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versión impresa ISSN 1690-7515
Enlace v.6 n.3 Maracaibo sep. 2009
La muerte de la igualdad
Daniel Castro Aniyar1
1 Sociólogo y Antropólogo. Laboratorio Transdisciplinario del Espacio Público de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad del Zulia.
Levi-Strauss fue el hombre que demostró con la lógica más infalible que el pensamiento complejo es común a todos los pueblos del planeta. Que nuestra complejidad, la occidental, por muchas acrobacias y señales de poder que demuestre, es fortuita y, de hecho, más aún, peor aún, es ineficaz para entender el mundo. Que con haber perdido nuestro pensamiento salvaje, perdimos nuestra naturaleza más poderosa. Que la Ilustración es el ocaso de la profundidad y la contemporaneidad es el tiempo de la soledad. Fue un hombre extremadamente serio y riguroso, un científico de los verdaderos, como los de antes, sin ensayismos fútiles, que puso su "lógica infalible" (que tantos criticaron) al servicio de una idea que la Alemania Nazi y luego el capitalismo han puesto dramáticamente en duda desde la expansión del imperialismo en los años 30: todos los hombres somos iguales.
Era judío, como lo fue Hanna Arendt, Primo Levi, Elías Canetti e Ida Gramcko, y por ello se preguntó, junto a los demás, acerca de la incapacidad del ser humano en comprender la igualdad. Fue un judío como aquellos del "Día de del Cielo Plomizo", cuando u n gigantesca poblada se disponía a incendiar a todos los habitantes del ghetto hebreo de Roma por apoyar a la Revolución Francesa, esto es, por creer que todos los hombres son iguales, no importa si tienen sangre azul, más armas o más dinero.
Levi Strauss, amado apasionadamente por la antropología (tanto, que es simultáneamente muy odiado), fue asesinado de muchas maneras. Tantas veces muerto, no le quedó más remedio que seguir con vida, escondido en el elixir de la selva. Como también fueron muertos y, peor aun, traicionados, Arendt, Gramcko, Levi y Canetti por las generaciones posteriores. Por la misma razón que muere Helena de Hipatia viendo sucumbir la Biblioteca de Alejandría, según nos cuenta Amenábar: Por las circunstancias que siempre depasan a los grandes pensadores que ven lúcidamente el futuro en tiempos oscuranos. No murió a los 100 años, de muerte natural, como dice el periódico.
Murió en medio de la ola de destrucción de las culturas originarias, sus ecosistemas, el crecimiento desmedido de la pobreza, el crecimiento desmedido de las riquezas, guerras por petróleo y terroristas suicidas que ya están muertos antes de estallar amarrados a sus víctimas. Levi-Strauss habla del Amazonas de la misma manera que habló Darwin. Y luego de ese inmenso amor, ambos fueron llevados por tal marea, que tuvieron feroces cortocircuitos con la idea de Dios, y se dedicaron a ordenar, como cabalistas preparando un viaje hasta el sitio de los ángeles, la naturaleza inapresable de las cosas. Y así fueron envejeciendo, convencidos de que ya el mundo no les pertenecía, sin más nunca poder regresar a Europa, aunque no pudieran salir, uno de la Biblioteca de Etnología de Paris y otro de su huraña casa de Down House.
Decía Darwin: en medio de la grandiosidad de una selva brasileña, no es posible transmitir una idea adecuada de los altos sentimientos de asombro, admiración y devoción que llenan y elevan la mente. Recuerdo bien mi convicción de que en el ser humano hay algo más que la mera respiración del cuerpo.
Levi Strauss, como si le respondiese: "Estamos en un mundo al que yo ya no pertenezco. El que yo he conocido, el que he amado, tenía 1.500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6.000 millones de humanos. Ya no es el mío".
Y como si el cielo nos quisiera decir algo, muere uno y nace el otro el mismo año, doscientos años después. Los que creemos en la igualdad estamos tristes. Estamos tristes por estos últimos doscientos años.











