Introducción
En las últimas décadas, la investigación en el ámbito educativo y del desarrollo infantil ha subrayado de manera constante el papel fundamental del entorno familiar como una de las principales influencias en la formación integral del niño. Dentro de este marco, los estilos de crianza se han consolidado como un eje central de análisis, al entenderse como conjuntos estables de actitudes, expectativas y prácticas parentales que configuran el clima emocional del hogar y determinan, en buena medida, la manera en que los niños aprenden y se desarrollan cognitiva y socialmente (Lari, 2023). Estas pautas parentales moldean la autorregulación, la motivación y el aprendizaje autónomo, factores esenciales para la adaptación escolar y el bienestar emocional desde los primeros años de vida.
En este contexto, la literatura reciente ha mostrado que la forma en que los padres ejercen la autoridad, el apoyo emocional y la disciplina influye directamente en la adquisición de competencias cognitivas, socioemocionales y académicas. Li et al., (2025) demostraron que los factores vividos en la infancia de los progenitores como las experiencias socioeconómicas y psicosociales median los riesgos multigeneracionales que afectan el bienestar infantil, evidenciando que el pasado emocional de los padres repercute en la capacidad de aprendizaje de sus hijos. A su vez, Grätz et al., (2022) señalaron que los estilos de crianza aplicados durante la primera infancia contribuyen significativamente al desarrollo de habilidades no cognitivas, tales como la perseverancia, la cooperación y la autodisciplina, las cuales resultan indispensables para el rendimiento académico y la adaptación escolar.
Desde un enfoque sociocultural, Cano (2022) propuso un modelo multidimensional que integra la clase social, las condiciones de vida y las estrategias de crianza como elementos interdependientes que explican las oportunidades de desarrollo infantil. El autor destacó que los padres de niveles socioeconómicos más altos suelen emplear estilos de crianza más dialogantes y orientados al fomento de la autonomía, mientras que los de niveles más bajos tienden a priorizar el control y la obediencia, debido a presiones estructurales y culturales. Este hallazgo amplía la comprensión del fenómeno, al reconocer que la crianza no solo es una elección individual, sino también una respuesta adaptativa a contextos sociales y económicos determinados.
De igual modo, Tompkins (2025) exploró cómo el nivel educativo de los padres influye en sus creencias sobre la disciplina infantil, encontrando que una mayor educación formal se asocia con visiones más flexibles, reflexivas y centradas en el diálogo, en contraposición con enfoques autoritarios que privilegian la obediencia rígida. Estas diferencias, al trasladarse a las interacciones cotidianas, repercuten en la forma en que los niños internalizan normas, desarrollan el pensamiento crítico y construyen estrategias de autorregulación en el proceso de aprendizaje.
La clasificación tradicional de los estilos parentales propuesta por Baumrind autoritarismo, permisividad, negligencia y autoridad democrática continúa siendo una referencia central en la literatura contemporánea. El estilo autoritativo, caracterizado por altos niveles de exigencia combinados con calidez y comunicación, se ha asociado consistentemente con la formación de niños autónomos, responsables y con mayor éxito académico. En contraste, los estilos autoritario y negligente se vinculan con déficits en la regulación emocional, bajo rendimiento escolar y dificultades en la interacción social (Lari, 2023). Estos hallazgos refuerzan la idea de que la calidad del vínculo afectivo y la coherencia disciplinaria son componentes esenciales para un aprendizaje efectivo y sostenido.
En los últimos años, los cambios culturales y tecnológicos han transformado las dinámicas familiares y las prácticas de crianza. Liu et al., (2023) evidenciaron que el control psicológico excesivo ejercido por los padres puede derivar en un uso problemático de la tecnología por parte de los adolescentes, afectando la atención, la motivación y la autorregulación del aprendizaje digital. De igual modo, Yong & Abdullah (2022) demostraron que las prácticas parentales basadas en el afecto, la comunicación abierta y la supervisión coherente fortalecen la preparación escolar y reducen las conductas problemáticas, lo que sugiere que la calidez y la estructura son componentes clave para la disposición emocional hacia el aprendizaje.
Además, la interacción entre las prácticas parentales y las características individuales del niño ha cobrado mayor atención en la literatura reciente. Grätz et al., (2022) mostraron que incluso dentro de un mismo hogar, las variaciones en el estilo de crianza aplicadas a hijos diferentes producen resultados distintos en competencias socioemocionales y disposición al aprendizaje. Este hallazgo subraya que la influencia parental no es unidireccional, sino que se configura en función del temperamento, el contexto y las experiencias compartidas entre padres e hijos.
Desde un enfoque intergeneracional, Li et al., (2025) reafirmaron que las experiencias adversas de los padres en su infancia como la inestabilidad económica o el estrés psicosocial pueden reproducirse en la siguiente generación si no se desarrollan estrategias de afrontamiento adecuadas. En este sentido, la crianza positiva actúa como un mecanismo compensatorio que mitiga los efectos de las desigualdades estructurales. Las políticas educativas y sociales deberían, por tanto, incorporar la transmisión intergeneracional de las prácticas de crianza como un componente clave para promover la equidad educativa y el desarrollo integral de la niñez.
Por otro lado, las diferencias culturales en la percepción y aplicación de los estilos parentales representan un tema de creciente interés. Lari (2023) evidenció que, en contextos árabes, como el catarí, las nociones de obediencia, afecto y autonomía varían según los valores socioculturales, lo que implica que el mismo comportamiento parental puede ser interpretado de forma distinta en culturas occidentales y orientales. Este enfoque intercultural complementa la evidencia de Cano (2022), quien sostiene que los estilos de crianza no pueden analizarse sin considerar los contextos estructurales y normativos en los que se desarrollan las familias.
A su vez, investigaciones recientes han coincidido en destacar el valor de las prácticas parentales que promueven la autorregulación, la autonomía y la motivación intrínseca del niño. Liu et al., (2023) y Yong & Abdullah (2022) señalaron que el equilibrio entre control y afecto estimula la autoconfianza y la capacidad de planificación, elementos esenciales para el aprendizaje autorregulado. De forma complementaria, Tompkins (2025) enfatizó que las creencias parentales orientadas al razonamiento y al refuerzo positivo favorecen la internalización de normas y el desarrollo de una disciplina autónoma, en lugar de dependiente.
Finalmente, la evidencia científica acumulada entre 2020 y 2025 converge en una idea fundamental: los estilos de crianza autoritativos o democráticos, caracterizados por la combinación de exigencia, apoyo emocional y comunicación, generan condiciones propicias para el aprendizaje significativo, el desarrollo cognitivo y el bienestar socioemocional infantil (Li et al., 2025; Liu et al., 2023; Lari, 2023; Grätz et al., 2022; Yong & Abdullah, 2022). Por el contrario, las prácticas autoritarias, permisivas o negligentes tienden a obstaculizar el desarrollo integral y a perpetuar brechas en el rendimiento académico.
En este sentido, la presente revisión sistemática se propuso sintetizar la evidencia científica reciente sobre la influencia de los estilos de crianza en el aprendizaje infantil, a través del análisis comparativo de investigaciones publicadas entre 2020 y 2025. Los objetivos específicos fueron: a) comparar los resultados que analizan la relación entre los estilos de crianza y el aprendizaje infantil, considerando los enfoques teóricos, metodológicos y hallazgos principales; y b) identificar los tipos de estilos de crianza más estudiados y las dimensiones del aprendizaje infantil abordadas en las investigaciones recientes. Esta revisión contribuye a comprender, desde una perspectiva integral y actualizada, cómo las prácticas parentales configuran las trayectorias de aprendizaje y desarrollo en la infancia, ofreciendo implicaciones valiosas para la educación familiar y la formulación de políticas públicas orientadas al bienestar infantil.
Metodología
La investigación se desarrolló mediante un diseño de revisión sistemática de la literatura, siguiendo las directrices de la declaración PRISMA 2020 (Page et al., 2021), con el propósito de garantizar la transparencia, exhaustividad y reproducibilidad del proceso de búsqueda, selección y análisis de los estudios incluidos. Este enfoque metodológico permitió sintetizar de manera rigurosa la evidencia científica reciente sobre la relación entre los estilos de crianza y el aprendizaje infantil, considerando sus dimensiones cognitivas, emocionales y sociales en diversos contextos culturales y educativos.
La búsqueda de información se llevó a cabo exclusivamente en la base de datos Scopus, reconocida por su cobertura internacional y su alto nivel de confiabilidad en la indexación de literatura científica revisada por pares. La delimitación temporal comprendió los años 2020 a 2025, con la finalidad de incluir los estudios más actuales y relevantes que abordaran la influencia de los estilos parentales en el aprendizaje infantil. Este marco temporal resultó pertinente para reflejar los cambios sociales y educativos surgidos tras la pandemia, así como la evolución de las dinámicas familiares y escolares en la última década.
Para la identificación de los estudios, se emplearon combinaciones de palabras clave en inglés y español, como “parenting styles”, “child learning”, “academic performance”, “self-regulated learning” y “school readiness”, utilizando operadores booleanos que optimizaron la precisión y la amplitud de la búsqueda. Los criterios de inclusión establecieron que los artículos debían ser investigaciones originales o revisiones sistemáticas publicadas entre 2020 y 2025, centradas en la relación entre los estilos de crianza y el aprendizaje infantil, ya sea en dimensiones cognitivas, emocionales o académicas, redactadas en inglés o español, revisadas por pares y disponibles en texto completo. Se excluyeron los estudios duplicados, aquellos que no abordaban directamente las variables de crianza y aprendizaje, los que no especificaban metodología y los que se centraban en poblaciones adultas o en contextos distintos al educativo.
El proceso de selección se realizó de manera sistemática conforme al diagrama PRISMA que se presenta en el estudio. En una primera etapa se identificaron 103 artículos en Scopus, de los cuales 68 fueron eliminados tras aplicar filtros de tipo de documento, año y pertinencia temática. Posteriormente, se examinaron 35 artículos mediante la lectura de títulos y resúmenes, descartándose 11 por no cumplir con los criterios establecidos. Finalmente, se seleccionaron 12 estudios que cumplieron con los requisitos de calidad metodológica y relevancia temática, los cuales fueron analizados de manera detallada y comparativa. Este procedimiento permitió depurar el corpus bibliográfico de manera objetiva y garantizar la validez del proceso de revisión.
Cada artículo fue examinado cuidadosamente considerando autor, año, enfoque metodológico, características de la muestra, tipo de estilo de crianza analizado, dimensión del aprendizaje abordada y principales resultados. La información se organizó en matrices comparativas que facilitaron el análisis de coincidencias, divergencias y tendencias comunes entre los estudios. Se incluyeron investigaciones de carácter cuantitativo, cualitativo y de revisión teórica, lo que permitió una visión integral del fenómeno, considerando la diversidad de enfoques teóricos y metodológicos presentes en la literatura reciente.
El análisis de los datos se efectuó a través de un enfoque descriptivo y comparativo orientado a los objetivos de la investigación. En primer lugar, se evaluaron los resultados que explicaban la relación entre los estilos de crianza y el aprendizaje infantil, prestando atención a los fundamentos teóricos y metodológicos de cada estudio. Luego, se clasificaron los tipos de estilos parentales más investigados, tales como el autoritativo, autoritario, permisivo, negligente y el modelo de cultivo concertado (concerted cultivation), así como las dimensiones del aprendizaje infantil más abordadas, entre ellas el rendimiento académico, la autorregulación, la motivación, el bienestar psicológico y la adaptación escolar. Este análisis permitió identificar patrones de influencia, variables mediadoras y factores contextuales que explican cómo las prácticas parentales inciden en la formación integral del niño.
Finalmente, se mantuvieron los principios éticos y de integridad académica a lo largo de todo el proceso. Se aseguró el respeto a la propiedad intelectual mediante la adecuada citación de las fuentes y se garantizó la honestidad científica en la interpretación de los resultados. Al tratarse de una revisión documental sin la participación directa de seres humanos, no fue necesario el consentimiento informado ni la aprobación de un comité de ética. En conjunto, la metodología empleada permitió construir un análisis sólido, coherente y actualizado sobre la influencia de los estilos de crianza en el aprendizaje infantil, sustentado en evidencia empírica reciente y en una revisión sistemática desarrollada con criterios de rigor académico.
Desarrollo
Se identificaron doce investigaciones publicadas en los últimos 5 años vinculadas con la temática. Con base en ellas se efectuó el análisis comparativo que permitió extraer aproximaciones sustentadas sobre los estilos de crianza, el aprendizaje infantil y los resultados observados.
Tabla 1 Comparativos estilos de crianza
| Comparar los resultados que analizan la relación entre los estilos de crianza y el aprendizaje infantil, considerando los enfoques teóricos, metodológicos y los principales hallazgos reportados en la literatura reciente | ||
|---|---|---|
| Autor / año | Metodología | Resultados |
| Liu et al., (2025) | Estudio cuantitativo transversal con 839 niños de 3 a 6 años; cuestionarios de temperamento, ambiente familiar y prueba cognitiva aplicados en siete jardines privados. | La persistencia, sensibilidad y baja distracción mejoraron el rendimiento matemático y lingüístico; la receptividad y exigencia parental moderaron positivamente la relación entre temperamento y desarrollo cognitivo. |
| Ding & Leung (2025) | Estudio cuantitativo transversal con 3.191 parejas de padres y 148 docentes de 10 jardines en China. Se aplicó el modelo APIMoM mediante análisis SEM. | La crianza tipo concerted cultivation paterna y materna se asoció positivamente con la preparación escolar. La cercanía padre-hijo potenció este vínculo, mientras la cercanía madre-hijo lo atenuó. |
| Čupar et al., (2025) | Estudio transversal multinacional con 10.909 jóvenes de 10 países del sureste europeo. Se aplicaron regresiones jerárquicas con moderación por PIB per cápita. | El estilo autoritativo se asoció positivamente con el rendimiento y logro educativo; el autoritario y permisivo mostraron asociaciones negativas. El desarrollo económico moderó estas relaciones. |
| Giczi et al., (2024) | Revisión sistemática de 720 registros en Web of Science, Scopus y ERIC, aplicando PRISMA 2020; 13 estudios cumplieron criterios de inclusión. | La participación parental, el estilo de crianza y las habilidades de autorregulación influyeron significativamente en la preparación escolar; la insensibilidad, depresión materna y falta de calidez redujeron estas competencias. |
| Fute et al., (2024) | Estudio cuantitativo transversal con 1.557 adolescentes y padres en China. Se aplicaron análisis de regresión jerárquica y mediación con SPSS PROCESS y SEM. | El estilo parental positivo (aceptación emocional) mejoró el compromiso y logro académico; el rechazo y la sobreprotección redujeron ambos. El compromiso de aprendizaje medió parcialmente esta relación. |
| Isufi & Haskuka (2024) | Estudio cuantitativo transversal con 420 estudiantes de 11 a 14 años en Kosovo, mediante cuestionarios de estilos parentales, interacción docente y aprendizaje autorregulado. | El estilo autoritativo y la cooperación docente se correlacionaron positivamente con el aprendizaje autorregulado y el rendimiento académico; los estilos permisivo y autoritario mostraron correlaciones negativas. |
| Boșca & Cojocaru (2023) | Revisión teórica y de estudios longitudinales sobre estilos parentales, analizando los modelos de Baumrind, Maccoby & Martin en contextos culturales diversos. | El estilo autoritativo promovió autonomía, ajuste emocional y mejores logros académicos; el autoritario y negligente se vincularon con baja autoestima, problemas conductuales y menor rendimiento escolar. |
| Albulescu et al., (2023) | Estudio cuantitativo transversal con 231 estudiantes de primaria (8-11 años) en Rumania. Se aplicaron APQ-SF, CTAS-SF y pruebas estandarizadas de Matemáticas y Lengua Rumana. | La ansiedad en pruebas medió parcialmente la relación negativa entre baja supervisión parental y rendimiento académico; la supervisión deficiente y disciplina inconsistente redujeron el desempeño escolar. |
| Maia et al., (2022) | Estudio longitudinal con 288 estudiantes y padres brasileños entre 10 y 15 años. Se aplicaron cuestionarios PSI, PPI, PPS, SSRS y modelado de ecuaciones estructurales PLS. | Las habilidades sociales y las prácticas parentales positivas predijeron mejor desempeño académico; problemas de comportamiento y negligencia parental se asociaron con bajo rendimiento. |
| Sîtoiu & Pânisoară (2022) | Enfoque cuantitativo, diseño descriptivo-correlacional con 178 padres rumanos. Se aplicaron tres cuestionarios (ERQ, Optimism Scale y Parenting Styles Scale) analizados mediante correlaciones, ANOVA, regresión múltiple y análisis factorial confirmatorio. | El estilo autoritativo se asoció positivamente con la regulación emocional (r = 0.25, p < 0.001) y el optimismo (r = 0.29, p < 0.001). La regulación emocional predijo el 5% y el estilo autoritativo el 15% del optimismo parental. |
| Kim & Kim (2021) | Estudio cuantitativo transversal con datos del panel KCYPS 2018, aplicado a 2590 estudiantes de primer grado de secundaria en Corea, analizado mediante SEM y macro PROCESS. | El estilo de crianza positivo influyó indirectamente en el rendimiento académico a través de la autoestima y el compromiso académico, siendo este último el mediador más fuerte. |
| Flores de Lizaur & León del Barco (2024) | Estudio cuantitativo ex post facto, correlacional, descriptivo y transversal aplicado a 400 estudiantes universitarios mediante las escalas de Steinberg y Ryff. | El compromiso y la autonomía psicológica predijeron niveles altos de bienestar; el control conductual no presentó correlación significativa con el bienestar psicológico total. |
Los estudios revisados coincidieron en que los estilos de crianza ejercieron una influencia decisiva sobre el aprendizaje infantil, especialmente en el desarrollo cognitivo, emocional y académico. En los trabajos analizados se observó una tendencia consistente a favor del estilo autoritativo o democrático, el cual promovió un ambiente de apoyo emocional, comunicación abierta y supervisión equilibrada que fortaleció tanto la motivación como el rendimiento escolar (Čupar et al., 2025; Boșca & Cojocaru, 2023; Isufi & Haskuka, 2024).
Liu et al., (2025) demostraron que la sensibilidad parental y la receptividad reforzaron la relación entre temperamento infantil y desempeño cognitivo, subrayando el papel modulador del entorno familiar. De modo similar, Ding & Leung (2025) hallaron que la cercanía entre padres e hijos, característica de la crianza tipo concerted cultivation, favoreció la preparación escolar, aunque con variaciones según el género del progenitor. En contextos de desarrollo económico desigual, el estudio multinacional de Čupar et al., (2025) evidenció que el estilo autoritativo mantuvo una relación positiva con el logro académico, mientras que los estilos permisivo y autoritario se asociaron de forma negativa, siendo el nivel de desarrollo económico un factor moderador importante.
Otros trabajos destacaron la mediación de variables emocionales y sociales. Fute et al., (2024) y Kim & Kim (2021) confirmaron que el compromiso académico y la autoestima actuaron como mecanismos intermedios entre la crianza positiva y el rendimiento. Albulescu et al., (2023) añadieron que la ansiedad ante los exámenes medió negativamente la relación entre baja supervisión parental y desempeño escolar, resaltando el impacto del control inconsistente.
La dimensión emocional del clima familiar también emergió como clave. Sîtoiu & Pânisoară (2022) mostraron que la regulación emocional parental y el optimismo se vincularon positivamente con el estilo autoritativo. Por su parte, Maia et al., (2022) evidenciaron que las prácticas parentales positivas y las habilidades sociales predecían el éxito académico, mientras que la negligencia lo reducía significativamente. En conjunto, los hallazgos convergieron en que los estilos parentales positivos y equilibrados fomentaron el aprendizaje infantil y la adaptación escolar, en contraste con prácticas coercitivas, negligentes o sobreprotectoras, que limitaron el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños.
Tabla 2 Estilos de crianza y dimensiones de aprendizaje
| Identificar los tipos de estilos de crianza más estudiados y las dimensiones del aprendizaje infantil abordadas en las investigaciones publicadas en los últimos años | ||
|---|---|---|
| Autor / año | Tipo de estilo de crianza estudiado | Dimensión del aprendizaje infantil abordada |
| Liu et al., (2025) | Autoritativo (alta exigencia y alta respuesta) / Permisivo / Negligente (según niveles de exigencia y respuesta parental). | Cognición temprana: habilidades matemáticas y lingüísticas estandarizadas como indicadores del aprendizaje infantil. |
| Ding & Leung (2025) | Concerted cultivation (cultivo concertado) | Preparación escolar (school readiness): desarrollo cognitivo, social, emocional y de autorregulación. |
| Čupar et al., (2025) | Autoritativo, autoritario y permisivo | Rendimiento académico y nivel de logro educativo (autoinforme de calificaciones y nivel educativo alcanzado). |
| Giczi et al., (2024) | Autoritativo, sensible y apoyo parental (disciplina positiva y afecto) | Preparación escolar: autonomía, autorregulación, desarrollo social y emocional, lenguaje y rendimiento académico inicial. |
| Fute et al., (2024) | Aceptación emocional, rechazo y sobreprotección | Compromiso de aprendizaje (emocional, cognitivo y conductual) y rendimiento académico escolar. |
| Isufi & Haskuka (2024) | Autoritativo, autoritario y permisivo | Aprendizaje autorregulado (estrategias cognitivas, metacognitivas y de gestión) y rendimiento académico. |
| Boșca & Cojocaru (2023) | Autoritativo, autoritario, permisivo y negligente | Autonomía, ajuste socioemocional y rendimiento académico en la adolescencia. |
| Albulescu et al., (2023) | Parental positivo, disciplina inconsistente y baja supervisión | Rendimiento académico (Lengua Rumana y Matemáticas) mediado por ansiedad ante exámenes. |
| Maia et al., (2022) | Prácticas parentales positivas, negligentes, punitivas y de apoyo emocional | Desempeño académico, desarrollo cognitivo, social y físico durante la educación básica. |
| Sîtoiu & Pânisoară (2022) | Estilos autoritativo, autoritario y permisivo. | Regulación emocional, optimismo y bienestar psicológico parental que influyen en el desarrollo emocional y social de los hijos. |
| Kim & Kim (2021) | Estilo de crianza positivo (calidez, apoyo a la autonomía y estructura). | Logro académico: desempeño, motivación y compromiso escolar. |
| Flores de Lizaur & León del Barco (2024) | Compromiso, autonomía psicológica y control conductual, según el modelo de Darling y Steinberg. | Bienestar psicológico: relaciones positivas, autoaceptación, crecimiento personal, propósito vital, dominio del entorno y autonomía. |
Los estudios revisados evidenciaron una predominancia del estilo de crianza autoritativo como el más abordado en la literatura reciente sobre aprendizaje infantil. Este estilo, caracterizado por un equilibrio entre exigencia y respuesta afectiva, se vinculó de manera consistente con dimensiones cognitivas, emocionales y sociales del aprendizaje. Investigaciones como las de Liu et al., (2025), Čupar et al., (2025) y Isufi & Haskuka (2024) coincidieron en que la combinación de alta exigencia y apoyo parental fomentó un mejor rendimiento académico, la autorregulación y el desarrollo de habilidades cognitivas en contextos educativos diversos.
Asimismo, Ding & Leung (2025) introdujeron el enfoque del cultivo concertado (concerted cultivation), propio de sociedades orientales, donde la implicación activa de los padres en la educación temprana favoreció la preparación escolar en sus dimensiones cognitiva, social y emocional. Giczi et al., (2024) complementaron esta evidencia señalando que los estilos sensibles y basados en el apoyo parental incrementaron la autonomía y la autorregulación, aspectos fundamentales en la transición hacia la educación formal.
En contraposición, los estilos autoritario, permisivo y negligente se asociaron con efectos desfavorables en la motivación, el ajuste socioemocional y el rendimiento académico (Boșca & Cojocaru, 2023; Maia et al., 2022). Las prácticas punitivas, el control excesivo o la baja supervisión parental mostraron impactos negativos, especialmente en el aprendizaje autorregulado y el bienestar psicológico de los niños (Albulescu et al., 2023; Sîtoiu & Pânisoară, 2022).
Por otro lado, estudios como el de Fute et al., (2024) destacaron la dimensión emocional del aprendizaje, al demostrar que la aceptación afectiva y la ausencia de rechazo parental fortalecieron el compromiso cognitivo y conductual de los estudiantes. De forma complementaria, Kim & Kim (2021) vincularon la calidez y el apoyo a la autonomía con mayores niveles de motivación y logro académico. Finalmente, Flores de Lizaur & León del Barco (2024) ampliaron el análisis hacia el bienestar psicológico, subrayando la influencia del compromiso y la autonomía psicológica como dimensiones clave del desarrollo integral infantil.
Discusión de resultados
Los resultados obtenidos en esta revisión coincidieron ampliamente con la literatura reciente al confirmar que los estilos de crianza autoritativos o democráticos se asociaron de manera positiva con el aprendizaje infantil en sus dimensiones cognitiva, emocional y social. Este patrón de hallazgos resultó consistente con lo reportado por Čupar et al., (2025), quienes demostraron que la combinación de exigencia y apoyo parental generó un incremento significativo en el logro educativo, incluso al controlar factores económicos. De forma similar, Isufi & Haskuka (2024) evidenciaron que la cooperación docente y el estilo autoritativo potenciaron el aprendizaje autorregulado y el rendimiento académico, lo que refuerza la idea de que el acompañamiento emocional y la supervisión equilibrada son factores protectores del desempeño escolar.
El papel de la sensibilidad y receptividad parental como moderadores del desarrollo cognitivo fue corroborado por Liu et al., (2025), cuyos resultados mostraron que los niños con mayor persistencia y menor distracción alcanzaron rendimientos matemáticos y lingüísticos superiores cuando existía una relación cálida y exigente con los padres. Esta evidencia se relacionó directamente con lo planteado por Baumrind en el marco teórico, donde el estilo autoritativo favorece la autonomía y el control interno del comportamiento infantil. Asimismo, los hallazgos de Fute et al., (2024) complementaron esta tendencia al revelar que el compromiso de aprendizaje actuó como variable mediadora entre la aceptación emocional parental y el rendimiento académico, subrayando el rol de las emociones positivas en la motivación escolar.
En contraste, los estilos autoritario, permisivo y negligente se asociaron con efectos negativos sobre la adaptación y el rendimiento infantil, como lo señalaron Boșca & Cojocaru (2023). Estos autores documentaron que las prácticas coercitivas y la falta de calidez parental derivaron en baja autoestima, conductas problemáticas y bajo desempeño académico. Del mismo modo, Maia et al., (2022) encontraron que la negligencia parental y los problemas de comportamiento fueron predictores significativos de bajo rendimiento, lo cual coincide con el planteamiento de Cano (2022), quien explicó que las prácticas de crianza se configuran como respuestas adaptativas a contextos sociales desiguales, influyendo en las oportunidades de desarrollo cognitivo y educativo.
Por otra parte, Albulescu et al., (2023) aportaron una visión psicológica complementaria al evidenciar que la ansiedad ante exámenes medió la relación entre la supervisión parental deficiente y el rendimiento académico, indicando que los hijos de padres inconsistentes o poco atentos experimentaban mayores niveles de estrés y desempeño reducido. Este resultado coincide con lo descrito por Sîtoiu & Pânisoară (2022), quienes observaron que la regulación emocional parental y el optimismo predijeron una mayor estabilidad emocional en los hijos, fortaleciendo el vínculo entre bienestar familiar y aprendizaje.
La dimensión emocional del entorno familiar emergió, así como un eje transversal en los estudios revisados. Los resultados de Kim & Kim (2021) confirmaron que la autoestima y el compromiso académico mediaron la influencia del estilo positivo sobre el logro escolar, estableciendo que la motivación interna, más que la imposición externa, constituía el motor principal del aprendizaje sostenido. En conjunto, la evidencia analizada respaldó la hipótesis de que la crianza equilibrada basada en calidez, estructura y comunicación fortaleció las competencias cognitivas y emocionales necesarias para un desarrollo integral del niño.
El análisis comparativo permitió identificar al estilo de crianza autoritativo como el más estudiado y con mayor impacto positivo sobre las distintas dimensiones del aprendizaje infantil. Este resultado fue consistente con los hallazgos de Giczi et al., (2024), quienes señalaron que la participación parental sensible y las prácticas de apoyo fortalecieron la autonomía y la autorregulación, componentes esenciales para la preparación escolar. Igualmente, los estudios de Liu et al., (2025) y Čupar et al., (2025) reafirmaron la relevancia de un equilibrio entre afecto y exigencia, destacando que esta combinación propició un ambiente emocional seguro que estimuló la curiosidad y la perseverancia.
En oposición, los estilos coercitivos o permisivos limitaron el desarrollo cognitivo y emocional, reforzando la evidencia empírica de que la ausencia de control o la imposición excesiva interfiere con la formación de hábitos de aprendizaje autónomos. Boșca & Cojocaru (2023) y Maia et al., (2022) coincidieron en que la falta de límites coherentes o la rigidez disciplinaria generaron déficits en la autorregulación, aspectos críticos para la transición hacia la educación formal. Desde una perspectiva teórica, estos resultados se alinearon con el modelo de Maccoby & Martin, que extendió la clasificación de Baumrind y destacó la importancia del balance entre “exigencia” y “responsividad” parental.
Asimismo, la revisión evidenció la presencia de nuevos enfoques culturales como el modelo de “cultivo concertado” descrito por Ding & Leung (2025). Este estilo, característico de contextos asiáticos, resaltó el papel de la involucración parental activa en la estimulación cognitiva y la preparación escolar temprana. Los resultados de dicho estudio mostraron que la cercanía padre-hijo potenció la relación entre la crianza y la disposición escolar, mientras que la cercanía madre-hijo presentó un efecto atenuador, lo cual sugiere diferencias de rol parental según el contexto sociocultural. Esta evidencia coincidió parcialmente con los hallazgos de Lari (2023), quien argumentó que las normas culturales determinan la interpretación del afecto y la autoridad en distintas sociedades, por lo que los resultados deben analizarse bajo una lente intercultural.
De modo complementario, Flores de Lizaur & León del Barco (2024) ampliaron la comprensión de los efectos de la crianza al integrar el bienestar psicológico como dimensión del aprendizaje universitario, demostrando que el compromiso y la autonomía psicológica, más que el control conductual, predijeron niveles elevados de bienestar y satisfacción personal. Estos hallazgos apoyaron la noción de continuidad evolutiva, donde las experiencias tempranas de crianza influyen en la autorrealización y la salud emocional a largo plazo, en consonancia con las ideas intergeneracionales planteadas por Li et al., (2025) sobre la transmisión de factores psicosociales entre generaciones.
Un hallazgo clave de esta revisión fue la identificación de variables mediadoras que explicaron parcialmente la relación entre los estilos parentales y los resultados del aprendizaje. Entre ellas, la autorregulación, el compromiso académico, la autoestima y la ansiedad destacaron como mecanismos psicológicos relevantes. Los estudios de Kim & Kim (2021) y Fute et al., (2024) coincidieron en que el compromiso académico fue el mediador más fuerte entre la crianza positiva y el rendimiento, mientras que Albulescu et al., (2023) resaltaron la ansiedad como factor inhibidor del aprendizaje. Esta dualidad sugiere que los efectos parentales no son lineales, sino que dependen del equilibrio entre control, apoyo emocional y autonomía.
El nivel de desarrollo económico emergió también como un factor moderador de los efectos parentales, según lo evidenciado por Čupar et al., (2025), quienes demostraron que los países con mayor PIB per cápita mostraron relaciones más sólidas entre el estilo autoritativo y el logro académico. Este hallazgo se articuló con la perspectiva de Cano (2022), que planteó que las condiciones estructurales determinan las estrategias de crianza y su efectividad, al influir en los recursos emocionales y educativos disponibles en el hogar.
En cuanto a la dimensión cultural, Lari (2023) enfatizó que los valores tradicionales, la religión y las normas sociales influyen en la definición de lo que se considera “buena crianza”. Este argumento explicó las discrepancias entre los resultados observados en contextos orientales y occidentales, donde la autonomía o la obediencia pueden tener significados opuestos pero funcionales en su respectivo entorno. De esta forma, la diversidad cultural se consolidó como un componente explicativo esencial para interpretar los patrones parentales y sus efectos sobre el aprendizaje.
Los resultados de esta revisión reforzaron el valor de la teoría clásica de Baumrind, que establece el estilo autoritativo como el más favorable para el desarrollo integral, pero también ampliaron la comprensión del fenómeno al integrar factores contextuales y emocionales. La incorporación de enfoques contemporáneos, como el “cultivo concertado” o la “crianza positiva”, permitió reconocer que la efectividad de las prácticas parentales depende de su ajuste cultural y emocional más que de su tipología rígida.
Desde una perspectiva educativa, los hallazgos sugirieron que los programas de orientación familiar y las intervenciones psicoeducativas deben centrarse en fortalecer la comunicación, la empatía y la regulación emocional de los padres, promoviendo un clima de aprendizaje afectivo que favorezca la motivación intrínseca del niño. Asimismo, los resultados apoyaron la necesidad de políticas públicas que consideren la transmisión intergeneracional de la crianza (Li et al., 2025) como un componente estructural del bienestar infantil, integrando la formación parental dentro de los marcos de equidad educativa.
Conclusiones
El estudio cumplió con los objetivos propuestos al sintetizar y comparar la evidencia reciente (2020-2025) sobre la relación entre los estilos de crianza y el aprendizaje infantil, e identificar los estilos y dimensiones del aprendizaje más abordados. La revisión mostró de manera consistente que el estilo autoritativo o democrático, caracterizado por alta exigencia y alta responsividad, se asoció con mejores indicadores cognitivos, socioemocionales y académicos. En particular, se observó que la calidez, la comunicación y la estructura parental se vincularon con mayor autorregulación, motivación y rendimiento, mientras que las prácticas autoritarias, permisivas o negligentes se relacionaron con menor ajuste emocional y peores resultados educativos.
Asimismo, el análisis integró hallazgos sobre variables mediadoras y moderadoras. La autorregulación, la autoestima, el compromiso académico y la ansiedad explicaron parcialmente los efectos de la crianza sobre el rendimiento, destacándose el rol facilitador del compromiso y el efecto inhibidor de la ansiedad en contextos de supervisión inconsistente. A nivel contextual, el desarrollo económico del país y los marcos socioculturales condicionaron la fuerza y dirección de estas asociaciones, lo que sostuvo que la efectividad de un estilo de crianza dependió de su ajuste a condiciones estructurales, recursos familiares y normas culturales.
En cuanto al segundo objetivo, se identificó al estilo autoritativo como el más estudiado y el de mayor impacto positivo, seguido por aproximaciones específicas como el “cultivo concertado” en contextos orientales, el cual se vinculó con una mejor preparación escolar. Las dimensiones del aprendizaje más analizadas abarcaron rendimiento académico, preparación escolar, aprendizaje autorregulado y bienestar psicológico, evidenciando la naturaleza multidimensional del aprendizaje infantil y su sensibilidad al clima emocional del hogar.
En conjunto, la revisión concluyó que los entornos parentales que combinaron exigencia con apoyo afectivo favorecieron trayectorias de aprendizaje más sólidas y adaptativas. Estos resultados sustentaron la pertinencia de intervenciones psicoeducativas orientadas a fortalecer la comunicación, la empatía y la regulación emocional de madres y padres, así como de políticas que contemplaron los condicionantes estructurales e intergeneracionales de la crianza para promover la equidad educativa y el desarrollo integral infantil.















