Introducción
En el presente artículo se aborda un tema actual que es relevante para el docente universitario o cualquier acción dentro de su praxis; ya que, por medio de este se promueve la enseñanza- aprendizaje en los espacios áulicos universitarios por lo que deben ser vistas como un proceso amplio y continuo que debe adaptarse; no es más que evaluar mediante el discurso del docente basado en el sofismo consciente o el consensualismo sofista; a través, de conocimientos, experiencia, habilidades, motivos, actitudes o valores y aquella conducta necesaria que conlleve al análisis de este fenómeno.
El alcance de esta investigación se puede definir como el compromiso que tiene el docente teniendo en consideración la concepción de los sofistas para contribuir con el desarrollo, el bienestar, y el mejoramiento del estudiante en la universidad para su vida profesional y el desempeño con sus familias y la comunidad en general. Es un asunto en donde la universidad no sólo ha de tener una visión educativa, sino también una visión social e integral del egresado. En cuanto a la relevancia de este estudio, desde el punto de vista metodológico, esta radica en el aporte efectuado a partir de la comprobación de la validez de los enfoques o modelos teóricos que se contrastaron y analizaron.
Desarrollo
Los Sofistas y sus contribuciones a la educación
En la educación, los Sofistas ejercieron como practica liberadora y consciente; fueron innovadores en varias áreas; desde la praxis y el contexto histórico social, estos se enfocaron en los problemas humanos y políticos bajo reflexiones. El principal sofista fue Sócrates, aunque los presocráticos también habían hecho aportes a la educación. La sofistica como concepción consciente para el aprendizaje, ayudo al desarrolló en Grecia al cual se le denominó como Ilustración Helénica (Siglo V a. C.), donde se dio una renovación cultural a través del humanismo de Homero, los poetas trágicos y las fuerzas económicas. Esto, eran prestigiosos maestros que enseñaban la cultura y el arete; destacándose en la educación, utilizando el poder de la persuasión, del logo (palabra- discurso). Fueron considerados los primeros teóricos en disciplinas como la retórica, la dialéctica y la gramática. Sin embargo, su finalidad estaba en el pensamiento (razonamiento y razón) y el lenguaje, enfocados hacia la distinción, la convivencia social y la naturaleza.
Esa convivencia, a través de la enseñanza era vista como el fundamento de toda civilización y requiere la capacidad técnica del hombre y el sentido moral; por lo cual, es importante resaltar a los Sofistas como educadores en democracia; a lo que García Gual y Camp (2006) infiere que:
Enseñar es una virtud porque se transmite entre maestros y discípulos, y también porque está en el espíritu de la ciudad y se coge la lengua materna, sin que medie un maestro en particular y donde se asimilan los conceptos éticos y político del entorno (p. 133).
En relación al entorno, a los sofistas se les criticaba por educar de manera privada y no pública, cultivando la retórica y la remuneración de sus enseñanzas, entre estos Sofistas se pueden nombrar a Anaxágoras, Arquelao y Demócrito. En los tiempos de Sófocles, se sitúa el origen de la educación a la cual se define como “paidea”, considerando como base la crianza del niño; lo que dirige al concepto de la “arete”, que abarca un conjunto de exigencias espirituales, ideales y corporales bajo una formación del espíritu consciente.
Percepción epistémica del discurso
Desde el punto de vista epistémico, se presenta a continuación la sistematización de algunos referentes teóricos para vislumbrar sobre el surgimiento del discurso. Para el presente estudio se indagó sobre el discurso docente, pero es necesario precisar sus orígenes. El diccionario de la real academia española (RAE) deduce que: Del latín discursus; un discurso, es un mensaje que se pronuncia de manera pública. Se trata de una acción comunicativa cuya finalidad es exponer o transmitir algún tipo de información. En los siglos IV y V a.C., en la Grecia Clásica se vio por primera vez el discurso, presentándose una confrontación entre el discurso lógico que es aquel que se utiliza en lo histórico, filosófico, literario y científico, contra el discurso mítico, considerado como irracional por ser hechos narrados solo como ficción.
Estos hechos fueron evolucionando, alrededor del año 700 a.C., en la antigua Grecia fue creado el alfabeto, como nueva forma de comunicación que separo al orador, el lenguaje y la acción permitiendo el desarrollo de las competencias basadas en leer y escribir. Así mismo Platón (427-347 a.C.) y su discípulo Aristóteles (384-322 a.C.), le imprimieron un sello pedagógico con su método gramatical, a partir de estos hechos el discurso docente ha evolucionado. Desde los años 40 surgen defensores de este método. Visto el discurso desde esta última como esencial para la adquisición de conocimiento, a partir de los años 70 el estudio del discurso es enfocado bajo un ámbito experimental y con representaciones mentales; en 1977 se aplica el método FOCUS, utilizado para comprender mejor lo que sucedía en el aula entre el docente y el estudiante mediante la comunicación transmitida y sobre el contenido de los temas.
A partir de este momento, las maneras de comunicación sufren un cambio significativo, donde se comienza el estudio de diferentes disciplinas, siendo una de estas el análisis del discurso bajo un método creado por Zelling (1952) llamado el análisis del discurso y relacionando este con otras disciplinas como la antropología, la lingüística, la filosofía, la sociología. De este análisis del discurso, emergen transdisciplinas tales como: La semiótica, sociolingüística, psicolingüística, socio epistemología, etnografía, psicología cognitiva.
Luego, en los 80, se comienza analizar la interacción verbal entre el docente y el discente, para verificar el patrón utilizado y si estos podrían servir para la formación del docente; trabajos posteriores Sinclair y Coulthard (1975), proponen estudiar la estructura del discurso y su interacción en el aula (feed-back). A partir de los 90 se comienza hablar de la calidad de la educación, ligando el conocimiento con la tecnología, ésta ha permitido la transformación de la investigación y de la misma práctica docente.
Cambios generados a través del discurso docente en los espacios áulicos universitarios
En la actualidad, se está viviendo una crisis universitaria de grandes magnitudes que exige una redefinición de la universidad venezolana, proceso que se inicia desde el cambio de la personalidad de cada uno de sus actores, reflexionando y repensando el discurso pedagógico, sobre las acciones y procedimientos para transmitir saberes, sin olvidar que en el proceso educativo intervienen otros factores estéticos y afectivos.
Al respecto, Padrón (2000) expresa y: “critica que existen lenguajes rebuscados de difícil comprensión y vacíos de contenido. Ya que el discurso que utilizan los docentes universitarios es frio, vacío y constituye una barrera intelectual y humana que aleja a los participantes”. En la docencia, unas de las prácticas que tiene más peso y repercute en el proceso de enseñanza aprendizaje, es el discurso del profesor en los espacios áulicos. Esto permite una interacción que determina acciones en la comunicación para que el conocimiento que se desea transmitir sea escuchado, procesado e internalizado, con la finalidad de alcanzar el propósito de cumplir con el proceso de enseñanza. Al respecto Coll (1998) infiere:
Las aulas universitarias son el escenario donde el compromiso, vinculado con su futuro profesional, pueden potenciarse. Todo fenómeno educativo que sucede en el aula emerge del dialogo, entre los elementos que componen ese contexto, el triángulo: profesor-alumno-contenidos; y de las estrategias que se ponen en juego, frutos de las sinergias generadas entre teorías y prácticas, donde entran en cuestión ideas y competencias de los participantes (s/p).
Todos esos cambios que se han presentado también desde ámbitos políticos, han construido un contexto socio histórico; donde, la humanidad se ha visto obligada a apoderarse de dichos cambios, que han impactado al sistema educativo universitario en el mundo, estableciendo una nueva concepción filosófica en los docentes. Estas exigencias, provocadas por esta nueva sociedad del conocimiento han tocado a las universidades y a todos sus miembros en el mundo, y particularmente en Latinoamérica y Venezuela, estos métodos incesantes de cambios han provocado la necesidad de prescribir un nuevo enfoque, sobre el desempeño del docente y los retos que estos deben asumir al igual que las universidades.
Mediante el discurso docente se puede revolucionar una nueva cultura universitaria basada en la mejora de nuevas prácticas, gerenciales y tecnológicas, que busca estimular al estudiante, para el desarrollo y fortalecimiento de sus capacidades cognitivas, las habilidades y la parte creativa, teniendo siempre presente el humanismo. Todos estos antecedentes permiten evidenciar la evolución que ha tenido el discurso; desde la educación es importante plantear el discurso docente como una capacidad, habilidad básica para impartir conocimiento.
Uno de los conflictos más importantes del estudiante es la comprensión del discurso del profesor. En efecto, el lenguaje académico es un tipo de discurso con unas características específicas ya que persiguen un efecto que requieren atención por parte del alumno en los espacios áulicos. Al respecto, Cruz Moya (2005) expone. “El discurso académico requiere de una audiencia intensiva por parte del alumno en un contexto en el que, en ocasiones, no permite el trabajo colaborativo”. Estos rasgos, determinan la interacción profesor-alumno. Muchas son las investigaciones que se han realizado para analizar la actuación del profesor en el desempeño de su labor docente. Es por ello, que si se presta atención las diferentes ocupaciones que el docente lleva a cabo en clase, puede mostrarse en ellas la existencia de unos rasgos comunes que tienen que ver con el discurso, y la vinculación al contexto de la clase.
Por lo tanto, debe existir dominio de lo que se habla para que haya pertinencia en lo que el docente desea comunicar. Bajo esta línea de pensamiento, la educación debe asumir una posición reflexiva y cuestionadora de la realidad social; debe facilitar las herramientas para formar hombres. Al respecto, Gadamer (2004), plantea que “el hombre está envuelto en lenguaje y todo lo que expresa lleva consigo su mundo, valores y teorías que orientan su accionar social e individual”. Por consiguiente, la universidad es una institución social que tiene la función de preservar, transmitir y desarrollar la cultura de una sociedad. Entendida la cultura como conjunto de ideas y realizaciones de la humanidad, es decir, que contempla tanto lo material como lo espiritual; así como los procedimientos para crearlas, aplicarlas y transmitirlas, obtenidas por el hombre en el proceso de la práctica histórico social, como institución educativa; esta encuentra condicionada históricamente, es decir, responde a las exigencias e imperativos de una época. Bajo estas perspectivas, se pone en duda el discurso utilizado por los docentes universitarios, porque se ha observado que no impacta positivamente; ya que, por medio de este, se debe influir en los estudiantes partiendo de sus conocimientos, hasta sus aspiraciones como futuros profesionales.
Percepciones teóricas del discurso docente
Desde la teoría de la complejidad el hombre es dificultoso para formar y desde el punto de vista del humanismo esta es una de las herramientas más importantes para transmitir sensibilidad y sentido para promover el desarrollo intelectual. Es por ello, que educar requiere de la comprensión de la representación histórico-social del desarrollo humano, y por ende de los principios que sustentan la teoría de Vygotsky (1920); “donde la unidad de lo afectivo y lo cognitivo, del reflejo activo de la conciencia y de la relación entre enseñanza y desarrollo”. En el proceso de enseñanza-aprendizaje juegan un trascendental papel el profesor y el estudiante, quienes interactúan en él, se desarrolla en los espacios áulicos y fuera de ellos; por lo que se necesitan docentes con un elevado nivel de preparación que les permita cumplir con su función y lograr una influencia educativa duradera en sus estudiantes.
En tal sentido, el docente a partir de un discurso de esencia humana, debe garantizar las estructuras cognitivas del estudiante, con valores y sentimientos de autoestima, respeto e identificación con la naturaleza, tan necesarios en la formación de profesionales proactivos. En consecuencia, corresponde al docente revestir su discurso de humanidad. Bajo esta perspectiva y siguiendo las recomendaciones de Ugas (2005) citado por Mundo (2012), “hay que someter a sospechas las prácticas educativas y sustituir el discurso pedagógico opresor y debilitador de la autoestima del participante, por un discurso que alimente la libertad de acción y creación, sustentado en valores éticos - democráticos” (p.19). Estructuras de la vieja escuela. A su vez Van Dijk (1996), sostiene que en todos los niveles del discurso están “…las huellas del contexto donde se aprecian las características sociales del participante” (p.30).
De igual manera, Mundo (2012) infiere que Padrón (2000), establece que quien critica el lenguaje de los máximos exponentes del ‘paradigma emergente’, a quienes cataloga de neosofistas por usar un lenguaje rebuscado, de difícil comprensión y vacío de contenido; con el cual sólo se persigue deslumbrar al lector y convencerlo de las ventajas de esa nueva manera de hacer investigación.
En tal sentido, esos docentes a quienes se les puede dar el calificativo de neosofistas, manejan en los ambientes educativos un lenguaje instrumental, donde no hay. También al discurso que utilizan algunos docentes universitarios; quienes, con un lenguaje técnico, frío y vacío construyen una barrera intelectual y humana que la aleja del participante; a quien le debilitan la autoestima y en ciertos casos lo llevan a alejarse de la educación formal, por considerar casi imposible alcanzar el nivel académico del facilitador. Lamentablemente, pocos docentes están conscientes del impacto emocional que su discurso causa en el estudiante o participante, olvidan que son corresponsables de la formación no sólo académica del nuevo profesional, sino también humana.
En el discurso que manejan, tienen una herramienta para actuar de manera efectiva en el proceso de formación. El discurso es clave en la educación, no en la mera enseñanza. Martínez (2007) supone que: “Esta elemental verdad pedagógica a menudo se soslaya, pues es evidente que el rumbo de la educación institucionalizada con frecuencia se aparta de lo que debiera ser su esencial destino: el desarrollo personal” (p.1).
La influencia del discurso docente a partir de la teoría del conocimiento, las formas de lenguaje que se han utilizado en la educación universitaria hasta ahora, dejan en evidencia líneas y estructuras que lo describen como discurso instruccional, revela turnos de interacción encaminados a aportar información específica y donde se estructuran los procesos de los estudiantes que se instruyen a través del discurso. Desde esta perspectiva, el análisis del discurso se divorcia de las condiciones sociales (relaciones de poder) que controlan su producción y reproducción y no es posible reconocer ni las relaciones de poder-control que regulan su existencia, ni las relaciones de poder intrínsecas a un discurso.
Este, no puede ser visto como una categoría abstracta, tampoco es un simple lenguaje, debe considerarse como una de las acciones complejas en las interacciones sociales educativas y su influencia en ese contexto permite la construcción de otra conciencia; ese proceso también se le llama práctica de producción de significados; esto, a través de la pronunciación de enunciados con funciones instruccionales definidas que se convierten en texto y producciones verbales dentro de la interacción en los espacios áulico.
En relación a lo anterior, En Bernstein y Foucault (1985) “es posible encontrar un conjunto de argumentos acerca del discurso que van más allá del marco lingüístico e integran el concepto de discurso en una relación más próxima con el dominio de las ciencias sociales”.
La pedagogía critica en la educación superior, enfoca la importancia del discurso docente desde el contexto universitario, está fundamentada en el discurso docente y se puede revolucionar una nueva cultura universitaria basada en la mejora de nuevas prácticas, gerenciales y tecnológicas, que busca estimular al estudiante, para el desarrollo y fortalecimiento de sus capacidades cognitivas, las habilidades y la parte creativa, teniendo siempre presente el enfoque pedagógico humanista. Todos estos antecedentes permiten evidenciar la evolución que ha tenido el discurso; desde la educación es importante plantear el discurso docente como una capacidad, habilidad básica para impartir conocimiento.
Definido el discurso docente de acuerdo con Troconis (2019) como: “La versión personificada del sujeto en la acción oral” y desde un contexto educativo más amplio se infiere que el discurso docente es:
Una herramienta pedagógica que a través de la palabra se utiliza para ejercer influencia en el proceso de enseñanza-aprendizaje para que este último sea significativo y aprehendido teniendo como evidencia los aspectos valorativos y críticos que el estudiante demuestre con la producción de un nuevo conocimiento.
Uno de los conflictos más importantes del estudiante es la comprensión del discurso del docente. En efecto, el lenguaje académico es un tipo de discurso con unas características específicas ya que persiguen un efecto que requieren atención por parte del alumno en los espacios áulicos. Al respecto, Cruz Moya (2005) expone. “… requiere de una audiencia intensiva por parte del alumno en un contexto en el que, en ocasiones, no permite el trabajo colaborativo”. Estos rasgos, determinan la interacción profesor-alumno. Muchas son las investigaciones que se han realizado para analizar la actuación del profesor en el desempeño de su labor docente. Es por ello, que si se presta atención las diferentes ocupaciones que el docente lleva a cabo en clase, puede mostrarse en ellas la existencia de unos rasgos comunes que tienen que ver con el discurso, y la vinculación al contexto de la clase.
Por lo tanto, debe existir dominio de lo que se habla para que haya pertinencia en lo que el docente desea comunicar. Bajo esta línea de pensamiento, la educación debe asumir una posición reflexiva y cuestionadora de la realidad social; debe facilitar las herramientas para formar hombres. Al respecto, Gadamer (2004), plantea que “el hombre está envuelto en lenguaje y todo lo que expresa lleva consigo su mundo, valores y teorías que orientan su accionar social e individual”.
En la docencia, unas de las prácticas que tiene más peso y repercute en el proceso de enseñanza aprendizaje, es el discurso del profesor en los espacios áulicos. Esto permite una interacción que determina acciones en la comunicación para que el conocimiento que se desea transmitir sea escuchado, procesado e internalizado, con la finalidad de alcanzar el propósito de cumplir con el proceso de enseñanza. Al respecto Coll (1998) infiere “Las aulas universitarias son el escenario donde el compromiso, vinculado con su futuro profesional, pueden potenciarse”. En tal sentido, el docente a partir de un discurso de esencia humana, debe garantizar las estructuras cognitivas del estudiante, con valores y sentimientos de autoestima, respeto e identificación con la naturaleza, tan necesarios en la formación de profesionales proactivos.
El discurso es una de las características bajo las cuales se enfoca el docente en su praxis educativa, es una de las principales herramientas que se utilizan dentro de los espacios áulicos para el proceso de enseñanza - aprendizaje; por lo tanto, debe existir dominio de lo que se habla para que haya pertinencia en lo que el docente desea comunicar. Bajo esta línea, la educación debe apropiarse de un enfoque reflexivo y cuestionador de la situación social; debe facilitar las herramientas para formar hombres que, como lo decía Rousseau (2007), “sepan desenvolverse en la intrincada selva social sin dejarse arrastrar por falsos valores que lo despojen de la condición humana”. Para esta ardua labor de formar un ser humano de esencia y acción, tiene la educación una herramienta de valor incalculable: el lenguaje. En este sentido, el docente partiendo de un discurso de condición humana, debe garantizar las estructuras cognitivas del educando, con valores y sentimientos de autoestima, respeto e identificación con la naturaleza, tan necesarios en la formación de profesionales proactivos. En consecuencia, corresponde al docente vestir su discurso de comprensión y sensibilidad.
También el discurso que utilizan algunos docentes universitarios; quienes, con un lenguaje técnico, frío y vacío construyen una barrera intelectual y humana que la aleja del participante; a quien le debilitan la autoestima y en ciertos casos lo llevan a alejarse de la educación formal, por considerar casi imposible alcanzar el nivel académico del facilitador. Lamentablemente, pocos docentes están conscientes del impacto emocional que su discurso causa en el estudiante o participante, olvidan que son corresponsables de la formación no sólo académica del nuevo profesional, sino también humana. En el discurso que manejan, tienen una herramienta para actuar de manera efectiva en el proceso de formación. El discurso es clave en la educación, no en la mera enseñanza.
Con el respaldo de cada uno de los teóricos antes mencionados, puede afirmarse que hay un vacío en el mundo y en especial en las escuelas y universidades: se requieren discursos docentes que incendien los corazones de los hombres, como lo dice Pérez Esclarín (2007), “y hagan renacer en ellos la necesidad de vivir en verdaderas comunidades, donde se celebren los logros y se refuercen las voluntades”. Por consiguiente, se hace necesario precisar los obstáculos para reorientarlos y obtener resultados que beneficiaran a docentes y estudiantes universitarios, ya que permitirá la reconstrucción de un modelo teórico que servirá como herramienta y directriz que conlleven a un mejor manejo del discurso, contando con docentes preparados, capacitados, y así demostrar lo importante que es para la universidad contar con personal académico adaptado a las funciones que les corresponde.
Consideraciones finales
Desde hace muchos años ha existido un sin número de investigaciones referidas al discurso, de las cuales también se ha generado teorías, enfoques y estudios que pueden permitir la especialización de los docentes para que este pueda mejorar en su articulación discursiva dentro de los espacios áulicos. La sociedad venezolana del siglo XXI necesita reforzar su discurso; por ello se hace ineludible el estudio del discurso docente para poder transformar el modo de actuación de los estudiantes; para ello, es necesaria la caracterización de las definiciones y conceptos actuales.
Por otra parte, los docentes presentan debilidades en la comunicación, repitiendo patrones y enfoques tradicionales que a nivel universitario chocan con las perspectivas que tiene los estudiantes de cómo debe ser el proceso de enseñanza-aprendizaje dentro de los espacios áulicos, si están siento capacitados para su vida profesional. La retrospectiva histórica del discurso aporta una dimensión expuesta desde un punto de vista socio histórico, donde sus implicaciones en el discurso pueden sugerir cambios pragmáticos y como herramienta metodológica. La educación ha sido apoyada por un sinfín de disciplinas, teorías, enfoques basados en el proceso enseñanza-aprendizaje que dan herramientas comunicativas que permiten una mejor interacción entre el docente y el estudiante universitario.
El interés en el proceso educativo está ajustado fundamentalmente en otros aspectos, tales como: estudiante, políticas educativas, currículo, estrategias, entre otros. Por ello, en el proceso de enseñanza-aprendizaje se han realizado infinitas investigaciones sobre la psicología educativa y especialmente en el comportamiento del estudiante; también en cuanto a comunicación, la influencia que ejercen los docentes en el aprendizaje y el aporte que por medio del discurso existe en las diferentes disciplinas.
Los docentes que practican un discurso conciliador, donde la participación del estudiante es crucial; favorecen el desempeño y la preparación de los futuros profesionales, ya que este, responde de manera positiva o negativa según el mensaje que el docente quiera expresar en su discurso, lo que conlleva a un Feedback donde favorece la retroalimentación y promueve el aprendizaje bajo el concensualismo de los Sofistas, es hacer que los estudiantes sean conscientes de lo que aprenden, representa la construcción de sus estadios mentales a partir de las experiencias y no bajo patrones de una pedagogía liberadora.














