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Educere

versão impressa ISSN 1316-4910

La Revista Venezolana de Educación (Educere) v.9 n.31 Meridad dez. 2005

 

Los cincuenta años de la Escuela de Humanidades y los cuarenta y siete de la Facultad de Humanidades y Educación

Julio Tagliaferro

Decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la ULA Período 1983-1986

La tertulia … [es] una institución de la amistad y la opinión publica. Es una pausa de la vida que reflexiona sobre la vida, una reunión ociosa de amigos que comparten un palco sobre el mundo y opinan libremente.

G. Zaid.

Quiero agradecer a Carmen Carrasquel organizadora de este acto, mi alumna y entrañable amiga, que generosamente me designara para hablar en este auditorium de Carlos César.

Me invitaron para realizar una semblanza de Carlos César Rodríguez, yo les invito a reunirnos aquí a realizar un alto en el trabajo cotidiano, una pausa en la vida, en fin, como dice el epígrafe, a que tengamos una conversación reflexiva, que es en definitiva, la tertulia sobre nuestra Facultad de ayer y de hoy, que es el mejor homenaje a Carlos César, nuestro primer decano.

En tertulias sostenidas durante largos años con el Prof. Horacio López Guédez, sobre Mérida y la fundación de nuestra Facultad, decía Horacio, que en el año de 1954, Mariano Picón Salas y don Américo Castro, en su paso por la ciudad, en actividades académicas, en discurso pronunciado por don Américo éste expresaba su asombro por la ausencia de estudios humanísticos en una ciudad con larga tradición en este campo. Luego de concluido su discurso, el rector Mármol les dijo a él y a don Mariano que ellos eran las personas indicadas para ese cometido.

Poco tiempo después, el 25 de junio de 1955, se creó la Escuela de Humanidades, adscrita a la Facultad de Derecho. Escuela que fue dirigida por el Dr. Luis Spinetti Dini hasta Julio de 1958 en que el C. Universitario decidió elevarla a la categoría de Facultad y nombra a Carlos César Rodríguez como su director, quien, posteriormente será electo decano para el período 1959-1962; luego, hasta 1968, y después, en el periodo 1978-79. Ya en 1843, por disposición del Código de Instrucción Pública, se creó la Facultad de Filosofía y Humanidades, que el profesor Alí López considera como “el antecedente inmediato de nuestra facultad”, y que funcionó durante sesenta y cuatro años.

Los estudiantes fundadores fueron diez que egresaron en 1959, como la primera promoción en las menciones de Letras e Historia. En septiembre del mismo año 59 se crea la Escuela de Educación y la dependencia se eleva al rango de Facultad de Humanidades y Educación. Luego en 1966 se crea la Escuela de Educación en San Cristóbal, que pasará a convertirse en Núcleo Universitario del Táchira en el año de 1975. Hay un hecho histórico que se debe mencionar en esta celebración.

Antes del galpón de la avenida Universidad, dos casas coloniales albergaron la Facultad entre 1960 y 1964, una, frente al actual viaducto Campo Elías, y otra, frente al correo.

Era Mérida una ciudad apacible, de niebla, de lluvia pertinaz, y de las garúas recurrentes del poeta Adelis. Su quietud era interrumpida solamente por la algarabía de los estudiantes que, de todos los rincones del país nos íbamos incorporando a la Universidad en un ambiente de estudio y lucha, en esos tiempos de construcción de la recién estrenada democracia y de la participación ciudadana en la política nacional.

En esas dos casas coloniales nos encontramos con los profesores: Gonzalo Rincón Gutiérrez, Horacio López Guédez, Carlos E. Muñoz Oráa, José Miguel, Monagas, Luis Arconada, Antonio Luis Cárdenas, Rosa Amaral, María Rosa Alonso, Juan Isidro Jiménez Grullón, Oswaldo Barreto, Mario Bosetti, David Viñas, Eduardo Blanquel, Ignacio Soloaga, Juan Astorga, Desiderio Castillo, Miroslav Marcovich, Carlos César Rodríguez, Alfonso Cuesta y Cuesta, Mario Spinetti Dini, Xavier Roux, Pedro Nicolás Tablante Garrido, Antonio Nicolás Briceño, Ventura Reinosa, Francisco Gaviria, Yolanda Rincón de Rada, José M. Briceño Guerrero, Alfonso Cuesta y Cuesta, Alberto Merani, Ernesto Pérez B, Margaín, Gladis de Pérez, José Antonio Portuondo, Miguel Marciales quien con su carro alado rodaba en busca de los Descendientes de Celestina, y finalmente, el poeta Dávila Andrade, que no era profesor, pero que con su Boletín y elegía de las mitas, desde la vieja casona de la calle 21, escudriñaba toda la ciudad.

Mas tarde se incorporaron Domingo Miliani, Carlos Silva, Thiele, la Prof. Thiele, Los profesores de idiomas, que muchos volvieron a su patria y otros quedaron sembrados en las tierra merideñas como el prof. Thiraud, el Prof. Lemeure, María Eugenia Dubois, Bartra, Calzadilla, Gekeller, Franco D´Introno, José Manuel Briceño Monzillo, Mario Sanoja Obediente, Adelis León Guevara, Hernando Track, Rufina Pernía, Ana Luisa Picón, Leonidas Prieto, Lubio Cardozo, José García Quintero.

En esos tiempos la Facultad contaba con un excelente grupo de profesores, venezolanos y de otras latitudes que impartían los conocimientos con los últimos adelantos de las ciencias sociales y con el empuje de una Facultad recién creada, muy joven, con apenas dos años de funcionamiento y cinco años de iniciados los estudios de Historia y Letras. Apenas una promoción había salido de sus aulas. Esta, en una síntesis muy apretada, era la Facultad que encontramos a nuestro ingreso a la Escuela de Historia, en el año de 1960.

Comenzamos este recuento en tono personal, porque entendemos que la Facultad no se conoce, mejor dicho, no es que no se conoce, es que se conoce poco a sí misma. La Facultad no ha tenido atención a su falta de memoria. Y su falta de memoria es porque, si calibramos la pléyade de profesores que ha cobijado en su seno, desde su fundación al presente, no comprendemos cómo las generaciones de hoy no tienen una idea concreta de lo que ha sido nuestra Facultad, desde sus logros del pasado, que son acicate para los logros del presente y del futuro. Aquí, es propicia la ocasión para llamar la atención a las autoridades de la Facultad y de la Universidad, presentes en este acto, para que se dé apoyo decidido a un proyecto de investigación interdisciplinario para la reconstrucción de la historia de la Facultad. Lo pertinente es que ese apoyo decidido se le preste al esfuerzo que viene realizando el profesor Alí E. López Bohórquez, desde la Cátedra Libre de Historia de la Universidad. El asesoramiento del Prof. López en un tipo de trabajo como el referido es fundamental, pues es producto de la experiencia obtenida y la dedicación que ha venido prestando al conocimiento de la historia de nuestra institución.

De ese grupo de profesores nombrados arriba, unos no están con nosotros, otros se encuentran aquí compartiendo el trabajo diario y, en ese quehacer marcaron los primeros una trayectoria y los otros continúan produciendo resultados en los distintos campos del saber. Con todos ellos deberíamos hacer una antología que crease la memoria de la Facultad, desde Carlos César hasta las etapas más recientes. Este seguimiento nos permitiría constatar cómo se pensaba a sí misma la Facultad; encontraríamos allí las fuentes documentales: escritas y del habla, que registran los cambios que se produjeron; por ejemplo, los documentos de la Renovación universitaria, el sonado concurso de Juvenal Santiago, que marcó un hito en nuestra institución, la creación del VRAE, la actividad de los partidos políticos, los momentos en que se fundaron determinados departamentos, la creación de los Postgrados, el Taller de expresión Literaria, el viejo Centro de Investigaciones Literarias, el Centro de Estudios Históricos, los últimos desarrollos en el campo de los postgrados, la creación de nuevas escuelas, los trabajos de revisión curricular, el Museo Arqueológico; y darle el reconocimiento que le corresponde a Gonzalo Rincón Gutiérrez como el iniciador de ese museo, el surgimiento del Centro de la Cultura Popular que es más reciente. Es decir, habría que emprender la labor de rescatar eso para construir la memoria de la Facultad. Entonces, al decir: la facultad, se conoce muy poco, que quizás es la expresión que corresponde —se conoce a sí misma muy poco— y por eso muchas veces no se reconoce en sus logros. De esas dos ideas se saca la necesidad de construir la historia de los cambios de la Facultad.

El crecimiento y la transformación de la Facultad es también el tránsito entre la dictadura, que había estimulado la educación técnica y la democracia que abre las posibilidades de apertura a las ciencias sociales. Es el momento en que empieza a ser observada la sociedad más allá de la pura observación de las infraestructuras. Es la confrontación con la mitificación de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, que se sostiene sobre la idea de interpretar lo visual inmediato como lo único importante.

Sobre la avenida Universidad se construye un espacio provisional, que ya no es visualmente y desde el punto de vista de lo que sería la planimetría urbana, la lectura de la infraestructura solamente, sino la lectura de un espacio de la preparación de la gente para interpretar la sociedad y la cultura. Antes se interpretaba fundamentalmente la obediencia y el papel de la producción en el plano puramente infraestructural (edificaciones), ahora es la de edificar un nuevo ciudadano.

En los años sesenta, se introducen, de algún modo, fracturas en la vida tanto política como intelectual, que impulsan, unos años más tarde, a fines de esa década, un proceso de renovación que diversifica la facultad. Y en la medida que la diversifica, ella crece, junto a un crecimiento que fue el de toda la universidad y, que a partir del año de 1972 fue un crecimiento vertiginoso del que no escapó nuestra facultad. Es importante señalar, que en ese momento estelar de crecimiento estaban coexistiendo, la primera generación —fundadora—, de más experiencia, con la generación que acaba de ingresar a la Facultad (1974-1975). Esa historia es interesante en la medida que es una historia que tiene la bondad de mantener en diálogo a todos los que han funcionado como profesores, promotores, gerentes. Por consiguiente, tenemos una pequeña familia, con sus bajas, pero con una gran mayoría que está presente todavía.

Los hitos de esta historia los van marcando los espacios físicos que son parte del anclaje visual para la gente. La primera fase corresponde al tiempo de vinculación y deslinde con la Facultad de Derecho, que son las dos casas coloniales, que simbólicamente tienen una significación por que es una situación subalterna frente a Derecho.

La segunda fase, la de buscar su propia sede, que fue provisional, de los galpones de la avenida Universidad y mantuvieron una provisionalidad de 30 años. Entonces, las casonas coloniales marcan el período de búsqueda de un perfil propio para la institución. Y el cambio para la sede la avenida Universidad, que también es simbólico, pues pasa de una calle del viejo centro colonial a una avenida de la Mérida en proceso de modernización; y es allí donde crece la facultad, al punto en que llega un momento en que se hace pequeña y, cuando se muda Economía, ocupa esos espacios. Aquí es donde y cuando la facultad revela su crecimiento cualitativo y cuantitativo, cualitativo porque se ha diversificado desde el punto de vista académico —nuevas asignaturas dentro de las carreras, nuevos departamentos y comienzan a proyectarse los postgrados—, en síntesis, hay nuevas proyecciones. Todo esto es parte del crecimiento que se produce entre la sede de la avenida Universidad y la actual. La sede de la avenida Universidad es un galpón provisional de más de treinta años y tiene un proceso de modernización dada en el plano académico y administrativo. Es el momento de la diversificación, crecimiento de programas (Doctorados, Maestrías, logros en la investigación) y de la complejización administrativa. La nueva sede, la de La Liria, es el momento de los esfuerzos de adecuación.

Aquí concluyo, esta larga reflexión sobre nuestra casa de estudios, con la seguridad de que ellas son el mejor homenaje que podemos rendir a Carlos César Rodríguez que en los primeros cincuenta años de la facultad, él con su bonhomía, su sencillez y su sentir académico, la ha llenado de sensibilidad y querencia. Y a las nuevas generaciones trasmitirles la necesidad de identificarse de forma plena y profunda con nuestra realidad como institución para entenderla y entendernos.

Muchas gracias

Mérida, 11 de noviembre de 2005.