INTRODUCCIÓN
En el contexto latinoamericano, el machismo sigue siendo una problemática profundamente arraigada, pero a pesar de su prevalencia existen pocas evidencias científicas que permitan desarrollar acciones concretas y efectivas para su abordaje. El machismo se define como un conjunto de creencias, actitudes, conductas y valores que no solo buscan diferenciar los sexos, percibiéndolos como opuestos y excluyentes, sino que también intentan establecer una supuesta superioridad de lo masculino en ámbitos como el sexual, familiar y social, entre otros. (Mejia et al., 2021).
El comportamiento machista entre hombres puede aumentar la incidencia de actos de violencia hacia las mujeres, debido a la compleja relación entre la autoestima y el machismo en los varones. Además, este comportamiento podría estar relacionado con creencias que justifican la agresión y la violencia, como la idea de que "para demostrar ser hombre, es necesario ser violento", cuyas creencias perpetúan un ciclo de violencia que no solo afecta a las mujeres, sino también a los mismos hombres, reforzando estereotipos dañinos y limitando las expresiones de masculinidad saludable (Pérez et al., 2021).
En la actualidad, persisten mecanismos sociales que mantienen marcadas diferencias de género, ya que el varón sigue ocupando el rol de principal proveedor de las necesidades de la familia, mientras que las mujeres asumen la función de reproducción y cuidado del hogar. Esta estructura social perpetúa una dinámica en la que los hombres ejercen un rol protagónico, y las mujeres uno subordinado. Como resultado de estas dinámicas, surgen relaciones caracterizadas por desigualdades de poder entre ambos géneros, lo que impacta de manera significativa en diversos ámbitos de la vida social, económica y cultural (Gómez & Paredes, 2019).
En este contexto, el aumento de microviolencia y micromachismos en las relaciones de pareja subraya la necesidad de replantear las conexiones que podrían establecerse entre estas actitudes y las concepciones actuales de los jóvenes sobre las relaciones emocionales. Además, resulta esencial reconsiderar los límites que los jóvenes perciben en torno a la infidelidad, así como cómo estos límites pueden influir en la dinámica de poder y respeto dentro de la relación (Pedrós, 2016).
La pareja, como núcleo fundamental de la familia, es la principal forjadora de valores y sentimientos positivos que, a través de su comportamiento, se transmiten a la sociedad mediante la crianza de los hijos y el fortalecimiento de los lazos a lo largo del tiempo. Sin embargo, es preocupante observar que muchas parejas fracasan en el intento de desarrollar y mantener sentimientos de amor, admiración mutua, confianza y lealtad, lo cual puede deberse a factores sociales que dificultan el desarrollo adecuado de las relaciones y genera familias disfuncionales con generaciones de hijos que tienen dificultades psicológicas.
Así, el fracaso de una pareja puede definirse como la situación en la que el impulso inicial que llevó a dos personas a unirse y decidir compartir sus vidas se deteriora de diversas maneras. Esto se manifiesta en el desgaste de los sentimientos, la erosión de la confianza, la comunicación deficiente, la pérdida de lealtad, el incremento de la indiferencia, la mentira, la infidelidad, y cualquier otra forma de falta de respeto hacia el otro, siendo factores que pueden culminar en agresión, maltrato, resentimiento, odio, desprecio, y, en última instancia, en la separación o el divorcio.
El micromachismo contiene de microabuso y microviolencia, usados para permanecer un idealizado predominio en las relaciones y además, no se identifican con facilidad por quienes la experimentan. Si la víctima se percibe como tal, entonces la persona que violenta, procede a manipular el acontecimiento mediante acciones seductoras y de persuasión con la finalidad de permanecer en el control, de manera tal que sería difícil identificar el límite entre la coerción y la seducción (Bonino, 1991), de manera que en el micromachismo coercitivo el hombre utiliza la fuerza, no referida a la física sino psíquica, moral, económica o de personalidad para someter a las mujeres, obstruir sus libertades, tiempos, espacios, etc. Como un hecho observable frecuente, se resalta la “superioridad” del pensamiento masculino (Bonino, 1991).
Por otro lado, Edo (2017) refiere que el micromachismo coercitivo es una forma sutil pero efectiva de control utilizada por algunos hombres para generar inseguridades en las mujeres, cuestionando sus decisiones y reafirmando la idea de que ellos siempre tienen la razón. Esta táctica siembra sentimientos de indefensión y falta de confianza en la mujer, lo que disminuye su autoestima y confianza en sus propias decisiones. En esencia, el hombre recurre a una forma de coerción psíquica o moral para restringir la libertad femenina, lo que provoca emociones de fracaso e ineficacia en la mujer, reforzando su subordinación.
Tal comportamiento puede ser entendido a través de la teoría de Alfred Adler, quien en 1918 conceptualizó las impresiones de inferioridad como emociones básicas de dependencia e impotencia, originadas en las experiencias individuales de la infancia, destacando que la sensación de inferioridad genera mecanismos compensatorios para superar estas memorias negativas. En este marco, los niños intentan equilibrar sus sentimientos de inferioridad mediante fantasías que les proporcionan una sensación de invulnerabilidad, permitiéndoles superar estos sentimientos y desarrollar un sentido de pertenencia y cooperación en la comunidad, y la compensación fallida es el resultado del proceso de inferioridad caracterizada por una disminución de la confianza hacia sí que constituye una personalidad neurótica, pues se trata de personas que intentan evitar acontecimientos en que se puedan evidenciar sus debilidades y requieren apoyo de otros.
De modo que la compensación fallida resulta en el desarrollo de un complejo de inferioridad, caracterizada por una baja confianza en sí mismo y que representa una disposición neurótica. Aquellos con un complejo de inferioridad evitan situaciones que resaltan sus debilidades y buscan el apoyo de los demás, mientras las personas con complejos de superioridad generalmente desarrollan sus capacidades a cualquier precio y se presentan siempre, mejores que otros, ya que este complejo minimiza las emociones de inferioridad al reafirmar su valoración individual (Čekrlija et al., 2023)
En este contexto, algunos instrumentos han sido propuestos para medir el micromachismo. En España Torralba & Garrido (2021) desarrollaron una escala y estudio de los micromachismos en población adulta y universitaria en una población de 175 personas. Los autores elaboraron una escala de 28 ítems, donde se pudo evidenciar la existencia de diferencias en torno al micromachismo, en donde el sexo masculino en la etapa adulta fueron los que sostuvieron con más frecuencia, actitudes micromachistas.
Para el caso de Colombia, Alvarez & Noreña (2023) desarrollaron un análisis psicométrico de la escala de machismo sexual (EMS-12), mediante un estudio cuantitativo de carácter instrumental descriptivo, en una muestra de 351 estudiantes universitarios, reportando una escala unidimensional, con una confiabilidad de 0,87, un KMO aceptable de 0,89, una Esfericidad de Bartlett adecuada y una varianza explicada del 41,2%, lo que permitió concluir que la escala posee indicadores de fiabilidad y validez de constructo aptas para su aplicación en universitarios del caribe colombiano.
Asimismo, Mejia, et al. (2021) realizaron un estudio con el objetivo de identificar las dimensiones relacionadas al machismo en alumnos de Medicina Humana cinco países latinoamericanos, en una población de 2.468 unidades de análisis. Entre los resultados se resalta que la mayoría de los estudiantes de mayor rango de edad y de sexo masculino son machistas. Además, los estudiantes de devoción evangélica y con mayor grado de avance del currículo universitario, están relacionados con el machismo; en cuanto al análisis de resultados de los países de estudio, Colombia, Panamá evidenciaron mayor frecuencia de machismo, a diferencia de Bolivia que tuvo una menor frecuencia de machismo.
De acuerdo a la revisión de la literatura, existen instrumentos que tienen como objetivo medir el machismo, sin embargo, con relación al micromachismo coercitivo, no se ha encontrado alguno con la sensibilidad de medir el microabuso y microviolencia, expresada líneas arriba. Por ende, el presente estudio se propuso diseñar y validar las propiedades psicométricas de una escala que mida el micromachismo coercitivo en los adultos universitarios, con la finalidad de identificar elementos específicos para la intervención y/o medidas de prevención.
METODOLOGÍA
Se desarrolló un estudio con enfoque cuantitativo, instrumental y se trabajó con una muestra no probabilística de 526 adultos universitarios (257 mujeres y 269 hombres), de una universidad pública de la costa peruana. El criterio de selección era ser estudiantes matriculado y habilitado en el semestre 2023-II, semestre en el que se llevó a cabo el estudio; de los universitarios, el 90,1% era soltero, el 5,7% conviviente, 2,1% casado y el resto otros estados civiles. El 56,7% provenía de familias nucleares, el 23,2% de familias monoparentales, el 15,2% de familias extendidas.
La edad de los participantes osciló entre 18 a 53 años (Medad=23,1 DE=3,31) y todos otorgaron su consentimiento a ser parte del estudio, antes de resolver el instrumento. Se desarrolló la propuesta de una escala de percepción del micromachismo coercitivo en una población de adultos universitarios compuesta por 19 ítems presentados en escala de Likert (siempre, casi siempre, a veces, casi nunca y nunca) y para validar el instrumento se recurrió al juicio de 5 expertos quienes valoraron la claridad, coherencia y relevancia, al igual que estimaciones relacionadas con la congruencia de los ítems, amplitud de contenido, redacción, claridad y pertinencia del instrumento original. para luego analizar los resultados a través de la prueba V de Aiken.
La aplicación del instrumento se llevó a cabo de manera individual, en las aulas de la Universidad Nacional de Barranca, donde se solicitó a los estudiantes su participación voluntaria al estudio, y con ello se les compartió la escala vía Google Form.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
De manera inicial se realizó la evaluación de la normalidad de los datos mediante el estadístico Kolmogorov-Smirnov y Bartlet (KS = 0,94), para lo cual se rechazó la hipótesis nula planteada como “no existencia de correlaciones entre variables” y se analizó que “el valor de rechazo de no-correlaciones es el p<.05, por lo que se considera que sí existen correlaciones significativas”.
Seguidamente se recurrió al análisis de confiabilidad de cada una de las dimensiones y del cuestionario en su totalidad, además de la evaluación de la capacidad discriminativa de los ítems mediante el coeficiente alfa de Cronbach. La interpretación de estos resultados se basó en el criterio propuesto por Hernández & Mendoza (2020)), quienes indican que una confiabilidad del 0.25 en la correlación sugiere una baja confiabilidad, mientras que un valor del 0.50 denota una confiabilidad moderada o regular. No obstante, si el coeficiente supera el 0.75, se considera una confiabilidad aceptable, y, por último, si es mayor a 0.90 se considera una confiabilidad elevada. Posteriormente, se emprendió la tarea de evidenciar la validez del instrumento a través de la validez de criterio y la validez de constructo.
Además, se consideraron las cargas factoriales (se esperaban valores > .40 y no mostrar pesos en otros factores > .30) y las comunalidades, considerando valores superiores a 0.50 como adecuados Posteriormente, se realizó el estudio de la consistencia interna mediante el alfa de Cronbach, interpretando como aceptables valores iguales o mayores a 0.70.
Tabla 1 Medida de Kaiser Meyer Olkin (KMO) y Prueba de esfericidad de Bartlett a los ítems de la escala de percepción del micromachismo coercitivo
| Medida de Kaiser Meyer Olkin de adecuación de muestreo | ,948 | |
|---|---|---|
| Prueba de esfericidad de Bartlett | Aprox. Chi - cuadrado | 5285,231 |
| P-valor | ,000 | |
Con el fin de establecer si el tamaño muestral es apropiado para realizar los análisis factoriales, se procedió a realizar la prueba Kaiser-Meyer-Olkin de adecuación de muestreo y la prueba de esfericidad de Bartlett, encontrando un KMO de ,948 y una significancia en Bartlett de .000, lo que permite indicar que el tamaño muestral es pertinente y que la matriz de covariaciones soporta el análisis factorial.
Tabla 2 Análisis de comunalidades (h2 j) a los ítems de la escala de percepción del micromachismo coercitivo
| ítem | Inicial | Extracción |
|---|---|---|
| La mujer espera un hombre que se sepa imponer con una actitud severa si es necesario | ,270 | ,210 |
| Si el varón se muestra molesto es mejor hacer lo que dice para no agravar la situación. | ,356 | ,301 |
| El varón debe llevar el control de la economía en general del hogar | ,484 | ,595 |
| El varón debe llevar el efectivo cuando sale con la pareja y debe ser quien paga | ,444 | ,545 |
| La responsabilidad de tener en orden el hogar es de la mujer | ,400 | ,420 |
| No es deber del varón tener la casa en orden y limpia | ,234 | ,197 |
| Cuando el varón llega a casa, elige lo que desea hacer y la mujer debe aceptarlo | ,592 | ,515 |
| Cuando llega el varón es mejor dejarlo hacer lo que quiera antes que se moleste | ,620 | ,545 |
| En una relación, el varón es quien debe decidir lo que es mejor hacer | ,609 | ,608 |
| Es normal que los varones sean muy insistentes, para persuadir a las mujeres | ,365 | ,316 |
| Cuando el varón insiste mucho en algo, la mujer debe ceder por la tranquilidad de ambos | ,562 | ,527 |
| Cualquier cambio en el hogar se debe hacer con autorización del varón | ,528 | ,504 |
| El varón es más dado al sexo, por eso la mujer siempre debe estar dispuesta en atenderlo | ,611 | ,617 |
| En el sexo el varón somete a la mujer para que sienta placer | ,482 | ,438 |
| El varón es más frio y práctico por eso es mejor seguir sus decisiones | ,571 | ,574 |
| La mujer propone, el varón decide | ,494 | ,465 |
| Es razonable que el varón tenga la última palabra en las decisiones importantes | ,706 | ,687 |
| La mujer opina pero al final el varón decide lo que considera que es mejor | ,652 | ,640 |
| Si no se hace lo que el varón dice, entonces él se niega a ser parte de la actividad propuesta por la mujer | ,471 | ,452 |
El i17 presenta los coeficientes más elevados, por lo tanto, puede considerarse que este ítem es el indicador de la Escala de Micromachismo. Así mismo, el i6, presenta los coeficientes más bajos, por lo tanto, podría prescindirse de este ítem en la escala, de modo que se decide extraer el i6.
Tabla 3 Matriz de factor rotado (ítem 6 es excluido) de la escala de percepción del micromachismo coercitivo
| ítem | Factor | |
|---|---|---|
| 1 | 2 | |
| La mujer espera un hombre que se sepa imponer con una actitud severa si es necesario | ,339 | ,320 |
| Si el varón se muestra molesto es mejor hacer lo que dice para no agravar la situación. | ,451 | ,311 |
| El varón debe llevar el control de la economía en general del hogar | ,224 | ,760 |
| El varón debe llevar el efectivo cuando sale con la pareja y debe ser quien paga | ,205 | ,714 |
| La responsabilidad de tener en orden el hogar es de la mujer | ,291 | ,547 |
| Cuando el varón llega a casa, elige lo que desea hacer y la mujer debe aceptarlo | ,660 | ,280 |
| Cuando llega el varón es mejor dejarlo hacer lo que quiera antes que se moleste | ,709 | ,206 |
| En una relación, el varón es quien debe decidir lo que es mejor hacer | ,712 | ,323 |
| Es normal que los varones sean muy insistentes, para persuadir a las mujeres | ,521 | ,210 |
| Cuando el varón insiste mucho en algo, la mujer debe ceder por la tranquilidad de ambos | ,704 | ,183 |
| Cualquier cambio en el hogar se debe hacer con autorización del varón | ,615 | ,356 |
| El varón es más dado al sexo, por eso la mujer siempre debe estar dispuesta en atenderlo | ,739 | ,270 |
| En el sexo el varón somete a la mujer para que sienta placer | ,608 | ,258 |
| El varón es más frio y práctico por eso es mejor seguir sus decisiones | ,716 | ,246 |
| La mujer propone, el varón decide | ,605 | ,310 |
| Es razonable que el varón tenga la última palabra en las decisiones importantes | ,734 | ,387 |
| La mujer opina pero al final el varón decide lo que considera que es mejor | ,740 | ,304 |
| Si no se hace lo que el varón dice, entonces él se niega a ser parte de la actividad propuesta por la mujer | ,632 | ,227 |
Nota: Método de extracción: factorización de eje principal. Método de rotación: Varimax con normalización Kaiser. La rotación ha convergido en 3 iteraciones.
Tabla 4 Evidencias de la confiabilidad de la escala de percepción del micromachismo coercitivo
| Ítems | Alpha de Cronbach | |
|---|---|---|
| Factor 1 | 15 | 0,92 |
| Factor 2 | 03 | 0,75 |
Tabla 5 Estadísticos descriptivos de la escala de escala de percepción del micromachismo coercitivo
| Estadísticos descriptivos | |
|---|---|
| Media | 35,8422 |
| Intervalo de confianza (95%) | LI 34,8055 |
| LS 36,8789 | |
| Mediana | 34,0000 |
| Varianza | 146,480 |
| Desviación estándar | 12,1028 |
| Mínimo | 19,00 |
| Máximo | 79,00 |
| Curtosis | 0,544 |
Tabla 6 Rangos, percentiles y baremos de las dimensiones y el cuestionario total
| Percentiles | Subordinación | Estereotipos | Escala total |
|---|---|---|---|
| 5 | 16 | 3 | 20 |
| 10 | 17 | 3 | 22 |
| 25 | 20 | 5 | 27 |
| 50 | 27 | 8 | 34 |
| 75 | 34 | 9 | 42 |
| 90 | 45 | 11 | 54 |
| 95 | 50 | 12 | 59 |
| Baremos | |||
| Bajo | Menores de 20 | Menores de 5 | Menores de 27 |
| Medio | De 20 a 27 | De 5 a 9 | De 27 a 34 |
| Alto | Mayores de 27 | Mayores de 9 | Mayores de 34 |
Dado que el propósito del estudio se basó en la construcción y validación de una escala de percepción del micromachismo coercitivo en adultos universitarios, se inició para ello la fase cualitativa de la creación del instrumento, aplicando la validez de contenido. La propuesta de los ítems fueron elaborados de acuerdo a los fundamentos expuestos por (Ferrer et al., 2008) quien sostiene que los micromachismos coercitivos, también conocidos como directos, engloban situaciones en las que un hombre utiliza la fuerza moral, psicológica, económica o de su personalidad para intentar someter a las mujeres, persuadiéndolas de que la razón no está de su parte.
Estos métodos logran su cometido al generar un sentimiento de derrota, provocando la percepción de pérdida, ineficacia o la falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o argumentos, lo cual en muchas ocasiones resulta en la inhibición de las mujeres.
Se plantearon un total de 19 preguntas distribuidas en las dimensiones del micromachismo propuestas por Bonino (2005) como coacciones de comunicación, control del dinero, uso expansivo abusivo del espacio y tiempo para sí, insistencia abusiva, imposición de la intimidad, apelación a la superioridad de la lógica varonil y toma o abandono repentino del mando. El análisis de contenido, por su parte, se realizó mediante juicio de cinco jueces de la especialidad y experiencia en relaciones de pareja, quienes realizaron la evaluación mediante los criterios de claridad, coherencia y relevancia: la V Aiken es mayor a 0,9 IC 95% (0,75-0,99).
El intervalo de confianza para la V de Aiken posibilita evaluar si la magnitud del coeficiente obtenido es mayor que aquella que se establece como mínimamente aceptable para llegar a una conclusión sobre la validez de contenido de los ítems (Merino & Livia 2009). Posteriormente, se realizó una prueba piloto a 28 adultos universitarios, donde se obtuvo un coeficiente de Alpha de Cronbach de 0,93.
La confiabilidad particularmente se caracteriza por la falta relativa de errores de medición en un instrumento de evaluación, de manera que el puntaje observado o medido se compone de la suma de un puntaje real o genuino y un puntaje de error o inexactitud de medición (Quero, 2010). En general, se considera que un Alpha más grande que 0,7 indica una buena confiabilidad de la prueba, por lo que se afirmó que la escala cuenta con las propiedades de confiabilidad admitidos.
Con el fin de establecer si el tamaño muestral es apropiado para realizar los análisis factoriales, se procedió a realizar la prueba Kaiser-Meyer-Olkin de adecuación de muestreo y la prueba de esfericidad de Bartlett, de modo que antes de iniciar el análisis de la estructura factorial, es esencial llevar a cabo una serie de pruebas para verificar que la estructura de los datos sea adecuada para el análisis factorial. En tal sentido, se ha encontrado un KMO de ,948 y una significancia en Bartlett de .000, lo que permite indicar que el tamaño muestral es pertinente y que la matriz de covariaciones soporta el análisis factorial.
Seguidamente, se realizó el Análisis de comunalidades (h2 j) a los ítems de la escala de percepción del micromachismo, en donde se evidenció que el ítem 17 presenta los coeficientes más elevados, por lo tanto, puede considerarse que este ítem es el indicador de la Escala de Micromachismo. Así mismo, el ítem 6, presenta los coeficientes más bajos, por lo tanto, se prescindió de este ítem en la escala.
Con la exclusión del ítem 6, se realizó la matriz de factor rotado; el número de factores comunes necesarios para explicar las relaciones entre los ítems y la composición de dichos factores son aspectos cruciales en la interpretación de la estructura factorial derivada del análisis. Al retener menos factores de los requeridos, los patrones de saturación resultantes se vuelven más complicados de interpretar, generando factores identificados de manera confusa. En cambio, si se retienen más factores, se estarían creando variables latentes con un sentido teórico o sustantivo limitado (Lloret et al., 2014).
Las rotaciones posicionan a las variables en proximidad a los factores concebidos para explicarlas, consolidan la variabilidad de las variables en menos factores y, en términos generales, ofrecen un método para simplificar la interpretación de la solución factorial lograda (Izquierdo et al., 2014). En este sentido, se decidió que El factor 1 compuesto por los ítems (1,2,5,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18) y el factor 2 compuesto por los ítems (3,4,5). Ninguno de los ítems presenta una saturación factorial menor de 0,3. Se utilizó el Método de extracción: factorización de eje principal. Método de rotación: Varimax con normalización Kaiser.
Según la descripción teórica de Bonino & Szil (2006), el factor 1 corresponde a la dimensión de subordinación y el factor 2 corresponde a la dimensión de estereotipos. En ese sentido, es necesario precisar que la masculinidad patriarcal, hegemónica, normativa o tradicional se erige como el núcleo del sistema social de poder basado en el género, formando parte de un sistema binario de alcance universal que se perpetúa mediante la subyugación y alienación previa de las mujeres y lo femenino, así como mediante el "dominio de unos hombres sobre otros".
Este concepto abarca un sexismo de naturaleza ambivalente, ya que presenta dos manifestaciones: una de carácter benevolente que subordina a la mujer a los estándares de feminidad, y otra de tipo dominante, de la cual se desprenden los "micromachismos" (Bonino & Szil, 2006) que representan estrategias masculinas de poder más sutiles, internalizadas tanto por hombres como por mujeres, y son empleadas consciente o inconscientemente, incluso por hombres no violentos, ya que están arraigadas en la estructura social de género para mantener un estatus a través de la subordinación.
Por otro lado, la construcción de identidades masculinas, está estrechamente vinculada al modelo hegemónico de género, actuando como productora de dispositivos culturales que perpetúan los roles predefinidos para hombres y mujeres (Cruz, 2014). En esta estructura social, el prestigio y, por ende, los privilegios atribuidos al varón se relacionan con el ideal de poder ejercido sobre los subordinados.
La subalternidad, en este contexto, se refiere a mujeres y hombres que no cumplen con las características estereotipadas establecidas por sistemas ideológicos más amplios, como los económicos y políticos. Esta estructura de poder se transmite a través de normas culturales conocidas como "mandatos de género" (Bonino, 1991) que delinean las características y acciones consideradas deseables o inapropiadas para hombres y mujeres, en un juego complejo de opuestos y complementos. Para los hombres, los ideales implican atributos como poder, dominio, autoridad, control, razón, restricción emocional, violencia y autosuficiencia, en contraste (aunque de manera interdependiente) con las "virtudes" complementarias promovidas en las mujeres, que incluyen sumisión, bondad, obediencia, afectividad y empatía.
Se muestran entonces las evidencias de la confiabilidad de la escala de percepción del micromachismo coercitivo (Tabla 4), donde se aprecia que el factor Subordinación tiene un Alpha de Cronbach de 0,92 y el factor estereotipos un coeficiente de 0,75. Con lo que, existe suficiente evidencia para afirmar que el instrumento tiene propiedades de validez y confiabilidad.
CONCLUSIONES
La escala de Micromachismo Coercitivo es un instrumento que tiene validez y confiabilidad, es de fácil aplicación y procesamiento de acuerdo con los hallazgos obtenidos en esta investigación, siendo uno de los aspectos más destacados de esta escala su facilidad de aplicación y procesamiento, lo que permite su uso tanto en investigaciones académicas como en entornos clínicos.
Además, la posibilidad de implementar este instrumento va más allá del ámbito de la investigación académica, considerando que la escala puede ser utilizada en programas de formación y educación para profesionales de la salud, trabajadores sociales y educadores, con lo cual sería posible contribuir a un mejor entendimiento de las dinámicas de control y manipulación en las relaciones de pareja. Esta herramienta se convierte en un aporte valioso quienes buscan promover relaciones de pareja más saludables y equitativas, así como para aquellos que están comprometidos con la lucha contra la violencia de género y la desigualdad.
Se destaca a su vez la importancia de la disponibilidad acerca de una herramienta que permita adentrarse mejor en construcción de identidades masculinas, como parte de un modelo de género, transmitido por normas culturales en relación a las acciones que se contemplan apropiadas, otorgando a los hombres, por ejemplo, rasgos relacionados con el poder, autoridad, control, violencia, lo que a su vez puede promoverse desde el rol asumido por la mujer con tendencia a la sumisión, obediencia y empatía. En tal sentido, el diseño y la validación de las propiedades psicométricas de una escala que mida el micromachismo coercitivo en los adultos universitarios, identificando elementos para la intervención y medidas de prevención, resultó válido y confiable para tales fines, con lo cual su aplicación y promoción es completamente viable en los contextos sociales donde se amerite tomando en cuenta sus beneficios.














