sus compras en establecimientos distintos. Esto es confirmado más adelante al declarar que con la obtención de los cupones no se percibían cambios en sus preferencias de consumo tanto en lo referente a los locales (supermercados, abastos, carnicerías) como en lo relativo a sus hábitos de alimentación.

En cuanto a la calidad de vida, un porcentaje importante (cálculos propios IIES-FACES-UCV, 2007), el 55,58%, señalaba que ha mejorado; mientras que un 41% declaraba que se mantenía igual. En suma, 96% percibía que con el beneficio de alimentación su calidad de vida mejoraba o se mantenía sin mayores cambios.
Un pequeño porcentaje de informantes (3,5%), afirmaba que su calidad de vida había desmejorado. Esta misma tendencia se aprecia con respecto a la incidencia del beneficio en el presupuesto de familiar, lo que en líneas generales refleja una buena percepción del beneficio tanto en la mejoría de la alimentación como del presupuesto (Cuadro N° 9).
Indagando un poco más acerca de las modificaciones en la calidad de vida y en el presupuesto de los hogares, se exploraron los cambios en los hábitos de alimentación a partir de la recepción del cupón; se observó que el 71% de las personas consultadas mantenía su dieta alimentaria, mientras que el 29% de los encuestados indicaba haber tenido algún tipo de variación.
Situación similar se observó al indagar acerca de un cambio en los establecimientos en los cuales adquieren alimentos; la mayoría 72% de las personas encuestadas respondió no haber generado cambio alguno.
4. MONTO MENSUAL Y VALOR UNITARIO
Con respecto a los que reciben el beneficio, es importante destacar que el grueso de los encuestados, 80% recibían más de Bs. 200.000 mensuales8 (Cuadro Nº 10). La mayoría de las personas consultadas, 86% consideraba que preferían seguir recibiendo el beneficio a lograr un aumento de sueldo (Gráfico Nº 9), aunque el 70% consideraba que era necesario aumentar la cantidad asignada.
Como principales motivos detrás de esta preferencia están que perciben que con los cupones distribuyen mejor el dinero, les rinde más el ingreso y que el beneficio se hace extensivo a familiares. Del análisis de estas respuestas se aprecia que representan, además de un incentivo, un elemento que proporciona seguridad y resguardo tanto para el beneficiario como para sus familiares. La percepción mayoritaria de las personas consultadas es favorable, por tener además del beneficio beneficio en sí mismo, una serie de ventajas como la seguridad -elemento clave en la coyuntura actual del país- el apoyo extensivo a familiares, allegados y por ser un incremento del ingreso (Gráfico Nº 10).
5. CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES
5.1. CONCLUSIONES EMPÍRICO-ESPECÍFICAS
1. De las 1.200 encuestas realizadas a trabajadores beneficiarios se puede afirmar que los cupones/tickets/vales de alimentación están llegando a los trabajado-res/as formales, tanto del sector privado como del sector público en Venezuela, que devengan ingresos inferiores a los Bs. 3 millones (Bs.F. 3.000). Dentro de los beneficiarios sobresalen ocupaciones tales como operarios especializados y técnicos, enfermeras, docentes, oficinistas, vendedores. Un conglomerado importante de éstos con parejas y/o personas dependientes a su cargo.
2. En lo referente a los hábitos de lo que se consume y el sitio donde se realiza, para la mayoría los cupones/tickets/vales representan una mejoría en la calidad de vida, a la vez que se mantiene el consumo de los mismos productos en los mismos establecimientos.
Al mismo tiempo, la mayoría de los encuestados perciben que el presupuesto ha mejorado, lo que se puede traducir en que, si bien no hay un cambio en el patrón de consumo, si hay una mejoría en las cantidades y en algunos «gustos» que antes de recibir el beneficio no se daban.
3. Las percepciones asociadas a los cupones/tickets/vales de alimentación son positivas. El beneficio para la mayoría representa, además de un incremento salarial, un mecanismo solidario que se hace extensivo en su grupo familiar, a la vez de ser seguro. Un hallazgo interesante es que el instrumento disciplina el consumo, orientando al beneficiario a consumir alimentos en vez de gastarlos en otro tipo de artículos o servicios, cosa que ocurriría si el beneficio se diera en efectivo.
Otro aspecto a rescatar es que el beneficio es visto como un elemento atractivo a la hora de seleccionar un empleo, al ser percibido como un estímulo que orienta el consumo hacia la salud, a la vez de ser un apoyo económico.
4.La mayoría de las personas consultadas declara que los cupones/tickets/vales son aceptados sin problemas en los establecimientos.
5. La mayoría prefiere que los cupones/tarjetas sigan siendo distribuidos por empresas privadas, aunque no es despreciable el porcentaje de personas que se inclina porque sea una empresa de carácter público.
6. En relación con el monto, la opinión mayoritaria es que debería incrementarse pero manteniendo cualquiera de las dos modalidades, la ticketera o la tarjeta.
Sobre esto las opiniones son diversas y legítimas: las personas que prefieren la ticketera lo hacen porque es más fácil compartirla con sus familiares; no obstante, la tarjeta es preferida por ser más segura tecnológicamente.
7. Las apreciaciones, en líneas generales, expresan que las personas consultadas perciben positivamente tanto la ley de alimentación como el mecanismo que la hace operativa a través de sus diferentes expresiones (cupones o tarjeta).
5.2. REFLEXIONES FINALES
Los tickets/cupones/vales/tarjetas de alimentación ofrecen un conjunto de ventajas que favorecen a los distintos actores que intervienen en el proceso. Para las empresas significa una respuesta relativamente práctica para mejorar las condiciones de nutrición y de salud de sus trabajadores, con efectos notables en la productividad y en la reducción de los accidentes laborales. El beneficio no es parte del sueldo o salario por lo que no incrementa las incidencias laborales. Para el trabajador, es un incremento en el ingreso cuya intención es que se destine al consumo alimenticio, lo que favorece una nutrición adecuada, en muchos casos la de él y la de sus familiares directos. Para el comercio representa un mecanismo que estimula el consumo de alimentos y bebidas. Para los entes públicos es una política que contribuye con el bienestar de la población y sus ingresos por impuestos.
Los tickets/cupones/vales/tarjetas de alimentación son percibidos como la expresión de una política donde el sector privado, conjuntamente con el sector público, contribuye con la inclusión de un mayor número de trabajadores al beneficio alimentario. Es una política con importantes resultados, en el corto plazo, al contribuir de forma directa con la economía doméstica, beneficiando de esta forma al trabajador y, en muchos casos, a sus familiares directos. En el largo plazo tiene notables efectos al contribuir con la reducción de la pobreza, al incidir en uno de sus factores como es la desnutrición y, por ende, en la salud. De igual manera, contribuye a disipar las disparidades nutricionales entre los grupos sociales.
En resumen, se está frente a una buena práctica de la cual hay que rescatar elementos para su réplica en otras esferas de las políticas sociales. En cada una de las fases, desde la concepción de la política, la redacción de la ley, el esquema y los mecanismos de su ejecución, hasta sus resultados, constituye un excelente ejemplo que puede aplicarse en otras áreas como son la salud, la educación e, incluso, en los servicios de infraestructura.
Notas:
1 El presente artículo recoge parte de los hallazgos de un trabajo de investigación sobre el tema, realizado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de
2 Doctora en Estudios del Desarrollo (CENDES-Universidad Central de Venezuela, UCV, Venezuela); Máster en Economía Internacional (UCV, Venezuela); Especialista en Ciencias Administrativas, mención Informática (UCV, Venezuela); Economista (UCV, Venezuela). Decana de
3 Doctorado por
4 Candidato a doctor en Ciencias Sociales (UCV, Venezuela); Magister en Ciencias Sociales (UCV, Venezuela); Especialista en Análisis de datos en Ciencias Sociales (UCV, Venezuela); Antropólogo (UCV, Venezuela). Docente de
5 La unidad tributaria (UT) es una medida de valor creada en el país con fines tributarios, que es ajustada de acuerdo con la variación del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Esto permite al fisco equiparar y actualizar los montos de las bases de imposición, exenciones y sanciones, al tiempo que es la referencia para el ajuste del bono de alimentación por jornada laboral, tasas aeroportuarias y otras especies fiscales. Actualmente (junio 2010) tiene un valor de 65 bolívares fuertes.
6 Información proporcionada por
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