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SAPIENS

versão impressa ISSN 1317-5815

SAPIENS vol.10 no.2 Caracas dez. 2009

 

¿Es posible pensar en la existencia de una mentalidad tecnológica del venezolano?

Jolly Maritza Grau

Núcleo de Investigación EDUCA (Educación, Cultura y Cambio) Instituto Pedagógico Rural Gervasio Rubio, Venezuela. jollyg27@yahoo.es

RESUMEN

En este ensayo de carácter teórico-reflexivo la autora se adentra en el espacio de las prácticas sociales del hombre como una manifestación de modos de pensar, sentir y actuar que emergen en el cotidiano como producto de ciertas configuraciones o determinaciones que se alojan en el inconsciente colectivo y que se anidan en el devenir del tiempo expresando una racionalidad epocal. Así, se descubre que la tecnología como un saber hacer social está marcada por las huellas de las motivaciones, creencias, disposiciones, cosmovisiones y actitudes de los individuos que dentro de su contexto se ven enfrentados a procesos de globalización que deben vivenciarse desde el horizonte de un pensamiento fundante y crítico que posibilite la tolerancia hacia la pluralidad pero, dentro de un escenario de identidad y autoconstrucción mediados desde una educación que esculpe sus trazos sobre esa mentalidad tecnológica que se va fraguando en el venezolano y para la cual propongo orientaciones que apuntalan hacia un proyecto de tecnología para nuestra nación.

Palabras clave: Mentalidad, tecnología, mentalidad tecnológica, cultura.

Is it possible to think of the existence of a technological mentality of the venezuelans?

ABSTRACT

In this theoretical-reflective study the author delves into the area ofsocial practices of the man as a manifestation of ways of thinking, feeling and acting that emerge in the everyday as a product ofcertain configurations or determinations that are hosted in the unconscious collective, which nest in the course oftime expressing an epochal rationality. Thus, one finds that technology as a social expertise is marked by the footprints of the motivations, beliefs, dispositions, world views and attitudes of the individuals who in context are faced with globalization processes that must live from the horizon of a foundational and critical thinking that enables tolerance of diversity but in a context of identity and self-construction moderated from an education that sculpts his strokes on that technologic mentality which is creating in Venezuela and for which I propose guidelines that point to a technology project for our nation.

Keywords: Mind, technology, technological mentality, culture.

¿Il serait possible de penser à l’existence d’une mentalité technologique chez les vénézuéliens ?

RÉSUMÉ

L’apport suivant c’est une étude théorique-réfléchie où l’auteur pénètre plus avant dans l’espace des pratiques sociales des êtres humains, vu comme une manifestation de formes de penser, de sentir et d’agir qui surgissent dans la vie quotidienne grâce à des configurations ou à des déterminations qui s’installent à l’inconscient collectif et qui persistent dans le temps comme une espèce de rationalité d’époque. On aperçoit que la technologie, vue comme un savoir-faire sociale, est marqué par les traces des motivations, croyances, dispositions, cosmovisions et attitudes des individus qui font face aux processus de globalisation qui doivent être vécus depuis l’horizon d’une pensée critique, cherchant la tolérance vers la pluralité mais dans un scénario d’identité et d’auto-construction depuis l’éducation. On propose des linéaments pour créer un projet de technologie pour le Venezuela afin de former la mentalité technologique qui se trame chez les vénézuéliens.

Mots-clés: mentalité, technologie, mentalité technologique, culture.

É possível considerar a existência de uma mentalidade tecnológica dos venezuelanos?

RESUMO

Neste ensaio teórico-reflexivo autora mergulha no domínio das práticas sociais do homem como uma manifestação de formas de pensar, sentir e agir que surgem no cotidiano, como resultado de certas configurações ou determinações que estão alojados no inconsciente grupo e que nidificam no decorrer do tempo, expressando uma racionalidade de uma época.

Assim, descobrimos que a tecnologia como uma experiência social é marcada por traços das motivações, crenças, regras, visões de mundo e as atitudes dos indivíduos em contexto, são confrontados com processos de globalização, que tem experiência a partir do horizonte pensamento fundamental e crítico que permite a tolerância da pluralidade, mas, dentro de um cenário de auto-identidade e meio de uma educação que esculpe seus traços da mentalidade tecnológica para forjar na Venezuela e para a qual eu propor diretrizes que apontam para um projeto de tecnologia para a nossa nação.

Palavras-chave: Mentalidade, a tecnologia, a mentalidade tecnológica, a cultura.

Recibido: febrero 2009 Aceptado: septiembre 2009

En torno a las mentalidades

Las mentalidades se asumen como las cosmovisiones del hombre, sus modos de pensar, de vislumbrar y concebir el mundo; entrañan las creencias, actitudes, convicciones, los valores y sentimientos que estampan sus huellas en el inconsciente colectivo, delimitando ciertas formas de actuar en la realidad y de vivenciar la cotidianidad. Las mentalidades se van fraguando en horizontes humanos donde a la diversidad subyace un conjunto de configuraciones comunes que definen y caracterizan los individuos marcando pautas o patrones sobre las prácticas sociales que son habituales en el diario vivir. Éstas, revelan una concepción general del mundo que moviliza credos, costumbres y tradiciones, bosquejando una especial manera de sentir y de pensar que se enraíza en una racionalidad epocal o episteme.

Así, las mentalidades a decir de Le Goff (1980) se alojan en el plano de "lo cotidiano y de lo automático, lo que escapa a los sujetos individuales de la historia porque es revelador del contenido impersonal de su pensamiento" (p. 85). Se fraguan incluso desde aquellos saberes ancestrales que alguna vez tuvieron una representación oficial, pero que al anidarse en los modos de vida, en los ritos, en las prácticas del acontecer del individuo en el mundo, se fueron trastocando, de tal modo que han ido deformándose y transformándose, enclavándose en las capas más profundas, las más estables e inmóviles, o las que cambian con suprema lentitud.

En este sentido, Guimelli (1995) refiere que las mentalidades inciden en la forma como un grupo social se apropia de la realidad e interactúa en ella, impacta las visiones, los discursos y las significaciones que se tienen en el marco de un contexto determinado. Desde una lectura propia, se comprende que en el tejido social las mentalidades penetran los estratos de las expectativas, los anhelos, las asunciones y los hábitos, incitando a lo que podría señalarse como un "consenso de pensamiento colectivo" del cual emergen estructuras internas, valores de la personalidad, maneras de interrelacionarnos, de intercambiar, de encontrarnos y desencontrarnos; en fin, de construirnos. Esto deja entrever una esfera donde se imbrican lo subjetivo, lo intersubjetivo y lo histórico, por ende, abordamos el plano de lo cultural y lo antropológico, calando en las capas más profundas que constituyen en el tiempo, la vida de un ser humano al interno de sus emociones, pensamientos y acciones.

Es desde este ámbito que el individuo como parte importante de una sociedad y como producto de un saber hacer social, va tejiendo poco a poco con sus elaboraciones la urdimbre de ciertas armazones que pueden llegar a inhibir o a exacerbar el uso crítico, la asimilación, recreación, reproducción o copia de la tecnología y por tanto del saber tecnológico.

La tecnología como práctica social

Una mirada hacia la tecnología como práctica social, hurga en el andamiaje mental del hombre como generador de utopías, de un sentido de hacer colectivo que evidencia el engrama cognitivo, los hábitos psicológicos y morales, las creencias, habilidades, cosmovisiones, motivaciones y capacidades que se han arraigado forjándose en una suerte de concepciones que se plasman y expresan de alguna forma en los discursos sostenidos en el seno de una sociedad con respecto al saber tecnológico; esto se manifiesta en la experiencia, en el modo como aprehendemos la imagen de esta práctica social que más que pragmática por asociarla a la mera realización de instrumentos materiales, tiene que ver con lo simbólico y lo cultural, siendo su esencia el utillaje mental desde el cual se erigen dichas elaboraciones.

Algunos investigadores exhiben una visión netamente utilitaria donde la tecnología se percibe como un factor que manipula al ser humano y lo ata a un determinismo tecnológico, tal es el caso de pensadores como Marcuse (1941) quien puntualiza a la tecnología como: "Una forma de organizar la producción, como una totalidad de instrumentos, esquemas e inventos que caracterizan la era de la máquina y, al mismo tiempo, un modo de organizar y perpetuar (o cambiar) las relaciones sociales, las manifestaciones predominantes del pensamiento, los patrones de comportamiento; es un instrumento de control y dominación" (p. 414).

En el transcurso del tiempo ciertas posiciones acerca de la tecnología comienzan a distar de esta definición, profundizando en otros matices; a saber, Soto (1997) la caracteriza como el espacio donde se conciben y diseñan instrumentos, lo cual entraña la reflexión y el desarrollo potencial de la creatividad humana, su campo de acción se halla en lo general, lo particular y específico de un saber que origina artefactos, procesos y sistemas.

Aparejada a esta concepción, encontramos el enfoque de Buch (1999) que enmarca la rúbrica de la tecnología en el cariz de la cultura señalando que la tecnología es la materialización de la cultura. Puede avistarse que ésta abarca no sólo elementos y estructuras de tipo tangible o material, sino que además tiene que ver con lo organizacional y lo informacional.

Cabe resaltar que aún cuando esta última perspectiva comienza a interiorizar en el ser humano más que en el producto instrumental en sí mismo; sin embargo, no se adentra en la dimensión de la tecnología como una práctica social que no existe por sí sola, ya que ella es el resultado de la reflexión y "la creación del hombre, para el hombre", siendo la mentalidad un elemento neurálgico que puede acallar, obstruir o maximizar su creación y recreación. En este sentido, se considera más enriquecedor pensar la tecnología desde un plano que vincula los valores, sentimientos, actitudes y acciones de cada persona y del colectivo con ese "saber hacer social" que la autora de este ensayo endilga a la tecnología. Así, vale la pena traer a colación enfoques que suponen una visión de la tecnología que se asume desde el individuo como forjador de expectativas, convicciones, metas, ideales y proyectos que encauzan el rumbo y el accionar de ésta.

Desde un ángulo antropológico, - con el cual estamos en sintonía- la tecnología se adopta para Pacey (1990) como una práctica que se perfila sobre la base de la interacción de ciertos patrones de organización, de elementos culturales - valores, códigos éticos– y aspectos propiamente técnicos que requieren destrezas, conocimientos y equipos; esto es pues, una concepción que ya comienza a tomar en cuenta no sólo un manejo de tipo pragmático, sino que exhibe ciertos visos de un fondo cultural en la tecnología.

Compartiendo esta asunción, Sancho (2001) define la tecnología como un saber que nos permite intervenir en el mundo, en tanto que es el resultado de generar herramientas físicas o artefactuales, sociales u organizativas. Es un "saber hacer" con conocimiento de causa y sus fuentes son la experiencia, la tradición, reflexión y las aportaciones de las diferentes áreas del conocimiento. Aunado a estos autores, Pfaffenberger (1992), manifiesta que la tecnología no es tan sólo desarrollar técnicas y objetos, ésta implica construir alianzas, generar principios para las relaciones sociales y proporcionar nuevos medios que son ciertamente poderosos para propagar mitos culturalmente mantenidos. Engendrar una nueva tecnología es pues, crear no sólo un artefacto, sino un mundo donde se producen significativas construcciones sociales, quimeras y mitos.

A título personal se considera que la tecnología es una práctica social en cuyo seno confluyen lo material, social, simbólico y cultural en una compleja red de relaciones que arman la trama de una racionalidad que se vincula a un determinado contexto histórico que amalgama estructuras de tipo económico, político e ideológico; entre otras. Se vislumbra que ésta no puede desligarse de las configuraciones y códigos culturales; desde este punto de vista, se comprende que las simbolizaciones y significados que las personas asignan a las cosas, sus interacciones, visiones y un constante compartir en el diario vivir, generan construcciones permanentes de la cultura, lo cual se traduce en modos a partir de los cuales nos hacemos, nos relacionamos, en la manera en que percibimos el mundo, producimos un saber tecnológico y lo asumimos.

¿Globalización vs lo local para fraguar una mentalidad tecnológica?

A juicio de Ianni (1999) "las nociones de metrópoli y colonia, imperio e imperialismo, interdependencia y dependencia, entre otras, expresan los vaivenes del proceso histórico- social de occidentalización o modernización del mundo" (p. 59); es justamente alejados de ese espacio desde el cual se quiere hacer una reflexión pues ubicados al interno de un ámbito de inserción en esta dimensión, se reproducen discursos legitimados que muchas veces no responden a las características propias de nuestro contexto y que se instituyen en el entorno en que vivimos. Es evidente que los venezolanos no podemos seguir vivenciando experiencias sustentadas en saberes ya legitimados por otros, plegándose a la copia y al reproduccionismo de todo cuanto nos viene dado y nos es impuesto.

Es preciso tomar distancia de ese persistente proyectismo y abordar la realidad y la realización del saber tecnológico desde escenarios educativos que nos formen como seres humanos con pensamiento crítico, consciente, fundante y reflexivo, para convertirnos en sujetos activos, capaces de generar y recrear conocimientos, ya que no son las empresas, corporaciones y conglomerados transnacionales - como lo propone Ianni - quienes deben operar como elementos que incentiven e induzcan a una nueva mentalidad, sino más bien la cotidianidad de un saber hacer social que se va objetivando en la realidad quien debe marcar la pauta de esos discursos emergentes de nuestras propias latitudes, respondiendo a las particularidades y especificidades nacionales.

Las cosmovisiones del venezolano deben fraguarse desde la comprensión, más no la total asimilación y aceptación sumisa de todos los patrones y valores que la cultura occidental ha instaurado como tal. El cavilar nos lleva a preguntarnos: ¿Acaso la razón instrumental que pregona la modernidad ha permeado todas las esferas de nuestra vida social?

La estela de la globalización trae consigo esta visión; pero, ¿Serátal vez imposible pensar en una tolerancia, en la coexistencia de esa evolución progresiva inmersa en las aguas de una creciente diferenciación donde aún queda lugar para la diversidad?. Para ser abanderados ante este reto se requiere de un individuo que se sitúe ante el saber como un ser permanentemente inacabado, en un continuo ir y venir, aprender y desaprender, un hombre que toma conciencia del mundo en que habita, de sus vivencias, de la otredad y de la realidad, siendo impulsado como lo aduce Martínez (1999) por una tendencia hacia la autorrealización de todas sus potencialidades y fortalezas, de este modo, así el pensamiento y la voluntad de crear se unen y encuentran significados en el cotidiano de las prácticas sociales. Siguiendo estos referentes se reconoce que, en la infinita divergencia hay un conjunto de elementos en común, así los diferentes modos de sentir, pensar, actuar e imaginar, se combinan, se entrelazan en el espacio y en el tiempo, se encuentran en la vida social lo local y lo global (glocal, Paul Virilio), implicándose y determinándose mutua y recíprocamente. Esto significa que no podemos vivir al margen de los demás, pero tampoco a expensas de ellos y del saber que producen.

Partiendo del presupuesto de la multiculturalidad, es posible crear un diálogo donde tengan cabida manifestaciones emergentes y discursos de resistencia que permitan que diversos saberes traspasen los escenarios educativos; ellos son ampliamente significativos ya que desvelan elementos anidados en los intersticios de las mentalidades, alojándose en concepciones, visiones del mundo y convicciones a partir de las cuales cada persona y en general el colectivo, se desenvuelven, aprehenden su realidad y se constituyen en seres con un alto grado de autonomía, que como lo advierte Maturana (1995) aún manteniendo su identidad se van reorganizando, transmutando, auto-procesando y auto-transformando.

Sustentados en este enfoque se aduce que no existen fronteras bien delimitadas entre lo global y lo local, ni esta última se desdibuja ante la primera, debido a que el individuo se torna en un actor del diario acontecer que no se obnubila ante las imposiciones, sino que argumenta, debate, diserta y discrimina fundamentado en su espíritu crítico. No obstante, ¿desde qué espacio puede pensarse en el cultivo de ese hombre en el que converjan los matices de la identidad, la autoconstrucción y un hacer consciente donde la tecnología no determina la sociedad, ni la plasma como afirma Castells (1997a), puesto que es producto de la iniciativa, del descubrimiento, de una cultura de libertad, integración y espíritu emprendedor?. A juicio personal la educación que brindamos se torna en ese panorama en el cual podríamos sustentar la formación de ese ser humano integral con ilimitadas potencialidades para pensar, actuar, crear, innovar y más aún anticiparse.

Papel de la educación en la anidación de una mentalidad tecnológica del venezolano

Partiendo de la aseveración de Castells (1997a):

Si bien la sociedad no es la única determinante de la tecnología, si puede sofocar su desarrollo (...). En efecto, la capacidad o falta de capacidad de las sociedades para dominar la tecnología, y en particular las que son estratégicamente decisivas en cada período histórico, define en buena medida su destino, hasta el punto de que podemos decir que aunque por sí misma no determina la evolución histórica y el cambio social, la tecnología (o su carencia) plasma la capacidad de las sociedades para transformarse (p. 33).

Se advierte que la educación es vital dentro de la relación que pueda tener una sociedad con respecto a la tecnología, ya que ésta se constituye en el sostén de esa cierta disponibilidad de actitudes para concebir y definir

problemas técnicos y engendrar saber desde estos. La educación es esencial para cimentar como lo señala Castells (1997b) "los códigos de información y las imágenes de representación en torno a las cuales las sociedades organizan sus instituciones y la gente construye sus vidas y decide su conducta" (p.399). Las configuraciones originadas desde el plano de la educación llegan a apertrecharse en la mentalidad, dejando vestigios en las formas como enseñamos, aprendemos, investigamos y vislumbramos la tecnología.

Desde el ámbito de una educación bien fundamentada, es posible fraguar el cultivo de un hombre que crece en un clima de permanente libertad, creándose de este modo una atmósfera que como lo enuncia Martínez (2000) puede favorecer y promover la discrepancia razonada, la crítica fundada y el pensamiento divergente que propicie la originalidad y la creatividad desde horizontes que posibiliten el desarrollo de la imaginación, actitud, ingenio y disposición para suscitar mejoras en el entorno donde vive.

Conviene en esta parte traer a la palestra las palabras que reseña Castells (1998) en otra de sus obras:

Nuestra cultura está construida sobre intereses, valores, instituciones y sistemas de representación que en general, limitan la creatividad colectiva (...) Este estado de cosas no tienen por qué ser así. No hay un mal eterno de la naturaleza humana. No hay nada que no pueda ser cambiado por la acción social consciente e intencionada, provista de información y apoyada por la legitimidad (p. 412).

Es indispensable apuntar hacia una educación que propicie la formación de valores y sustente la generación del hábito de la investigación, la socialización y difusión del conocimiento tendiendo puentes hacia la transferencia como soporte de la función de extensión que deben llevar a cabo las instituciones educativas con el objeto de lograr la coherencia de la labor de los espacios académicos con la satisfacción de las demandas y requerimientos de la sociedad.

Es plausible entonces que una educación bien planeada y organizada, en correspondencia con un proyecto de ciencia y tecnología para nuestro país, coadyuve al hallazgo de la unidad en la diversidad, donde a decir de Geertz (1999) podemos hacernos y rehacernos, ya que el pensamiento es un producto social, codificado culturalmente y construido históricamente, razón que debe movilizar nuestro trabajo en aras de alcanzar el nacimiento de redes de pensamiento que se alojan en los espacios comunes que pueden llegar a transformarnos en seres dotados de una mentalidad orientada a la elaboración, recreación y uso crítico de la tecnología. Se trata pues de aproximarnos en el transcurso del tiempo de corta y de larga duración, a ser dueños de sí, a ser capaces de deliberar, tal como lo planteó Aristóteles.

Reflexiones finales

En conclusión, la mentalidad se compone según Maturana (1997): por "formas de emocionar y actuar que adquirimos de manera implícita (...) al crecer como miembros de una cultura" (p. 210); ella estáreferida a los modos de ser, a una forma de vivir, a una manera de relacionarnos con los otros, con el mundo o con nosotros mismos.

Nuestras acciones, son las que colocan cada día los elementos con los cuales hacemos la cotidianidad y ésta debe responder a un proyecto de tecnología para Venezuela que sólo puede emerger de la conciencia íntima de un hombre no mediatizado que se hace desde el horizonte de la reflexión, la comprensión y la interpretación, que se ubica en la dimensión del cambio y de la incerdidumbre, de la construcción y la descontrucción, de la solidaridad, la cooperación y un sostenido intercambio con los pares. De acuerdo con esto, es posible que en los venezolanos se vaya fraguando dilatadamente una mentalidad tecnológica que se sitúa en un "aprender a emprender" donde las creencias nos mueven a actualizarnos continuamente para responder a las exigencias propias y las del medio donde convivimos, para ello la educación juega un papel neurálgico.

La dinámica actual demanda la formación de individuos competitivos ante las nuevas condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que están irrumpiendo. Es indispensable estar preparados para la generación de tecnología apoyada en el uso racional y eficiente de las nuevas herramientas informáticas, como un medio de autogestionar un proceso de apertura a la investigación científica y tecnológica que nos acerca a la "táctica del pensamiento" y que nos aleja como una vez lo expresó Fernández Morán (2004) – palabras que evoca un cronista del periódico Panorama - de ese estar atascados en una nación que permanece cautiva sin atender al llamado a explorar sus fortalezas para hacer, conmover, convencer y llegar a tener el criterio suficiente para producir lo propio a nivel científico y tecnológico.

Es desde este marco que es posible pensar en la existencia y el desarrollo de una mentalidad tecnológica del venezolano.

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