I. Introducción
La deserción universitaria constituye un desafío persistente y multifactorial para los sistemas de educación superior a nivel global. Este fenómeno no solo interrumpe las trayectorias formativas de los estudiantes, sino que también acarrea implicaciones económicas y sociales de gran envergadura (Barragán Moreno & González Támara, 2017; Valdés-Henao, 2018). A pesar de los esfuerzos sostenidos por comprender sus causas y mitigar sus efectos, las tasas de abandono continúan siendo elevadas, especialmente en contextos latinoamericanos (Acevedo et al., 2015; Álvarez et al., 2020; Jordana Schmidt et al., 2023).
Si bien las investigaciones tradicionales han aportado valiosos conocimientos al centrarse en variables individuales como la motivación, el rendimiento académico o las condiciones sociodemográficas, y en factores institucionales como la calidad educativa o la disponibilidad de recursos, estos enfoques tienden a fragmentar el análisis del fenómeno educativo. Al privilegiar dimensiones aisladas, se corre el riesgo de reducir la comprensión de procesos complejos a correlaciones lineales o explicaciones parciales que no capturan la totalidad del entramado educativo.
En efecto, fenómenos como la permanencia estudiantil, el abandono escolar o el éxito académico no pueden entenderse plenamente sin considerar cómo interactúan simultáneamente factores personales, contextuales, culturales, estructurales y simbólicos. Por ejemplo, un estudiante con alta motivación puede enfrentar barreras estructurales, como la precariedad económica o la discriminación institucional, que limitan su desempeño, mientras que otro con condiciones materiales favorables puede verse afectado por dinámicas familiares o comunitarias que inciden negativamente en su trayectoria.
En esta línea, Chalela-Naffah et al. (2020) y Díaz-Barriga et al. (2022) proponen una mirada sistémica e interdisciplinaria que reconoce la naturaleza relacional y dinámica del fenómeno educativo. Esta perspectiva permite identificar patrones emergentes, tensiones estructurales y zonas de ambigüedad que no son visibles desde enfoques reduccionistas. Además, abre la puerta a intervenciones más integrales, sensibles al contexto y orientadas a la transformación estructural, más allá de la mera mejora de indicadores cuantificables.
Por tanto, avanzar hacia una comprensión más robusta del fenómeno educativo exige superar la dicotomía entre lo individual y lo institucional, e incorporar marcos teóricos que integren dimensiones psicosociales, culturales, políticas y económicas en un análisis articulado y situado.
Este artículo propone una aproximación sistémica al estudio de la deserción universitaria, entendida como el resultado de la interrelación entre factores personales, institucionales, socioeconómicos y contextuales. Al adoptar esta perspectiva integradora, se busca superar las limitaciones de los análisis fragmentados y avanzar hacia una comprensión más articulada de las trayectorias estudiantiles interrumpidas. Esta mirada permite identificar patrones complejos y relaciones causales recíprocas entre los distintos elementos que inciden en el abandono de los estudios superiores, apoyándose incluso en modelos predictivos avanzados (Castillo-Sánchez et al., 2020; Castrillón-Gómez et al., 2020; Castro-Montoya et al., 2021; Henríquez Cabezas & Vargas Escobar, 2022; Osorio & Santacoloma, 2023; Villarreal-Torres et al., 2024; Zárate-Valderrama et al., 2021).
A partir de este enfoque, se pretende identificar los factores críticos que configuran el fenómeno de la deserción, con el objetivo de construir un marco conceptual robusto que oriente el diseño de estrategias de retención más eficaces e inclusivas. Dichas estrategias deberán considerar la diversidad de trayectorias, condiciones estructurales y experiencias estudiantiles que configuran el tránsito por la educación superior (Marrón Ramos et al., 2022; Restrepo et al., 2016; Rodríguez et al., 2018).
II. Materiales y métodos
El presente estudio se rigió rigurosamente por los principios de la Declaración PRISMA, empleando su lista de verificación de 27 ítems y el diagrama de flujo correspondiente, garantizando la transparencia, exhaustividad y rigurosidad en cada fase de la revisión sistemática. El análisis se focalizó en la deserción universitaria, con la recopilación y evaluación de estudios empíricos publicados en el periodo comprendido entre 2010 y 2024.
Estrategia de búsqueda de evidencia científica
Para la localización de la literatura relevante, se consultaron bases de datos de reconocido prestigio académico, incluyendo Scopus, ProQuest, EBSCO y SciELO. La estrategia de búsqueda se construyó mediante la combinación de descriptores clave en español, como "deserción universitaria", y sus equivalentes en inglés, "university dropout".
Criterios de inclusión y proceso de cribado
Se aplicaron criterios de inclusión estrictos para seleccionar los estudios. Se priorizaron aquellos que abordaban el constructo de la deserción universitaria, independientemente de su enfoque metodológico (cualitativo, cuantitativo o mixto), y que se encontraran dentro del rango temporal establecido (2010-2024).
Inicialmente, la búsqueda arrojó un total de 242 documentos pertinentes. El proceso de cribado se llevó a cabo en dos fases: 1: Eliminación de duplicados; y, Fase 2: Revisión exhaustiva de títulos y resúmenes, seguida por una lectura completa de los textos que cumplían con los criterios preliminares.
Tras esta depuración sistemática, se seleccionaron 24 estudios que cumplieron rigurosamente con los criterios definidos y que abordaban de manera central la problemática de la deserción universitaria. La Figura 1, detalla este proceso de selección, adaptado del modelo PRISMA).
Recopilación y sistematización de datos
Para el análisis y la organización de los datos extraídos de los estudios seleccionados, se diseñó una matriz de codificación estructurada. Esta matriz integró las siguientes variables clave: título del artículo, referencia bibliográfica completa, año de publicación, categorías analíticas asociadas a la variable en estudio (deserción universitaria), tipo y enfoque de investigación (cualitativo, cuantitativo, mixto), población y muestra involucradas e instrumentos metodológicos empleados.
Esta sistematización permitió una lectura comparativa e interpretativa de los hallazgos reportados por las investigaciones seleccionadas, facilitando la identificación de patrones y la síntesis de la evidencia.
III. Resultados
La tabla 1 presentada ofrece un panorama de 24 estudios recientes (2015-2024) sobre la deserción universitaria, destacando las variables más investigadas y las metodologías empleadas. Casi todos los trabajos analizan el desempeño académico como un factor clave (100,00%), y la deserción universitaria es el tema central en la mayoría. Además, la orientación vocacional (87,50%) y el aspecto institucional también son considerados frecuentemente, lo que sugiere una comprensión multifactorial de este problema. Por otro lado, la situación socioeconómica (54,17%) aparece como la variable menos explorada entre las mencionadas. Por último, el 62,50% de los estudios abordan la dimensión de aspectos institucionales, con 15 estudios que se interrelacionan con otras subcategorías. Se evidencia también que el 62,50% son artículos de tipo cuantitativo, 25,00%, mixto y 12,50%, cualitativo.
Tabla 1 Análisis de factores y metodologías en estudios sobre deserción universitaria (2015-2024)
| N° | Autores | Deserción Universitaria | Metodología | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Orientación vocacional | Desempeño académico | Situación socioeconómica | Aspecto institucional | Tipo de estudio | Método | ||
| 1 | Acevedo et al. (2015) | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta | |
| 2 | Alvarez et al. (2020) | X | X | X | X | Cuantitativo | Análisis documental |
| 3 | Barradas Arenas and Cocón Juárez (2022) | X | X | Mixto | Encuesta | ||
| 4 | Barragán Moreno and González Támara (2017) | X | X | X | Cualitativo | Entrevista | |
| 5 | Carvajal et al. (2018) | X | X | Cuantitativo | Encuesta | ||
| 6 | Casanova et al. (2023) | X | X | X | Mixto | Encuesta | |
| 7 | Castellanos-Páez and Vergara Estupiñán (2021) | X | X | Cuantitativo | Encuesta | ||
| 8 | Castillo-Sánchez et al. (2020) | X | X | X | X | Mixto | Entrevista |
| 9 | Castrillón-Gómez et al. (2020) | X | X | X | Cuantitativo | Estadística | |
| 10 | Castro-Montoya et al. (2021) | X | X | Cuantitativo | Análisis documental | ||
| 11 | Chalela-Naffah et al. (2020) | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta | |
| 12 | Díaz-Barriga et al. (2022) | X | X | X | X | Mixto | Encuesta |
| 13 | Feixas Condom et al. (2015) | X | X | Cualitativo | Entrevista | ||
| 14 | González Sanzana and Arce Secul (2021) | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta | |
| 15 | Henríquez Cabezas and Vargas Escobar (2022) | X | X | Cuantitativo | Evaluación pedagógica | ||
| 16 | Jordana Schmidt et al. (2023) | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta | |
| 17 | Marrón Ramos et al. (2022) | X | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta |
| 18 | Osorio and Santacoloma (2023) | X | X | Cuantitativo | Encuesta | ||
| 19 | Restrepo et al. (2016) | X | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta |
| 20 | Rodriguez et al. (2018) | X | X | X | X | Mixto | Análisis documental |
| 21 | Schmidt et al. (2023) | X | X | X | Cuantitativo | Encuesta | |
| 22 | Valdés-Henao (2018) | X | X | X | X | Cualitativo | Entrevista |
| 23 | Villarreal-Torres et al. (2024) | X | X | Mixto | Encuesta | ||
| 24 | Zárate-Valderrama et al. (2021) | X | X | X | Cuantitativo | Estadística | |
| 87,50 % (21/24) | 100,00% (24/24) | 62,50% (13/24) | 66,67% (16/24) | ||||
En cuanto a la metodología, la tendencia dominante es el uso de enfoques cuantitativos, seguidos por estudios mixtos y, en menor medida, cualitativos. Esto indica una preferencia por la recolección y análisis de datos numéricos para cuantificar y entender el fenómeno de la deserción. La encuesta es la técnica de recolección de datos más utilizada, permitiendo obtener información de un amplio número de estudiantes. Complementariamente, se emplean entrevistas, análisis documental y, en menor medida, técnicas estadísticas y de evaluación pedagógica. En síntesis, la investigación actual sobre deserción universitaria se inclina hacia el análisis de múltiples factores a través de métodos empíricos y cuantitativos.
La distribución geográfica refleja una predominancia de investigaciones provenientes de América Latina, con una concentración significativa en algunos países. Tal como se expone en la Figura 2, Colombia representa el mayor número de contribuciones, con 9 de los 24 artículos seleccionados (Acevedo et al., 2015; Barragán Moreno & González Támara, 2017; Castellanos-Páez & Vergara-Estupiñán, 2021; Castrillón-Gómez et al., 2020; Castro-Montoya et al., 2021; Chalela-Naffah et al., 2020; Osorio & Santacoloma, 2023; Restrepo et al., 2016; Valdés-Henao, 2018). Le sigue Chile con 6 publicaciones relevantes (Carvajal et al., 2018; González Sanzana & Arce Secul, 2021; Henríquez Cabezas & Vargas Escobar, 2022; Schmidt et al., 2023; Rodríguez et al., 2018; Jordana Schmidt et al., 2023). México figura con tres artículos que abordan la temática objeto de estudio (Barradas Arenas & Cocón Juárez, 2022; Díaz-Barriga et al., 2022; Marrón Ramos et al., 2022), mientras que Perú cuenta con dos investigaciones (Villarreal-Torres et al., 2024; Zárate-Valderrama et al., 2021). Finalmente, países como Cuba (Alvarez et al., 2020), España (Feixas Condom et al., 2015), Costa Rica (Castillo-Sánchez et al., 2020) y Portugal (Casanova et al., 2023) se encuentran representados con una publicación cada uno. Esta procedencia diversa evidencia la existencia de un interés académico sostenido en el fenómeno de la deserción universitaria desde distintos contextos socioeducativos e institucionales, aportando así una perspectiva comparada y enriquecedora para el análisis de los factores críticos que intervienen en la interrupción de las trayectorias académicas en la educación superior.
IV. Discusión
Diversas investigaciones coinciden en que, pese al volumen significativo de literatura especializada, al intercambio de buenas prácticas institucionales y a la atención prioritaria que las comunidades académicas han otorgado al fenómeno, la deserción universitaria persiste como una problemática estructuralmente compleja y de difícil contención. González Sanzana y Arce Secul (2021) advierten que la permanencia estudiantil continúa siendo un desafío latente en las universidades, debido a la multiplicidad y al entrelazamiento de factores que inciden en las decisiones de abandono, dificultando su comprensión integral y la formulación de políticas eficaces de prevención.
En esta línea, Feixas Condom et al. (2015) destacan que el abandono de los estudios constituye uno de los retos más urgentes del sistema universitario español, por lo que se requiere una respuesta sostenida desde la comunidad científica y académica. Subrayan el interés de formar un entendimiento profundo de las causas que subyacen a este fenómeno, las cuales se manifiestan en esferas interdependientes de carácter personal, institucional, educativo, social y económico.
Por su parte, Álvarez et al. (2020) recalcan que la deserción representa un problema sistémico que afecta transversalmente a todas las instituciones del sector, con repercusiones significativas para los discentes y sus entornos familiares. Castellanos-Páez y Vergara-Estupiñán (2021) argumentan que esta problemática ha captado la atención de las universidades, dada la magnitud de las tasas de abandono y sus implicancias económicas De modo concordante, Castro-Montoya et al. (2021) plantean que, dado el papel estratégico de la universidad en la formación de los países, la deserción se erige como uno de los principales obstáculos para garantizar cobertura y calidad educativa, al limitar la expansión de los sistemas formativos, generar pérdidas económicas y restringir la disponibilidad de capital humano altamente capacitado para el mercado laboral.
Asimismo, Chalela-Naffah et al. (2020) indican que la deserción universitaria compromete la eficiencia del sistema educativo, al generar elevados costos en las instituciones. Henríquez Cabezas y Vargas Escobar (2022) añaden que el abandono académico ha adquirido una visibilidad considerable en el ámbito público, dada la significativa inversión económica que tanto el Estado como los hogares destinan a la formación de los jóvenes. Finalmente, Marrón Ramos et al. (2022) subrayan el interés de abordar este fenómeno desde una perspectiva sistémica e intersectorial, convocando la participación articulada de todos para mitigar sus efectos y diseñar respuestas sostenibles.
En relación con el eje de la orientación vocacional, diversas investigaciones coinciden en que su adecuada gestión constituye un elemento crucial para disminuir los índices de deserción universitaria. Osorio y Santacoloma (2023) destacan que reducir los índices de abandono, lo cual requiere la identificación temprana y precisa de los discentes con mayor riesgo de deserción, a fin de canalizar los recursos institucionales hacia estrategias de acompañamiento focalizadas que promuevan su continuidad académica. Acevedo et al. (2015) sostienen que cuando los discentes enfrentan dificultades en sus habilidades o una falta de interés genuino por la carrera elegida, emergen obstáculos que comprometen su permanencia, conduciendo, en muchos casos, al abandono. Esta relación entre elección vocacional y continuidad educativa es corroborada por Castrillón-Gómez et al. (2020), quienes identifican múltiples elementos asociados a la deserción: metodologías de enseñanza poco efectivas, percepción de frustración académica, desalineación entre expectativas y realidad del programa, bajo nivel de motivación y presencia de conductas de procrastinación. En términos más amplios, Schmidt et al. (2023) enfatizan que la deserción tiene repercusiones multidimensionales que afectan al individuo, la institución y la sociedad. Entre sus efectos destacan el abandono de capital humano, el desaprovechamiento de la inversión en educación, el incumplimiento de metas institucionales y el deterioro del bienestar familiar y económico de los discentes y sus hogares. Por su parte, Valdés-Henao (2018) argumenta que los distintos niveles del sistema educativo presentan desconexiones estructurales, como la escisión entre teoría y práctica o entre objetivos pedagógicos y aspiraciones personales. Estas brechas, que se acentúan en la etapa universitaria, no solo se manifiestan en la desvinculación física del estudiante con el aula, sino también en aspectos psicológicos que obstaculizan su participación activa y generan disonancias entre su proyecto vital y los fines formativos que la institución propone.
La ausencia de una orientación vocacional oportuna, rigurosa y contextualizada constituye un elemento de riesgo crítico en el fenómeno de la deserción. En primer lugar, se observa que una proporción significativa de discentes accede a la educación superior sin haber desarrollado una comprensión clara de sus intereses personales, competencias específicas ni de sus aspiraciones profesionales. Esta carencia conlleva frecuentemente a la elección de una carrera que no se corresponde con sus habilidades, valores o motivaciones intrínsecas, lo cual, al generar insatisfacción y desalineación vocacional, incrementa los niveles de desmotivación académica y, por ende, la probabilidad de abandono. En segundo término, la desconexión entre el programa de estudios y las aspiraciones del estudiante se hace evidente cuando no existe una identificación vocacional sólida. Tal disonancia se traduce en la percepción de irrelevancia o tedio respecto al contenido curricular, lo que repercute negativamente en la asistencia regular, la participación activa y la disposición hacia el cumplimiento de las exigencias académicas. Adicionalmente, la presión ejercida por el entorno social -incluyendo familiares, pares y modelos sociales prevalentes- puede inducir a decisiones académicas basadas en criterios externos, desplazando los intereses y talentos personales. Esta situación, lejos de promover la autorrealización, puede derivar en sentimientos de frustración, desarraigo y abandono del proyecto formativo. Además, la carencia de metas profesionales claras, atribuible a una orientación vocacional deficiente, dificulta la construcción de un horizonte ocupacional coherente. Esta falta de direccionalidad compromete la continuidad del trayecto universitario, pues el estudiante carece de referentes motivacionales que le permitan sostener su compromiso a largo plazo con la formación superior.
En relación con el desempeño académico, múltiples estudios coinciden en señalar su estrecha vinculación con la deserción estudiantil. Barradas Arenas y Cocón Juárez (2022) reportan que, el 40 % del abandono estudiantil obedece a la deserción y un 30 % al rezago académico, especialmente durante el primer año, como consecuencia de la reprobación reiterada de asignaturas. Casanova et al. (2023) enfatizan que la deserción universitaria es un fenómeno global que afecta negativamente a distintos niveles. El incremento de la matrícula ha traído consigo una mayor heterogeneidad en cuanto a capacidades académicas, lo cual plantea retos significativos para las universidades en términos de permanencia estudiantil y calidad educativa. Castillo-Sánchez et al. (2020) identifican como causas relevantes del bajo rendimiento: la escasa dedicación a los contenidos del curso, la carencia de saberes previos, el interés por otros campos disciplinarios y la desmotivación frente a las exigencias académicas. Villarreal-Torres et al. (2024) proponen cuatro factores de deserción: individual, académica, institucional y socioeconómica. Zárate-Valderrama et al. (2021) encuentran que la tasa de aprobación de créditos es un predictor confiable del rendimiento académico, siendo más probable que los discentes con una carga crediticia elevada y bajo porcentaje de créditos aprobados abandonen sus estudios. Este desempeño deficiente genera consecuencias psicoeducativas relevantes. Asimismo, la percepción de escaso apoyo institucional, sumada a la carencia de servicios de asesoramiento o refuerzo académico, intensifica las dificultades y profundiza el riesgo de abandono. De igual manera, la persistencia en el bajo rendimiento suele consolidar sentimientos de incompetencia y desaliento, deteriorando la autoestima y la identidad académica del estudiante, lo que propicia una desvinculación progresiva del entorno universitario.
En lo que concierne a la situación socioeconómica, diversos estudios evidencian su peso significativo. Carvajal et al. (2018) sostienen que estos factores están estrechamente relacionados tanto con el desempeño académico del estudiante como con las condiciones socioeconómicas de su familia. Esta constatación coincide con hallazgos previos obtenidos en investigaciones realizadas en Chile y en otros países latinoamericanos. De igual forma, Restrepo et al. (2016) advierten que la deserción constituye una de las problemáticas más preocupantes del sistema educativo, dado su impacto en los ámbitos económico, social y personal. Esta se manifiesta como la interrupción prolongada e indefinida de un programa académico antes de su culminación formal, reduciendo drásticamente la posibilidad de reintegración estudiantil. La carencia de economía plantea múltiples barreras para la continuidad educativa. En primer lugar, las dificultades financieras -asociadas al costo de matrícula, materiales, transporte y manutención- representan un obstáculo crítico para los discentes de escasos recursos, quienes muchas veces deben asumir jornadas laborales extensas que interfieren negativamente con su desempeño académico. En segundo lugar, la limitada disponibilidad de recursos educativos complementarios, como tutorías, equipos tecnológicos o espacios de estudio adecuados, restringe sus oportunidades de éxito académico. Asimismo, la presión por contribuir al sustento familiar, especialmente en hogares con ingresos precarios, suele obligar a los discentes a priorizar el trabajo remunerado sobre la permanencia universitaria. Adicionalmente, la falta de respaldo emocional, financiero y logístico por parte del núcleo familiar puede minar la motivación.
En relación con los aspectos institucionales, Barragán Moreno y González Támara (2017) destacan la importancia de las redes de comunicación como herramientas para favorecer la integración académica y social, componentes esenciales para reducir la deserción. Asimismo, Díaz-Barriga et al. (2022) documentan que factores institucionales, como las huelgas prolongadas por conflictos relacionados con violencia de género o demoras en los pagos al personal docente, generan un clima de inestabilidad que, al coincidir con situaciones personales, académicas y socioeconómicas adversas.
Por su parte, Schmidt et al. (2023) advierten que la deserción genera repercusiones a nivel personal, institucional y económico, y representa una carga significativa para el gasto público en educación superior. Este fenómeno no solo impacta el cumplimiento de metas institucionales, sino que también contribuye a la frustración profesional y a la pérdida del potencial intelectual y productivo de quienes abandonan la universidad. En esa línea, Rodríguez et al. (2018) señalan que, si bien las universidades han centrado sus esfuerzos en mejorar indicadores vinculados a la certificación, como las tasas de retención, titulación o equivalencia de jornada completa, estos indicadores, en ocasiones, no reflejan mejoras sustanciales en la calidad ofrecida. Dentro de este marco, las universidades enfrentan retos significativos que deben ser abordados con políticas eficaces. La carencia de apoyo académico personalizado, a través de tutorías, orientación y servicios de atención a necesidades específicas, puede generar desorientación y desmotivación en los discentes, dificultando su permanencia. La falta de diversidad e inclusión, sumada a una débil cultura institucional de respeto y equidad, puede provocar sentimientos de exclusión y contribuir al abandono. Asimismo, deficiencias en la comunicación institucional, especialmente en cuanto a orientación académica, disponibilidad de recursos y oportunidades extracurriculares, dejan a los discentes sin un marco de referencia claro, lo que afecta su adaptación y éxito académico. Finalmente, la percepción de una enseñanza de baja calidad o de planes de estudio desvinculados de las metas profesionales también incide negativamente en la motivación y compromiso del estudiante.
Consideraciones finales
La deserción universitaria constituye un fenómeno multifactorial que consiste en el abandono de los estudios por parte del estudiante antes de culminar su programa académico. Este proceso no solo repercute negativamente en el desarrollo personal, profesional y económico del individuo, además genera un impacto en el sistema educativo, ampliando las brechas de equidad y generando pérdidas en términos de capital humano. Para mitigar esta problemática, resulta fundamental la implementación de estrategias integrales, tales como la orientación vocacional, el rendimiento académico, la situación socioeconómica y las condiciones institucionales.
La ausencia de una adecuada orientación vocacional constituye una de las causas estructurales de la deserción. Muchos discentes acceden a la educación superior sin haber explorado en profundidad sus intereses, habilidades y objetivos profesionales, lo que conlleva a una elección de carrera no alineada con su perfil. Esta desconexión suele derivar en una baja motivación, insatisfacción con los contenidos curriculares y, eventualmente, abandono de la universidad.
El bajo desempeño académico emerge como un factor crítico. Las dificultades en el aprendizaje, sumadas a la falta de hábitos de estudio, pueden generar altos niveles de ansiedad, pérdida de confianza y desmotivación. La experiencia académica negativa impacta la autoestima del estudiante, debilitando su sentido de pertenencia y aumentando su vulnerabilidad frente a la deserción.
Los condicionantes socioeconómicos ejercen una influencia considerable. Las limitaciones económicas restringen el acceso a recursos fundamentales, como materiales de estudio, conectividad o tutorías, y generan presión para trabajar largas jornadas, afectando el tiempo disponible para el estudio. En contextos de escaso respaldo familiar, estas condiciones se agravan, forzando en muchos casos el abandono prematuro.
Los factores institucionales son determinantes en la trayectoria académica del estudiante. La calidad del acompañamiento académico, la disponibilidad de servicios de orientación, las políticas de inclusión y la existencia de mecanismos de retención resultan clave para fomentar la permanencia. Instituciones con escasa capacidad de respuesta frente a la diversidad estudiantil y que carecen de políticas inclusivas tienden a registrar mayores tasas de abandono.
















