Introducción
Según lo definido por Rojas y Rodríguez (2022), manifiesta que la violencia se puede presentar en estructura de fuerzas o de amenazas de aplicación de esa fuerza, dirigida por una o varias personas en conjunto, con un plan de acción propuesto. Estas ejecuciones podrían ser deliberadas y con una variedad de expresiones que se pueden caracterizar en físicas, psicológicas, de género, sexual, económica o institucional.
Por su parte, desde una perspectiva personal, si se habla del desarrollo de los procesos informáticos y lo que se refiere a las telecomunicaciones, se podría decir que existe un avance significativo desde la existencia y creación medios tecnológicos, donde se permiten interacciones de postulación gratuitas, brindado apertura de uso sin límites para todo tipo de usuario, e incluso la falsificación de información, lo que provoca las conocidas cuentas falsas. Estas redes podrían ser las que tienen características como las que presentan Facebook, Instagram y X, pero sobre todo la red social WhatsApp.
Desde lo especificado por Serrano y Serrano (2023), las redes contribuyen a la correlación de la virtualidad, conectando a las personas sin necesidad de que exista una interacción física, dando por sentado el intercambio de culturas y dejando de lado las fronteras, generando uniones e incorporando ideas que pueden ayudar a combatir y disminuir el acoso.
Se puede mencionar que el crimen y la violencia son identificados como impedimentos para llevar a cabo el desarrollo sostenible y el avance económico de una nación. Si se realiza un análisis de los índices de violencia a nivel mundial, se identifica según lo mencionado por la ONU, Organización de las Naciones Unidas (2024), es en América Latina y el Caribe donde se establecen los niveles más elevados de violencia, con un aproximado del 60% de incidencia.
En Sudamérica se establece una lista de países con mayor impacto de violencia, donde mantienen un alto porcentaje de criminalidad según un artículo publicado en la página online del diario El Universo (2025), según se muestra en la siguiente tabla.
Tabla 1 Descripción de índices de inseguridad por país
| N° | País | Índice de inseguridad |
|---|---|---|
| 1 | Colombia | 79.21 |
| 2 | México | 78.42 |
| 3 | Rusia | 75.65 |
| 4 | Venezuela | 64.09 |
| 5 | Perú | 58.15 |
| 6 | Nicaragua | 56.48 |
| 7 | Ecuador | 55.54 |
| 8 | Honduras | 50,76 |
| 9 | Brasil | 50.07 |
| 10 | El Salvador | 48.51 |
| 11 | Ucrania | 48.42 |
| 12 | Panamá | 48.24 |
| 13 | Haití | 45.05 |
| 14 | Guatemala | 43.38 |
Tabla 1índice de inseguridad por país
En Ecuador se registró el año 2023 como el más sangriento de su historia en años, donde la tasa de homicidios superó a la de países históricamente violentos como Honduras, México y Colombia, de la misma manera en paralelo a grupos criminales que se valen de los ciudadanos para capitalizar sus batallas internas, desde lo planteado por Dudley et al. (2024).
Desde el planteamiento del Ministerio del Interior (2023), en este contexto de la inseguridad, sobre todo en la ciudad Guayaquil, los niveles establecidos para inseguridad se han vuelto alarmantes en el transcurso de los 3 últimos años, ya que se determinó como epicentro de violencia. Los grupos criminales de la región desencadenaron una batalla sangrienta por la lucha de puestos claves en el gobierno municipal y el control de comunidades, formando un grupo cautivo de reclutas, víctimas y consumidores de droga. Esto genera una gran afición, no solo en modo de existencia de los habitantes de esta ciudad, sino también en la estructura y dinámica de las familias.
Este estudio nace de la observación de situaciones ocurridas en este contexto educativo y la constante atención de casos desde el departamento del DECE (Departamento de Consejería Estudiantil), en el que se reciben a diario denuncias por parte de estudiantes y padres de familia, quienes mencionan haber sido víctimas de algún tipo de ciberacoso por parte de compañeros de la misma institución, que empieza ya a causar ruido en su estado emocional, y aseveran sentir temor por las reacciones de los presuntos agresores al notar que fueron expuestos.
Es por ello que, el objetivo de esta investigación fue caracterizar la prevalencia y las formas de violencia digital reportadas en la población de estudiantes del Colegio Joaquín Gallegos Lara del suburbio de Guayaquil, describiendo la condición de victimización, los tipos de violencia y los principales mecanismos de ocurrencia, con comparación por género.
Metodología
Diseño y enfoque del estudio
Se desarrolló un estudio observacional, de diseño no experimental y corte transversal, con alcance descriptivo de acuerdo a lo establecido por Hernández-Sampieri y Mendoza (2018). El estudio se orientó a caracterizar manifestaciones de violencia en entornos digitales y su distribución por género en un contexto escolar, a partir de información levantada mediante encuesta estructurada aplicada en línea.
Área de estudio
La presente investigación se llevó a cabo en una institución educativa fiscal que pertenece al Ministerio de Educación, Deporte y Cultura. Esta institución cuenta con tres jornadas académicas recurrentes determinadas como matutina en la que se desarrollan los niveles de bachillerato Técnico en las especializaciones de Informática, Contabilidad, Electromecánica, Construcción y elaboración de estructuras metálicas y Mecánica automotriz, por otra parte en la los subniveles de básica superior desde 8vo a 10mo en la durante la jornada vespertina, existe una variante en la jornada nocturna, en esta se desarrolla el programa de aplicación dos por uno en los cursos desde 8vo hasta 10 y bachillerato intensivo.
Dicha institución se encuentra ubicada en el suburbio de la ciudad de Guayaquil, mantiene una comunidad muy diversa entre personal administrativo, docentes, estudiantes y padres de familia, con un aproximado total de estudiantes de 1300 entre todo el conjunto de jornadas.
Población y muestra
La población de estudio estuvo conformada por 233 estudiantes de la jornada vespertina del colegio Joaquín Gallegos Lara del suburbio de Guayaquil. (N=233). La muestra efectiva analizada fue de 197 estudiantes (n=197). Considerando un nivel de confianza del 95% (z=1,96), el supuesto conservador p=q=0,5 y la corrección por población finita, el tamaño muestral alcanzado corresponde a un margen de error aproximado de ±2,75% para la estimación de proporciones en la población objetivo. Se seleccionaron los participantes a través del método de selección aleatorio, dando como resultado una muestra probabilística.
Instrumentos y variables
La recolección se realizó mediante una encuesta compuesta por preguntas estructuradas implementadas en un formulario online, aplicada tras una prueba inicial de confiabilidad/supervisión por expertos y una aplicación piloto aproximada del 10% de la población antes de su ejecución total.
Adicionalmente, se utilizó un instrumento de valoración de cibervictimización basado en Nocentini et al. (2010) y adaptado por Cortez (2025), con escala ordinal de respuesta: 1 = Nunca; 2 = Pocas veces; 3 = Muchas veces; 4 = Siempre.
Las variables analizadas fueron de tipo categórico e incluyeron: condición frente a la victimización (no víctima/ciberobservador/víctima 1 o 2 ocasiones), tipo de violencia reportada y forma/canal de ocurrencia (mensajes privados vs públicos), además de la variable sociodemográfica género.
Procedimiento
Se aplicaron criterios de confidencialidad y se gestionó la firma de consentimiento informado a los participantes seleccionados. Dado que los participantes eran menores de edad, se siguieron protocolos institucionales, incluyendo permisos y consentimiento con representantes legales.
Análisis de datos
Los datos se analizaron mediante estadística descriptiva, utilizando frecuencias y porcentajes para resumir la distribución de categorías. Los resultados se presentaron de forma agregada mediante tablas y gráficos comparativos por género.
Consideraciones éticas
El estudio contempló acuerdos de confidencialidad y consentimiento informado, resguardando la identidad de los participantes y reportando los resultados de manera agregada.
Se cumplieron los protocolos respectivos para la realización del proyecto permisos de la institución por medio de un acuerdo de confidencialidad, firma de consentimiento informado con los representantes legales, debido a que todos los participantes de la muestra eran menores de edad, se creó un grupo de WhatsApp con los participantes, se dio uso a los medios digitales para mostrar de forma indirecta lo valioso de las redes en otros aspectos.
Resultados y discusión
Ejecutando la aplicación sociodemográfica a la muestra constituida por 197 estudiantes se logró identificar que las mujeres eran un porcentaje más alto que los hombres, de esta manera existía el 59%, de mujeres y un 41%, fueron hombres, cabe mencionar que dos personas se identificaron de sexo diferenciado a femenino y masculino. El 70% tenían una edad de 16 años
En base a las encuestas en la Figura 1 se observó que el 58% de los participantes no reportaron victimización directa, lo que indica que más de la mitad de la población no ha sido víctima directa en las categorías consideradas. En segundo lugar, se ubican los ciberobservadores (18%), es decir, estudiantes que han presenciado o estado expuestos a situaciones de violencia en el entorno digital sin ser víctimas directas. En menor proporción aparecen las víctimas directas, divididas en quienes reportaron haber sufrido violencia en una ocasión (11%) y quienes indicaron haberla sufrido en dos ocasiones (13%). En conjunto, estos resultados sugieren que, aunque la mayoría no se identifica como víctima directa, existe una presencia relevante de exposición y victimización en el entorno digital dentro del grupo estudiado.
La mayor cantidad de afectadas en más de 3 ocasiones fueron mujeres que equivale al 40%, a diferencia de los hombres que reportan mayormente en una ocasión con un 48% y las de otros géneros mayormente en 3 ocasiones.
En la Figura 3 se presenta la distribución porcentual de los tipos de violencia reportados por género. En mujeres, la categoría “Otros” concentró la mayor proporción (38,3%), seguida de violencia familiar (25,0%) y violencia sexual (23,3%), mientras que la categoría académicos (1,67%) y políticos (5,0%) mostraron los valores más bajos. En hombres, la mayor proporción correspondió a académicos (22,6%), seguida de violencia sexual y “Otros” (ambas 19,3%), con menores porcentajes en políticos (9,68%) y familiares (13,3%). En conjunto, los resultados evidencian un patrón diferencial por género, con una mayor concentración de reportes en “Otros” y violencia familiar en mujeres, y una mayor proporción en la categoría académicos en hombres.

Figura 3 Distribución porcentual de los tipos de violencia reportados según género. Se comparan hombres y mujeres en las categorías: sexual, familiar, laboral, académica, política y otros.
En este apartado se manejaron los tipos de violencia enfocados a la fisionomía de la persona o la configuración de su cuerpo, esto en lo referente a hombres como a mujeres, subseguido por los comentarios dirigidos a su orientación política y de la pornografía digital enviada por el agresor. Al observar los resultados por género, se observan patrones diferenciados en los tipos de violencia reportados. En mujeres, la categoría predominante fue comentarios agresivos hacia su persona o su cuerpo (45%), seguida a distancia por envío de imágenes íntimas del agresor (5%) y comentarios agresivos por orientación política (5%). No se registraron reportes femeninos en exigencia de publicación de imágenes íntimas, ni en comentarios agresivos sobre sexo o por orientación sexual.
En hombres, también predominaron comentarios agresivos hacia su persona o su cuerpo (20%); sin embargo, se observó una mayor participación relativa en categorías específicas, particularmente envío de imágenes íntimas del agresor (10%) y comentarios agresivos por orientación política (10%). Además, la exigencia de publicación de imágenes íntimas fue reportada únicamente por hombres (5%), mientras que las categorías relacionadas con comentarios agresivos sobre sexo y por orientación sexual no registraron casos.
A nivel global, la mayor concentración de respuestas se ubicó en comentarios agresivos hacia la persona o el cuerpo (65%), lo que confirma que esta forma de violencia constituye el eje principal del fenómeno reportado en la muestra; las demás categorías se mantuvieron en proporciones bajas (≤15%).
Por otro lado, los resultados evidencian que, dentro de la categoría “otros”, el medio más reportado para ejercer violencia a través de redes corresponde a la mensajería privada, con diferencias por género (Figura 5).
En mujeres, se observó un patrón claramente dominante de mensajes privados (71,6%), mientras que los mensajes públicos representan una proporción menor (28,4%). Esto sugiere que, en este grupo, la violencia reportada en “otros” ocurre principalmente mediante interacciones directas y no visibles públicamente.
En hombres, también predomina el uso de mensajes privados (54,8%); sin embargo, la distribución es más equilibrada, ya que los mensajes públicos alcanzan un 45,2%. Esto indica que, para los hombres, la violencia en “otros” se manifiesta tanto en espacios privados como en escenarios de mayor exposición pública, aunque con ligera predominancia de la vía privada.
Cuando se realizó la observación de las mociones que llevaron a la creación de la violencia por medio de las redes sociales hacia los alumnos del colegio Joaquín Gallegos Lara de Guayaquil, se logró evidenciar como presunta causa principal otros aspectos que no fueron captados en el test, continuos de los tipos sexuales y en ese ámbito concuerda con los descubrimientos planteados por Ferreiro et al. (2023) , mismos que plantearon las manifestaciones conductuales relacionadas al sexismo en sujetos participantes de la investigación, los cuales no cumplían con los estándares establecidos previamente respecto de los cánones de belleza estructurados en la sociedad o las que no muestran exceso de interés temprano hacía hombres.
Así mismo desde lo que mencionaron Flores y Brown (2022) mismos que revelaron que los estereotipos sexuales se mantienen en los actuales espacios de comunicación digital y que se reproducen al mantenerse en los parámetros de la sociedad como son las escuelas, la casa, regímenes de salud. De la misma manera Hernández (2022) (marcó en su análisis que la violencia sexual afectó tanto a mujeres como a hombres, pero que la mujer fue más susceptible ante la expresión de violencia sexual por motivos socioculturales.
Al momento de profundizar acerca de las emociones que se provocaron por las acciones violentas en las victimas de forma más amplia se encontró que el miedo y la inseguridad son los más comunes, teniendo como referencia comparativa el estudio realizado por Escudero (2021), quienes mostraron que mayormente sentían miedo las víctimas, de la misma manera que mostraban sentimiento de culpa, al creer que la causa de haber sufrido de ellas provenía de ellas y sus expresiones o acciones.
Cuando nos referirnos al perfil que presentan las personas que ejercieron violencia de algún tipo, se pudo analizar que era diverso y que en su mayoría utilizaron sus propias redes, y que muy pocas accedieron a la creación de redes falsas, casi en su totalidad eran personas desconocidas, un muy pequeño porcentaje eran conocidas usando su propio perfil, cabe recalcar que en esta parte no coincide con lo que menciona Rivadulla y Rodríguez (2021) quienes plantearon que en lo que se refiere a las víctimas mujeres, sus agresores mayormente eran quienes en su tiempo compartieron una amistad mientras que cuando se refiere a los hombres eran personas que conocían pero que no compartían un vínculo.
De esta manera podría existir complejidad en las dinámicas de violencia por medio de las redes sociales entre los estudiantes del colegio Joaquín Gallegos Lara del suburbio de Guayaquil, dando más relevancia a los actos violentos que se generan en redes sociales en la población estudiantil.
Conclusiones
Se puede observar que la violencia generada en redes sociales se encuentra implícita en desarrollo común de los estudiantes del colegio Joaquín Gallegos Lara del suburbio de Guayaquil. Los estudiantes que fueron parte de la muestra fueron ciberobservadores de acciones violentas por medio de redes sociales. Un alto porcentaje mencionó que fueron víctimas de violencia o de intimidación de violencia por redes.
La distribución de los tipos de violencia evidenció diferencias claras por género, lo que sugiere patrones de exposición y/o reconocimientos distintos entre hombres y mujeres. Desde la perspectiva del resultado sociodemográfico del estudio en su mayoría las mujeres tienen mayor incidencia.
Desde un planteamiento generalista de los tipos de violencia hay más puntos que representan violencias no identificadas y las de motivos sexuales. Pero la que se puede catalogar como la más común es la que refiere a los comentarios agresivos a víctimas a través de mensajes internos, orillando a que sientan sensaciones de miedo, inseguridad y culpabilidad. Por su parte a lo que se refiere a los hombres generó mayores niveles de inseguridad impotencia y estrés, y menos niveles de miedo.
En mujeres predominó la categoría “otros tipos de violencia” (38,3%), seguida de violencia familiar (25,0%) y violencia sexual (23,3%), lo que indica que las experiencias reportadas se concentran principalmente en el ámbito doméstico y en formas de violencia que no siempre se encuentran tipificadas o explicitadas en las categorías tradicionales.
En hombres, el mayor porcentaje se ubicó en la categoría académica (22,6%), seguida de violencia sexual y otros (19,3% cada una), lo que sugiere que los contextos institucionales pueden tener un peso relevante en la forma en que se reportan o perciben estas experiencias.
La presencia consistente de la categoría “otros” en ambos géneros resalta una posible limitación en la clasificación utilizada, por lo que se recomienda ampliar o redefinir las categorías en futuras mediciones para captar mejor la diversidad de manifestaciones de violencia y reducir la subclasificación.
En conjunto, los resultados respaldan la necesidad de estrategias de prevención y atención diferenciadas por género, así como de acciones específicas en entornos familiares e institucionales, priorizando mecanismos de denuncia seguros, acompañamiento y educación para la prevención.


















