Introducción
El desarrollo de la personalidad en los niños se debe a diversos factores, como la genética, el carácter, la socialización y el contexto familiar, en el cual la familia desempeña un papel fundamental. Además, la influencia de la relación con el cuidador o protector, ya sea la madre, el padre u otra persona significativa, resulta decisiva en la formación de vínculos afectivos y de apego (Romero & Romero, 2022).
Para consolidar un apego seguro en los niños, es necesario que se establezcan lazos que faciliten un desarrollo óptimo; para ello, es fundamental que los niños interactúen armónicamente con sus progenitores. Estos deben actuar con empatía, estar disponibles para atender las necesidades de los niños y evitar cualquier vulneración emocional o carencia de afecto (Sánchez & Bolívar, 2023).
El apego se construye y sostiene a través de vínculos emocionales que los niños establecen con otros a lo largo de su formación integral, en busca de protección, afecto y seguridad. Por ello, se considera un proceso de regulación emocional que influye en la manera en que los niños expresan sus emociones, curiosidades e impulsos, manifestaciones esenciales de un apego seguro (Mónaco & Montoya-Castilla, 2021).
El apego seguro es un vínculo afectivo duradero que los niños desarrollan en la primera infancia con su protector, cuidador o figura parental que los acompaña durante ese periodo. Inicialmente, este apego se establece principalmente con los padres, quienes interactúan con el niño durante los primeros seis meses de vida. En esta etapa, el vínculo no está plenamente desarrollado, pero el niño comienza a integrar las cualidades y características del cuidador, manifestando señales dirigidas como gestos, sonrisas y vocalizaciones (Bennett, Hernández & López, 2021).
Se considera que el apego seguro es la conexión más significativa en la temprana infancia, ya que representa la expresión más importante de la neoformación, donde se desarrolla la noción de persona y objeto, fortaleciendo la dimensión social y afectiva del niño (Rocha et al., 2019). Otro factor relevante es la influencia de la madre o persona cuidadora, quien modela la personalidad infantil en una etapa donde la comunicación verbal aún no se expresa plenamente. Dado que los padres son los cuidadores principales, las relaciones afectivas con ellos son trascendentales para el desarrollo integral de los niños (Lecannelier, Monje & Guajardo, 2019).
Aunque la influencia parental es esencial para promover un apego seguro, en muchas realidades existen vacíos afectivos y ausencia de la figura paterna. Este apego implica un vínculo profundo y duradero que el niño establece con su cuidador, de quien depende para su protección y seguridad física y, sobre todo, emocional durante los primeros años de vida (Hernández, López & Echevarría, 2019).
Los infantes desarrollan un estilo de apego seguro cuando prevalecen la confianza y la seguridad en la persona que les brinda atención, cuidado y satisface sus necesidades básicas. Además, son capaces de reconocer las emociones y el afecto de su protector, aspectos que resultan decisivos para su comportamiento futuro (Barroso, 2019).
Se ha evidenciado que los infantes adoptan conductas similares a las de sus cuidadores, quienes representan la imagen de apego. Estas conductas incluyen dependencia emocional, sensación de seguridad y refugio emocional. Por el contrario, la separación del cuidador puede generar reacciones como estrés y ansiedad. Ante esto, los niños buscan restaurar la sensación de seguridad manteniendo la proximidad física con sus protectores para conservar un equilibrio emocional efectivo (Santos & Larzabal, 2021) (Salinas-Quiroz, Domínguez-Espinosa & Ríos, 2023).
El apego seguro en los infantes, en la mayoría de los casos, se desarrolla dentro del entorno familiar, principalmente a través de la madre, los abuelos y, en algunos casos, el padrastro, quienes proporcionan confianza, disposición, cariño y afecto (Mantilla, 2023). Los infantes suelen mostrar conformidad, bienestar, seguridad y protección por parte de sus cuidadores. Sin embargo, también se presentan manifestaciones negativas que permanecen como recuerdos predominantes en la infancia, sobre todo cuando los niños han sido víctimas de maltrato o abandono por parte de sus protectores. Por esta razón, la presencia de otros familiares durante la primera infancia es vital, ya que contribuyen a establecer vínculos afectivos positivos (Bernal & Avello-Sáez, 2023).
En este sentido, el apego seguro en la infancia es un vínculo emocional profundo entre el niño y sus cuidadores, fundamentado en la confianza, el bienestar, la seguridad, la consistencia y la satisfacción de las necesidades básicas. Esta relación surge cuando los cuidadores comprenden e interpretan adecuadamente las necesidades afectivas del niño, otorgándole la seguridad necesaria para explorar el entorno que los rodea. Además, los cuidadores desempeñan un papel esencial en el desarrollo infantil, ya que los niños con apego seguro muestran mayor predisposición y capacidad para regular sus emociones en los primeros años de vida, lo que disminuye la aparición de afectos negativos, estrés y ansiedad (Tabachnick et al., 2022).
Durante la primera infancia, este apego posibilita relaciones y vínculos emocionales seguros entre los niños y sus cuidadores, quienes satisfacen sus necesidades primarias y facilitan patrones conductuales saludables que evitan situaciones de estrés. Estos vínculos promueven la regulación emocional a lo largo de toda la vida (Tabachnick et al., 2020). Así, el apego seguro refleja un patrón de relación emocional basado en la seguridad, estabilidad y confianza entre el cuidador y el niño. Para ello, los protectores deben responder de forma sensible a las necesidades del niño, brindando una base sólida y protección emocional que favorezca vínculos seguros durante la infancia (Wu, 2022).
Este vínculo emocional es fundamental, ya que no solo genera confianza en la relación entre niños y cuidadores, sino que también garantiza el bienestar emocional inmediato del niño. A su vez, fomenta el desarrollo de habilidades y capacidades claves para su independencia y regulación emocional. Por lo tanto, el apego seguro constituye un factor decisivo para apoyar la autonomía infantil (Chao & Cheng, 2025). Esta relación temprana influye no solo en el bienestar inmediato, sino también en el ajuste psicológico a lo largo de la vida. La satisfacción de las necesidades emocionales y el apoyo proporcionado por el cuidador favorecen un desarrollo saludable (Ribera et al., 2022).
En los casos de niños maltratados, frecuentemente se observan manifestaciones afectivas negativas y experiencias traumáticas. En tales situaciones, el apego seguro puede actuar como un factor mitigador de los impactos psicológicos adversos (Ensink et al., 2021). Por ello, la vinculación debe fomentar la confianza del niño y la capacidad de respuesta de su cuidador, propiciando un desarrollo social y emocional saludable que perdure toda la vida. Es fundamental optimizar el cuidado y potenciar los beneficios terapéuticos para fortalecer el apego seguro en la infancia (Tsappis et al., 2022).
No obstante, el apego seguro puede verse afectado cuando los niños enfrentan separaciones, pérdidas, traumas u otras situaciones difíciles vinculadas a sus cuidadores o protectores, especialmente en contextos vulnerables. Para prevenir o afrontar estas dificultades, es recomendable implementar actividades lúdicas, como el juego, que distraigan y ayuden a los niños a mejorar su autoestima y sentido de pertenencia. Asimismo, estas actividades facilitan la creación de estrategias prácticas para que padres, educadores y terapeutas fortalezcan el apego seguro y promuevan la formación de vínculos saludables (Moore, 2021).
Metodología
El estudio de revisión sistemática se llevó a cabo mediante la búsqueda de artículos en las bases de datos Scielo y Scopus. Se emplearon términos clave como “apego”, “infante” y “apego seguro”, obteniendo un total de 20 resultados relacionados con apego seguro en infantes o niños, publicados entre 2019 y 2025.
En la base de datos Scielo se realizó la búsqueda con las palabras “apego” y “apego seguro en niños”. Se obtuvieron 82 resultados, de los cuales se filtraron y seleccionaron 62 artículos publicados entre 2019 y 2025. Sin embargo, solo se consideraron 10 artículos en idioma español para esta revisión.
Por otro lado, en la base de datos Scopus, la búsqueda incluyó términos en inglés como “attachment” en combinación con “attachment insurance” o “secure attachment in infants”. Esta indagación arrojó 78 resultados en inglés. Tras un análisis de los resúmenes de acuerdo con la temática, se seleccionaron 25 artículos, de los cuales finalmente se tomaron en cuenta 10.
Los criterios de inclusión se limitaron a artículos publicados en Scielo y Scopus, en español e inglés, publicados entre 2019 y 2025, y que estuvieran enfocados en el apego seguro durante la infancia.
Asimismo, se aplicaron criterios de exclusión para eliminar aquellos artículos que no guardaban relación con el apego en infantes o niños, así como artículos duplicados presentes en bases de datos distintas a las seleccionadas.
Finalmente, tras la búsqueda en las bases de datos científicas, se obtuvo un total inicial de 140 artículos cuyos años de publicación oscilaron entre 2019 y 2025. Luego de eliminar duplicados y artículos no relacionados con apego seguro, se redujo la muestra a 20 artículos, divididos equitativamente entre 10 de Scielo y 10 de Scopus, seleccionados conforme a los criterios establecidos para esta revisión.
En el diagrama PRISMA se refleja un total de 154 artículos revisados inicialmente. Durante la fase de identificación, se consultaron las bases de datos Scielo y Scopus, aplicándose filtros de exclusión por duplicidad, idioma y temática, lo que permitió seleccionar únicamente 85 artículos.
En la segunda fase, denominada de cribado, se excluyeron aquellos artículos que tenían formatos diferentes, especialmente tesis, o que no se centraban en el apego seguro en infantes, reduciendo la muestra a 35 artículos.
Posteriormente, en la fase de elegibilidad, se descartaron los artículos que mencionaban el apego seguro solo como un tipo de apego, sin relación directa con la temática central.
Finalmente, en la fase de inclusión, se consolidaron 20 artículos que cumplieron con todos los requisitos para su análisis e interpretación, de acuerdo con el objetivo del estudio.
De los 20 artículos seleccionados, 10 pertenecen a la base de datos Scielo y 10 a Scopus. La distribución de los artículos según el país de origen se detalla en la figura 2.
Resultados y discusión
Este artículo de revisión destaca la importancia de la protección brindada por los cuidadores, quienes proporcionan seguridad, bienestar y afecto esenciales para el desarrollo físico, psicológico y emocional de los infantes. En este sentido, (Romero y Romero 2022) señalaron que esta protección también influye en el desarrollo de la personalidad, siendo decisiva en la formación de vínculos afectivos y de apego. Por otro lado, (Sánchez y Bolívar 2023) indicaron que los cuidadores deben fortalecer los lazos que garanticen un desarrollo óptimo, por lo que deben estar atentos a las necesidades de los infantes.
De igual modo, (Mónaco y Montoya-Castilla 2021) argumentaron que el apego seguro no solo ofrece beneficios en el desarrollo, sino que también permite la regulación emocional en la primera infancia, especialmente cuando los niños pueden expresar libremente sus estados de ánimo, curiosidades e impulsos. En esta línea, (Rocha et al. 2019) destacaron que para que este apego se consolide es necesario reforzar la dimensión afectiva y social de los infantes.
Según (Bennett, Hernández y López 2021), el apego se establece inicialmente con los padres o progenitores, principalmente durante los primeros meses de vida del infante. Este vínculo se caracteriza por su solidez, en la que el niño integra las particularidades de quienes lo cuidan. Además, este vínculo resulta fundamental en la vida del infante, ya que influye en aspectos como la percepción de la persona cuidadora y el reforzamiento afectivo y social dentro del contexto en el que se desarrolla (Lecannelier, Monje & Guajardo, 2019). Sin embargo, (Hernández, López y Echevarría 2019) señalaron que el apego no se manifiesta plenamente cuando hay ausencia de la figura paterna o vacíos emocionales, elementos esenciales para el bienestar y la seguridad infantil.
El apego seguro se encuentra presente en un clima afectivo que los progenitores expresan y que satisface las necesidades del niño durante su niñez (Santos & Larzabal, 2021). Este apego se fortalece cuando los padres establecen vínculos basados en la confianza, el cuidado y la atención, que a su vez sirven como modelo para los comportamientos futuros del niño (Barroso, 2019). En la mayoría de los casos, la figura materna o los abuelos son quienes consolidan y fomentan apego seguro en los infantes (Mantilla, 2023).
Por otro lado, los infantes tienden a imitar los comportamientos de sus cuidadores, incluyendo gestos, características y dependencia emocional. No obstante, también pueden adquirir conductas contradictorias, como ansiedad, estrés y manifestaciones problemáticas (Santos & Larzabal, 2021). Asimismo, (Salinas-Quiroz, Domínguez-Espinosa y Ríos 2023) mencionaron que los niños suelen buscar proximidad física y afectiva con sus protectores, quienes son los primeros en brindarles seguridad y bienestar. No obstante, estos cuidadores también pueden ser fuente de experiencias negativas, como maltrato y abandono (Bernal & Avello-Sáez, 2023).
Un aspecto importante a destacar es que la sobreprotección de los cuidadores puede limitar el desarrollo y la independencia de los infantes a lo largo de su vida, pese a que dichos cuidadores juegan un rol vital en el desarrollo emocional y la regulación afectiva de los niños (Tabachnick et al., 2022).
En la sociedad actual, la afectividad entre cuidadores y niños suele fomentarse poco (Tabachnick et al., 2020). Muchos niños perciben maltratos, críticas o gestos negativos que pueden generar conductas de rechazo o conductas negativas (Ensink et al., 2021). Por esta razón, es fundamental que los cuidadores promuevan amor y comprensión, especialmente durante las etapas iniciales de la vida (Wu, 2022). De igual forma, (Tsappis et al. 2022) enfatizan la necesidad de fomentar confianza y emociones saludables en los niños para el desarrollo de un apego seguro que garantice su bienestar. Para evitar traumas y dificultades, los cuidadores deben utilizar estrategias lúdicas y de juego que permitan dispersar a los infantes y favorecer la creación de vínculos seguros y saludables (Moore, 2021).
Finalmente, es fundamental que los cuidadores muestren cariño y aceptación hacia los infantes para que estos se sientan valorados, e incluirlos en las actividades familiares para que perciban respaldo y comprensión (Chao & Cheng, 2025). Asimismo, es necesario enseñar a los niños a ser independientes y autónomos en sus decisiones, considerando sus temores y apoyándolos a enfrentarlos, pues esto resulta indispensable para su desarrollo social y emocional (Ribera et al., 2022).
Conclusiones
El apego seguro se establece cuando existe un vínculo afectivo sólido y constante entre el infante y su protector o cuidador, quien atiende de manera comprometida y sensible tanto las necesidades básicas como las emocionales del niño. Este tipo de apego genera en los infantes una profunda sensación de seguridad, protección y amor, elementos fundamentales que facilitan y potencian su desarrollo físico, cognitivo y emocional, permitiendo que el niño crezca en un ambiente que favorece su bienestar integral.
Por esta razón, es indispensable fortalecer las prácticas de crianza en el entorno familiar, promoviendo una atención cálida y responsiva que evite la transmisión o imitación de patrones de conducta negativos. La ausencia o deficiencia en este proceso puede ocasionar situaciones que afectan negativamente al niño, tales como violencia, inseguridad, estrés crónico y ansiedad, factores que comprometen su estabilidad emocional y social.
Además, el apego seguro durante la primera infancia no solo contribuye a generar sentimientos de seguridad y confianza, sino que también fortalece la autoestima y la capacidad de autorregulación emocional del niño. Este vínculo se convierte en un espacio seguro y reconfortante, fundamental para sustentar su crecimiento y desarrollo global a lo largo de toda su vida, influyendo positivamente en sus relaciones futuras y en su adaptación social.
Finalmente, para que este apego seguro prevalezca y se consolide, es esencial que los cuidadores o protectores ofrezcan un cuidado constante, cariñoso y sensible, respondiendo de manera adecuada a las señales y necesidades del niño. Este tipo de cuidado fortalece un vínculo estable y duradero durante las etapas iniciales de la vida, sentando las bases para un desarrollo saludable y equilibrado tanto en la infancia como en la vida adulta.
















