Introducción
Parte de la dinámica y vivencias de cualquier persona, es el elegir constantemente entre su bienestar integral, su salud emocional y física, y el aspecto profesional. En esta dinámica se suele echar mano de los recursos disponibles, sea de forma planificada o de forma naturalmente instintiva; lo que es imprescindible al encontrarse en ambientes laborales, donde se presentan situaciones que representan riesgos y amenazas para la salud emocional, psicológica o mental y para la salud física (Gutiérrez y Gavilanes, 2022). Esta es una constante en el entorno laboral y profesional de la docencia universitaria, existiendo diversidad de factores que inciden positivamente, pero muchos otros que lo hacen de forma negativa, estos son los denominados “riesgos psicosociales”, factores o situaciones que rodean el desempeño laboral de los docentes; donde las reacciones, y forma de manejar cada situación, dependen de cada individuo (Jacome-Muñoz et al., 2021).
Según esta dicotomía, es importante profundizar los diferentes comportamientos y desenvolvimiento de los trabajadores en entornos laborales como las instituciones de educación superior (IES), y observar los diferentes momentos de la jornada que pueden llegar a ser problemáticos y riesgosos, e impedir el goce de un nivel aceptable de bienestar y buena calidad de vida laboral (Aguilar-Hernández et al., 2023). Lo antes expresado, puede verificarse a través de estudios realizados, que indican la existencia de factores de riesgo psicosocial, relacionadas con afectaciones psicológicas, y poco bienestar laboral en los docentes universitarios (Roa-Cárdenas y González-Puebla, 2022).
Es una realidad palpable que la dinámica y la forma en la cual se presenten dichos factores, impactan las condiciones del entorno y el desempeño de los docentes, por lo que es recomendable, no normalizar situaciones que impliquen malestar cotidiano y continuo, como parte del quehacer docente, y tomarlos como se dice coloquialmente “son gajes del oficio”, ya que con frecuencia conllevan a consecuencias negativas, que afectan la calidad de vida laboral, el desempeño y la satisfacción (Aguilar-Hernández, et al., 2023). En este contexto, es una prioridad lograr el desarrollo armónico y equilibrado entre las funciones laborales el bienestar y la calidad de vida de los docentes universitarios; siendo preciso contar con el apoyo institucional, para evaluar y atender las necesidades relacionadas con la protección de la salud integral de este personal.
Lo anterior, da cuenta de la importancia del bienestar y la salud emocional de los docentes, por lo que existen diferentes estudios que lo evidencian, especificando la presencia de factores de riesgo psicosocial, en el ambiente laboral de las IES, los cuales influyen en la calidad de vida, en la salud y en el bienestar, tal como lo indican Aguilar-Hernández et al. (2023) en su estudio. Las personas pueden o no tener recursos personales adecuados para enfrentar el estrés laboral y realizar sus funciones eficientemente. El estrés negativo o “distrés” puede ser muy perjudicial para la salud psicológica y física (Rodríguez et al., 2017).
La ecología emocional (EE) es una herramienta efectiva para prevenir y manejar el distrés y otros riesgos psicosociales en el trabajo, destacando la autogestión de las emociones para equilibrar el “mundo interior” y el entorno (Conangla y Soler, 2014). La EE implica gestionar adecuadamente las emociones para una vida más armónica mediante la canalización creativa de la energía emocional (Conangla y Soler, 2014).
La ecología emocional debe ser parte de la formación integral del ser humano, igualmente se vincula tanto con la teoría de la inteligencia emocional (IE), como con la educación emocional, estos dos últimos conceptos, se han utilizado durante décadas para estudiar y manejar las emociones humanas, aunque con significados y criterios distintos, pero relacionados entre sí.
Según (Bisquerra, 2020), la definición de “Inteligencia Emocional” (IE) contiene aspectos tan importantes y trascendentales para el estudio de las emociones, como el conocimiento de las propias emociones y la forma adecuada de expresarlas, usando la motivación propia; está íntimamente relacionada con la emoción, que impulsa a la acción autocontrolada (tal como lo plantea la EE), para el logro de objetivos y metas personales, de igual forma, el reconocimiento de las emociones en los demás, es fundamental para la empatía y el altruismo -propio de profesiones de ayuda y servicio-; y para el establecimiento de relaciones interpersonales, lo que promueve las competencias y habilidades sociales para el liderazgo y la popularidad, la IE promueve el poder de actuar suave y efectivamente con los otros.
Ahora bien, un punto que sirve de anclaje entre “Ecología Emocional” (EE), y la “Inteligencia Emocional” (IE) es que ambas concepciones, incluyen otro concepto como es la “sostenibilidad”, que surge como una dimensión fundamental indicando que: para aprender a sentir-pensar-actuar, debe existir una armonía “sostenible” (…) donde ambas combinadas (la inteligencia emocional y la ecología emocional), promueven una mejor salud (Correa, 2019).
En ese sentido, Correa (2019) corrobora lo expuesto por Conangla y Soler (2014), expresando en las primeras líneas del preámbulo sobre la “sostenibilidad” (sostenibilidad emocional), que la “gestión del medio ambiente” tiene su relación con la “gestión emocional”, en el sentido que aspectos como: la lluvia ácida, la tala indiscriminada, las fugas de energía, el calentamiento global, entre otros, -son aspectos que en cuanto a la sostenibilidad, tienen su equivalencia o paralelismo en el ámbito de las emociones-. De este modo, se asume que la “Ecología Emocional” (EE) y la “Inteligencia Emocional” (IE), coinciden en el contexto de las emociones, en un sentido tanto individual como colectivo, y a su vez con el entorno o medioambiente; siendo ambos conceptos, manejados en la “Educación emocional”, la cual posee sus propios criterios y contextualización teórica (Barrios-Tao y Peña, 2019). Es así que, la EE como un constructo teórico es novedoso, polifacético y multidisciplinar, principalmente es una práctica eficiente en la gestión de las emociones, que proporciona información interesante, empleada como herramienta para que los docentes universitarios, mejoren su salud emocional; siendo de gran importancia, la aplicación que estos contenidos se difundan a través de programas institucionales en las IES, para prevenir y promover hábitos personales en el control emocional frente a situaciones adversas en el trabajo.
Por todo lo anterior, se planteó como objetivo: “Exponer de forma descriptiva, el Modelo de Ecología Emocional (MEE), como una herramienta efectiva para alcanzar el bienestar y mejorar la salud emocional de los docentes universitarios”. Así mismo, se planteó la siguiente pregunta de investigación: ¿Será posible que implementando el modelo de la Ecología Emocional, como un programa alternativo en el entorno de las IES, los docentes universitarios alcancen el bienestar integral y mejoren su salud emocional?
Este estudio se ha definido como un escrito académico, tipo ensayo expositivo, realizado con la intensión de informar y explicar objetivamente a los lectores la temática en cuestión (Kramer, abril, 25, 2023; Suárez, julio, 21, 2023). Se empleó un lenguaje que refleja la sensibilidad y punto de vista de los autores (Centro de Recursos Académicos, ITESO, S/F). Es un estudio exploratorio, según Hernández et al. (2014), ya que la “Ecología Emocional” es una teoría novedosa, y poco manejada en el ámbito de los docentes de educación superior y las IES.
El fundamento teórico, se obtuvo de documentos explicativos, de libros y recursos elaborados por los autores, creadores del MEE, María Mercé, Conangla y Jaume Soler (España), usados como fuentes primarias; así como artículos científicos de revistas de factor de impacto, en el tema de las emociones, sostenibilidad emocional, y los efectos de éstas en el desenvolvimiento relacional de los docentes universitarios. También se accedió a material disponible en portales especializados, como: ecologiaemocional.org, rafaelbisquerra.com, eduemocion.com; entre otros sitios web. Todo esto, permitió hacer el tratamiento y la reflexión previa sobre la temática.
Metodología
Para la escritura del ensayo se desarrollaron los siguientes pasos:
Bienestar de los docentes universitarios
La corriente del bienestar, acuñó el término “calidad de vida”, investigando la relación entre “bienestar” y la “versatilidad económica”, desde los años 70’s, cuando describieron la “calidad de vida”, como las circunstancias necesarias para una buena vida (con buenos ingresos, buena salud, y empleo satisfactorio) (…) (Cardoso, 2018, p. 32). Las primeras investigaciones sobre el “bienestar” denotan un enfoque positivista de esta temática, allí se relaciona el bienestar con aspectos externos a los individuos; lo que ha dado lugar al llamado “bienestar objetivo” o “welfare”, refiriéndose a un “nivel de vida” relacionado con las variaciones, con respecto a factores económicos, teniendo como referente el “estado de Bienestar“, o “welfare state” (Cardoso, 2018).
En diferentes investigaciones se ha puesto de manifiesto que los comportamientos psicológicos influyen en la sensación de bienestar; poco a poco diferentes autores han ido otorgando importancia a las “competencias emocionales”; por ejemplo, en 1984 Veenhoven, definió el bienestar como, el grado en que una persona valora en general su vida en términos positivos, o expresando el gusto por su vida (Cardoso, 2018). Por lo tanto, las nuevas propuestas sobre “bienestar humano” han abandonado la relación directa entre -crecimiento económico, desarrollo y bienestar-; así como la “visión unidimensional del bienestar” (Comité Español de Representantes de Personas Discapacidad, CERMI, 2021, p. 18).
Como se puede observar, el significado de “bienestar”, también está ligado al de “salud”, según lo indica la Organización Mundial de la Salud - OMS, y es un estado de bienestar físico, mental y emocional, es decir integral, -no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades- (Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH, 2022). También define la OMS al “bienestar integral” como un estado de profundo equilibrio entre las áreas más trascendentales del ser; encontrándose éstas en armonía con la salud física, mental, emocional, y en interrelación con las dimensiones: Ambiental, económica, emocional, espiritual, física, intelectual, ocupacional y social (Universidad Continental, 2022).
Las definiciones varían según las corrientes del pensamiento que lo empleen y las circunstancias que rodeen su uso; por lo tanto, establecer una comprensión sobre su significado no es sencillo; tampoco existe un método específico para medirlo; es así que encaminarse hacia el “bienestar integral”, permite a cada individuo desarrollar diversas habilidades y obtener herramientas para solucionar los problemas cotidianos y laborales, sin agobiarse (CERMI, 2021). Como se observa en las anteriores definiciones, el bienestar integra aspectos como los sentimientos de las personas, sus deseos, lo que les gusta hacer, qué les hace felices; lo que convierte esta en una definición compleja y multidimensional; de hecho es un término amplio que abarca mucho más de lo que la transdisciplinariedad le atribuye (CERMI, 2021).
El bienestar de los docentes universitarios, en relación con su entorno laboral, es un aspecto que puede variar en razón del contexto geográfico, del nivel económico, social, del sector laboral (educativo) público o privado; es la forma en que los profesores manifiestan sentirse y cómo funcionan en su puesto de trabajo (Falk et al., 2021). Es fundamental entender, que el nivel de bienestar es de relevante importancia, por su incidencia en el desempeño profesional como razón primordial, y por el rol de los docentes en el mantenimiento de la resiliencia del sistema educativo (Falk et al., 2021).
Es decir, aunque un ciclo armonioso y beneficioso entre docentes, estudiantes e instituciones podría mantener un alto nivel de bienestar y salud integral, el bienestar de los docentes universitarios a menudo se encuentra en segundo plano en las instituciones de educación superior (IES). Lo observado en la búsqueda de información, evidencia que los estudiantes reciben más atención y apoyo para su bienestar óptimo en comparación con los docentes. Esto sugiere la necesidad de estudios comparativos profundos o revisiones sistemáticas para obtener resultados confiables.
Ahora bien, ciertamente debe existir un equilibrio en esta balanza, y conceder igual importancia a la hora de investigar, para aportar soluciones a los innumerables problemas y necesidades que existen, sobre el nivel de bienestar y salud emocional, psicológica o mental que presentan los docentes. Es así que, cuando los docentes manifiestan conductas que reflejan bienestar, salud psicológica y mental óptimos, estas cualidades, pueden ser transferidas hasta los estudiantes, fomentando así un clima emocional positivo para el entorno (Gordillo, 2023).
En este tenor, el bienestar del docente puede que esté sobreentendido, y sobrevalorado, por suponer que el gremio goza de beneficios, que conllevan a un “bienestar integral”, bien sea porque ya son profesionales y esa meta ya está alcanzada, o porque “disfrutan de un estatus económico aceptable. Esto puede observarse en algunos contextos, lo cual no representa a la mayoría, ya que medir el bienestar docente por el aspecto económico o la prosperidad material, sería muy impreciso, pudiendo variar de acuerdo con el sector laboral y la región geográfica o país donde habitan. Por lo tanto, lo que manifiestan unos como “estado de bienestar”, puede no serlo al comparar con otros grupos; ya que todo depende de la percepción y circunstancias, que trascienden de lo colectivo al plano individual. Tal como lo expresa Pinedo (2023), en atención a lo planteado por Duarte y Jiménez (2007), cuando afirman que el bienestar es el sentir de una persona o un colectivo, manifestado en la plena satisfacción de sus necesidades básicas, fisiológicas y psicológicas, sostenibles, que les aliente y mantenga sus anhelos y proyectos de vida.
La profesión docente es extremadamente demandante, requiriendo un esfuerzo significativo para superar obstáculos y retos en todas las etapas de la carrera, incluyendo la profesionalización, la práctica laboral y los estudios de posgrado. Los docentes deben desarrollar proyectos, participar en concursos y realizar diversas actividades tanto dentro como fuera de su institución para avanzar en su carrera. De acuerdo con la experiencia docente, son muchas responsabilidades inherentes a la profesión, que los docentes tratan de cumplir, para ofrecer una actuación académica significativa, con creatividad e innovación, apegados a la justicia y a la práctica de valores universales, como la igualdad, la amistad, la solidaridad, con respeto, empatía; en pro de los estudiantes, las instituciones y de construir mejores sociedades (Farías-Veloz et al., 2022; Romero-Contreras, 2016).
En relación con esto, hoy día más que en épocas pasadas, la labor docente es mejor reconocida, los patrones de valía y calificación hacia la profesión han cambiado; pero persisten situaciones, con factores que denotan incidencias negativas, que evitan el goce de bienestar y salud emocional óptimos, donde afrontarlos resulta cuesta arriba. Entre estos, otros, se responsabiliza a los docentes del bajo rendimiento e índice académico de los estudiantes, calificándolos como poco idóneos (Farías-Veloz et al. (2022, p. 10). En este escenario, el gremio de docentes universitarios, suele ser vilipendiado, soportando la descalificación por parte de los medios de comunicación; incluyendo una oposición constante, al existir supuestos como: …los docentes gozan de muchas vacaciones durante el año (Hué, 2012)
En torno al bienestar y salud emocional de los docentes, se encontraron trabajos que le dan mucha importancia estos aspectos, apoyan y respaldan, diversas teorías; sin embargo, ha sido más común encontrar trabajos que hablan sobre el “malestar docente” (Muñoz et al., 2017). Ante esta situación, para que los docentes logren un nivel adecuado de bienestar, requieren disponer de información, alternativas y herramientas para aminorar los factores de riesgo laborales, con prioridad en la prevención; a través de investigaciones de valor, que engloben aspectos específicos como el nivel de vida de los docentes, y cómo lograr su bienestar general, lo cual redundaría significativamente en la calidad de su desempeño laboral (Pinedo, 2023).
En el momento que los docentes hagan consciencia e identifiquen los elementos que definen el “bienestar”, como el estado de satisfacción personal, la comodidad y el confort, el disfrute de aspectos positivos en cuanto a la salud, el éxito social, económico y profesional, así como la armonía y equilibrio consigo mismo, con los demás y con el entorno, Muñoz et al. (2017), con la adquisición de habilidades emocionales adecuadas, y la participación en programas de educación emocional, produciría un efecto multiplicador hacia el resto de compañeros, colegas, estudiantes y entorno en general (Gordillo, 2023).
En este orden de ideas, en una entrevista a Rafael Bisquerra Alzina, registrada en la (WMCMF, 2022), el especialista en emociones, afirma que sin salud no hay bienestar y sin bienestar posiblemente no exista salud óptima; al abundar el “malestar” entre los docentes universitarios según estudios realizados, aclara, que no se puede cumplir este rol (docente) desde el malestar. Tal como lo expresó Bisquerra, cuando se le preguntó: ¿Podemos educar desde el malestar? y él respondió (…) “no se puede hacer auténtica educación desde el malestar”, y añade: “tal vez se pueda instruir, transmitir conocimiento, aportar al desarrollo cognitivo pero no educar” (WMCMF, 2022).
Esteve (2004), en su estudio, divisaba que la construcción del bienestar de los profesores, debía iniciarse en el período de la formación inicial, lo que les permitiría a los futuros docentes, hacer frente a los problemas y dificultades que implica la profesión. De igual forma, Bisquerra (2003), siendo experto en el estudio de las emociones, opina que con el bienestar no se nace, por el contrario, el bienestar se construye; para ello la educación emocional como premisa, sirve para accionar hacia un estado de “bienestar”. Este es un constructo que abarca la integralidad de la persona; por tanto, debe ser un complemento que atienda las necesidades, materiales, pero sobre todo las emocionales y de salud; que a menudo quedan relegadas a un segundo plano en el ámbito académico (WMCMF, 2022).
Por todo lo antes expresado, es necesario, formular preguntas que guíen las acciones para mejorar el bienestar de los docentes universitarios. Estas preguntas incluyen: cómo mantener el bienestar emocional en entornos disruptivos, cómo construir un estado óptimo de bienestar para enfrentar dificultades laborales, cómo revertir un estado de malestar hacia uno de bienestar pleno y cómo preservar el bienestar sin recursos ni apoyo institucional. Destacando la importancia que reflejan situaciones comunes entre los docentes de instituciones de educación superior (IES), éstos son planteamientos que ayudan a los docentes a evaluar su estado de bienestar, con los cuales pueden reconocer e identificar, que no se sienten bien y expresar su incertidumbre sobre cómo resolver su malestar. Estas situaciones sugieren, que a los docentes no se les ha preparado para enfrentar las dificultades reales que conlleva el trabajo cotidiano en las aulas y aun mas fuera de ellas (Esteve, 2004).
Cada docente debe ser consciente de que, lo negativo del entorno no debe impedirle mantener su bienestar y salud emocional plenos. Sin embargo, también deben reconocer que los aspectos intrínsecos, como opiniones y actitudes negativas, juicios hacia sí mismo y los demás, sentimientos pesimistas, y creencias limitantes, sí pueden afectarlo. Retomando las ideas anteriores, para construir el propio bienestar, es esencial entender que alcanzar el “estado de bienestar” y sentirse “bien” implica expresarlo y canalizarlo coherentemente. Expresar de forma adecuada los estados de malestar en las vivencias, y que los demás puedan percibirlo y entenderlo, ayudará a que el entorno reaccione empáticamente y ofrezca soluciones.
Las emociones, insumo para la Ecología Emocional.
Las emociones humanas son el objetivo principal de la inteligencia emocional, la educación emocional y la ecología emocional, todas enfocadas en desarrollar las potencialidades emocionales individualmente. Conangla y Soler (2014), describen las emociones como elementos que llenan nuestra vida y que podemos valorar, integrar o ignorar. Rojas (2018), define las emociones como respuestas afectivas del cuerpo a las circunstancias de la vida diaria, manifestando cómo nos sentimos. Bisquerra (2017) afirma que las emociones son la esencia de la vida, comparando la falta de emociones con ser como máquinas, y destaca la dificultad de conocerlas debido a su naturaleza inmaterial.
Conceptualmente Bisquerra (S/F, p. 20), presenta una definición bastante completa sobre “las emociones”:
La emoción es un concepto multidimensional que se refiere a una variedad de estados, muchos de ellos solapados, pero con distinto contenido. Por eso se habla de emociones, en plural. Por nuestra parte, siguiendo una cierta tradición, nos referiremos a la emoción, en singular, como un concepto genérico que incluye diversos fenómenos afectivos que son objeto de investigación científica. Por otra parte, nos referiremos a las emociones, en plural, para hablar del conjunto de las emociones discretas (ira, tristeza, alegría, etc.). El uso del lenguaje permite distinguir cuándo nos referimos a la emoción como concepto genérico, y cuándo nos referimos a una emoción en concreto.
En un artículo de la Universidad Continental (2022), se menciona que las emociones son reacciones psicofisiológicas que surgen ante situaciones como peligro, amenaza, pérdida, daño y éxito. Estas reacciones preparan al individuo para responder adecuadamente y permiten la comunicación de estados afectivos, influyendo directamente en la salud. Corbellá y Merlo (2020) afirman que para controlar y manejar las emociones es necesario tener una buena salud emocional o un buen estado de bienestar psicológico. Esto implica que el individuo sea consciente de sus sentimientos, su capacidad para manejarlos, los vínculos con otros y cómo enfrenta las dificultades.
Según Bisquerra (2015), la falta de hábitos para analizar las emociones se debe a que no estamos acostumbrados ni hemos sido enseñados a hacerlo. Esto nos lleva a desconocer mucho sobre ellas y a no plantearnos preguntas como: ¿Dónde están las emociones? (en nuestro interior), ¿Cuántas emociones hay? (muchas), y ¿Cómo se estructuran? (de forma compleja). Tal complejidad estructural de las emociones ha sido explicada y descrita por Rafael Bisquerra y un equipo especializado a través de un material didáctico en forma de poster o afiche que han titulado: “Universo de las emociones”. Para efectos de este estudio, se muestra un cuadro donde se observa claramente la clasificación y organización de las emociones, para una mejor comprensión y conocimiento (Cuadro N°1).
Cuadro 1 Universo de las Emociones
El tema de las emociones ofrece múltiples posibilidades y representaciones, y la descripción presentada es una propuesta abierta que puede ampliarse según las experiencias y necesidades personales o grupales. Los autores buscan que este recurso sea útil para conocer y gestionar nuestras emociones, así como para reconocerlas en los demás.
La Ecología Emocional (EE).
La Ecología Emocional (EE), en Conangla y Soler (2002), sus precursores y quienes acuñaron el término, la definen como:
El arte de gestionar nuestros afectos (emociones y sentimientos) de tal forma que su energía promueva conductas que aumenten nuestro equilibrio personal, favorezcan el desarrollo de nuestra capacidad de adaptación positiva, la mejora de nuestras relaciones interpersonales y el respeto y cuidado de nuestro mundo. (Conangla y Soler, 2003, p. 2).
Esta herramienta ayuda a las personas a mejorar su bienestar integral y salud emocional, combinando aspectos educativos, emocionales y medioambientales. Es un planteamiento creativo y revolucionario, que promueve un nuevo modelo de persona, “una persona emocionalmente ecológica”, basado en la idea de que al mejorar la persona, también mejora su entorno, se transforma y evoluciona (Conangla y Soler, 2002)
El individuo experimenta una transformación hacia un tipo de ser humano más creativo, amoroso, pacífico y autodependiente (CAPA), cualidades que pueden observarse a través de la mejora personal, por la armonía, la serenidad y el equilibrio; desde esta perspectiva, todos somos responsables de nuestro “mundo interior” y del manejo de la información que recibimos del entorno, produciendo un “empeoramiento” o “mejora” del clima emocional global, (de la “destrucción” o de la “creación” (Conangla y Soler, 2014).
La Ecología Emocional (EE), también conocida como psicoecología afectiva o psicoecoafectividad, va más allá de la educación emocional y es una práctica innovadora y trascendente en el crecimiento personal (Conangla y Soler, 2013). Implementada en la educación emocional, la EE puede mejorar el bienestar emocional, social y físico de los docentes, trabajando tanto con los “territorios internos” como con los “territorios externos”, utiliza metáforas, relatos y paralelismos con la ecología, resultando muy efectiva (Conangla y Soler, S/F). Desde un enfoque práctico, permite a los docentes gestionar sus emociones de manera creativa, promoviendo una vida más feliz y sostenible basada en principios de conservación, libertad, responsabilidad, respeto y prevención, fomentando una conciencia responsable con uno mismo y el entorno (Isan, 2017).
Como teoría, la EE sirve para incrementar la sostenibilidad emocional, en correspondencia con el ecosistema, de forma equilibrada y ecológica; pudiendo ser aplicada en diferentes áreas, en las comunidades educativas, organizaciones e instituciones de salud, empresas, y de la sociedad en general (Conangla y Soler, 2002). De cada individuo depende controlar las actitudes y sentimientos propios, así como respetar las diferencias con el otro, para construir relaciones basadas en una libertad responsable (Mier-Núñez, 2017).
Este modelo, ofrece un marco global útil, desde la mirada de diferentes disciplinas, entrelazando varias teorías formuladas el siglo pasado, de autores significativos, con los cuales tiene afinidad, entre ellos, están: Erich Fromm, Abraham Maslow, Viktor Frankl, Peter Salovey, Edgar Morín, con la Programación Neurolingüística (PNL), Edward O. Wilson, y muchos otros teóricos de la ecología, las religiones, la espiritualidad, la sabiduría popular, la poesía, la literatura, la psicología, la filosofía, y la sociobiología (Conangla y Soler, S/F).
Cuadro 2 Modelo de Ecología Emocional (MEE), de María Mercé Conangla y Jaume Soler
En el cuadro anterior, Conangla y Soler (S/F), exponen cómo la implementación de este modelo resulta en un “Homo Ecologicus”, una persona que combina Creatividad, Amor, Paz, Autonomía (CAPA) y Consciencia Ecológica, integrando afectividad y lucidez; lo que puede beneficiar significativamente la transformación personal de los docentes, mejorando su bienestar, salud emocional y en general su calidad de vida.
Conclusiones
El manejo de las emociones, está supeditada a la comprensión y conocimiento sobre éstas y de sí mismo; su fundamento es poco manejado por el común de las personas, por lo tanto, conocer y aplicar el “Modelo de Ecología Emocional” de Conangla y Soler, promueve la gestión de la energía emocional en forma creativa y amorosa, contribuyendo a la mejora continua de los individuos y del entorno. Las investigaciones sobre el modelo, aportan novedosos planteamientos, y relaciones teóricas que surgen de una actualización de la “Inteligencia Emocional” y la “Educación emocional”.
El modelo de EE, descrito en este estudio, promueve la calidad en las relaciones interpersonales e intrapersonales, y con el medio ambiente. Establece un paralelismo entre la gestión del medio ambiente (Ecología) y la gestión de las emociones humanas (EE), sugiere que desde ambos se generan efectos recíprocos. La metodología del modelo, se basa en la idea de que el estado y características del ambiente natural, refleja el estado emocional y estado de bienestar, de los seres humanos. Además, enfatiza la importancia de valores, responsabilidad y conciencia que debemos tener como individuos y como colectivo, para regular el impacto de las emociones, evitando consecuencias negativas y promoviendo la “creación” en lugar de la “destrucción” del mundo interior y exterior.
Este es un paradigma novedoso, con recursos teóricos y prácticos a nivel emocional, social, psicológico, ecológico y afectivo, para construir bases individuales de autocontrol emocional, y algo importante es que permite observar, comprender y reconocer en otros, las actitudes y emociones que pueden ser dañinas, y seguidamente asumir la mejor manera de afrontarlas.
La ecología emocional o psicoecoafectividad, constituye “una cosmovisión” o una filosofía de vida, que puede funcionar para que los docentes universitarios logren cambios a nivel consciente, en pro del bienestar y de su salud emocional. En este sentido, esta es opción para las instituciones de educación superior, quienes tienen la responsabilidad de proveer atención en la salud psicológica, y emocional de sus docentes, ayudando en la resolución de los problemas de desequilibrio y la falta de bienestar. El MEE, es una alternativa para ser considerada en las IES, como un programa preventivo, con múltiples beneficios, promoviendo cambios en las circunstancias adversas y los factores disruptivos del entorno laboral.
La principal limitación de este estudio, luego de realizada la indagación y búsqueda sobre la temática de la salud emocional y el bienestar en los docentes universitarios, desde el análisis de la EE, es que no se encontraron trabajos similares, ni artículos de investigación científica y/o académica realizados con sujetos, o de campo, donde se haya aplicado, explicado o divulgado el contenido teórico y práctico de la EE, ni del MEE; no se halló ningún documento específico, con una muestra o sujetos de estudio similar; por lo que se sugiere realizar más trabajos investigativos en esta interesante área, a nivel de la educación superior en Latinoamérica.















