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Revista Venezolana de Estudios de la Mujer
versión impresa ISSN 1316-3701
Revista Venezolana de Estudios de la Mujer v.13 n.31 Caracas dic. 2008
La prima ballerina.
Fabiola Fernández Adechedera
Acerca del film La Educación prohibida o The fine art of love (2005), del director inglés John Irving. Basada en la obra Mine Ha Ha del dramaturgo y escritor alemán Franz Wedekind.

Un grupo de adolescentes, de origen incierto, reciben una estricta formación como bailarinas, en un apartado internado en Turinghia, Alemania, a principios del siglo XX. La austeridad, el silencio y la represión son las herramientas centrales de esta formación que, en apariencia, pretende tener como fin, la revelación y elección de la prima ballerina del internado, siendo éste el discurso adoctrinante con el cual han sido educadas las chicas, con el que conviven diariamente y, de alguna forma, el aliciente o motivo que les permite vivir en aislamiento, sin ningún derecho (cuando no, simple curiosidad) a averiguar sobre su origen, manifestar algún otro tipo de interés o distensión que no sea el prepararse para ser la mejor bailarina y de esta forma llegar ser elegida por el príncipe, en la gran noche del estreno de la pieza; pieza para la cual han sido preparadas toda su vida. Siendo así, este evento, para la mayoría de ellas, la razón de ser, el único sentido de su estar y ser en el mundo: ser la prima dona (la mujer perfecta, la elegida).
No tienen acceso a ninguna otra realidad, a ningún otro matiz del mundo que no sea el jardín a donde las llevan a pasear, siempre bajo la custodia de sus cuidadoras y donde, tímidamente, tienen espacio para divertirse. Afloran allí vínculos afectivos y físicos entre ellas que, sin duda atentan contra el sistema normativo de la escuela, y que difícilmente las chicas saben cómo manejar o entender, sólo saben que tienen que ocultar, como se tienen que ocultar la mayoría de las emociones, ímpetus y disposiciones, evidentemente, naturales y espontáneas de la edad, del género, entre las paredes del internado.
La figura de la directora, interpretado por Katherine Bisset, representa la opresión, la rigidez y las inclemencias que han determinado no sólo las instituciones educativas más tradicionales, sino que también se manifiestan en la inquebrantabilidad de la mayoría de los sistemas normativos de la sociedad, en sus prejuicios e, incluso, en la mayoría de los conceptos limitantes y castrantes que han determinado históricamente la formación, el ser y estar de la mujer. En el caso del personaje de la película, todo esto, aunado a la avaricia y las ansias del poder manifiestas de forma despiadada a lo largo de la historia.
Por su parte, las niñas viven obnubiladas en su cotidianidad, por lo que pareciera ser un cuento de hadas y dentro del cual, sólo las mejores; las más bellas, educadas y obedientes podrían ser las protagonistas. Son clasificadas por edades y se identifican por el color del listón de su cabello, no pueden tratar con la servidumbre a la cual cubren sus rostros y manos para invisibilizarlas como seres humanas, en contraste con las bailarinas y, sobre todo, no puede cuestionar nunca el porqué están allí, deben confiar plácidamente en su destino.
La realidad que se esconde bajo esta historia de ballet, es que realmente las niñas están siendo preparadas para ser las prostitutas de los hombres de alta sociedad de la época, quienes pagan por su "formación física", para luego, cuando estén lista, poder disfrutar sexualmente de sus "condiciones". El príncipe escoge a la mejor, a la prima ballerina, quien, en total desconocimiento de su destino, hasta el último momento manifiesta su ilusión de ver realizado aquello para lo que ha sido preparada.
Se nos presenta así, de la forma más francamente espeluznante, un anti-cuento de hadas que desmonta las bases capilares que han formado socialmente, desde todos los tiempos, los fundamentos básicos del ser mujer, su limitación a un destino que amerita de ella todos los esfuerzos por ser de una determinada forma (una prima ballerina), limitada a sólo ser en completitud, a ser con un fin, cuando es observada o elegida por la mirada de un otro y que muchas veces, y en el peor de lo casos (pero lamentablemente, no poco común), las conduce a ser reducidas a un objeto placentero.
Como espectadoras, nos embarga quizás la desesperanza, cuando no, la desesperación al ver los entramados del sistema confabulando en pro de esta mecánica determinista y reductiva, que llega a los cimientos más primitivos y constitutivo del rol mujer; realidad frente a la cual, la primera dificultad ha de ser, definitivamente, el reconocimiento. La angustia se siembra entonces, mientras en los salones de ballet, se pueden observar las niñas ensayando para ser la próxima prima ballerina.












