Introducción
Son muchos los escenarios transformadores sobre los cuales se cimienta la universidad como espacio de saber; ella como fuente de la ciencia y la academia le otorgan grandes aportes para hacer frente a las crisis suscitadas en los largos transitares, marcados por la disyuntiva originaria sobre el carácter clérigo o secular que dio origen a la universidad, hasta el más reciente escenario: la vertiginosa pandemia por COVID-19.
La universidad es asumida como una suerte de ente regulador para el sentido universal que se le otorga al saber, definida por Ortega y Gasset (1936) como la comunidad de profesores y de estudiantes que buscan la verdad, mediante la investigación, conservación y comunicación de las verdades, al servicio del hombre, a su bien personal y al bien común.
Con relación a este último, Pedró (2022) insta a repensar las universidades, promoviendo ciudadanos globales preparados para afrontar retos complejos, conocimiento y ciencia abierta a través de la transdisciplinariedad, allí las instituciones de educación superior vayan orientadas al compromiso social, la responsabilidad ética y el desarrollo sostenible, tal como señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por siglas en inglés) en el objetivo cuatro de las Metas del Milenio. Es decir, una propuesta en la que la universidad sigue viéndose como un bien común, que transforma individuos en ciudadanos responsables de los contextos en los cuales se desarrollan.
En atención a ello, el escenario de esta investigación, nace en las voces de los facilitadores de aprendizaje en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), quienes expresan el sentido otorgado a la universidad como espacio de académico y de investigación. Aunado a lo que significa y significó la crisis derivada del Covid -19, aunada al desasosiego por la situación socioeconómica de Venezuela. Esto aportó elementos para la comprensión del escenario complejo e incierto que, a partir del 2020, enardeció al mundo, pues las voces mudas de aquellos que, eximieron la corresponsabilidad, de abogar por quienes, sin privilegios, se adicionaron a una educación a distancia, con serias y absurdas limitaciones, que no dejaron más que incertidumbre y dilemas.
Al respecto, Marmolejo (2021) deja ver como los déficits arrastrados por la educación no permiten dimensionar los efectos de la pandemia, pero sí confrontan a todos los organismos educativos con respecto a una disyuntiva histórica: regresar a la “normalidad” previa, o atreverse a repensar la Educación en todos sus niveles, haciendo énfasis en la universitaria, pues como ya se mencionó en líneas anteriores, existe un carácter de responsabilidad social que no está dando respuestas a las proyecciones de los entes oficiales en materia educativa.
En el mismo orden de ideas, es posible, que la heterogeneidad Latinoamericana genere situaciones complejas de abarcar, pues la vulnerabilidad de cada sociedad al sur del continente, impulsa a sus responsables a buscar alternativas de sostenibilidad, no obstante, los esfuerzos poco han favorecido; cada país o cada isla del Caribe, muestra estudios o documentos académicos que reflejan el daño colateral sufrido, no sólo por los sectores vulnerables, sino por sociedades enteras, en las que fallas de servicios públicos (electricidad o internet) dejaron muestra de un atraso significativo en el ámbito educativo.
El informe del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) conjuntamente con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (2020), reveló que en la región sólo Uruguay, cuenta con las condiciones digitales para asumir los proyectos de educación a distancia y Educación Online (en todos sus niveles), siendo esto un contexto desesperanzador, porque permite constatar que son pocas las acciones de los organismos encargados, por subsanar las brechas digitales y socioeconómicas.
En este orden de ideas, es pertinente traer a colación la aseveración de Saavedra y Di Gropello (2021) como representantes del Banco Mundial en la práctica de la Educación, cuando en su reporte sobre el impacto la COVID- 19 y la crisis educativa en América Latina, exponen que los resultados educativos son pasmosos y tremendamente desiguales, ya que la crisis de aprendizaje no se originó durante la pandemia; la pobreza de aprendizaje, entendida como la capacidad en niños de diez (10) años, de leer y comprender un relato simple, estaba ubicada en el 51%, números alarmantes, que aunque no están directamente asociados con la educación universitaria, dejan un sinsabor, con respecto a la potencialidad y productividad del estudiantado en las próximas generaciones.
Asimismo, es imperativo destacar que en todos los documentos oficiales consultados (UNESCO, SELA, CELAC, BID, BM) exponen la significativa desigualdad con respecto a la educación de calidad que se presenta en Latinoamérica, elementos como la desigualdad económica, la privatización del sistema educativo universitario y el elevado costo de las matriculas lo hacen, financieramente, un sector insostenible; el impacto más inmediato, lo sufrieron los estudiantes, pues la dinámica no planificada de clases a distancia o virtuales de forma improvisada, indudablemente afectó el ritmo académico y financiero que venían desarrollando.
Con respecto a Venezuela como centro de desarrollo de esta investigación, la crisis política, económica y social (servicios públicos y combustible) muestra un panorama con muchas vulnerabilidades, convertidas en infortunios recurrentes que han acelerado el deterioro de la educación en todos sus niveles y, mucho más en la universidades públicas en la que se genera un fenómeno complejo, descrito por Melean (2021) sobre la desmotivación y la capacidad de respuesta, casi nula, por parte de las instituciones educativas ante la situación pandémica; a partir del colapso de las condiciones físico- estructurales, hasta la inminente brecha tecnológica, que paradójicamente, no está definida por la condición económica sino por la inadmisible precariedad de los servicios públicos (electricidad, telefonía e internet).
En medio de este escenario tan incierto con respecto al abordaje de la educación universitaria, implica comprender la diversidad de elementos interrelacionados, razón por la que complejidad está presente. En este sentido, se asume el carácter dialógico como elemento de asociación dinámica y complementaria de los opuestos, para comprender el cómo de la trascendencia universitaria en conjunción con los desfases circunstanciales de la sociedad latinoamericana. El principio de la recursividad como efecto influyente para conjugar la disposición formativa mediante entornos virtuales a pesar de la brecha tecnológica con la intención de reinventar y redimensionar el espacio educativo, es decir, la asunción del bucle de Morín (2001), para dar sentido al contexto en sí mismo. Y, finalmente, el carácter Hologramático, en el cual, las partes forman parte del todo y el todo de las partes, es decir, la interpretación misma del fenómeno estudiado con los elementos que en él subyacen para entrelazar qué se está haciendo y qué se puede hacer dentro del ámbito educativo. La crisis social el factor más determinante que se sumó a la compleja situación de salud que dejó la COVID-19.
Con la intensión de situar el escenario, para una mejor comprensión de la realidad que perciben los docentes, se exponen los testimonios de dos de ellos, también estudiantes de la maestría en Ciencias de la Educación de la misma casa de estudios lugar en el que laboran, es decir, la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR). Así, Mirelys, expone que:
…la docencia es un compromiso que en Venezuela ha ido más allá de lo educativo, las realidades de la educación superior se encentran desde cada punto de vista de las personas que viven esas situaciones, sobre todo la deserción escolar, ya que muchas personas dejaron las aulas para ir a trabajar.
De igual forma, Carmen, expresa que:
…El estudiante actual vive una educación muy diferente a la vivida antes de la pandemia, la educación era totalmente presencial, formal y puntual…este tipo de educación servía a la industria y era no realista, ahora, demanda un enfoque más humano, con participación social activa en busca de proyectos educativos que transformen.
Ambos testimonios, dejan entrever dos realidades que emergen en los ambientes educativos universitarios, el primero, la crisis económica como consecuencia educativa reflejada en la deserción y la desmotivación (por estrés cotidiano); el segundo, la monotonía educativa pre pandemia simbolizada en la necesaria transformación del acto educativo hacia la participación, siendo esto una arista más de las que se han reflejado en los contextos educativos, pues a decir de Constante (2021) no hubo nadie que se percatara de los estragos que ocasionaría la COVID-19, no sólo en los órdenes tradicionales de la vida, sino en uno de los espacios más significativos y cruciales de cualquier país: la educación.
En este ámbito, la crisis permea y afecta, es decir, formar parte de la educación universitaria que en Venezuela se traduce en ser una suerte de malabarista, coach motivacional, profesor, negociador, mediador. Todo esto en un clima de estrés, preocupación, irritabilidad, cansancio y ansiedad por la dinámica del caos y el desorden y la disposición vocacional de cumplir con tu trabajo, demostrando así, la inmersión inerte en el bucle recursivo de la complejidad. Situación toda ella que impulsa el propósito de la investigación que busca sumar sustantivamente en la comprensión de la experiencia del docente sobre la educación universitaria, en el contexto pandémico y sus implicaciones en el futuro inmediato.
Desarrollo Teórico
Educación humanista como alimento para retar a la apatía y distopía pandémica
Hablar sobre la educación humanista en medio de tantos cambios e incertidumbres promovidas por el contexto pandémico del virus SARS2 o COVID-19, es un llamado a retomar la fundamentación humanista de la Grecia socrática cuando la Paideía se convierte en la teoría y la práctica de la educación y quizás, lleva a comparar la alegoría de la caverna de Platón y el dualismo ontológico que allí se relata con la situación social actual, pues en esta alegoría se halla en juego el ser hombres y el vivir como hombres, ya que para Platón (1997) se es hombre no sólo por el hecho de haber nacido, si no por ejercer la naturaleza humana y así deja de ser una pieza más, para convertirse en lo que realmente es. Por tanto, uno de los más grandes retos de la educación actual es retomar esa presencia necesaria, no sólo física, sino, la ausencia apática que la emergencia sanitaria ha generado.
Escudriñar sobre la apatía generada en los entornos de instituciones educativas es comprender y afrontar elementos que quizá para el docente universitario puedan no tener significancia, pues asumir que la educación superior es un asunto de adultez, contrario a lo que se vivencia en la escuela o en el bachillerato, como docentes, puede llevarnos a niveles de subestimación de procesos o situaciones que viven los participantes y al parecer, no nos importa.
La apatía educativa en contextos universitarios es un problema multifactorial, en el que la falta de vocación, falta de compromiso, las responsabilidades familiares y entorno socioeconómico contextualizan los fenómenos más controvertidos para los estudiantes, al que se le sumó la crisis sanitaria, dando como resultado un escenario nefasto para educación universitaria pero del cual, muchísimos docentes han sabido ganar ventaja al aplicar estrategias enriquecedoras que proyectaran de mejor manera el acto de educar.
Este contexto invita entonces a pensar, cómo afrontar otros elementos emergentes durante la situación pandémica, en primer lugar cómo desafiar espacios físicos abandonados por el confinamiento y readaptarnos a combinar la virtualidad con la presencialidad, en segundo lugar, comprender los elementos distópicos que se conjugaron en la sociedad creando escenarios en los que por un lado, colectivos enteros protegiéndose del virus obsesivamente, incluso aislándose de su entorno familiar inmediato y por otro lado; colectivos negacionistas que asumieron que todo lo sucedido es a causa del Nuevo Orden Mundial (NOM) y que esta situación no es más que un ensayo de control social.
Sea cual fuera la situación real, es sin duda, un contexto poco esperanzador para las futuras generaciones, pues indistintamente de la postura que asuman, se verán inmersos en realidades confeccionadas a partir de la dominación de una sociedad imaginaria en la que la luz, solo saldrá, por medio de la educación significativa y el pensamiento crítico.
Inmersos en la pandemia, estamos entonces ante dos escenarios, la hermosa libertad de no tener el tradicionalismo del pizarrón y el pupitre; y, la nefasta dictadura del confinamiento y la tecnología limitada (brechas digitales), sobre todo, en países en el que los informes oficiales (CEPAL-UNESCO) asumen, que a pesar de los esfuerzos, en Latinoamérica y el Caribe están desigualmente preparados, situación que invita a afirmar que estamos envueltos en una situación distópica increpante a la educación, por ello, los formadores de futuros docentes debemos asumir posturas críticas para el abordaje del rumbo educativo en esta nueva realidad.
En este sentido, se plantean algunos elementos que pueden servir de inicio para avistar, de mejor manera, la consolidación de mejores prácticas educativas, a partir de una visión teórica, sustentada en conceptos preestablecidos que ejercen influencia social.
Labor de Educar: Retos actuales del docente universitario
Es entonces, esta concepción del hombre y tomando como referente filosófico a la Paideía, hilo el trabajo protagónico del maestro, pues él, tendrá un impacto social que inicia con las políticas educativas si pretendiese alcanzar la transformación, sin embargo, ¿Por qué el énfasis en el docente? Es innegable que, a lo largo de la historia de la pedagogía, somos nosotros, los educadores quienes hemos llevado a la práctica grandes premisas formativas ejerciendo un papel esencial.
Históricamente nos hemos convertido en facilitadores para la construcción del conocimiento y mediadores de relaciones sociales, que han servido de espacio para desarrollar habilidades en las que los niños, jóvenes y adultos, han visto avances significativos en sus procesos de enseñanza, no obstante, muchas veces parece que la inmadurez o la inexperiencia de las jóvenes generaciones desconocen la función social de su crecimiento académico y sus implicaciones en el futuro.
Los docentes en ejercicio laboral, sabemos que la responsabilidad social de educar se ha vuelto compleja, por cuanto requiere de una apropiación de conocimientos de un campo disciplinar que sea capaz de enfrentarse a los retos que exige una sociedad como la de hoy, por este accionar, es que se hace necesario el nacimiento de nuevas perspectivas educativas, que se acerquen más a la ejecución de grandes premisas y, que lo hagan a partir de la conciencia, y no por la improvisación, ya que esto daría nuevas luces al camino a emprender.
En el escenario empírico de esta investigación, no sólo se enseña pedagogía, se incorpora a la andragogía como filosofía universitaria en la que los adultos deben apropiarse del proceso formativo y dar avance en su conocimiento fundado en realidades o necesidad. Aunque inicialmente este trabajo investigativo nació con la intención de dar respuesta a situaciones formativas con niños y adolescentes, hubo un elemento importante que prevaleció durante su construcción y fue la educación con énfasis en lo emocional, y de la cual Martínez (2014) destaca la relevancia del área afectiva en la que el dominio emocional constituye una de las mayores características de los educadores humanistas, esto, en consonancia con el sustento teórico abordado.
El reto actual es romper con los cánones preestablecidos en esa educación transmisiva y buscar alternativas que protagonicen el cambio necesario o por lo menos, que avancen en gran medida, sobre las necesidades que demanda la sociedad actual. Y es que estos dos años de confinamiento social dejaron una brecha relacional, y aunque estemos conectados diariamente a través de las redes sociales, el establecer relaciones de cercanía en la post del confinamiento y distanciamiento social por COVID-19, ha sido cada día más cuesta arriba porque la enseñanza hibrida dejó nuevas prácticas que para muchos han sido útiles, y a partir del aspecto relacional, como ya se mencionó en líneas anteriores, dependiendo de la creencia, algunos se relacionan o se aíslan.
Por ello, la labor docente en cualquier entorno educativo, apunta a construir mayores y mejores prácticas; como afirma Pérez (2013), nuestra presencia como educadores debe comunicar cercanía y la educación debe asumir la crisis para innovar; la angustia del ahora, debe servir para que nazca la creatividad y la educación del futuro, es decir, volcarnos a promover una educación diferente, a partir de acciones transformadoras que originen más allá del desarrollo académico, el desarrollo humano del estudiante y del maestro. Hacer cosas distintas para un cambio real.
Educación con el alma
Tradicionalmente, la educación se ha centrado en el desarrollo del intelecto, evidenciando un olvido de lo emocional, sin embargo, siempre se ha planteado el abocarse a una educación integral, en la que deban desarrollarse todas las dimensiones del individuo implicando que el desarrollo cognitivo deba complementarse con el desarrollo emocional, por ello, Bisquerra (2000) define la educación emocional como un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral.
La UNESCO, para la agenda 2050 plantea ofrecer una educación con el alma en la que los valores del respeto, la empatía, igualdad y la solidaridad sirvan para formar estudiantes no sólo para la subsistencia sino para la vida, conscientes de las responsabilidades cívicas y medioambientales. Como complemento para esta disposición, considero, se debe tomar a la educación emocional como construcción social, ya que plantea a la enseñanza con el deber de incluir en sus programas, habilidades tan esencialmente humanas como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, así como el resolver conflictos y la colaboración con los demás.
Para autores como Steiner y Perry (1997) la educación emocional debe dirigirse al desarrollo de tres capacidades básicas: “la capacidad para comprender las emociones, la capacidad para expresarlas de una manera productiva y la capacidad para escuchar a los demás y sentir empatía respecto de sus emociones”, siendo estos complementos significativos para que a la luz de la educación emocional como práctica pedagógica pueda sustentar la proyección de la educación en tiempos de pandemia, más allá de los límites de las aulas físicas o virtuales.
Formación docente desde el amor
En consonancia con lo expresado hasta ahora y con cimiento en la visión Ontoepistémica, con apego al valioso recurso teórico dejado por Maturana (1997) sobre el amor en el comunicarnos y en el educar como respuesta a las brechas digitales, la crisis social y económica, aunada a la polarización política, se vuelve obligatorio citar a Xirau (1998) cuando declara que la dialéctica educadora es en todos sus respectos, una dialéctica de amor... Educar es, en esencia, amar.
De ahí, la significancia que tiene el abordaje de una formación docente con base en el amor, asumiendo como elemento teórico a la Pedagogía del Amor como aporte favorecedor a comprender la dinámica afectiva que a la voz de los actores sociales se ha olvidado y por las dinámicas socio históricas actuales se vuelve imperioso volver a ellas. Maturana (1997)), refiere que el amor es la emoción que establece la influencia de acciones, es un espacio de interacciones periódicas que amplían y aseguran la convivencia, es el soporte emocional de lo social, en otras palabras, es el reconocimiento de sí mismo y del otro como vinculo social en la concepción del Ser como agente biopsicosocial.
Un formador, o quien se ocupa y preocupa de la formación de los adolescentes, jóvenes y adultos, es tal, si es, en primer lugar, capaz de poner al centro la dimensión relacional y la persona en su totalidad (dimensión física, intelectual, emocional y espiritual). Observar, intuir, corroborar son muestras de no sólo atender desde el exterior, sino de centrarse en encontrarlo; Señala Pérez (2013), que la pedagogía del amor es reconocimiento de diferencias, la capacidad para comprender y tolerar, para dialogar y llegar a acuerdos, para soñar y reír, para enfrentar la adversidad y aprender de las derrotas y de los fracasos, tanto como de los aciertos y los éxitos, es ir más allá del vaciamiento de contenido, es aportar a partir de lo intrínseco, y hoy, más que nunca el llamado es a caminar sobre mojado en el amor, han sido muchas las pérdidas (físicas, emocionales, hábitos) que ha afrontado el planeta entero en menos de dos años, las transformaciones emocionales, relacionales y hasta ocupacionales deben ser abordadas única y exclusivamente en el amor.
Por su parte, Boccia (2015) explica que, para encontrar, acoger y comprender al otro, deberíamos antes habernos encontrado, acogido y comprendido a nosotros mismos y que la identidad del formador es un proceso en construcción, es un trabajo que dura toda la vida. Aún más, sólo puede ser construida en las relaciones, en una trama rica de relaciones interpersonales significativas; por consiguiente se deja entrever que el perfil del docente debe ser pensado a raíz de la relación experiencial que mantiene con su entorno, pues la formación no se inventa ni es una acción solitaria, es un acto cargado de paciencia, firmeza y confianza, ya que las relaciones emocionales no se crean de la noche a la mañana y deben proyectarse de manera sólida para comprender inquietudes e interrelaciones entre el formador, el formado y los que él formará, es decir, generar una cadena de formación proyectada con base en el valor y el reconocimiento.
Universidad: proyecciones en el futuro
La universidad como un espacio de educación humanista esta afianzada en la convicción de la inalienabilidad de la persona humana y el desarrollo de la reflexión crítica, por encima del saber especializado y fragmentado. A decir de Patiño (2012) la educación humanista parte de una concepción del ser humano como sujeto-agente dotado de conciencia, libre y racional, y considera que la educación es un proceso intencional que implica la comprensión, afirmación y transformación del mundo y del propio sujeto.
Por tanto, esto señala a la universidad como un espacio democrático e innovador cuya peculiaridad y complejidad la distinguen de otras organizaciones sociales pues la responsabilidad de formar profesionales debe equilibrarse y tener sentido cuando se entrelacen entre la formación personal (académica) y la formación humana.
No obstante, en el caso de Venezuela, la educación universitaria se ha visto signada por necesidades y emergencias reportadas en diversos escenarios, que han evidenciado el desgaste y la crisis estructural por la que hemos transitado en los últimos años, donde la subsistencia se ha vuelto el patrón de vida y la educación como un bien público ha disminuido,
Vicentini (2020) recopiló información sobre el impacto del virus SARS Cov2 (conocido como COVID-19) en las universidades latinoamericanas y desglosó las reacciones generales frente a esta coyuntura y el abordaje posterior, en esas lecciones aprendidas expresa que el contexto universitario debe ser abordado a partir del acompañamiento, ya que ha sido un elemento central en lo pedagógico, en lo emocional, para profesores y estudiantes, exaltando la importancia de la colaboración, por lo cual, este apartado denota los elementos que pueden constituir las proyecciones para el abordaje de la educación superior en el contexto post confinamiento.
Precisiones metodológicas
El abordaje se realiza con base en el enfoque metodológico cualitativo, que según Sandín (2003) es una actividad orientada a la comprensión en profundidad de fenómenos educativos y sociales; y que pasan por un proceso de transformación de prácticas y escenarios socioeducativos enfocados en el descubrimiento y desarrollo de un cuerpo organizado de conocimientos.
En los escenarios planteados en la contextualización de la situación estudiada, se dejan entrever elementos multifactoriales que van sumando a esa comprensión de fenómenos, que no se limitan al acto de educar, formar o re-formar, sino que se tejen en una telaraña compleja que, si no se visualiza con todos sus elementos, puede atrapar a la oruga y dar termino al proceso de crecimiento.
En este sentido, se asume la investigación dentro del paradigma interpretativo, contextualizado dentro del desarrollo de interpretaciones de la vida social y el mundo con una perspectiva cultural e histórica. Tomando como referencias a Guba y Lincoln (1994), quienes exponen que dentro del paradigma interpretativo el aspecto ontológico aborda a la realidad como un constructo social, cuyo valor es temporal y local; que bosquejan subjetividad e intersubjetividad. De igual forma, permiten conocer y comprender las relaciones humanas, mientras que la metodología, las investigaciones se orientan hacia un diseño artesanal emergente, siendo resultante de los diálogos, las vivencias, los consensos, entre los investigadores y los investigados.
Además, esta investigación se enmarca en la fenomenología, específicamente la social, expuesta por Schütz (1939) quien habla de la experiencia diaria, describiendo que la consciencia de los demás, es comprensible sólo viviendo la propia consciencia, es decir, la intersubjetividad es una relación compartida con significados subjetivos derivados del entorno social, contextualizar las situaciones para su aprobación posterior.
Evidentemente los significados atribuidos por los actores sociales a la renovación de la educación están insertos en el carácter dialógico- intersubjetivo que se destaca en la fenomenología social anteriormente expuesta, pues está encaminada a construir y comprender el sentido que le otorgan las voces sociales al objeto de estudio, a través del diálogo intersubjetivo como un proceso reflexivo para la significación de la realidad, ya que los procesos relacionales y cercanos dependerán única y exclusivamente de la visión que cada miembro participante exponga y empatice con los miembros de su contexto.
En virtud de la perspectiva metodológica asumida, la técnica de recolección de información más idónea para llevar a cabo el estudio del fenómeno, es la entrevista a profundidad, dado el carácter intersubjetivo prevalece y permite intercambiar conocimientos y experiencias docentes con los actores sociales que desarrollan su práctica educativa en la actualidad y que, implícita o explícitamente, la hacen con énfasis en la develación del fenómeno desde sus sentires, es decir, aquellos que en su discurso y en su comportamiento se evidencian un carácter social trascendente.
Hallazgos
Las categorías de análisis son el resultado de la deconstrucción de las entrevistas y la reconstrucción del discurso comenzando en el bucle intersubjetivo de la vida cotidiana o la vida diaria, con el significado que los actores sociales le otorgan a cada presente vivido, allí la realidad del contexto varia o converge, y esto nos permite relacionarnos o disentir en las visiones o sentires con respecto a un ámbito determinado.
La ingenuidad del Profesor
Esta categoría está centrada quizá en el elemento más representativo de este trabajo de investigación, ya que la educación es la piedra angular que rige la construcción intelectual. Como su nombre lo indica, es el potencial puro que emerge desde el origen vocacional, y que conforma al profesor innato, que inicia su formación, como un huevo de mariposa, que es dejado sobre la hoja, para que transforme ese potencial inicial y absolutamente puro, en su mejor producción.
En medio del proceso heurístico e investigativo, se descubrió un trabajo de investigación educativa, en el cual Martínez (2014) evoca una extraordinaria explicación sobre las actitudes docentes y la ingenuidad como una condición adscrita al profesor. Al iniciar el proceso de análisis categorial emergió esta característica de manera implícita, pues las voces de los protagonistas fueron dejando entrever elementos que simbolizan o caracterizan ese matiz ingenuo del que habla el autor antes mencionado.
Muchas veces cuando utilizamos el término ingenuidad lo asumimos a partir de la falta de malicia, no obstante, su significado más genuino está definido como la sencillez, la sinceridad o la pureza de ánimo. Al analizar y vincular las expresiones cotidianas en las entrevistas, indudablemente la ingenuidad afloró, la buena fe, la sensibilidad, el corazón noble y los buenos propósitos; los seis actores sociales y la investigadora, se mantienen activos en un sistema educativo con falencias, con contextos disimiles y sobre todo, con una capacidad económica casi invisible pero que desde ese no sé qué (llamado aquí: Ingenuidad) conservamos intactos los sentires para formar a nuevas generaciones.
Hiperconexión Transformadora
Hablar hiperconexión o interconexión a las redes sociales y tecnología, que durante el tiempo de pandemia fueron las herramientas más significativas, porque permitieron esa conexión con los otros a través de video llamadas e incluso, sirvieron para labores tan básicas como el pago de bienes y servicios, hasta el desarrollo del home work o trabajo desde casa. Asimismo, fue el factor determinante para poder dar continuidad a los procesos educativos mediante herramientas de conexión grupal como Zoom, Meet, WhatsApp, ente otros, así como también, plataformas educativas de enseñanza virtual o sistemas de gestión de aprendizaje (Learning Management System LMS, por sus siglas en inglés) como Google Classroom, Moodle, Canva, las más populares en Venezuela, por ser de bajo consumo de recursos tecnológicos.
No obstante, a pesar de la inestabilidad de los servicios públicos (electricidad e internet) la tecnología y las redes sociales se han vuelto elementos determinantes dentro del proceso educativo. Uno de los actores sociales relataba como la tecnología se ha convertido en un asunto necesario: “…la tecnología es un proceso innegable, ¿eh? Que ha venido copando todos los sectores, todas las actividades, es inevitable hoy en día en nuestra vida…”
Los recursos instruccionales, son un aspecto a destacar debido a que, durante el tiempo de pandemia, se emplearon las plataformas mencionadas anteriormente, sin tener el conocimiento de su existencia o aprendiendo sobre la marcha; muchos docentes no conocíamos o dominábamos esas herramientas tecnológicas que el mundo 2.0 nos ofrece y nos tocó aprender a utilizarlos a partir del empirismo, producto de la crisis sanitaria a la que fuimos expuestos. No obstante, en Venezuela, la difícil situación política, económica y social, llevó a nuestros participantes a aislarse, ya que en muchas ocasiones no lograban cubrir sus necesidades básicas, mucho menos contaban con las herramientas tecnológicas que necesitaban para llevar a cabo su proceso educativo.
Por otro lado, el uso que se le dio a plataformas como Telegram, Correo Electrónico, WhatsApp y Facebook, cuando inició el confinamiento y cómo estas plataformas sirvieron de apoyo, pero no hubo uniformidad, razón que dio pie a que muchos participantes abandonaran el proceso formativo, ya que se sintieron desorientados, incluso, los mismos profesores,
La virtualidad es otro aspecto definitorio de la realidad estudiada ya que el uso de las tecnologías aunado al confinamiento dio pie al fenómeno multimodal. El cual, el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria ha asumido como bandera.
El Covid: Depredador Invisible
Hablar del depredador invisible es una analogía que realmente tiene una razón de ser poderosa, la pandemia por el COVID-19 se convirtió en ese enemigo invisible. Durante los dos años de confinamiento y distanciamiento social, la vida misma nos invitó a la reflexión, a comprender que todo transcurre en un abrir y cerrar de ojos. Durante las entrevistas con mis actores sociales, este, fue uno de los temas más conmovedores, significativos y emocional, sobre todo dentro del grupo de discusión, ya que nuestro talento humano y mayormente, el cuerpo docente, se vio afectado por el fallecimiento de varios compañeros, que fueron víctimas de ese depredador invisible llamado COVID-19.
En consecuencia, la crisis de salud fue digamos, una de las más recurrentes dentro de la indagación, no es un secreto para nadie que el sistema de salud de Venezuela está realmente postrado por la falta de inversión. Aunado a ello, el bajo poder adquisitivo de los ciudadanos y el alto costo de la medicina privada, junto a la saturación del sistema de salud pública.
Asimismo, los actores sociales dejaron entrever que ese tiempo de confinamiento social dejó un Vacío Académico que permitió a la figura del profesor redimensionarse y tomar mayor valor en todos los ámbitos educativos, por más empeño que pusieron estudiantes y representantes, se dejó ver la necesidad de un docente que conduzca esos procesos formativos, por ello y muy vagamente, emergió la propiedad.
Cambios Inesperados y Necesarios
Los cambios y transformaciones, son aquellos en los que nos vemos inmersos los seres humanos al enfrentarnos a procesos tan complejos como la pandemia, pero mucho más los venezolanos cuando estos se dan en paralelo a la crisis social y cultural en la que estamos sumergidos por razones políticas.
En el mismo orden de ideas, los asuntos salariales en Venezuela durante los últimos años son desconcertantes, cómo con tan poco, los docentes siguen ejerciendo. No en vano es un aspecto de lo que se denominó, la ingenuidad del profesor y esa creencia que el sistema nos induce a pensar o a creer, que desde la vocación podemos conseguir muchas cosas. Resulta desmotivante, y dista de lo que realmente el docente debería percibir, por su papel o por su responsabilidad como formador de las futuras generaciones; siendo esto, lo que realmente ha hecho mella en la profesión, y que este año 2023 ha mantenido al gremio docente en luchas por la dignificación del salario.
Por otro lado, y en consonancia con lo anterior surge el empleo y subempleo , pero quizá no solo a partir el punto de vista docente, sino también desde el punto de vista estudiantil y de los participantes, ya que aunque nuestra filosofía sea la educación de adultos y el ser adulto implica tener responsabilidades laborales, y gran parte de nuestros participantes, sin importar la edad, han tenido que emplearse y sub emplearse en otras actividades que le permitan el poder adquisitivo de subsistencia.
Lo expuesto deja entrever las necesidades y problemas sociales que han originado ese subempleo que desgasta. Este es un factor desmotivante. Dentro del ámbito educativo los más afectados hemos sido los docentes, ya que se ha cuestionado el accionar en muchos aspectos: El deber y el derecho de la educación y la protesta, los lineamientos ideológicos desde las políticas educativas generan una especie de resistencia en el gremio docente, que hoy en día lo ha pagado con creces, ya que las mejoras salariales no han existido. Por otra parte, los problemas las necesidades sociales son factores determinantes en la desmotivación y apatía del docente: la crisis eléctrica, la falta de combustible, el precario sistema de agua potable entre muchas otras situaciones, han llevado a tanto a docentes como a participantes a cohibirse del acto educativo porque sencillamente no es rentable estudiar (voces ocultas en los discursos).
Nuevas Prácticas Educativas
Las prácticas educativas necesitan ser transformadas con autonomía. Sencillamente, es una hermosa práctica comprender que los seres humanos somos el resultado de un proceso transformador, y aunque somos individuos necesitamos relacionarnos con otros desde sus realidades, comprender las dinámicas sociales de la actualidad y exigirnos modificar esos hábitos cotidianos e ir adaptándonos en la voracidad del tiempo que imprime el mundo moderno, y que nos lleva a apropiarnos y reconstruirnos con apoyo de las nuevas prácticas educativas, para así dejar atrás esas situaciones del quehacer docente, que muchas veces no se llevaron a cabo de la mejor manera y terminaron generándonos frustración.
Esto exige, trascender, mucho más allá de ser un simple profesional, trascender a partir de la humanidad, con base en la alteridad, desde la empatía, para así reconstruir nuestro país; reconstruir el acto de ser docente, la simpleza del acto de enseñar, porque entender que enseñar va mucho más allá de impartir información, comprender que hay nuevas generaciones ávidas de conocimiento que, además, van creciendo en la velocidad del tiempo con un mundo 2.0 que les ofrece información a borbotones.
Asimismo, es necesario que las prácticas emerjan para reconstruir , desde el sentir y sobre todo el dar, siendo esto fundamental, pues el llamado a voces de todos los actores sociales es dar nueva forma al acto educativo. Todo apunta a que el integrar más allá de esa simple inclusión de personas con características diversas o neurodiversas en nuestros ambientes de clases, es necesario que esa integración se haga a partir del comprender al otro el reconocerlo y, sobre todo, que los docentes tengamos las competencias adecuadas y necesarias para asumir este tipo de retos en la educación universitaria, sin menospreciar la funcionalidad o la diversidad que puedan tener estos participantes
Emociones y Sentimientos
Los actores sociales expresaron la necesidad de dar una educación vinculada, desde el amor. Fundamentada en ese amor ágape que nos permite reconocer a los otros, con base en lo que son dentro de ese amor, un amor que busca transformar y trascender, fundado en lo humano y lo simple.
En la conciencia, es decir, el estadio de pensamiento que permite entender que, más allá de un proceso educativo o un proceso académico, cada una de las personas forman parte de un contexto real, un contexto diverso, multifactorial, en el que muchas veces la vida confronta y desajusta los valores o principios que formaron parte de la formación hogareña.
Reflexiones Finales
Comprender la realidad no es tarea fácil. El atravesar situaciones difíciles, caóticas e inciertas, llevaron a percibir el entono comenzando con lo más elemental: la vida misma. El inicio de esta investigación se dio como un intento por comprender cómo los docentes universitarios, desde la experiencia pandémica, vivimos y confrontamos, la prueba social más complicada de los últimos tiempos, la pandemia por COVID-19.
Afrontar y comprender las realidades de cada persona se convierte en una suerte de cualidad interpretativa que debe estar impregnada de empatía y otredad. Indistintamente del nivel en que se desarrolle el hacer docente, esta, debe ser la cualidad que defina al docente; porque si bien es cierto que a los educadores se nos han otorgado incalculables características, considero que la primordial en cualquier escenario debe ser el interpretar. Porque para entender al otro, a partir de lo que realmente es, debemos hacerlo en comunión con las particularidades y las diferencias.
Parafraseando a Levinas (1961) el Otro se reconoce como Otro cuando interpelo el respeto y la justicia hacia el yo, es decir, cuando asumo al Otro desde lo que es y no desde lo que quiero que sea o lo que sobra.
Transformaciones Educativas desde Entornos Universitarios
Dentro de las instituciones educativas y propiamente las universidades, las modificaciones se abordan según la necesidad que la organización requiera, y aunque administrativamente no es exactamente la ruta a seguir; las realidades de las sociedades en América Latina y muy específicamente en Venezuela, durante los últimos dos años se están abocando a asumir los efectos posteriores al confinamiento social, la virtualidad como alternativa de enseñanza y otros tantos elementos que han surgido como respuesta a una crisis sanitaria que derivó en incertidumbre colectiva y que se sigue adjudicando los cambios no planificados, que emergieron en entornos administrativos a raíz de la propagación del COVID-19 como emergencia sanitaria mundial y como escenario de caos, que se vivió en todos los aspectos de la vida mundial.
A raíz del escenario pandémico, la educación puede abordarse, desde la comprensión de los contextos de las Realidades Cercanas, en este caso, se ha empleado la multimodalidad como estrategia de avance y adaptación a los nuevos escenarios, sobre todo, en el área tecnológica. Asimismo, comprender las realidades desde lo que somos, nos invita a asumirnos y respetarnos con las particularidades de cada quien, tal vez, es desde aquí que cobra más vigencia la tesis de Levinas (1961) sobre reconocer al otro en cuanto lo que es. Desde las vivencias que definen al escenario empírico, debemos entender de cerca como suceden los acontecimientos, y que sirvan de base estructural para mejorar los procesos comunicativos, afrontar las realidades de forma más eficaz, para que cada integrante haga parte de la organización. Así, visualice y afronte de mejor manera los procesos centralizados y, a partir de la realidad local, pueda comprender cada una de las acciones tomadas, las herramientas utilizadas y los aspectos propios de cada organización dentro de espacios reducidos o la vida cotidiana como lo denominaba Schütz (1939).
Por otro lado, comprender estas Realidades Cercanas nos lleva al Aumento de Compromiso pues cada miembro de la institución está al tanto de cada uno de los procesos realizados y así comprender cuáles son los factores de cambio, generando un trabajo eficaz; esto, dadas las vinculaciones, los procesos, las acciones y la manera de comunicarnos como organización.
De igual manera, es necesario implementar la Comunicación Asertiva para mantener informados a los participantes y así la moral del equipo se mantenga a flote es decir que cada uno de los miembros comprenda el estar informado y sepa cuál es su función dentro de los procesos transformadores que van rigiendo a la organización y por ende se sentirá parte de ese cambio.
Por ello, entre las formas de abordarlo, propongo a la Educación Subversiva para hacer frente a la ingenuidad del profesor, de la cual ya se habló en los hallazgos. Es decir, asumir una educación que se hace para construirse a sí mismo, de manera consciente, y en la que se cumplan los tres objetivos expuestos por Garnier (2012) como máximo exponente de este modelo educativo y cuyos fines esenciales son: un aprendizaje relevante bien aprendido, desarrollo de la capacidad de hacer suyos los conocimientos que necesiten y saber utilizarlos de forma creativa e innovadora y finalmente, que cuenten con la sensibilidad y destrezas necesarias para indagar, investigar, leer, cuestionarse, analizar y cuestionar críticamente sobre todo aquello que están aprendiendo.
La premisa de esta educación, es cuestionar el miedo en el que estamos inmersos y es impuesto a partir el sistema. Particularmente, se tomó los elementos de este modelo educativo (originalmente estructurado para primaria) y se asumió algunas posturas que sirven de propuesta para adaptarlo a nuestra realidad cercana en el mundo cotidiano.
La idea principal de la propuesta planteada, es formar ciudadanos con criterios éticos, que permitan la confrontación diaria entre lo que el sistema espera de ellos y lo que son, porque la obediencia restrictiva, normada por cánones que tal vez, no compartimos, nos convierte en individuos sumisos, condicionados a la normalización de las pautas sociales de turno, ahora bien, esto, comenzando en el sentido común y el respeto de los límites.
Asimismo, es necesario que al inicio de la diversidad aprendamos a disfrutarnos, es decir, entender nuestras capacidades e individualidades, lo que nos distingue, y según los talentos que poseamos, nos dediquemos a desarrollar cualidades sin modificar nuestra esencia, solo por encajar. En este sentido, con apego a lo planteado por el precursor de la educación subversiva, quien expresa que, a mayor educación, mejor empleo y mayor educación, menos pobreza, siendo esta la premisa más necesaria en los tiempos actuales.
Por consiguiente, al consolidar los argumentos de la Educación Subversiva como tendencia en las nuevas prácticas educativas, se vuelve relevante incorporar un elemento como base comprender la incertidumbre, y esto lo planteo en consonancia con el documento oficial de la UNESCO, más allá de los limites, se sugiere Educar desde alma, que no es más que asumir como bandera educativa, en todos los niveles: la empatía, el respeto, igualdad y solidaridad, no para la subsistencia sino para la vida; es decir, hacer personas responsables de sus procesos formativos y relacionales para así lograr el Manejo de Entornos Hostiles, entendidos como un ámbito social en el que se desarrollan conductas y dinámicas desfavorecedoras a los miembros de ese ambiente; la intención de incluirlos como parte del modelo teórico es aprender a controlar emociones y reacciones en los contextos inciertos, para que la frustración, la urgencia y el fracaso, no sean agentes de desmotivación, al contrario, incluir estrategias resiliente que hagan frente a contextos inciertos, es la manera de aprender a establecer vínculos y dar mejores resultados en el accionar, permitiendo a cada uno de los miembros, asumir los retos con mayor entereza y compromiso, siendo estos factores determinantes en la construcción educativa con base en el respeto, el reconocimiento y la valoración de lo que hacemos y lo que damos.
Es así, como el Fortalecimiento Tecnológico se incorpora como último elemento pero no menos importante, ya que su carácter significativo dentro de las Nuevas Prácticas Educativas, se fundamenta por dos aspectos importantes: vencer la brecha digital entendida como un factor determinante en las regiones de América Latina, porque las limitaciones están ligadas a factores de diversas índoles (económica, geográfica, de género, cultural, político) y el caos derivado durante el confinamiento por el desuso de las herramientas digitales en entornos educativos, se volvió una amenaza sobre la cual deben trabajar los planes de gobierno y las políticas educativas en los países de Latinoamérica. Tal es el caso de la Universidad Simón Rodríguez, cuando a viva voz, los actores sociales demandaron una plataforma tecnológica única, con pertinencia a las necesidades de la universidad en la que la uniformidad de las acciones se aborde desde el orden y las potencialidades que puedan surgir de los entornos tecnológicos educativos.
Por otro lado, dentro de los escenarios teóricos se puede señalar que el constructo teórico sustantivo se presenta a partir los planos del conocimiento con la siguiente consolidación:
La Brecha de Desempeño
Como contexto Epistemológico, abordado en el lugar en que se encuentra la organización y hasta dónde se quiere llegar, allí estarían enmarcados los hallazgos de carácter organizacional y el quehacer docente comenzando en las acciones educativas, curriculares, pedagógicas en pro de la consolidación de las Nuevas Prácticas Educativas, desde saber y el construir conocimientos.
El Plan Institucional
Vinculado con el contexto Metodológico, ya que allí, en la organización se llevaría a cabo el proceso de cambio organizacional o transformacional, siendo el camino a seguir para el reordenamiento administrativo de la gestión educativa universitaria, que debe ir proyectada hacia la construcción de acciones contextuales, estructurales, comunicativas, asertivas y planificadas sobre los objetivos y la visión de la organización.
El Trabajo Colaborativo
Como proceso Ontológico para mantener la moral del grupo en pro de un objetivo común, fortalecer la identidad del equipo de labores comprendiendo sus realidades, entornos y acciones. Allí, cada uno, a partir de la experiencia y el conocimiento, promuevan el alcance general de objetivos comunes, toma de decisiones y un manejo adecuado de la comunicación y la incertidumbre, al saberse acompañados en equipos cohesionados, es decir, construir la ontología compartida y aumentar el compromiso de los equipos de trabajo.
Las Redes de Confluencia
Otorgan un carácter interdisciplinar al dar apertura a nuevas prácticas y nuevas formas, propias del vertiginoso avance cotidiano en el que la universidad se haga parte de las relaciones interinstitucionales que generen relaciones de fortalecimiento en las áreas formativas y profesionales de los participantes, es decir, crear una educación que construya al futuro profesional.
Las Condiciones y Vínculos Intrínsecos
Configuran el plano Axiológico, allí el docente como parte de una organización educativa deje salir sus valores éticos, morales y espirituales manteniendo la libertad del pensamiento y la belleza como elementos determinantes en la apropiación de lo que es, como agente promotor de aprendizaje. Dar a partir de la ontología para consolidar la axiología y dar respuesta al futuro inmediato.














