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Educere
versão impressa ISSN 1316-4910
La Revista Venezolana de Educación (Educere) v.9 n.28 Meridad mar. 2005
Los muertos silenciosos de Irak
Jeffrey Sachs
Director del Instituto de la Tierra. Universidad de Columbia EE.UU
Cada vez hay más evidencias de que la guerra de Estados Unidos en lrak ha causado decenas de miles de muertes de civiles iraquíes y, tal vez, mucho más de 100.000. Sin embargo, esta carnicería se ignora sistemáticamente en aquel país, donde los medios y el gobierno describen una guerra en la que no hay muertes de civiles porque no hay civiles en lrak, sólo insurgentes.
La conducta estadounidense y la autopercepción revelan la facilidad con la que un país civilizado puede dedicarse al asesinato de civiles a gran escala sin discusión pública. A finales de octubre, la revista médica inglesa Lancet publicó un estudio sobre la muerte de civiles en lrak a partir del inicio de la invasión encabezada por Estados Unidos. La muestra documentó 100.000 muertes de civiles adicionales en compara- ción con la tasa de mortalidad del año anterior, cuando Saddam Hussein todavía gobernaba –y ese cálculo ni siquiera incluyó las muertes adicionales en Falluja, que se consideró demasiado peligrosa para tomarse en cuenta–.
El estudio también señala que la mayoría de las muertes fueron resultado de la violencia y que una alta proporción de las muertes violentas se debió a los bombardeos aéreos de Estados Unidos. Los epidemiólogos aceptan que esos cálculos son inciertos pero presentan datos suficientes para justificar una urgente investigación y la reconsideración por parte de la administración Bush y las fuerzas armadas de EE.UU. de los bombardeos aéreos en contra de las zonas urbanas de Irak.
La reacción del público estadounidense ha sido tan sorprendente como el estudio del Lancet, ya que no ha habido reacción. El jactancioso New York Times publicó sólo una nota de 770 palabras en la página 8 de la edición del 29 de octubre. El reportero del Times aparentemente no entrevistó a un solo funcionario de la administración Bush o de las fuerzas armadas de Estados Unidos. No ha habido artículos o editoriales de seguimiento y ningún reportero del New York Times evaluó la información en Irak. La cobertura en otros diarios estadounidenses fue igual de frívola. El Washington Post publicó una nota de 758 palabras en la página 16 el 29de octubre.
La reciente cobertura de los bombardeos en Falluja también ha sido un ejercicio de autonegación. El New York Times informó el 6 de noviembre que “aviones de combate atacaron posiciones rebeldes” sin añadir que las “posiciones rebeldes” se encuentran de hecho en barrios civiles. Otro artículo del New York Times del 12 de noviembre informó cumplidamente, citando a “oficiales militares”, que: “Desde que inició el ataque el lunes, alrededor de 600 rebeldes han muerto, junto con 18 soldados estadounidenses y 5 iraquíes”. El tema de la muerte de civiles ni siquiera se planteó.
La violencia es sólo una de las razones del aumento de las muertes de civiles en Irak. Los niños en las zonas de combate urbanas mueren en grandes cantidades a causa de diarreas, infecciones respiratorias y otras causas, debido a la falta de agua potable, de alimentos refrigerados y a una aguda escasez de sangre y medicamentos básicos en las clínicas y hospitales (esto es, si los civiles se atreven siquiera a salir de sus casas para recibir atención médica). Sin embargo, la Media Luna Roja y otros organismos asistenciales no han podido ayudar a la población civil de Falluja. El 14 de noviembre, la primera plana del New York Times publicó la siguiente descripción: “Tanques del ejército y vehículos de combate irrumpieron en la última fortaleza principal de Falluja al atardecer del sábado después de que aviones de guerra y la artillería estadounidense les preparara el camino con un salvaje bombardeo sobre el barrio. Horas antes, l0 columnas de humo se elevaban en el sur de Falluja dibujadas contra el cielo del desierto y probablemente significaba la catástrofe para los insurgentes”.
Una vez más casi no se habla de la catástrofe para los civiles dibujada contra el cielo del desierto. Hay sin embargo una alusión, en una breve mención a la mitad del artículo, de un padre que mira a sus hijos heridos en el hospital y dice que “Ahora los estadounidenses disparan al azar contra cualquier cosa que se mueva”.
Unos días después, un equipo de televisión estaba con unos soldados de Estados Unidos en una mezquita bombardeada. Mientras las cámaras filmaban, un marine se dirigió adonde yacía un iraquí desarmado y herido y lo asesinó disparándole a la cabeza. (Se dice que hubo otros casos como ese de franco asesinato). Pero los medios estadounidenses también hicieron a un lado este escandaloso incidente. El Wall Street Journal de hecho publicó un editorial el 18 de noviembre que criticaba a los analistas diciendo, como de costumbre, que lo que sea que Estados Unidos haga, sus enemigos en lrak hacen cosas peores, como si ello fuera excusa para los abusos estadounidenses.
No lo es. Estados Unidos está matando a civiles iraquíes en cantidades enormes, amargando a la población y al mundo islámico y sentando las bases para una intensificación de la violencia y la muerte. La paz no depende del número de iraquíes masacrados. La fantasía estadounidense de una batalla final en Falluja o en otro sitio o de la captura de algún genio terrorista perpetúa un círculo de derramamiento de sangre que pone al mundo en peligro. Peor aún, la opinión pública, los medios y los resultados electorales de Estados Unidos han dejado a las fuerzas armadas más poderosas del mundo prácticamente sin limitaciones.












