Introducción
El progresivo envejecimiento demográfico a nivel mundial ha planteado una serie de desafíos complejos que invitan a replantear la manera en que las sociedades garantizan condiciones dignas para las personas mayores, especialmente para aquellas que viven en entornos institucionales. Esta realidad pone de manifiesto la urgencia de diseñar políticas y servicios que respondan a los retos del cuidado geriátrico, así como a los cambios estructurales en las relaciones familiares y comunitarias. En este contexto, resulta esencial crear espacios que fomenten el bienestar integral durante la vejez, considerando no solo la dimensión física, sino también la emocional y social.
La calidad de vida en la adultez mayor es un concepto multidimensional que integra variables biológicas, psicológicas y sociales. En este sentido, Alonso Palacios et al. (2023) señalan que el envejecimiento conlleva transformaciones progresivas que afectan las capacidades funcionales del individuo, lo cual, en muchos casos, conduce a procesos de institucionalización debido a la insuficiencia del soporte familiar. Por su parte, García Alarcón et al. (2021) destacan que el aislamiento afectivo, las limitaciones económicas y los problemas de salud contribuyen significativamente al deterioro del bienestar en esta etapa de la vida. Asimismo, Ávila et al. (2020) subrayan la importancia de abordar la calidad de vida desde las dimensiones física, mental y social, mientras que Piña et al. (2022) agregan una perspectiva cultural, resaltando los roles sociales como elementos fundamentales para un envejecimiento digno.
Los estudios comparativos entre personas mayores institucionalizadas y aquellas que permanecen en sus entornos familiares revelan diferencias importantes. Picazo (2020) plantea que, aunque no se observan diferencias contundentes en la percepción general del bienestar, sí existen mayores niveles de dependencia y síntomas depresivos entre quienes residen en instituciones. Este hallazgo pone de relieve la necesidad de intervenciones específicas que prioricen la atención emocional y fomenten la autonomía personal en estos espacios.
En esta línea, los programas de envejecimiento activo se presentan como herramientas clave para promover una vejez saludable. Investigaciones como la de Proaño & Navarrete (2025) evidencian el impacto positivo de estas iniciativas en el bienestar físico y psicológico, mientras que Alvarado & Alvarado (2024) destacan la relevancia de estrategias holísticas orientadas a la promoción de la salud.
Por otro lado, las condiciones físicas y organizativas de las residencias geriátricas juegan un papel determinante en la experiencia de vida de sus residentes. Guerra-Martín & Ramírez (2020) señalan deficiencias en los servicios asistenciales, y la Defensoría del Pueblo (2023) advierte sobre problemas estructurales, la escasez de personal calificado y dificultades en el acceso a la atención médica. Desde una perspectiva propositiva, Morán (2022) aboga por infraestructuras accesibles que fomenten la autonomía, mientras que Bustamante et al. (2023) resaltan la importancia de entornos acogedores, seguros y estimulantes.
Además, factores contextuales y geográficos también influyen en la calidad de vida de los adultos mayores. Liu et al. (2023) muestran cómo la altitud puede afectar tanto la dimensión física como la emocional del bienestar. Por su parte, Esteve & Zueras (2021) enfatizan el papel de la estructura familiar en el sostén social durante la vejez, y Aguilar & Carballo-Alfaro (2023) identifican que el acceso a redes de apoyo y servicios sanitarios está relacionado con una mayor satisfacción vital. Paralelamente, Brasero-Rodríguez et al. (2024) destacan la resiliencia como un factor mediador clave en la percepción del bienestar durante la jubilación.
La literatura también resalta la eficacia de iniciativas comunitarias y sanitarias. Wen et al. (2021) documentan mejoras en la calidad de vida de residentes institucionalizados gracias a programas comunitarios. Asimismo, Regato-Pajares et al. (2023) ponen en evidencia las respuestas del primer nivel de atención ante la crisis sanitaria en residencias, y Aguiar & Salmazo da Silva (2022) analizan el impacto de la formación profesional y la participación activa del adulto mayor en su propio cuidado.
No puede omitirse la dimensión psicológica en este contexto. Estudios como los de Pisfil (2023) y Zegarra (2022) advierten sobre las consecuencias del confinamiento por COVID-19 en la salud mental de la población geriátrica institucionalizada, destacando elevados niveles de ansiedad, depresión y estrés durante ese periodo.
Frente a este panorama, la presente investigación se propone analizar de manera crítica la producción científica reciente sobre la calidad de vida de los adultos mayores en centros residenciales públicos, con especial atención a los estudios publicados entre 2020 y 2024. Esta revisión busca sistematizar los principales enfoques, hallazgos y vacíos en la investigación, con el fin de contribuir al diseño de intervenciones más efectivas que promuevan el bienestar integral de esta población desde una perspectiva fundamentada en la evidencia.
Metodología
Este estudio consistió en una revisión de 22 artículos centrados en la calidad de vida de los adultos mayores que residen en centros residenciales públicos, obtenidos mediante una búsqueda exhaustiva de literatura en bases de datos académicas reconocidas, tales como Scopus, ScienceDirect y SciELO. Para la recolección de información, se emplearon palabras clave específicas, entre las que se incluyen: “calidad de vida”, “adultos mayores”, “centros residenciales”, “atención pública”, “envejecimiento”, “bienestar” y “revisión sistemática”.
En una primera etapa, la búsqueda inicial permitió identificar un total de 65 artículos potencialmente relevantes. Posteriormente, se aplicaron criterios estrictos de inclusión y exclusión con el fin de garantizar la calidad y pertinencia de los estudios seleccionados. En particular, se incluyeron aquellos trabajos publicados en los últimos cinco años, revisados por pares y que abordaran específicamente la calidad de vida de los adultos mayores en centros residenciales públicos. Además, los artículos debían estar disponibles en inglés o español para facilitar su análisis.
Por otro lado, se descartaron estudios con metodologías deficientes, resultados no concluyentes, revisiones sin datos primarios, artículos duplicados y aquellos publicados hace más de cinco años. Tras la aplicación de estos filtros, se seleccionaron finalmente 22 artículos para un análisis más detallado, el cual se desarrolló mediante una metodología cualitativa.
El análisis cualitativo se llevó a cabo en varias etapas. En primer lugar, se realizó una revisión inicial en la que cada artículo fue examinado cuidadosamente para extraer información relevante sobre los objetivos del estudio, la metodología empleada, las características de la población estudiada y los indicadores utilizados para evaluar la calidad de vida.
En una segunda etapa, se llevó a cabo la comparación de los resultados extraídos de los artículos seleccionados, con el propósito de identificar tendencias comunes, diferencias significativas y conclusiones generales. Durante este proceso, se prestó especial atención a las metodologías empleadas en cada estudio, con el fin de garantizar la comparabilidad y la validez de las observaciones.
Asimismo, se realizó una evaluación crítica de la calidad y validez de cada artículo, utilizando herramientas reconocidas para revisiones sistemáticas, como la guía PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses). Esta guía permite asegurar la transparencia y rigurosidad en la selección, análisis y síntesis de los estudios incluidos, fortaleciendo así la fiabilidad de los resultados obtenidos.

Nota. Contenido generado desde https://hollyhartman.shinyapps.io/PRISMAFlowDiagram/
Figura 1 Diagrama de flujo PRISMA mostrando el proceso de selección de artículos
Los hallazgos de esta revisión resaltaron varios factores determinantes en la calidad de vida de los adultos mayores que residen en centros residenciales públicos. Entre ellos, la atención personalizada, el diseño adecuado del entorno residencial y el acceso a recursos médicos y sociales emergieron como elementos fundamentales. Además, se observó que el bienestar emocional y la autonomía de los residentes constituyen aspectos esenciales para mejorar su calidad de vida.
La relevancia de esta investigación radica en la necesidad de identificar y promover estrategias que contribuyan a optimizar la calidad de vida de los adultos mayores en entornos institucionales, especialmente en aquellos con recursos limitados. En este sentido, los estudios revisados se encuentran alineados con el objetivo general de esta investigación: realizar una revisión exhaustiva y crítica sobre la calidad de vida en adultos mayores que habitan en centros residenciales públicos, aportando evidencia que facilite el diseño de intervenciones más efectivas y centradas en el bienestar integral de esta población.
Resultados
A continuación, se exponen los resultados agrupados provenientes del análisis de los 20 artículos seleccionados:
Tabla 1 Factores clave que determinan la calidad de vida en centros residenciales públicos
| Factor Clave | Autor(es) | Aspecto Analizado | Conclusión Principal |
|---|---|---|---|
| Definiciones y factores de la calidad de vida | Ávila et al. (2020) | Factores biopsicosociales que influyen en la calidad de vida de adultos mayores en establecimientos de larga estadía. | La calidad de vida es menor en adultos mayores institucionalizados por sus condiciones biopsicosociales. |
| García et al. (2021) | Calidad de vida del adulto mayor en el Primer Nivel de Atención. | El abandono familiar y la pobreza reducen el bienestar de los adultos mayores. | |
| Alonso et al. (2023) | Se estudiaron condiciones biopsicosociales y clínicas en personas mayores institucionalizadas. | La pérdida de autonomía motiva la institucionalización en la vejez. | |
| Piña et al. (2022) | Se analizó la participación social de los adultos mayores y su efecto en el bienestar. | La vida social activa mejora la calidad de vida en la tercera edad. | |
| Calidad de vida en contextos institucionalizados | Picazo (2020) | Se comparó la percepción del bienestar entre ancianos con y sin institucionalización. | Los mayores en instituciones reportan más depresión y dependencia. |
| Programas y envejecimiento activo | Proaño & Navarrete (2025) | Evaluación del impacto de programas gerontológicos en usuarios de un centro especializado. | Los programas mejoran el estado físico y emocional de los adultos mayores. |
| Alvarado & Alvarado (2024) | Estrategias de envejecimiento activo enfocadas en salud y prevención. | El bienestar mejora con intervenciones integrales y preventivas. | |
| Aguiar & Salmazo (2022) | Condiciones de atención primaria dirigidas a la población adulta mayor. | La calidad de la atención está directamente relacionada con la capacitación del personal y la aplicación de protocolos adecuados. | |
| Condiciones en centros de atención residencial | Guerra-Martín & Ramírez (2020) | Revisión de la calidad de cuidados en residencias de larga estancia. | La atención en residencias requiere mejoras urgentes. |
| Defensoría del Pueblo (2023) | Condiciones de vida y cumplimiento de derechos en centros de atención residencial. | Se vulneran derechos por carencias estructurales y de personal. | |
| Morán (2022) | Diseño arquitectónico inclusivo en residencias para adultos mayores. | La accesibilidad arquitectónica favorece la autonomía. | |
| Bustamante et al. (2023) | Buenas prácticas de cuidado en centros gerontológicos. | El enfoque centrado en la persona mejora el bienestar. | |
| Segura et al. (2023) | Entornos residenciales que promueven independencia en adultos mayores. | Espacios adaptados fomentan autonomía y satisfacción. | |
| Factores biopsicosociales específicos | Liu (2023) | Influencia de la altitud geográfica en la calidad de vida de adultos mayores. | La altitud afecta el bienestar físico, emocional y social. |
| Esteve & Zueras (2021) | Estructura de los hogares de personas mayores y su relación con el bienestar. | La convivencia familiar brinda soporte en la vejez. | |
| Aguilar & Carballo-Alfaro (2023) | Factores que inciden en la percepción de satisfacción vital en la tercera edad. | Salud y apoyo social elevan la satisfacción con la vida. | |
| Brasero-Rodríguez et al. (2024) | Relación entre calidad de vida, resiliencia y bienestar en jubilados. | La resiliencia mejora la percepción del bienestar en el retiro. | |
| Impacto de intervenciones y programas | Wen et al. (2021) | Impacto de los programas comunitarios en el bienestar de adultos mayores institucionalizados. | Las actividades comunitarias elevan el bienestar de los residentes. |
| Regato-Pajares et al. (2023) | Respuesta de la atención primaria en residencias durante la pandemia. | La coordinación con salud primaria necesita fortalecerse. | |
| Salud mental en adultos mayores | Pisfil (2023) | Impacto del confinamiento social en la salud mental de los adultos mayores. | El aislamiento aumentó los niveles de estrés y ansiedad. |
| Zegarra (2022) | Impacto psicológico de la pandemia de COVID-19 en adultos mayores en un centro geriátrico. | La pandemia generó altos niveles de depresión y angustia. | |
| Cristiana & Sánchez (2021) | Calidad de vida en centros residenciales públicos en Colombia. | Se requieren políticas para mejorar el bienestar institucional. | |
| Diseño de entornos residenciales | Morán (2022) | Diseño inclusivo de residencias geriátricas. | El diseño accesible refuerza la autonomía personal. |
| Segura & Cardona (2023) | Diseño de ambientes residenciales amigables para personas mayores. | Los espacios adaptativos promueven independencia. | |
| Bustamante (2023) | Revisión de cuidados geriátricos y condiciones de atención en residencias. | El cuidado integral y humanizado es clave para el bienestar. |
Como se pudo apreciar, la tabla 1 ofrece un resumen claro de los hallazgos más relevantes, organizando los artículos en función de los factores clave que influyen en la calidad de vida en centros residenciales públicos. Entre estos factores destacan el diseño del entorno, el apoyo social, la calidad de los servicios de salud, la resiliencia y las intervenciones terapéuticas, todos ellos esenciales para mejorar la experiencia y el bienestar de los residentes.
Discusión
Los resultados de esta revisión sistemática permiten profundizar en las múltiples dimensiones que configuran la calidad de vida de los adultos mayores institucionalizados. En primer lugar, se reafirma que este concepto no puede abordarse desde una perspectiva unidimensional, dado que está atravesado por aspectos físicos, emocionales, sociales y contextuales que se encuentran interrelacionados. Tal como señalan Ávila et al. (2020), García Alarcón et al. (2021) y Alonso Palacios et al. (2023), factores como el deterioro funcional progresivo, el aislamiento familiar y la precariedad económica inciden de manera significativa en el bienestar de esta población. Asimismo, el componente cultural y los roles sociales, destacados por Piña et al. (2022), también influyen en la percepción del bienestar durante la vejez.
Una constante en los estudios analizados es la comparación entre adultos mayores que viven en instituciones y aquellos que permanecen en su entorno comunitario. Aunque Picazo (2020) no identifica diferencias concluyentes en la evaluación global de la calidad de vida, sí resalta niveles más elevados de dependencia y síntomas depresivos entre los institucionalizados. En la misma línea, Ávila et al. (2020) reportan una mejor autopercepción del bienestar entre quienes residen fuera de residencias de larga estadía, lo que sugiere que el contexto residencial requiere intervenciones específicas orientadas a preservar la autonomía y la salud mental de sus habitantes.
En cuanto a las acciones dirigidas a esta población, diversos autores coinciden en la importancia de los programas enfocados en el envejecimiento activo. Proaño & Navarrete (2025) sostienen que estas iniciativas favorecen tanto la dimensión física como la emocional del bienestar, mientras que Alvarado & Alvarado (2024) enfatizan la necesidad de adoptar un enfoque integral basado en la promoción de la salud y la prevención. Por su parte, Aguiar & Salmazo da Silva (2022) subrayan el papel fundamental de los servicios de atención primaria, especialmente en lo que respecta a la formación del personal y la participación activa del adulto mayor en las decisiones relacionadas con su salud.
Otro factor crítico que emerge de la literatura es la infraestructura y gestión de los centros de atención. Guerra-Martín & Ramírez (2020) denuncian deficiencias en los servicios asistenciales, mientras que la Defensoría del Pueblo (2023) evidencia limitaciones importantes en cuanto a equipamiento, personal calificado y acceso a servicios básicos en residencias públicas peruanas. En contraste, propuestas como las de Morán (2022) y Bustamante et al. (2023) promueven la implementación de diseños inclusivos, espacios acogedores y cuidados centrados en la persona. Segura Cardona et al. (2023) refuerzan esta perspectiva al plantear la urgencia de generar entornos residenciales que fomenten la independencia funcional y la satisfacción de los residentes.
Más allá de estas dimensiones generales, también se identificaron variables específicas que afectan la calidad de vida en contextos institucionales. Liu et al. (2023) documentan el impacto de factores geográficos, como la altitud, sobre la salud integral del adulto mayor. Estudios como los de Esteve & Zueras (2021) destacan el rol de la estructura familiar en la protección social, mientras que Aguilar & Carballo-Alfaro (2023) vinculan el apoyo social con mayores niveles de satisfacción vital. En el ámbito psicológico, Brasero-Rodríguez et al. (2024) resaltan la resiliencia como un factor mediador clave en la experiencia de la jubilación.
Asimismo, se identifican experiencias exitosas derivadas de programas e intervenciones comunitarias. Wen et al. (2021) evidencian el impacto positivo de estas iniciativas en la salud y bienestar de personas institucionalizadas, mientras que Regato-Pajares et al. (2023) enfatizan la necesidad de coordinación entre atención primaria y residencias, especialmente en contextos de crisis como la pandemia.
En este mismo sentido, la dimensión psicológica adquiere una relevancia notable. Pisfil (2023) y Zegarra (2022) informan sobre el deterioro de la salud mental en adultos mayores durante el confinamiento, con una alta prevalencia de síntomas depresivos, estrés y ansiedad. Por su parte, Cristiana & Sánchez (2021) llaman la atención sobre la urgencia de implementar políticas de envejecimiento activo y bienestar social en residencias públicas de Colombia.
En conjunto, estos hallazgos respaldan la necesidad de abordar la calidad de vida en centros residenciales desde una perspectiva integral que contemple la articulación entre infraestructura, servicios, redes de apoyo y estrategias de cuidado centradas en la persona.
Conclusiones
Los datos revisados permiten concluir que la calidad de vida de los adultos mayores en centros residenciales públicos depende en gran medida de la interacción entre las condiciones materiales, el apoyo social y las características personales de cada individuo. En particular, el acceso a infraestructuras diseñadas bajo criterios biofílicos, tecnologías sostenibles y espacios adaptados influye positivamente en el bienestar físico, mental y cognitivo de los residentes, lo que subraya la necesidad de repensar el diseño arquitectónico de estos entornos.
Del mismo modo, el respaldo emocional, las relaciones interpersonales y la capacidad de resiliencia individual emergen como elementos fundamentales en la percepción subjetiva del bienestar. La ausencia de estos factores, especialmente en contextos de institucionalización prolongada, puede intensificar sentimientos de soledad y contribuir al deterioro psicológico.
Además, se identificaron desigualdades significativas entre regiones, particularmente en América Latina, donde las limitaciones presupuestarias y las brechas en la implementación de políticas públicas dificultan la garantía de condiciones mínimas de calidad. En este sentido, resulta urgente replantear la inversión social y fortalecer estrategias integrales que promuevan la equidad en el acceso a servicios.
Por otra parte, se evidenció el valor de intervenciones alternativas no farmacológicas, como la musicoterapia y otras terapias complementarias, que han demostrado mejorar tanto el estado emocional como la movilidad física de los adultos mayores. Incorporar estas prácticas dentro de los programas geriátricos puede ser clave para desarrollar un enfoque verdaderamente holístico del cuidado.
A pesar de los avances en el estudio de este fenómeno, persiste una notable escasez de investigaciones que aborden de manera sistemática y transversal los múltiples factores que influyen en la calidad de vida en contextos residenciales. Por ello, es indispensable fomentar nuevas investigaciones con diseños rigurosos que orienten la mejora de políticas y prácticas institucionales.
En definitiva, este estudio permite afirmar que el bienestar en centros residenciales públicos está determinado por una compleja red de factores personales, sociales y estructurales. La implementación de políticas efectivas, la creación de entornos adaptados, el desarrollo de programas innovadores de cuidado y el fortalecimiento de redes de apoyo son elementos fundamentales para garantizar una vejez digna y de calidad.














