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versión impresa ISSN 1690-7515
Enlace v.6 n.3 Maracaibo sep. 2009
In memoriam: Claude Levi-Strauss
Gabriel Andrade
11 División de Estudios para Graduados de la Facultad de Humanidades y Educación. Universidad del Zulia. Correo electrónico: Gabrielernesto2000@yahoo.com
El pasado 30 de octubre de 2009 murió, a la edad de cien años, el antropólogo y filósofo francés Claude Levi-Strauss. Con bastante seguridad, su influencia intelectual será duradera, no sólo por ser uno de los padres fundadores del movimiento que vino a llamarse el estructuralismo, sino también por haber sido uno de las figuras más prominentes en la antropología cultural del siglo XX.
Será particularmente recordado en América Latina, pues en la década de los 1930, fungió como profesor de sociología en la Universidad de Sao Paulo. Durante su estancia en Brasil, aprovechó para hacer viajes ocasionales a la selva del Matto Grasso, y tuvo la oportunidad de convivir y hacer estudios etnográficos con varias tribus de la región. Estos años de investigación etnográfica luego fueron complementados con varios años de formación en los EE.UU. y, después de la Segunda Guerra Mundial, en Francia. A partir de sus observaciones como etnógrafo y sus interpretaciones como teórico, Levi-Strauss produciría una serie de libros que sentaron precedente en la historia de la antropología.
Levi-Strauss vino a ser célebre por varias ideas. En primer lugar, son considerables sus aportes a las teorías sobre el parentesco. Levi-Strauss era partidario de entender los sistemas de parentesco como una red de alianzas entre diversos grupos, los cuales interactúan entre sí a través de un intercambio de mujeres propiciado por las reglas de la exogamia. A partir de esta teoría del parentesco, introduciría en la antropología los conceptos de la lingüística estructuralista: Levi-Strauss apreciaba los sistemas de parentesco una suerte de lenguaje; el parentesco no es propiamente un intercambio de signos, pero sí un intercambio de mujeres pautado por la reciprocidad derivada de las reglas de exogamia.
Y, también a partir de sus estudios de parentesco, Levi-Strauss formuló una de las ideas por las cuales ha sido más célebre: si bien existe una gran variedad en cuanto a la forma de organización social y parentesco en las culturas, persisten ciertos rasgos universales. Si bien el contenido de las reglas de exogamia varía, todos los pueblos del mundo comparten un tabú del incesto, el cual, a juicio de Levi-Strauss, debió haber sido la primera institución cultural humana. El tabú del incesto, en estimación de Levi-Strauss, es el paso de la naturaleza a la cultura, pues en la medida en que se prohíben las relaciones sexuales entre parientes cercanos, se estimula la apertura a otros grupos sociales, y se expanden las redes de comunicación entre grupos humanos.
Levi-Strauss también extendió su aproximación estructuralista al estudio de los diferentes sistemas de pensamiento. Una generación anterior a Levi-Strauss, el antropólogo Lucien Levy-Bruhl había defendido la idea de que los llamados pueblos primitivos no piensan racionalmente como nosotros los modernos. Levi-Strauss se propuso combatir esta idea, e intentó demostrar que todos los pueblos del mundo piensan racionalmente. Si bien muchos pueblos pueden carecer de una lógica formal y abstracta, todos organizan el mundo en base a categorías lógicamente organizadas, lo suficiente como para reconocerla como una lógica, no propiamente en base a formas abstractas, sino en base a elementos concretos.
En base a eso, Levi-Strauss propuso el modelo de las oposiciones binarias, según el cual todas las culturas del mundo clasifican y colocan los elementos de su pensamiento en pares de oposición (noche-día; antigüedad-modernidad; hombre-mujer, etc.). Allí donde la lingüística estructuralista enseñaba que existe una relación arbitraria entre el significante y el significado, Levi-Strauss extendía esta idea al entendimiento de los sistemas de clasificación de las culturas, y defendía la idea de que los elementos de un sistemas de pensamiento deben ser interpretados en función del contexto en el cual están inmersos, de la misma manera en que el significado de una palabra sólo es comprensible en referencia a otras palabras.
Levi-Strauss extendió este mismo método a un estudio comparativo masivo de las mitologías. Como resultado de sus estudios sobre la mitología, Levi Strauss llegó a la conclusión de que los mitos, lejos de ser narrativas irracionales, guardan una estructura complejísima (lo mismo que los sistemas de parentesco y los sistemas de clasificación, previamente estudiados por él), análogas a las composiciones musicales.
Desde mis años de estudiante, he sentido una gran admiración por la obra de Levi-Strauss, y puedo afirmar que, por años, fue uno de mis autores favoritos. Ciertamente siento la tristeza natural al enterarme de la muerte de un gran intelectual (tristeza que, supongo, no habría sentido con la muerte de Foucault o Lacan, otros gurús del estructuralismo).Pero, también debo confesar que, ahora, mi valoración de su obra es mixta. Explicaré por qué.
Levi-Strauss hizo su entrada en la antropología en una época que llevaba el remanente evolucionista de Tylor y Frazer, según la cual la historia ha atravesado un solo sendero evolutivo en todos sus ámbitos: para estos evolucionistas, los primitivos de hoy son una ventana a los cazadores y recolectores del Paleolítico. Levi-Strauss se propuso demostrar que tal evolución no existe: si bien los nativos australianos pueden tener una tecnología muy precaria, tienen unos sistemas de parentesco complejísimos. Y así con muchas otras instituciones culturales.
Esta faceta de la obra de Levi-Strauss me resulta muy loable. También me parece loable intentar comprender la racionalidad de unos sistemas de pensamiento que, en apariencia, resultan irracionales. Pero, me resulta una insensatez pretender, como han hecho Levi-Strauss y sus seguidores, que no pueda haber posibilidad de comparación jerárquica entre unas formas de pensamiento y otras. Es sencillamente absurdo suponer que los avances de Bertrand Russell o Gottlob Frege en lógica no sean ni mejores ni peores que el sistema de clasificación de una tribu amazónica.
En su intento por enfrentarse al evolucionismo de Tylor y Frazer con tonalidades etnocentristas, Levi-Strauss desembocó en el otro extremo, igualmente pernicioso: un relativismo cultural que niega la posibilidad de afirmar que unas culturas sean mejores o superiores que otras. A partir de la obra de Levi-Strauss, se ha venido a exaltar el primitivismo que señala que cada cultura tiene su lógica interna. Esta postura, llevada a su extremo lógico, termina por encontrar la lógica interna de la extracción del clítoris en muchas tribus africanas, el sistema de castas en la India, la discriminación de la mujer en el mundo musulmán y el sacrificio humano entre los aztecas, entre otros. Y, en tanto cada una de estas manifestaciones culturales tiene su lógica interna, deben ser respetadas.
Levi-Strauss siempre admitió ser un heredero del espíritu romántico de Rousseau y de su exaltación del buen salvaje. No es fortuito que así sea. Pues, en su rechazo a la racionalidad ilustrada, Rousseau terminó por idealizar las formas de vida de los pueblos ajenos a Occidente. En buena medida debido a la influencia de Rousseau y, en menor medida, a la influencia de Levi-Strauss, hoy el relativismo cultural cobra una fuerza alarmante. El legítimo rechazo al imperialismo se ha venido a convertir en una complacencia de los abusos por parte de los nativos, todo en nombre de la consigna que proclama que no hay culturas superiores, sólo distintas.
El siglo XXI promete grandes avances científicos. Pero, en la medida en que, junto a Levi-Strauss y sus seguidores, se crea que la medicina no es ni mejor ni peor que la brujería, que la llamada lógica de lo concreto es tan valorable como un programa de computación, el avance de la ciencia se verá perjudicado.
Honor a quien honor merece: se ha ido uno de los grandes forjadores de la antropología. Amerita leer sus obras, e intentar apreciar la racionalidad interna de muchas manifestaciones que aparentemente son irracionales. Pero, llamemos al pan pan, y al vino, vino: sí hay culturas mejores que otras, no todas las formas de pensamiento tienen el mismo nivel de racionalidad.












