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Revista InveCom

On-line version ISSN 2739-0063

Revista InveCom vol.5 no.2 Maracaibo June 2025  Epub Apr 04, 2025

https://doi.org/10.5281/zenodo.13926180 

Artículos

Bullying y ciberacoso en la formación de futuros docentes: Un estudio sobre la violencia en contextos universitarios

Bullying and cyberbullying in the training of future teachers: A study on violence in university contexts

Tamara Theani Cortés Seitz1 
http://orcid.org/0000-0001-8489-8142

1Universidad Católica Silva Henríquez. Santiago, Chile. E-mail: tcortess@ucsh.cl


Resumen

El presente estudio aborda el bullying y el ciberbullying en contextos universitarios, destacando cómo estas formas de violencia persisten y evolucionan más allá de la educación escolar. A través de un enfoque cualitativo basado en grupos focales, se exploraron las experiencias y percepciones de estudiantes de pedagogía en Chile, con el fin de comprender las manifestaciones y características del bullying y el ciberbullying a nivel universitario. Los resultados revelan que estas prácticas no se detienen al ingresar a la universidad; por el contrario, se transforman en formas de violencia psicológica y emocional, manifestándose principalmente en entornos virtuales como redes sociales y páginas de confesiones anónimas. Si bien el acoso físico es menos común, la violencia verbal y emocional impacta significativamente el bienestar de los estudiantes. Las víctimas suelen ser personas consideradas vulnerables por su timidez, sensibilidad o por diferencias percibidas dentro del grupo, mientras que los agresores buscan poder, validación social o expresan sus propias inseguridades. La violencia en línea es vista como más invasiva y persistente que en la presencialidad, lo que amplifica su impacto emocional. A pesar de la gravedad de estas conductas, existe una falta de intervención y apoyo institucional, y la normalización del acoso impide que se aborde de manera efectiva. La discusión sugiere la necesidad de intervenciones preventivas en la educación superior, programas de apoyo para víctimas, y promoción de habilidades socioemocionales para abordar y reducir estas prácticas. Este estudio resalta la urgencia de fomentar entornos universitarios seguros y libres de violencia, contribuyendo así a un ambiente académico que favorezca el desarrollo personal y profesional de los estudiantes.

Palabras clave: bullying; ciberbullying; educación superior

Abstract

This study focuses on bullying and cyberbullying in university contexts, highlighting how these forms of violence persist and evolve beyond school education. Through a qualitative approach based on focus groups, the experiences and perceptions of student teachers in Chile were explored in order to understand the manifestations and characteristics of bullying and cyberbullying at the university level. The results reveal that these practices do not stop when entering university; on the contrary, they are transformed into forms of psychological and emotional violence, manifesting themselves mainly in virtual environments such as social networks and anonymous confession pages. While physical harassment is less common, verbal and emotional violence significantly impacts the well-being of students. Victims are often considered vulnerable because of shyness, sensitivity or perceived differences within the group, while aggressors seek power, social validation or express their own insecurities. Online violence is seen as more invasive and persistent than face-to-face, which amplifies its emotional impact. Despite the seriousness of these behaviors, there is a lack of institutional intervention and support, and the normalization of bullying prevents it from being effectively addressed. The discussion suggests the need for preventive interventions in higher education, victim support programs, and promotion of socioemotional skills to address and reduce these practices. This study highlights the urgency of fostering safe and violence-free university environments, thus contributing to an academic environment that favors students' personal and professional development.

Keywords: bullying; cyberbullying; higher education

INTRODUCCIÓN

El acoso escolar y su variante en línea, el ciberacoso, se han convertido en problemas sociales de gran relevancia que afectan a jóvenes de distintas edades, culturas, identidades de género, orientaciones sexuales y niveles socioeconómicos (referencias de autores relevantes). Aunque estas formas de violencia han sido estudiadas en contextos escolares, existe escasa información sobre su manifestación en la educación superior, donde los estudiantes son adultos jóvenes en formación profesional. Esto hace imprescindible investigar cómo perciben y comprenden estas formas de violencia los jóvenes universitarios, especialmente aquellos que se preparan para desempeñarse como futuros docentes y tendrán la responsabilidad de abordar estas situaciones en sus espacios de trabajo, de acuerdo con la Ley de Violencia Escolar 20.536 (MINEDUC, 2011).

La exposición de los jóvenes a estas formas de violencia es un hecho documentado. Según la IX Encuesta Nacional de Juventud (INJUV, 2019), uno de cada cinco jóvenes ha sido víctima de ciberacoso, mientras que uno de cada cuatro ha sufrido acoso físico o psicológico en sus instituciones educativas, ya sean universidades, institutos técnicos o colegios. Además, el primer caso documentado de suicidio por ciberacoso en Chile, ocurrido en 2018, reflejó la gravedad de este problema, con una joven de 16 años quitándose la vida debido a la persecución sufrida en redes sociales (CNN Chile, 2018). Lamentablemente, el impacto de este tipo de violencia no ha disminuido: en 2019, la Superintendencia de Educación recibió 1.740 denuncias de maltrato físico, 1.366 de maltrato psicológico y 421 de ciberacoso entre pares (Superintendencia de Educación, 2020). Durante 2020, aunque las denuncias por maltrato físico en establecimientos educativos disminuyeron debido a la emergencia sanitaria por COVID-19, las denuncias por ciberacoso aumentaron un 12% (Superintendencia de Educación, 2021). Esto se evidencia en la 10ª Encuesta Nacional de Juventud (INJUV, 2022), que muestra un incremento al 22,8% de jóvenes expuestos a prácticas violentas.

La comprensión de estas violencias es especialmente relevante para los estudiantes de pedagogía, quienes asumirán la responsabilidad legal de prevenir, intervenir y denunciar la violencia escolar, según lo establece la Ley 20.536. Analizar cómo los jóvenes universitarios perciben estas formas de acoso en el contexto universitario puede aportar información valiosa para fortalecer y expandir las políticas públicas en esta materia y proponer medidas efectivas de prevención y abordaje en el ámbito escolar.

Si bien se reconoce la prevalencia de acoso y ciberacoso a nivel escolar en todo el mundo, cabe cuestionar qué sucede con estas formas de violencia cuando los jóvenes ingresan a la educación superior. ¿Desaparecen estas prácticas? ¿Se mantienen con nuevas formas? ¿O evolucionan en diferentes manifestaciones de violencia? Estudios en otros países han mostrado la continuidad de estas conductas en el contexto universitario. Rusett y Putallaz (2018) encontraron que, de una muestra de 419 estudiantes universitarios argentinos, el 37% había sido víctima de ciberacoso durante su formación superior, lo que generó altos niveles de depresión, ansiedad y estrés. Asimismo, Bernardo et al. (2020) en España evidenciaron que el acoso escolar y el ciberacoso persisten en la educación superior y que los estudiantes víctimas muestran una mayor intención de abandonar sus estudios. En México, Royo-García et al. (2020) identificaron que estas violencias continuaban en la universidad, con prácticas recurrentes como insultos, exclusión y difusión de rumores, denominándose a estas situaciones como bullying.

Ante esta evidencia internacional, surge la interrogante de si la situación es similar en Chile. Al revisar la literatura nacional sobre acoso y ciberacoso en contextos universitarios, se constata la escasez de investigaciones. Solo se identifican dos estudios relevantes: uno de 2016, enfocado en la calidad de vida de estudiantes de salud y bachillerato en la Universidad de Chile, donde los estudiantes provenientes de escuelas públicas reportaban mayor exposición a conductas de mofa (Molina et al., 2016); y otro estudio de 2018, realizado con estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el cual reveló que el 33,4% de los participantes había sido testigo o perpetrador de acoso, mientras que el 12,5% había sido víctima de ciberacoso, y de estos, el 24% sufría este tipo de violencia en el momento de responder la encuesta (Condeza, Gallardo y Reyes, 2018).

Estos hallazgos ponen de manifiesto la normalización de la violencia en los entornos universitarios y su impacto en la salud mental, el rendimiento académico y la permanencia en la educación superior. Por lo tanto, esta investigación se propone responder a la pregunta: ¿Cómo entienden los jóvenes chilenos de los programas de formación docente el acoso escolar y el ciberacoso en el nivel universitario? Se busca determinar si estas prácticas continúan en la universidad y si el ciberacoso experimentado durante la formación profesional es una extensión del acoso escolar o un fenómeno con características diferenciadas.

Además, es pertinente repasar algunos conceptos teóricos, que se exponen a continuación, pues estos permiten tener un panorama más claro sobre la problemática de la violencia juvenil, con un enfoque específico en el acoso escolar y el ciberacoso. Históricamente, la violencia juvenil ha sido considerada como un aspecto normal del desarrollo hacia la adultez, donde ciertas conductas violentas son justificadas como parte de un "ritual de paso" (National Bullying Prevention Center, 2017). Esta naturalización de la violencia juvenil ha generado normas sociales que toleran y justifican el maltrato, la burla, el acoso y el aislamiento, prácticas que pueden llegar a tener consecuencias devastadoras, incluso fatales (Hyojin, 2007). Comentarios como "solo es una broma" o "son cosas de niños" perpetúan la invisibilización y trivialización de actos violentos, razón por la cual organismos internacionales han abordado la violencia juvenil como una problemática relevante.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2009), la violencia juvenil se manifiesta en una serie de conductas que van desde el acoso hasta el homicidio, incluyendo agresiones físicas y sexuales, afectando tanto la integridad física como el bienestar emocional y social de las personas. Por su parte, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, 2020) define esta violencia como el uso intencional de la fuerza o poder para amenazar o causar daño a otros jóvenes entre los 10 y 24 años, ya sea mediante peleas, intimidación con armas, violencia asociada a pandillas, o bullying. Sin embargo, desde una perspectiva académica, la violencia juvenil se concibe como un fenómeno multifacético, influenciado por factores sociales, económicos, tecnológicos y prejuicios de la sociedad hacia los jóvenes, lo que fomenta o perpetúa ciertas conductas.

En particular, los jóvenes tienden a ser objeto de discriminación tanto por sus pares como por la sociedad en general, debido a factores como la apariencia, la pertenencia a ciertos grupos o estilos de vida, y el tipo de educación recibida (Jiménez, 2005). La diversidad juvenil se expresa en múltiples formas, desde los lugares que frecuentan hasta la música que escuchan, lo cual a menudo lleva a que ciertos grupos sean percibidos de manera negativa y estigmatizados como violentos o delictivos (Terán, 2020; Perea, 2007; Nebra, 2015). Esta estigmatización puede contribuir a que los jóvenes se vean tanto como víctimas como victimarios en una serie de contextos violentos, incluyendo los espacios educativos (Carrión, 2003).

La presencia de violencia en los entornos educativos no es un fenómeno nuevo, sino más bien una reinterpretación de prácticas que han estado presentes durante décadas y que han sido culturalmente aceptadas como parte del desarrollo juvenil. La literatura demuestra que la legitimación de la violencia varía según el contexto cultural y las normas sociales de cada país o región, lo que significa que estas prácticas no son impulsivas ni irracionales, sino respuestas a las representaciones sociales y valores construidos por los grupos a lo largo del tiempo (Aijmer y Abbink, 2020). La normalización de la violencia depende menos del desarrollo económico o tecnológico y más de cómo los grupos sociales interpretan su historia, conflictos y relaciones interpersonales. Por ejemplo, en Turquía y Etiopía se acepta el castigo físico como forma de disciplina, mientras que en Pakistán las relaciones sexuales son vistas como un derecho marital, y en el Reino Unido denunciar el bullying es socialmente inaceptable (OMS, 2009).

El bullying es una forma de violencia con alta prevalencia en el ámbito escolar y se ha transformado en un problema de salud pública internacional debido a sus efectos negativos en la salud física y mental de los jóvenes. A pesar de su reconocimiento global, la falta de consenso sobre su definición exacta es evidente al revisar la literatura, donde se identifican múltiples conceptualizaciones y criterios operativos (Ojanen et al., 2015; Vivolo-Kantor et al., 2014). Por ejemplo, Olweus (2007) define el bullying como una serie conductas intencionales, repetitivas y de larga duración, destinadas a causar daño a una persona que no puede defenderse. Smith y Slonje (2010) lo describen como un comportamiento agresivo intencionado llevado a cabo por un individuo o grupo de manera sistemática contra una persona indefensa. Hemphill et al. (2014) añaden que se trata de un abuso sistemático de poder dentro de un contexto escolar, caracterizado por acciones agresivas de un estudiante o grupo hacia una víctima. Aunque las definiciones pueden variar, existe consenso en que el bullying involucra conductas intencionales, repetitivas y prolongadas, con el objetivo de dañar a personas que se encuentran en una posición de indefensión.

Con el avance de la tecnología y el acceso a internet, ha surgido una nueva forma de violencia juvenil conocida como ciberbullying, que se manifiesta en el entorno digital. Esta violencia, perpetuada y experimentada por jóvenes a través de medios digitales, ha sido abordada con distintos términos, como "ciberbullying" (Kowalski et al., 2014), "bullying digital" (Olweus, 2013), "acoso por internet" (Tokunaga, 2010), "bullying electrónico" (Raskauskas y Stoltz, 2007), "ciberagresión" (Pornari y Wood, 2009) y "acoso online" (Wolak et al., 2007). Si bien cada término tiene una definición operacional distinta, todas estas conceptualizaciones coinciden en que se trata de un fenómeno relacionado con los jóvenes que involucra el uso repetitivo y constante de mensajes de texto, correos electrónicos y otros medios digitales para insultar, amenazar, acosar o molestar, y a veces, enviar contenido inapropiado como pornografía a través de redes sociales o plataformas en línea.

Ambas formas de violencia, el bullying y el ciberbullying, comparten ciertos elementos comunes: intencionalidad de causar daño, conductas repetitivas y constantes durante un período prolongado, y el ataque dirigido hacia una persona percibida como incapaz de defenderse.

También, la percepción que tienen los jóvenes sobre el bullying y el ciberbullying juega un rol crucial en cómo estos fenómenos se manifiestan y son abordados en los contextos educativos. Estudios previos han mostrado que las percepciones varían en función de factores como la edad, el género, el contexto cultural y el nivel de exposición a la violencia (Smith y Slonje, 2010). En particular, la violencia en línea tiende a ser percibida como más invasiva debido a su capacidad de persistir fuera de los espacios físicos de la escuela o universidad, extendiéndose a entornos virtuales que no tienen limitaciones de tiempo o lugar (Kowalski et al., 2014).

En el contexto universitario, estas percepciones pueden ser aún más complejas debido a la transición de los estudiantes a la adultez, donde enfrentan nuevos roles y responsabilidades. La comprensión que tienen los jóvenes sobre el ciberacoso se encuentra vinculada a su experiencia diaria con la tecnología y las redes sociales, lo que puede influir en cómo perciben la gravedad e impacto de estos comportamientos. Además, la ambigüedad entre el espacio público y privado en el entorno virtual puede llevar a la desensibilización o normalización de prácticas violentas, al no existir un claro límite entre los roles de agresor, víctima y testigo (Slonje et al., 2012).

Las percepciones de los jóvenes sobre el bullying y el ciberbullying también pueden estar influenciadas por factores como el anonimato en línea, la desvinculación moral, y la presencia o ausencia de empatía hacia las víctimas. La desvinculación moral, como plantea Bandura (2002), se refiere a la racionalización que realizan los perpetradores para justificar conductas violentas, especialmente en contextos virtuales donde la falta de contacto cara a cara disminuye la posibilidad de experimentar culpa o empatía hacia la víctima. Por lo tanto, la percepción del ciberacoso como una forma de violencia anónima y sin límites temporales intensifica los sentimientos de ansiedad y desesperanza entre las víctimas, lo que se traduce en mayores consecuencias emocionales y sociales en comparación con el bullying presencial.

METODOLOGÍA

El objetivo de esta investigación es explorar y comprender cómo los jóvenes universitarios inscritos en programas de formación docente entienden las experiencias de bullying y ciberbullying en la educación superior. Para ello, se empleó un enfoque cualitativo de carácter descriptivo, con una temporalidad transversal e interpretación de datos basada en el enfoque inductivo. La técnica de recolección de información seleccionada fue la realización de grupos focales.

Cuatro grupos focales se llevaron a cabo entre los meses de octubre de 2022 y enero de 2023 en la Región Metropolitana de Chile. La población de estudio estuvo compuesta por estudiantes universitarios de dicha región, y la muestra específica se conformó por estudiantes con beneficios de gratuidad, pertenecientes a programas de pedagogía de universidades privadas y públicas acreditadas. Estos estudiantes provenían de comunas con niveles medio-alto y alta prioridad social, y tenían edades comprendidas entre los 18 y 25 años al momento de la implementación de los grupos focales.

La selección de la muestra se realizó mediante un muestreo no probabilístico. La convocatoria para los grupos focales se efectuó a través de contactos con los directores o jefes de carrera de pedagogía, centros de estudiantes, así como mediante redes sociales, incluyendo Instagram, Facebook, LinkedIn y grupos de WhatsApp asociados a los centros de estudiantes.

Participaron un total de 24 estudiantes, provenientes de la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y la Universidad Católica Silva Henríquez. La muestra fue equilibrada tanto en cuanto al tipo de universidad (privadas y públicas) como en género, lo que se muestra en la Tabla 1. Los participantes eran estudiantes que cursaban su primer, segundo, tercer o cuarto año de carrera, sin incluir estudiantes de quinto año.

Tabla 1 Resumen de la muestra 

Grupos Focales Universidad Privada Universidad Estatal
Cantidad Hombre: 6, Mujer: 6 Hombre: 6, Mujer: 6
Total 12 12

Dado el enfoque cualitativo de la investigación, se diseñaron instrumentos consistentes en preguntas de indagación y reflexión para los grupos focales, con el propósito de explorar la comprensión que los jóvenes universitarios tienen sobre el bullying y el ciberbullying y sus experiencias personales relacionadas con estas formas de violencia. Las preguntas fueron organizadas en dos categorías principales: a) la comprensión del bullying y el ciberbullying, y b) las prácticas asociadas a estas formas de violencia en contextos universitarios. El objetivo fue identificar cómo los estudiantes definen y diferencian estas violencias y cómo experimentan o perciben sus manifestaciones en la universidad.

Para el análisis de los datos, se siguió un enfoque inductivo, creando una matriz temática que permitió identificar y categorizar las ideas expresadas por los participantes en relación con las definiciones y experiencias de bullying y ciberbullying. Este proceso analítico se realizó en tres etapas: en primer lugar, se identificaron y codificaron frases y comentarios que abordaban las definiciones y comprensiones de ambas formas de violencia; en segundo lugar, se agruparon las características descritas por los estudiantes sobre el bullying y el ciberbullying, destacando similitudes y diferencias; y en tercer lugar, se analizaron las consecuencias percibidas de estas violencias en el contexto universitario, tanto a nivel individual como colectivo.

RESULTADOS

El enfoque interpretativo permitió identificar patrones y tendencias en las experiencias y entendimientos de los estudiantes sobre el bullying y el ciberbullying, reconociendo que estas violencias se viven y perciben de formas diversas dependiendo de factores como el contexto académico, social y el uso de la tecnología.

Los estudiantes universitarios compartieron experiencias de acoso verbal y ciberbullying, que han afectado tanto su bienestar como el de sus compañeros. Si bien no han experimento violencia física, se identificaron formas de violencia psicológica que se perciben como normales en algunos contextos. Un participante describió tanto el bullying como el ciberbullying como formas de violencia que no terminan con la escolaridad, indicando que estos comportamientos continúan en la universidad, donde la violencia psicológica y emocional parece ser más prominente.

“Yo creo que hay mucha violencia psicológica en general... Porque claro, o sea, gracias a Dios no he visto aquí que haya violencia física. Pero yo personalmente sé que lo que afecte netamente a las emociones es mucho más doloroso o produce un efecto con mayor impacto en una persona que... no sé porque, por ejemplo, yo hoy día estoy enojada y empujo el... ya te empujé y todo te quedaría en ‘oh, ¿cómo hizo eso?’ de hecho después ya hablaríamos del tema y todo, pero si yo vengo y te digo 'eres una pésima persona, no sé cómo estás aquí' y cosas así ¿cómo quedarías?" (Mujer, 22 años, universidad privada, Grupo Focal 2).

“Si lo que dice la compañera es cierto, el comentario que por lo general es por las redes sociales te queda pues quien sabe cuántas veces más se puede reproducir y ¿si hacen un Meme? (Hombre, 23 años, universidad estatal, grupo focal 2)

La práctica del "ghosting" fue recurrentemente mencionada como una forma de violencia emocional. Los participantes la describieron como una situación confusa y estresante que implica cortar abruptamente la comunicación con alguien sin explicación. Desde el Grupo 4, uno de los estudiantes expresó: "Es raro sí porque uno asocia altiro al ghosting, pero uno igual no es tan consciente de que la otra persona puede estar ocupado haciendo sus cosas y tal vez no tiene tiempo para responder en el momento" (Mujer, 23 años, universidad estatal, Grupo 4).

Otra estudiante explicó el impacto emocional del ghosting: "El hacer el ghosting es tirar todo a la mierda y… deshacerse de esa responsabilidad", señalando la percepción de falta de responsabilidad afectiva y el daño emocional que provoca” (Mujer, 22 años, universidad privada).

Casos de divulgación no consentida de fotografías íntimas y comentarios negativos en redes sociales fueron identificados como formas de ciberbullying con consecuencias graves. Un estudiante señaló: "La universidad tiene una página de confesiones. Y ahí se ve toda clase de cosas... Hasta como hubo una confesión en general que atacaba a las personas que manejan la página porque ellos se prestan para que el bullying aumente"(Mujer, 23 años universidad privada, grupo 2). Otra experiencia relata la gravedad de la difusión de imágenes: "Le robaron el teléfono a alguien y luego de eso se expandieron las fotos y solo la mandaron a grupos universitarios"(Hombre, 20 años, universidad privada, grupo3), mostrando cómo la violación de la privacidad a través de la tecnología afecta a la comunidad universitaria.

Los participantes describieron que las víctimas de bullying y ciberbullying suelen ser personas que muestran rasgos de timidez, sensibilidad o alguna diferencia que las hace destacar. Un estudiante del Grupo 1 señaló: "La mayoría son sumisas. Son muy tímidos, muy introvertidos"(Hombre, 23 años, universidad privada, Grupo 1). Otra opinión del Grupo 3 detalló: "Pueden ser dos personalidades distintas. Puede ser una persona muy, muy callada, muy piolita o puede ser una persona que llame mucho la atención... No pasan desapercibidas"(Mujer, 23 años universidad privada, grupo 3).

Los motivos detrás del bullying y ciberbullying incluyen inseguridades personales y búsqueda de poder o validación social. Un estudiante reflexionó: "Normalmente son gente que tiene problemas... De hecho, tomando de ejemplo el bullying que me hicieron... su mamá se va, lo cuida la abuela, las parejas de la mamá le pegan... entonces era como, pero ¿qué culpa tengo yo?"(Mujer, 22 años, universidad privada, Grupo 4). Y, un participante del Grupo 2, al respecto, agregó: "Yo creo que son inseguridades de la persona que está hablando mal de otra... como que en el fondo plasma sus mismas inseguridades tratando de aminorar el resto para sentirse más seguros de sí mismo"(Hombre, 23 años universidad estatal, grupo 2).

Si bien el bullying y ciberbullying continúan en el contexto universitario, los estudiantes notaron diferencias con lo vivido en el colegio. A nivel universitario, estas formas de acoso suelen ser más verbales y sutiles. Un estudiante comentó: "Yo creo que hay otras distintas en el colegio que las que hay en la universidad... veo más contacto físico en general en básica, acá es más... estar en un espacio público abierto y siendo adultos por lo menos inhibe a la mayoría de la gente a ser activamente agresiva físicamente"(Hombre, 23 años, universidad privada, Grupo 1). Mientras, otro participante del Grupo 3 dijo: "En mi opinión, en el colegio es mucho más fácil notarlo. A veces en la universidad pasa a solapado"(Mujer, 20 años universidad estatal, grupo3).

La violencia virtual fue percibida como más invasiva y constante que la violencia presencial, en parte debido a la facilidad de acceso a las redes sociales en cualquier momento y lugar. Un estudiante del Grupo 2 describió: "Lo virtual libera mucho más... Ay, esta segunda cara que podría decirse. Pero aun así siento que una potencia asciende a la otra. Por ejemplo, el liberar o el reaccionar así de forma virtual de una u otra forma en algún momento te da la valentía suficiente para actuar en el mundo oficial"(Mujer, 23 años, universidad privada, grupo 2).

Pocos estudiantes intervienen directamente para detener el bullying o ciberbullying, en parte por miedo a ser víctimas ellos mismos o por percibir que no es su responsabilidad. Un estudiante del Grupo 4 expresó: "Muchas veces no. La gente alrededor no se da cuenta... Y si alguien se da cuenta prefieren no hablar porque es como... Si hago algo, me van a molestar a mí"(Hombre 23 años universidad privada, Group 4). En cuanto a la respuesta institucional, se percibe como limitada. En el Grupo 2, un participante señaló: "Dentro de ese mismo contexto de la página de confesiones... publican como ¡ay, le dan tanto color! Si nosotros... le dan tanto color por cosas así... Pero cuando hay que hacer cosas por la universidad no hacen nada"(Mujer, 22 años universidad privada, grupo 2).

Los resultados indican que el bullying y ciberbullying son fenómenos presentes en la universidad y se manifiestan de manera sutil y diferente al contexto escolar. La virtualidad amplifica estas violencias, y aunque los estudiantes son conscientes de su presencia e impacto, las intervenciones son escasas, en parte debido a la normalización de estas conductas y la percepción de que no hay apoyo institucional adecuado. Es fundamental desarrollar estrategias preventivas y de intervención que fomenten la conciencia y el apoyo entre pares para disminuir estas prácticas.

DISCUSIÓN

Los hallazgos de esta investigación confirman la presencia y prevalencia de formas de violencia como el bullying y ciberbullying en el contexto universitario, destacando su evolución desde la educación escolar hacia formas más sutiles y complejas de violencia psicológica y emocional. Aunque la literatura existente ha abordado mayormente el bullying en contextos escolares (Olweus, 2007; Smith y Slonje, 2010), esta investigación revela que estas formas de acoso no desaparecen con la transición a la educación superior. Por el contrario, se transforman en dinámicas que responden a la madurez de los estudiantes, el contexto académico y el uso de la tecnología.

La evidencia proporcionada por los participantes sugiere que tanto el bullying como el ciberbullying persisten en la universidad, con características diferenciadas respecto al ámbito escolar. Como se destacó en una de las citas, los estudiantes perciben el ciberbullying como una forma más invasiva y difícil de eludir, ya que "está en todos lados" y no deja un espacio seguro para las víctimas. Esto se alinea con investigaciones previas que indican que el ciberbullying trasciende los límites físicos de la institución educativa, afectando al individuo incluso fuera del contexto académico (Kowalski et al., 2014).

Además, la violencia emocional y psicológica, manifestada a través de comentarios hirientes, exclusión social y manipulación emocional, fue reconocida como una forma de violencia de mayor impacto que la física. La percepción de que "lo que afecta netamente a las emociones es mucho más doloroso" refleja cómo los estudiantes reconocen y experimentan el daño psicológico como una forma de acoso más persistente y lesiva. Esto concuerda con estudios que sugieren que el impacto emocional del ciberbullying y del bullying puede tener consecuencias más profundas y duraderas que las formas de acoso físico (Slonje et al., 2012).

La discusión de los resultados también permite identificar que ciertos estudiantes pueden ser más propensos a experimentar bullying y ciberbullying. Las víctimas tienden a ser aquellas percibidas como "dóciles" o con características que las hacen "diferentes" de la norma social, lo que se convierte en un factor de vulnerabilidad para el acoso. Estos hallazgos son consistentes con estudios previos que demuestran que los perpetradores suelen atacar a quienes consideran que no encajan en los estándares establecidos o que muestran signos de vulnerabilidad (Smith y Slonje, 2010).

Al mismo tiempo, la universidad como espacio social y académico, juega un rol importante en la percepción de estas violencias. La normalización de ciertas conductas y la falta de intervención directa por parte de compañeros y autoridades refuerzan la continuidad del acoso en este nivel educativo. Las intervenciones institucionales suelen percibirse como limitadas, y existe una falta de conciencia sobre la gravedad de los comportamientos de bullying y ciberbullying, como lo refleja la cita que menciona cómo se trivializan las denuncias en páginas de confesiones universitarias.

Estos resultados destacan la necesidad de desarrollar intervenciones específicas para el contexto universitario que aborden tanto el bullying como el ciberbullying desde una perspectiva preventiva y de apoyo. Las universidades deben trabajar en la creación de espacios seguros y en la promoción de una cultura que valore el respeto y la empatía entre pares, así como en la sensibilización sobre los efectos del bullying y el ciberbullying. Además, resulta esencial establecer mecanismos claros de denuncia y apoyo para las víctimas, así como programas que fomenten la participación activa de los estudiantes en la prevención e intervención de situaciones de acoso.

Por otro lado, las motivaciones de los agresores, identificadas como inseguridades personales y necesidades de validación social, sugieren que es importante no solo centrarse en las víctimas, sino también en el desarrollo de programas que promuevan la inteligencia emocional y las habilidades socioemocionales en toda la comunidad universitaria. Esto podría ayudar a mitigar las conductas agresivas y promover relaciones interpersonales más saludables.

CONCLUSIONES

Este estudio evidencia que el bullying y el ciberbullying continúan presentes en contextos universitarios, manifestándose a través de formas de violencia emocional y psicológica que afectan significativamente el bienestar de los estudiantes. Aunque el acoso físico es menos común en este nivel educativo, el impacto de la violencia verbal y virtual es profundo y, a menudo, se normaliza debido a la falta de intervención y la percepción de anonimato en redes sociales. Las experiencias compartidas por los estudiantes de pedagogía destacan la necesidad de abordar el ciberbullying no solo como una extensión del bullying escolar sino como un fenómeno con dinámicas propias y complejas en la etapa universitaria. Para contribuir a la creación de entornos académicos más seguros y saludables, es crucial fomentar la sensibilización sobre estas formas de violencia y desarrollar estrategias que promuevan relaciones respetuosas y de apoyo entre estudiantes.

Por último, se enumeran y sugieren los aspectos a mejorar en futuros estudios: 1. Ampliar la muestra y diversificar a los participantes: Si bien el enfoque en estudiantes de pedagogía proporciona información valiosa, futuros estudios podrían ampliar la muestra para incluir estudiantes de diferentes carreras y universidades, tanto públicas como privadas, para obtener una visión más completa y representativa del fenómeno. 2. Incluir perspectivas longitudinales: Sería beneficioso realizar estudios longitudinales para observar cómo evolucionan las experiencias de bullying y ciberbullying a lo largo de la carrera universitaria y qué factores influyen en su aumento, disminución o transformación. 3. Analizar el rol de las instituciones y políticas: Investigar el papel de las políticas universitarias y el apoyo institucional en la prevención y manejo del bullying y ciberbullying. Esto permitiría evaluar la efectividad de las medidas implementadas y proponer mejoras basadas en la experiencia de los estudiantes. 4. Explorar el uso de nuevas tecnologías: Dado que la dinámica de la violencia virtual cambia rápidamente, es importante explorar el papel de nuevas plataformas digitales y aplicaciones de redes sociales en la perpetuación de estas violencias y cómo influyen en la percepción y participación de los estudiantes.

Estos aspectos contribuirían a enriquecer el conocimiento sobre el bullying y el ciberbullying en la universidad y a diseñar intervenciones más efectivas y contextualizadas para su prevención y abordaje.

Referencias

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Recibido: 28 de Julio de 2024; Aprobado: 04 de Octubre de 2024; Publicado: 13 de Octubre de 2024

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