Introducción
El suicidio es considerado un fenómeno universal, atemporal y con diversas concepciones culturales y sociopolíticas, y se define como un acto autodestructivo con la intención de causar la propia muerte, utilizando un método específico (Baader et al. 2011). Según Durkheim (2011), se llama suicidio a todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima, a sabiendas de que habría de producir este resultado.
Este fenómeno se inicia con la presencia de pensamientos acerca de la voluntad de quitarse la vida, con o sin planificación o método (Loboa & Morales, 2016). En este contexto, la ideación suicida es el proceso cognitivo en el que una persona tiene pensamientos, fantasías o consideraciones sobre su propia muerte, incluyendo la intención de autolesionarse para acabar con su vida. Por tanto, los pensamientos suicidas comprenden una variedad de ideas, deseos, planes y/o motivos asociados con la idea de llevar a cabo el acto de suicidio (Palacios & Ocampo, 2011); estos pueden variar desde ideas pasajeras hasta planes detallados y persistentes (Loboa & Morales, 2016).
Según la Organización Mundial para la Salud, el suicidio constituye un elemento importante de morbilidad en jóvenes, disminuyendo la expectativa de vida en esta población. Se estima que desde la década de los 80 las tasas de suicidio a nivel mundial han aumentado en 60 %; calculándose que un individuo se quita la vida cada 40 segundos y cada tres segundos una persona lo intenta (Organización Mundial de la Salud [WHO, siglas en inglés], 2023). Asimismo, cada año más de 720 000 personas fallecen por suicidio, siendo la tercera causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años y el 73 % de los casos ocurren en países de ingresos bajos y medianos (OMS, 2024).
Los datos anteriormente mencionados reflejan un alto impacto y una tragedia para las familias del suicida, su entorno y todo el país. Por tanto, se considera un grave problema de salud pública, el cual puede ser prevenible con la implementación de intervenciones oportunas y estrategias integradas que involucren la participación del Estado, las comunidades, personal sanitario, investigadores (WHO, 2023).
Las causas del suicidio son múltiples, ya que incluyen factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales presentes a lo largo de la vida. Por tanto, es complejo y no puede atribuirse a un único componente. Entre los factores de riesgo comúnmente identificados se encuentran la baja autoestima, la situación económica precaria, el desempleo, trastornos mentales como la depresión y los trastornos del estado de ánimo, experiencias de duelo, situaciones de estrés, conflictos en relaciones amorosas, edad, historial de abuso físico y mental en la infancia, orientación sexual, entre otros (Castellví et al., 2017). Desde una perspectiva biológica, los factores genéticos y neurobiológicos también desempeñan un papel crucial en el suicidio adolescente. Estudios han demostrado una relación entre los desequilibrios en neurotransmisores, como la serotonina, y las conductas suicidas (Mann, 2003).
Los factores psicológicos como elementos importantes en el riesgo de suicidio entre adolescentes. Tales como el trastorno bipolar, la depresión y los trastornos de ansiedad son factores de riesgo significativos. Según Hawton et al. (2012), estos trastornos incrementan la vulnerabilidad de los jóvenes a conductas suicidas. Además, el abuso de sustancias como el alcohol y las drogas también incrementa el riesgo de suicidio, ya que estos comportamientos están asociados con la impulsividad y la desesperanza (Wilcox et al., 2010).
La prevención del suicidio en adolescentes requiere un enfoque exhaustivo que combine la identificación temprana de jóvenes en riesgo y la implementación de programas de prevención efectivos (Gould et al., 2003). En este orden de ideas, Reyes (2020) llevó a cabo un estudio en Ciudad Juárez para evaluar un programa resolutivo de problemas dirigido a adolescentes con ideación e intencionalidad suicida. Utilizando un diseño preexperimental con preprueba y posprueba en un solo grupo, se emplearon varios instrumentos de medición, incluyendo el IRIS-A, la Escala de Desesperanza de Beck y la Escala de Ideación Suicida de Beck. Los resultados mostraron una reducción significativa en los niveles de depresión y desesperanza tras la intervención, sugiriendo la efectividad de la terapia de resolución de problemas.
De igual manera, Baños et al. (2023) diseñó una investigación para indagar el posible vínculo entre la ideación suicida y los síntomas de insomnio en adolescentes peruanos, con el propósito de examinar el papel mediador que podría desempeñar la ansiedad en esta asociación. A través de un enfoque cuantitativo y transversal, el estudio empleó un modelo estadístico complejo conocido como "ecuaciones estructurales con variables latentes". La muestra estuvo constituida por 237 adolescentes (con un 57,4 % de participantes de sexo femenino y una edad promedio de 14 años), reclutados de dos instituciones educativas públicas y con participación voluntaria. Estos completaron cuestionarios que abarcaban medidas de ideación suicida, ansiedad y problemas de sueño. Los resultados revelaron que la ansiedad podría resultar importante para atenuar tanto la gravedad de la ideación suicida como los problemas de sueño en esta población adolescente.
Por su parte, Kim et al. (2020) evaluó la efectividad de un programa educativo en salud mental en la prevención de intentos de suicidio en adolescentes en una zona urbana empobrecida en Perú. Los participantes fueron estudiantes de primero a quinto grado de escuelas secundarias públicas. Se realizó una encuesta antes y después del programa, con un total de 768 y 738 estudiantes en grupos experimental y de control, respectivamente. El programa tuvo un efecto positivo en la reducción de comportamientos de riesgo e intentos de suicidio en el grupo experimental en comparación con el grupo de control. La inclusión del afecto parental en la intervención también mostró ser efectiva para prevenir intentos de suicidio.
Por otro lado, el Ministerio de Salud (MINSA, 2022) afirma que, entre el 2016 y el 2021, el 71,5 % de los casos de intento de suicidio en el Perú corresponden a personas que tenían entre 15 y 34 años de edad. Además, determinó que la edad de mayor frecuencia de intento de suicidios en mujeres fue entre los 15 y 19 años y en varones entre los 20 a 24 años. Es más común en mujeres (69 %) y en la etapa de vida joven (47,3 %). La mediana de edad del primer intento de suicidio fue de 22 años (rango de 10 a 85 años). Mientras que incrementó las muertes por suicidio en la población adolescente, con una tasa de suicidios (12 a 17 años) de 3,6 por 100 000 habitantes, superior a la tasa nacional de 2,2 por 100 000 habitantes (Sistema Nacional de Defunciones Sinadef, 2021). De igual manera, el MINSA indicó que el suicidio puede prevenirse mediante intervenciones anticipadas de bajo costo económico para el estado y la población en general; la sensibilización de la población para identificar cambios en el comportamiento de una persona en riesgo como señales de alarma resulta ser esencial.
Ante lo expuesto, en esta investigación se consideró, como punto crítico en el programa de intervención para la disminución de la ideación suicida en los adolescentes, atender la salud mental y emocional de los participantes; además, les brindó el conocimiento necesario y útil para comprender y desistir de realizar dicha acción contraproducente. Por tanto, se propuso como objetivo determinar la eficacia de un programa de intervención para la disminución de la ideación suicida en adolescentes escolares - Trujillo.
Materiales y métodos
El presente estudio, de enfoque cuantitativo y diseño preexperimental, se enfocó en evaluar los efectos de una intervención en un grupo de participantes (Hernández et al., 2014). Con el propósito de determinar la eficacia del programa propuesto, se aplicó un instrumento antes y después de la intervención en el 2024. La muestra estuvo compuesta por 23 estudiantes seleccionados mediante un muestreo probabilístico aleatorio simple, lo que garantizó que todos los integrantes de la población tuvieran la misma probabilidad de ser escogidos.
La técnica utilizada fue la encuesta y el instrumento empleado fue la Escala Paykel de Ideación Suicida (PSS), originalmente desarrollada por Paykel, Myers, Lindenthal y Tanner (1974) y adaptada posteriormente por Baños y Ramos (2020). Está compuesto por cinco ítems, donde el primer y segundo ítem evalúan pensamientos de muerte, el tercero y cuarto ítem valora la ideación suicida y el quinto ítem, intento de suicidio. El conjunto de respuesta es dicotómico (sí o no), y los puntajes totales varían de 0 a 5. En ese sentido, puntajes altos refieren mayor tendencia de ideación suicida. Este instrumento ha demostrado una alta confiabilidad interna, con coeficientes de Alfa de Cronbach de 0,814 y Omega de McDonald de 0,823, lo que garantiza su consistencia interna.
En términos de validez, los análisis factoriales exploratorios y confirmatorios confirmaron una estructura unidimensional, con cargas factoriales superiores a 0,30 en todos los ítems. Estos resultados avalan la adecuada correspondencia de los ítems con el constructo de ideación suicida, reforzando la validez de constructo del instrumento.
Para el análisis estadístico, los datos se organizaron inicialmente en Microsoft Excel. Posteriormente, se realizó un análisis descriptivo, generando tablas de frecuencia. Los datos se importaron al programa SPSS 25, donde se aplicó la prueba de normalidad de Shapiro-Wilk debido al tamaño de la muestra (<50). Posteriormente, se llevaron a cabo pruebas inferenciales, como la prueba de Wilcoxon, para evaluar cambios significativos en la variable dependiente, respaldando las conclusiones con evidencia cuantitativa.
Resultados
Los resultados muestran un valor de significación asintótica (p = 0,000), inferior al umbral de 0,05, indicando una diferencia significativa entre las puntuaciones de ideación suicida antes y después de la intervención. El estadístico Z (-4,137) confirma una disminución general en las puntuaciones posintervención, evidenciando que el programa fue efectivo en reducir la ideación suicida en los adolescentes participantes (Tabla 1).
Tabla 1 Efecto del programa de intervención en la disminución de la ideación suicida
| Pre - Post | |
|---|---|
| Z | -4,137b |
| Sig. asintótica(bilateral) | 0,000 |
Antes de la intervención, el 31,8 % de los adolescentes presentaba ideación suicida de nivel moderado, mientras que una mayoría significativa (68,2 %) se encontraba en el nivel severo, sin casos registrados de ideación muy severa o crítica. Tras la implementación del programa de intervención, se evidenció un cambio positivo significativo: el 77,3 % de los adolescentes presentó ideación suicida de nivel leve, y el porcentaje correspondiente a ideación moderada disminuyó al 22,7 % (Tabla 2). No se detectaron casos de ideación suicida severa, muy severa o crítica después de la intervención (Tabla 3).
Discusión
Con la intención de determinar la eficacia de un programa para la reducción de la ideación suicida en adolescentes escolares en Trujillo, Perú. El presente estudio se centró en estimar el impacto después de la intervención. Los análisis estadísticos usando la prueba de rangos con signo de Wilcoxon evidenciaron una disminución notable en los niveles de ideación suicida, pensamiento de muerte e intentos de suicidio.
Tabla 2 Nivel de ideación suicida en adolescentes escolares a través de la aplicación de pruebas pre y posintervención
| Nivel I. Suicida | Pretest | % | Postest | % |
|---|---|---|---|---|
| Leve | 0 | 0 | 17 | 77,3 |
| Moderada | 7 | 31,8 | 5 | 22,7 |
| Severa | 15 | 68,2 | 0 | 0 |
| Muy Severa | 0 | 0 | 0 | 0 |
| Crítica | 0 | 0 | 0 | 0 |
| Total | 22 | 100,0 | 22 | 100,0 |
Tabla 3 Eficacia del programa de intervención en las dimensiones abordadas por el programa
| Dimensiones | Estadístico | Pretest - Postest |
|---|---|---|
| Pensamiento de muerte | Z | -2,828b |
| Sig. asintótica(bilateral) | 0,005 | |
| Ideación suicida | Z | -3,873b |
| Sig. asintótica(bilateral) | 0,000 | |
| Intentos de suicidio | Z | -3,000b |
| Sig. asintótica(bilateral) | 0,003 |
El valor de significación asintótica (p = 0,000) asociado a la reducción de la ideación suicida lo que sugiere que el programa como una herramienta preventiva es eficaz. Estos hallazgos concuerdan con lo reportado por Amaral et al., (2020) en Brasil, quienes observaron una disminución significativa de la ideación suicida y los síntomas depresivos en 102 adolescentes tras un programa preventivo. De ellos, 30 (29,4 %) tenían ideación suicida. Luego de la intervención 12 (40,0 %) continuaron con la ideación, el promedio obtenido antes fue de 10,50 y luego de 2,57 (p <0,0001). De manera similar Reyes (2020), en México, sus resultados mostraron una disminución en la depresión y desesperanza tras la intervención, encontrando cambios estadísticamente significativos (p<0,050; p=0,024). Además, observó la tendencia al aumento en la prospección, optimismo y afrontamiento. Por su parte Cañón (2018) en Colombia, encontró en todos los casos estudiados un aprendizaje significativo (p< 0,001), resaltando la importancia de que los jóvenes reconocieran y fortalecieran las habilidades sociales, tengan comunicación asertiva y destrezas intelectuales con el fin de reducir el riesgo suicida en la población estudiantil.
De esta manera, se demuestra que las intervenciones educativas y terapéuticas enfocadas en la gestión emocional y la resolución de problemas pueden generar impactos positivos en esta población. La aplicación de la terapia cognitiva de Beck se centra en la premisa de que los pensamientos, emociones y comportamientos están interconectados. La idea es que las distorsiones cognitivas, o patrones de pensamiento negativos y poco realistas, pueden contribuir a problemas emocionales como la depresión y la ansiedad, lo que demostró ser altamente relevante en este contexto. Según Beck (2015) y Toro (2013, 2016), la tríada cognitiva negativa (percepciones negativas sobre uno mismo, el mundo y el futuro) es un factor clave en la ideación suicida. Este estudio utilizó técnicas de intervención cognitivo-conductual para modificar estas distorsiones cognitivas, logrando reducir significativamente los pensamientos suicidas.
Asimismo, la terapia cognitivo-conductual para la prevención del suicidio (TCC-SP) de Stanley et al. (2009) proporcionó estrategias específicas para abordar tanto los pensamientos disfuncionales como los comportamientos asociados con la ideación suicida. Se enfoca en identificar y modificar los pensamientos y comportamientos que contribuyen a la ideación suicida, mejorando las habilidades de afrontamiento de los adolescentes y reduciendo los pensamientos de muerte. Este enfoque también permitió disminuir los intentos de suicidio, como lo demuestra el valor significativo (p = 0,003) obtenido en este estudio.
Antes de la intervención, los resultados del pretest mostraron que la mayoría de los adolescentes presentaban niveles severos de ideación suicida (68,2 %); luego de la intervención, disminuyó en la mayoría (77,3 %) a niveles leves. Este cambio significativo demuestra el impacto positivo del programa en la reducción de la ideación suicida, corroborando la eficacia de las mediciones pre y posintervención utilizadas en investigaciones similares (Amaral et al., 2020; Reyes, 2020). En relación al pensamiento de muerte, los resultados demuestran una disminución importante de estos pensamientos luego de la intervención. Lo que es consistente con lo reportado por Bahamón et al. (2019) y Kim (2020), quienes también encontraron una disminución de los pensamientos de muerte y de los factores de riesgo asociados mediante programas estructurados.
Por último, la reducción de intentos de suicidio refuerza la efectividad del programa en abordar tanto la ideación como los comportamientos suicidas. Este hallazgo coincide con lo expresado por Bahamón et al. (2019), en su estudio con 106 adolescentes entre los 13 y 18 años, de los cuales el 54,07 % eran mujeres (n= 58). El análisis estadístico de pretest-postest evidenció que el programa redujo significativamente (p< 0,05) las puntuaciones en ideación suicida, planificación, autolesión, aislamiento/soporte social, falta de apoyo familiar y riesgo suicida global. Estos hallazgos apuntan a la relevancia de este programa para reducir el riesgo suicida en adolescentes. Análogamente, Stanley et al. (2009), enfatizaron la necesidad de intervenciones que combinen enfoques cognitivos, conductuales y psicosociales para prevenir tanto la ideación como los intentos de suicidio.
En conclusión, los resultados de la intervención realizada con adolescentes escolares empleando un programa para la disminución de la ideación suicida demostraron ser estadísticamente significativos, evidenciando una reducción considerable en los niveles de ideación suicida entre los participantes, lo que subraya la importancia de implementar estrategias de intervención temprana y focalizadas en la población adolescente que pueden ayudar a formar patrones de pensamiento saludables y habilidades de afrontamiento que durarán toda la vida. Así como la detección prematura de síntomas de depresión, ansiedad y otros trastornos psicológicos que pueden llevar a pensamientos suicidas y, de esta manera, aportarles herramientas para conocer y manejar sus emociones y pensamientos, así como a identificar señales de alerta en ellos mismos y en los demás. Concisamente, la oportuna detección de los factores de riesgo podría aportar en gran medida al diseño e implementación de programas basados en la evidencia y adaptados a la realidad local. Se sugiere realizar investigaciones exhaustivas que den mayor validez científica a los mencionados programas en el ámbito escolar, para que los mismos sean considerados una política de Estado, basado en el impacto que tiene el suicidio en la sociedad y en la búsqueda de reducir las muertes por esta causa.














