INTRODUCCIÓN
El turismo se podría considerar como una de las industrias más activas y de más rápido crecimiento a nivel global. Esta actividad económica no solo se ha convertido en un pilar sustancial para el Producto Interno Bruto (PIB) de muchos países, sino que, en adición a eso, ha generado millones de empleos, tanto directos como indirectos. Sin embargo, el crecimiento acelerado de esta actividad económica ha resultado en una serie de problemas que afectan a la experiencia de los visitantes, así como a la integridad de los destinos turísticos. Entre estos problemas se incluyen las crisis de sobreexplotación ambiental, la sobreexplotación de los recursos naturales, la sobreexplotación económica, la pandemia de SARS cov 2, y, en adición a eso, los problemas de seguridad debido a la delincuencia (1). Estos problemas no solo afectan la imagen que tienen los turistas de los destinos turísticos, sino que, en adición a eso, atentan contra la sostenibilidad a largo plazo de los recursos naturales y culturales que fundamentan esta actividad económica (2).
Los últimos veinte años hemos visto cómo se ha comenzado a documentar cuidadosamente cómo las acciones preventivas pueden aliviar riesgos, sugiriendo desde el control de flujos de turismo hasta el diseño de protocolos de salud pública y el desarrollo de planes de manejo de crisis (3,4). Como ejemplo, durante la pandemia de COVID-19, los destinos que implementaron políticas de bioseguridad durante los peak de pandemia, y que las aliviaron después de que la confianza de los viajeros se había restablecido, lograron acelerar la reactivación de su economía turística (3). Algo similar ha ocurrido en Colombia, que ha padecido largos conflictos armados. Estas políticas de prevención, en su gran mayoría nacionales, han logrado transformar espacios antes cerrados a flujos de visitantes en espacios de gran afluencia turística y reducir los riesgos que los conflictos suponen (3).
La razón de este artículo es realizar una síntesis de la literatura sobre las estrategias de prevención y su aplicación en una amplia gama de contextos geográficos, que van desde espacios naturales que son vulnerables a la sobreexplotación hasta áreas urbanas con alta concentración de turismo. Aunque el foco es América Latina, por su gran diversidad biológica y sus complejidades sociopolíticas, se incorporan también otros contextos de análisis.
Esta revisión busca abordar las siguientes preguntas clave: ¿Qué medidas preventivas específicas han demostrado la mayor efectividad? ¿Cómo pueden adaptarse a diferentes contextos locales? ¿Qué barreras aún obstaculizan su implementación? Al hacerlo, el objetivo no es solo integrar el conocimiento existente, sino también identificar vacíos para obtener más información y proponer recomendaciones prácticas para gestores de turismo, investigadores y formuladores de políticas.
MATERIALES Y MÉTODOS
Este artículo emplea una metodología de revisión narrativa, que es útil para sintetizar literatura dispar y proporcionar una visión general integral, dada la naturaleza multifacética de la gestión preventiva en el turismo. Se seleccionaron un total de veinte estudios, consistentes en diez artículos publicados en revistas indexadas y diez tesis de maestría o doctorado disponibles en repositorios institucionales. El período de publicación abarca desde 2004 hasta 2024, lo que captura tanto enfoques históricos como respuestas contemporáneas a crisis recientes, incluida la pandemia de COVID-19.
El análisis siguió un enfoque cualitativo, organizando los datos en las siguientes categorías temáticas: sostenibilidad y gestión de la capacidad de carga, bioseguridad y respuestas pandémicas, seguridad física y percepción de calidad, gestión de crisis y resiliencia, y aplicaciones en el contexto local. Para cada estudio, recuperé los objetivos, métodos, hallazgos clave y contribuciones prácticas para reconstruir el análisis en una historia completa que, además de señalar los principales logros, enfatiza los factores limitantes de las acciones estratégicas propuestas.
RESULTADOS
1. Gestión de Capacidad y Sostenibilidad
La implementación de mapas de fragilidad como una herramienta para establecer límites de visitantes en cuevas turísticas de Brasil y demostraron que este enfoque mitigó sustancialmente los impactos ambientales. Específicamente, hubo una reducción en las medidas de degradación, incluyendo erosión y contaminación, debido al enfoque integrado de científicos y gestores locales, lo que garantizó la aceptación y eficacia de las medidas adoptadas (3).
En un estudio sobre la zona costera, se reportó que la implementación de restricciones de acceso y el monitoreo continuo de la contaminación, resultaron en una reducción en la contaminación, como se verificó mediante la evaluación de la calidad del agua, lo que mejoró la imagen de sostenibilidad (4).
Como complemento, describieron los efectos del control activo de la erosión como resultado de la gestión de la carga turística en sitios naturales, lo que a su vez disminuyó la demanda socioeconómica en las comunidades locales, logrando así el equilibrio entre el crecimiento económico del turismo y la sostenibilidad ambiental (5).
2. Bioseguridad y Respuesta a Pandemias
La implementación de medidas de bioseguridad post-COVID como el distanciamiento social, la sanitización sistemática y las políticas de uso obligatorio de mascarillas han observado un aumento del 30% en la percepción de seguridad de los viajeros en algunos países latinoamericanos seleccionados, acelerando así la recuperación en esa región (6).
Se reportó que, en los sitios de ecoturismo, la comunicación y el marketing de medidas bioseguras ayudaron a recuperar las visitas al sitio en 2021, destacando la necesidad de asegurar la confianza de los consumidores durante crisis de salud pública (7).
La provisión oportuna de información de salud durante pandemias ha mitigado razonablemente el aumento en las cancelaciones de viajes, reforzando el argumento de que la transparencia es crítica para la confianza y el turismo marítimo (8,9).
3. Seguridad Física y Percepción de Calidad del Servicio
Las medidas sistemáticas de seguridad y salud implementadas en los destinos turísticos produjeron un aumento en la satisfacción de los turistas según las encuestas a visitantes (10).
El aumento de la vigilancia disminuyó los incidentes de inseguridad, mejorando así la percepción de los actores locales en la industria del turismo (11).
La seguridad comunitaria en Pasto, Colombia, aumentó las visitas turísticas en un diez por ciento, ilustrando así el éxito de la estrategia de prevención participativa (12).
4. Gestión de Crisis y Resiliencia
Los destinos con planes preventivos y protocolos de crisis bien definidos experimentaron una reducción del cuarenta por ciento en el tiempo de recuperación después de desastres naturales o sociales, en comparación con aquellos que no tenían preparación previa (12).
Apoyando estos hallazgos, las políticas piloto preventivas emitidas en algunos destinos redujeron los costos de la crisis económica en un quince por ciento debido a la planificación proactiva y la respuesta organizativa ágil (13).
Los enfoques preventivos sostenibles permiten lograr una resiliencia mucho mayor, recuperándose de eventos adversos hasta un treinta y cinco por ciento más rápido (14).
5. Contextos Locales y Específicos
En regiones con características sociales específicas, las medidas de seguridad implementadas en zonas postconflicto en Colombia que aumentaron el turismo en un 20% en el primer año, convirtiendo áreas previamente inaccesibles en puntos calientes emergentes (15).
La efectividad de las medidas preventivas diseñadas para frenar el narco-turismo, reportando una reducción del 25% en los incidentes relacionados en áreas piloto, lo que mejoró enormemente la imagen internacional de estos destinos (16).
Las medidas de bioseguridad implementadas en Guachetá (Cundinamarca) redujeron los casos reportados de COVID-19 entre los trabajadores del turismo en un 30% (basado en datos de registro local), subrayando así el valor de la gestión efectiva de la salud (17).
DISCUSIÓN
Los hallazgos ilustran no solo el alcance y la efectividad de las medidas preventivas en el turismo, sino también algunos problemas no resueltos y vacíos que necesitan más atención. Como señalaron (3) y (5), el control de la capacidad de carga turística es una herramienta de gestión poderosa en la protección y conservación de destinos frágiles; sin embargo, si no se realiza de manera coordinada a nivel regional, puede reubicar a los turistas en zonas no controladas. Esto indica la necesidad de, al menos, políticas de planificación Inter destinos para una determinada área de concentración espacial.
Para la bioseguridad, la gestión efectiva de (6) y (7) durante la pandemia de COVID-19 demuestra la potencial influencia que las políticas de salud pueden tener en el turismo. Por otro lado, (8) El turismo internacional está predominantemente restringido, especialmente para los países en desarrollo con infraestructura de atención médica inadecuada. Este contraste subraya la necesidad de un esfuerzo más persuasivo en cuanto a cómo se presentan e implementan esas medidas, algo que (9) señaló respecto al papel de la información en bioseguridad.
La seguridad, un indicativo para la calidad del turismo, para (10), enmarca y mejora la experiencia del visitante a la vez que varía en cada lugar. En (11) y (17) los métodos de seguridad de vigilancia comunitaria funcionaron, tuvo que utilizar desmilitarización, participación social y otros enfoques en el turismo que son un poco más complejos. Esto indica claramente que las acciones en cuestión deben adecuarse (15).
La atención a la crisis, analizada por (12), (13) y (14) sostiene que la atención de lo que no se debe hacer se torna en hacer en la primera fase de la prevención. Aun así, la falta de financiación y la imprevisibilidad de eventos como desastres naturales siguen siendo obstáculo. En el posconflicto (15) o el narco turismo (16) y las políticas en esos marcos son prevención de riesgo, también reconfiguran la narrativa sobre los destinos, algo que enmarca más atención en próximas indagaciones.
CONCLUSIONES
Las medidas preventivas en turismo no solo son importantes para garantizar un desarrollo sostenible, sino también para salvaguardar la salud pública y el bienestar de las comunidades receptoras. La prevención se convierte en una herramienta estratégica en el contexto de la reducción de riesgos para la salud, el control de la propagación de enfermedades infecciosas y la mitigación de los impactos adversos que el turismo de masas tiene en la calidad de vida en las comunidades anfitrionas. El turismo saludable requiere entornos limpios, espacios seguros y ecosistemas bien gestionados donde la salud ambiental y la salud humana están interconectadas.
Gestionar la capacidad de carga es una de las medidas más importantes para proteger no solo los ecosistemas, sino también la salud pública de los destinos turísticos. Al restringir el número de visitantes a zonas sensibles, se evita la acumulación de desechos, la contaminación del agua y la degradación de espacios naturales que podrían desencadenar brotes de enfermedades. Este control no solo protege la biodiversidad, sino que también permite a turistas y residentes disfrutar de entornos más limpios y menos congestionados con riesgos para la salud reducidos.
Durante emergencias de salud pública, como la pandemia de COVID-19, las medidas de bioseguridad han demostrado ser la columna vertebral de la recuperación del turismo.
Acciones como el lavado de manos regular, la desinfección de superficies, la ventilación de espacios cerrados y la comunicación de medidas preventivas no solo contenían la propagación de virus, sino que también restauraban la confianza de los viajeros. Tales prácticas nos han enseñado una lección: la salud en la planificación y operación del turismo debe ser considerada como una prioridad, no solo en tiempos de crisis.
La seguridad física y la gestión de crisis están directamente relacionadas con el bienestar mental y emocional de los turistas. La percepción de un entorno seguro alivia el estrés, mejora la experiencia de viaje y genera un bienestar que potencia la lealtad del visitante. Los planes preventivos para desastres naturales, sociales o de salud contribuyen a la sostenibilidad de un destino al no solo reducir el tiempo de recuperación, sino también proteger a los trabajadores y comunidades, reduciendo así el impacto en su salud física y emocional.
En contextos locales desafiantes, como zonas post-conflicto o áreas rurales con acceso limitado a servicios de salud, las medidas preventivas abren caminos para el desarrollo del turismo junto con la mejora de la infraestructura de atención médica.
Sin embargo, para asegurar que estas medidas puedan sostenerse a largo plazo, deben ir acompañadas de políticas integrales que incorporen marcos de colaboración internacional, participación comunitaria y programas de salud pública y educación. De esta manera, el turismo se convierte no solo en un motor económico, sino también en un promotor de la salud, la seguridad colectiva y el bienestar.
Finalmente, se requiere una norma internacional de composición multiescalar y de carácter técnico, que articule la gestión de capacidad de carga, bioseguridad, seguridad operacional y resiliencia turística con los requerimientos de atención internacional. Esta norma debe contar con flexibilidad territorial, sustentada en datos concretos, a fin de optimizar la gobernanza del turismo en escenarios complicados y cambiantes.
RECOMENDACIONES
Es necesario que los destinos turísticos incorporen una estrategia de salud pública como parte de su planificación de desarrollo. Esto conlleva la evaluación de riesgos sanitarios, vigilancia epidemiológica, control de calidad ambiental para prevenir brotes de enfermedades, y control de calidad en agua y alimentos. El trabajo con las autoridades sanitarias debe ser continuo y los planes preventivos deben ajustarse a las normativas y estándares de salud internacionales y ser revisados periódicamente.
La pandemia de COVID-19 dejó claro que estos protocolos no se deben interpretar como medidas de bioseguridad temporales. Se sugiere mantener el control sanitario sobre el uso de espacios públicos, uso de estaciones de desinfección, control sobre ventilación y circulación en ambientes cerrados, y la señalización y comunicación de las normas vigentes. Esto fomenta la percepción de la seguridad con el turismo, previene crisis y mejora el estado de salud de trabajadores y la comunidad.
Controlar el número de visitantes a zonas de gran interés turístico minimiza no solo la sobreexplotación sobre el medio ambiente, sino también los riesgos sanitarios asociados a la acumulación de desechos, contaminación, y degradación ambiental.
Para promover una experiencia saludable y libre de riesgos, los destinos turísticos deben integrar tecnologías como sistemas de reserva avanzados y monitoreo en tiempo real para controlar y gestionar el uso del espacio.
La educación continua para guías, operadores y otros trabajadores dentro del sector es fundamental para garantizar que no solo conozcan las medidas, sino que también las apliquen de manera efectiva. Se aconseja desarrollar capacitación en primeros auxilios básicos, atención médica de emergencia, gestión de desastres y comunicación efectiva con los turistas durante situaciones críticas. Un personal bien capacitado refuerza no solo la seguridad, sino también la credibilidad y el prestigio del destino.
La implementación exitosa de medidas preventivas depende de múltiples partes interesadas, incluidos: gobiernos, empresas, organizaciones de salud, ONG y la comunidad local. Es necesario promover la cooperación para el intercambio de buenas prácticas, financiación y orientación en gobernanza de salud especializada. Además, involucrar a la población local asegura que las medidas preventivas sean consideradas en las realidades culturales y sociales, fomentando así un turismo que promueva la salud colectiva y el desarrollo sostenible.
Se debe establecer una norma internacional de alcance multiescalar y técnico que integre la gestión de capacidad de carga turística, la bioseguridad, la seguridad operativa y la resiliencia, bajo lineamientos verificables y adaptables al territorio. Esta norma debe ser promovida por organismos como la OMT, OMS, PNUMA e ISO, y sustentarse en marcos legales existentes como el Reglamento Sanitario Internacional, las normas ISO 21401 y los ODS de la Agenda 2030. Su implementación requiere la participación articulada de gobiernos, sector privado y comunidad científica, con el fin de fortalecer la gobernanza turística frente a escenarios complejos y cambiantes.










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