Introducción
La nutrición durante la infancia constituye uno de los pilares fundamentales para el desarrollo integral del ser humano, debido a su influencia directa en el crecimiento físico, el desarrollo cognitivo y el bienestar general a lo largo del ciclo de vida. El estado nutricional resulta de la interacción entre la ingesta de alimentos y las adaptaciones fisiológicas del organismo destinadas a satisfacer las demandas metabólicas necesarias para un funcionamiento adecuado (Santos & Barros, 2022; Victora et al., 2008).
En el contexto educativo, este equilibrio adquiere especial relevancia, dado que la etapa escolar coincide con periodos de rápido crecimiento y maduración biológica que pueden influir significativamente en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños (Victora et al., 2008; Grantham-McGregor et al., 2007).
La malnutrición en niños en edad escolar está influida por factores socioeconómicos, ambientales y de salud que afectan su desarrollo y trayectoria educativa (Amoadu et al., 2024). A nivel mundial, continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública, incluyendo tanto la desnutrición como el sobrepeso y la obesidad (Best et al., 2011). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021), millones de niños presentan nutrición inadecuada, lo que impacta en la morbilidad, mortalidad y desarrollo cognitivo.
Desde una perspectiva epidemiológica, el estado nutricional constituye un indicador clave del equilibrio entre la ingesta de nutrientes y las necesidades fisiológicas del organismo, ya que refleja tanto la disponibilidad alimentaria como la capacidad biológica para utilizar dichos nutrientes. Su evaluación permite identificar alteraciones como la desnutrición, el sobrepeso y la obesidad, condiciones que pueden afectar el crecimiento, el desarrollo y la salud general de la población infantil (Black et al., 2013). En la edad escolar, el estado nutricional adquiere particular importancia debido a que los niños atraviesan una etapa de crecimiento sostenido y de elevada demanda energética y nutricional.
La valoración del estado nutricional infantil se realiza mediante indicadores antropométricos como la talla para la edad, el peso para la edad y el índice de masa corporal para la edad. Estos permiten evaluar distintas dimensiones del crecimiento: la talla para la edad refleja desnutrición crónica o retraso del crecimiento infantil, el peso para la edad condiciones recientes y el IMC identifica bajo peso, sobrepeso y obesidad (de Onis et al., 2016; OMS, 2006). Su uso facilita la comparación entre poblaciones y la orientación de intervenciones en salud pública.
En las últimas décadas, el panorama nutricional de la población infantil ha experimentado cambios importantes asociados a la denominada transición nutricional, caracterizada por la coexistencia de distintas formas de malnutrición. Mientras en diversas regiones de África, Asia y América Latina persisten elevados niveles de desnutrición infantil y retraso en el crecimiento, paralelamente se observa un incremento sostenido del sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes. Este fenómeno ha sido denominado “doble carga de la malnutrición”, término que describe la presencia simultánea de desnutrición y exceso de peso dentro de una misma población (Raytta-Silva et al., 2025; Victora et al., 2008).
Diversas investigaciones internacionales evidencian la magnitud de este fenómeno. En Sudáfrica, estudios realizados en la municipalidad de Thulamela (Bakali et al., 2026) identificaron una elevada prevalencia de retraso en el crecimiento junto con un incremento progresivo de sobrepeso y obesidad en escolares, lo que refleja un proceso complejo de transición nutricional. De manera similar, investigaciones desarrolladas en la metrópolis de Port Harcourt, en Nigeria, reportaron la coexistencia de bajo peso y exceso de peso entre los estudiantes, confirmando la presencia de esta doble carga como un problema relevante de salud pública (Uzosike et al., 2020).
En América Latina, Peralta et al., (2023) explicó que los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del Ecuador (ENSANUT) en 2018 mostraron un 35,4% de sobrepeso u obesidad en la población escolar, mientras que el 25,2% presentó desnutrición crónica expresada como talla baja para la edad. Este escenario evidencia cómo la insuficiencia de micronutrientes esenciales y el creciente consumo de alimentos hipercalóricos de bajo valor nutricional coexisten, configurando un entorno nutricional que puede limitar el desarrollo físico y cognitivo de la población infantil. En este contexto, la nutrición infantil influye directamente en el desarrollo cognitivo y en el desempeño escolar, dado que las deficiencias nutricionales durante esta etapa pueden afectar procesos fisiológicos clave para el aprendizaje (Ali & Mouzaki, 2024; Taras, 2005, Florence et al.,2008).
En cuanto al rendimiento académico, este puede definirse como el nivel de logro alcanzado por los estudiantes en relación con los objetivos de aprendizaje establecidos dentro del sistema educativo. Este indicador suele expresarse a través de calificaciones, promedios escolares o niveles de logro obtenidos en evaluaciones institucionales, los cuales reflejan el grado de adquisición de conocimientos, habilidades cognitivas y competencias desarrolladas durante el proceso educativo (Florence et al., 2024).
Entre los métodos más utilizados para evaluar el rendimiento académico se encuentra el análisis de los promedios generales de calificaciones escolares o grade point average (GPA), obtenidos a partir de los registros institucionales o de los boletines académicos acumulativos de los estudiantes. Asimismo, en el campo de la investigación educativa también se emplean pruebas estandarizadas diseñadas para evaluar habilidades específicas como comprensión lectora, razonamiento matemático, memoria de trabajo y capacidad de resolución de problemas (Burrows et al., 2017).
Cada uno de estos enfoques presenta ventajas y limitaciones, ya que mientras las calificaciones escolares reflejan el desempeño académico en el contexto educativo real, las pruebas estandarizadas permiten medir con mayor precisión determinadas capacidades cognitivas asociadas al aprendizaje.
Esta diversidad en los métodos de evaluación puede influir en los resultados de investigación, lo que explica las diferencias reportadas en la relación entre estado nutricional y rendimiento académico. Mientras algunos trabajos utilizan registros escolares internos, otros recurren a pruebas estandarizadas internacionales o evaluaciones específicas de habilidades cognitivas. Esta variabilidad metodológica constituye uno de los factores que puede explicar por qué ciertos estudios reportan asociaciones significativas entre nutrición y rendimiento académico, mientras que otros no encuentran relaciones estadísticamente relevantes.
Desde una perspectiva biológica, la relación entre nutrición y aprendizaje se explica por el papel de los nutrientes en el desarrollo cerebral y los procesos cognitivos (Adolphus et al., 2013). Durante la infancia, el sistema nervioso central atraviesa etapas críticas de maduración, como la mielinización neuronal (Dessie et al., 2025; Peralta et al., 2023; Zerga et al., 2022). Un aporte insuficiente de nutrientes puede afectar funciones como la atención, la memoria y el aprendizaje, generando dificultades de concentración y menor interés escolar (Aliyu et al., 2023; Hamdan & Al-Jarrah, 2024).
Un aporte insuficiente de nutrientes durante este periodo puede afectar el funcionamiento de los circuitos neuronales relacionados con la atención, la memoria y la capacidad de aprendizaje (Dessie et al., 2025; Hamdan & Al-Jarrah, 2024). Como consecuencia, los escolares que presentan deficiencias nutricionales pueden experimentar dificultades de concentración, fatiga y menor interés por las actividades escolares (Aliyu et al., 2023; Hamdan & Al-Jarrah, 2024; Peralta et al., 2023).
A partir de estos fundamentos, diversas investigaciones han explorado la relación entre el estado nutricional infantil y el rendimiento académico. En términos generales, la literatura científica señala que indicadores antropométricos como la talla para la edad, el peso para la edad y el índice de masa corporal para la edad constituyen variables relevantes para comprender el desempeño escolar, debido a su relación con procesos cognitivos como la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje (Glewwe et al., 2001; Jamalzehi et al., 2024; Peralta et al., 2023; Florence, et al., 2024).
En relación con la talla para la edad, diversos autores han reportado que el retraso en el crecimiento se asocia con menores niveles de rendimiento escolar, especialmente en áreas como matemáticas, lenguaje y vocabulario (Aliyu et al., 2023; Dessie et al., 2025; Oguejiofor & Nwankwo, 2023; Uzosike et al., 2020). De manera similar, investigaciones recientes señalan que los estudiantes con peso adecuado suelen obtener mejores evaluaciones académicas que aquellos con bajo peso, lo que sugiere que el estado nutricional puede influir en el desarrollo de funciones cognitivas relacionadas con la memoria, la atención y la resolución de problemas (Jamalzehi et al., 2024).
A pesar de la evidencia existente, los resultados siguen siendo inconsistentes. Algunos estudios no han encontrado asociaciones estadísticamente significativas entre el estado nutricional y el rendimiento académico. Investigaciones realizadas en distintos contextos internacionales reportan que indicadores como la talla para la edad o el índice de masa corporal no mostraron una influencia significativa sobre los resultados escolares (Santos & Barros, 2022). Asimismo, Beressa et al., (2024) señalaron que variables como la talla para la edad, el IMC para la edad y la diversidad dietética no presentaron efectos directos ni indirectos sobre el rendimiento académico en determinadas poblaciones.
Estas diferencias pueden explicarse por diversos factores, entre ellos las características socioeconómicas de las poblaciones estudiadas, las condiciones del entorno educativo y las metodologías empleadas para medir el rendimiento académico. En consecuencia, la relación entre el estado nutricional y el desempeño escolar debe comprenderse como un fenómeno complejo y multifactorial.
En el contexto peruano, la situación nutricional infantil continúa siendo un tema prioritario de salud pública. A pesar de los avances registrados en la reducción de la desnutrición crónica durante las últimas décadas, aún persisten importantes desigualdades regionales, especialmente en zonas rurales y andinas. Regiones como Cajamarca han presentado históricamente prevalencias elevadas de problemas nutricionales en la población infantil, situación que puede repercutir no solo en el crecimiento físico, sino también en el desarrollo cognitivo y educativo de los escolares (INEI, 2023).
En cuanto a los indicadores educativos, en la región Cajamarca se evidencian desafíos importantes en términos de rendimiento académico, caracterizados por bajos niveles de logro satisfactorio en áreas clave como matemática y lectura, así como marcadas brechas entre zonas urbanas y rurales. Esta situación se asocia a diversos factores estructurales, como condiciones de pobreza, acceso limitado a servicios básicos, restricciones en conectividad digital y problemáticas sociales que afectan el entorno educativo, configurando un escenario complejo que tienen efectos negativos en el desempeño escolar de los estudiantes.
A pesar de la creciente producción científica sobre el tema, aún persisten vacíos de conocimiento que justifican la realización de nuevas investigaciones. Gran parte de los estudios disponibles utiliza diseños de tipo transversal, lo que limita la posibilidad de establecer relaciones causales o analizar cómo los efectos de la malnutrición pueden evolucionar a lo largo de la trayectoria escolar. La frecuente utilización de este tipo de diseño se explica, en gran medida, por su menor costo, rapidez de ejecución y menor complejidad logística, ya que la recolección de datos se realiza en un único momento, sin necesidad de seguimiento de los participantes en el tiempo.
En contraste, los estudios longitudinales requieren un mayor tiempo de desarrollo, financiamiento sostenido, infraestructura para el seguimiento de los participantes y estrategias para evitar la pérdida de sujetos durante el estudio, lo que incrementa significativamente los costos y la complejidad operativa. Asimismo, estos diseños suelen demandar alianzas institucionales y financiamiento externo para garantizar su viabilidad, especialmente en contextos con limitaciones de recursos. Por ello, los estudios transversales se constituyen en una alternativa metodológica accesible para explorar asociaciones y generar hipótesis iniciales, aunque con limitaciones para establecer relaciones de causalidad.
En este sentido, son relativamente escasas las investigaciones que examinan simultáneamente distintos indicadores antropométricos en escolares de 6 a 13 años, una etapa crucial en la que se consolidan los hábitos alimentarios y se intensifican las demandas cognitivas del proceso educativo.
Bajo este enfoque, la presente investigación adquiere particular importancia tanto para el ámbito de la salud pública como para el sistema educativo, dado que comprender la relación entre el estado nutricional y el rendimiento académico puede aportar evidencia científica valiosa para orientar el diseño de intervenciones dirigidas a mejorar simultáneamente la salud y el aprendizaje de la población escolar.
En este contexto, es necesario generar evidencia empírica que permita comprender con mayor precisión de qué manera las condiciones nutricionales pueden influir en el desempeño académico de los escolares, particularmente en contextos específicos donde persisten desigualdades sociales y nutricionales.
En concordancia con lo expuesto, el objetivo del presente estudio fue determinar la asociación entre el estado nutricional y el rendimiento académico en escolares de educación primaria de una institución educativa pública de Cajamarca, Perú.
Metodología
El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con diseño no experimental y nivel correlacional, debido a que se buscó determinar la relación existente entre el estado nutricional y el rendimiento académico en estudiantes de educación primaria, sin intervenir directamente en las condiciones de los participantes ni manipular deliberadamente las variables de estudio.
La población de estudio estuvo conformada por 400 estudiantes matriculados en el nivel de educación primaria de una institución educativa pública de la región Cajamarca, ubicada en la ciudad de Cajamarca, Perú, durante el periodo académico correspondiente al año de estudio. Los estudiantes se encuentran distribuidos en los diferentes grados del nivel primario y sus edades corresponden principalmente a la etapa de niñez escolar, comprendida entre los 6 y 13 años. El estudio se desarrolló bajo un análisis censal, ya que se incluyó a la totalidad de estudiantes disponibles en la población de interés, lo que permitió una mayor representatividad y cobertura de los escolares evaluados.
Asimismo, se incluyeron en el estudio los alumnos matriculados en el nivel de educación primaria que contaban con registro académico completo en la institución educativa y que participaron en la evaluación antropométrica realizada durante la investigación. Se excluyeron aquellos estudiantes que no se encontraban presentes al momento de la medición de peso y talla o que presentaban información incompleta en las variables analizadas.
La primera variable fue el estado nutricional, evaluado mediante indicadores antropométricos. Se utilizó el índice de masa corporal (IMC), calculado a partir del peso y la talla, lo que permitió clasificar a los escolares en delgadez, estado nutricional normal, sobrepeso y obesidad, según los puntos de corte establecidos para población infantil por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2007). Asimismo, se consideró el indicador talla para la edad, con el fin de identificar posibles alteraciones del crecimiento lineal asociadas a desnutrición crónica.
El peso se midió en kilogramos con una balanza digital previamente calibrada, mientras que la talla se registró en metros mediante un tallímetro portátil. Las mediciones fueron realizadas por la investigadora siguiendo procedimientos antropométricos estandarizados, garantizando la precisión y confiabilidad de los datos.
La segunda variable fue el rendimiento académico, evaluado a partir de las calificaciones obtenidas en las distintas áreas curriculares durante el periodo correspondiente. En el sistema educativo peruano, el logro de aprendizaje se expresa mediante una escala cualitativa conformada por los niveles AD (logro destacado), A (logro esperado), B (en proceso) y C (en inicio), según lo establecido por el Ministerio de Educación del Perú (MINEDU, 2026). Con base en estas valoraciones se determina la condición final del estudiante al término del año escolar: promovido, en proceso de reforzamiento o repite el grado. Los estudiantes en reforzamiento participan en un periodo adicional de nivelación, tras el cual son reevaluados para definir su situación final.
Para el análisis estadístico, la condición final fue recodificada en dos categorías: promovido y no promovido. Se consideró como promovidos a quienes aprobaron el grado en el proceso regular o después del reforzamiento pedagógico, y como no promovidos a aquellos que repitieron el grado.
La recolección de datos combinó la revisión documental y la medición antropométrica. La información del rendimiento académico se obtuvo de los registros oficiales de la institución educativa, que incluyen calificaciones por áreas curriculares y la condición final del estudiante, conforme a la normativa del Ministerio de Educación del Perú (MINEDU, 2026). Por su parte, el peso y la talla se obtuvieron mediante mediciones directas siguiendo procedimientos estandarizados para la evaluación nutricional en población escolar.
Como instrumento se utilizó una ficha de registro de datos, que permitió sistematizar la información correspondiente a las variables de estudio, tales como edad, grado de estudios, peso, talla, índice de masa corporal y rendimiento académico. Este instrumento fue diseñado considerando los indicadores necesarios para el análisis de las variables del estudio y facilitó la organización, codificación y sistematización de los datos para su posterior procesamiento estadístico. La ficha de recolección de datos fue revisada por juicio de expertos para garantizar su validez de contenido.
Para el análisis de la información se empleó estadística descriptiva mediante la elaboración de tablas de frecuencia y porcentajes, lo que permitió caracterizar el estado nutricional de los estudiantes y su distribución según grado de estudios y otras variables relevantes. Asimismo, se aplicó la prueba estadística de Chi-cuadrado de Pearson con el propósito de determinar la existencia de relación estadísticamente significativa entre el estado nutricional y el rendimiento académico de los estudiantes, considerando un nivel de significancia estadística de 0,05 (Martínez, 2019). El procesamiento y análisis de los datos se realizó mediante el software estadístico SPSS versión 26, lo que permitió una adecuada gestión y análisis de la información recopilada.
El estudio se desarrolló respetando los principios éticos de la investigación científica. La información recopilada fue utilizada exclusivamente con fines académicos, garantizando la confidencialidad de los datos y el anonimato de los estudiantes participantes. Asimismo, se contó con la autorización de la institución educativa para el acceso a los registros académicos y la realización de las evaluaciones antropométricas correspondientes. Debido a que los participantes eran menores de edad, se obtuvo el consentimiento informado de los padres o apoderados, así como el asentimiento de los estudiantes, asegurando su participación voluntaria y el respeto a sus derechos durante todo el proceso de investigación.
Resultados
Los resultados muestran un alto porcentaje global de estudiantes promovidos (≈ 89%), lo que indica un nivel favorable de rendimiento académico en la población evaluada. Sin embargo, al desagregar por características sociodemográficas, se evidencian diferencias importantes (Ver Tabla 1).
En relación con el grado de estudios, se observa que los estudiantes de primer grado alcanzan el 100% de promoción, lo cual podría explicarse por la menor exigencia académica en los primeros niveles y la aplicación de enfoques pedagógicos más flexibles y formativos en los primeros años de escolaridad. En contraste, los grados intermedios, especialmente cuarto (71,6%) y quinto grado (77,8%), presentan los menores porcentajes de promoción, lo que sugiere un incremento en la complejidad de los contenidos curriculares y mayores demandas cognitivas. Esta disminución podría estar asociada a dificultades acumulativas en el aprendizaje, así como a factores externos como apoyo familiar limitado o condiciones socioeconómicas desfavorables (Ver Tabla 1).
Respecto al sexo, no se evidencian diferencias relevantes entre estudiantes femeninos y masculinos, lo que sugiere que el rendimiento académico en esta población no está influenciado significativamente por el género. Este hallazgo es consistente con estudios recientes que señalan una reducción de las brechas de género en el acceso y desempeño educativo en educación primaria.
En cuanto al grupo de edad, los estudiantes de 6 a 7 años presentan el mayor porcentaje de promoción (97,2%), mientras que el grupo de 8 a 10 años muestra una menor proporción (85,2%), con una ligera recuperación en el grupo de 11 a 13 años (88,2%).
Tabla 1 Distribución del rendimiento académico según grado de estudios, sexo y grupo de edad en escolares evaluados (n = 400)
| Característica | Rendimiento académico | |
|---|---|---|
| Promovido n (%) | No promovido n (%) | |
| Grado de estudios | ||
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| Sexo | ||
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| Grupo de edad | ||
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Nota: n=frecuencia absoluta; %=porcentaje
Este comportamiento podría explicarse porque, a medida que aumenta la edad, los estudiantes enfrentan mayores exigencias académicas y posibles rezagos en el aprendizaje que afectan su desempeño. Asimismo, factores como la sobreedad escolar, repitencia previa o condiciones familiares pueden influir en estos resultados.
Estos resultados evidencian que el rendimiento presenta variaciones más marcadas según grado y edad que por condiciones individuales aisladas, lo que respalda la naturaleza multifactorial del desempeño escolar. Es decir, factores pedagógicos, evolutivos y contextuales podrían tener un peso mayor que el estado nutricional por sí solo, lo cual es coherente con la ausencia de asociación significativa encontrada en el estudio.
En referencia a la talla para la edad los resultados evidencian un predominio de talla normal en todos los grupos analizados, lo que sugiere que la mayoría de los escolares presenta un crecimiento acorde con su edad. Sin embargo, se observa una proporción no despreciable de talla baja lo que indica la presencia de desnutrición crónica en un segmento importante de la población estudiada (Ver Tabla 2).
Tabla 2 Distribución del estado nutricional según talla para la edad por grado de estudios, grupo de edad y sexo en escolares evaluados (n = 400)
| Talla/Edad | |||
|---|---|---|---|
| Característica | Talla baja n (%) | Talla normal n (%) | Talla alta n (%) |
| Grado de estudios | |||
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| Sexo | |||
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| Grupo de edad | |||
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Nota: n=frecuencia absoluta; %=porcentaje
En relación con el grado de estudios, la mayor frecuencia de talla baja se observa en segundo grado, mientras que en los demás grados los valores oscilan entre 12% y 17%. Esta variabilidad podría estar asociada a condiciones acumulativas de nutrición deficiente en etapas tempranas de la vida, ya que la talla baja refleja procesos prolongados de malnutrición más que situaciones recientes (Ver Tabla 2).
Respecto al grupo de edad, los escolares de 11 a 13 años presentan la mayor proporción de talla baja, lo que sugiere que los efectos de la desnutrición crónica se hacen más evidentes con el crecimiento, especialmente en etapas donde se incrementan las demandas nutricionales. En contraste, los grupos de menor edad presentan proporciones ligeramente menores, aunque igualmente relevantes desde el punto de vista de salud pública.
En cuanto al sexo, no se observan diferencias marcadas entre niñas y niños en la prevalencia de talla baja, lo que indica que la desnutrición crónica afecta de manera similar a ambos grupos.
Los resultados del IMC/edad evidencian un predominio de estado nutricional normal en la mayoría de los escolares, sin embargo, se observa una importante presencia de malnutrición en sus diferentes formas, incluyendo tanto delgadez como sobrepeso y obesidad, lo que refleja un escenario de doble carga de malnutrición (Ver Tabla 3).
En relación con el grado de estudios, se identifica una tendencia relevante: en los dos primeros grados predomina el estado nutricional normal, mientras que en los grados intermedios (tercero, cuarto y quinto) se observa una disminución del porcentaje de normalidad y un incremento tanto de la delgadez como del exceso de peso.
Destaca especialmente el cuarto grado, donde la delgadez alcanza el 25,4%, y el quinto grado, donde la obesidad llega al 13,0%, lo que sugiere una mayor vulnerabilidad nutricional en estas etapas. Esta situación podría explicarse por cambios en los hábitos alimentarios, mayor autonomía en la elección de alimentos y variaciones en el entorno familiar y escolar (Ver Tabla 3).
Respecto al grupo de edad, se observa que la delgadez aumenta progresivamente con la edad, pasando de 4,7% en el grupo de 6 a 7 años a 21,2% en los de 11 a 13 años. Asimismo, el porcentaje de estado nutricional normal disminuye conforme aumenta la edad, mientras que el sobrepeso y la obesidad se mantienen en niveles relativamente constantes. Estos hallazgos podrían reflejar cambios en los estilos de vida, como una alimentación inadecuada, menor actividad física o condiciones socioeconómicas que afectan la calidad de la dieta.
Tabla 3 Distribución del estado nutricional según índice de masa corporal para la edad (IMC/edad) por grado de estudios, sexo y grupo de edad en escolares evaluados (n = 400)
| IMC | ||||
|---|---|---|---|---|
| Característica | Delgadez n (%) | Normal n (%) | Sobrepeso n (%) | Obesidad n (%) |
| Grado de estudios | ||||
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| Sexo | ||||
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| Grupo de edad | ||||
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Nota: Clasificación del estado nutricional basada en los estándares de crecimiento de la Organización Mundial de la Salud para IMC según edad (2007).
En cuanto al sexo, no se evidencian diferencias significativas entre niñas y niños, ya que ambos presentan proporciones similares en todas las categorías de IMC. Esto indica que la malnutrición, en sus distintas formas, afecta de manera comparable a ambos grupos (Ver Tabla 3).
El Perú enfrenta actualmente una transición nutricional, caracterizada por la coexistencia de problemas de desnutrición y un incremento sostenido del sobrepeso y la obesidad en población infantil. En este sentido, los resultados del estudio son consistentes con esta tendencia, al evidenciar la presencia simultánea de delgadez en algunos grupos y exceso de peso (sobrepeso y obesidad combinados que superan el 20% en determinados grados).
En regiones como Cajamarca, estas problemáticas suelen estar asociadas a desigualdades socioeconómicas, inseguridad alimentaria y cambios en los patrones de consumo, lo que contribuye a la coexistencia de ambas formas de malnutrición.
Tabla 4 Relación entre talla para la edad y rendimiento académico en estudiantes de educación primaria
| Talla/Edad | Rendimiento académico | ||
|---|---|---|---|
| Promovido n (%) | No promovido n (%) | Total n (%) | |
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| Total | 356 (89,0) | 44 (11,0) | 400 (100,0) |
Prueba estadística: Chi-cuadrado de Pearson = 0,812; gl = 2; p = 0,666
Al analizar la distribución, se evidencia que, tanto en los estudiantes con talla normal como en aquellos con talla baja, la mayoría alcanza la promoción escolar. De manera similar, los escolares con talla alta también presentan una alta proporción de promoción. En cuanto a los no promovidos, estos se distribuyen en menor proporción entre las tres categorías, sin mostrar diferencias marcadas (Ver Tabla 4).
Desde el punto de vista estadístico, la prueba de Chi-cuadrado de Pearson (χ² = 0,812; p = 0,666) indica que no existe una asociación estadísticamente significativa entre la talla para la edad y el rendimiento académico en los estudiantes evaluados. Es decir, las diferencias observadas en la promoción escolar no dependen del estado nutricional medido a través de la talla para la edad (Ver Tabla 4).
Al analizar la distribución entre las categorías de IMC, se observa que la mayor proporción de estudiantes promovidos corresponde al grupo con estado nutricional normal, seguido de aquellos con sobrepeso, delgadez y obesidad. En los no promovidos, el grupo con mayor frecuencia es también el de estado nutricional normal, seguido de delgadez, obesidad y sobrepeso. No se aprecian diferencias marcadas en la distribución del rendimiento académico entre las distintas categorías de IMC (Ver Tabla 5).
Desde el punto de vista estadístico, la prueba de Chi-cuadrado de Pearson (χ² = 5,601; p = 0,133) indica que no existe una asociación estadísticamente significativa entre el diagnóstico nutricional según IMC y el rendimiento académico en los estudiantes evaluados.
Tabla 5 Relación entre el diagnóstico nutricional según índice de masa corporal y el rendimiento académico en estudiantes de educación primaria
| Diagnóstico IMC | Rendimiento académico | ||
|---|---|---|---|
| Promovido n (%) | No promovido n (%) | Total n (%) | |
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| Total | 356 (89,0) | 44 (11,0) | 400 (100,0) |
Prueba estadística: Chi-cuadrado de Pearson = 5,601; gl = 3; p = 0,133.
Los resultados obtenidos son coherentes con la situación nutricional del Perú, caracterizada por una transición nutricional, en la que coexisten problemas de déficit (delgadez) y exceso (sobrepeso y obesidad). En el presente estudio, esta doble carga de malnutrición se hace evidente, ya que cerca del 34,5% de los estudiantes presenta algún tipo de alteración nutricional (Ver Tabla 5).
En resumen, los resultados del presente estudio, tanto para la talla, la edad, como para el índice de masa corporal, evidencian la ausencia de una asociación estadísticamente significativa con el rendimiento académico, lo cual es consistente con diversos estudios realizados en el Perú. Esta falta de relación puede explicarse, en parte, porque el rendimiento académico ha sido medido mediante un indicador global como la promoción escolar, el cual no necesariamente refleja el nivel real de aprendizaje alcanzado por los estudiantes.
En el contexto educativo peruano, la promoción puede estar influenciada por políticas educativas inclusivas y criterios de evaluación orientados a garantizar la permanencia del estudiante en el sistema educativo, más que a evidenciar el logro pleno de competencias. En este sentido, tanto la desnutrición crónica como las alteraciones del estado nutricional según IMC podrían no manifestar un impacto directo sobre este tipo de indicador, lo que refuerza la necesidad de considerar medidas más específicas del rendimiento académico y de abordar el aprendizaje desde un enfoque integral y multifactorial.
Discusión
Los hallazgos del presente estudio evidencian que, si bien el estado nutricional constituye un componente relevante de la salud infantil, no presenta una asociación estadísticamente significativa con el rendimiento académico en la población evaluada.
En Perú, valoraciones como la Evaluación Censal de Estudiantes (ECE) han evidenciado que una proporción importante de escolares de primaria no alcanza niveles satisfactorios de aprendizaje, especialmente en áreas como comprensión lectora y matemática, con marcadas brechas según región y nivel socioeconómico (MINEDU, 2026).
En este contexto, el alto porcentaje de promoción observado en la institución estudiada podría no reflejar necesariamente niveles óptimos de aprendizaje, sino más bien criterios de promoción escolar que no siempre están directamente vinculados al logro de competencias esperadas. Esta situación ha sido descrita en el sistema educativo peruano, donde la promoción puede coexistir con niveles de aprendizaje aún en desarrollo.
Asimismo, las menores tasas de promoción en grados intermedios coinciden con tendencias nacionales, donde se ha observado una disminución progresiva del rendimiento conforme avanzan los grados escolares, especialmente en contextos de educación pública y en regiones con mayores niveles de vulnerabilidad, como Cajamarca.
En relación con la talla para la edad, los hallazgos evidencian un predominio de valores normales, con una menor proporción de talla baja. No obstante, esta condición no mostró una relación significativa con el rendimiento académico, lo que sugiere que, en esta población, el crecimiento lineal no constituye un factor determinante en el desempeño escolar.
De manera similar, aunque se identificó la coexistencia de delgadez y exceso de peso -lo que refleja una doble carga de malnutrición-, el análisis estadístico no evidenció una asociación significativa entre el estado nutricional según el índice de masa corporal y el rendimiento académico. Esto indica que las variaciones en el peso corporal no se traducen necesariamente en diferencias en el desempeño escolar.
Estos resultados evidencian que el rendimiento académico responde a múltiples factores que trascienden las condiciones nutricionales. En este sentido, el aprendizaje escolar no depende únicamente del estado biológico del niño, sino también de factores familiares, sociales, educativos y ambientales que influyen en su desarrollo integral.
En el ámbito internacional, varios estudios han evaluado la relación entre el estado nutricional y el rendimiento académico en población escolar, mostrando resultados diversos. Por ejemplo, investigaciones realizadas en Etiopía han identificado que algunos indicadores nutricionales, como la talla para la edad y la diversidad dietética, pueden influir en el rendimiento académico de los escolares, aunque su efecto suele estar mediado por factores socioeconómicos y educativos (Beressa et al., 2024). De manera similar, estudios longitudinales han señalado que condiciones como el retraso en el crecimiento o la delgadez pueden asociarse con menores resultados en pruebas académicas, particularmente en áreas como matemáticas y comprensión lectora (Dessie et al., 2025).
Otros estudios también han señalado la influencia de la nutrición sobre el desempeño escolar desde una perspectiva más amplia de salud infantil. Investigaciones realizadas en Ghana encontraron que ciertos indicadores de salud y nutrición pueden actuar como predictores del rendimiento académico en niños de educación primaria (Azure et al., 2023). De igual manera, estudios desarrollados en Irán reportaron una relación entre la presencia de malnutrición y el desempeño educativo de estudiantes de nivel primario (Jamalzehi et al., 2024). En el mismo sentido, investigaciones realizadas en la India sugieren que los escolares con deficiencias nutricionales pueden presentar mayores dificultades en la concentración y en el aprendizaje escolar (Devi & Revathy, 2023).
Asimismo, numerosos autores observaron que la nutrición infantil constituye un factor importante para el desarrollo cognitivo, el cual puede influir indirectamente en el rendimiento académico. Por ejemplo, Hamdan & Al-Jarrah (2024) sostienen que una adecuada nutrición favorece el funcionamiento cerebral y el desarrollo de habilidades cognitivas necesarias para el aprendizaje escolar. Del mismo modo, estudios realizados en Nigeria han identificado asociaciones entre indicadores antropométricos y el desempeño académico en estudiantes de educación primaria (Oguejiofor & Nwankwo, 2023; Aliyu et al., 2023).
Los resultados del presente estudio coinciden con investigaciones que no evidencian asociación significativa, lo que refuerza la hipótesis de que el rendimiento académico es un fenómeno multifactorial. En este sentido, investigaciones realizadas en Ecuador tampoco encontraron asociación entre el estado nutricional y el desempeño escolar de estudiantes de educación básica (Santos & Barros, 2022; Peralta et al., 2023).
En este contexto, los hallazgos del presente estudio refuerzan la idea de que el rendimiento académico es un fenómeno multifactorial, en el que intervienen diversos factores más allá de las condiciones nutricionales.
En este sentido, es posible que variables como el entorno familiar, el nivel socioeconómico, las condiciones educativas, los hábitos de estudio y los factores emocionales tengan un mayor peso en el desempeño académico de los escolares. Esto podría explicar por qué, a pesar de la presencia de alteraciones nutricionales en algunos estudiantes, no se evidencian diferencias significativas en su rendimiento.
Por otro lado, diversos estudios coinciden en que el rendimiento académico está influido por factores sociodemográficos, familiares y educativos, los cuales interactúan y condicionan el proceso de aprendizaje. Bajo este enfoque, factores sociodemográficos, el entorno familiar, la calidad del sistema educativo y las oportunidades de aprendizaje pueden tener un impacto significativo en el desempeño escolar (Assogba et al., 2025). Asimismo, se ha señalado que variables como el nivel económico, los patrones alimentarios y las condiciones de vida del hogar influyen tanto en el estado nutricional como en el desarrollo cognitivo de los niños (Bakali et al., 2026).
En esta línea, el desarrollo cognitivo infantil se ve condicionado por el contexto social y las oportunidades educativas, lo que refuerza la complejidad del proceso de aprendizaje (Dugasa & Arero, 2025). En suma, el desarrollo cognitivo y el rendimiento escolar no dependen exclusivamente de la nutrición, sino de un conjunto de determinantes que interactúan a lo largo del crecimiento del niño.
A este respecto, estudios realizados en diferentes contextos educativos han señalado que la salud general del niño puede influir en su capacidad de aprendizaje. Por ejemplo, Shaikh et al., (2024) indican que factores relacionados con la salud, la higiene y la nutrición pueden afectar la concentración, la asistencia escolar y el desempeño académico de los estudiantes.
De manera similar, investigaciones realizadas en Belice evidenciaron que la nutrición adecuada puede contribuir al desarrollo cognitivo y al aprendizaje en escolares (Onyia et al., 2021; Akubuilo et al., 2020). Otras investigaciones mencionan que los programas de alimentación escolar pueden contribuir a mejorar el aprendizaje y la participación educativa de los estudiantes (Wall et al., 2022; Lowe et al., 2023).
Desde el punto de vista teórico, varias investigaciones han señalado que la malnutrición durante la infancia puede afectar procesos biológicos relacionados con el desarrollo cerebral, como la formación de conexiones neuronales, la memoria y la capacidad de atención. En este sentido, revisiones sistemáticas han evidenciado que la desnutrición infantil se asocia con un mayor riesgo de dificultades en el aprendizaje y bajo rendimiento académico (Zerga et al., 2022). No obstante, el impacto de la nutrición sobre el desempeño escolar puede variar según las características del contexto educativo y las condiciones de vida de los estudiantes.
Por otra parte, algunos estudios han señalado que los escolares con mejor estado nutricional tienden a presentar un desempeño académico más favorable, aunque esta relación no siempre es estadísticamente significativa. Por ejemplo, Lagnayo (2025) reportó que los estudiantes con mejores condiciones nutricionales mostraron un mayor rendimiento académico en comparación con aquellos que presentaban algún grado de malnutrición. Sin embargo, el autor también destaca que otros factores como el apoyo familiar, el ambiente escolar y las estrategias pedagógicas desempeñan un papel fundamental en el aprendizaje.
Desde la perspectiva de la salud pública, los resultados del presente estudio resaltan la importancia de continuar promoviendo estrategias de intervención orientadas a mejorar el estado nutricional de la población escolar. La promoción de hábitos alimentarios saludables, el fortalecimiento de programas de alimentación escolar y la educación nutricional dirigida a estudiantes y familias constituyen acciones fundamentales para favorecer el desarrollo integral de los niños.
En conjunto, los hallazgos sugieren que, si bien el estado nutricional es un componente importante en la salud infantil, su influencia sobre el rendimiento académico no es directa ni aislada, sino que forma parte de un entramado complejo de factores que condicionan el proceso de aprendizaje. Asimismo, los resultados deben interpretarse considerando el contexto en el que se desarrolló el estudio, ya que las características sociales y educativas de la población pueden influir en la relación entre nutrición y aprendizaje.
Entre las principales limitaciones del estudio se encuentra el diseño transversal, que impide establecer relaciones causales, así como la ausencia de variables sociodemográficas que podrían actuar como factores de confusión.
Conclusiones
Los resultados evidenciaron que la mayoría de los escolares presentó un estado nutricional dentro de rangos normales y una alta proporción logró la promoción escolar. No se encontró asociación estadísticamente significativa entre el estado nutricional y el rendimiento académico en los escolares evaluados, lo que sugiere que el desempeño educativo responde a múltiples factores de carácter social, familiar y educativo.
Asimismo, se identificó la coexistencia de distintas formas de malnutrición, como delgadez, sobrepeso y obesidad, lo que refleja la presencia de la doble carga nutricional en la población escolar. Se recomienda fortalecer estrategias de promoción de la salud y nutrición en el ámbito educativo, así como desarrollar futuras investigaciones que incorporen variables sociodemográficas y diseños longitudinales.














