INTRODUCCIÓN
El síndrome de burnout, definido por Maslach y Jackson en 1981, constituye una respuesta al estrés emocional crónico caracterizado por agotamiento físico y psicológico, despersonalización hacia los demás y sentimientos de inadecuación con las actividades laborales ¹. Este síndrome afecta particularmente a los profesionales sanitarios que mantienen contacto directo con pacientes, siendo el personal de enfermería uno de los grupos más vulnerables ².
Los profesionales de salud enfrentan factores estresores en su ambiente laboral: convivencia constante con el sufrimiento y la muerte, alta demanda asistencial, turnos rotativos, relaciones interpersonales conflictivas y falta de reconocimiento professional ³ ⁴. Estos factores, mantenidos de forma crónica, pueden desencadenar el síndrome de burnout, provocando ausentismo laboral y deterioro en la calidad asistencial ⁵.
La pandemia de COVID-19 intensificó estos factores estresores, especialmente en las unidades de cuidados intensivos. Los sistemas de salud latinoamericanos, incluyendo Ecuador, experimentaron un colapso ante la creciente demanda asistencial desde marzo de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia ⁶. El personal de primera línea y las unidades de cuidado crítico fueron los más afectados debido a la limitada autonomía sanitaria local.
Los profesionales de cuidados intensivos permanecieron durante meses con sobrecarga laboral, enfrentando tensión por el riesgo de contagio, elevada mortalidad, falta de equipos de protección y recursos insuficientes ⁷ ⁸. Esta situación generó múltiples fuentes de estrés que, mantenidas crónicamente, impactaron significativamente en el bienestar de los profesionales sanitarios.
Las unidades de cuidados críticos se caracterizan por generar mayor estrés debido a las constantes demandas físicas y emocionales, el ambiente laboral complejo y la ambigüedad del rol professional ⁹. Estos factores predisponen al desarrollo del síndrome de burnout, considerado como resultado de la exposición crónica al estrés laboral.
En el contexto ecuatoriano, Quito representa una de las provincias con mayor afluencia de pacientes, tanto en el sector público como privado. Nova Clínica del Valle, institución que brinda atención en cuidados críticos con equipamiento e infraestructura adecuados, constituye un escenario relevante para investigar la presencia de factores psicosociales y síndrome de burnout en el personal de enfermería.
El objetivo de esta investigación fue estimar la prevalencia del síndrome de burnout en el personal de enfermería de la unidad de cuidados intensivos de Nova Clínica del Valle, Quito, Ecuador.
MÉTODO
Se realizó un estudio observacional, descriptivo, transversal con enfoque mixto (cualitativo-cuantitativo). El enfoque cuantitativo permitió identificar la existencia del síndrome de burnout, mientras que el cualitativo determinó los síntomas y factores que afectan a la población estudiada.
La población de estudio estuvo constituida por la totalidad de enfermeros del área de cuidados intensivos de Nova Clínica del Valle (n=17), no siendo necesario calcular muestra. Los criterios de inclusión fueron: disposición para participar mediante consentimiento informado y personal de enfermería activo en cuidados intensivos. Los criterios de exclusión incluyeron: personal en proceso de desvinculación, vacaciones, baja médica o licencia de maternidad, y participantes que desearan retirarse voluntariamente. Se aplicó el cuestionario Maslach Burnout Inventory (MBI), instrumento validado con alta consistencia interna y fiabilidad cercana al 90% ¹⁰. El MBI evalúa tres dimensiones del síndrome: agotamiento emocional (9 ítems), despersonalización (5 ítems) y realización personal (8 ítems). Adicionalmente, se recolectaron variables sociodemográficas: género, edad, estado civil, presencia de hijos, nivel de instrucción, convivencia familiar y tiempo en el cargo.
El procesamiento de datos se realizó mediante Microsoft Excel, aplicando estadística descriptiva para caracterizar la población y analizar las dimensiones del síndrome de burnout. Se cumplieron los principios éticos de la Declaración de Helsinki ¹¹, garantizando la confidencialidad mediante códigos alfanuméricos y participación voluntaria con consentimiento informado.
RESULTADOS
La muestra estuvo constituida por 17 profesionales de enfermería de cuidados intensivos, con predominio del género femenino (76.5%) y edad promedio de 37 años. El grupo etario más representativo fue 24-34 años (58.8%), seguido de 35-44 años (35.3%). Respecto al estado civil, el 35.3% estaban casados, 29.4% solteros y 29.4% divorciados. El 70.6% tenía hijos y el 82.4% vivía con familiares.
En cuanto al nivel de instrucción, predominaron los licenciados en enfermería (47.1%), seguidos de auxiliares de enfermería (23.5%) y magísteres (17.6%). El 52.9% tenía entre 2-5 años de experiencia en el cargo, 23.5% un año de experiencia y 17.6% más de cinco años. Respecto a las dimensiones del síndrome de burnout, en agotamiento emocional el 76.4% presentó niveles bajos, 11.7% niveles medios y 11.7% niveles altos. En la dimensión despersonalización, el 64.7% mostró niveles bajos, 11.7% niveles medios y 23.5% niveles altos. La realización personal presentó niveles altos en el 64.7% de los casos, niveles bajos en 23.5% y niveles medios en 11.7%.
El análisis de asociación entre variables sociodemográficas y dimensiones del burnout reveló que el 100% de los profesionales con predisposición al síndrome tenían entre 25-34 años. El sexo femenino representó el 75% de los casos con mayor riesgo, así como los profesionales casados (75%) y con hijos (100%). Los auxiliares de enfermería (75%) y aquellos con un año o menos de experiencia (75%) mostraron mayor vulnerabilidad al síndrome. La prevalencia global de síndrome de burnout fue del 11.7% en niveles moderado-alto, indicando que aproximadamente uno de cada nueve profesionales presenta riesgo significativo de desarrollar el síndrome.
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos muestran una prevalencia relativamente baja de síndrome de burnout (11.7%) en comparación con otros estudios realizados en unidades de cuidados intensivos. Esta diferencia podría atribuirse al tamaño de la muestra, las características específicas de la institución y las medidas de apoyo implementadas durante la pandemia.
El predominio del género femenino (76.5%) concuerda con el perfil demográfico de la enfermería a nivel nacional e internacional. Las mujeres enfrentan una doble carga laboral y familiar que incrementa su vulnerabilidad al estrés, factor que se refleja en el 75% de casos con mayor riesgo de burnout correspondientes al sexo femenino.
La edad promedio de 37 años y la mayor afectación en el grupo de 25-34 años sugiere que los profesionales jóvenes no han desarrollado estrategias de afrontamiento efectivas para situaciones estresantes, a diferencia del personal con mayor experiencia que ha desarrollado mecanismos adaptativos ¹². Este hallazgo coincide con estudios previos que identifican la inexperiencia como factor de riesgo para el desarrollo del síndrome ¹³ ¹⁴.
La dimensión de realización personal mostró niveles altos en el 64.7% de los casos, lo que sugiere un factor protector importante que compensa parcialmente los efectos del estrés laboral. Sin embargo, el 23.5% con niveles altos de despersonalización indica la presencia de mecanismos de defensa disfuncionales que requieren atención.
El nivel de instrucción emergió como factor relevante, con mayor afectación en auxiliares de enfermería (75%), sugiriendo que la formación académica proporciona herramientas para el manejo del estrés en ambientes de alta complejidad. La experiencia laboral también mostró ser protectora, con mayor vulnerabilidad en profesionales con menos de un año en el cargo 15.
CONCLUSIONES
La prevalencia de síndrome de burnout en el personal de enfermería de cuidados intensivos de Nova Clínica del Valle fue del 11.7%, considerada relativamente baja en comparación con otros estudios similares. Sin embargo, se identificaron factores de riesgo significativos que requieren atención preventiva.
Los profesionales jóvenes (25-34 años), del sexo femenino, con menor nivel de instrucción y poca experiencia laboral mostraron mayor vulnerabilidad al desarrollo del síndrome. La dimensión de realización personal actuó como factor protector en la mayoría de los casos, mientras que la despersonalización representó el principal factor de riesgo.
Se recomienda implementar programas de intervención psicosocial dirigidos a los grupos de mayor riesgo, incluyendo talleres de manejo del estrés, estrategias de afrontamiento y desarrollo profesional. Asimismo, es necesario fortalecer los programas de inducción para personal nuevo y establecer sistemas de mentorías para profesionales jóvenes. La institución debe considerar la implementación de medidas organizacionales que favorezcan el bienestar del personal, incluyendo la optimización de cargas de trabajo, mejora del ambiente laboral y reconocimiento profesional. El monitoreo periódico del síndrome de burnout debe formar parte de las estrategias de salud ocupacional institucional.










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