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Revista Venezolana de Estudios de la Mujer
versão impressa ISSN 1316-3701
Revista Venezolana de Estudios de la Mujer v.15 n.34 Caracas jun. 2010
La ocultación de las mujeres en la historia de Venezuela
Iraida Vargas Arenas
Doctora en historia, Venezuela iraida.vargas@gmail.com
RESUMEN
Ocultar las mujeres en la historia es un subproducto de la historia escrita por hombres. Podemos decir, que ocultando a las mujeres, se logró negar la propia historicidad de sus luchas, de sus acciones, de todo lo que han hecho, de todo lo que hacen, lo que explica por qué hoy día, las luchas de las mujeres están excluidas de las memorias históricas que poseen nuestros pueblos, pues éstas son memorias masculinas. Esa ocultación permitió crear una memoria histórica útil, primero, a los intereses de la oligarquía decimonónica, luego, de la burguesía nacional republicana, y siempre a las estructuras patriarcales; ello a su vez ha formado parte de los mecanismos ideológicos que han fortalecido la reproducción de formas diversificadas de sometimiento femenino, lo que ha colocado siempre a las mujeres en situaciones desventajosas con respecto a los hombres.
PALABRAS CLAVE: Mujer, memoria, historiografía.
ABSTRACT
Hide the women in history is a product of history written by men. We can say that hiding women, it was possible to deny the historicity of their own struggles, their actions, everything they have done, of everything they do, which explains why today, the struggles of women are excluded from historical memories of our peoples, for they are mens memories. This concealment allowed to create a useful historical memory, first, to the interests of the nineteenth century oligarchy, then to the republican national bourgeoisie, and always to the patriarchal structures; on its turn, this has been part of the ideological mechanisms that strengthened the reproduction of diversified forms of female subjugation, which has always placed women in disadvantaged situations with respect to men.
KEY WORDS: Women, memory, historiography.
Fecha de recepción: 20 de febrero de 2010 Fecha de aceptación: 28 de febrero de 2010
INTRODUCCIÓN
Como dice Nelson Méndez, «La historia de la humanidad se escribió desde la perspectiva masculina y la presencia de la mujer quedó enla penumbra» (2009). Ocultar las mujeres en la historia es un subproducto de la historia escrita por hombres. Podemos decir que ocultando a las mujeres se logró negar la propia historicidad de sus luchas, de sus acciones, de todo lo que han hecho, de todo lo que hacen. Tal como apuntó en su momento la brillante feminista argentina Elsa López (2008), las mujeres:
«Están en escena y no se las ve. Presiden instituciones, congresos, departamentos sociales, y no se las ve. Pintan, escriben, componen, dirigen orquestas, crean arte, y no se las ve. Se silencian sus nombres o se las aparta del canon que es lo mismo que no ser.Porque si no se las nombra, no son nada».
Todo lo anterior explica el por qué, hoy día, las luchas de las mujeres están excluidas de las memorias históricas que poseen nuestros pueblos, pues son memorias masculinas, llenas de personajes masculinos, de acciones masculinas.
Hay quien ha dicho que la memoria colectiva popular es «mala memoria». Los y las que así la califican se refieren no a que exista una incapacidad en cualquier pueblo para fijar en su memoria los eventos y sucesos, personajes y cambios históricos que caracterizan su devenir, sino al hecho de que los contenidos de esa memoria si bien dependen de las tradiciones orales, también se alimentan de la producción historiográfica; y por tal razón, esos contenidos pueden ser manipulados por los diversos grupos con poder quienes controlan, a través de sus intelectuales orgánicos, lo que se produce, lo que se conserva y lo que se rechaza. Esos grupos, ya sean políticos, económicos o ambos, construyen así una memoria histórica que pueden usar a su conveniencia, según sus intereses. Así entonces, los contenidos de la memoria histórica pueden estar llenos de informaciones sobre determinadas épocas históricas, omitiendo otras; pueden destacar a ciertos personajes, oscureciendo o negando a otros; pueden reivindicar a algunos grupos étnicos de una nación, excluyendo a los demás; pueden enfatizar determinados hechos históricos, silenciando a muchos otros No obstante, un elemento constante en los contenidos de las memorias colectivas actuales de nuestros pueblos es la sistemática ocultación del género femenino.
La historiografía tradicional venezolana no ha escapado a esta situación, al contrario, la ha fortalecido. Sin embargo, y a pesar de que ha manejado hasta ahora el mismo discurso androcéntrico que ha servido para ocultar las actuaciones de las mujeres en la historia, y que sus efectos negativos sobre las mujeres venezolanas persisten, en la actualidad coexiste con las nuevas propuestas de muchas feministas que hacen vida en la Academia venezolana, incluidas algunas historiadoras, quienes plantean la necesidad de que como parte fundamental del proceso conducente a la democratización plena de la sociedad, la liberación femenina es imprescindible, para lo cual es vital romper con dicha invisibilización.
¿Por qué estos «olvidos» y distorsiones de la realidad por parte de la historiografía tradicional? ¿Por qué hemos sido segregadas las mujeres venezolanas de nuestra historia? Para responder parcialmente a estas preguntas, usamos las palabras de nuevo de Elsa López. Ella decía:
«Hay cosas que es mejor no nombrarlas para no hacerlas evidentes. Esa es la clave para entender el silencio creado alrededor de las mujeres. La visibilidad de una mujer está permitida siempre y cuando responda a los cánones que los hombres han creado...»
Si la clave de la ocultación es el silencio para no hacernos evidentes, nos preguntamos ¿A quién y a qué amenazaría el romper ese silencio y desvelar esa evidencia? Obviamente a la milenaria sociedad patriarcal, basada en concepciones y prácticas masculinas y, en la actualidad, al sistema capitalista que se ha asentado y desarrollado sobre los sólidos pilares del patriarcado. Sin embargo, la misma cita de López nos señala otro elemento que da cuenta de la clave para entender la ocultación de las mujeres en la historia, y es que al sistema patriarcal-capitalista actual no le interesa evidenciar las actuaciones de las mujeres a menos que éstas cumplan con los cánones masculinos, es decir, sean sumisas y obedientes, totalmente dependientes de la sanción masculina y por lo tanto puedan ser invisiblilizadas, o bien, mujeres desde el punto de vista biológico, pero cuyas metas y prácticas no se distinguen de las masculinas, quienes por ello se insertan sin problema y con éxito en las estructuras patriarcales.
Por todo lo anterior, nos hemos planteado en este trabajo enfocar los alcances que tendría para la liberación femenina en Venezuela la gestación de una historiografía crítica que trate de deslastrarse de la herencia androcéntrica legada en nuestro caso por la condición colonial y reproducida y nutrida por la historiografía tradicional. Esa historiografía crítica permitiría desvelar la presencia y las actuaciones de agentes y actores-actrices ocultados/as, como ha sucedido con las mujeres, las/os indígenas y las/os afrodescendientes, al mismo tiempo que proporcionaría elementos para entender cómo se ha articulado la ocultación de las prácticas femeninas con el sometimiento centenario al que hemos estado sometidas para fortalecerlo y reproducirlo. Con ella sería posible, entonces, mostrar cómo el ocultamiento de las actuaciones de determinados actores-actrices y de mayoritarios sectores de la población en el proceso histórico venezolano se constituyó como uno de los instrumentos y recursos ideológicos que las élites emplearon para controlar a las grandes mayorías y, simultáneamente, revelar cómo ese control ha servido de manera específica para consolidar las prácticas patriarcales gestadas en el pasado que persisten en el presente. Esa ocultación permitió crear una memoria histórica útil, primero, a los intereses de la oligarquía decimonónica, luego, de la burguesía nacional republicana, y siempre a las estructuras patriarcales; ello a su vez ha formado parte de los mecanismos ideológicos que han fortalecido la reproducción de formas diversificadas de sometimiento femenino, lo que ha colocado siempre a las mujeres en situaciones desventajosas con respecto a los hombres.
LA NECESIDAD DE UNA HISTORIOGRAFÍA CRÍTICA EN LA VENEZUELA BOLIVARIANA
Oponemos a la historiografía tradicional venezolana una historiografía crítica, no sólo porque la primera, mediante la tergiversación, el escamoteo, la distorsión o el silencio total ha logrado ocultar a las mujeres de la historia y la historia de las mujeres, es decir su propia historicidad, sino porque enfrentadas/os a un proceso de cambio social como el que vive el país, la historiografía tradicional se ha convertido en un lastre que obstaculiza la construcción de una sociedad verdaderamente democrática e inclusiva como plantea nuestra Carta Magna.1
La Venezuela actual necesita de una transformación historiográfica que desvele las lecturas silenciadas en los textos usados para socializar a la población; que dé paso a una historiografía crítica la cual, basada en una lectura crítica de la historia que es posible gracias a una práctica crítica de las/os historiadoras/es proporcionaría una mirada distinta a los hechos históricos. No obstante, una historiografía crítica sólo será posible si las/ os historiadoras/es nos planteamos cuál es el sentido de nuestras búsquedas, cuál es el tipo de información que indagamos y con cuáles fines, lo que nos llevaría a preguntarnos en este caso, si el conocimiento histórico que producimos con nuestras prácticas profesionales2 sirve para los objetivos feministas de dar fin a la opresión femenina. Por eso, para nosotras, la historia crítica es una nueva manera de ver los hechos históricos y también una nueva práctica en la forma de hacer historiografía (Vargas, 2007a).
Una historiografía crítica implicaría, presupondría en consecuencia, una práctica crítica que nos permitiría conocer procesos, eventos y agentes escamoteados, ocultados o distorsionados por la historiografía tradicional que posee fuertes sesgos androcéntricos, realizada hasta ahora, generalmente, por historiadoras/es al servicio de los intereses de las burguesías e imbuidos de ideas patriarcales. El investigador mexicano Carlos Aguirre Rojas la detalla así:
« Un punto de vista crítico se encuentra distanciado de los lugares comunes, de las maneras habituales de ver la historia, de ver los problemas sociales. Pues cuando insisto en lo de genuinamente crítica, quiero decir que la visión tiene que apartarse de los discursos oficiales y de la versión bonita o tersa de los acontecimientos» (2009: 25).
Esa tersura que menciona Aguirre ha permitido la existencia de textos que silencian o camuflan el sufrimiento de pueblos enteros con el objetivo de presentar una «verdad» que convence a muchas/os, pero que conviene sólo a unas/os pocas/os. La práctica crítica de las/os historiadoras/es no debería limitarse a la producción historiográfica, pues debe incluir sus propias actuaciones como seres sociales. Estamos conscientes, sin embargo, del enorme salto que tendrían que dar entre la teoría y la vida real donde esas actuaciones tienen lugar. Por lo tanto, una de las tareas importantes de la historiografía crítica es evitar la fragmentación de la identidad colectiva para que no acabe totalmente silenciada, apoyando y ofreciendo instrumentos teóricos y prácticos para la implementación de políticas de descolonización y contra la opresión entre otrasla de las mujeres.
Por todo lo anterior, no nos interesa aquí tanto reiterar las denuncias sobre el ocultamiento de las mujeres en la historia venezolana, bastante conocidas, pues han sido señaladas muchas veces por otras/os autoras/ es; de hecho, podemos decir que la mayoría de los trabajos historiográficos realizados en las últimas dos décadas se han centrado en la recuperación de la visibilidad y la contribución histórica de las mujeres, así como en otros aspectos igualmente substanciales como la importancia de la vida privada femenina y de su mundo simbólico y cultural, la explotación material del trabajo de las mujeres, su presencia en los movimientos sociales y varios otros. Estos grandes avances han creado una historiografía rica y variada en enfoques. No obstante, buscamos hacer un balance del estado actual sobre el tratamiento del tema en las más recientes investigaciones históricas venezolanas, dando prioridad a las referencias que nos remiten a innovaciones en el ámbito académico universitario y en los centros de investigación histórica, así como en los espacios de investigación también académicos amparados por el actual gobierno bolivariano. En tal sentido, exploramos algunas de las nuevas y diversas prácticas teóricas de los historiadoras/es venezolanas/os en torno a la historia de las mujeres y la historicidad de sus prácticas, para lo cual realizamos un análisis, necesariamente somero por razones de espacio, de varias obras recientemente editadas por diversos centros de investigación nacionales, fundamentalmente los últimos números de publicaciones periódicas, como la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, de la Universidad Central de Venezuela y Memorias de Venezuela, del Centro Nacional de Historia; consultando asimismo, trabajos aislados. Para referirnos a la persistencia de una historiografía tradicional mencionamos a ciertas obras que compilan trabajos de varias/os autoras/ es.
Es posible observar dentro del panorama historiográfico venezolano actual tanto en el académico «clásico» como en el llamado «oficial» la presencia del tema que nos ocupa; sin embargo se observan distintas posiciones teóricas y, en consecuencia, un tratamiento cualitativo diferente. Podríamos aseverar que si nos atenemos a las investigaciones historiográficas llevadas a cabo desde finales de los años noventa, con un mayor énfasis durante la presente primera década de los años dos mil, que en efecto, es en ese período cuando en ambos espacios se comenzó a tratar de corregir de una manera sistemática y continua la centenaria ocultación de las mujeres en la historia de Venezuela y la negación de la historicidad de sus luchas y acciones. En este sentido, destaca La Mujer en la Historia de Venezuela (1995), obra enciclopédica con trabajos de varias/os autoras/es, que engloban desde la historia precolonial hasta el siglo XIX.
Basándose en el reconocimiento de las valiosísimas actuaciones de un puñado de mujeres venezolanas a lo largo de la historia, a su condición de personas y no solamente de madres, esposas, hijas, amantes o hermanas de ciertos hombres considerados importantes por la historiografía tradicional, la historiografía crítica venezolana reciente ha tratado de darle sustento teórico, por una parte, a la idea de que la posibilidad de la liberación de los colectivos femeninos, su inclusión en la sociedad nacional y su reconocimiento como sujetos para la transformación social no depende exclusivamente de que esos colectivos asuman o reconozcan tan sólo su condición de clase, sino que simultáneamente comprendan que es necesaria su transformación en sujetas y sujetos activos y protagónicos, para lo cual es imprescindible considerar también elementos extraeconómicos como son los étnicos y los culturales; por otra parte, que para lograr hoy día la conversión de las mujeres venezolanas en verdaderas sujetas de su liberación, es vital romper el velo que oculta su protagonismo en la historia de la nación, condición hasta muy recientemente denegada.
Por otro lado, no es casualidad que sea a partir de los años noventas cuando las luchas feministas se incorporan más activamente a espacios ideológicos distintos a los académicos y, como consecuencia de ello, se produzcan diversas acciones de organizaciones feministas en el espacio público.3 Hasta esas fechas, los análisis historiográficos desde la perspectiva de género habían estado restringidos exclusivamente al espacio académico; a partir de entonces comenzaron a ser abordados por un público más amplio, sobre todo a través de periódicos, semanarios, revistas divulgativas y programas de radio, y en organizaciones no adscritas a ningún centro de investigación. Creemos que ese cambio en los espacios de acción feminista a su vez han estimulado para que se dé una toma de conciencia dentro de ciertos sectores de las/os historiadoras/es venezolanas/os sobre la necesidad de desvelar lo oculto de la historicidad femenina, hasta producir lo que podríamos reconocer como una verdadera transformación historiográfica.
Aunque nos hemos venido refiriendo sobre todo a los avances historiográficos que se han dado en el mundo académico venezolano, nuestra posición es que ellos no han sido ajenos a lo que ha ocurrido en la sociedad venezolana en general, por lo que son explicables, creemos, en la medida que atendamos simultáneamente el impacto de los cambios políticos de la última década, así como también las luchas de muchas feministas que, incluso desde bastante antes de los noventas, hacen vida en el país. Además, nos atreveríamos a decir que es gracias a la decidida acción de esas feministas que, recientemente, se ha tratado de darle sistematización a las diversas corrientes teóricas y se han impulsado los estudios feministas transdisciplinarios en algunos de los espacios académicos.4
Así, podemos afirmar que se ha generado una bibliografía que desde diferentes disciplinas y posiciones teóricas, representa en general la diversificación
temática de enfoques metodológicos y de objetivos políticos gracias a los impulsos que se han gestado desde la sociedad nacional, y a las aportaciones realizadas desde las diversas comunidades académicas venezolanas que se han hecho eco de los intereses manifiestos por muchas de las diversas organizaciones feministas.
LA PERSISTENCIA DE LA HISTORIOGRAFÍA TRADICIONAL VS UNA TRANSFORMACIÓN HISTORIOGRÁFICA HACIA UNA HISTORIOGRAFÍA CRÍTICA
Es preciso apuntar que en la actualidad todavía existen muchas investigaciones historiográficas que podemos considerar siguen a grosso modo las líneas de la historiografía tradicional, puesto que si bien son transdisciplinarias, tratan el tema con objetivos distintos a los que hemos señalado hasta ahora para la historiografía crítica: conversión de los colectivos femeninos en sujetos, pues asumen una perspectiva teórica supuestamente neutra en términos políticos. Sin embargo, esa neutralidad es una falacia, pues todos los debates filosóficos y analíticos que emanan de las teorizaciones feministas son inevitablemente políticos, toda vez que los feminismos se constituyen históricamente como movimientos políticos, de carácter local o global, cuyos propósitos son emancipatorios y poseen un contenido normativo: acabar con las relaciones de dominación masculinas y con la discriminación femenina, asegurar la liberación de las mujeres, luchar por los derechos femeninos, transformar las estructuras institucionales y legales patriarcales .
Así pues algunas investigaciones se abocan (a juzgar por las publicaciones) a estudiar el problema de la exclusión femenina en la historia sólo de manera tangencial o únicamente en términos generales, sin referirse a las diversas situaciones concretas que se dan en la realidad nacional, usando ejemplos que provienen de experiencias que se han dado en otras latitudes geográficas. Para ilustrar lo que decimos, bastaría hacer una revisión del índice de la obra Diálogos Culturales (2008), editada por la Universidad de los Andes y la Arquidiócesis de Mérida. En una lectura superficial, observamos que de los siete artículos publicados, en tres se refiere o menciona el tema del género. En uno escrito por Isabel de Brand (2008: 29-50), se abordan los discursos femeninos en la antigüedad europea; en otro, escrito por Carmen Aranguren (2008:105-116) se menciona, de manera general sin referencia alguna a la situación nacional, el papel que juega el género en la construcción de ciudadanía. Sólo en el tercero, excelente artículo escrito por Luz María Lepe (2008: 79-1002), se considera la discriminación por género como vital para comprender los procesos de descolonización en el contexto latinoamericano y tercermundista en general, tal vez porque analiza una de las obras del investigador argentino Walter Mignolo quien ha producido una extensa bibliografía sobre el tema de la descolonización.
Todo lo anterior adquiere mayor importancia si observamos que el tema de los discursos femeninos en Venezuela no ha sido estudiado por la historiografía venezolana, aunque sí desde la literatura, como se manifiesta, por ejemplo, en el excelente trabajo sobre la auto-escritura femenina a comienzos-mediados del siglo XX realizados por Mariana Suárez (2009). El tema de la construcción de ciudadanía es de vital comprensión en los actuales momentos que vive el país, no solamente para las mujeres venezolanas, sino para todos aquéllos centenariamente excluidos. Tampoco este tema, que conozcamos, ha sido abordado en profundidad con enfoque de género por la historiografía, aunque sí por la sociología, como se refleja por ejemplo en las acuciosas obras de Luisa Bethencourt (1998, 2005) y el trabajo escrito por Magally Huggins (2005). Igual suerte ha tenido el tema del papel de las mujeres en los procesos de descolonización, tratado teóricamente en Venezuela por la sociología (Lander, Edgardo: 1995) y por la arqueología (Vargas, 2007). Estos tres importantes temas constituyen, por lo tanto, una deuda pendiente para la historiografía venezolana crítica.
La significación de la renovación conceptual en el tratamiento de las mujeres en la historiografía venezolana puede ser mejor aprehendida si vemos como es tratado el sujeto en las investigaciones. En tal sentido, es de hacer notar que muchas investigaciones historiográficas recientes se han dedicado a cultivar los estudios de casos e historias de vida de personajes femeninos singulares (Quintero, Inés: 2007), privilegiando un enfoque que destaca individualidades. Sin embargo, aunque las líneas y matices de estas investigaciones históricas nacionales sobre el tema varían con la posición teórica asumida por el investigador y por lo tanto obedecen a diversas intencionalidades políticas en la búsqueda y selección de los personajes individuales que son considerados importantes5, reflejan también cómo son percibidos y asumidos por las/os historiadoras/es de las diversas comunidades académicas nacionales los cambios recientes.
En general, podemos afirmar que la selección de individualidades ha llevado implícitas hasta ahora las nociones de personajes relevantes y héroesheroínas y que, su uso por parte de la historiografía ha tenido importantes efectos sobre la construcción de nuestra memoria histórica y ha supuesto la incorporación tanto de valores como anti-valores en el imaginario colectivo venezolano. Así podemos afirmar que se ha partido de tres posiciones teóricas: una que calificaríamos de «idealista» que defiende una visión esencialista femenina; una segunda, que parte de una visión liberal, y una tercera que llamaremos «democrática», toda vez que intenta dar visibilidad e inclusión a personajes femeninos olvidados o ignorados para los diferentes períodos y etapas históricas sin distingos de ningún tipo. En el primer caso, el enfoque podría resumirse en varias frases de un discurso que señala la existencia inmutable de una identidad de mujer, dada por factores biológicos y psicosimbólicos, y en consecuencia, trata a la mujer como sujeta por su peculiar naturaleza reproductora y por un inconsciente simbólico que la condiciona a tener una identidad de carácter no histórico: «existe un punto de vista femenino no existen mujeres sino mujer la mujer está destinada a ser madre y esposa». Esta propuesta teórica, a pesar de que todavía persiste, ha sido continuamente refutada por muchas corrientes feministas e incluso mayoritariamente abandonada, especialmente desde la aparición de los trabajos de Simone de Bouvoir, sobre todo desde que acuñó su lapidaria frase «no se nace mujer, se llega a ser». Esa visión de «la esencia de ser mujer» le sirvió a la historiografía tradicional venezolana para naturalizar las relaciones de dominación-sometimiento que se dan entre hombres y mujeres. Debemos aclarar que, para nosotras, los conceptos de «mujer» y «hombre» son construcciones sociales que no tienen sentido a menos que sean entendidos en el contexto de las relaciones de poder que son históricas y cómo en éstas intervienen de varias maneras múltiples factores, fundamentalmente los étnicos, los culturales y los de clase.6
En el segundo caso, desde la posición teórica se intenta explicar que la posibilidad de la liberación femenina depende de lo que cada mujer individual se plantee como meta de vida, por lo que la emancipación es un asunto de cada una, nunca de todas juntas. Esta visión se ajusta al modelo historiográfico que hemos descrito antes sobre personajes femeninos quienes, gracias a su acción como individuas excepcionales, incidieron en el curso de la historia del país, o bien, se destacaron gracias a que se ajustaron a las normas masculinas siempre cada una como individua gracias a su voluntad y tesón personal. En tal caso, la dinámica histórica es vista como dependiente de acciones individuales o como el resultado de las actuaciones de un grupo limitado de personajes, siempre excepcionales, nunca comunes ni conformando un colectivo.
El tercero se plantea como objetivos cognitivos7 la inclusión social de todas y todos, manejando como principios éticos-políticos en su área valorativa la justicia social, la liberación de los oprimidos y la soberanía nacional. Por tales razones, en las publicaciones se enfatiza desvelar la presencia y el protagonismo de todos los personajes, mujeres y hombres, principalmente los de las clases sociales y grupos étnicos excluidos, que actuaron en la historia de Venezuela, incluyendo la precolonial.
La condición de personaje-heroína de algunas mujeres que ha otorgado la historiografía tradicional en general las relacionadas parentalmente con la elite mantuana durante el período colonial y la burguesa a lo largo del republicano ha sido definida según cuán similares fueron las actuaciones de esas mujeres con las de los hombres mantuanos o con las de los burgueses, o cuánto los ayudaron en el logro de sus metas. Aunque las mujeres reconocidas por esa historiografía han sido fundamentalmente las que eran miembros de las elites, existen algunos ejemplos de mujeres populares que han sido admitidas como personajes, especialmente para el período colonial y en el lapso que cubre la gesta emancipadora a comienzos del siglo XIX; no obstante, la pertenencia étnica de esas mujeres y su condición de esclavas condicionó su forma de inclusión en la memoria histórica: si eran indias o negras se les reconoció como sirvientas, ayas, amas de leche de amos «blancos»; para el período republicano, a las mujeres se les ha reconocido por su posición en la estructura de clases, siendo destacadas sólo aquéllas que eran miembros de la pequeña burguesía: escritoras, músicas y similares, aún cuando se tratase de mestizas. Esto último explica el hecho de que la historiografía tradicional haya necesitado hacer tabla rasa de las diferencias étnicas-culturales y sociales de esas mujeres, haciéndolas equivalentes preferentemente a las criollas mantuanas «blancas» o las burguesas mestizas.
Este tratamiento diferencial de la historiografía tradicional hacia las mujeres no solamente lo hizo apelando a la condición de clase y la étnica, sino a la femenina misma. Por ejemplo, aún cuando un grupo numeroso de mujeres de la elite pudiera haber participado en algún evento considerado relevante, la evaluación de esa participación estuvo siempre condicionada por la presencia o ausencia de una vinculación con el o los personajes masculinos, por lo que es la vinculación la que ha servido para calificarlas o denominarlas como personajes o heroínas, a despecho de las cualidades personales de esas individualidades.8 Cuando se trató de un grupo de mujeres que participó en un acto concebido como relevante, de nuevo esa participación grupal tendió a ser reducida a un solo personaje femenino, siempre y cuando la misma tuviera un vínculo directo con el proyecto, ideas e intereses de algún personaje masculino considerado relevante.9 Esto constituye, infortunadamente, la percepción social del género en la historiografía tradicional que ha subsistido hasta nuestros días. De esa manera podemos afirmar que las acciones sociales, individuales o grupales de las mujeres sólo han sido reconocidas en tanto cuán coincidentes han sido con las acciones equivalentes de los hombres.10
Al trabajar con historias de vida y personajes individuales, la historiografía tradicional venezolana se ha aferrado a la idea que permite caracterizar a cualquier evento relevante en función de la participación de personajes, siempre individuales, hombres o mujeres «blancas», excepcionales y extraordinarias, idea que fue acuñada ya desde el principio de nuestra vida republicana en una clara posición antipopular y repetida por historiadores tradicionales (vg. Mario Briceño Iragorry, 1988 y Arturo Úslar Pietri, 1986). Indudablemente, con ello no sólo se ocultó la participación real de importantes colectivos de indias, afrodescendientes y mestizas en la historia, sino que ello ha prevenido la cohesión social necesaria para la implementación actual de acciones colectivas, por lo que consideramos es vital revertir la visión que sustenta la idea de «mujer extraordinaria» y complementarla con la de colectivos de mujeres conscientes, comprometidas, unidas por las ideas libertarias, vale decir, sujetos, toda vez que no es posible construir la liberación femenina apelando tan sólo a lo extraordinario y lo espectacular, ni de igual forma, solamente a lo individuas; sino incluyendo a la gente del común y colectivos.
Aunque muchos trabajos muestran las historias de vida de varias mujeres en la colonia, incluyendo las de algunas esclavas de origen africano (Quintero, Inés: 2007), miles de miles siguen ocultas. Lo mismo sucede para el período republicano, donde continúan silenciadas, incluso muchas de aquéllas vinculadas directamente con presidentes, ministros, hacendados, es decir, con «personajes» considerados «relevantes», sobre quienes ejercieron enorme influencia, lo que se reflejó en las políticas públicas y también en los derroteros seguidos por la sociedad venezolana en los momentos cuando esos personajes masculinos detentaban el poder y tuvieron una importante actuación en el ámbito público nacional sobre diversas intencionalidades políticas en la búsqueda y selección de los personajes individuales que son considerados importantes.11
La historiografía crítica «oficial», siguiendo sus objetivos cognitivos, ha desvelado y hecho visibles a varias mujeres en diversos períodos de la historia, convenientemente olvidadas por la historiografía tradicional, sobre todo aquéllas que lucharon contra la opresión y la discriminación por género. En tal sentido, son de destacar los artículos de Luis Pellicer sobre las actuaciones de las mulatas corianas contra la opresión colonial (2008: 28-31), y el más general sobre la exclusión por género en 1811 en una sociedad que sufría, como ha dicho Verena Stolke (1992) de «una obsesión taxonómica fenotípica», o la breve nota sobre la insigne afrodescendiente luchadora por los derechos femeninos en los años 40-80 del siglo XX, Argelia Laya (2008:57). Sin embargo, la tarea que enfrentan en la actualidad las/os historiadoras/es críticas/os es monumental: son siglos de ocultación, de silencios, de distorsiones. No obstante, contrasta el escaso desarrollo de los estudios historiográficos sobre las mujeres con el importante avance que se observa en la literatura, especialmente para el siglo XIX (Ver, entre otros, Alcibíades, Mirla: 2004, 2006).
Debemos reconocer que es indudable que si bien la presencia de varias posiciones teóricas de la historiografía venezolana académica han enriquecido y revalorizado la ciencia histórica como un todo, no tendrían importancia alguna, especialmente las llamadas investigaciones «oficiales», si éstas no se plantearan, como lo están haciendo, hacer visibles a mujeres singulares sólo en tanto sean vistas como representantes de un sujeto histórico colectivo de las prácticas sociales femeninas. En tal sentido, aunque las llamadas investigaciones «oficiales» no han trabajado hasta ahora propiamente con colectivos, sí lo han hecho con individualidades del común: mujeres de origen popular, indias, negras o mestizas, trabajadoras todas ellas (Ver Memorias de Venezuela 2009 número 9; 2009, número especial: 20-25).
Para nosotras todo lo anterior hace necesario que en el mundo académico se plantee de forma imprescindible ampliar el marco de acción política hacia nuevas interpretaciones históricas, donde se dé un equilibrio entre los dos planos de la vida social: el individual y el colectivo, para que sea posible la reflexión abierta de todos los actores y actrices sociales actuales y puedan generarse nuevas perspectivas teóricas feministas para tratar la historia de Venezuela que, como sabemos, fue protagonizada tanto por hombres como por mujeres, por miembros de la élite y por gente del común, por colectivos populares y por individualidades criollas «blancas» de la élite, por indias, afrodescendientes y mestizas, por grupos de mujeres de cualquier condición social, origen étnico y de cualquier región del país. En ambos casos, ello debe ser realizado a través de un análisis feminista que explore articuladamente la incidencia de las diferencias de clase, raza o etnia y momento histórico.
Si importantes y reconocidos sectores académicos, como también el llamado sector oficial están realizando investigaciones sobre la experiencia histórica femenina individual, en ambos casos ello obedece, creemos, a la persistencia de la subordinación actual de las mujeres en la sociedad nacional. Por ello la sociedad venezolana necesita transformar su sistema de relaciones sociales y de convivencia, sin exclusión de nadie por ser diferente. Esa transformación requiere reconocer el derecho a existir en la diversidad, lo que fortalecería la cohesión colectiva. En concordancia con estas ideas, la sociedad venezolana bolivariana debe luchar por lograr la superación de los estereotipos culturales de género que estimulan las conductas excluyentes sobre todo las androcéntricas.
LA TRANSFORMACIÓN HISTORIOGRÁFICA Y EL BOLIVARIANISMO
Los cambios políticos recientes en Venezuela han provocado diversas respuestas tanto de la Academia en general, incluyendo los llamados historiadores «oficiales», como de los movimientos feministas «de calle». Por una parte, la constatación de que las desigualdades de género no han sido todavía resueltas a pesar del intenso proceso de cambio social bolivariano de la última década, ha hecho que los movimientos feministas hayan sentido que las reivindicaciones femeninas han tendido a quedar desatendidas, pospuestas ante las que plantea la solución de la lucha de clases, pues dentro de la corriente tradicional de izquierda en la ciencia social ha existido la tendencia a considerar las luchas femeninas tan sólo como un asunto totalmente adjetivo a la lucha de clases. A pesar de las reformas que ha realizado el Estado venezolano en ese sentido en los últimos diez años, que si bien suponen un impresionante avance y han resultado extremadamente saludables, confrontadas con la pobre situación que prevalecía antes del actual gobierno bolivariano, no hay razones valederas que nos impulsen a pensar que los problemas substanciales que plantean las organizaciones feministas venezolanas hayan sido solventados con ellas.12 Al respecto, García, Carmen y Valdivieso, Magdalena (2009: 134), en un interesante artículo donde hacen un balance de los aportes del proceso bolivariano en la última década, señalan que, aunque pudiera ser posible constatar un mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres con las reformas realizadas por el gobierno bolivariano, ello no es garantía de que los objetivos estratégicos de género se alcancen. Por las mismas razones anteriormente apuntadas, en los diversos espacios feministas académicos se han dado múltiples análisis y una mayor conciencia de la persistencia de la desigualdad de las mujeres, aún cuando se trate de sociedades democráticas como la nuestra que lucha día a día por mantener su soberanía.
Aunque las mujeres venezolanas de toda condición emergimos como nuevos sujetos sociales en los momentos de mayor convulsión política nacional a finales de los años noventa e inicios de los dos mil, todavía no hemos sido consideradas como sujetas con igualdad de derechos por la sociedad total, por lo que muchas feministas han radicalizado sus propuestas y metas. Ello ha conducido al afianzamiento de alianzas entre las distintas organizaciones de mujeres, muchas veces con independencia de las posiciones políticas que esas mujeres sostienen. La consecuencia más visible en tal sentido ha sido que las diversas organizaciones feministas académicas si bien han llegado a enriquecer la producción de conocimientos y el debate teórico, han impulsado las redes nacionales y regionales femeninas y han hecho posible la articulación de tácticas y metas comunes, no han logrado crear la liberación femenina que, parafraseando a Rosa Luxemburgo al referirse al fin del capitalismo como sistema (2004: 59), debería devenir como una necesidad histórica y llevar al sistema capitalista- patriarcal a un impasse.
Sin embargo, debemos decir que son esperanzadores los objetivos cognitivos perseguidos por las investigaciones que se realizan en los espacios oficiales. Al respecto en el número 5 de Memorias de Venezuela (2008:27) se asienta que el molde decimonónico que sirvió para exaltar a mujeres singulares de la élite no es útil hoy día pues con él quedan fuera miles, por lo que es necesario rescribir la historia considerando la participación de las omitidas.
« por su compromiso diferenciado, según sea su condición social, económica, étnica, su cultura y región de procedencia .sabemos que hubo mujeres estrategas, guerreras, financistas, espías ; pardas, mulatas, zambas que participaron como troperas, .miles de mujeres anónimas que fueron parte de esa parte movilizada del pueblo »
En el mismo número (2008:28) se plantea resignificar a la mujer en la historia a través de la resignificación de sus protagonismos. No obstante, es bueno alertar que este proyecto oficial de reescribir la historia de Venezuela, con su visión crítica hacia las estructuras patriarcales, debe cuidarse de no caer en una absorción de las demandas de inclusión de las excluidas para transformarlas en fetiches multiculturales usables en espectáculos. Recordemos que la multiculturalidad es el recurso ideológico del mismo capitalismo para controlar la potencialidad conflictiva de la diversidad cultural (Díaz Polanco, Héctor: 2005). Por otro lado, nos parece pertinente señalar la contradicción que existe en los análisis de los llamados «hechos históricos relevantes» y de los «personajes masculinos relevantes» en los cuales se omiten totalmente las mujeres.13 Se trataría entonces, de establecer nuevas reconstrucciones históricas desde un posicionamiento crítico que proporcione el marco historiográfico desde donde repensar la democracia y las políticas de inclusión actuales de las mujeres. Que asuma que las mujeres venezolanas debemos devenir sujetos visibles reivindicando nuestro protagonismo en la historia, destacando nuestros aportes pasados y presentes a la nación sin asumir posiciones esencialistas, pero que al mismo tiempo denuncie y ataque las estructuras patriarcales que son la causa de que ese protagonismo haya sido ocultado. La Venezuela bolivariana necesita, como dice Frei Beto (2009), combatir la opresión contra las mujeres que hoy se manifiesta de maneras tan sofisticadas que llegan a convencer a veces a las mismas mujeres de que ése es el camino verdadero de la liberación femenina.
También son esperanzadores, aunque son muy pocos, algunos de nuestros trabajos productos de la investigación arqueológica en Venezuela donde hemos tratado de demostrar la necesidad de vincular la investigación histórica con el requisito de darle concreción a las identidades femeninas (Vargas, 2005, 2007a, 2007b, 2009).14 En tal sentido, es de destacar que de forma persistente, las prácticas de las arqueólogas y arqueólogos tradicionales en Venezuela, hasta el presente, han construido representaciones de nuestro pasado que son en muchos casos, racistas, clasistas, sexistas y androcéntricas, pues ya desde la fase de la selección de temas a investigar hasta la del análisis y difusión de los resultados, las posiciones sostenidas han sido, por decir lo menos, indiferentes al tema de la subordinación femenina. Por ello no es de sorprender que a pesar de la abrumadora mayoría de las investigaciones arqueológicas sobre la sociedad tribal originaria (que constituyen aproximadamente entre el 80-90% del total de la investigación arqueológica nacional), basadas fundamentalmente en el análisis de restos cerámicos manufacturados por mujeres de esas sociedades, ninguna ha tenido como objetivo estudiarlas a ellas, salvo muy recientemente (Vargas, 2006, 2007a). Todo lo anterior ha tenido como efecto la proyección ante la sociedad venezolana de una visión de su pasado en el que las mujeres de las sociedades tribales antiguas han sido ocultadas o vistas cumpliendo unos papeles determinados (los que ajustan a la ideología patriarcal) lo que ha ayudado a fijar y reproducir estereotipos y valores negativos en la actualidad y justificar actitudes discriminatorias hacia las descendientes de esas sociedades. En la situación anterior parece haber influido el hecho de que ni historiadoras ni histotiadores y mucho menos arqueólogas o arqueólogos se han planteado como objetivos cognitivos el protagonismo de los diversos colectivos femeninos originarios en la historia como manera de abordar la historicidad de las actuaciones femeninas. Tales posiciones obedecen, creemos, no a que ello no sea posible, sino a que nunca antes se le había buscado, al menos en Venezuela. Estimo de interés manifestar nuestra desavenencia con esa práctica arqueológica de manera de mostrar el desasosiego que nos produce la negación, hasta períodos recientes, de establecer la sistematización de los esfuerzos colectivos, luchas y logros femeninos en las sociedades originarias, lo que ha llevado a desconocer esos esfuerzos y a verlos como un fenómeno totalmente ajeno a los problemas que confronta nuestra sociedad actual, lo que en términos de las/os investigadoras/es del Centro Nacional de Historia ha sido conceptualizado como « la preterización de las/os indígenas».
Por otro lado, la abrumadora presencia femenina en marchas, mitines, consejos comunales, comités de tierras urbanas, es decir en todos los actos públicos y organizaciones populares que han caracterizado al proceso político venezolano en los últimos diez años, ha llevado a la incorporación en los discursos políticos de líderes, dirigentes, funcionarios y del público en general, de frases que tratan de mostrar que el proceso bolivariano es feminista. No obstante, es conveniente señalar que la mayoría de esas mujeres no están comprometidas con una agenda feminista (Espina, 2007).
COMENTARIOS FINALES
Hemos visto a lo largo de este trabajo, someramente, cómo en la sociedad venezolana actual se está dando una práctica historiográfica, que se ha venido configurando en los últimos 20 años, que trata de no reproducir las estructuras patriarcales de poder y que intenta entender las realidades múltiples de las mujeres venezolanas. No nos hemos referido en particular a las explicaciones teóricas que ha producido la Academia venezolana que aluden a cuándo se inició el sometimiento femenino, sino cómo se ha explicado desde distintas posiciones teóricas el cuándo y el por qué se hizo necesaria para la sociedad venezolana la invisibilización femenina en la historia, a cuáles intereses obedeció, quiénes se vieron beneficiados por esa ocultación y cuáles son los impactos que ello ha tenido en las luchas de liberación que hoy motivan a miles de mujeres, aglutinadas en 30 organizaciones feministas nacionales, incluyendo centros de investigación en universidades.
Hemos entendido como ineludible destacar que la ocultación femenina de la historia ha formado parte de la ideología del poder, sobre todo el patriarcal, aunado al económico, político y racista desde el mismo momento cuando el territorio venezolano fue invadido por los europeos a finales del siglo XV y se inició el largo, sangriento y doloroso período colonial. Esa ideología fue modificada, ligeramente, a partir de la tercera década del siglo XIX y ha subsistido prácticamente inalterada hasta nuestros días, por lo que ha sido uno de los instrumentos más eficaces para la violación e irrespeto al derecho que tiene todo ser humano para afirmar su propia identidad sexual, cultural, étnica, nacional, religiosa Todo ello nos ha llevado a establecer en este trabajo como ineludible la necesidad que existe en la Venezuela bolivariana actual de realizar una investigación historiográfica crítica, comprometida con la tarea de que se reconozcan las diferencias de género como generadoras de derechos políticos, civiles, económicos, culturales y sociales para todas las mujeres. Una historiografía de este tipo se compromete con las oprimidas y oprimidos cuando desvela a las mujeres en la historia, cuando denuncia los silencios y omisiones. No nos referimos tan sólo a la obviedad de la presencia femenina en la historia, sino a la historicidad de la condición de sometimiento y las reacciones femeninas a ella, elemento que entra en disputa en la arena política cuando las feministas esperamos que nuestra agenda sea parte consustancial de la que suscriben los órganos de decisión política y esté contemplada en todas las políticas públicas estatales; también en la arena económica, cuando las feministas esperamos que nuestro género no se use para desfavorecernos en sueldos y salarios, argumentando las crisis económicas y vulnerando aún más a las mujeres trabajadoras, quienes ocupan los peores empleos y perciben menores ingresos por la misma labor.
Hemos reconocido que existe en Venezuela una nueva generación investigadora abierta a una transformación historiográfica, la cual enfrenta la gigantesca tarea de producir conocimientos que generen una historiografía que nos ayude a las venezolanas y venezolanos a aprender a convivir respetando la diversidad, pero no en un paraíso ilusorio, armónico y sin conflictos internos como plantean las posiciones teóricas más relativistas, negadoras de la historia, pues como bien ha dicho Héctor Díaz Polanco la diversidad es un factor potencial de conflicto y dificultades (2005: 14). Esa historiografía crítica contribuiría a impedir la hasta ahora presente manipulación capitalista de la misma diversidad que, en el caso del género, ha utilizado las estructuras y prácticas patriarcales que han asentado que las obvias diferencias biológicas que existen entre mujeres y hombres, los hacen a ellos superiores, mejores y más capaces que nosotras. Frente a las preguntas de si esa historiografía crítica ayudaría o no a la liberación femenina, sólo nos queda afirmar que la historiografía genera sentidos y por lo tanto valores cuando nos dice de dónde venimos, quiénes fueron nuestros ancestros; cuando nos convence de que el «otro» que hoy día nos oprime es el representante hoy de los que nos hicieron el «favor» ayer de incorporarnos a la historia universal al civilizar a nuestros más remotos antepasados; la que señala quiénes protagonizaron el pasado y dice que sólo fueron los hombres; la que nos intenta convencer de que las prácticas patriarcales son naturales y, por lo tanto, eternas, determinando así las formas como somos percibidas las mujeres y cuáles son nuestros derechos o si no tenemos ninguno; la que con sus reconstrucciones históricas legitima las modificaciones presentes de los códigos sociales de pertenencia como el poder, los privilegios, la ciudadanía y la nación. En pocas palabras, la historiografía controla nuestra memoria histórica, y quien hace eso, puede hacer del pasado, de nuestro pasado un apéndice del presente de opresión. Juzguen ustedes.
Notas
1 Ha influido negativamente en la construcción de las diversas y múltiples identidades femeninas a lo largo de la historia al afectar muy especialmente las autopercepciones y la autoestima de las mujeres.
2 Para nosotras todo conocimiento del pasado genera sentidos, en consecuencia, valores, y como se sabe, los valores condicionan conductas.
3 García y Valdivieso (2009: 137) informan que para el año 2005 existían en el país 30 organizaciones feministas, aglutinadas en el llamado Movimiento Ampliado de Mujeres (MAM).
4 En este sentido, debemos mencionar el número 13 de la Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, publicada por la Universidad Central de Venezuela, íntegramente dedicado altema Género y Antropología. Allí se presentan tres trabajos sobre arqueología y género ypor lo tanto históricos (escritos por Rodrigo Navarrete, Nancy Escalante y nosotras)donde se abordan aspectos fundamentales para el tema de este ensayo, a saber: Conceptohistórico del cuerpo femenino, contribuciones de la arqueología feminista al estudio delgénero, y las teorías que se manejan en antropología sobre todo en la arqueología enlas distintas posiciones teóricas sostenidas en la actualidad por diversos feminismos.
5 Asumimos aquí las tesis de Manuel Gándara (2008) sobre lo que es una posición teórica: « el conjunto de supuestos valorativos, ontológicos, epistemológicos y metodológicos que orientan el trabajo de una comunidad académica para la construcción de teorías sustantivas«. Una posición teórica, para el mismo autor, está compuesta por cuatro áreas: la valorativa,la ontológica, la epistemológica y la metodológica. Para Gándara, las dos centrales sonla valorativa y la ontológica. No nos detendremos demasiado en estas definiciones, perosí consideramos importante destacar, a los efectos del presente ensayo, el área valorativapues Gándara señala que en ella « .están los supuestos que tienen que ver con el «para qué y para quién» de la actividad científica. Son los supuestos éticos y políticos que permiten seleccionar qué problemas son los relevantes, por qué, y a quién beneficia su solución« (2008: 59 y sgts.).
6 En tal sentido, García y Valdivieso (2009: 133) lo dicen claramente cuando señalan que«las mujeres» no constituyen un universo homogéneo, « cuando en realidad existen muchas formas de vivir la experiencia de ser mujer en la sociedad venezolana, que varían según la clase social, el origen étnico, la historia personal, la educación, la pertenencia laboral, la orientación sexual, la religión, y otras condiciones».
7 Gándara define un objetivo cognitivo como: «el tipo de conocimiento -o más precisamente, la meta de ese conocimiento- que se persigue» (2008: 71).
8 Esta aseveración se ve sustanciada en la forma como la historiografía tradicional ha tratadolos hechos históricos vinculados al proceso independentista. Ejemplo de ello es la llamada«Conspiración de Gual y España», personajes éstos los únicos considerados precursoresde la independencia junto a Francisco de Miranda, no obstante que decenas de mujeresparticiparon en los movimientos revolucionarios en los que participaron ambos personajes.
9 Como sucedió, por ejemplo, con Josefa Joaquina Sánchez, esposa de España, olvidandoa las esclavas afrodescendientes que la apoyaron y acompañaron incluso en la cárcel,así como a los otros cientos de mujeres que participaron en el movimiento revolucionario,la mayoría familiares directos de los cientos de hombres que lo integraron.
10 Por las razones que hemos venido apuntando, no existen en la memoria histórica de l@svenezolan@s precursoras de la independencia, ni siquiera «blancas» mantuanas. ¿Quiénha oído hablar en Venezuela de las guerreras llaneras? ¿Quién dice nada sobre las cimarronasguerreras, excepto que eran presas por raptos por parte de los cimarrones? ¿quién reconocea una esclava, negra o india como precursora?
11 ¿Quién que no sea especialista sabe que la esposa del encargado de la Guarnición deCaracas durante el guzmancismo era gringa, hija del Cónsul de EEUU en Venezuela?, o el papel jugado por Doña Zoila durante la Revolución Restauradora? O ¿quién conoce anuestras científicas de los años 1880-1930?
12 Nadie debería esperar construir la liberación femenina mejorando tan sólo las condiciones de sus vidas dentro del orden social capitalista-patriarcal existente. Ello sólo conlleva a mitigar la opresión, no a eliminarla.
13 Un ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar, por ejemplo, en los análisis publicados sobre la vida y obra de Cipriano Castro (Ver Memorias de Venezuela, No 6). No se menciona a ninguna mujer, ni siquiera a su esposa Zoila, ni mucho menos a las miles de mujeres que protestaron en las calles ante el bloqueo.
14 En Venezuela, como producto de que los estudios antropológicos fueron creados por la Escuela Estadounidense, la arqueología en lugar de ser considerada una disciplina histórica, forma parte o es considerada «una rama» de la antropología.
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